Soy nuevo en esto, y no entiendo demasiado bien el sistema de reviews de la página, por lo que he decidido responderlos aquí ^^U Si estoy cometiendo algún error, por favor háganmelo saber.
Giby-chan: Muchas gracias por el comentario ^^ No, Akito no va a salvar a sus padres, más bien…continuará con su legado. Siento haberte hecho llorar ^^U
Don Cocono: Gracias por la bienvenida, la verdad es que no conozco a casi nadie en T^T
Me alegre que te guste el trasfondo del fic, en realidad los Shinigami fueron algo más que vencidos…
Gracias de nuevo ^^
Rukiasicc: Por supuesto, mantente alerta para nuevos capítulos ;D
1
The Victory And The Prey
La sala entera permanecía sumida en un tenso y expectante silencio, roto únicamente por el ocasional roce de los pies de los dos combatientes en el tatami situado en el centro de la habitación.
Una gran cantidad de gente rodeaba a las dos personas que se estudiaban con fría calma y precisión en el tatami, trazando pequeños círculos en torno a ejes que únicamente ellos mismos conocían.
Ambos vestían el equipo básico que todo practicante de kendo estaba obligado a utilizar: una suerte de yelmo con una visera formada por diversas varillas denominado Men, los guanteletes que llegaban hasta la altura de los antebrazos denominados Kote, el Do o armadura pectoral, el Tane (que cubría las partes que hacían varón a todo hombre) y el Hakama, una especie de kimono que se colocaba por dentro del resto de la armadura y que llegaba hasta la altura de los pies del usuario.
En las manos de ambos participantes se hallaban sendas Shinai, una especie de katana de madera que impedía a los kendokas herirse de gravedad, y que apuntaban hacia la garganta del otro.
Akito Kurosaki respiró hondamente por octava vez. Tratando de serenarse.
Había trabajado muy duro para llegar hasta aquel momento: la gran final del Torneo de Kendo de Karakura. Si ganaba obtendría un pase para los Campeonatos Regionales y si lograba una buena clasificación en estos sería capaz de llegar hasta los Nacionales.
No podía permitirse perder.
El joven de quince años llevaba practicando el Kendo desde que tenía uso de memoria, adiestrándose con dureza en el manejo de la Shinai, además del aprendizaje de muchas y complicadas técnicas como la correcta posición de los pies a la hora de ejecutar un ataque o la mejor manera de esquivar el ataque del adversario.
"Deja de pensar en estupideces"-se recriminó a sí mismo, entrecerrando los ojos ligeramente-"Concéntrate"
Su rival, Aoshika Morumu era un muchacho de su misma edad, pero mucho más robusto y ligeramente más alto que él.
Akito había intentado sorprenderle con fintas y ataques sorpresa, pero Morumu había logrado superarlas todas con una facilidad asombrosa. Por lo que el joven Kurosaki calculaba, debía de restar menos de un minuto para que acabara el combate, y no creía que los árbitros fuesen a darle a él la victoria en caso de que todo acabase tal y como se mantenía en aquel momento.
Por lo tanto, Akito tenía que arriesgarse con un último movimiento si quería ganar.
Pero debía realizarlo en el momento apropiado o perdería su oportunidad, por lo que el muchacho no dejaba de dar vueltas en torno a su contrincante, en busca de una fisura en su posición defensiva.
Morumu podía ser más fuerte y alto que él, era cierto, pero Akito sabía que eran estas cualidades las que aportaban la mayor debilidad de su rival, que había ganado todos sus combates con una facilidad asombrosa, dado que la mayor parte de sus rivales habían sido de complexión y estatura menor a la suya, por lo que sus violentos envites habían acabado los combates con gran rapidez y facilidad.
Akito sonrió imperceptiblemente.
El momento había llegado.
Con un grito de concentración, el chico se lanzó al ataque, cubriendo con rapidez la escasa distancia que separaba a ambos.
Morumu, que no se esperaba tal acción, intentó retroceder rápidamente, haciendo que su pie derecho chocase con su pierna izquierda, lo que le hizo perder momentáneamente su posición defensiva y su concentración.
"¡Te tengo!-pensó triunfal Akito, que ya se había dado cuenta de que el juego de pies de su adversario -que confiaba demasiado en la fuerza bruta y en su físico- no era rival para el suyo propio.
Con un grito triunfal, Akito presionó con la punta de su Shinai en la zona de la armadura que cubría la garganta de Morumu.
La sala entera estalló en aplausos y vítores.
Había ganado.
-Bleach 01-
Akito dejó que la refrescante sensación del agua llevándose los restos de sudor en su piel lo inundase por completo.
"Lo he conseguido"-se repetía una y otra vez, lleno de alegría.
-¡Bien hecho Akito!-le había felicitado su tía Yuzu justo después de finalizar el combate, acercándose hasta él y abrazándolo con fuerza.
A pocos metros de ella el tío Minase alzaba el dedo pulgar con una sonrisa radiante, su abuelo Isshin intentaba reprimir las lágrimas de emoción y su mejor amigo Leon, junto a su madre, Inoue Ishida, le sonreían y felicitaban con alegría.
