"UTILIZAR"

Él era Darkward. Demasiado Sexy.

- Así que linda... ¿Qué llevas en esa bolsa? - preguntó sensualmente.

Respira.

Piensa.

Jadea.

Respira.

Piensa.

Jadea.

Respira profundamente, has que tu cerebro se llene de oxigeno para que puedas pensar claramente.

Jadeo. Sip... El oxigeno no llega a mi cerebro, debe ser por eso que no puedo pensar claramente.

Demonios. No esta funcionando. Se supone que para responder a una pregunta, tengo que pensar, y para pensar claramente necesito oxigeno, y para tener oxigeno necesito respirar y para respirar necesito pensar, entonces esto no tenía sentido pues no puedo respirar ya que el imbécil que tengo atrás mío me está quitando la necesidad de necesitar el necesitado oxigeno, solo me basta con respirar su escencia, que por cierto no ayuda mucho a mi pensamiento... Fuck, tenemos un serio problema.

Su respiración sobre mi rostro, mandando la piel de mi cuello a que se levanten. Su fino tacto mientras me envolvía la muñeca, y su sensual baile de restregar su perfecta erección sobre mi culo.

WOW. Totalmente Genial, sexy, caliente y simplemente Wow.

- Te hice una pregunta chiquita - susurró con voz profunda, su gélido aliento se coló por mi cuello, por mi nuca, por mi rostro, como una caricia.

Ma-ta-me

- Uh... - murmuré. Apreté los ojos fuertemente, sintiendo el tacto de la venda que los cubría y apreté los labios, tratando de pensar correctamente. Me había hecho una pregunta sobre algo, sí, era una pregunta... ¿Sobre qué era esa pregunta? ¿Qué son las preguntas? ¿Se come? Por que si las preguntas tienen algo que ver con Edward y su anatomía podría cambiar mi estilo de vida y sobrevivir siendo preguntariana.

Un carraspeo impaciente me sacó de mis "pensamientos". Suspiré e inhalé profundamente, llenando mis pulmones de oxígeno y de Edward.

- Señorita... ¿Qué lleva en esa sospechosa bolsa? Si no me dice ahora, me veré en la obligación de revisarla por mi mismo, y dado que esta ejerciendo resistencia en responder mis preguntas, tendré que sacar mis propias conclusiones... Registrando a usted. - dijo con voz demandante. Mis piernas temblaron.

¡Que me revise!

- Uh... bueno - comenté con voz temblorosa. - En la bolsa llevo... - Rápidamente sus manos abandonaron mis muñecas para tomar rudamente mis caderas. Jadeé pesadamente. De un solo movimiento, me giró sobre mi misma y me estampó contra la pared nuevamente, ahora estabamos frente a frente.

Podía sentir su respiración sobre mi rostro, y toda la calidez que emanaba su cuerpo. Pegó su pelvis a la mía, presionando su erección contra mi estomago; solté un pequeño gemido. Quería verlo, ahora mismo, pero la maldita venda me cegaba. Lo único que veía, era la oscuridad.

Necesitaba tocarlo, sentirlo.

Dejé caer la bolsa que tenía en mi mano, éste provocó el sonido familiar de bolsa y cartón chocar contra el piso. Mis manos se elevaron rebeldemente, tanteando según yo creía era su pecho. Mi piel hizo contacto con el suyo, cálido, firme, fuerte y desnudo. Solté un gemido al darme cuenta de que estaba semidesnudo... ¿O estaba desnudo?

Un fuerte gruñido salió de su pecho, vibrando bajo mis pequeñas manos, mientras sus dedos se enterraban en la carne de mi cadera. Acaricié su duro pecho, subiendo y bajando con lentitud, sintiendo ardor en la punta de mis dedos, queriendo seguir tocando más, cuando ya no podía porque estaba tocando hasta lo imposible, presionando con los dedos, tratando de retener mas la sensación de su piel contra la mía.

- Su condena será mayor, por tratar de agredir a un oficial que esta sirviendo al gobierno. No sabes lo que estas haciendo con esas manos tuyas, son el peor arma mortal que puede existir. - habló sobre mi rostro. Inhalé como si de una droga se tratara. Necesitaba sus labios.

- Lo siento oficial... Es solo que tengo curiosidad, no se quien es usted y no puedo mirarlo. ¿Cómo tengo la certeza de que usted es un oficial, si no tiene la placa que deberían tener todos los oficiales? - no sé como me las arreglé para decir una frase tan larga.

- Chiquita, acá la criminal eres tu y no yo...

- Un oficial no va semidesnudo por la calle - murmuré con inocencia mientras mis manos llegaron a su cuello, acariciando la suavidad de su piel con el pulgar.

- Un oficial no va desnudo por la calle - corrigió con voz sensual.

