TEORÍAS

Sus dedos acariciaban mi rostro con cariño y suavidad, mientras que su otra mano estaba en mi cintura, sujetándome con fiereza. Sus labios estaban sobre los míos, besándome con rudeza y rapidez mientras su lengua hacía de lo suyo enredándose con la mía.

Me vi en la necesidad de romper el beso por la falta de oxigeno, maldición. Mantuve mi frente pegada a la suya para observarlo mejor.

Sus ojos azules aguados me miraban penetrante, atravesando mi alma. Lo había extrañado demasiado y no podía creer que este momento había llegado, no podía creer que lo merecía.

- Lo siento - susurré por segunda vez, pensando en el daño que le había ocasionado.

- Shh - susurró poniendo su dedo indice sobre mi labio - Disfrutemos del momento ¿Sí? No voy a perder los preciados segundos que tengo contigo reprochandote lo idiota que fuiste, porque si lo fuiste.. - dijo con cariño esbozando una sonrisa traviesa.

- ¡Hey! - dije arrugando la frente mientras él soltaba una risita. - Aunque es verdad - me lamenté.

- Pero no importa, ya me daré el tiempo de planear mi venganza - dijo mientras acariciaba mi mejilla.

- ¿Te vas a vengar de mí? - pregunté.

- Claro - dijo como si fuera algo obvio. - ¿Qué esperabas? Soy una persona rencorosa, pero prometo ser bueno - rió mientras besaba mi nariz. Cerré los ojos al mismo tiempo que suspiraba y sonreía como idiota.

- Si eres bueno entonces no importa cuál sea tu venganza - murmuré con los ojos cerrados. Sentí sus labios sobre los míos acariciandolos con ternura.

Bajó su mano que estaba en mi rostro, haciendo un recorrido desde mi cuello, mi hombro izquierdo, bajando por el brazo con la punta de sus dedos hasta que llegó a mi muñeca y lo apretó con delicadeza. Dejó en su paso, fuego y electricidad que me afecto al cerebro, al corazón, a mi columna vertebral y sobre todo, a mi entrepierna. Levantó mi muñeca lentamente hasta que los dejó con delicadeza en su hombro, y luego bajó su mano nuevamente para envolver mi cintura con sus dos brazos, todo eso, sin dejar de besarme.

El aire abandonaba mis pulmones cada dos por tres, y trataba de concentrarme en respirar normalmente mientras al mismo tiempo, me concentraba en sus labios. Jadeé en sorpresa cuando él me levantó con sus dos brazos, estuve muy tentada a poner mis piernas alrededor de su cintura, pero recordé, para mi mala suerte, que estabamos en una calle y en un lugar público. Éste no era el mejor lugar para hacer ese tipo de cosas. Golpeé su hombro ligeramente, instándolo a que me bajara, sin dejar de besarlo. Supuse que el entendió lo que estaba pensando, y me dejó en el suelo nuevamente, antes de separarse.

Bufé con desgana mientras miraba sus labios rojos y brillantes, que me llamaban a besarlos nuevamente, una sonrisa pícara se formó en su rostro mientras él adivinaba mis intensiones.

- ¿Tienes tiempo para hablar o debes irte? - pregunté.

- No tengo a ir a ninguna parte, pero no se si debería quedarme - Arrugó su boca mientras dudaba. Era tan adorable ese hombre. - Probablemente deba irme - dijo dudoso.

- Será solo un momento - rogué con la mejor imitación de "Alice y su carita de perrito Mojado" que pudo hacer. - ¿Me acompañas a instalarme en el motel y vamos a hablar por ahí? - pregunté. Me di cuenta que había un debate interno en su mente, por el ceño fruncido que se formo en su frente. Me mordí el labio inferior, nerviosa ante la respuesta que él me iba a dar.

- Bueno - contestó finalmente, mi yo interna saltó de felicidad, y traté de tranquilizarme para no saltar como una idiota y colgarme de su cuello mientras gritaba indecentemente. Tomó mi mano entre la suya y beso mis nudillos. Ese simple gesto calmó todo mi ser, pero hizo que mi corazón golpeara contra mi pecho, como si tratara de hacer un agujero en él, saltar fuera de mi cuerpo y pegarse a Edward. La imagen de mi corazón lleno de sangre sobre el rostro de Edward, mientras seguía palpitando con ganas apareció en mi mente. Negué con la cabeza para tratar de sacar eso de mi cerebro.

