"LA PROPUESTA"

Acaricié su rostro mientras nos observabamos fijamente. Una sonrisa se formo en sus labios, mostrando sus relucientes dientes, tal como yo lo veia en la foto.

- Hola - susurró. Reí entre dientes.

- Hola - respondí. Me robó un beso travieso en la mejilla. Demás estaba decir que ya estaba sonrojada.

- ¿Cómo estás? - preguntó casualmente, mientras me robaba otro beso en la mejilla contraria. Reí nerviosa.

- Bien, ¿Y tu? - pregunté.

- Bien, También - rió antes de robarme un casto beso en los labios.

- Me alegro - sonreí abiertamente, pasé el dedo índice por su mandíbula, recorriendo la espesa capa de barba que tenía. Un gruñido salió de su pecho mientras enterraba los dedos en mi cadera. Mi otra mano se fue a su cabeza, examinando su cabello. - Te ves extremadamente sexy... ¿Lo sabías? - pregunté mordiéndome el labio inferior.

- Lo tengo totalmente claro - respondió sonriendo de lado. Fue mi turno de robarle un beso en los labios. Una de sus manos abandonó mi cadera para ponerlo en mi nuca, reteniendo mi rostro contra el suyo y así profundizó el beso. Mis labios se abrieron, dandole el pase libre a su exquisita lengua. Suspiré cuando nuestras lenguas se encontraron. podía sentir su pecho frío y duro, mas duro de lo que recordaba, contra mis pezones erectos.

Mordisqueé su labio inferior mientras mis caderas se movieron en vaivén, adelante y atrás, adelante y atrás, buscando fricción mientras mis senos se restregaban con su pecho duro y fuerte.

Un fuerte gruñido de animal salió de su pecho, incitando mas a mi libido. Sus manos me empujaron hacia atrás, sentandome al comienzo de sus muslos para alejarme de su erección.

Lo miré extrañado.

- No preguntes linda. - sonrió de lado mientras se mojaba los labios con la lengua. Un escalofrío recorrió mi espalda.

Su mano helada subio por mis costados, hasta que tomó mi seno izquierdo con su mano derecha. Lo estrujó con fuerza mientras observaba como encajaba a la perfección con su mano. Sus ojos se oscurecieron de deseo. Mordí mi labio inferior para aguantar un gemido.

- Tan exquisita - susurró. Su mano helada abandonó mi seno y fue bajando por el costado, dejando fuego a su paso. Mis piernas estaban abiertas a cada lado de él, observé como su mano se dirigió a mi vientre, acariciando con cuidado. Ya sabía por donde iba y mi interior gritaba de anticipación.

Sentí mi pulso más rápido a medida que se acercaba a su objetivo. Los dos mirando hacia abajo, siendo testigos de como su mano se escabullía entremedio de mis pantalones, entrando y entrando cada vez mas, hasta que la palma de su mano quedo frente a frente al hueso de mi pelvis. Mi cuerpo estaba temblando en este minuto.

Mis dedos se enterraron en la piel de su hombro, mientras sentía como sus dedos expertos se adentraron a mi centro palpitante.

- Demonios, Bella... - gruñó con voz ronca mientras movía sus dos dedos en circulo. - Estas empapada.

- Ajá - contesté. Cerré los ojos cuando él comenzó a bombear fuertemente, curvando sus tres dedos hacia adentro, haciendome ver las estrellas. Dejé escapar un fuerte gemido a la vez que él seguía con su trabajo.

- ¿Te gusta? - preguntó con voz seductora.

- Si.. - logré responder.

- Abre los ojos - demandó, abrí mis ojos lentamente, encontrandome con los suyos, juraba que estaban totalmente negros, el azul y el verde habían desaparecido, dando a lugar el color de su lujuria animal. - ¿Me extrañaste? - me mordí el labio inferior mientras sentía como él aumentaba su intensidad. Dios.

- Si - gemí en respuesta.

- ¿Qué extrañaste de mí? - preguntó.

¡Demonios! Le encantaba hacerme hablar mientras estaba exitada. Le gustaba ver como hacía un esfuerzo en mi mente para lograr juntar dos palabras coherentes y luego, decirlo. Este hombre disfruta hacerme sufrir.

