Siento mucho el retraso, he tenido una semana bastante ocupada ^^U
Don Conono: Me alegra que disfrutes de la historia y sigas comentando, tus comentarios me animan mucho, muchas gracias ^^
Sip, el pobre Akito va a estar bastante ocupado a partir de ahora, pero no va a tardar en recibir ayuda jusjus.
A mí también me encanta el personaje de Leon, me permite tomar lo mejor de Uryu y de Orihime y unirlos, espero que su evolución te agrade a partir de ahora ^^
Riuk25: Sip, a partir de ahora las cosas se van a poner bastante más interesantes…jusjus
Metitus: Me alegra que te guste la trama ^^
Lo que sucedió con la SS aún está por ver, aunque como puedes ver en el prólogo los pobres no salieron demasiado bien parados…
¡Gracias a todos por vuestros comentarios!
6
The Charmed House
-¿Una casa encantada?-preguntó con tono irónico Leon Ishida, alzando levemente una ceja.
Los cuatro amigos se encontraban en el parque de Karakura Town, disfrutando de la suave brisa matinal de aquel sábado.
Suguro, disfrazado esta vez con un traje de mapache, asintió impetuosamente.
-Eso mismo, Leon-kun. Y no creas que se trata de un simple rumor sin fundamento lanzado por algún idiota con demasiada imaginación…
-Como tú-murmuró Kato, camuflando las palabras entre una suave tos fingida.
-¿Y cómo estás tan seguro?-preguntó esta vez Akito, bostezando abiertamente. Bajo sus párpados se comenzaban a vislumbrar una tonalidad violácea. La tarea de patrullar las calles de Karakura y eliminar a cuantos Hollows se ponían en su camino (que únicamente podía realizar durante la noche para no levantar sospechas) estaba comenzando a pasarle factura. Ya hacía dos semanas que el joven había tomado la decisión de cazar a los espíritus malignos y en todo ese tiempo apenas había logrado dormir durante dos noches enteras.
-Veréis, un amigo del primo del sobrino del gato de mi tía jura que una noche, mientras se dirigía a su casa y al pasar frente a la casa encantada comenzó a escuchar los sollozos de una mujer que provenían del interior… ¡Cuando todos sabemos que esa casa lleva abandonada un montón de años!
-Okupas-contestó Leon, como si fuese totalmente obvio.
-Alguien pudo perderse-añadió Akito, desperezándose.
-Eres un inútil-finalizó Kato, dándole un sorbo a su zumo de melocotón.
Suguro ejecutó una versión mejorada de su "pose dolida", dotándola de todo el dramatismo del que fue capaz
-Sois tan crueles y despiadados e insensibles…-suspiró, alzando la mirada al cielo con ojos brillantes.
-No es que quiera darle la razón al retrasado ni nada por el estilo…-comenzó Kato- Pero lo cierto es que hay mucha gente que dice haber escuchado llantos provenientes de la casa a altas horas de la madrugada, e incluso algunos dicen que notan algo "maligno" en su interior.
Akito prestó plena atención cuando su amigo mencionó la palabra "maligno". ¿Acaso un Hollow había hecho de aquella vieja casa abandonada su guarida? Sin embargo, en las últimas semanas el joven Kurosaki había comenzado a desarrollar lo que él mismo consideraba un "sexto sentido" y que le permitía detectar (aunque muy débilmente) la presencia de Hollows y espíritus. Y aquella no era la única novedad, ya que también había descubierto que su cuerpo había ganado una gran resistencia, siendo capaz de correr durante kilómetros sin cansarse y de soportar mucho mejor los golpes que solía recibir durante sus peleas de lo que nunca hubiese creído. Era como si sus poderes estuviesen aumentando poco a poco.
-…entonces está decidido: ¡Esta noche entraremos en la Casa Encantada!-escuchó Akito al salir de sus pensamientos.
-¿Eh?
Todos le miraron, sorprendidos.
-Últimamente no dejas de estar en Babia, Kurosaki-kun-comentó Kato, algo preocupado-¿Seguro que estás bien?
