"NO TODO ES LO QUE PARECE"

Sentía mis manos temblorosas, un frío eléctrico recorrió mi espalda, y me golpeé varias veces en el pecho para tratar de tranquilizarme. Estaba totalmente roja, podía sentirlo, podía saberlo y no tenía que ser una experta para eso. Las miradas en mi nuca me perturbaban.

- Que sea para llevar, por favor - pidió la voz aterciopelada nuevamente.

No sabía que hacer en este momento. No podía simplemente girar en 180º grados y mirar hacia atrás, tendría que disimular más y digamos que no tenía mucho talento para eso. Tampoco me quería ilusionar. Quizá mi subconsciente me estaba haciendo malas pasadas y me quería hacer creer que era él... No lo sé. No me atrevía a mirarlo.

Escuché cómo corrió la silla, y se sentó, dejando sus cosas en el piso. Hizo una pequeña corriente de aire al sentarse , y su aroma me envolvió nuevamente.

Le dí el último trago a mi café, que estaba frío, amargo y con todo el azúcar no disuelta concentrada en el fondo. Hice una mueca antes de tragarlo complemente. Y fue entonces cuando se me ocurrió una forma disimulada de mirarlo. Tenía que buscar un lugar para quedarme, y probablemente tardaría horas... otro café no me vendría mal.

Me giré lentamente, levantando la vista y la mano para llamar al camarero, o aparentar que lo hacía. Y "disimuladamente" miré al chico que estaba frente a mí.

Sus ojos brillantes de un color azul me observaban con intensidad y sorpresa. Tenía un brillo especial, era extraño, desconocido y familiar a la vez. Mi corazón comenzó a palpitar rápidamente y sentí que mis mejillas se volvían a teñir de rojo. Aunque su mirada me perturbaba y sentía que no debería estar mirándolo, no pude apartar la vista. Él tampoco lo hizo. Su rostro también me era familiar, tenía una fina capa de cabello que cubría su cabeza, no pude distinguir de que color era, pues estaba rapado, pero era de un tono oscuro. Tenía una barba que cubría su mandíbula, ocultando más su rostro.
Sus facciones eran muy parecidas a las de Edward... Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Él estaba muerto. Estaba siendo estúpida si creía en la reencarnación. Rápidamente apartó la mirada y yo lo hice también. Golpeándome mentalmente por ser tan estúpida.

Apreté los puños y la mandíbula, rechinando mis dientes. Impotencia y rabia era lo que sentía en estos momentos. ¿Cómo podía ser tan tonta?

Giré sobre mí misma. Sentí las lagrimas en mis ojos, estaba furiosa. Quería gritar, quería golpearme, quería patearme, quería enterrarme en lo mas hondo de la tierra, no quería hacer nada y quería hacerme de todo. Era su voz. Pero no era nada mas ni nada menos que un imbécil con ojos azules con una voz aterciopelada.

Me paré, tomé el bolso pequeño en donde había guardado la primera ropa que encontré en el armario, tomé mi cartera y fui al baño para arreglar un poco mi aspecto, que de seguro era lamentable.

Por un segundo, solo por una milesima de segundo, tuve la esperanza de que al darme vuelta, iba a encontrarme con Edward Cullen. Mi Edward... Pero el estaba muerto. Yo solo quería llegar a donde sea que me iba a quedar, para llorar, dormir y olvidarme de un mundo sin Edward.

Pedí mi café, y salí de la cafetería con la vista agachada, él ya no estaba. Suspiré. Igual era lindo, tenía que reconocerlo. Sentí una electricidad inexplicable cuando lo vi y mi corazón aceleró involuntariamente.

Cuando pisé el primer escalón, resbalé con lo torpe que soy. Había estado nevando y los escalones estaban resbalosos. Caí de trasero, derramando el estúpido café sobre mi abrigo favorito. Y como si el mundo se estuviera burlando de mi, disculpa, y como el mundo se está burlando de mí, fui rebotando escalón por escalón hasta que llegué al último.

Solo faltaba que se pusiera a llover. Miré al cielo y estaba relativamente despejado. Agradecí internamente, todavía no iba a llover... todavía. Era mejor no desafiar al mundo.

