30. De silencios
Hizo un esfuerzo para evitar soltar un suspiro. Sabía que Gakuto lo estaba observando y aquello lo desesperaba. Hacía días que el acróbata se comportaba de esa manera tan extraña, cosa que no le molestaría si no estuviesen el día entero solos ellos dos. Y eso por cuatro semanas enteras... Realmente no pensó nada malo cuando invitó a Gakuto a ese viaje que se había ganado en un sorteo, cómo iba a saber él que el acróbata se pondría en ese plan. Hasta antes de hacer las maletas, todo había estado tan normal entre ellos dos, que era imposible siquiera sospechar que días más tarde les costaría hasta darse los buenos días.
Esto era el colmo. Estaba en una isla del Caribe con su MEJOR AMIGO y era como la primera cita con el gran amor. Vaya las ironías de la vida...
Suspiró, pasándole una mano por la cara y abanicándose luego con ella, manteniendo fija la mirada en el mar. Se encontraba sentado en el balcón de su suite, observando cómo los últimos turistas abandonaban las playas. Hacía calor, mucho, mucho calor...
-¿Qué haces? -dijo por fin su dolor de cabeza, aburriéndose de solo verlo.
Yuushi se volvió, viendo a Gakuto parado en el marco de la puerta de vidrio.
-Nada -respondió-, solo veo el atardecer...
-Pff, pero qué aburrido que eres.
Por un segundo pareció que Gakuto había vuelto a la normalidad, pero entonces se quedó callado, mirándolo en silencio y pensativo. Aquello era tan molesto, no por la mirada en sí, sino porque a Yuushi le incomodaba no saber por qué diablos su amigo actuaba de esa manera con él. Y sí, le había preguntado al lirón si había notado algo extraño en el comportamiento del pelirrojo y este le había respondido que no. Luego Yuushi recordó que Jiroh siempre andaba dormido y por lo tanto era obvio que no encontraría ningún cambio en el comportamiento de su amigo.
-¿No vas a decir nada? -pregunto finalmente, impacientado.
-¿Qué voy a decir? -rió Gakuto con sarcasmo, aunque volvió a enmudecer por un segundo.
-Lo siento -gruñó por fin, apareciendo a su lado.
Se sentó a su costado, abrazando sus piernas y mirando fijamente el mar. Era el atardecer y de seguro todo sería muy romántico, como en una de esas novelas que leía el prodigio, de no ser porque este ni siquiera sabía si aquello que tanto le desesperaba realmente eran sentimientos "especiales" hacia el acróbata.
-¿Por qué te disculpas? -quiso saber Yuushi, sin mirarlo.
-He estado actuando muy raro estos días -murmuró Gakuto, yendo de frente al grano.
Yuushi asintió.
-Verdad que sí... ¿Y?
-Y nada, sigues siendo aburrido -farfulló Gakuto mientras se volvía a poner de pie-. Yuushi tonto
Yuushi solo alzó una ceja, mirándolo por fin con curiosidad bien disimulada.
-¿Yo?
Gakuto soltó un bufido.
-No, la pared -le espetó y el prodigio se rió-. Idiota...
Y sin más abandonó el balcón y desapareció en el dormitorio.
Yuushi suspiró, volviéndose otra vez al mar. Pensó que se dejaría tiempo para averiguar qué significaba todo eso realmente. Después de todo, todavía quedaban tres semanas para eso.
