Disclaimer: Santa Meyer los cria y ellos se juntan. Yo solo me encargo de liarles un poquito.
Aviso: Para leer estas viñetas, deberás haber leido primero Love asks blood at first y después, deberás leer (aun no está subida, y finalmente se subirá el 06/06/2010 por diversos motivos) House of wolves. No es por nada personal, pero es que si no lo haceis asi, no os enterareis de que van las viñetas.
REM
En la segunda fase post rem, el sueño no fue tan hermoso. Pero tampoco era aterrador. No se trataba de la típica pesadilla en donde estaba corriendo a oscuras sin rumbo fijo y sin que los pulmones me doliesen por falta de oxigeno. Por lo menos, nadie se moriría de miedo por ello.
Desde luego, yo estaba profundamente integrada en un espacio vacio y oscuro, totalmente sola, sentada con un vestido blanco, mirando fijamente mi propio reflejo.
Se podría tratar de un caso de narcisismo patológico, pero podía asegurar cuan fascinante era aquella realidad paralela. Hermosa y fría aunque su color rojo en pelo, ojos, labios, haciendo combinación con el vestido, predecían la pasión que podía desatar.
Y me sonreía.
Por supuesto bellísima. Pero no era yo, por mucho que lo desease, y ahora había cortado, para siempre, la posibilidad de serlo.
"Mantén los pies sobre la tierra. Esto no es posible", me recordaba mi mente al filtrarse en mi cuerpo la fascinación por el yo que nunca sería.
Independientemente de mí, ella curvó sus labios en una sonrisa malévola.
"¿Tan segura estás de eso?", su voz se coló en mi cabeza provocando la tentación en lo más profundo. "No pienso dejar que te desvíes del camino marcado solo porque tienes miedo", me retó ante mi estupefacción que se iba convirtiendo en rabia. "Sí, Isabella Swan, tienes miedo de lo que en realidad deseas. Sabes a lo que tienes que renunciar para llegar hasta el final. Solo quieres aferrarte a una existencia segura. Insustancial, pero segura. Y lo siento por ti, querida, pero el mundo no funciona así."
"Hay veces que hay que renunciar a lo que deseas. Eso se llama mantener los pies sobre la tierra", le repuse. No iba a seguir viviendo en la casita encantada cuando estaba segura que el príncipe no vendría a rescatarme.
"Lo sé", me respondió eufórica. "Por eso estoy aquí. Para recordarte a que te debes realmente en lugar de fingir algo que nunca serás."
Con toda mi ira contenida en un puño, lo dirigí hacia la superficie del espejo con tanta fuerza que, al colisionar mis nudillos contra él, el cristal saltó en mil pedazos multicolores.
Y me quedé completamente sola, perdida en la oscuridad, sin hallar ninguna puerta por donde huir…
Un fuerte latido de mi corazón me sacó de aquel mundo onírico.
Tal vez todo estuviese confuso y el espacio no se haya situado en mi mente todavía, pero me daba la impresión de haber dormido en mi cama.
Entonces…
¿Qué demonios hacía de pies frente a un espejo? Cuando parte de mi consciencia volvió, me ubiqué donde me encontraba.
De alguna manera, me las había apañado para bajar las escaleras hasta llegar al salón y situarme delante del espejo. No había motivo aparente, y lo peor de todo, es no recordar que yo lo hubiese hecho.
Al oír, afuera, las olas del mar chocando violentamente contra la costa, recordé que ya no estaba en Forks.
Allí nunca habíamos vivido cerca del mar.
Tenía que ser Jacksonville, donde hacía cerca de un mes que me había mudado con Renee—¿Por qué no asociaba Renee con la palabra mamá?—y Phil para rehacer mi vida donde la dejé; aunque lo más correcto hubiese sido ser sincera conmigo misma y admitir que estaba fabricando una vida imaginaria a base de las cenizas de la real. La que, supuestamente, yo tendría que haber vivido. Ya no valía la pena lamentarse por ello.
Volver a la realidad tan repentinamente era un buen golpe. Que no hubiese evidencia física de la caída no significaba, ni mucho menos, que sus colisiones doliesen menos.
Lo más evidente era la diferencia entre las disociaciones que había entre lo que debía permanecer a flote en aquel inmenso océano y lo que debía hundirse en los abismos.
Me fijé en la imagen que el espejo me daba y la boca del estómago empezó a arderme de impotencia.
Cabello ralo y pegado a una cara afilada, pálida, ojerosa y sin ningún atisbo de vida en los ojos negros. Una completa antítesis de lo que no debía ser jamás.
¡Tanta belleza desperdiciada!
Me limpié las lágrimas con impaciencia. No se podía hacer luto por lo que nunca pasaría. Y menos si eso te recordaba peligrosamente el pasado.
Me dio un fuerte pálpito en el pecho cuando noté una presión en mi hombro. Sofoqué un grito y volví a mirar en el espejo para encontrar el reflejo de Renee detrás del mío.
Era demasiado tarde para simular mi cara de susto ante ella.
— ¡Shhh!—Silbó suavemente Renee para silenciarme. —Bella, cariño—me acarició la mejilla, —está bien. No pasa nada. Todo ha sido un sueño. Un mal sueño.
—No era tan malo—suspiré.
El alivio por encontrarme sana y salva se convirtió en una mascara de reproche en los rasgos de mi madre.
— ¿Se puede saber que haces en el comedor a estas horas, Bella?—Se cruzó de brazos en busca de una excusa por mi parte.