-C-claro que sí-contestó rápidamente Akito tratando de mostrar una sonrisa despreocupada que a causa del nerviosismo se convirtió en una mueca extraña- Es que si alguien nos pilla entrando en la casa por la noche podrían llegar a detenernos o algo peor…-dijo, ocultando el hecho de que su intención era adentrarse él mismo en la casa por si, como parecía, había un Hollow en su interior. Akito no quería que sus amigos fuesen a sufrir el ataque de alguna de esas bestias que, aunque solían evitar atacar a humanos y preferían devorar a los espíritus que vagaban por Karakura, también podían llegar a causar serias heridas a un ser vivo.
No, definitivamente era mejor no arriesgarse.
-Además, ¿no iréis a decirme que os creéis todas esas historias de fantasmas sin sentido, verdad?
Por un segundo a Akito le pareció que la mirada de Leon se oscurecía, pero al momento siguiente recuperó la normalidad, lo que le hizo pensar que se lo había imaginado.
-¿Quién sabe? Puede que se trate del espíritu atormentado de una bella dama que necesita encontrar el primer amor para poder pasar al otro lado…-musitó Suguro, con aire soñador.
-En ese caso, dudo mucho que tú seas el indicado para tratar con ella-cortó Kato, sin piedad, haciendo que Suguro cayese al suelo, fulminado por una flecha imaginaria.
Akito se levantó, desperezándose cuando se encontró de pie.
-Tengo que hacer un par de encargos para mi tía, así que me voy ya-anunció, haciendo un gesto de despedida a sus amigos.
-¿Quieres que te acompañe, Akito-chan?-preguntó Suguro, ilusionado.
Akito le lanzó una mirada llena de aversión a su disfraz.
-Ni muerto-contestó, haciendo que Suguro volviese a caer al suelo.
-Sois tan crueles…-gimió, haciéndose un ovillo y dándoles la espalda.
-¡Nos vemos!-se despidió finalmente Akito, comenzando a alejarse de ellos y alzando una mano a modo de despedida.
Cuando se hubo ido, la expresión que Akito había creído contemplar en los ojos de su mejor amigo volvió a salir a la superficie, impregnando los ojos del joven Ishida, que entrecerró los ojos ligeramente.
-Bueno, ¿sigue en pie lo de esta noche?-preguntó Kato, animado.
Leon dirigió su mirada hacia él, sorprendido.
-¿Todavía quieres ir allí?
-Por supuesto. No me malinterpretes, no creo que encontremos nada, pero aún así será emocionante y con un poco de suerte el subnormal –señaló con un gesto a Suguro, que en aquel momento se encontraba bastante alejado de ellos, tratando de establecer conversación con un par de atractivas jóvenes- se caerá por un agujero y no volveremos a saber de él.
Leon observó a su amigo con una gotita de sudor en la sien, sin saber si hablaba en broma o lo decía enserio.
-A veces consigues que me entren escalofríos…
El fuerte sonido de una bofetada se escuchó por todo el parque.
Ninguno de los dos tuvo que girarse para saber que Suguro iba a tener una preciosa marca roja en la cara durante varios días.
- Bleach 06 -
-A…a… ¡achús!-estornudó con fuerza Akito, maldiciendo el momento en que había decidido hacer caso al idiota de Suguro.
Se encontraba en el vestíbulo de la casa abandonada y supuestamente encantada, tratando de encontrar algo que probase la presencia de algún fantasma o Hollow.
Entrar en la vivienda no había sido excesivamente complicado, ya que Akito había encontrado una de las ventanas que daban al vestíbulo prácticamente destruida, por la que había accedido al interior.
Sin embargo, todo lo que era capaz de ver eran capas y capas de polvo cubriendo el suelo, telarañas que parecían cortinas atravesando las paredes y una que otra rata asustadiza que corría con frenesí cada vez que el joven se acercaba a ellas. Además, aquel sexto sentido que en ocasiones le permitía captar la presencia de entes espirituales permanecía inactivo, convenciendo cada vez más al joven Kurosaki de que aquella casa estaba –a excepción de sus roedoras inquilinas- completamente vacía.