Grité frustrada y tiré el café a un lado haciendo una pataleta de niña pequeña. Agradecía que por lo menos, estaba en el ultimo piso y la puerta no era de vidrio, por que o si no iba a morir de vergüenza.

Las lágrimas que me había reprimido en el baño salieron ahora, un conjunto de rabia, impotencia, enojo conmigo misma, tristeza, desesperación, vergüenza y dolor se juntó en mi pecho para dar a lugar un nudo en mi garganta. Me permití poner la cabeza en mis piernas y llorar abrazando mis rodillas por unos segundos, pues no había casi nadie en la cafetería y los que estaban allí, habían pedido recientemente, asi que dudaba que salieran. Por el momento.

Escuché unas pisadas que crujían con la nieve mezclada con el barro, mis sentidos se activaron y me puse en alerta.
Apreté los dientes nuevamente, y me limpié las lagrimas con mis mangas, haciendo movimientos bruscos. No estaba de humor en estos momentos.

Mi vista se fijó en unos zapatos negros bien lustrados, que se detuvieron enfrente mío. Lentamente, comencé a levantar la mirada hasta encontrarme con esos ojos azules aguados. Mi corazón comenzó a bombear nuevamente mas rápido de lo que recomendaban. Me lanzó una mirada de lástima, que me hicieron apretar mis puños y querer golpearle la cara. No necesitaba la lástima de nadie.

Me sonrió de lado, y mi corazón ya no daba más. Algo en mi interior saltaba, un calor se estaba expandiendo por mi cuerpo, esa sonrisa era tan de Edward.

Se agachó para quedar a mi altura y me tendió su vaso de café.

- Ten - murmuró casi inaudible. Fruncí el ceño y me lo quedé mirando. No debería aceptar bebidas de alguien desconocido. - No tiene drogas si eso es lo que crees- bromeó con esa voz aterciopelada.

Arrugué la frente nuevamente. No sabía qué responderle. Estaba totalmente confundida, su rostro, su voz, su aroma, su todo, era tan parecido a Edward. Si no fuera porque vi su tumba pensaría que era él. La única diferencia que había, era el verde esmeralda y su azul aguado. Pero la sensación que me producía al verlo era electrizante, igual que Edward.

No podía ser tan cruel conmigo misma y con ese hombre. La única razón por la que me interesaba era por lo parecido que eran. Hasta juraría que eran gemelos.

- Mira - alzó el vaso y le dio un trago al café sin llegar a tocar la tapa con sus labios, que por cierto, eran muy parecidos a los de Edward - No tiene drogas ni nada de eso. - dijo sin dejar su sonrisa.

- ¿Por qué haces esto? - pregunté dudosa.

- Por que creo que lo necesitas mas que yo - sonrió. Le fulmine con la mirada, no era mi intensión ser tan mala, pero lo menos que necesitaba era su compasión. No necesitaba de nadie, ni siquiera de su café. Yo me podría comprar otro perfectamente.

- Agradezco tu caballerosidad, pero no necesito un café para sentirme mejor. - conteste lo mas amable que pude. Éste hombre solo trataba de ayudar y no quería ser mala con él.

- Bueno, pensé que quizá podrías querer un poco ya que el tuyo esta sobre tu abrigo - sonrió. ¿Por qué sonríe tanto? Ni que se hubiera puesto botox o algo así.

- Muy gracioso. - contesté cortante.

- Soy Robert, por cierto - dijo estrechando la mano.

- Uhh... - dudé un momento, no sabía si tomarle o no la mano, pero creí que iba a ser descortés si no la tomaba. - Kristen - dije. No supe porqué, pero no quería revelarle mi verdadera identidad. Aquí en Liverpool no había nadie conocido, ademas de Esme y Carlisle claro, y no quería que se enteraran por otras personas que yo estuve aquí sin haber ido de visita. Tenía que prevenir, el mundo era muy pequeño, puede que este sujeto tenga alguna relación con mis ellos, quién sabe.

Finalmente tomé su mano para pararme. Sus fríos dedos se amoldaron a mi mano, presionando con delicadeza para impulsarme contra él. Ese simple contacto hizo que mi cuerpo convulsionara ligeramente. La electricidad fue como fuego que recorrió todo mi ser en solo un segundo. Aparté la mano rápidamente y los puse dentro de mi abrigo. Estaba sonrojada.

