2. De cascos

-Por milésima vez, ¿qué te cuesta usar un casco?.

-Es incómodo –gruñó el acróbata mientras observaba a su pareja sacar el alcohol del botiquín de primeros auxilios-. Estorba.

-Dudo que sea así...

-¡En serio! –exclamó Gakuto indignado-. Tú solo lo dices porque jamás has probado hacer un flip con esa cosa en tu cabeza.

-Gakuto, esas cosas cada año las mejoran para que sean más seguras y cómodas a la vez...

-¡Mentira! ¡Cada vez son peores!

Yuushi solo supiró, poniéndose en cuclillas delante de su novio para tratar la gran herida de su rodilla derecha y también la más pequeña en su pantorrilla izquierda. La limpió primero con un algodón húmedo y luego lo desinfectó. El pelirrojo se mordió el labio y dejó escapar un gruñido al sentir aquella sustancia que le quemaba la pierna entera. De no ser porque detestaba que Yuushi lo viese débil, adolorido o cualquier cosa similar, le hubiera gritado y golpeado en la cabeza. Realmente, de todos los desinfectantes que el hombre había creado, ¿el único que tenían en esa casa era alcohol? Oshitaris... Son unos completos sádicos, no por nada el padre era médico.

Una vez que terminó de tratar la primera herida, el prodigio sonrió.

-Ya sabes, la próxima vez que salgas a practicar con la patineta, llevas casco, ¿ok?.

-Casco tu abuela –gruñó Gakuto y sonrió sarcásticamente-. Como si tú lo usaras.

-Es obvio que no lo necesito, Gakuto. Yo toco violín, no patino, ni mucho menos se me ocurre tirarme de un puente atado por los pies...

-¿Qué me dices del tenis, ah? –argumentó el más pequeño y Yuushi puso los ojos en blanco-. Con la velocidad de los saques de Ootori realmente deberíamos comenzar a usar casco todos. ¡Incluso Kabaji! ¡Y hablando de Kabaji, la última vez que jugué contra él casi me vuela la cabeza!

-Gaku...

-¡No me discutas, Yuushi, que sigo siendo tu sempai aunque nos llevemos solo un mes!

Esa fue la última vez que Yuushi trató de convencer a Gakuto de usar casco.