Entrelazamos nuestros dedos y comenzamos a caminar en dirección al motel. Ambos en silencio, absortos en nuestros propios pensamientos. No puedo creer que haya sido tan fácil esto, pensé que tenía que pelearla más, pedirle perdón, rogarle, suplicarle, y luego que comenzáramos una relación nuevamente. Pero fue totalmente diferente, fue como si nunca hubiéramos terminado, como si solo hubiera sido una pelea.

Sentía una emoción inexplicable, era la felicidad que había vuelto a mí por una milésima de segundo. Esa energía positiva, ese calor que se expandía por mi pecho, me hacía querer saltar en cualquier momento y gritar de felicidad.

Su mano, que aunque estaba fría me transmitía una calidez que me llegaba a todo el cuerpo. Suspiré de alegría y de paz, por fin estaba con Edward.

- ¿Puedo saber porque estas suspirando? - preguntó besando mi frente.

- Por ti - respondí sonriendo. - Robert - bromeé.

- Bueno Kristen, ¿Te he echado mucho de menos sabías? Pensé que nunca iba a llegar este día, después de ocho años uno va perdiendo las esperanzas. - sonrió.

- Yo nunca perdí las esperanzas, siempre fuimos Ed.. Robert y Kristen - corregí, el sonrió negando con la cabeza. - Siempre fuimos Robert y Kristen, sabía que iba a encontrarte algún día.. solo lo sabía.

- ¿Viniste aquí a comprobar si era cierto verdad? - asentí con la cabeza. - Supuse...

Habíamos entrado ya al motel, y nos dirigimos directamente a la recepción. Había una chica con su uniforme prolijo sentada allí, esbozando una sonrisa mientras nos recibía. Pude ver como miró de arriba para abajo a mi hombre... Tuve que apretar mis puños para no sacarle esa sonrisa con mis pies.

- Hola - dijo con voz seductora, apreté la mandibula, la chica era totalmente hermosa la muy perra, su cabello oscuro y crespo recaía salvajemente en sus hombros, mientras nos miraba con sus ojos azules cristalinos. Si yo fuera lesbiana le daría, y no lo dudaría, maldita perra.

- Hola - saludé tratando de componer una sonrisa. No es su culpa ser tan hermosa, no es culpa de Edward ser tan hermoso, pero no es mi culpa que ella sea tan Perra... Aunque si tengo un poco de culpa en ser tan violenta y celosa. Tengo que cambiar unas cosas.

- ¿Les puedo ayudar en algo? - dijo la imbécil mirando a mi hombre. Vale, no era mi hombre oficialmente, pero de todos modos era mi hombre. Siempre.

- Necesito una habitación, para una persona y una noche - pedí.

Ella me miró de arriba hacia abajo, o hasta lo que le permitía verme y luego miro a Edward. "Disimuladamente" ¿Qué? ¿Te parezco poca cosa para Edward, ah? Bueno.. quiza sea cierto, pero como sea.. Muerete mejor, estúpida.

- Claro, una noche - dijo soltando una risita irónica. Apreté los puños que estaban sobre la mesita, mientras veía como ella tecleaba rápidamente. Podía verme a mi misma tomando su cabello mientras golpeaba su cabeza con el teclado hasta que la sangre corriera por su frente. Vale.. soy demasiada sádica. En vez de eso, sentí las cálidas manos de Edward alrededor de mis hombros, apretándolos con cariño. Lo miré y el me devolvió la mirada con una sonrisa divertida.

Se divertía a costa de mi intento de asesinarla mentalmente.


- Debiste ver tu cara, preciosa - murmuró mientras se sentaba en el sillón que había. Yo me senté a su lado y me acomodé para apoyar mi cabeza en su hombro.

- ¿Te parece gracioso que probablemente, si tu no me hubieras sacado de esa habitación, ahora estarías siendo testigo de una muerte trágica provocada por una mujer extremadamente loca y violenta?

- No.. me parece adorable - dijo encogiéndose de hombro. - Y sexy... - Agradecí de que en este minuto estuviera dandole la espalda, pues asi no veía mi estúpido sonrojo - Tu cara era simplemente un poema - soltó una risita.

Tomé la mano que me envolvía la cintura y comencé a jugar con los dedos.

- ¿Cuando planeas irte? - pregunté.

- En la noche.. o quizá mañana por la mañana, todo depende.

- ¿Te vas a quedar.. conmigo? - pregunté dudosa.

- ¿Quieres que me quede? - preguntó.

- ¿Si digo que si quiero que te quedes, te quedarás? - respondí nuevamente con pregunta.