Él me observó por unos segundos con el ceño fruncido.

- ¿Qué pasa? - pregunté.

- Nada - contestó encogiéndose de hombros. - Kristen - repitió mi "nombre" - me agrada... Te sienta bien.

Por un lado me sentía halagada y por otro lado no me agradaba.

- Gracias - murmuré. - Robert es lindo nombre también - dije encogiéndome de hombros.

- Y dime... ¿Qué hace una chica como tú en un lugar como éste? - preguntó.

- Cosas - dije. No quería mentirle, porque no lo iba a lograr, pero tampoco quería decirle que venía a ver la tumba de mi ex novio. Todavía no lo podía asimilar. - ¿Qué hace un chico como tu en un lugar como éste? - pregunté.

- Cosas - respondió regalándome una sonrisa nuevamente. Me lo quedé mirando embobada. - Vale.. Estoy aquí por asuntos de trabajos, estoy investigando unas cosas.

- Interesante - murmuré. - Yo estoy buscando un lugar para quedarme.

- Te recomiendo que ya vayas empezando pues en cualquier momento se pondrá a llover.. Con éste tiempo.

- Claro, claro.. El problema es que no sé por donde empezar.

- ¿Cuándo dinero tienes? - preguntó.

- Lo suficiente como para quedarme una noche en un motel barato. - dije encogiendome de hombros.

- Yo conozco un lugar perfecto.. Si quieres te lo puedo mostrar, queda a un par de cuadras de aquí.

- ¿No tienes mejores cosas que hacer? - pregunté dudosa. Él soltó una carcajada, desconcertándome.

- Ay Bella... - suspiró negando con la cabeza. Lo miré con una ceja alzada.

- ¿Cómo me llamaste? - pregunté confundida.

- Bella - contestó. - Significa bella en italiano...

- ¿Eres italiano? - pregunté

- No, soy inglés, pero se me da bien el italiano...

- ¿Por qué me llamaste bella? - pregunté.

- Por que pienso que eres bella, Bella. - comentó de nuevo. Arrugué el ceño. Que un chico con voz aterciopelada me llame Bella, no me agrada. Solo una persona me puede llamar Bella con esa voz que tiene, y esa persona ya no esta.

- Amigo.. no te sobrepases ¿Sí? Soy Kristen. Nada de bella ni cumplidos. Apenas nos conocemos - sonreí con cinismo.

Al contrario de lo que yo esperaba, él sonrío ampliamente, como si estuviera orgulloso.

- Lo siento... Suelo hablar sin pensar. Bueno, sera mejor que partamos porque las nubes se están acercando.

Nos habíamos quedado unos 10 minutos hablando en la entrada del café. Así que ahora debíamos irnos.

- Vale.. Gracias por tu disposición y lamento si soy grosera o pesada, es solo que no estoy de humor. - me disculpé.

- No hay problema.. Me agrada ese carácter, siempre me ha gustado - comentó.

- ¿Siempre te ha gustado? - pregunté enarcando las cejas nuevamente.

Ahora estaba mas segura que nada de que este chico me conocía, no se de donde pero yo también lo conocía, e iba a averiguar quién era.

- Digo.. siempre me ha gustado un carácter fuerte. Eres.. directa. - contestó un poco nervioso.

Lo observe por unos minutos mientras seguíamos caminando, uno al lado del otro. Era exactamente igual a Edward, era como si lo hubieran escaneado y le hubieran cambiado los colores en paint y luego lo hubieran impreso nuevamente.

- ¿Se puede saber a que se debe esa inspección que me estas haciendo en este minuto? - preguntó sin mirarme, pero con una sonrisa en su rostro.

- Me pareces conocido - dije encogiendome de hombros - Eres muy parecido a alguien que conozco. Pienso que ya te he visto antes.

Me miró con sorpresa y frunció el ceño.

- ¿Ah sí? ¿Y quien sería ese alguien?

- No te diré - murmuré sonriendo.

- ¿Y qué fue ese alguien para tí? - preguntó curioso, con esa voz aterciopelada.