Pese a ello, Akito inspeccionó concienzudamente la casa, que contaba con un amplio salón, una cocina, un baño y varios dormitorios en la planta inferior. En la superior –conectada a través de una escalera de caracol con el salón- únicamente había una especie de trastero, lleno de cajas de cartón de aspecto antiguo y algún que otro objeto en mal estado esparcido por el suelo.
En definitiva, nada que pudiese ser relacionado con la presencia de ningún Hollow.
-Joder, qué pérdida de tiempo…-masculló Akito, suspirando y dirigiéndose de nuevo a la escalera de caracol, comenzando a descender por ella.
Cuando llegó al último escalón y puso el pie derecho en el sucio parqué del salón un extraño quejido resonó por el silencio reinante en la casa.
Akito se detuvo un momento, extrañado. Poco después se encogió de hombros.
"Lo raro sería que una casa tan vieja no crujiese cada dos por tres"-pensó.
Si en lugar de abandonar la casa el joven Kurosaki hubiese inspeccionado la tabla que había originado el crujido su vida a partir de los días siguientes hubiese sido muy, muy distinta.
- Bleach 06 -
Leon notaba la lluvia resbalando por su impermeable mientras esperaba a Kato y Suguro en la esquina de su calle. El joven les había dicho a sus padres que llegaría tarde a casa aquella noche ya que había quedado con sus amigos para acabar un proyecto de ciencias.
No le gustaba nada mentir a sus padres, pero una aventura como aquella no se presentaba todos los días.
Leon no tuvo que esperar mucho más a sus amigos, que llegaron apenas varios minutos después de la hora acordada, las 22:30.
Tanto Kato como –para sorpresa de Leon- Suguro vestían impermeables oscuros y le saludaron con alegría en cuanto le vieron.
-¿Preparado, Leon-chan?-preguntó Suguro, visiblemente emocionado.
-Siempre-respondió éste, con una sonrisa-¿No vas a usar ninguno de tus súper-trajes de camuflaje?
Suguro suspiró.
-Pensaba usar la versión 3., pero Kato me amenazó con encerrarme en un congelador industrial así que…
Kato sonrió, satisfecho.
-El mundo me lo agradecería-comentó, quitándole importancia con un gesto de su mano.
Leon suspiró, sin poder evitar que una sonrisilla se instalara en su rostro. Con amigos como los suyos era imposible aburrirse.
-¿No habéis avisado a Akito?-preguntó, sorprendido.
-¿Es que no le has visto esta mañana? Con esas ojeras parecía un vampiro. Creo que es mejor que le dejemos dormir-comentó Suguro.
Leon asintió, reprochándose a sí mismo no haber pensado en lo cansado que parecía su mejor amigo últimamente.
Los tres chicos comenzaron a caminar hacia la casa abandonada, comentando entre sí lo que harían si se encontraban con un fantasma o si, por el contrario, la casa estaba llena de residentes humanos que podían acabar siendo igual de peligrosos.
Dado que la casa abandonada no estaba muy alejada del hogar de los Ishida los tres amigos apenas tardaron unos veinte minutos en colocarse frente a su oxidada verja, que separaba la vivienda con el resto de la calle.
Leon repasó rápidamente lo que sabía de aquella casa: había pertenecido a una de las primeras familias residentes en Karakura, pero había quedado deshabitada unos años atrás al morir el último propietario sin descendientes. Era bastante más grande que el resto de las casas del barrio, siendo de dos planas y contando con un amplio jardín que tiempo atrás había estado repleto de naranjos y almendros, pero que ahora únicamente albergaba algún que otro tronco retorcido cuyas ramas parecían pedir clemencia al cielo sobre ellas.
-¿Cómo vamos a entrar?-preguntó entonces, observando la gran verja de hierro oxidada frente a ellos y advirtiendo al instante lo difícil que resultaría escalar la verja mojada.
