Nota: tarde mucho en subirlo, pues e estado en exámenes, pero prometo actualizar más seguido.
Disclaimer: Los personajes de Alicia en el País de las Maravillas no me pertenecen. Este fic sólo tiene el propósito de entretener, no pretende fines de lucro ni hay violación intencionada del copyright.
-¡Sombrerero! ¡Sombrerero!- gritaba Mallinkun.
-¿¡Donde estas!- preguntaba la liebre.
El sombrerero no aparecía, parecía que había desaparecido de la faz de la tierra, o al menos, de la faz del país de las maravillas.
Llevaban horas buscándolo, ya habían revisado la mesa de té, tanto por arriba como por abajo, incluso en el molino, por afuera y por dentro.
En los alrededores de él bosque, tanto oscuro como los que eran parte del reino de la reina blanca.
La lirona buscaba dentro del molino, estaba caminando por el pasillo, cuando se detuvo, al ver la puerta que conducía al cuarto del sombrerero, supuso que era el lugar en el cual debía de estar.
Se acercó a ella y la empujo suavemente, imaginando que su amigo, quizás estaba en una esquina, pensado como siempre.
Asomó su cabeza por la orilla de la puerta, e inspecciono un poco, o al menos lo más que podía inspeccionar un ratón de desierto de al menos 25 cm de alto.
Pero no estaba, había desaparecido por completo.
Mallinkun se empezó a imaginar lo peor, ¿Y si lo que les había dicho Chesur era cierto?..
Solo quería pensar que se estaba poniendo paranoica, no quería que nada le pasara a su amigo, sobre todo por alguien, que según ella, no valía la pena.
-curiosesco...y curiosesco-
dijo un suave vos entre el bosque, pero no, no era Alicia.
Cabellos teñidos como el negro de la noche, reposaban sobre unos blancos hombros, que eran rodeados por un fino y hermoso vestido, negro como sus ojos, negros como sus labios.
-curiosesco...y más, mas curiosesco- volvió a decir.
La hermosa vos era de una joven, una hermosa joven, que caminaba inocentemente por el oscuro bosque.
Su vestido era escotado de los hombros, con hermosos encajes. En sus delicadas manos tenía unos guantes negros, tan hermosos como ella. Poseía una muy blanca piel, como la de la porcelana y unos ojos penetrantemente negros, pero muy dulces, sus labios eran oscuros de un color rosado. Sus facciones eran finas y delicadas, como la medialuna.
La joven dama caminaba entre el oscuro bosque otoñal en una fría tarde en Wonderland.
Todo era paz y tranquilidad, el olor muerte se sentía en el aire, todo parecía andar bien …
-¡Estúpido!-
Una vos ronca sonó a través del bosque. La joven pegó un brinco, casi nadie conocía ese lugar, era casi imposible que otra persona estuviera en el mismo bosque que ella, sobre todo porque nadie se atrevía a ir ahí, decían que era muy peligroso, quizás por esa misma razón ese hombre gritaba.
-¡Estúpido! ¡Estúpido! ¡Estúpido!-
La joven empezó a seguir los gritos, suponiendo que ella era la que estaba loca.
-hay…¿hay… Alguien ahí?-
No tuvo que caminar mucho para empezar a oírlos más altos, y mientras más se acercaba empezaba a caminar más y más rápido, cuando menos lo notó empezó a correr, siguiendo aquella vos. La fría brisa del bosque pegaba contra su rostro, sus apenas rosadas mejillas iluminaban su hermosa cara, junto a sus labios había un hermoso lunar, como el de Alicia, su pelo era ligeramente ondulado, como las olas del mar.
Tenía miedo, nunca había oído a nadie gritar en el bosque de los tréboles negros, nunca, no sabía si seguir corriendo, o detenerse y alejarse, para volver a su hogar, pero era igual, en ambos lugares había una probabilidad de salir muerto y otra de encontrar a alguien sufriendo, por algo se llamaba el bosque de los tréboles negros ¿no?.
Algo en ella la empujo a seguir corriendo, no sabía cuál era el fin, pero por muy dentro sentía que tenía que hacerlo.
Pasó tras unos árboles, los gritos se convirtieron en llantos, llantos desesperados y amargos, la joven empezó a pensar lo peor, si no era un asesino en serie, ni un psicópata, tenía que ser algún hombre torturando a otro, no quería tener esa imagen en la cabeza el resto de su vida, si es que vivía, claro.
Se armó de valor, y conto hasta 6 para antes de asomar, pero sabía que no importara el tiempo, ya estaba aquí, si iba a morir, debía de ser rápido ¿no?.