Dejé de respirar por un segundo. ¿Escuché bien? Desnudo... dijo Desnudo, empieza con "Des" y termina con "Nudo" Desnudo... Significa que no está nudo, eso quiere decir que nudo es ropa, y por ende, el esta diciendo que esta sin ropa, porque dijo que estaba "Des-nudo" Osea, esta totalmente como Buda lo trajo al mundo, osea que está en su total resplandor, y yo no lo puedo ver, osea que ahora mismo, él esta putamente Desnudo, osea sin ropa, osea que su miembro esta libre, osea es cosa de que baje la mano y lo agarre y le haga cosas feas a ese oficial que cuya intención es servir al país. Osea que puta madre matame porque Edward esta putamente desnudo. Desnudo... ¿Ya dije la palabra desnudo? Osea no puedo dejarlo mas claro...

- Desnudo - susurré... - Osea.. usted esta desnudo - concluí mas para mi misma. - ¿Usted no tiene ropa encima?

- No, como se le ocurre - respondió. Una parte de mi, solto un suspiro de alivio al pensar que no tenía ropa, y por eso, menos tortura para mí, pero la otra parte de mí, quería que estuviera totalmente desnudo, todo el tiempo, para siempre. Que camine por la calle, por la habitación desnudo, que salga bajo la lluvia, desnudo, que vaya a trotar, desnudo. Oh Dios... Suspiré pesadamente. - De hecho, al desnudo es un uniforme que confeccioné yo mismo. Me siento mas... libre - dijo lo ultimo en susurro.

Entonces... Esta desnudo. Digo, segun él no esta desnudo, pero en verdad sí esta desnudo porque es el uniforme que él mismo se hizo. Osea, que en fin, sí estaba desnudo.

Estaba un poco confundida con todo lo que estaba pasando, pero sí algo me había quedado con todo este asunto, era que Edward Cullen, estaba desnudo, enfrente mío y yo no lo podía ver, por la puta madre, en su mejor esplandor. Apreté la mandíbula con fuerza.

- Apuesto que el uniforme está mucho mejor que el del mejor diseñador gay de uniformes policiales haya hecho en toda su puta gay vida.

- Bueno... - rió. - No se si el mejor, pero puedo decir que estoy orgulloso de él. Me han dicho por ahí que me ha quedado bastante lindo.

- Entonces esas personas deben tener un muy buen gusto oficial... Y ademas de tener un lindo uniforme, es muy práctico en portar armas - murmuré. Levanté mi pierna derecha, y lo apreté contra mí, sintiéndolo más cerca.

- Señorita, me parece que usted solo me esta hablando para desviar el tema, no me ha respondido qué lleva en esa bolsa y sabe cuales serán las consecuencias si no lo hace.

- No le respondo porque talvez quiero ser castigada, porque talvez quiero ser registrada por usted oficial Cullen, con lindo uniforme portador de armas mortales.

- ¿De verdad quieres ser castigada? ¿Registrada por mí? - Su rostro se acercó mas al mío, sus labios rosaban los míos, mi corazón aceleró de un salto con solo sentir ese tacto. Pero nunca me besó, solo respiraba en mi boca, era como besarlo, pero no al mismo tiempo. - ¿Me estas pidiendo que te revise?

Mi cabeza daba vueltas, por su cercanía, por su olor, por sus preguntas, por él. Él me mareaba.

Su mano, que estaba en mi cadera, se movió lentamente, acariciando y envolviendo mi trasero con la palma, hasta que lo alejó, pasando por debajo de mi muslo, llegando al final de él, apretandolo contra su cintura. Su otra mano subió hasta mi cintura, dejando fuego, lujuria y excitación al paso, y su pelvis se removió inquietamente, hasta que se acomodó en mi entrada.

Eché mi cabeza hacia atrás y gemí, mientras presionaba sus hombros con la punta de mis dedos.

- Primero respondeme qué llevas en la bolsa chiquita - inclinandose, y murmurando sobre mis labios.

Lo había perdido completamente, había perdido la mente. Sus labios se movían sobre los mios mientras hablaba, acariciandome con suavidad, cuando en verdad esa no era su intención. Era un mínimo contacto, pero no por eso menos placentero.

Con rapidez agarré su nuca bruscamente, tirando de él hacia mi. Mi boca se abrió involuntariamente mientras tomaba sus labios entre los míos, acariciándolos, besándolos, sintiendo su tacto, su sabor, bebiendo ese exquisito néctar. Él correspondió el beso furiosamente, moviendo sus labios contra los míos, sincronizadamente, mientras inevitablemente nuestras lenguas se encontraron, como imán de polos opuestos. Apretó su agarre en mi muslo mientras movía su pelvis en un vaivén, presionando contra mi entrada.

Gemí fuertemente, perdiéndose el sonido dentro de su boca.

Y en un latido, él ya no estaba, había desaparecido. Su boca ya no estaba sobre la mía, y su cuerpo no estaba junto al mío. Su calidez había desaparecido también, dando a lugar un frío que recorrió toda mi caliente cuerpo, como un balde de agua fría contra tu cuerpo, ardiendo bajo el calor del sol. Un fuerte contraste.