-Lo tengo todo bajo control-comentó Kato, con confianza, acercándose a la verja y sacando algo de su bolsillo que Leon no fue capaz de distinguir, para acto seguido arrodillarse frente a la cerradura y forcejear durante un par de minutos con ella, bajo la expectante mirada de sus dos amigos.
Para sorpresa de éstos, la verja se abrió con un sonoro "clack" y Kato volvió a levantarse, mostrándoles el objeto que había sacado de su bolsillo: una ganzúa.
-Eres increíble-dijo Leon, completamente impresionado.
-Mi tío de Osaka me enseñó un par de trucos-explicó Kato, encogiéndose de hombros con una sonrisa inocente en el rostro- ¿Habéis traído las linternas?
Leon y Suguro asintieron tras el asombro inicial, sacando los mencionados aparatos de sus bolsillos y accionándolos, lo que les permitió una mejor vista del jardín y el porche de la vieja casa.
Quince minutos después –y gracias a las enseñanzas del tío de Osaka de Kato para la puerta principal- los tres se encontraban en el recibidor de la casa, que permanecía completamente a oscuras a excepción de los haces de luz que las linternas de los chicos producían.
-¿Y ahora qué?-preguntó Suguro.
-Revisemos la casa entera, a ver qué encontramos-propuso Kato.
De esta manera los tres amigos comenzaron con la exploración de la casa.
Tras media hora, ya habían revisado la parte inferior de la casa varias veces, encontrándose únicamente con el polvo y la suciedad como únicos inquilinos de la casa. Sin embargo, el constante golpeteo de las gotas de lluvia sumado a las inquietantes sombras que las linternas no lograban eliminar les producía una creciente sensación de tensión, como si en el momento menos esperado algo pudiese sorprenderles por la espalda o surgir de cualquier esquina.
-Pues parece que sólo eran rumores después de todo…-comentó Leon.
-Todavía nos falta el piso de arriba-dijo Kato, alumbrando la escalera de caracol que subía hasta la planta superior.
-¿T-tenemos que subir?-tartamudeó Suguro, asustado.
-No me digas que eres un cobarde…-dijo Kato con desprecio.
-¡C-claro que no! Es que…em… ¡Soy alérgico al polvo!-dicho esto fingió varios estornudos que no convencieron para nada a los otros dos chicos.
-Puedes quedarte aquí abajo a oscuras o venirte con nosotros a investigar el piso de arriba –dijo Kato, que sin esperar respuesta comenzó a subir por las escaleras de caracol.
-¡Mira que eres cruel!-se quejó Suguro, siguiendo a regañadientes a su amigo.
-Sois de lo que no hay…-comentó Leon con una gotita de sudor resbalando por su sien y comenzando a seguir a los dos chicos.
En el momento en que puso el pie en la tabla anterior al primer escalón un sonoro crujido se extendió por la silenciosa casa, haciendo que Suguro soltase un chillido.
-¿Qué ha sido eso?-preguntó Kato desde lo alto de la escalera.
-Nada, una tabla que cruje un poco-explicó Leon, pero frunció ligeramente el entrecejo.
Había sentido una sensación escalofriante atravesar su pie en el momento en el que lo había colocado sobre la tabla, sensación que había desaparecido un segundo después.
El joven Ishida agitó levemente la cabeza, tratando de quitarse aquellos pensamientos tan oscuros de la mente.
Poco después los tres revisaban la parte superior de la casa, encontrando tan poca actividad sobrenatural como en la planta inferior. Al final, había resultado que todo había resultado ser rumores sin fundamentos. Pero entonces, ¿por qué continuaba dentro de él aquella sensación de que algo no iba bien? ¿Por qué le había asaltado aquella extraña sensación al pisar la tabla del piso inferior?
-Creo que será mejor que nos marchemos-dijo Kato, sin ser capaz de ocultar la decepción en su voz.
-¿Veis? Ya os había dicho que todas esas historias sobre fantasmas eran rumores tontos…-comentó Suguro con una risita nerviosa.