- Lo pensaría, diría que no, lo pensaría de nuevo, y diría que no nuevamente, escuchando a mi mente, considerando lo que es correcto para los dos.. o Lo que es mas seguro. Entonces lo meditaría por ultima vez, ahora escuchando a mi corazón, a mi corazón que te ha extrañado estos ocho año de agonía, que nunca te ha olvidado y se ha negado a hacerlo.. pienso que mi corazón merece un poco de ti, y ahora que finalmente te tengo, diría que sí. - Su voz hacía que su pecho vibrara contra mi espalda y me hablaba en el oído, haciendo que mi piel se erizara.

Olvidé totalmente como era respirar con el discurso que me dio, solo con el hecho de sentir su corazón bombeando fuertemente contra mi espalda, mientras me susurraba palabras en el oído a la vez que tenía sus brazos alrededor de mi cintura... Y sin contar con la presencia de.. Hum... de su erección presionando mi baja espalda. Era simplemente devastador para mi estabilidad mental y física.

Cerré los ojos mientras me concentraba en sus manos que en este momento acariciaban mi abdomen suavemente, hasta que se coló traviesamente por debajo de mi polera, mandando un escalofrío a mi columna vertebral. Sus dedos helados erizaron mi piel y sisé por lo bajo cuando comenzó a subir y a bajar por mi estomago. ¿Cómo mierda hacía eso? Sentí mis piernas temblorosas.. bueno, mi cuerpo en general. Si no fuera por que estaba sentada en el sillón, probablemente estaría en el suelo.

¡Demonios! Maldito hombre.

No quería tener sexo... Todavía. Quería hablar primero, aclarar todas las cosas. Antes de que siguieramos adelante, debíamos tener una maldita conversación totalmente decente... Oh Dios.. Sus dedos... Como iba diciendo, totalmente.. oh... Decente. Eché mi cabeza hacia atras, descansando en su hombro.

- Edward - llamé.

- ¿Te gusta? - susurró seductoramente mientras seguía acariciando mi maldito abdomen. ¿Cómo era posible que con solo una caricia en mi abdomen pudiera hacer que perdiera la cabeza? No quería imaginar lo que podía causar en mi si tocaba otra cosa con sus mágicos dedos.

- Ajá - murmuré. Mordí mi labio inferior. Sus dedos subían y bajaban por mi abdomen plano, presionando sensualmente con sus dedos. Me estremecí completamente. Sus manos estaban tan ceca de mis pechos, que en este momento se habían levantado para llamarlo y gritarle "¡Hey! Ven, aquí te necesitamos" Cerré los ojos botando todo el aire de mis pulmones, sus manos nunca llegaron a mis pechos, desgraciadamente, se quedaron jugando en mi maldito abdomen pero incluso eso era totalmente caliente. Podía sentir mi centro húmedo y palpitante.. Si tan solo el bajaba un poco mas su mano todos seriamos felices, solo un poco mas abajo hombre, solo un poco mas y... - ¡Vale! - dije poniéndome de pie enseguida y separandome de él, totalmente sonrojada. Me miró con una sonrisa burlona y una ceja alzada.

- ¿Ocurre algo linda? - preguntó con su voz aterciopelada. Casi me derrito cuando me dijo linda. ¡Señor! Cómo amaba este hombre.

- Mira.. Creo que deberíamos tener una conversación, pequeña antes de llegar a algo hum.. físico.

- Yo también pienso lo mismo... - dijo asintiendo. Me relamí los labios a la vez que miraba esa gloriosa erección levantado como un monumento escultural, ocultado por esa tela de Jeans. - Aunque mi cuerpo no tanto.. - murmuró encogiéndose de hombros. Mi corazón estaba cada vez más rápido y en cualquier momento me iba a dar un ataque, lo estaba esperando. - El cuerpo quiere lo que el cuerpo quiere, Bella... No lo puedo controlar - dijo alzando sus manos en un ademán de, "Bueno.. es lo que hay"

Piensa Bella. Concéntrate y compórtate. Concéntrate en su erección.. ¡Mierda! Concéntrate en cómo comportarte con su erección... ¡No! Demonios.

Escuché una risita lejana, proveniente de no se donde. Alcé la vista para mirar a Edward, quien me miraba con una sonrisa divertida. Fue entonces cuando me di cuenta que me había quedado observando su erección por una cantidad indefinida de tiempo, como si estuviera hipnotizada.

