32. De química
Se llevó automáticamente la mano a la cabeza, mas no encontró nada. Miró al suelo y vio un papelito tirado al lado de su zapato. Suspiró, apenas, y se giró hacia atrás, desde donde cierto acróbata le regalaba una gran y traviesa sonrisa. El prodigio sonrió también y se inclinó a recoger el papelito lanzado, al cual desdobló discretamente.
Sin embargo el papel estaba en blanco.
Frunció el ceño, extrañado y algo irritado, cuando en ese momento otro proyectil blanco impactó de nuevo contra su cabeza. Se giró nuevamente y Gakuto le volvió a sonreír. Jiroh, quien observaba la escena, soltó una risita que no pasó desapercibida por Taki y Shishido. El chico de la gorra solo rodó con los ojos y se volvió de nuevo a su cuaderno de ejercicios, pero Haginosuke dejó de trabajar para prestarle ahora más atención a las ocurrencias de Gakuto que a su tarea.
Una vez más, Yuushi se volvió hacia adelante, recibiendo un tercer ataque por parte de su compañero de dobles, mas este no le dio en la cabeza, sino que cayó sobre su cuaderno. Sin nada mejor que hacer (porque la tarea obviamente no cuenta), lo desdobló y luego tuvo que contenerse una risa.
"mírame"
Se volteó hacia Gakuto, sin embargo, apenas se dio la vuelta, un cuarto papelito doblado impactó de lleno en su frente. Inmediatamente Jiroh se hundió entre sus brazos doblados sobre la mesa. Su espalda se contrajo sospechosamente por un segundo, y cualquiera que lo viera pensaría que lloraba. Yuushi sabía que en ese momento estaba luchando con un ataque de risa.
Gakuto le sonrió "inocentemente" al prodigio, jugando con su lapicero mientras que arrancaba otros pedazos de alguna página de su cuaderno, cuando de pronto, el profesor estaba parado detrás del acróbata.
-¿Arrancando paginas de tu cuaderno, Mukahi?
Asustado, Gakuto volteó y cerró de golpe dicho cuaderno, mientras que Yuushi ya estaba otra vez escribiendo en el suyo. Con un rápido movimiento, el maestro tomó el mal usado cuaderno ante la atónita mirada de su pelirrojo alumno. El silencio se extendió por el salón, mucho más intenso que el que había reinado minutos antes, aunque Jiroh, todavía luchando con su ataque de risa, amenazaba con romperlo.
Taki sonrió de lado.
Gakuto bajó la mirada y jugó nervioso con su lápiz, mientras que el adulto hojeaba en su desordenado cuaderno. Luego de un minuto o dos, lo cerró con el mismo golpe rígido que lo había tomado, dejándolo caer sobre el pupitre de Gakuto. Su mirada quedó clavada sobre la cabecita cereza que se encontraba por debajo de él.
-De no conocer tus notas, Mukahi, -comenzó el profesor en tono socarrón-, pensaría, en vista a cómo llevas tu cuaderno, que estás a pocos pasos de jalar el curso.
Ante aquella declaración, el acróbata no pudo evitar sonreír contento, después de todo, química era uno de sus mejores cursos. Aún así, le faltaba la motivación para mantener su cuaderno limpio y en orden.
-Fuera –ordenó el profesor antes de seguir su camino por el salón.
Gakuto se levantó de su sitio y se arrastró hasta la puerta. La cerró detrás de sí y suspiró aburrido. ¿Y ahora qué hacía? Ya estaba por sentarse en el suelo, cuando la puerta se volvió a abrir. Gakuto saltó, y al ver de quién se trataba, sonrió contento.
-Oh, ¿también te echaron? –apuntó con sorna, mas Yuushi solo se rió.
-No, pedí permiso para salir –respondió y Gakuto frunció el ceño.
-¿Eh? –farfulló y dio un paso hacia él.
Yuushi ensanchó su sonrisa y lo tomó de la mano, jalándolo consigo hacia el baño.
-Claro –afirmó el prodigio-. Supuse que te aburrirías aquí todo solito, y por eso vine a hacerte compañía…