- Vamos linda, tu puedes contestarlo, concentrate - murmuró. Bufé en respuesta y escuché como soltó una risita. - Seras recompenzada - dijo con voz seductora. Estúpido. - Ahora habla...

- Hum... Tus...- un gemido escapó de mi pecho, había encontrado mi punto G - ...¡Oh Dios! - me sentía demasiado cerca, el calor acumulado en mi vientre era desesperante.

- No tan rápido querida - rió con tono burlón. Sus dedos dejaron de hacer presión. ¡Dejaron de hacer presión! ¡Yo necesito esa puta presión! Lloriqueé internamente.

- Edward - rogué olvidando toda mi dignidad. Estaba muriendo por dentro. Iba a morir por tener un orgasmo atrapado entre unos dedos y una presión, una maldita puta presión.

- Ya sabes lo que quiero - mis ojos rodaron hacia atrás mientras el comenzó a recuperar el ritmo, lenta y suavemente.

- Extrañe tus... tus dedos - gemí, allí va de nuevo la presión. Sonreí.

- Muy bien, ¿Qué mas? - preguntó con la voz ronca.

- Tu voz - gemí audiblemente. Sentía como mi interior se estaba contrayendo. - Tus ojos... Fuck - gruñí - No aguanto mas... - murmuré con voz contenida.

- Lo sé - susurró. Mis ojos se posaron sobre los suyos, mientras él seguía bombeando. Mi rostro se contrajo a la vez que sentí una oleada de energía recorriendo todo mi cuerpo, desde mi bajo vientre se extendió por mi estómago, hasta que llegó a las últimas celulas de mi cerebro, hasta la punta de mis dedos. En todos lados sentí ese orgasmo. Gemí su nombre mientras cerraba los ojos rápidamente.

Mi cuerpo temblaba todavía cuando retiró su mano de mi interior, lamentando la pérdida de esos dedos mágicos. Respiré profundamente mientras apoyaba mi frente en su hombro, tratando de tranquilizar mi ritmo cardiáco.

- Extrañé todo tu ser - susurré. Con su mano limpia, acarició suavemente mi cabello. - ¿Disfrutas hacerme hablar verdad? - el soltó una risita divertida.

- No sabes cuánto - respondió con voz ronca. - Tu rostro se contorsiona por el placer que te proporciono, a la vez que tratas de pensar en palabras coherentes; mientras hablas, jadeos y gemidos se te escapan entremedio de las palabras... Simplemente es algo que siempre querré ver. Eres demasiado sexy cuando tratas de hablar mientras estas excitada, así que cariño... Debes acostumbrarte a eso.

- Te odio - murmuré antes de tomar su rostro en mis manos y besarlo apasionadamente. Recibí un suspiro acompañado de un gemido/gruñido en respuesta. Sus manos tomaron rapidamente mi cintura y me acercaron a él, posicionandome nuevamente sobre su erección. Jadeé.

- Tu me amas - gruño contra mis labios. Tomé su labio inferior entre mis dientes y tiré de él suavemente. - Te necesito - murmuró.

- Yo también... - respondí.

- ¿Tienes preservativos? - preguntó besando mi mejilla. Hizo un recorrido por mi mandíbula hasta que llegó a mi cuello. Cerré los ojos mientras sujetaba su cabeza contra mi cuello. Sus manos recorrieron mis costados, y uno de ellos subió para encontrarse con mis necesitados pechos. Suspiré tratando de pensar coherentemente.

- No... - respondí al final. Solté un gemido cuando pellizco mi pezón - ¿Tu? - pregunté como pude.

- Tampoco - respondió contra mi cuello.

Me separé de él y lo miré fijamente con los ojos abiertos... Era una broma.

- ¿Tu no tienes? - pregunté alarmada. Negó con la cabeza furiosamente. - ¿Nada?

- Estoy segurisimo, no he necesitado últimamente, nunca pensé que me iba a topar contigo nuevamente asi que... Nop.

- ¡Se supone que los hombres siempre van preparados! - él rió.

- ¡Hey! No soy scout ¿Sí? Ademas.. ¿Por qué tu no tienes?