Me limité a encogerme de hombros.
¡Error!
Podía haber esperado unos segundos antes de hacer aquel gesto y podría haberla dicho una mentirijilla piadosa, tipo "tenía que ir a la cocina a beber un vaso de leche."
Demasiado tarde para que colase.
—No lo sé—murmuré impotente.
Renee suspiró pesarosamente.
—Has vuelto a hacerlo—me acusó.
Quise salirme de la tangente.
— ¿Hacer que, mamá?—traté de hacerme la inocente.
Aquello le hizo enfadar, pero moduló su tono de voz. Phil aun estaba en la cama.
—Has vuelto a caminar dormida—me acusó. —Un par de veces es un hecho aislado. Pero llevas tres veces en esta semana. Ya no podemos continuar así, Bella. Es algo que te está pasando y no puedes resolver tú sola.
Me sentía tan indefensa que no abrí la boca para replicar. Yo también estaba asustada con todo aquello.
No me integraba tan bien al mundo humano. No me estaba pareciendo tan fácil como me habían prometido. Y aun no me había empezado a convivir con mis compañeros de instituto. Aun me faltaban dos semanas y ya me estaba agobiando.
Me limité a escuchar en silencio como mi madre farfullaba sin sentido, mientras un escalofrío me recorría el cuerpo.
—No podemos seguir así—me repetía una y otra vez. —Primero, esta situación resultará agotadora para Phil— ¡Por supuesto! Se me había olvidado que Phil era lo primero. —Él hace un enorme esfuerzo por nosotras y si no descansa bien por las noches, no rendirá al cien por cien—intenté no poner los ojos en blanco. —Y además, es peligroso para ti, cariño—me acarició maternalmente la mejilla. —Por ahora, no sales de la casa, pero, ¿Qué pasará si esto llega a más? Tú corres peligro. Y además, está el tema de la universidad. El próximo año se supone que te irás. ¿Cómo te podrás apañártela con este problema?
Había olvidado que estaba aquí por concesión de mi madre y el beneplácito—o resignación—de Phil. Mi madre había considerado que sus deberes maternales solo incluían hasta la graduación. Antes de empezar la universidad, yo tendría que estar fuera de sus vidas, como si de un mueble inútil me tratase.
El sonambulismo complicaba las cosas.
Descubrir que tu madre tenía reparos en que me abriese la cabeza o me atropellase un tren a tres mil kilómetros de su casa mientras caminaba dormida, era algo por lo que buscar una solución. Aunque solo fuese por aliviar su egoísta conciencia de ego maternal que, incluso personas como Renee, parecían tener todas aquellas mujeres que habían llevado durante nueve meses a sus retoños.
Por lo tanto, no me opuse en absoluto cuando mi madre me sugirió:
—La doctora Norman es una de las psicoterapeutas más competentes de Jacksonville—me contaba. —Phil la conoce muy bien, y cree que, por ser él, nos conseguirá una consulta en menos de una semana y a un precio muy asequible.
— ¿Una loquera?—Mi voz sonaba ronca. Pura apariencia. No podía estar enfadada porque Phil y Renee ya hubiesen empezado a hablar de aquel tema sin consultármelo.
Utilizando sus tretas de madre angustiosa, Renee sonrió con pesar y me puso las manos sobre los hombros, simulando una caricia maternal. Sus ojos estaban acuosos y su voz, moduladamente suave:
—La fortaleza de las personas no se basa en ser autosuficientes, Bella. Si no, en pedir ayuda cuando se necesita—me acarició el pelo. —No estás loca, cariño. Ir a esos sitios es más normal de lo que te imaginas. La doctora puede ayudarte mejor de lo que Phil y yo podríamos. Danos ese voto de confianza—me suplicó.
Me rendí demasiado fácil. Quizás pensaría que la loquera no pondría peor las cosas de lo que estaban.
Quería paz con Phil y Renee durante los trescientos sesenta y cinco días que me quedaba de permanencia en su casa.
Luego…a buscar mi lugar en el mundo de los humanos.
Mi madre me besó la frente y me empujó para que subiese las escaleras y me metiese en la cama.
Algo me impulso a volverme y mirar de reojo el espejo.
Parpadeé muy confundida. Tal vez la loquera si fuese una buena idea.
No debería haber visto el reflejo de mis ojos de color rojo sangre.
Ya era hora que colgase una viñeta respectiva a Haunting shadows y sobre todo cuando está tan cerca House of wolves. Espero que la disfruteis y como regalito me dejeis un bonito rr. Ultimamente escasean un poco...u.u...aunque solo sea para saber que estáis por aquí...^^
Y bueno, una cosa más. Si os apetece pasaros por este OS de Alice/Jasper un poco raro que escribi como regalo a Elianna cullen: Se llama Blood, sinner and lambs:http :// www . fanfiction . net /s/ 5968253 /1/ Blood _ Sinners _ and _ Lambs (Todo junto)
Y para las personas que esteis interesadas, el Season Cullen Contest estara hasta el seis de junio. Aquellas que habeis dicho que ibais a participar, espero que ya tengais el fic en mente. Recordar que las chicas que lo han entregado en la primera fecha de entrega merecen un respecto por haber aceptado que se amplie el plazo de entrega. Esperamos ver pronto vuestros fics.
Y hasta el proximop fic que cuelgue, que será when, creo, dentro de una o dos semanas.
^^ Maggie.