Se había alejado, podía sentirlo, y podía oír su respiración a unos cuantos pasos de mí. Fruncí el ceño frustrada.

No sabía donde mierda estaba, necesitaba verlo pero esta maldita venda me lo impedía. Elevé mis manos hasta mis ojos hasta que su voz me interrumpio.

- No te lo quites - gruñó con voz ronca.

- Entonces tu no te alejes - respondí.

- Es solo que usted, señorita, se esta saliendo completamente de su papel. O mas bien, si su intención es matar al oficial, entonces es una excelente actriz, porque lo esta logrando. Simplemente con existir usted se convierte en un arma mortal. Con solo su tacto puede quemar a una persona entera. Con solo una mirada, usted puede encender a una persona internamente, puede hacer que le de un ataque cardíaco, puede hacer que se muera ahogado, puede hacer que muera de frustración, puede hacer lo que usted quiera con una sola mirada. Malditamente peligrosa.

- Necesito ser castigada entonces - susurré, levanté mis manos hacia al frente, tratando de tantear el lugar, de orientarme. Por su voz, podía deducir que estaba a mi izquierda a solo dos o tres pasos de distancia.

- No se acerque - murmuró. - Yo iré a usted. Ahora, respondame... - su voz se estaba acercando, pude escuchar el primer paso retumbando en el piso de la habitación. - ¿Qué trae en esa bolsa, que no me quiere contar que es? Usted ya ha cometido un crimen, y va a pagar por ello, así que nada de lo que me responda puede salvarla, solo empeorará su condena; ahora, si me responde, quizá podamos negociar sobre su castigo. ¿Qué le parece? - él se había acercado de nuevo, sus manos me rodearon la cintura y su rostro estaba ya sobre el mío, mientras me susurraba la última pregunta.

- Condones - dije firmemente, dejandome llevar ante la sensación de ser acariciada por él. Relajé mi cuerpo, y lo recargué en la pared. - Muchos.

- ¿Se puede saber para qué necesita tantos condones? - preguntó. - ¿Hará algo malo con él, que no me quizo responder de un principio qué era?

- Dependiendo de lo que usted considere malo... Había comprado esos condones, 36 para ser mas exacta - escuché un gruñido por su parte. - porque a mi irresponsable novio.. no, no es mi novio, pero igual es algo mío, tenemos un compromiso entonces... digamos todo de nuevo. - Carraspeé, aclarando mi garganta - Había ido a la farmacia, a comprar los 36 condones, porque al irresponsable de mi hombre se le olvido llevar. Entonces, como el es tan chapado a la antigua, no quiere tener un hijo mío a no ser que me tomé como suya, cosa que no es necesaria porque soy mas que suya, legítimamente. Por eso, necesitamos los chalecos anti-semen, porque no queremos que en nueve meses mas, salga de mi vagina, una cosa que nosotros llamamos, bebé. - murmuré.

- Ajá... - respondió con voz ronca. Sonreí.

- Resulta, que estábamos en un momento acalorado, cuando nos dimos cuenta que no teníamos de esos benditos chalecos. Y yo, como mujer, tuve que dar la cara y salir a comprar esas malditas barreras preventoras de bebé. Cuando llego a mi departamento, me encuentro con usted oficial, cuyo uniforme encuentro, extremadamente suave al tacto... Que me hace querer utilizar todos esos 36 condones en una sola noche, me hace querer engañar injustamente al hombre que me reclamó como suya, oficial Cullen. Creo que había comprado los condones por una buena causa, pero ahora, que lo tengo a usted, necesito usarlos y luego pensar en las consecuencias. Así que si señor, soy una criminal. Haré un buen uso de esos condones, pero por una mala causa.

- Me temo que le podría dar un muy buen uso de aquellos artefactos... Aunque la causa es incorrecta. Si usted le pertenece a alguien, no puede romper ese compromiso. Esta muy mal lo que quiere hacer señorita, muy mal... Pero a la vez muy bien, muy tentativo y muy placentero - gruñó con voz sensual. Me mordí el labio inferior, mientras el acariciaba y recorría suavemente mi cintura sobre la ropa, sintiendo el calor de sus dedos, que traspasaban todas las barreras con tal de llegar a mi piel. - Usted... Maldita criminal, esta corrumpiendo a un oficial del país y lo peor de todo es que no me importa. Quiero entregarme a su propuesta...

- Hágalo entonces. Usted quiere esto tanto como yo, entreguese... Usemos esos 36 condones, o tratemos. No dejé a mi sexy hombre en una habitación solo, desnudo, caliente y con la imagen de él dandose una ayuda, para que cuando llegue con los benditos condones que me impidieron ayudarlo personalmente, él no se encuentra por ningun lado. Tengo pensado en usar esos preservativos, con o sin él.

