Campamento

Spy x Family © Tatsuya Endo

Sinopsis: No solo la semilla que plantaron aquel día comenzó a crecer, sino también su historia juntos, incluso en los momentos más complicados [Twiyor Valentine Week 2023. Día 1: Infancia].


Prólogo


Sabía que sus padres podrían discutir, no tenían problemas en elevar la voz delante de él, pero esperaba que no pasara durante las vacaciones. No era algo nuevo, había lidiado con eso antes, sin embargo, ahí no tenía una habitación para esconderse cuando su padre comenzó a mencionar lo cobarde que era.

«Se supone que las vacaciones son para descansar».

Hizo caso omiso a la discusión que iba en aumento, y parpadeó para contener las lágrimas mientras decidió salir del campamento. Explorar podría distraerlo.

Las voces se perdieron a medida que avanzó entre los árboles y observó otras familias con sus tiendas. Era una zona controlada, por lo que no era extraño, no obstante, un escalofrío recorrió su cuerpo cuando vio una bandera de Ostania.

Siendo un niño de Westalis, aquello era una supuesta señal de peligro.

Decidido, se desvió hacia la maleza hasta que sintió el sonido del agua corriendo. Atravesó unos cuantos arbustos y se encontró con un arroyo donde vio su rostro reflejado y, un poco más allá, el de una niña.

—¿Eh? —balbuceó confundido hacia el agua. Luego, levantó la vista—. Oh…

Su cabello estaba atado por un lazo amarillo, salvo por dos mechones que caían a los costados de su rostro. Llevaba un vestido rojo con un cuello blanco y, además, tenía el mismo rostro de susto de él ante un extraño.

Se quedó viendo a la niña, tratando de procesar lo que acababa de suceder.

Él pensaría más tarde que ese primer encuentro no podría haber sido mejor.

—Hola —atinó a decir al final, temeroso.

Ella lo miró, sus ojos parpadeaban entre el arroyo y lo que llevaba entre manos. Pasó un momento más y respondió, sonriendo.

—¡Hola!

Le agitó una mano y lo observó directamente, sonriendo. Él tomó eso como una muestra para acercarse, cruzando el arroyo, incluso si se salpicaba agua. La niña lo esperó, sin decir nada.

—¿Estabas juntando ramas? —le preguntó, viendo una de sus manos ocupadas.

—Quería hacer un refugio —confesó ella—. Me gusta la naturaleza.

—A mí también —apoyó, antes de inclinarse sobre el agua y sacar una rama grande.

La niña lo miró con admiración.

—¿Me ayudarás?

Él asintió y ella soltó una risita, dispuesta a llevarlo al área que había elegido para el refugio.