Tenía la leve sospecha, una corazonada, una estupida esperanza, o quiza estaba loca ¿Quien sabe? Cualquiera sea de esas opciones, que éste tipo que tenía enfrente mío, era Edward Cullen. Lo sabía o por lo menos lo quería creer. Él era Edward Cullen y sabía que me reconocía. Se le escapaban muchas cosas. Así que tenía que ponerlo a prueba.

- Nadie en especial, solo un chico mas - dije encogiéndome de hombros. Dejé de mirarlo y continuamos caminando. Sus manos estaban hechas puños, apretándolos con fuerza. Podía jurar que ya estaba rechinando los dientes.

Sonreí satisfecha. Un punto a mi favor.

- ¿Y que tiene si te recuerdo a ese chico mas? - preguntó con voz ronca. - Si no fue nada especial para ti, no creo que sea muy importante.

- Si.. no fue muy importante. Solo dije que me recordabas a él porque eres muy parecido - murmuré. Sonreí con malicia. - Aunque para serte sincera, tu eres mil veces mas guapo. - mentí. No era mil veces mas guapo, pero le hacía la competencia a Edward. Aunque esos ojos azules aguado, no se comparaban con los verdes esmeraldas. Para nada.

- Asi que tu me puedes decirme guapo y yo no puedo decirte Bella - comentó. Podía notar el enfado en su voz.

Otro punto a mi favor. Me encogí de hombros ocultando una sonrisa que mataba por salir. Mi corazonada no me estaba fallando del todo, aunque no podía pasar vergüenza y decir, hombre, sé que eres Edward Cullen, reconocelo. Creerá que soy una paranoica psicópata y saldrá corriendo.

Habíamos caminado por lo menos dos cuadras, para entonces doblamos hacia la derecha.

- ¿Te molesta que te haya llamado guapo? - pregunté. Tragó saliva, mis ojos se quedaron clavadas en esa manzana de adán que subía y bajaba. Por una extraña razón esa parte de su anatomía me atraía demasiado. Cada vez estaba mas segura de que era Edward, o quizá simplemente era un patético intento de creer que no había muerto.

- Me molesta el hecho de que tu puedas llamarme guapo, pero cuando yo te dije Bella, enseguida te enojas.

- No me enojé. Estaba dejando las cosas en claro...

- Bueno, pero tu no estas cumpliendo con lo que tu misma dijiste. Eres una hipócrita.

- ¿Qué, ahora me insultas? - pregunté alzando la voz.

- No, jamás insultaría a una dama, solo dije que eras una hipócrita por que es cierto.

- Yo no... - antes de que pudiera terminar la frase, me resbalé con un pequeño montículo de nieve que había pisado accidentalmente, y pegué un chillido. Antes de que mi trasero haya tocado el suelo, Robert, o según mis sospechas, Edward me había tomado por la cintura, puse mis manos en sus anchos hombros para sujetarme, pero al parecer, el también había perdido el equilibrio y cayó sobre mí, presionándome con todo su peso. Mis pulmones se quedaron sin aires por dos segundos, pero la verdad es que no lo notaba. Solo podía sentir su embriagador aliento sobre mi rostro, mientras nos mirábamos por un instante. Sus labios estaban entreabierto y morados, su nariz y sus mejillas estaban rojas por el frío. Sus ojos, azules aguados me miraban intensamente.

Lo examiné por un tiempo indefinido. Me atreví a subir mis manos traviesas a su rostro, para acariciar esa barba que cubría su mandíbula.

Cerré los ojos por un instante, inspirando ese perfume tan característico a Edward, acompañado de su aliento.
Cuando abrí los ojos, el me miraba con un brillo extraño. Creo que me había sobrepasado... Rápidamente retire mis manos de su rostro, avergonzada, pero el las retuvo. Pude distinguir una fina linea alrededor de sus pupilas, como si estuviera protegido por una capa de vidrio. Como si fueran lentillas.

Lentes de contactos... Sonreí victoriosa.

Lo había descubierto.