- Por que... ¡Los hombres siempre van preparados! - me lamente.

- Eres una feminista - murmuró besando mi frente. - Entonces no tenemos preservativos...

- Demonios... No puedo estar todo un santo día contigo, pero sin poder estar contigo.

- Hay una farmacia al final de esta cuadra... - comentó casualmente.

- ¿Y quieres que vaya a comprar... preservativos? - pregunté con una ceja alzada.

De repente, en su rostro se formó una sonrisa angelical, pestañaba rápidamente, tratando de deslumbrarme. Pero más que deslumbrarme, me asustó por que era la cara de Edward combinado con una Alice... Era la cara de Edwardlice. Espeluznante...

- ¿Por favor? - sus ojos me miraron suplicante.

- ¿Sola?

- ¿Por favor? - pidió con voz suave nuevamente.

- ¿No puedes acompañarme? - pregunté.

- Creo... que para eso tendríamos que esperar bastante, bastante tiempo... Ya tu sabes - sus manos se fueron a mi cadera y presionó su erección contra mi entrada. - Y tu no quieres que esperemos ¿Verdad?

- No me tientes imbécil... - amenacé. Una oleada de calor se formó nuevamente en mi bajo vientre.

- Vamos Bellita, es para el bien de los dos - enterró su rostro en mi cuello y comenzó a dejar besos mariposas. - Tu lo vas a disfrutar - beso - Yo lo voy a disfrutar - beso. Su mano se fue a mi muslo lentamente, acariciandome con la punta de los dedos mientras respiraba sobre mi cuello. - Y no vamos a tener cargo de consciencia mientras pienso que tu estas en alguna parte del mundo llevando un hijo mío - beso. Jadeé pesadamente.

- Pero... Yo no tendría que estar en alguna parte del mundo llevando un hijo tuyo... podría estar contigo, en alguna parte del mundo llevando un hijo tuyo... - respondí acariciando su cabello.

Él se separó de mí y me miró con seriedad.

- Bells.. primero que nada. Tu no vas a viajar conmigo a ninguna parte, ¿Entendido? - fruncí el ceño.

- ¿Por qué no? - pregunté con voz de niña.

- Por que es peligroso, con suerte me las puedo arreglar solo, no quiero que estes metida en este asunto, no quiero arriesgar tu vida. ¿Entiendes? - bufé.

- Sé cuidarme sola.

- No sabes de quien estoy hablando, son personas peligrosas...

- Edward... No me importa que tan peligrosas sean, yo quiero estar contigo...

- Y lo estarás - dijo rápidamente.

- Pero, no quiero estar en alguna parte del mundo, como tu dijiste, con la angustia de no saber si estas vivo o no. Tu mismo dijiste, son personas peligrosas, Edward Cullen ya no existes legalmente. Así que no hay forma de que averigüe sobre tí.

- Sé cuidarme solo, tranquila - susurró acariciando mi mejilla.

- Dejame ir contigo, lo haremos bien los dos - susurré acariciando su mejilla de vuelta. Poniendo unos ojos de suplica, sacando un puchero y arrugando el ceño. Apretó su mandíbula, y cerró los ojos por unos segundos antes de abrirlos nuevamente y mirarme con intensidad. Odiaba cuando me miraba así, porque sentía que tenía poder sobre mí. Demonios.

- Bella, mi respuesta es definitiva, no irás conmigo y punto. - su voz era firme y decidida. Mil demonios.

- Bueno - bufé cruzandome de brazos. No quería comenzar una discusión, así que lo dejé pasar. Pero que ese imbecil no piense que se libró de mí así de facil. Tomó mi rostro en sus manos y me beso suavemente.

- Hey... No estés enfadada - pidió con voz aterciopelada y tierna. Bufé nuevamente y rodé los ojos. Me mordí el labio inferior.

- Es imposible enfadarme contigo, ni aunque lo intente - me quejé mientras sonreía. Lo abracé del cuello y ataqué su boca nuevamente.

- Bells... Ve a comprar los preservativos, por favorcito - pidió con voz tierna mientras se separaba de mí y me miraba con un puchero. Putamente adorable. Fue mi turno de apretar la mandíbula, cerrar los ojos y respirar varias veces.

