Mass Effect: Resurrection
Garrus se ajustó con pesadumbre el uniforme de gala frente al espejo. Se sentía mucho más cómodo con su vieja armadura, pero como sus compañeros le habían recordado en innumerables ocasiones, en las reuniones donde representaba al pueblo turiano debía vestirse de manera formal. Y aquella era una ocasión especial, vaya si lo era: Al fin, después de seis largos años, habían restaurado definitivamente la Ciudadela.
-¿De verdad no te vas a quitar ese maldito visor?
Solana entró con una mirada crítica observando el rostro de su hermano.
-Es parte de mí – El turiano le dedicó una sonrisa traviesa – Si me lo quitase, estoy seguro de que no me distinguirías entre tanto chupatintas.
-Ahí tienes un punto – La mujer se situó frente a él y comenzó a arreglar las arrugas y desaliños de la ropa – Aun no puedo creer que nuestro primarca sea tan descuidado. ¿Has planchado siquiera la camisa?
Con un bufido de desdén hizo que Garrus se desvistiera de la parte superior y situó la camisa y la chaqueta en un pequeño armario en la pared que se encargaba del planchado, utilizando vaporizadores de temperatura media para no dañar la delicada tela. Aun estaban lejos de volver a la magnificencia tecnológica de la cual gozaban antes de la guerra contra los Segadores, pero debía admitir que las reparaciones habían sido rápidas. En los dos primeros años después del conflicto se restauraron los relés de masa y las principales ciudades de los planetas como Palaven o Thessia. Seis años después, la Ciudadela abría sus puertas a los civiles una vez más, inaugurando la capital en la misma fecha en que celebraban la caída de los Segadores. El mismo día que perdió a Shepard…
-¿Estas bien? – Solana le entregaba su ropa lisa y calentita, con expresión preocupada.
-Claro – Mintió – Es decir, ya han pasado seis años. No es como si fuera a ponerme a gritar su nombre en la torre del Presidium ni nada parecido.
-Lo sé Garrus, pero debe ser duro año tras año tener que festejar algo por lo cual tu tan solo quieres guardar luto.
-Ya te he dicho que lo he superado – A pesar del visor, se veía un auténtico hombre de negocios con aquella vestimenta - ¿El viejo viene con nosotros?
-No – La mujer negó con la cabeza – Dice que tanto politiqueo le hace perder los pocos nervios que le quedan.
-Cuanta razón tiene. A veces desearía coger mi rifle y… - Dejó la frase a medio terminar ante la mirada de su hermana – Tranquila, no cometeré ningún asesinato. Al menos en el poco tiempo que me queda como primarca.
-Siento decirte, querido hermano, que Victus se aseguró encarecidamente de que solo pudieses dejar el cargo el día de tu jubilación.
Garrus se ahorró un insulto hacia Victus, pues sabía lo mucho que lo admiraba su hermana y no quería iniciar una pelea que sabía que terminaría perdiendo.
Ambos turianos se dirigieron hacia la zona de embarque. El primarca, junto al nuevo consejero y todo el destacamento político viajarían en un crucero turiano llamado MSV Sevrum II hasta el sistema solar, lugar donde se ubicaba la nueva Ciudadela. Allí volvería a reencontrarse con viejos conocidos, o eso creía. Había estado en contacto con algunos de sus compañeros -Sobre todo con Liara- pero las labores de reconstrucción le habían mantenido demasiado ocupado para poder concretar una reunión. Aquella era una oportunidad perfecta para poder honrar y despedir a Shepard de una vez y por todas.
A pesar de haberle dicho a Solana que lo había superado, aquello no era del todo verdad. Lo había intentado, incluso había salido con alguna que otra turiana de su entorno cercano, pero nada había funcionado, pese al interés excesivo de las hembras. Shepard siempre acudía a su mente; su cabello rojizo que se enredaba entre sus garras, sus grandes ojos verdes que se perdían en su propia mirada, y aquellos labios carnosos que servían tanto para dar ordenes como para juguetear con los suyos propios. No podía olvidarla, ni a ella ni a los últimos recuerdos que guardaba de su despedida; Se culpaba por haberla abandonado de aquella manera, y de haber dudado en el último momento al confirmarle que la quería. Claro que la quería, la adoraba por encima de todo, aunque eso ya era muy tarde para decírselo. Shepard había muerto aquel día, y aunque no encontraron su cadáver, era imposible -Dado el estado de la Ciudadela- que hubiese sobrevivido a la explosión que terminó con todos los sintéticos de la galaxia.
