Gracias a todos por comentar ^^

Don Conono:¡Ostras! Siempre había creído que Inoue era el nombre de pila y Orihime el apellido…mea culpa ^^U Ahora mismo editaré el fallo en el capítulo anterior, gracias por hacérmelo ver.

Tal y como has dicho, Akito es muy bueno con el Kendo, algo que le será de gran utilidad dentro de poco…;D

La relación entre Leon y Akito es la que puede existir entre dos primos muy cercanos, más que amigos ellos se consideran familia. Por el momento, Leon no sabe de su herencia Quincy…

Te reitero mi agradecimiento por tus comentarios, de verdad me motivan muchísimo.

Giby-chan: El amor entre Rukia e Ichigo (al menos en mi fic) va más allá de la muerte, por eso Ichigo se sintió en paz al poder morir tomado de la mano de su gran amor y recordando al hijo que ambos habían traído al mundo. Gracias por tus comentarios ^^

2

Green Lightning In The Dark

-…Y así fue como descubrí que Akito aún se orinaba en la cama con…

-¡Calla ya, abuelo!-casi gritó Akito, lanzándose en un placaje hacia Isshin Kurosaki, que en aquel momento permanecía de pie sobre una mesa del restaurante en el que habían decidido celebrar la victoria del muchacho, gritando a pleno pulmón las intimidades de su nieto al resto de los comensales que ocupaban el restaurante (bastante lleno en aquellos momentos).

Ambos rodaron por el suelo hasta chocar con una de las paredes del local, siendo el desdichado Akito el que recibió la mayor parte del impacto.

-Ah…-suspiró Isshin, haciendo gala de una increíble agilidad al ponerse de pie en un instante y adoptando lo que pretendía ser una pose guay- Parece que has heredado la capacidad de tu padre para enfrentarte a mí…

-¡No intentes sonar guay, maldito viejo!-gritó Akito, incorporándose y con la vena de su frente palpitando.

Isshin colocó su mano derecha en el hombro de su nieto, sonriendo con suficiencia.

-No debes avergonzarte por dar a conocer tus secretos, Aki-chan, todo hombre capaz de hacerlo se merece el respeto del resto de la manada.

-¡¿De qué cojones estás hablando? ¡Eres tú el que se ha puesto a contar mis intimidades delante de todo el mundo, viejo de mierda!-se quejó el muchacho.

El resto de los comensales (la familia de Akito incluida) observaba a ambos con una gotita de sudor cayendo por sus sienes.

-Bleach 02-

Varios minutos después, el grupo entero se encontraba en la puerta principal del restaurante, preparados para dirigirse a sus respectivos hogares tras una cena agradable y amena.

-¡Felicidades de nuevo, Akito-kun!-dijo jovialmente Orihime, la madre de Leon- Ha sido genial poder ver un torneo tan reñido.

-Muchas gracias, Orihime-san, he intentado dar mi mayor esfuerzo-masculló Akito, ligeramente sonrojado.

-Lo cierto es que ese último combate ha sido muy intenso, ¿no creéis?-comentó Minase, el tío de Akito.

-Un hombre debe ser intenso en todo lo que hace, Minase-respondió Isshin, colocando una mano con fuerza en el hombro de su yerno que casi lo lanzó al suelo.

-¡Papá, no seas bruto!-se quejó Yuzu.

-E…es una pena que no hayan podido venir Uryu-san y la tía Karin-dijo Akito, tratando de ignorar el bochornoso comportamiento de su abuelo.

Tanto Uryu Ishida (el marido de Orihime y padre de Leon) como Karin Kurosaki no habían acudido, el primero debido a sus compromisos como director general del Hospital de Karakura y la segunda por encontrarse fuera de Japón, enfrascada en su trabajo como mánager profesional de equipos femeninos de fútbol. Aún así, ambos le habían felicitado mediante sendas llamadas telefónicas en cuanto se enteraron de su victoria.

-Últimamente papá tiene un montón de trabajo, hay días en los que ni siquiera viene a dormir-comentó Leon, algo taciturno.

-Tu padre trabaja muy duro para poder salvar la vida de muchas personas, cariño-le dijo Orihime, acariciando el cabello de su hijo-Lo único que podemos hacer es apoyarle y hacerle saber que estamos orgullosos de él.

Leon asintió, sonriéndole a su madre.

Al ver aquella escena Akito no pudo evitar sentir un ligero pellizco de envidia y algo de dolor en su corazón. ¿Le habría acariciado así su madre si aún estuviese viva? ¿Qué hubiese dicho su padre?

Fue en ese momento en el que se le ocurrió algo.

-Tía Yuzu… ¿podéis adelantaros un momento? Tengo que ocuparme de un asunto.

-Akito, ya es casi medianoche, no creo que sea buena idea que vayas por ahí tú solo a estas horas…-dijo con tono preocupado- ¿No puedes esperar a mañana?

