Me ha cogido la mana de los vampiros! no, en realidad no, siempre me gustaron XD
un capi algo... raro o.o
7. De vampiros y retratos
El vampiro sonrió y estiró la mano, atrapando la de su cautivo. Este alzó una ceja y se dejó hacer, murmurando algo así como "tengo hambre". El vampiro ignoró aquello y simplemente lo jaló consigo, soltando una divertida risita. El humano ya solo se dejó jalar, a pesar de que detestaba que se hiciese con él lo que se quisiese. Pero tampoco era que estuviese en posición de hacerle frente a un vampiro de raza noble, quien a pesar de ser menudo y de apariencia endeble, había demostrado ser de los peligrosos. Suspiró, a un paso de resignarse a su suerte.
-¿Dices que tenías hambre? –preguntó entonces el pequeño vampiro y el humano alzó la mirada.
El vampiro, un bellísimo ejemplar de cabello color cereza, dientes que amenazaban con morderlo al primer descuido y grandes ojos traviesos, le sonrió, mas el humano no supo decir si era o no una sonrisa malintencionada. Lo más probable era que así fuese.
-Tengo hambre –repitió el humano y ladeó el rostro-. Espero que tú no.
-Andas con suerte, niño –canturreó el vampiro y rió.
Tenía una voz aguda y bastante penetrante, que le causaba un escalofrío a cada risotada que daba de sí.
-Tendrás que esperar hasta la mañana, cuando lleguen los sirvientes. Para comer, me refiero. Antes de eso no te puedo ofrecer nada –prosiguió el vampiro y lo soltó por fin.
Habían terminado en una pequeña sala, bastante amueblada y eso en un estilo considerablemente anticuado. Las paredes estaban prácticamente recubiertas de cuadros y antiguas fotos. El humano pasó la mirada por aquellas ilustraciones, reconociéndo uno que otro rostro célebre. Muchos hombres, pocas mujeres, pero aún así todos sumamente atractivos, de porte altivo y orgulloso. Eran las víctimas que habían estado ahí antes que él. ¿Estaría ahí también en un año su foto? Se preguntó en dónde el vampiro la colocaría, pareciese que ni siquiera había espacio para uno más y por un momento se sintió aliviado, aunque tuvo de desechar esos pensamientos.
Porque el duque de Mukahi siempre tenía espacio para uno más.