- Entonces.. ¿Querías hablar? - sonrió como el maldito sexy que era. Esa barba solo me hacía quererlo mas... Estúpido. ¡Te maldigo por eso!, Maldigo tu maldita belleza y tu cuerpo malditamente tocable, lamible y montable.

- Sí - dije borrando todos esos pensamientos. Me concentré en mirarlo a los ojos azules para tratar de relajarme. Yo que estaba tranquila, normal, relajada, con mis ideas claras, pensando en tener una conversación tranquila, aclarando las ideas tranquilamente, mientras nos tomabamos las manos y nos mirabamos a los ojos, tranquilamente, y una vez acabado la conversación tranquilamente, podíamos empezar con la acción no tan tranquilamente.. Pero tenía que intervenir ese idiota con sus dedos mágicos, tocando mi cuerpo sensualmente, haciendo que mi mente, mis ideas y mi cordura se vaya a esconder al rincón de la habitación mientras llega mi libido y viola a mi hombre allí mismo, y para nada tranquilamente.

- Hum.. ¿Bella? - llamó él chasqueando los dedos delante de mí - Has estado callada por mas de un minuto... ¿Qué ibas a decir? ¿Ocurre algo? - preguntó.

¿Ocurre algo? Claro que ocurre algo señor, ocurre que en este maldito instante, quiero arrancar esa ropa que tienes puesta y montarte en ese sillón salvajemente como la salvaje que soy, disfrutando de tu magnifica masculinidad mientras me hace llegar una y otra vez, una y otra vez... Una y otra vez, una y otra vez.. Dios..

Tragué saliva con dificultad, mientras lo miraba.

- Demonios.. todo esto es por tu culpa - dije caminando de un lado a otro, una idea que se me había ocurrido recien para no mirarlo. - Yo solo quería charlar.. todo tranquilamente y ahora no sé que mierda decir - gruñí mirando la ventana, mientras daba media vuelta, hacia la dirección en donde estaba Edward, pero sin llegar a mirarlo. Podía imaginar que tenía una cara de confusión. - O no lo recuerdo... Lo único que puedo pensar es en una y otra vez, una y otra vez... - dije rápidamente.

- No te sigo... Linda - murmuró divertido.

- Vale - deje de caminar y lo miré a los ojos nuevamente, enterrándome en sus ojos azules, mientras respiraba profundamente, buscando la paz interior.

Lo miré fijamente, buscando el rastro de verde esmeralda que quería ver en este minuto, y por un momento, juré que los lentes habían desaparecido y los ojos que me estaban observando, eran esos verdes que me quitaban la respiración y me daban taquicardia, pero que también me relajaban y me daban tranquilidad.

- Quería decir que lo siento por haberte hecho daño, por tratar de olvidarme de ti y que te olvides de mí, por tratar de alejarte cuando en verdad lo único que quería era tenerte cerca. Pensé que era la decisión correcta, la mejor, la mas madura, la mas realista.. y quizá si lo era, pero no era lo que yo realmente quería.. Ese fue el error mas grande. No sé que habría pasado si no hubiera decidido dejarte en ese aeropuerto... descalzo - murmuré con la voz contenida. - No sé que habría pasado si te decía la verdad, dejaba de ser una cobarde, me despedía de ti y me subía a ese maldito avión felizmente, no tan feliz pero por lo menos, no con esa angustia que sentí antes de irme, dejarte aquella vez y no verte nunca mas. - Inhalé fuertemente para recuperar la respiración. - No sé que habría pasado si hubiera aceptado esa promesa de reunirnos en dos o tres años mas... Probablemente no estaríamos teniendo esta conversación, probablemente estaríamos felizmente casados - murmuré recordando el sueño de hace ya ocho años - y tendríamos dos hermosos hijos... o probablemente nos habríamos cansado de la monotonía de mantener una relación a larga distancia solo por mantenerla, y cada uno estaría separado, haciendo su vida... - dije finalmente, terminando mi monólogo.

- ¿Algo mas que quieras agregar? - preguntó.

- Necesito saber si me perdonas... Necesito saber que podemos cerrar esa herida y seguir adelante. Quiero que sepas que no ha habido ningun hombre en ésta maldita tierra que pueda hacerte competencia, bueno.. excepto Robert - sonrió negando con la cabeza. - Y quiero saber qué opinas sobre lo que te dije, que sientes...