- Lo tendrá que usar sin el entonces... porque me sacrificaré, así que tendrá que usarlos conmigo - dijo bajando sus manos sensualmente por mi espalda, hasta llegar a mi trasero y apretarlos con fuerza, enterrando la punta de sus dedos en él. Gemí.

- Bueno - murmuré finalmente. Prácticamente se abalanzó sobre mí, mientras tomaba mis trasero con sus dos manos, y me levantaba, crucé mis piernas en su espalda, juntando nuestros sexos calientes, palpitantes, gimiendo al mismo tiempo que nos encontrabamos. Me pegó contra la pared como soporte, a la vez que nos devorabamos la boca como si nuestra vida dependiera de ello.

Chupó mi lengua furiosamente, mientras inevitables y fuertes gemidos salían de mi boca por esa mágica y erótica sensación. Tomé su cabeza, extrañando la sensación de tener su pelo largo y sedoso contra mis dedos, pero ahora, conociendo lo nuevo, sintiendo los pinchazos que me causaba su pelo estilo cesped a mis dedos. Eran como miles de agujas presionando contra mi piel, acariciandolos a la vez. Demasiado caliente.

Comencé a mover mis caderas inconscientemente, buscando fricción, una clase de liberación, o caricia a la palpitante zona que había estado gritando por el tacto de aquel hombre.

Un gruñido animal salió de su pecho, haciendo que todo mi cuerpo vibrase, a la vez que él también se movía conmigo, frotándose.

Inhalé fuertemente, tratando de llenar mis pulmones con oxígeno para no morir desmayada por besarlo, pero en vez de oxígeno, lo único que entro a mis fosas nasales fue su aroma, su adictivo aroma, exquisito, dulce, de todo.

Tuve que romper el beso, maldiciendo por los miles de demonios, e inhalé mas fuerte, ahora si respirando bien. Su boca se desplazo a la comisura de mis labios, a mi mandíbula, a mi mejilla, chupando y dejando besos húmedos, mordiendo mi pera juguetonamente.

- Oh Dios - gemí mientras lo tomaba de los hombros, acariciando su espalda lisa, fuerte y musculosa. Por todas las putas santas de este reino de Buda, era demasiado para mí. Podía sentir mi interior hirviendo de ansiedad y juraría que en cualquier momento, me vendría, sin nisiquiera haberlo tenido dentro de mí.

- Oficial Cullen - corrigió mientras hablaba contra mi cuello.

- Oh por Dios, Oficial Cullen - gemí nuevamente, escuché una risita divertida. - Baichi - reí también.

De repente, mi espalda ya no estaba contra la pared, en dos segundos, él estaba caminando conmigo, con su rostro enterrado en mi cuello, hasta que llegamos a la cama, y la dura pared que estaba en mi espalda, fue remplazado por una supericie suave, mullido, acolchado y delicioso. Mis manos se alejaron de su cuerpo, dejando mis brazos caer a la cama, acariciando la fría frazada con mis manos en una secuencia como si estuviera haciendo un ángel de nieve. Mis piernas todavía estaban cruzadas con su cuerpo, resistiendome a soltarlo. Bufé en frustración cuando logró soltar el agarre de mis piernas, y escuché una risita burlona.

Maldito.

Sentí como el colchón se hundió al lado mío, advirtiendo la presencia de ése hombre.

- Ponte de pie - ordenó. Y sin poder evitarlo, me senté en la cama tanteando el piso con los pies, antes de levantarme. Haría cualquier cosa que él me pidiera, solo con su voz... Era su esclava, claro que solo sexualmente. - Date vuelta.

Giré sobre mi misma, quedando enfrente de la cama, y supuse que de él también. Sentí sus dedos presionando mi muñeca suavemente, acercándome a él. Mis piernas chocaron contra la cama, y luego me vi envuelta en sus piernas, que estaban a cada lado de las mías. Tomó mis dos manos y las puso sobre sus hombros, antes de poner sus manos en mi trasero.

- Si quieres, puedes descubrir de qué está hecho mi uniforme y quizá... te pueda dejar portar mi arma. - me estremecí al sentir su voz sobre mi estómago, tan cerca de mi palpitante centro.

- Uh... - murmuré inconscientemente. Mis manos pasearon en sus anchos hombros, suaves, fuertes y duros, presionando mis dedos mientras trataba de observarlo con el tacto. - Está hecho de un material bastante resistente, duro y caliente - analicé. Su rostro estaba a la altura de mis pechos, así que cuando me incliné un poco, acariciando su espalda, choqué con su cabeza. Él se enterró entre ellos, colando sus manos por mi ropa, acariciando mi espalda mientras inhalaba el aroma que había entre mis pechos. Oh Dios. - Éste creo que es el mismo material, me parece que todo tu cuerpo esta hecho de... Ah - gemí audíblemente, cuando sentí como tomaba mi pecho en su boca, mordiendome por sobre la tela de mi chaqueta y mi polera. Ni siquiera era contacto directo, pero aún así lo podía sentir.

