Como amo los paralelos...este va ligado al capi anterior, pero en sí no tienen nada que ver (ya se darán cuenta por qué).
Advertencia: shota ligerito, "inocente" si lo quierne poner así, en el sentido de que no soy partidiaria de la pornografía infantil :3
Edades: 17 y 11
46. De universitarios hastiados y mocosos arrogantes
Era temprano y hacía frío. Bueno, afuera, porque su cama estaba toda mullidita y cálida, ofreciéndole la invitación abierta de quedarse toda la mañana ahí, acurrucado entre sus sábanas. Pero no, debía levantarse. Lentamente. Soltó un gruñido, haciendo a un lado al cuerpo más pequeño que se asía a él como una garrapata. El chico se removió, abrazándolo con más fuerza.
-¿Mhh, a dónde vas? Quédate y dame más besos...
Gakuto bufó.
-Tengo clases, enano, ¡suéltame! -le gruño, empujándolo lejos, pero Yuushi se negaba a soltarlo, hundiendo el rostro en su espalda, repartiendo besos suaves y repetitivos sobre su nuca. Gakuto se estremeció, maldiciéndose a sí mismo por ser tan débil ante un mocoso.
-¡Quita, que me voy a atrasar!
-¡Oh, sí, como Gakuto Mukahi es la puntualidad en persona! -se burló el chico de primaria, colando las manos por el pijama del mayor-. Gaku-chaaan, tienes la piel tan suave y calientita.
Gakuto, ignorando el sentimiento que amenazaba con crecer en su estómago, lo volvió a empujar, teniendo esta vez más éxito. Se escabulló de la cama, tiritando ligeramente. Se abrazó a sí mismo, sobándose los brazos para entrar en calor. Salió a tropezones, oyendo a sus espaldas la risa arrogante de Yuushi, y cómo este salía también de la cama e iba tras él. Apresuró el paso, cerrándole la puerta del baño en la nariz. Sonrió al oír el insulto que el menor le lanzó entre dientes.
-¿Qué pasó, mocoso? Esas no son palabras que un enano de tu edad debería usar -señaló con sorna, riéndose mientras se desnudaba y prendía la ducha.
-Tú utilizas palabras peores -oyó reprocharle Yuushi detrás de la puerta, y tuvo que poner los ojos en blanco.
-Soy mayor que tú también -declaró sin esperar réplica, pero Yuushi resopló.
-Idiota –gruñó, de seguro haciendo un mohín digno de ver.
Gakuto sonrió bajo el agua, y para cuando salió y se secó, seguía haciéndolo. Con la toalla a la cintura, salió del baño y volvió a su dormitorio, donde encontró a Yuushi dormitando en la cama.
Lo ignoró, acercándose al armario, y se vistió.
-Deberías volver a tu casa... -murmuró en algún momento antes de salir del dormitorio-. Tu mamá podría...
-Está de viaje, ¿lo olvidaste? -le interrumpió Yuushi incorporándose y siguiéndolo a la cocina.
Gakuto se volvió hacia él para encararlo, cuando el chico se le lanzó, tumbándolo. Gakuto soltó un quejido de dolor, pero Yuushi solo se rió.
-No tienes que ir -ronroneó en su oído-. Quéeeeedate conmigo, puedes pedirle los apuntes a cualquiera y no te perderías de nada. Igual es lo que siempre haces, ya que nunca prestas atención en clase.
Gakuto frunció el ceño, mirando molesto al chico, el cual le regalaba una amplia sonrisa.
-Quédate -repitió esta vez en un susurro aterciopelado, como el ronroneo de un gato pero con nota suplicante.
Gakuto suspiró.
-No puedo...
-Gaku...
-...faltar, mocoso.
-Idiota.
Y Gakuto se rió.
-No seas bebé, Yuushi. ¡Tanto que te jactas de ser tan maduro!
Yuushi le sonrió gatunamente.
-Maduro para mi edad –le recordó y se tapó con olas sábanas, echándose a reír-. Te quedarás, ¿verdad que tengo razón?
Gakuto lo miró con el ceño fruncido, pero no logró pensar en nada qué contestar.
Maldito mocoso que se creía más inteligente que él.