- ¿Qué gano yo? - abrí los ojos, encontrandome con su mirada penetrante, sus cejas se alzaron sujestivamente y levantó una comisura de sus labios, sonriendo torcidamente, desafiante. Demonios, esa mirada hacía que todo mi cuerpo temblara. Maldito hombre sexy con miradas que saben conseguir lo que quieren.

- Muchos orgasmos - susurró en mi oído. Gemí con solo imaginármelo - Gritarás como nunca antes lo hiciste, sentirás lo que nunca antes sentiste y tus piernas quedaran tan débiles que te dolerán hasta cuando te sientes - sus palabras era claras, precisas, acompañada de su voz aterciopelada, suave y ronca a la vez. Demasiado sexy.

Bajó su rostro y tomó el lóbulo de mi oreja entre sus dientes, tirando de él ligeramente.

- Y necesito de esos preservativos, para poder hacerte esas cosas en paz, porque no quiero dejarte embarazada todavía. No quiero estar lejos tuyo para perderme esa hermosa etapa que tenemos que compartir juntos. Quiero hacer esto de la manera correcta, quiero que nuestro hijo nazca dentro de un matrimonio, y estoy planeando como proponertelo, porque no te quepa duda que te propondré matrimonio, y tu me dirás que sí, porque nos amamos y somos el uno para el otro. Pero... todavía tengo mucho que hacer, mucho que planear antes de poder llegar a la manera correcta de invitarte a que pases el resto de tu vida al lado de este hombre que te ama con todo su corazón.

Su voz retumbaba en mi cuello. Sus palabras retumbaron en mi mente. Estaba paralizada con lo intensa y hermosas que eran aquellas palabras. Definitivamente, sabe como conseguir lo que quiere y como dominar a una mujer. El aire se atoró en mis pulmones mientras lo observaba con los ojos bien abiertos.

- Sí... - respondí.

- ¿Si qué? - preguntó divertido, mientras me lanzaba una mirada burlona.

- ¡Sí, acepto! Acepto casarme contigo... - grité de emoción y lo abracé. Él soltó una carcajada.

- Bella... linda. No te estaba proponiendo matrimonio.

- ¿Estas seguro? Por que eso sonaba totalmente como una proposición.

- Tonta Bella, no es una propuesta. Te estoy avisando para que te vayas preparando mentalmente, porque algun día te lo propondré y tu tendrás que decir que si, porque me amas y yo te amo y somos el uno para el otro - repitió la frase nuevamente.

- Ya sabía yo que no me lo estaba proponiendo. Solo te quería dar un adelanto para que te prepares mentalmente al sí que te voy a dar - reí nerviosa.

- Vale.. ahora sé buena y ve a comprar unos preservativos ¿Sí? - pidió regalándome una sonrisa.

- Pidelo como si fueras a proponerme matrimonio. - el rió negando con la cabeza.

Tomó mi rostro entre sus manos y pegó su frente a la mía.

- Bella - susurró mirándome con esos ojos azules verdosos aguados esmeraldas. - Prometo follarte toda la vida, en la salud y en la enfermedad, prometo darte todos los orgasmos que un hombre le ha podido dar a una mujer e incluso mas, aunque estes postrada en tu cama, con un yeso en la pierna, en tu lecho de muerte, te haré tocar el cielo con la punta de tus dedos, prometo cuidarte, respetarte.. bueno, la verdad no se si repestarte tanto - sonrió alzando las cejas. Mi interior se estaba derritiendo con esa voz y esa sonrisa y esas palabras y todo... Demonios - Prometo cumplir con todos mis deberes de amantes, hasta que un embarazo nos separe. Pues ya no podre ser tan salvaje contigo, tendre que ser delicado, suave y lento. Pero por ahora, quiero disfrutar dandote placer, sin ser delicado, sin contenerme, sin ser tierno. Asi que Isabella Marie Swan... ¿Podrías ir a comprar los preservativos? - preguntó mirandome con intensidad, mientras me acariciaba la mejilla con su pulgar.