-¿Liara se reunirá con nosotros en la Tierra?
Solana observaba su reflejo en espejo del camarote que les habían asignado. Era grande, con dos camas individuales, un baño privado -Algo bueno debía tener ser el primarca- y la despensa bien surtida de Horosk. Bien, lo necesitaría después de tanta charla banal e hipócrita durante la cena.
-Sí, ella y Tali llegarán allí en cinco días – Confirmó agarrando algunas bebidas y colocándolas en el interior de la pequeña nevera de abordo – Según Cortez, Kaidan y James ya están allí, tienen asuntos con la Alianza. Y Wrex no puede venir, tiene noseque función del colegio de sus hijos.
-¿Teatro? – Se extrañó su hermana, un tanto divertida - ¿Krogans y teatro?
-Por lo visto Bakara quiere fomentar la vena artística de los pequeños – Garrus rió – Pero Grunt vendrá en su lugar. De los demás no sé nada.
-Alguien más acudirá – Solana acarició con cariño el brazo de su hermano – Es un momento perfecto para despedirla, Garrus.
El turiano asintió sin poder esconder la tristeza de su corazón. Sabía que debía homenajearla y dejarla ir, pero también debía aceptar que aquella parte de su vida se marcharía con ella, y no estaba seguro de poder sobrellevar aquello una segunda vez.
Ambos turianos se dirigieron entonces a los niveles superiores, donde se encontraban los restaurantes y lugares de ocio. Según su identificación debía dirigirse al restaurante AC-5, donde se reunían las altas esferas de Palaven y militares de colonias cercanas. Intercambió algunos saludos con conocidos y entabló una animada conversación con su compañero de mesa, el consejero Tetrius Haliet, sobre el futuro político de los turianos en la galaxia. Por suerte el tema de Shepard no salió a relucir, solía ponerse nervioso cuando personas que ni siquiera la llegaron a conocer hablaban sobre ella y sus hazañas. Pero Tetrius no dijo nada, un tipo listo, quizás adecuado para ser consejero.
Sería una semana larga, necesitaría más Horosk.
[…]
Los humanos eran extraños. La reconstrucción de Londres había caído en manos del poderoso capitalista Benjamin D. Jader, quien ordenó la reedificación de la ciudad tal y como había sido antaño. La única diferencia palpable era la extensión de tierra desnuda y la estatua conmemorativa donde había estado situado el Conducto, durante la guerra. A Garrus no le caía bien aquel hombre, pues no solo había impuesto sus ideales en el proceso de restauración, si no que, durante la contienda, él se había escondido a buen recaudo de los Segadores, eso sí, ofreciendo facilidades económicas al ejercito en armamento y seguridad. Un malnacido aprovechado.
El crucero se detuvo en la zona orbital de la tierra, y una Tempest SP-4 de la Alianza se acercó para recogerles. En menos de media hora estaban aterrizando en el puente aéreo de Redbridge, situado a pocos kilómetros del punto de encuentro para la celebración conmemorativa de la caída Segadora. Era una soberana estupidez reunir a todos los asistentes en el planeta Tierra para después volver al espacio. Una perdida de tiempo y combustible, pero como su opinión era igual o menos importante que la de un pijak, decidió mantenerse callado y al margen sobre cualquier comentario al respecto. Solana pasó la mayor parte del trayecto señalando la belleza de la flora terrana, así como los pueblos que dejaban atrás, que, aunque la mayoría aun mostraban claras señales de la desolación post-guerra, debía admitir que el planeta humano rebosaba de belleza; era increíble ver como la propia naturaleza borraba las cicatrices de su superficie.
Al llegar a Londres la mente de Garrus viajó seis años atrás, pues a pesar de las nuevas edificaciones, la ciudad era idéntica a antaño; el Big Ben se erguía con majestuosidad sobre el puente de Londres, al igual que el castillo de Buckingham, que, al verlo, Solana no le hubiese creído si le explicaba que a causa del ataque de los Segadores quedó completamente reducido a cenizas. Jader había hecho un buen trabajo, aunque seguía sin gustarle su estilo.
Cuando bajaron al andén, a penas le dio tiempo de enfocar la mirada cuando unos brazos azules le rodearon el cuello. Liara se le había echado encima con ímpetu, y Tali la imitó instantes después.
-Pensábamos que no llegarías a tiempo – Dijo Liara, alejándose de su amigo con ojos brillantes.