Akito desvió la mirada ligeramente, entrecerrando los ojos.

-Yo…-comenzó, buscando las palabras adecuadas.

-Deja al chico que se vaya-dijo Isshin de pronto, sorprendiendo a todos los presentes- Aunque nos duela, ya no es un niño y sabe cuidarse solo, ¿verdad?

El joven Kurosaki permaneció unos instantes sorprendido, pero luego asintió y sonrió con gratitud a su abuelo.

-Volveré enseguida-prometió, haciendo una ligera reverencia- Muchas gracias a todos por haber venido a verme hoy.

Dicho esto se alejó rápidamente del grupo, sin acordarse de desprenderse de su Shinai, que todavía permanecía dentro de la funda,a su espalda.

-Papá, ¿de verdad crees que es buena idea…?

Isshin contempló con seriedad cómo su nieto se alejaba corriendo, sin poder evitar que una triste sonrisa aflorase a su rostro.

-No te preocupes, Yuzu-chan. Sé exactamente a dónde va…

-Bleach 02-

Cuando llegó al cementerio de Karakura, la luna llena ya se encontraba alta en el cielo, bañando con su fantasmal luz plateada la superficie del camposanto.

Para otra persona, aquel lugar ―y especialmente a aquellas horas de la noche― hubiese presentado un aspecto aterrador, pero al joven Kurosaki únicamente le transmitía una sensación de paz y desasosiego que conseguía calmar por completo su alma.

Aún con la tenue luz de la luna como única guía, el muchacho era capaz de guiarse con facilidad, dado que había recorrido aquel camino en muchas ocasiones.

-¿Eres tú, Akito-kun?-preguntó una voz a sus espaldas.

El chico se volvió ligeramente, buscando con la mirada al dueño de aquella voz y encontrándolo casi al instante.

Se trataba de un hombre de aspecto anciano, cabello canoso y con bastantes arrugas surcando la piel de su rostro. Rostro dominado por dos grandes ojos cuyo iris azulado parecían encerrar una gran sabiduría en su interior.

Pero aquello no era lo más característico del anciano, ya que el hombre flotaba literalmente a varios centímetros del suelo y de su pecho surgía lo que parecía ser una larga cadena de hierro.

Era un espíritu.

-Buenas noches, Otoro-san-saludó respetuosamente Akito con una leve reverencia, sin mostrar ningún signo de temor o sorpresa, más bien todo lo contrario a tenor de la amistosa sonrisa que se instaló en su rostro.

El espíritu anciano se acercó levitando hacia el muchacho.

-Hacía mucho que no te veía, ¿qué haces por aquí a estas horas?

-Últimamente he estado ocupado, pero hoy he venido por un motivo especial-explicó.

-¿Y qué motivo es ese, mi joven amigo?-preguntó el fantasma, no sin cierta curiosidad.

Una sonrisa llena de orgullo nació en los labios del joven Kurosaki.

-He ganado el torneo de kendo-dijo, sin ser capaz de reprimir la satisfacción en su voz.

El anciano sonrió a su vez, en apariencia complacido.

-Vaya, vaya, pero si aún recuerdo como si fuera ayer la primera vez que te vi. ¿No fue entonces cuando te apuntaste al dojo para empezar a practicar kendo?

Akito asintió, rememorando aquella tarde de hacía más de nueve años.

Hacía menos de un año que sus padres habían fallecido en un accidente de tráfico, en el que milagrosamente él no había estado implicado ya que aquel día se había quedado a dormir en la casa de los Ishida por algún motivo que ya no recordaba.

Los primeros meses después del accidente se los había pasado encerrado en sí mismo incapaz de abrirse a nadie y pasando la mayor parte del tiempo encerrado en su cuarto, sin darse cuenta de que con su actitud hacía que su tía Yuzu no parase de llorar por las noches. El día en que lo descubrió, casi por casualidad al tener que ir al lavabo en plena noche y escuchando los ahogados sollozos provenientes de la habitación de su tía, algo había cambiado en su interior, pese a que por aquel entonces no era más que un crío de cinco años y medio. El pequeño Akito descubrió que no soportaba ver sufrir a la gente que quería y mucho menos si la causa de su sufrimiento era él.

Por ello, a la mañana siguiente salió de casa con el Shinai que su padre le había regalado y corrió hasta el lugar en el que sus padres habían sido enterrados, lugar que únicamente había visitado en el momento del entierro, y se plantó frente a la tumba de su padre.

-¡Te lo juro, papá!-había gritado, sosteniendo la katana de madera frente a él-¡No dejaré que nadie vuelva a sufrir! ¡Me haré tan fuerte que pueda hacer sonreír siempre a la tía Yuzu! ¡Lo juro!

En aquel momento el pequeño había escuchado una risita detrás de él, por lo que se había vuelto con gran rapidez, encontrándose por primera vez con el anciano espíritu.