Respira Bella. Respira. Traté de recordar como se hacía esa acción... o de recordar que era, pero mi mente estaba mas preocupado en procesar esas palabras. Su mirada me tenía atrapada en un trance hipnótico.

- Si lo pones de este modo.. - murmuré encogiendome de hombros. - Acepto, acepto ir a comprar los preservativos.

Él se rió fuertemente, era música para mis oídos.

- Ponte de pie ahora - dijo. Tomo mis caderas y me alzó como si no pesara nada en el mundo. - Tienes que vestirte, no querrás andar desnuda por el mundo mientras compras preservativos ¿Verdad?

Nos pusimos de pie y comenzamos a merodear por la habitación para buscar mi polera, que lo lanzó Buda sabe donde.

Mis sostenes estaban al lado del sofá, en el suelo. Me agaché para recogerlo y me los puse rápidamente, pasandolos por mis brazos. Mis manos viajaron hasta mi espalda, abrochándome el sosten como una experta. Lo único que faltaba ahora era la polera, así giré sobre mi misma, mirando alrededor y me topé con la intensa mirada de Edward. Observé como su manzana de adán subía y bajaba por la garganta.

- Nunca pensé que ver a una mujer vestirse iba a ser tan excitante - murmuró con voz ronca. Mis piernas temblaron. Su cuerpo estaba de infarto. Los musculos de sus brazos estaban bien formados y bien marcados, en su pecho, podía ver la división de ella, como dos cuadrados, pero no tan pronunciados, sus abdominales se veían y se sentían duros, bien trabajados, y mientras seguía bajando la mirada, me encontraba con la pequeña V que se marcaba en su cadera, una especie de invitación a que siguiera mirando hasta abajo, donde se levantaba un gran campamento, un bastante gran campamento.

- ¿Donde lanzaste mi polera? - pregunté desviando el tema. Si quería que fuera a comprar los preservativos ahora, era mejor para su salud y para la mía que estuvieramos alejados.

Él camino hacia mí, acortando la distancia que nos separaba y me rodeó por la cintura.

- No lo recuerdo - respondió. Sus labios llegaron a los míos, besandome con necesidad. No tuve suficiente autocontrol para resistirme y correspondí el beso. Moví mis labios al compás del suyo, conociendo muy bien nuestros movimientos. Me puse de puntilla, juntando nuestros semidesnudos torsos y me afirme de sus hombros. - Preservativos - murmuró contra mis labios mientras seguía besandome. Nunca profundizamos el beso, pues creo que eso hubiera sido la muerte total para nuestro autocontrol.

- Lo sé - respondí mientras seguía besandolo. Chupé su labio inferior con fuerza, disfrutando del sonido que salio de su pecho.

- Preservativos - recordó nuevamente. Vale, el quería que saliera de esta habitación para ir a comprar preservativos, pero aun así me tenía acorralada en este acalorado beso, sin soltar mis labios. Qué hipócrita.

Rompí el beso de una vez por toda y lo fulminé con la mirada.

- ¿Qué pretendes de mí Edward? ¿Matarme? - pregunté. Él me miro divertido mientras sonreía.

- Matarte a besos, a abrazos, a orgasmos - susurró lo ultimo con su voz de sexo en mi oído.

- ¿Quieres que vaya a comprar los preservativos? - pregunté.

- Por supuesto - contesto, me abrazó por la cintura y enterró su rostro en mi cuello, olisqueando como un ratón olisquea la basura. Me estremecí.

- ¿Quieres ir a buscar mi polera para que pueda vestirme y salir de esta habitación? - pregunté seriamente, sus manos pasaron de arriba hacia abajo, acariciando la piel desnuda de mi cintura. Suspiré pesadamente.

- Por supuesto - comenzó a dejar castos besos en mi hombro. Tiernamente, inocentemente.

- Edward - lloriqueé. Él rió divertido y se separó, dejando un beso en mis labios antes de alejarse.

- Ya, dejaré de torturarte - sonrió. Se giró y camino alrededor de la habitación, buscando esa prenda perdida. Mientras tanto, yo aprovechaba el tiempo de mirarlo, de comerlo con la mirada mientras se paseaba, enseñando ese cuerpo que tenía y que era solo mío. - ¡Bingo! - murmuró sonriente, estaba en el piso al lado de la cama.