Antes de que tuviera tiempo para decir algo, sentí sus fríos labios sobre los míos, moviéndose con lentitud. Solté todo el aire que tenía en mis pulmones, sorprendida. Cerré los ojos y correspondí a ese beso. Moví los labios lentamente contra los suyos, sincronizados. Acaricié su rostro, tratando de memorizarlo y recordarlo. Esto solo fue la última prueba, la última que me demuestra que es Edward. Así eran sus besos, tal como yo los recordaba, tal como yo los extrañaba, esos besos que tantas noches había anhelado. Era él, era él. Una sonrisa se extendió por mi rostro, y mi corazón comenzó a bombear rápidamente contra mi pecho. No sabía cual era la razón por la que fingió su muerte, por que estaba segura de que lo hizo, pero lo único que me importaba ahora, era que él estaba vivo. Y eso era todo.

Escuché el sonido de un auto pasar al lado nuestro, acompañado de una bocina. Fue entonces cuando recordé en donde estábamos y me separé de él rápidamente, sonrojada. Señor, estábamos revolcándonos en el piso de la calle publica, donde pasaban todos los autos. Pobre niños.

Nos pusimos de pie. Arreglé mi ropa y mi cabello, que estaba todo enredado. Ninguno de los dos habló en ese minuto.

Él carraspeó depués de un momento y alcé la vista para mirarlo. Noté nerviosismo.

- Yo.. - susurró con esa voz aterciopelada. - Siento lo que paso.. no suelo besar a chicas el primer día que conozco, no quiero dar una mala impresión, solo quería ayudarte a buscar un lugar donde quedarte. Mire.. Si sigues derecho, allí encontraras un motel con un cartel azul. Se llama "Las Buenas Vibras", es barato, es tranquilo y perfecto si solo quieres quedarte una noche. Yo... - hizo como si miraba su reloj, que por cierto noté que no servía - Se me hace tarde, y debo irme.

Enarqué una ceja. ¿Realmente creyó que era una estúpida?

- Robert - llamé para continuar con esta farsa. - Gracias por ayudarme - sonreí. - Me gustaría volver a verte algún día.

- Si, a mi también me gustaría. - dijo nervioso. - Será mejor que me vaya. Fue un gusto conocerte... Adios - Nos miramos por un segundo. Se balanceaba de un lado para otro, debatiendose internamente, preguntandose si se debía despedir con un beso o no. Lo conocía tan bien. Se pasó las manos por la cabeza y gruñó ligeramente frustrado. Contuve una carcajada. Ya no podía pasar las manos por su cabello, pues no tenía.

- Adiós - me acerqué a él y me puse de puntillas para darle un beso en la comisura de los labios.

Me miró sorprendido. Habían tantas preguntas en este momento que rondaban en mi cabeza. Pero si de algo estaba segura era que primero, él era Edward Cullen y fingió su muerte, segundo, sabía quien era yo, y tercero, sigo enamorada de él, tal como lo hice hace ocho años atrás. No sabía si él sentía lo mismo, pero me prometí a mi misma, que si lo veía otra vez, no iba a descansar hasta que él fuera mío, y eso iba a hacer. Edward Cullen sera mío.

Dio media vuelta y comenzó a caminar. Le quería dar la oportunidad para que él me contara la verdad, pero como no lo hizo, yo lo iba a encarar.

- Robert - Llamé. Él dio media vuelta, y me miro como solo él sabía hacerlo. Pues sin importar el color que tenga sus ojos, verde esmeralda, azules aguados, chocolates, o grises, lo que trasmitía siempre iba a ser lo mismo. Porque dicen que los ojos reflejan el alma, y ahora comprendí cuan cierto era.

Caminé hacia él y puse una mano en su antebrazo, como si estuviera intentando detenerlo en caso de que se fuera corriendo, cuando en verdad el puede apartarme a un lado con un solo movimiento brusco y deshacerse de mí.

- ¿Necesitas algo más Kristen? - preguntó con voz ronca.

- Si - sonreí. - Necesito saber porqué mientes. - observé como su manzana de adán subía y bajaba por su garganta.

- No te estoy mintiendo, si quieres puedes preguntarle a otras personas, el motel queda a unos cuantos pasos mas de aquí, lo encontrarás enseguida - lo fulminé con la mirada, comenzó a removerse intranquilo, y se soltó de mi agarre.