Aquel día Akito comprendió que poseía una habilidad al alcance de muy pocos.

Era capaz de ver fantasmas.

Al principio creyó que todo eran ilusiones suyas, que no era posible que los fantasmas que tanto miedo daban en las películas que ocasionalmente veía en la televisión cuando sus padres no se daban cuenta existieran realmente, pero poco a poco fue aceptándolo, dándose cuenta de que los espíritus distaban mucho de ser terroríficos y malvados.

Simplemente eran las sombras vagabundas de aquellos que habían muerto, le había dicho Otoro-san.

-Sí, aquel día decidí apuntarme a kendo-reconoció Akito, con una sonrisa nostálgica.

-Vaya…cómo pasa el tiempo…-murmuró el fantasma, agitando levemente la cabeza- Pero bueno, no te entretengo más, joven.

Dicho esto el fantasma se alejó levitando.

Akito lo contempló con una gotita de sudor en su sien. Hacía bastante que conocía a Otoro-san, por lo que ya se había acostumbrado bastante a su carácter, pero aún seguía sin ser capaz de comprender por qué aparecía y se iba tan súbitamente.

"Supongo que no quiere reconocer lo mucho que necesita hablar con alguien de vez en cuando"-pensó el joven Kurosaki con una media sonrisa.

Tras un instante decidió volver a ponerse en marcha, hasta que finalmente llegó a su destino: las tumbas de sus padres, colocadas la una junto a la otra. A poca distancia de ellas se encontraba la tumba de su abuela paterna.

Akito se arrodilló y colocó sus manos de forma apropiada para rezar.

"Hola, papá y mamá. Hola también a ti, abuela. Sé que es un poco tarde para visitaros, pero quería deciros que he ganado el torneo de kendo, tal y como os prometí."

No era la primera vez que "hablaba" de aquella manera con sus seres queridos, tal y como le había enseñado su tía Yuzu la primera vez que habían ido juntos a rendirle respeto a sus difuntos.

El muchacho pasó varios minutos en aquella posición, hasta que volvió a ponerse de pie con una sonrisa en sus labios.

"Adiós a todos. Volveré pronto con flores"-prometió mentalmente, al tiempo que se daba la vuelta, dispuesto a marcharse. Pero el joven había estado tan ensimismado con lo que hacía que no notó la presencia situada a su espalda hasta que fue demasiado tarde.

-¡Auch!-se quejó Akito al notar como su cara chocaba contra lo que supuso era el pecho de un hombre, sorprendentemente duro, que le hizo trastabillar hacia atrás.

Akito ya se veía en el suelo, pero el hombre le agarró fuertemente del brazo, manteniéndolo en pie. Antes de que el joven recuperase la horizontalidad, el hombre colocó la palma de su mano a escasos centímetros del pecho de Akito.

Durante un segundo, el chico creyó que un resplandor verde surgía de la palma del hombre hacia su pecho, pero en cuanto volvió a recuperar la estabilidad (un par de segundos después del choque) aquel extraño resplandor había desaparecido.

-¿Qué…?-preguntó, confuso, abriendo los ojos en gran medida.

-¡Lo siento mucho!-se disculpó el hombre, que debía rondar el metro ochenta.

-S…su mano…-balbuceó Akito, refiriéndose al resplandor verdoso que acababa de observar.

-¡Oh, qué despistado soy!-se quejó el hombre- ¡No te he visto hasta que te has dado la vuelta! ¿Te encuentras bien?

-E...eso creo…-masculló, todavía algo confuso por el golpe. ¿Era posible que hubiese imaginado el resplandor?

-De todos modos, ¿qué hace un chico como tú en el cementerio a estas horas?-preguntó el hombre, con curiosidad.

-Yo…mis padres…el torneo…

El hombre le dirigió una mirada preocupada.

-¿Seguro que estás bien, chico?

-S…sí-afirmó Akito, alejándose unos metros del hombre-Y…ya me voy…

Dicho esto, el joven Kurosaki comenzó a andar dando leves trompicones. Aquel golpe definitivamente le había afectado, ya que incluso su visión parecía emborronarse por momentos.

A sus espaldas, el hombre sonrió.

El plan ya estaba en marcha.

-Bleach 02-

Las lágrimas resbalaban como perlas por las mejillas de la niña, que ya empezaba a notar los calambres azotando a sus cansadas piernas pidiéndole que se detuviese para así poder descansar.

Pero la pequeña no podía hacerlo, ni siquiera durante un segundo, porque la Bestia estaba cada vez más cerca. Podía notar su fétido aliento en la nuca, su saliva chorreando por las comisuras de la boca.

La pequeña atravesó corriendo lo que parecía ser un gran arco de piedra, con unas letras grabadas en él.

"Cementerio de Karakura Town"