Aviso que este capi es diferente, a su manera. Tal vez raye a todos y fácil nadie me entienda (de ser el caso, no los culparía), pero de todas maneras me gusta mucho como salió. No recuedo de dónde saqué la idea, aunque ahora que lo pienso, me recuerda algo a "Huésped" (De Stefanie Meyer), pero no tiene nada que ver, por si alguien leyó la novela.
Advertencias: narra Yuushi (jajaja)
28. De almas
Nos habíamos conocido en nuestra anterior vida. Yo, siendo un alma ya "vieja" como diría él, y él, un alma recién nacida que vivía su primera vida. Se llamaba Gakuto, y se llamaría así por el resto de su vida. Un alma puede recibir varios nombres a lo largo de su existencia, pero el único que vale es el primero. Sucede que en mi última vida me volvieron a llamar como era debido. Yuushi. Me gustaba mi verdadero nombre, siempre había pensado que iba conmigo, aunque ese cuerpo era muy diferente al anterior y todavía aún más del original. Pero comprendiendo que solo los estoy confundiendo, seguiré con mi relato...
Comprendí desde el principio que Gakuto era un alma traviesa y que buscaría sin duda alguna a alguien muy parecido a su contenedor original. Descubrí que le asustaban los cambios, así que ni hablar de la muerte. Cuando murió su primer cuerpo, yo todavía tendría que soportar doce años más de vida, por lo que me sorprendió el hecho de volver a nacer antes. Claro, como todavía era un alma inexperta de seguro se perdió en el camino y le costó más lograr dar con su nueva vida. Para volver, hay que volver, pero a dividirse, óvulo y espermatozoide. Nada fácil para un novato como él...
Pero ahí estaba, lo había reencontrado por fin.
Almas antiguas, con una trayectoria mas larga, olvidan cada vez menos. Novatas en cambio tienden a olvidarlo todo. Por eso yo lo reconocí, a pesar de que ahora era rubio y algo más alto, de ojos chocolates y tez pálida, amarillenta. Sin duda extrañaría las hebras cerezas y las esmeraldas... Hablando de eso, recoraba cuando aún no lo había encontrado y me ponía a pensar en él, preguntándome cuánto habría cambiado. Recordaba entonces sus manos, cálidas y frías a la vez, cuando bajaban por mi espalda, abrazándome mientras le besaba el cuello. Por lo general todo aquello terminaba con un bulto muy molesto en mis pantalones y mi humor por los suelos...
Almas jóvenes tienden a dudar, recordé, explicándome su demora. Le llevaba ahora seis años de diferencia, y pensé que le llevaría dieciocho de haber muerto ambos con la misma edad. Pero era él, engreído, altanero, atorrante y berrinchudo, tal como lo recordaba. Supongo que lo bueno era que con eso mantenía lejos toda posible competencia.
Sonrío. Yo no toleré jamás la competencia.
Lo conocí de nuevo en la universidad, yo terminando mi carrera de medicina y el empezando en traducción. No dude en acercármele y hablarle, sabiendo que no debía llamarlo Gakuto.
Hoshimae Kotarou no era necesariamente un nombre que me gustara. Gakuto por el contrario sí, pero debía esperar para poder volverlo a llamar así.
-¿Necesitas ayuda con algún curso?
Si, la típica de las clases de nivelación. Sabía que se me podría haber ocurrido algo mejor, pero en ese momento no tenía ganas de pensar. Estaba pensando en su nuevo corte. Le quedaba horrible y me propuse raptarlo a una peluquería en cuanto me hubiera ganado de vuelta su confianza.
El solo asintió, no muy expresivo, y me preguntó luego mi nombre.
Un mes más tarde ya estaba encima de él, besándole la cara.