- Quiero saber porque mientes acerca de tu nombre, Edward - susurré en su oído, sentí como se tensó.

- Kristen - enarqué una ceja, desafiandolo. ¿Por qué seguir con el juego? Si el quería seguir con esa mentira, podríamos seguir con esa mentira. Pero los dos sabíamos que yo iba a ganar al final de todo esto. - Me estas confundiendo con alguien mas, me llamo Robert Pattinson y tengo 30 años. No sé por qué me estas confundiendo con ese tal Edward, pero no soy él.

- Demuestrame que no eres Edward - él me miró confundido.

- Primero que nada... me llamo Robert - rodeé los ojos.

- Como si no pudieras fingir tu muerte y crearte una identidad falsa. - dije cruzandome de brazos. Hice como que bostezaba y lo alenté a que continuara.

- ¿Porqué voy a fingir mi muerte? Soy Robert - insistió frustrado.

- No lo sé... Puedes tener muchas razones para fingir tu muerte, Edward - insití.

- Demuestrame tú, que yo soy Edward - sonreí satisfecha, y vi debilidad en sus ojos, él sabía que lo podía demostrar.

- Pues primero que nada - me acerqué a él y respiré en su cuello, inhalando su aroma. - Edward huele como tu, o mejor dicho, tu hueles como Edward... - murmuré antes de alejarme.

- Por si no sabías, los perfumes lo venden en todas partes del mundo - dijo con nerviosismo. Patetico. Sonreí.

- Si, pero los perfumes se adaptan a las personas. Y tu "perfume" es exáctamente igual a la de él.

- Claro, ya.. olemos igual, o eso quieres creer tu, porque eres una paranoica.

- No soy paranoica - gruñí entre dientes.

- Dame otra razón entonces.

- Tu rostro, si no fuera por que tienes esa barba, eres igual que él - conteste.

- Kristen, hay muchas personas en el mundo que tiene a alguien parecido a él. Quiza Edward sea parecido a mí, es solo paranoia, no soy Edward. Soy Robert - insistió.

- Hace un rato me dijiste Bella - respondí.

- ¿Y que tiene? Ya te dije que Bella significa bella en italiano - respondió.

- Usas lentes de contactos - sus ojos se abrieron desmesuradamente, preguntándose como lo noté, pero era imposible no notarlo si estuvimos a un centímetro de distancia.

- Es porque los necesito, todo el mundo utiliza lentes de contacto, no es como si fuera una novedad.

Gruñí frustrada. Sus argumentos me estaban ganando.

- Sé que eres Edward. Simplemente lo sé, asi que no hace falta que me sigas mintiendo. Haces muy bien tu papel, pero nunca vas a llegar a engañarme. Me conoces muy poco si crees que soy estupida.

- Eso es porque no te conozco Kristen, y por ultima vez, no soy Edward Cullen - gruñó.

Sonreí satisfecha, había ganado. Él mismo se había cavado su propia tumba.

- Yo nunca te dije cual era su apellido - dije con una sonrisa suficiente.

Su cuerpo se tensó nuevamente y apretó su mandíbula.

- Nadie te creerá si dices algo - susurró en mi oído, tirando todo su gélido aliento a mi cuello. Me estremecí con solo eso. Me aparté de él ofendida.

Le quería decir que confiara en mí porque no le iba a decir a nadie. Quería preguntarle porqué fingio su muerte, quería decirle que lo ayudaría en todo lo que él necesitara, pero no dije ninguna de esas cosas, porque estaba enojada.

- Tu crees. Pero con tu huella digital puedo comprobar que eres Edward Cullen. - sonrió de lado, con ironía.

- Como si fuera tan fácil atraparme para obtener mi dedo. Para eso tendrían que cortármelo. Pero no creas que me dejaré atrapar tan fácil, sé esconderme muy bien, Bells - dijo. Por un lado, quería golpearlo por ser tan idiota, por hacerme creer que estaba muerto, pero por otro lado, quería abrazarlo, besarle, pedirle perdón, agradacer a Buda porque él estaba vivo. Mi corazón comenzó a rebolotear como si de una mariposa se trataba cuando él me llamo así. Sentí que mis mejillas se llenaban de sangre, pero lo disimulaba bien con el frío.