- Estás en lo correcto linda. Permítame - murmuró, mientras alzaba sus manos y me quitaba la chaqueta, deslizándolo por mis hombros. - Eres mi perdición.. Digo... Usted es mi perdición señorita - murmuró recuperando su personaje. Reí entre dientes. - Ahora si quiere, puede proceder a portar mi arma. - Sentí como se echó hacia atrás, pude verlo mentalmente con las manos recargados en la cama, mientras sus piernas estaban casualmente cruzadas detras de las mías, con su pene magnificamente erguido, llamandome.

- Bien - susurré. Mis manos viajaron lentamente, primero conociendo su rostro, memorizando su calidez y su tacto. Acaricié su mejilla con mi pulgar, sus ojos, sus labios entre abiertos, su rasposa barbilla cubierta por esa sexy capa de bello. Bajé mis manos por su mandibula, hasta su cuello. Mis manos se fueron hasta sus hombros, empujando suavemente, dandole a entender que debe echarse para atrás. Y tal como lo pedí con mis acciones, se fue acostando suavemente sobre el colchón.

Me incliné sobre él, sintiendo su respiración y su pulso cada vez mas irregular a medida que lo tocaba. Mis manos hicieron contacto con su pecho, recorriendo de arriba hacia abajo, de su pecho hasta sus abdominales, acariciando la piel desnuda, suave y caliente... memorizandome todo eso.

Suspiré al mismo tiempo que él soltó un gruñido.

Finalmente, mis manos siguieron bajando. Mis dedos hicieron caminos por lo que supuse eran la bendita V, una especie de luz que iluminaba mi camino. Rocé con la yema la piel de su pelvis, él estaba conteniendo la respiración terriblemente, lo podía sentir tenso y podía imaginarlo a él con los ojos cerrados.

Apoyé mis palmas completamente abiertas sobre sus abdominales, subiendo lentamente, masajeandolo. Dejé su cuerpo para apoyar mis manos a cada lado de él, en el colchón de la cama. Incliné mi cuerpo lentamente, acercando mi rostro a lo que supuse, era su pecho. Noté el calor que emanaba acariciando mi rostro a medida que me acercaba, dejé de sentir el peso de mi cabello cuando éste hizo contacto con la piel de Edward.

- Bella - gruñó.

Quería mirarlo, quería aprender a observarlo con el tacto, con mis manos, con mi pelo, con su calor, con mis labios, con mi piel. Con todo. Mis labios finalmente se encontraron con la calida piel de su pecho.

See movieron con lentitud sobre su cuerpo, sin ejercer presión alguna, solo recorriendolo. Dejé pequeños besos en su duro estomago. Mi lengua estaba gritando por sentirlo, por saborearlo, por mirarlo con el tacto, y yo no soy quien para negarselo. Abrí mi boca, dejando salir mi húmeda lengua que hizo contacto con la piel de su pecho.

Soltó un jadeo, haciendo que mi boca vibrara ante el sonido. Sabia demasiado bien. Duro, cálido, fuerte y dulce bajo mi lengua, era mejor de lo que olía.

- Oh Dios Bella... - gimió.

- Señorita Swan - corregí sonriendo contra su piel.

- Señorita Swan - murmuró, me tomó de los hombros, instandome a erguirme. Rápidamente, sentí sus brazos en mis muslo y mis pies dejaron de tocar el piso.

- Demonios - gruñí cuando me di cuenta de que me estaba llevando como saco de papa.

- Podemos dejar para mas rato su inspeccion sobre mi uniforme, ahora necesito tenerla desnuda - dijo con voz totalmente sexy a la vez que me depositaba en la cama con suavidad, y se subía el tambien, quedando frente a frente... Supuse.

Sentí un torrente de humedad bajando por mis piernas. Amaba cuando hablaba así, tan hombre, tan demandante. Sus manos tomaron mi polera, y tiró de ella hacia arriba con brusquedad, elevé mis manos para ayudarlo con eso.

- Debería darte uno de mis uniformes, estas cosas que llamas poleras, pantalones y ropa interior no es para nada practico - comentó desabrochando mi sostén y quitandola de mi cuerpo.

- Bueno - murmuré. Cuando finalmente estuve semidesnuda, él me tomo de la cintura y devoró mi boca con fervor. Su lengua acarició mi labio superior como si su vida dependiera de eso, y comenzó a chupar y a mordisquear. Mi gemido se perdió en su boca, entremedio del beso.

Sin saber como ni cuando, mi cabeza y mi espalda estaban apoyadas en la cama, con ese espécimen de hombre sobre mí, besandome con locura, con deseo, con amor y en ese momento me sentía la persona mas afortunada del mundo, porque él era increible y me quería. Una sonrisa se extendió por mis labios mientras continué besandolo.

