Rayos, mi reserva de drabbles se está acabando :S es hora de ponerme otra vez a escribir XD
17. De castillos
Yuushi siempre había pensado que el rumor de las olas era algo relajante. Ahí, tirado en la arena caliente, dejando atrás otro año escolar lleno de tenis y locuras atobescas, volvía a recordar por qué amaba tanto las vacaciones. Más que libertad, cero tareas, cero Atobe y cero entrenamientos, era poder no hacer nada. NADA. Solo estar echado, broncearse y dormir. Ah y claro, de vez en cuando abrazar, besar y fo-, digo, hacerle el amor a Gakuto. Eso.
Al menos ese era lo que le habría gustado afirmar el prodigio. Lástima que ese año Gakuto se había encaprichado con hacer mil cosas. Y de cero a mil hay un gran paso, deberían saber, por lo que el no hacer naranja de fue por al caño.
-¡Yuuuushiiiiii!
Abrió los ojos con pereza,viendo que Gakuto venía hacia él. Corriendo. Eso solo podía significar una sola cosa: se le iba a tirar encima. Dicho y hecho, Yuushi terminó enterrado, con arena en la boca y en mil partes más que no me tomaré la molestia de mencionar. Gruñó mientras se levantaba, sacudiéndose la arena. Gakuto lo observaba divertidoy comenzó a hablar.
"Oh por Dios, no, no más castillos de arena", pensó el prodigio abrumado al oír la idea de su pareja.
-Gaku, cerecita, ya hemos hecho quince castillos en el transcurso de la semana. ¿No quieres relajarte hoy simplemente un poco?
Gakuto lo miró como si le hablase en ruso. O chino, con Yuushi nunca se sabía...
-¿Qué? –dijo luego de una pausa-. ¡Pero si solo fueron catorce!
-Quince –lo corrigió Yuushi, arrepinitiéndose luego.
-¡Catorce!
Puso los ojos en blanco.
-Ok, ok, fueron catorce, ¿contento? Eso no cambia el hecho de que...
-Y vamos por el número quince –lo interrumpió Gakuto y le sonrió, ignorándolo por supuesto.
Y Yuushi quiso morirse. Primero porque estaba HARTO de tanto castillo que se derrumbada al minuto, y segundo, porque sabía que Gakuto no lo estaba haciendo por maldad. No, si sonreía así era porque en serio estaba ilusionado. Al diablo con relajarse, si Gakuto quería, se hacía. Todo por hacer feliz al niño engreído del que se le había tenido que ocurrir enamorarse.
Gakuto notó que su novio estaba demorándose mucho para comenzar a renegar, por lo que pensó que tal vez sí habían sido quince castillos. Se sentó a su lado, sobre la toalla "enarenada". Yuushi lo miró extrañado, preguntando si no iban a hacer el mendigo castillo, a lo que Gakuto replicó que ya se había aburrido. Entonces fue el turno de Yuushi de sonreír. Pasó un brazo por los hombros de su novio, acercándolo, y lo besó.
-Gracias –murmuró una vez que se separó de él y Gakuto desvió la mirada.
-Como sea... Mañana todavía podemos hacer ese castillo -masculló el acróbata-. O podrías por lo menos invitarme a comer un helado, no sé...