Observé su trasero mientras se agachaba para recoger la prenda. Observé como sus músculos se contraían solo por el hecho de ese movimiento, observe como se volvió a enderezar, se volteó y me lanzó una mirada divertida. Todo eso ocurrió rápido, pero en mi mente pude reproducir esa imagen una y otra vez, una y otra ves en cámara lenta.

- Hola - saludó seductoramente.

- Hola - respondí.

- Creo que esto te pertenece - dijo señalando la polera arrugada que tenía en sus manos.

- Así es. - respondí sonriendo. Él se acercó lentamente, y con solo sentir su cercanía mi corazón comenzó a acelerar sus pulsos para dejarme en vergüenza, haciendo que mis mejillas se llenaran de sangre.

- Ten - murmuré. Me entregó la polera a mi mano, y me robó un beso en la mejilla colorada antes de alejarse por completo.

Rápidamente, metí la prenda por mi cabeza y luego pasé mis brazos por él. Cuando pude ver nuevamente, Edward me observaba, para variar. Ya lo sentía yo como me miraba cuando me vestía.

- Demonios Bella - murmuró, me atrajo hacia él y me robó un casto beso en los labios, sin llegar a abrirlos, solo contacto. Suspiré feliz. - Ahora sí - sonrió. - Puedes ir a comprar los preservativos, yo estaré esperando aquí por ti mi querida mujer.

- ¿Soy tu mujer? - pregunté sonriendo.

- ¿Lo dudas? - preguntó nuevamente.

- No... Solo me estaba asegurando - reí. - Eso quiere decir que eres mi hombre.

- No tienes que dudarlo. Soy completamente tuyo y tu eres completamente mía. No seras mi novia ni esposa ni nada de eso, solo eres mía. Seremos Edward y Bella, tu eres mía y yo soy tuyo.

- Bueno - posé mis manos en sus fuertes brazos y los acaricié, sintiendo lo duro que eran.

- Sera mejor que te vayas y no tardes en volver, por favor.

Me acerqué a la mesa para tomar mi abrigo y mi bolso, abrí la puerta de la habitación y me volteé para despedirme de él. El se agachó leyendo mis pensamientos y me beso suavemente.

- Te extrañaré - susurró contra mis labios. Reí.

- Serán solo diez o quince minutos a lo mas, no tardaré.

- No importa, será una eternidad para mí. - besó mi mejilla, luego mi frente y finalmente mis labios. - Adios.

Me giré sonriendo, sentí una nalgada, una risita y luego la puerta estaba cerrada. Reí negando con la cabeza.
Él nunca iba a cambiar.

Me quedé mirando la puerta embobada, él todavía seguía detrás de la puerta, lo sabía, pues no escuché sus pasos alejandose de ella. También sabía que me estaba observando por la endidura. Le sonreí y le lancé un beso para que supiera que también lo estaba mirando.

- Vale... - dijo a la vez que abría la puerta y me deslumbraba nuevamente con su semidesnudez. - Como no te vas, voy a empezar la fiesta yo solo, porque no aguanto mas - amenazó con los ojos oscurecidos. Me miró con deseo mientras se llevaba las manos a su entrepierna y se frotaba con fuerza.

Mis ojos se quedaron trabados allí, mientras el aire abandonaba mis pulmones.

- Así que linda... no tardes - sonrió una ultima vez mientras se acariciaba con ganas y luego me cerró la puerta en la cara.

¡Oh-mi-Buda!

Mis piernas se movieron involuntariamente hacia el ascensor, mis dedos apretaron involuntariamente el piso uno, mi cuerpo funcionaba involuntariamente a la orden de Edward, pero mi mente se quedó en el pasillo frente a la puerta, con la imagen de él frotandose sobre su pantalón hace un minuto.

¡Demonios! Y tengo que caminar con las piernas temblorosas. Llegué al piso uno y salí del motel, sintiendo la mirada de la "Maldita puta recepcionista a la que daría si fuera lesbiana, pero como las dos somos heterosexuales y ella esta desnudando a mi hombre en este minuto, la asesinaría".