-1…2…3…4…5…-
Tomo aire por última vez, pensando que quizás se estaba adelantando a las cosas.
-6…-
Asomó por uno de aquellos árboles, y vio a un hombre, de rodillas en medio del bosque, no le vio la cara, pero fuera quien fuera, seguía siendo peligroso.
Ella se quedó paralizada, escuchando su ya más bajo llorar, sus lamentos sonaban menos intensos ahora que lo estaba viendo, ella estaba a una distancia considerable de quien sea que estaba sufriendo, no se movió, pues sabía que aquel hombre no la había visto aun.
No sabía qué hacer, por un lado, no podía dejarlo hay llorando, y por otro, podía ser un asesino, o algo peor, de todos modos en este mundo, eso era lo más seguro, era fácil conseguir una oportunidad de morir aquí.
De repente, el hombre se fue poniendo de pie, aun sin verle el rostro notó un cuchillo que tenía empuñado con fuerza en sus manos, los llantos pararon. Lentamente el hombre llevo aquel cuchillo lejos de su abdomen, y lo puso en dirección a él, como si fuera a clavárselo.
-ya no tengo nada que vivir, si tú no estás aquí...- dijo aquel hombre, su vos era gruesa y amarga, se notaba que seguía llorando.
Cuando ella notó lo que aquel hombre estaba a punto de hacer gritó...
-¡Alto!-
No sabía por qué lo haya dicho, ¿Ahora que iba a hacer?, ¿si aquel hombre la mataba a ella en vez de quitarse la vida a sí mismo?, es decir, si podría quitarse la vida él solo, no dudaba que se la podría quitar a alguien más, estaba armado, y a comparación, ella era débil.
El hombre, muy lentamente volteo.
Sus ojos la penetraron como un cuchillo, sintió un nudo en la garganta, que no la dejo decir otra cosa, su corazón se aceleró tanto, que sintió que aquel extraño podía oírlo.
-¡Dije alto!- logró gritar.
Por un momento pensó que se había quedado muda de por vida.
El hombre se dio la vuelta completa hacia ella, aun a la distancia el la logro ver perfectamente, la mujer no lo notó, pero aquel hombre inspecciono su cuerpo y ropa detalladamente. El hombre la empezó a observar con esos maniáticos ojos, pero se detuvo en los orbes de la joven, no podía creer haber visto unos ojos así hace mucho tiempo.
-¿Qué haces aquí? ¿Quién eres tú? ¡No se supone que alguien más estuviera aquí!- grito el hombre.
La joven se quedó callada, no sabía que decir, quizás si fue mala idea investigar, como dicen "la curiosidad mato al gato", solo le quedaba esperar que aquel hombre no dijera "!hola! ¡Ya llegue! ¡Y me llamo curiosidad!".
El hombre la miro como desquiciado.
Detenidamente fijo su mirada en sus puños, que agarraban con fuerza la parte afilada del cuchillo, sus ojos se abrieron como enormes platos.
La joven frente a él, logro notar el dolor que sintió, empezó a brotar sangre de sus manos, el cuchillo había cortado sus muñecas, pero aun así el seguía sin soltarlo.
El hombre empezó a retroceder muy lentamente hacia el bosque, sin perder de vista sus puños, que escurrían sangre como una botella de vino.
Pero antes de dar un paso más calló sobre sus rodillas, haciendo que la mujer saliera corriendo hacia él.
Cuando llego donde él se incoó y se le acercó lo más que pudo.
El hombre tenía la cabeza baja, sus lágrimas seguían sin parar.
El hombre decía cosas in sentido como –se fue, ¿Por qué estás aquí?...no, vete, vete. Se fue, se fue no, no, no-
La joven se concentró en sus manos, viendo que estaban llenas de sangre, sentía que él no era malo, pero era malo lo que estuvo a punto de hacer, agarro el cuchillo que tenía entre sus dedos y lo retiro dejándolo lejos. Agarro sus manos, y las miro fijamente, en medio de ambas había una cortada muy profunda, de ellas brotaban mucha sangre, sus guantes estaban totalmente rojos y goteaban rubíes, que llegaba a manchar más mangas de su saco.
-no quería, yo, ella, yo no, ella se, yo solo, porque ella, y yo tan, tan tonto, y ella…no, no, no porque, no no-
El hombre hablaba como loco, de pronto, todo para él se empezó a nublar, su cabeza dolía, sintió ganas de vomitar por un segundo, y se desmallo, sin antes ver unos hermosos ojos que miraban los suyos con cariño, unos ojos cafés, mirando los verdes de él…