-Pero si fuiste tú el que propusiste que viniésemos…-suspiró Leon.
Dado que era el que más cerca estaba de la escalera de caracol, Leon comenzó a bajar el primero.
-Tenemos suerte de que llueva a cántaros y nadie nos haya visto entrar…-dijo Suguro, siguiendo a Leon para bajar a la planta inferior.
-No es que viva demasiada gente en esta calle, de todas formas-dijo Kato, quitándole importancia al asunto.
Leon ya estaba en el tramo final de escalones cuando Suguro, que bajaba relajado al descubrir que ningún espíritu iba a aparecer de la nada, colocó mal el pie en el resquicio de uno de los escalones, precipitándose sobre el joven Ishida, que poco pudo hacer por evitar el golpe.
Ambos cayeron con fuerza sobre el parqué, que lanzó un gran quejido y se desmoronó bajo su peso, haciendo que los dos jóvenes se precipitasen hacia la oscuridad.
Al cabo de pocos segundos, el haz de luz de la linterna de Kato iluminó las tinieblas del boquete por el que ambos habían caído.
-¿¡Estáis bien?-preguntó, muy preocupado.
-S-sí-respondió casi al instante Leon, incorporándose poco a poco y notando un profundo dolor en el costado del cuerpo sobre el que había aterrizado.
-Sabía que esto no era una buena idea…-se quejó Suguro, incorporándose a su vez.
Leon estaba a punto de repetirle que todo aquello había sido culpa suya cuando sus ojos se posaron en algo a varios metros de él.
Lo que vio hizo que su cara perdiese todo color y que sus ojos se abriesen de par en par, horrorizados.
- Bleach 06 -
Akito apretó los dientes con fuerza, sujetando firmemente su Shinai cubierto de energía oscura contra la gran garra del Hollow contra el que se enfrentaba.
Buscando un respiro, el muchacho empujó con fuerza al monstruo, que realizó un pequeño salto hacia atrás que los separó varios metros.
Aquella noche, como tantas otras, Akito se había dedicado a patrullar las calles de Karakura, en busca de algún espíritu errante o de un Hollow despistado.
Había encontrado lo segundo.
El Hollow contra el que peleaba tenía una forma semejante a un enorme oso, con la particularidad de que su garra derecha era mucho más grande que la izquierda. Para su sorpresa, el Hollow había demostrado tener una agilidad y velocidad muy superior a la que cabría esperar de un ser de su tamaño.
Antes de que el monstruo reanudase su ataque, el joven se lanzó al ataque, buscando ejecutar un tajo limpio en el costado de la criatura. Ésta, sin embargo, volvió a hacer gala de su agilidad esquivando al muchacho y propinándole una fuerte patada en el abdomen, que lanzó al joven Kurosaki contra el suelo de forma brutal.
-¡Agh…!-masculló, rodando hacia un costado un segundo antes de que la enorme garra de su enemigo se clavase en la zona del asfalto en la que había caído.
El Hollow emitió un rugido furioso, pero antes de que pudiese retirar la extremidad del suelo Akito la cercenó limpiamente para acto seguido enterrar el filo de su Shinai en la máscara del Hollow, que se desintegró en cuestión de segundos.
Akito dejó que la energía oscura que rodeaba a su Shinai se desvaneciese poco a poco mientras recuperaba el aliento.
"Esta vez ha ido cerca…"-pensó.
Pero no pudo permanecer demasiado pensando en la pelea, ya que cada centímetro de su piel se puso de gallina al mismo tiempo a causa de una apabullante sensación que le hizo jadear por la sorpresa.
Aunque conocía la sensación, nunca antes la había sentido con tal intensidad.
Era como si decenas de Hollow hubiesen aparecido a la vez.
La sensación era tan poderosa que Akito no tuvo ninguna duda del lugar del que procedía.
Sin perder ni un segundo, el muchacho se dirigió hacia la casa abandonada que había inspeccionado aquella misma mañana.