Quería decirle lo mucho que lo amaba, cuánta falta me hizo, pero me parece que las palabras sobraban, porque nuestros cuerpos lo demostraban, cada célula de mi ser chillaba de emoción al tenerlo a él, todas querían un poco de su contacto, mis manos recorrieron su espalda una y otra vez, pero aún así no tenía suficiente.

Mis brazos y mis piernas apretaron su cuerpo rápidamente, para tenerlo mas cerca de lo que podría estar, nuestros pechos desnudos se encontraron, reaccionando ante el familiar y a la vez desconocido tacto. Mis caderas se movieron con el suyo, tratando de buscar fricción.

Sabía que él era todo para mi, era más que el oxígeno, mi mente, mi alma y corazón sabía que era así, pero mi cuerpo se resistía a creerlo, así que a regañadientes, me separé de él rompiendo el beso antes de tomar un gran bocado de aire y satisfacer a mi estúpido cuerpo.

Pero al parecer, él si que no necesitaba oxígeno, pues nunca lo vi tratando de recuperar la respiración. Maldito suertudo cuyo cuerpo no necesita oxigeno. Mientras yo respiraba como una tonta, él movió sus labios a mi mandibula y luego a mi cuello, lamiendo esa porción de piel que lo llamaba con desesperación. Talvez después de todo, era bueno que él no necesitara oxígeno, o tuviera la habilidad de besar y respirar a la vez.

No podía parar de gemir ante las sensaciones que me provocaban sus caricias, demasiado delicioso, demasiado adictivo, demasiado placentero. Era una especie de droga, nunca me iba a cansar de él porque nunca tenía suficiente. Siempre quería más.

Y de la nada, él había desaparecido, de nuevo. ¿Por qué?

Sentí la cama cambiando de peso, y luego unos pasos en el piso. Me senté de golpe y alcé las manos hacia adelante, mientras movía los dedos como si con eso fuera a alcanzarlo. Escuché una risita.

- Vuelvo enseguida querida, los condones no van a aparecer mágicamente en mi pene ¿Sí? - dijo con voz suave. Si, y también dijo pene, ¿Por qué maldita puta razón encontraba la palabra "pene" salir de sus labios terriblemente sexy y excitante?. Por que soy una pervertida y me excito con cualquier palabra que el diga, y mas si es algo intimo relacionado con su hermoso y preciado miembro que tengo en un altar por hacerme llegar al cielo con solo pensar en el.

Podía sentir mi interior contraerse ligeramente, mientras la sensación de ardor en mi bajo vientre desaparecía un poco. ¿Acabo de tener un semiorgasmo con solo pensar en su magfinico pene?

Oh mi Buda y todas las santas putas del reino budistas. Tragué saliva con dificultad.

- Mas te vale volver enseguida - murmuré. - O empezaré la fiesta yo sola - advertí como él lo había hecho. Y para remarcar mis palabras, mis manos se fueron involuntariamente a mi cuello, deslizandose por mi cuerpo con la punta de mis dedos. Tomé mis pechos entre mis manos, estrujandolos con fuerza mientras me mordía los labios y gemía de placer, pensando que esas manos eran las suyas, grandes, cálidas y suaves.

- Oh no Señorita Swan. - Su voz estaba en mi oído, y sus manos estaban sobre mis muñecas, apartándolas de mi cuerpo. ¿Cómo demonios llego a mi lado y yo no me di cuenta? - Me parece inaceptable que empiece la fiesta sin mi presencia, hermosa. - Su aliento acarició mi cuerpo, enviando una descarga electrica a mi columna vertebral. Señor.

- Usted ya lo hizo antes - me quejé como una niña de cinco años.

- No estamos discutiendo sobre eso ¿Sí? - Soltó mis manos por un segundo y luego sentí algo suave y sedoso en mi muñeca, antes de que pudiera protestar, ésta ya estaba amarrada contra la cabecera. ¡Me estaba apresando!

- Edward - gruñí tratando de soltarme, pero el maldito hizo un muy buen nudo. Tomó mi otra muñeca y yo traté de forcejear.

- Shhh... - susurró en mi oído. - Si tan solo hubieras esperado, esto no estaría pasando. - murmuró antes de darme un pequeño beso en la mejilla.

Bufé indignada, y a regañadientes, dejé que me hiciera el nudo. Ahora mis dos manos estaban aprisionados contra la cabecera de la cama. Y no podré tocar su magnifico cuerpo. Mierda.

- Te odio - gruñí, escuché la risa mas hermosa del mundo y luego sentí sus labios presionados contra los míos, firmes y suaves al mismo tiempo. Tan rápido como llegó, se separó dejando mi boca palpitante, gritando por tenerlo de nuevo.

- Yo mas - murmuró.

Lo oí moviéndose alrededor de la habitación, con sus pisadas tan familiares. Yo estaba semidesnuda, caliente, ciega e inmovil en la cama, totalmente entregada a la merced de este hombre, que estoy segura, me iba a torturar. Ge-nial.