- Primero que nada... ¿Tu libido ya se tranquilizó? - preguntó con una sonrisa torcida. Lo fulminé con la mirada. Se había tranquilizado, pero ahora que el maldito habló nuevamente y me sonrió con esa sonrisa que me hace querer violarlo, volvió a descontrolarse.

- ¿El tuyo? - pregunté mirando su erección.

- Contigo en la misma habitación, hablando rápido mientras me miras intensamente, como solo tu sabes hacerlo y tu cuerpo enfrente mío, al mismo tiempo que en mi mente hay imagenes de tu y yo haciendo cosas indecentes que probablemente esten prohibidas en mas de 50 paises; y trato de concentrarme en lo que dices con esa voz sensual que tienes... mi libido nunca se va a tranquilizar - murmuró. - Pero... lo puedo controlar.

- ¿Ah sí? - pregunté alzando la ceja, desafiándolo.

- Solo si tu no estas haciendo nada indebido para.. descontrolarlo, claro - respondió rápidamente. Reí.

- Vale.. Ahora responde mi pregunta por favor - rogué. Pasó su mano por su cabeza, y gruñó frustrado. - Sabes que no tienes cabello.. ¿Por qué sigues pasándolo por él? - pregunté riendo.

- Porque me tranquiliza, y es una manía idiota que tengo y me frustra no tener cabello, amaba mi cabello. - lloriqueó.

- Ya me vas a contar toda esta farsa, ¿Verdad?

- Hum.. Bueno... Mejor concentremonos en tu pregunta. - Él extendió su mano y yo la tomé, acercandome a él antes de sentarme a su lado. Puso su brazo alrededor de mi hombro, mientras jugaba con mi cabello. - Yo no tengo cabello.. y tu tienes mucho. Creo que esto me ayudara a relajarme un poco. - Murmuró en mi oído. Pasó sus dedos arriba y abajo, una y otra vez... una y otra vez.

Cerré los ojos para dejar de pensar en eso.

- Tu no tienes cabello, y te relajas con el mío.. pero resulta que yo no estoy tan relajada que digamos - murmuré con un hilillo de voz.

- Calla pequeña, ahora hablemos. ¿Que siento al respecto y que pienso? Bueno.. - murmuró pasando sus dedos por mi cabello. - Pienso que fuiste una idiota, una insensible, una rompecorazón, una maldita bitch por haberme dejado... - su voz era tranquila, y no sabía si me lo decía de verdad o era broma. Pero cualquiera de las dos cosas, me dolían.. - una cobarde... podría seguir con un largo listado de pensamientos malos hacia ti... Pero adivina qué, sé que ninguno de esos son ciertos.. Sé que tomaste la desición correcta, la mas madura y la mas realista... No sé que habría hecho en tu lugar. Y eso de ofrecerte casamiento, hijos e ir a buscarte.. lo dije como una manera desesperada para que no me dejaras, creo que fui inmaduro en ese aspecto. No medí lo que en verdad estaba diciendo, y no sabía si realmente estaba preparado para esa situación, para ofrecerte eso. Lo único que me ataba a ti era el amor, y sabía que eramos el uno para el otro, pero demonios, solo tenia 17 años, apenas sabía lo que era amar y en los libros de auto ayuda, no hay uno que diga: "Manual de lo que debes hacer en caso de que tu novia sea una americana que vivio en china y se fue de intercambio a Inglaterra; deba devolverse a su pais pero tu no quieres dejarla"...

El tomo mi rostro entre sus manos y me beso gentilmente en los labios, sonreí como si estuviera anestesiada, me sentía en paz, en casa... Era feliz en ese pequeño lugar con ese hombre tan perfecto que decidió pensar que yo era lo suficientemente buena para él, que por un milagro de Buda, me amaba, y creía que eramos el uno para el otro.

- Cuando te vi hoy día en ese café, muchas cosas pasaron por mi mente. Quería gritarte, quería odiarte después de tantos años, quería insultarte, quería besarte, quería acariciar tu mejilla, quería tocar tu cabello, quería decir que te seguía amando, desgraciadamente, aunque traté, Dios sabe que trate de olvidarte, con todas las fuerzas, pero simplemente no salías de mi cabeza. Entonces pensé, que no vale la pena odiarte cuando en verdad te amo, no vale la pena insultarte, odiarte cuando podría aprovechar el tiempo en besarte y hacer el amor contigo. Pero luego recordé todo este asunto del bueno... este asunto - murmuró despacio - y dije, ya no tengo ninguna oportunidad, ya estoy jodido...

Abrí la boca para protestar, pero el me silencio con su dedo índice.