- Y yo sé buscar muy bien, Lily - respondí.

Nos miramos detenidamente, desafiándonos.

Me había imaginado un montón de veces nuestros reencuentros. Yo lo iba a ver, él me iba a ver y ambos ibamos a correr a los brazos del otro para darnos un beso y un abrazo apasionado. O que se yo... Pero cualquiera sea la situación, siempre terminábamos besandonos, ésta no fue la excepción. Aunque no fue como lo esperaba.

Él había comenzado el beso.. ¿Eso quería decir que él todavía sentía algo? ¿Todavía me quería? ¿O solo fue el calor del momento?

- Mira... - susurré apartando la vista. - Solo quería comprobar si eras Edward. Lo único que me importa saber es que estas vivo, no le voy a contar a nadie, ¿Sí? Solo quería cerciorarme, quería ver si mi sexto sentido funcionada - dije lentamente. - No.. no podía soportar la idea de que estabas... de que te habías sss.. - no pude formular la palabra, porque de solo recordarlo, se formo un nudo en mi garganta. Agaché la vista para no tener que mirarlo, comencé a ver nublado por las lágrimas que se habían formado.

Sentí como sus brazos me rodearon protectoramente, y un calor en mi pecho comenzó a expandirse por mi cuerpo, como si de una energía se tratara. Escondí mi rostro en su pecho, abrazándolo por la cintura mientras soltaba un sollozo.

- Lo siento - susurró en mi oído, podía notar la angustia en su voz. Negué con la cabeza.

- No sabes cuán aliviada me siento de que estés vivo - murmuré contra su pecho. Su cuerpo vibró ligeramente, producto de la risita que había soltado.

- No te entendí nada - dijo.

Deshice el abrazo que tenía en su cintura, y subí mis brazos hasta su cuello, poniéndome de puntilla.

- Siento mucho todo lo que pasó, siento haber sido una idiota, siento haber cortado todo. Pero ahora estoy tranquila, por que tu estas vivo... - dije todo eso demasiado rápido en su oído, con una voz débil.

Apretó su agarre en el abrazo, y me acarició el cabello con cariño.

- Bella - susurró en mi oreja. - No puedo hablar en este minuto, solo te pido que no le digas a nadie, confiaré en ti.

Asentí.

Me separé de él y me limpié las tontas lágrimas. Lo miré y acaricié su rostro con el pulgar. Pasé mis dedos lentamente por su mandíbula, sintiendo pequeños cosquilleos que me producían su barba.

- No te queda nada mal - sonreí. Él me devolvió una sonrisa torcida, mi corazón comenzó a bombear fuertemente y sentí como mis mejillas se llenaban de sangre. - ¿Por qué? - pregunté en un susurro.

- No es el mejor lugar para hablar, ni el momento.

- ¿Debes irte ahora? - pregunté tratando de ocultar mi decepción.

- Si.. Es lo mejor para todos - murmuró en un susurro. Tomó mi mano que estaba en su mejilla y lo apretó con cariño.

Puso su mano en mi cintura y se acercó a mí. Pegó su frente a la mía, como siempre lo hacía y me miró con intensidad, con esos ojos azules aguados.

- Te queda mejor el verde esmeralda - susurré mientras lo miraba, el esbozó una sonrisa y negó con la cabeza.

- ¿Solo fui un chico más? - preguntó en un susurró. Fue mi turno de sonreír.

- Solo era una prueba, quería ver cómo reaccionabas. Fue otro punto a mi favor - respondí.

Él acortó la distancia de nuestros rostros y tomo mis labios entre los suyos. Acarició mi boca en suave besos, disfrutando del momento. Mi corazón se disparó tratando de alcanzar a la velocidad de la luz, su lengua hizo contacto con la mía y solté un pequeño gemido de placer. Tantos hombres que había besado y nunca encontré a uno como él. Movimos nuestros labios lentamente, recordando el sabor de ese beso, tan parecidos a como yo lo recordaba, pero también mas expertos. Ambos habíamos mejorado con el paso del tiempo. Nuestras lenguas comenzaron una danza sensual, y mi cuerpo comenzó a entrar en calor, enviando descargas justo a mi bajo vientre.