- Espero que no le moleste el hecho de que haya ordenado un poco de comida - comentó a la medida que su voz se iba acercando.

- Claro que no... Solo espero que esa comida sea usted, porque yo tengo mucha hambre - murmuré.

- Lamento informarle que esa comida no seré yo, pero creo que podrá sobrevivir con él. - Sus pasos se escuchaban cada vez mas cerca acompañada de un ruido metalico, supuse que era una bandeja de metal con comida.

¿Qué estará tramando? Cualquier cosa que sea, apuesto que sera placentero y demonios... temblé de anticipación.

- ¿Tienes frío? - pregunto, escuché como la bandeja chocó, descansando en lo que supuse, era la mesa de noche, y luego sentí la cama hundirse. Él estaba cerca, demasiado, y estaba desnudo. Me mordí el labio inferior mientras apretaba los puños. Quería tocarlo desesperadamente, pero no podía, maldita sea.

- Ojala tuviera frío - murmuré con los dientes apretados. Juro que podía imaginarlo sonriendo. Se sentó mas cerca de mí, a la altura de mi estómago. Sentí la punta de sus dedos paseando lentamente por la piel de mi cintura, por mi cadera, por el contorno de mis senos. Me tensé y contuve la respiración mientras me concentraba en su tacto.

- Llevas mucha ropa - murmuró. Y mas rápido de lo que pensé, ya no tenía mis zapatos, mis calcetines, mis pantalones y mis panties abandonaron mis piernas. Sentí una ráfaga de viento helado acariciando mi sexo desnudo, apreté la mandíbula mientras cruzaba las piernas y me removía inquietamente en la cama. Ahora sí, estabamos desnudos. Genial. Pero él me puede ver y yo a él no. Demonios. - Maldita sea Bells... - gruñó con voz de sexo.

¡Si!

- Eres tan hermosa... - susurró. Sus manos acariciaron mis piernas, subiendo por los costados de él hasta llegar a la altura de mis muslos. - Tan suave - Contuve la respiración mientras me mordía el labio inferior. - No sabes cuanto te extrañe Bella, cuanto deseé este momento que llegara, cuantas veces te soñé, despertando caliente, enojado e impotente, porque no te tenía a mi lado, porque te había perdido, porque por más que quisiera odiarte, no podía. - Sentí la angustia en su voz, acompañada de lujuria. Apreté los ojos, por el extraño escosor que sentí en mi pecho, era culpabilidad, sabía que le hice daño y aun asi, él me amaba.

- Lo siento... - murmuré.

- Sé que lo sientes cariño... - Estaba sentado a mi lado izquierdo, una de sus manos estaba apoyada a mi lado derecho, rodeandome como un arco, se inclino con cuidado hasta que nuestros labios se rozaron con cuidad. - Es por eso que hoy día, señorita Swan - comentó volviendo a su papel de Oficial Cullen, mientras hablaba sobre mis labios. Oh por Jesucristo y todos los santos de la tierra del señor Budista. - es por eso que hoy no te dejaré descansar.

Sus labios se presionaron sobre los mios por tan solo una milésima de segundo antes de alejarse.

- No necesito descanso - murmuré.

- Mejor entonces... Ahora, mi querida prisionera, quiero hacer un experimento contigo. Como ya te dije, tengo una bandeja llena de comida, y tu tendrás que decirme que es ¿De acuerdo?

- Bueno - respondí. - ¿Por eso necesitabas la venda, no?

- Eres observadora - comentó burlón. Esperé impaciente a que pusiera lo que fuera a poner sobre mi boca. Ibamos a tener sexo con comida, demasiado sexy. Sonreí. Sentí como acariciaba mi mejilla con su mano, y luego sus labios estaban sobre los míos. Acaricié sus labios lentamente, concentrándome en su sabor y el de algo externo. Mi lengua se deslizó por sus labios, y luego el se separó de mí. Eso fue demasiado erótico. Me limpié los labios que tenía algo espeso, líquido y dulce. Reconocí enseguida que era. Chocolate.

Sentí mi cuerpo presionada bajo una oleada de placer.

- Chocolate - respondí.

- Muy bien Señorita Swan, pero esa era facil. Veamos que dice sobre el siguiente. - temblé de ansiedad. Me beso nuevamente, abrí la boca al instante, sacando mi lengua para probar el nuevo sabor que estaba en su boca. Comencé a masajear su lengua, lenta y sensualmente mientras apretaba los ojos e inhalaba. Ahora estaba un poco confundida, estaba el sabor de Edward, con un poco de chocolate y algo dulce nuevamente.

- Nutella - adiviné contra sus labios. Él sonrió y asintió. Tan rápido como se alejó, sus labios estaban sobre los míos nuevamente, ahora con otro sabor, reconocí el chocolate, la nutella y éste no supe que era. Mis labios succionaron su labio inferior mientras mi lengua lo acariciaba. La sustancia era líquida, dulce y un poco ácida. Estaba totalmente perdida.