- Y si te hace sentir bien.. Te perdono Bella, te perdono. No podría sentir rencor hacia ti, jamás, pues en mi corazón el único sentimiento que cabe es el amor. - Acarició mi mejilla con sus dedos pulgares, suavemente, con cariño y con tenura. - Te amo Bella... eso es lo que siento ahora, lo que sentí y lo que voy a sentir siempre. Ahora si me puedo ver a mi mismo, a tu lado, casado felizmente, con hijos y todo. No me puedo imaginar a nadie mas que no seas tú.

Lo observé detenidamente, fijandome en sus ojos tan preciosos que me miraban con amor, con ternura y me hacían creer que todo eso era verdad. El era sincero. Nuevamente, sus ojos verdes salieron de esa mascara para observarme. Mi corazón comenzó a bombear fuertemente mientras sentía cómo mis mejillas enrojecían.

- Pero Bella - dijo con angustia - todo esto esta muy complicado, no se si te puedo ofrecer eso ahora mismo, no te puedo asegurar si podemos estar juntos... por ahora. No sé ni siquiera si debería estar acá, pero no puedo irme... - acarició mi mejilla con su pulgar.

- Entonces no lo hagas - susurré. - No cometas el mismo error que cometí yo - murmuré. Me levanté de lugar para acercarme a él y sentarme en su regazo, tratando de ignorar la punzante erección que estaba tan cerca de mí entrada, puse mis manos en su cuello y dejé mi frente descansando sobre la suya, nunca quitando el contacto visual.

- Esto es diferente - murmuró cerrando los ojos mientras inhalaba fuertemente. Me envolvió la cintura con sus brazos y luego abrió los ojos nuevamente, deslumbrandome con su mirada azul, que cambiaba a uno verde esmeralda.

- No veo la diferencia Edward - susurré, acariciando su mejilla. - Tenemos que aprender a superar todos los problemas. No tengo idea en qué andas metido idiota, y mas te vale decirme mas tarde, pero cualquier problema que tengas, puedes contar conmigo siempre, porque esta vez no voy a dejarte ir... no de nuevo - murmuré lo último con voz contenida. - No tienes que ofrecerme el matrimonio y los hijos ahora... No te lo estoy pidiendo, pero lo que si quiero... es que no te alejes de mí. Sé que estoy siendo hipócrita y que no tengo el derecho de pedirlo, pero ya te perdí una vez y no estoy dispuesta a hacerlo ahora. No estoy dispuesta a arriesgar lo único que realmente quise solo porque estas metido en Dios sabe qué, ya fui lo suficientemente idiota como para hacerlo una vez. Hoy no va a pasar eso.

- No te puedo decir en qué estoy metido - dijo frunciendo el ceño. - Pero te puedo asegurar que no es nada malo. No estoy en drogas ni nada de eso, por si alguna vez se te paso por la mente.

- En verdad no se me pasó nada por la mente, no entendí cual fue tu motivo para suicidarte... Pero ¿Por qué no me puedes contar?

- No te puedo contar porque es un asunto confidencial amor, lo siento... y gracias por tu apoyo, pero no te quiero involucrada en esto, sinceramente prefiero mantenerte lo mas alejada posible. Entonces, cambiando el tema.. ¿Qué teorías pasan por tu mente en este minuto sobre mi muerte fingida? - me tomé el tiempo para pensarlo.

- Uh... ¿Estas trabajando para la CIA en una mision super secreta, en donde tienes que investigar sobre casos de Ovnis que vienen a dominar el planeta tierra y tu estas de infiltrado para descubrir sus macabros planes y acabar con ellos?

Me miró con las cejas alzadas antes de soltar una carcajada, haciendo que todo su cuerpo vibrara. Sentí su firme erección removiéndose bajo mis piernas, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo y pude ver que sus ojos se oscurecieron.

- Tu mente esta un poco... descabellado. - sonrió mientras tragaba con dificultad- ¿Qué otra teoría tienes? -

- ¿Te casaste con una hija de un mafioso, la embarazaste y la dejaste botada, ahora te estan persiguiendo y debiste fingir tu muerte para comenzar una vida nueva? - Me removí intranquila bajo su miembro, que perturbaba mis pensamientos. Sus manos bajaron hasta mis caderas rudamente, mientras comenzó a restregarse descaradamente frente mis ojos. Estaba sentada de lado, con las piernas totalmente cerradas, pero aun así lo podía sentir.