Parecía que el tiempo no había transcurrido en ella, aunque pensándolo bien, con su longevidad, un lustro debía ser como un fin de semana para la asari. De Tali realmente no podía opinar, pues la quariana seguía llevando su traje ambiental, por lo que supuso que su sistema inmunológico aun no estaba preparado para subsistir en otros planetas además de Rannoch.
-Ya sabes, alguien tan importante como yo debe hacerse esperar – Bromeó Garrus con una sonrisa.
-¿Seguro que no te has entretenido calibrando ninguna batería de la nave? – Tali rió.
-De no ser por mí, hubiese montado algún cañón Thanix en el crucero.
Solana se presentó a sus amigas con una sonrisa, a la que las mujeres correspondieron.
-¡Eh! Yo dije que dejaría de calibrar cosas cuando Liara dejase de decir "Por la Diosa", así que…
El grupo avanzó hasta Westminster, donde se hallaba el nuevo centro de operaciones de la Alianza, el edificio bautizado como David Anderson. Allí se reunieron con James Vega, el cual ya era oficialmente un graduado del programa N7, y Steve Cortez, que trabajaba como piloto oficial del TXR Hawking IV, en un destacamento de la marina en Horizonte. Todos ellos habían estado invitados oficialmente dada su participación en la batalla final, estarían rodeados de desconocidos e interesados en hacerse un hueco en la futura política espacial, pero al menos se tenían los unos a los otros.
Cuando Garrus preguntó por Kaidan, James le informó de que al Mayor le habían asignado como oficial de la Normandy SR-2, y luchaba por el título de "espectro", a pesar de que por el momento el recién formado comité del Consejo tenía otras preocupaciones en mente. Garrus sabía que a Kaidan poco le importaba ser un espectro, pues ya tenía a cargo la tripulación de la Normandy -A pesar de que Shepard le había dado la nave a ÉL- El sentimiento era del estilo: Ser el primer espectro humano después de Shepard. Y no es que nadie le hubiese confirmado aquella teoría, es que Garrus conocía los sentimientos de Kaidan hacia la comandante, a pesar de que ella le dejó muy claro en varias ocasiones que el turiano era el único en su corazón. No le guardaba rencor, ni mucho menos, respetaba sus sentimientos e incluso podía comprenderle porque él estaba pasando por una situación similar, pero si el que lideraba a los tripulantes de la Normandy era Kaidan y no Garrus, era porque él tuvo que adoptar el puesto de primarca y ambas cosas no podía haberlas compaginado de ninguna manera.
Aun así, allí estaba, dando la mano a Alenko y agradeciendo de todo corazón que se hubiesen podido reunir una vez más.
-Así que primarca turiano – Dijo Kaidan, mientras caminaba al lado de sus compañeros – Quien lo hubiese dicho.
-Yo no – Aseguró Garrus – Cuando Victus quedó gravemente herido tras la batalla contra los Segadores, no dudaron ni un instante en nombrarme a mi como sucesor.
-Tío, siento decírtelo, pero no te veo con dotes de político – James se llevó un codazo de parte de Steve.
-Ningún turiano es político – Bufó Garrus – Somos de Seg-C, militares o mercenarios, no chupatintas.
Solana gruñó amenazadoramente mientras los demás reían a carcajadas. Se sentía bien estar allí, dejar de fingir por un segundo y volver a compartir momentos con aquellas personas por las que había arriesgado tanto.
Minutos después se unieron al grupo Joker, la especialista Traynor y la doctora Chakwas. Todos ellos seguían en la tripulación de la Normandy, a pesar de que los primeros años, la doctora viajó por las colonias para ayudar a los rezagados de la guerra.
-Bueno, ya estamos todos – Dijo Liara después de abrazar a Samantha – Grunt me ha mandado un mensaje y dice que no llegará a la conmemoración en la Tierra, por lo que lo veremos directamente en la Ciudadela, igual que Miranda.
-Cuando le veamos le preguntamos si también le ha dado por el teatro – Susurró Joker, divertido.
-Antes de ir a la zona del Conducto… - Kaidan habló muy despacio, con expresión seria – Hay algo que debo deciros a los que no habéis vuelto a la tierra desde… Bueno ya sabéis.
Garrus observó como la mirada del Mayor se clavaba directamente en él.
-Sabéis que la reconstrucción de la ciudad estuvo bajo el poder de Benjamin Jader, sencillamente porque era de los pocos que contaba con los recursos necesarios para hacerlo. Tenéis que saber que las edificaciones no han tenido nada que ver con la Alianza ni con nadie más que él.
-¿Estás diciendo que él decidió por su cuenta la reestructuración de los edificios? – Preguntó Tali, extrañada.