Me separé de él, dejando un casto beso en sus labios para finalizarlo.

- No tienes idea de cuánto deseé este momento - susurró en mi oído mientras me abrazaba por la cintura y enterraba su rostro en mi cuello. Subí mis manos a su cuello y lo abracé con fuerza, mientras acariciaba su cabello, o lo que quedaba de él. - Pero justo ahora, en este minuto, no es el mejor momento de todo - dijo con el ceño fruncido.

- ¿Por qué?

- Te lo explicaré algun día - murmuró. - Ahora me tengo que ir, y no te puedo prometer que te vaya a ver en algún futuro próximo. - dijo con tristeza.

Me aparté para observarlo mejor.

- ¿A qué te refieres?

- Es probable que no te vaya a ver nunca mas - dijo acariciando mi mejilla. - Estaré viajando por el mundo, apareceré y desapareceré de los lugares. No puedo quedarme en Liverpool por siempre...

- ¿Qué sientes por mí en este instante? - pregunté. Él me miró confundido. - Vamos, contesta. ¿Qué sientes por mi en este instante?

- Como si nunca hubiéramos terminado, como si solo nos hubiéramos reencontrado después de ocho años sin vernos, como si la distancia, lo único que hizo, fue darme cuenta de lo mucho que te amo y me haces falta - susurró.

Una sonrisa se extendió por mi rostro.

- Entonces... Eso es todo lo que importa. - Dije antes de volver a besarlo.

Viernes 12 de Agosto, 2011. 10:50

Hola chicas, he vuelto. Siento la tardanza, pero ya les había dicho que probablemente tardara un poco. Justo volví de las vacaciones y estaba con todas las pruebas y trabajos y un montón de cosas más. Sé que a nadie le importa eso xD porque cuando yo leía, decia: ¿Y que me importa si tienes trabajos o pruebas? ESCRIBE Y ACTUALIZA! jeje xD pero bueno.. solo soy una adolescente, si quiero llegar a alguna parte necesito de mis estudios, desgraciadamente.

Tengo que agradecer a las chicas que me han acompañado desde "¿Crees en el destino?" y han dejado review en cada capitulo. Son detalles que se aprecian mucho, ustedes no se pueden quedar sin reconocimiento, porque de verdad les debo mucho, son como mi inspiracion xD

Flopi - JosWeasleyC - PaOPattzZ - BlackCullen - CaroBereCullen (a la que siempre respondia mis preguntas) - sophia18 - IngriiD - kamaca112 - vanezhittacullen2 - I'm the Other Cullen's Wife - - jaavii - DiAnA - I love Edward - gatitha vampirica - CrazyForRobert - MaRiie McHale - Aby

Si me falta alguien o la olvide, realmente lo siento :) Pero ellas son las chicas que me han apoyado desde el principio y son las primeras lectoras. Ya les tome cariño xD

1) GRACIAS DE VERDAD a todos los REVIEWS, Alert y favoritos. Agradezco a todas las chicas que me han seguido desde "¿Crees en el destino?", a las primeras en seguir esta historia, y las que han seguido recientemente. Es una gran motivación para seguir escribiendo, he dicho mucho seguir? me agrada esa palabra... seguir xD

Y nada ps, les dejo este capitulo, que lo hice con mucho amor.. y espero que les guste. Ninguna de ustedes han adivinado todavía porqué fingió su muerte.

Ya les dije que no hay nada cliche aqui, asi que no metan a Tanya ni a Jacob aca xD Piensen en las teorias mas descabelladas que tengan y me lo dicen, tal vez algunas las adivinen...

Para responder algunas dudas:

LIBRE ALBEDRÍO es una eleccion, es como una creencia religiosa. Antiguamente las personas creían que nacían con un destino predeterminado y que no podían cambiarlo por mas que pudieran, pero luego comenzó el libre albedrio, es como una especie de eleccion que le otorga Dios al hombre para a hacer lo que se le plazca, tomar sus propias desiciones.

Bueno y seria, nos vemos en otro capitulo.

Atte.

FANOFSM