- No, definitivamente no me he casado con nadie, y definitivamente no he dejado embarazada a nadie.. asi que tu teoría esta muy lejos de la verdad - dijo con voz ronca, mirándome con ojos hambrientos. Enterró su rostro en mi cuello donde dejó pequeños besos mariposas, a la vez que se movía sensualmente debajo de mí. - ¿Qué otra se te ocurre?

- Que has planeado todo esto solo porque querías que viniera a Liverpool - gemí ligeramente cuando su lengua hizo contacto con mi piel, succionando esa zona para marcar su territorio. - Y...

- Sigue, me agrada escucharte - murmuró contra mi cuello. Rápidamente, me instó a que me pusiera de pie y lo hice. Entendí enseguida su intención.

Él estaba sentado sensualmente, portando de unos Jeans azules, una camisa a cuadros cubiertos por un sweater, que se amoldaba a su cuerpo. Mis piernas temblaron con solo mirarlo.

Dios! Era hermoso.

Me acerqué a él lentamente, poniendo mis piernas a cada lado de él mientras apoyaba mis manos en el respaldo del sillón. Lo miré hacia abajo, sus ojos azules se dilataron, por la lujuria. El brillo verdoso nunca abandonaban sus ojos y eso era lo que mas me encantaba.

- ¿Por qué no tomas asiento mientras me sigues contando sobre tu teoría? - preguntó con voz ronca, terriblemente sexy y seductora. Tragué saliva.

- ¿Quieres que me siente sobre ti? - respondí con una pregunta. Sus manos llegaron a mi cuerpo rápidamente, recorriendo mi cintura con lentitud. Escuché como de su pecho salió un rugido. Sus grandes manos se abrieron en mi espalda, acariciandolo sensualmente, de arriba hacia abajo.

- ¿Lo dudas? - preguntó, finalmente poniendo sus talentosas manos sobre mi trasero, apretándolo con firmeza. Mis rodillas cedieron, sentandome sobre su regazo, a horcajadas.

Ambos soltamos un gemidos ante la sensación de nuestros sexos encontrados. Aunque separada por ropa interior y la gruesa tela de jeans.

- Prosigue con tu historia queria - Sus manos viajaron de mi trasero a mis caderas, y nunca los abandonó. Enterró su rostro en mi cuello y comenzó a dejar besos húmedos. Apreté el respaldo del sillón con fuerza mientras cerraba los ojos, concentrándome en las sensaciones. Podía sentirlo duro debajo de mí, restregándose con fuerza, con lentitud y con sensualidad, mucha sensualidad, buscando un poco de fricción.

Jadeé cuando comenzó a mordisquear mi cuello.

- Linda, amo tus sonidos, pero sigo esperando tu teoria...

- ¿Por qué me pides esto? Me obligas a forzar mi mente de alejar mis pensamientos de ti, atacando mi cuello y mi vagina, para pensar. ¡Para pensar! - murmuré. - Lo dudo.

- Vamos, intentalo - demandó. - Ibamos en Liverpool...

- Viniste a... - jadeé cuando sus manos dejaron mis caderas para colarlas debajo de mi polera y acariciar mi diminuto cuerpo con posesividad, sus labios nunca abandonaron mi cuello. - ¡Demonios! Pon un poco de tu parte -lloriqueé.

- ¿Quieres que deje de tocarte? - preguntó separandose de mi mientras me miraba con una ceja alzada, y una sonrisa engreída en su rostro. Me sonrojé furiosamente, si es que ya no lo estaba.

- No.. Que cosas dices - él rio entre dientes.

- Entonces, mientras nos ponemos al día sobre lo que tu piensas, yo estaré por allí metido entre tu cuello, ¿Te parece? - sus manos bajaron a mis caderas nuevamente, mientras él movía la suya en un vaivén, adelante y atrás lentamente.

- Bueno - suspiré ruidosamente. Cerré los ojos - Viniste a Liverpool - gemí - fingiste tu muerte... Dios - gemí nuevamente cuando sentí que desabrochó mis sostenes por debajo de la polera. - porque... Oh sí - jadeé echando mi cabeza hacia atrás mientras me afirmaba del sillón. Me restregué descaradamente, peor que él. Podía sentir toda su magnitud tocando mi sensible centro.

- Concentrate Bella - rió el muy idiota. - No me has dicho nada todavía.. Bella - gruñó mi nombre con voz ronca. Oh, Bebé, a ti también te gusta ese movimiento, aceptalo.