-Bueno, no – Respondió Kaidan, cada vez más nervioso – En realidad la población estuvo de acuerdo con ello y…
-Maldita sea Alenko, ¿Qué narices pasa? – Preguntó Garrus, perdiendo la paciencia.
El hombre le miró directamente a los ojos y suspiró profundamente.
-Estoy diciendo, que veáis lo que veáis, no debe afectaros.
Decir aquello y no decir nada, era exactamente lo mismo. Bueno, en realidad toda aquella perorata había puesto de los nervios al turiano. ¿Qué tenía que esperar? ¿Una estatua pro-humanos alzándose sobre todas las demás razas de la galaxia? Había conocido al Hombre Ilusorio, estaba preparado para cualquier cosa.
O eso creía.
Al llegar a la zona se encontraron con un numero exorbitante de personas. La inauguración de la Ciudadela estaba limitada a unos cuantos individuos influyentes en la sociedad, pero aquel memorándum anual era abierto al público. Había tanta gente que desde su posición no eran capaces de ver directamente el escenario donde el almirante Hackett y Jader darían su discurso, pero, seguramente por la experiencia de años anteriores, los responsables del montaje del lugar habían situado dos grandes pantallas que retransmitían todo a tiempo real, por lo que los más rezagados podían oír y ver todo sin dificultades.
Cuando se acercaron, Hackett -Ahora capitán general de la Alianza, el rango mas alto de la marina- ya había empezado a hablar. Al principio no se dio cuenta, solo se percató de que algo iba mal cuando oyó a Tali ahogar un gemido y vio a Liara intentando contener las lágrimas sin mucho éxito. Solana le miró con horror mientras Kaidan sujetaba su brazo con mas fuerza de la debida. Aquello ya le puso en alerta y entonces fue cuando lo vio:
Tras Hackett y al lado de un orgulloso Jader, estaba la estatua conmemorativa del Conducto, de unos tres metros de alto. Se representaba a una mujer humana, apuntando un fusil Vindicator M-15 hacia el cielo, con la armadura de N7 y el corto cabello ondeando al inexistente viento. Era sin duda una representación de Jane Shepard.
Garrus sintió la ira en ebullición desde lo mas profundo de sus entrañas. No podía creerlo, no quería, en realidad. El nombre de Shepard había desaparecido de las conversaciones de los ciudadanos con el paso de los años, ahora tan solo era un vago recuerdo, una historia más que contar a las nuevas generaciones. Pero aquella gente utilizaba su imagen como beneficio personal, sin permiso de ninguno de sus familiares ni personas cercanas – Shepard era huérfana, pero toda la maldita galaxia conocía la relación con sus compañeros de la Normandy-.
Ahora comprendía las palabras de Kaidan: "La Alianza no ha tenido nada que ver".
Pero, ¿Por qué el Almirante estaba allí de pie, pronunciando su discurso como una IV programada? Garrus sabía que Hackett siempre había tenido preferencia por Shepard, entonces, ¿Por qué aprobaba aquello? Anderson no lo hubiese permitido, pero Anderson estaba muerto, y que aquella estatua hubiese aguantado ahí durante seis años indicaba que nadie iba a hacer nada al respecto.
Así que tenía que hacerlo él.
Se deshizo del agarre de Kaidan y comenzó a avanzar entre las personas, sin darse cuenta de que algunas tropezaban hacia atrás dado el tamaño de su cuerpo. Estaba obcecado en subirse a esa maldita plataforma y arrancarle el micrófono a Hackett para golpear a Jader con él -Si hubiese llevado un rifle encima, ese malnacido ya estaría muerto-. Sabía que Solana le seguía de cerca, y quizás James también, pero sus voces se perdían en el mar de sujetos que parecían no conocer el significado de espacio personal.
Ya podía ver la estatua por si mismo, y aun era mas impactante de cerca. Se debatía entre la histeria y la tristeza, pero justo cuando notó las garras de su hermana sujetar la parte posterior de su chaqueta, frenó en seco, sintiendo como su cabeza comenzaba a dar vueltas y el latido de su corazón se transformaba en el único sonido perceptible para él.
Una cabellera roja como el fuego sobresalía de entre las miles de cabezas que podía vislumbrar. Era larga, llegaba hasta la cintura de la mujer que, alarmada por el alboroto que Garrus estaba causando, se giró levemente para observar la situación. Allí estaban, aquellos grandes ojos verdes que se clavaban en lo más profundo de su alma.
La comandante Shepard, oculta entre el gentío, le estaba mirando.
