47. De alumnos
No era que Gakuto tuviese una obsesión con su alumno más destacado, era solo que... Agh, ni él lo sabía realmente. ¿Qué se suponía que debía pensar de ese horrible ardor que se trepaba por su garganta cuando lo veía coquetear a cada segundo con otra persona? Y no, no era que sintiese lástima por aquellas desdichadas almas que cayeron víctimas de ojos misteriosos y sonrisas empalagosas. Por favor, no era su culpa si eran tan ilusos como para creerse cualquier cosa que pudiera salir de esa boca hambrienta y seductora. Pero Gakuto no podía dejar de pensar que le habría gustado nacer diez años más tarde y ser otro kouhai más que se dejase seducir por la promesa de una experiencia inimaginable y... Dios, estaba enfermo. No había FORMA que un alumno se fijase en su profesor de química, no de la manera que le habría gustado, pero que a la vez le pone los pelos de punta. La mera idea de una posible relación entre él y su alumno le era tan... tan irreal... Que por esa misma razón no poensó en anda malo cuando de pronto el alumno estrella le pidió clases aprticulares.