- Porque tenías planeado encontrarme en el cafe, llevarme contigo a un motel barato, violar mi cuerpo incontable veces con otra identidad, y yo no pondría oposición porque estaría feliz de que me violes muchas veces, así que adelante... - dije todo rápidamente.

- Mmm... - murmuró contra mi cuello que probablemente ya tenía marca. Se separó y me miró sonriente. - Interesante teoría - susurró. Tomó mis manos y los elevó hacia arriba, los mantuve en el aire mientras sentía como él lentamente levantaba mi polera, de paso tocaba mi cuerpo de abajo hacia arriba. El oxígeno dejó mis pulmones involuntariamente, cuando sentí su cuerpo tocándome.

- ¿Estoy en lo correcto? - pregunté.

- En parte sí... Lo cierto es que si quiero violar tu cuerpo incontable veces, y me agrada que no opongas oposición. Lo que esta incorrecto, es que no lo tenía planeado... eso de encontrarte en el cafe, claro. Pero mis ganas de violarte nunca me abandonaron - habló en mi oreja, con su voz aterciopelada. - Me parece que podríamos.. poner en práctica tu teoría, aunque no está del todo aceptada, pero si.. muy estimulante.

- ¿Sí? - pregunté. Tomé su sweater con fiereza antes de quitarselo rápidamente por la cabeza. Mis manos se fueron directamente a su camisa, desabotonando uno por uno... - ¿No tienes otra ropa de repuesto, no? - Pude ver de reojo como sonrió.

- Lo siento Bella, tendras que reprimir esas ganas de arrancarme la camisa, no querrás que vaya semidesnudo por la calle solo porque tu hiciste pedazo mi ropa ¿Verdad?

- Verdad... No quiero que nadie te mire - sonreí. Mi interior saltó de felicidad cuando desabroché el último botón. Mis manos tocaron su abdomen, duro como el mármol, sus abdominales estaban bien formadas, conservando las perfectas tabletas de chocolate. Fui subiendo lentamente, acariciando su pecho, hasta que llegué a sus hombros, demasiado firmes. Estaba en mejor forma en comparación a como estaba en la secundaria, hace ocho años. Echó su cabeza hacia atrás cerrando los ojos.

- Bells - Siseó. - Te había echado muchos de menos -

- Yo también - susurré en su oído. Separó su espalda del respaldo, para ayudarme a quitarle la camisa. - Definitivamente, has estado ejercitando - concluí al sentir los músculos de sus brazos. - Demasiado sexy...

- Y tu has hecho un excelente trabajo en cuando a mantención y perfección - sonrió de lado. - Ocho años Bella... Ocho años desde la última vez y te ves igual, incluso mejor. - Besó mis mejillas sonrojadas una vez antes de separarse y volver a hablar.

- La noche es larga - murmuré seductoramente - Tenemos tiempo suficiente para volver a conocernos - sonreí.

- Tienes toda la razón hermosa, disfrutemos de este momento - susurró.

Sus labios se posaron sobre los míos, mientras me quitaba el sostén que ya había desabrochado anteriormente. Nuestros pechos desnudos se reencontraron, provocando un escalofrío a mi espalda.

Atrapó mi labio inferior entre sus labios y comenzó a succionar con fuerza, un gemido se escapó de mis labios. Su lengua se adentró a mi boca, explorando todo su interior, mordisqueé su labio superior ligeramente, haciendo que soltara un suspiro de placer.

La noche es larga, y eso que todavía no se ha escondido el sol.

Domingo 21 de Agosto, 2011 - 5:00 am

Me estoy muriendo de sueño aquí terminando el capítulo. Se me cerraban los ojos mientras seguía escribiendo, pero tenía que escribirlo porque sentí que se los debía. Muchas gracias por los Alerts y los Favorites, y los Reveiws, y por todo en general.

Sus teorías fueron descabelladas, me reí en mas de algunas y creo que exagere cuando dije: descabelladas... en verdad la trama no es taaaaaaaan descabellada pero bueno. Solo hubo una persona que estuvo CASI cerca, no acertada pero tenía que ver con algo así. No diré quien fue xD

Se que tengo que decir algo importante, pero no lo recuerdo. Lo unico que quiero hacer ahora es ir a mi cama, dormir y no despertar nunca mas.

Ojala que les haya gustado y que lo hayan disfrutado tanto como yo lo hice al escribirlo.

Asi que nos vemos en otro capitulo de Libre Albedrío.

Atte.

FANOFSM

pd. Estoy en periodo de pruebas y hago lo posible para escribir los capitulos.