Todas las personas que quería estaban allí, apoyándole.
Akito se sintió inmensamente emocionado al pensar en ello, notando como sus ojos se llenaban de lágrimas de gratitud.
Con un gesto rápido, se seco las lágrimas, agradeciendo estar en la ducha del vestuario sin nadie que pudiese ver tan bochornosa reacción.
Cuando se hubo limpiado por completo, el muchacho cerró el grifo de la ducha, se cubrió con una toalla la parte inferior de la cintura y salió al vestuario, listo para cambiarse y dirigirse junto a sus seres queridos a un restaurante para celebrar su victoria.
El chico se dio prisa en cambiarse, colocándose una camiseta de manga larga color negro, unos vaqueros azulados y sus inseparables zapatillas de deporte. Acto seguido depositó su armadura en la bolsa que utilizaba para transportarla y se preparó para colocar su Shinai en su funda especial.
Sin embargo, el joven se detuvo en seco, contemplando el arma que tantas victorias le había dado, incapaz de rechazar los recuerdos que acudieron a su mente.
Aquella espada de madera había sido el regalo de cumpleaños que sus difuntos padres le habían dado cuando cumplió los cuatro años.
Pese al tiempo que había pasado, Akito aún era capaz de recordar la alegría y emoción que había sentido al recibirla, al igual que la expresión feliz de sus padres al comprobar que habían acertado por completo.
"Papá…mamá…"-pensó mientras la tristeza se apoderaba lentamente de su corazón.
Ya hacía diez años que sus padres habían muerto en un accidente de automóvil, tal y como le había contado su tía Yuzu, la hermana de su padre, que se había encargado de él y lo había cuidado tal y como cuidaría de su propio hijo junto a su tío Minase.
Akito se sentía profundamente agradecido de contar con dos personas como ellos, a los que quería con locura, pero aún así el recuerdo de sus padres aún le asaltaba de vez en cuando.
Les echaba tanto de menos…
-¡Venga, tortuga, que a este ritmo se nos harán las doce de la noche!-exclamó una voz a sus espaldas, sobresaltándole ligeramente.
Akito se dio la vuelta, encontrándose con Leon Ishida, su mejor amigo, en la puerta del vestuario.
-Ya voy, ya voy-dijo, sonriendo e intentando apartar el recuerdo de sus padres e intentando recuperar la alegría que escasos momentos antes le embargaba.
-Te juro que estaba completamente seguro de que ese grandullón iba a darte una paliza-comentó Leon con total sinceridad, apoyándose contra la pared más cercana a la puerta.
Akito le dirigió una mirada llena de mal humor.
-Menos mal que mi mejor amigo confía ciegamente en mí…-comentó Akito con tono irónico, frunciendo el entrecejo.
Leon suspiró, encogiéndose de hombros.
-¿Qué le voy a hacer si eres un inútil?-preguntó con tono inocente.
Ambos se observaron, Akito con una mirada llena de intenciones asesinas, Leon con una llena de fingida inocencia.
Un instante después, ambos estallaron en una sonora carcajada.
Akito y Leon se conocían desde que ambos eran poco más que bebés, forjando una amistad tan sólida y profunda que fácilmente eran confundidos como hermanos por aquellos que no los conocían. Leon era el hijo de Uryu e Inoue Ishida, antiguos amigos de sus padres, que siempre habían tratado a Akito como a uno más de la familia, por lo que el joven les tenía un gran cariño.
-Todos te están esperando, así que date prisa, ¿vale?-volvió a decir Leon, separándose de la pared y saliendo del vestuario.
-Que sí, joder, mira que eres pesado-exclamó Akito, confiriéndole un tono ácido a su voz pero sin ser capaz de reprimir una sonrisa.
Guardó el Shinai en su funda y dirigió una última mirada a un espejo colocado en una de las paredes del vestuario.
En el reflejo vislumbró a un joven de quince años, de rasgos atractivos y ojos color miel. Su indomable cabello azabache aún estaba algo húmedo, en especial la fina coleta que nacía en la nuca del chico y se extendía hasta sobrepasar ligeramente el nivel de sus hombros.
Decidiendo que ya estaba arreglado, cogió sus cosas y se dispuso a salir del vestuario.
-Bleach 01-
La niña corría desesperada, jadeando sonoramente y tratando de reprimir las lágrimas que el pánico había enviado a sus ojos.
Había estado buscando a sus padres y a su hermano durante mucho, mucho tiempo, tanto que ya ni podía calcular los días que habían pasado.
La pequeña había visto a otras Criaturas, pero ninguna había logrado detectar su presencia.
Como siempre decía su hermano Shun, cuando se ponía seria jugando al escondite, nadie podía encontrarla con facilidad.
Pero en esta ocasión sus habilidades habían sido inútiles
La Criatura la perseguía sin descanso, implacablemente, sabiendo que antes o después la pequeña tendría que detenerse.
Y en ese momento, sus dientes se enterrarían en su tierna y suculenta piel…
Sólo era cuestión de tiempo.