Cuando salí al aire libre, miré a mi alrededor, fijandome en las esquinas hasta que encontré la bendita farmacia que me iba a proporcionar chalecos anti-semen. Quedaba demasiado lejos para mi gusto, y no estaba con animos de esperar, teniendo en cuenta lo que me esperaba en la habitacion. Un hombre caliente, hermoso, precioso, totalmente excitado y que me ama.

Pensé que si corría podía llegar antes, pero deseche rapidamente esa idea porque 1: Si corría, me podía caer por mi torpeza y tardaría mas. 2: Parecía ridicula corriendo 3: Tampoco estaba tan necesitada como para correr unos cuantos metros que podría recorrer caminando, solo por un par de preservativos.

Vale, si estoy necesitada, y quiero esos preservativos ahora, así que deje mi orgullo y ridiculez de lado, tomé mi bolso firmemente y me puse a correr como maniatica, rogandole a Buda que me proteja de mi torpeza. Este momento lo iba a recordar para siempre, porque era lo mas estupido que había hecho en toda mi vida.

Llegué a la farmacia roja como tomate, sujetandome de la puerta para recuperar mi respiración. Fue una mala elección. Debía verme ridícula.

Caminé rápidamente hacia el mostrador, maldiciendo internamente por que era una farmacia pequeña y habían como dos personas antes de mí.

Bufé desesperada, Edward y su mano sobre su pantalón me tenía así. Mentira, todo su cuerpo me tenía así, pero esa imagen no me sirvió de mucha ayuda. Maldito homosexual.

Miré a mi alrededor, golpeando el piso varias veces con mi zapato, cruzandome de brazos, mordiendome las uñas, arreglandome el cabello, cambiando el peso de mis piernas. Había hecho todo eso y la señora que tenía delante mío no se decidía con lo que quería. Había esperado ocho putos años de mi vida para poder estar nuevamente con el amor de mi vida, y resulta que no tengo preservativo porque al imbecil se le ocurrió no llevar. ¡Ah, Demonios! Esta Bella con su libido ansiosa no era muy agradable.

Suspiré por enésima vez en el minuto. Estuve muy tentada de tomar una caja de condones y robarmelos, pero recordé que habían camaras de segurida. Deseché ese pensamiento rápidamente, también podría tomar la caja y golpear a la mujer que me impedía comprarlos y disfrutar de mi hombre que me esperaba desnudo.

Ya lo podía imaginar allí, empezando la fiesta sin mi, postrado en la cama con una mano en su gran miembro, dandose una auto-ayuda manual ya que yo no estaba allí para hacerlo. Mis piernas temblaron y el calor volvió a mi cuerpo.

¡Mujer! Como no te decidas por las toallas higienicas con alas y sin alas, me va a dar un ataque cardiaco por estar sexualmente frustrada.

Después de esperar veinte minutos, cuando la señora dejó el lugar finalmente, suspiré de alivio y me acerqué casi corriendo al mostrador, como si alguien me fuera a robar el puesto. Compre seis cajas de seis preservativos cada uno, la chica me miró sorprendida y le fulminé con la mirada para que no hiciera ningun comentario. Mi pudor se había ido en el momento que abandone al hombre que probablemente ya terminó la fiesta y se fue a dormir. Me entregó las cajas en una bolsa, las personas que estaban allí también me miraron con disimulo.

¿Y qué? Compre seis cajas de seis preservativos, osea tengo treinta y seis preservativos, todos de diferentes sabores y texturas. Suficiente para una noche. Sí. Voy a tener muchos orgasmo, si, me las voy a pasar en grande y sí, soy una maldita puta suertuda.

Volví al motel rápidamente, y cuando llegué la recepcionista me lanzó una mirada muy poco disimulada, pasé al lado de ella, mostrando la bolsa de preservativos que tenía. Que te quede bien claro que voy a tener una noche de pasión con mi hombre, así que jodete.

No pude ver su reacción, pero pagaría lo que fuera por verlo.

