40. De otras

Yuushi había sido desde siempre una persona de pasiones intensas y un maldito desalmado. Podía tal vez mostrarse relajado y fresco como una lechuga, incluso algo desinteresado dependiendo del caso, cuando de tenis se trataba. Pero una vez que entraba una chica al juego, el prodigio podía sonreír de tal manera, que el sol le habría tenido envidia, y habría arrasado con ella hasta que la chica ya no pudiese estar parada sobre sus propios pies. Era como si Yuushi desgastase a las chicas y estas no pudiesen hacer lo mismo con él. Gakuto podría jurar que el de cabello azulado aparecía cada semana con otra diferente. Ante su cara enfurruñada, Jiroh solía parpadear confundido, preguntándole qué había pasado con la anterior, a lo que el acróbata reaccionaba de mala manera, alegando enojado que las noviecitas del bastardo azul no eran su problema.

Un día, cuando Yuushi escuchó aquello sin querer, no pudo hacer más que alzar una ceja sorprendido, una loca teoría rondándole la cabeza. Al día siguiente volvió a aparecer con otra y Gakuto estuvo de mal humor toda la tarde. Yuushi se rió, mandando a casa a la pobre niña, y fue tras el acróbata, a paso moderado, postura relajada y manos en los bolsillos.