Entré al ascensor con el pulso mas rápido de lo que debería ser. Estaba demasiada ansiosa por lo que venía y no podía esperar mas. Cuando las puertas se abrieron, mi respiración era tan rápida, como si hubiera corrido, pero en verdad solo estaba caminando. Recorrí el pasillo dando grandes zancadas, tratando de acercarme lo más rápido posible a la habitación y cuando llegué, no tuve ni siquiera que tocar la puerta, pues ésta se abrió sola.

Podía notar que la habitación estaba totalmente a oscuras, y supuse que Edward estaba detrás de la puerta. Mi pulso estaba acelerado y mis mejillas demasiadas rojas. Caminé lentamente con pasos temblorosos, entrando a la habitación. Rápidamente una mano cubrió mi boca y cerró la puerta de una patada.

Traté de patalear y grité fuertemente. Con fuerza, me atrajo hacia su cuerpo, haciendo que mi espalda chocara con su duro pecho. Iba a gritar nuevamente, pero al contrario de eso, gemí al notar su miembro contra mi trasero.

Oh Dios!

- Shhhh - susurró en mi oído con voz sensual. - Tienes derecho a permanecer en silencio.

Mis piernas me estaban fallando, todo mi cuerpo temblaba por la excitación que me provocó su voz. Por las mil putas y todas las santas. Su mano seguía en mi boca, mientras la otra viajaba por mi cuerpo, tocando todos los lados, desde mis pechos hasta mi clítoris, acariciándome por sobre la tela de mis jeans, presionándome contra su erección cuando llegaba a mi pelvis.

- Cualquier cosa que usted diga, sera usado en su contra - continuó hablando en susurro.

Su mano dejó de tapar mi boca y en vez de eso, sentí una venda negra cubriendo mis ojos. Iba a protestar, pero sus labios sobre la parte de atrás de mi cuello me dejaron callada.

- Usted tiene derecho de tener un abogado - murmuró mientras me guiaba a algún lado, sentí mi pecho chocar suavemente contra la pared, a la vez que me apretaba a ella, presionando mi espalda con su pecho, restregando su erección lentamente contra mi trasero. El aire abandonó mis pulmones.

Sus manos tomaron mis muñecas, y los alzó presionándolos contra la pared, a cada lado de mi cabeza. Su rostro estaba pegado al mío, podía sentir sus labios en mis mejillas, moviéndose sensualmente mientras respiraba y hablaba.

- Oh Dios, Edward... - solté lentamente cuando lo sentí moviendose de arriba hacia abajo contra mi culo, haciendo un baile sensual, presionando mi pelvis a la pared y luego lo alejaba.

- No soy ni Dios, ni puedes llamarme Edward - susurró con voz suave, lanzando su aliento a mi rostro. - Soy el Oficial Cullen.

- Por favor - me burlé.

Sus manos apretaron mis muñecas y su pelvis presionó mas mi trasero, pegandome mas a la pared. Jadeé en respuesta.

- Hablo muy enserio querida. Has sido una criminal muy mala, y tendrás que pagar por ello.

- Bueno - respondí lentamente, en sus labios se formó una sonrisa, que se marcó en mi mejilla izquierda.

Tragué saliva con dificultad.

Él era Darkward. Demasiado Sexy.

- Así que linda... ¿Qué llevas en esa bolsa? - preguntó sensualmente.

Lunes 29 de Agosto, 2011 9:43

Aquí les dejo otro capítulo, actualizando semanalmente :) Solo para aclarar una duda, NUNCA dejaré esta historia, si por alguna razón dejo de actualizar y no avise nada, eso quiere decir que estoy en coma o muerta. xD

Siento dejarlas así, pero bueno, siempre me inspiro demasiado y paff, cuando llego al momento decisivo, ya voy como en el 5000 y lo que viene a continuación, tendrá mas de 4000 palabras... Asi que no quiero alargarlo tanto xD Trataré de subir luego el otro capitulo, pero todavía no me he librado de las pruebas.. aunque esta semana es la última asi que podré relajarme un poco.

Gracias por todos los reviews y los alertas y todo. Aunque no es lo mas importante para mi, me agrada saber que hay personas que se dan el tiempo para dejar un comentario. Y si no, también, pues mi proposito es escribir... Ustedes son las que se dan el tiempo de leerlo y evaluarlo, asi que de verdad, gracias :)