- ¿Y bien? - preguntó sobre mis labios.

- No, todavía no, pero si me deja probarlo un poco más, quiza lo pueda adivinar. - Me beso con fiereza mientras nuestras lenguas se encontraron de nuevo, lo moví con agilidad tratando de reconocer ese maldito sabor. Gemí en su boca cuando su mano estaba sobre mi pecho, estrujando con ganas.

- Era jugo de frambuesa - musitó mientras rompía el beso.

- Ya lo sabía, solo quería besarte mas - mentí. Él solto una risita burlona.

- Bueno, bueno... eres pésima para este juego. Que por cierto, ya terminó.

- ¿A qué te refieres? - pregunté. Sentí el tirón de la venda rosando mi rostro, y en un segundo, mis ojos ya eran libres de ver. Pestañeé varias veces para acostumbrarme a la tenue luz que había en la habitación. Miré alrededor hasta encontrarme con la cosa mas hermosa del mundo.

Edward, Cullen, sentado en la cama, a mi lado, Desnudo, Des-nu-do, con una tremenda erección entre sus piernas. Sentí el líquido caliente resbalando entre mis piernas, probablemente dejando una laguna. Me mojé los labios al mismo tiempo que contemplaba su belleza.

- A que ahora te voy a follar - murmuró mientras tomaba la bolsa de condones y sacaba una caja de ellas.

Mi corazón se detuvo por un segundo y luego saltó como un maniático, tratando de mandar la mayor cantidad de sangre a todo mi cuerpo que estaba caliente por él. Sentí mi rostro sonrojado mientras en mi mente se proyectaban todas las imagenes de él follandome. Follar, que hermosa palabra, creo que podría hasta recitar un poema con ella.

Edward Cullen, el hombre mas hermoso de la ciudad.
Estaba paseando por las calles de Liverpool.
Se encuentra con Isabella Swan.
Van a un hotel.
Y el le dice:
Te voy a follar en la mañana,
Te voy a follar en la tarde,
Te voy a follar en la noche
Hasta cuando el viagra me ayude.

Nop... Creo que me moriría de hambre si soy poeta.

Él se subió a la cama, caminando hacia mí de rodillas, con su erección perfectamente erguido cubierto de un chaleco ante-bebés, que apuntaba hacia mí, como si me estuviera señalando, "Tu bebe, sí, te llamo a ti" Podía escucharlo mientras me llamaba.

Sip, Estoy totalmente estúpida. Pero es que... ¡Por favor! ¿Qué esperaban? Edward Cullen, esta enfrente mío, desnudo, mirandome con hambre y deseo, con la firme idea de que va a enterrar esa cosa suya tan dura y erguida en mi caliente y humedo sexo hasta que ya no pueda gritar mas su nombre. Creo que mas estúpida no podía estar.

Mis piernas se abrieron enseguida como acto reflejo, mientras recorría todo su cuerpo con mi mirada.

- ¿Ansiosa? - preguntó con una sonrisa engreída.

- No lo sé, puedes mirar y averiguarlo - le dije mientras flexionaba las rodillas y ponía las plantas de mis pies en la cama, totalmente abierta y expuesta a su mirada. Escuché un gruñido saliendo de su pecho mientras tragaba en seco.

- Puedo ver lo ansiosa que estas - dijo en un hilo de voz. Sonreí.

- Entonces... Vas a usar eso que tienes allí, o solamente lo tienes de adorno para colgar toallas - pregunté. Él me miró indignado.

- Oh Cariño... Lamentarás haber insultado mi miembro - dijo con voz oscurecida. Me mordí el labio inferior mientras él tomaba mi tobillo derecho y tiraba de él suavemente hasta la altura de su cadera. - Planeo usarlo, muchas veces - comentó mientras se acercaba un poco más, mi pulso se aceleró al sentir su cercanía, mi centro estaba palpitante, más de lo normal, gritando por él. Tomó mi otro tobillo y también lo puso a la altura de su cadera, haciendo que lo envolviera.

- Muchas palabras, poco acción - sonreí con malicia, él me devolvió una sonrisa también, con sus ojos verdes oscurecidos de lujuria.

Sus ojos eran verdes, no sabía si era mi imaginación o se había quitado los lentes. Se fue inclinando lentamente hasta que apoyo su frente a la mía y me sonreía. Sí, confirmado, estaba sin lentes.

- Vamos a empezar con tu tortura - susurró a la vez que entraba en mí lentamente, deslizandose con suavidad. Cerré los ojos y me mordí el labio inferior mientras lo sentía llenandome.

- Dios - gemí a la vez que apretaba las manos con fuerza, tratando de librarme de los pañuelos. Sus manos que estaban en mis muslos, se deslizaron hasta llegar a mi trasero y apretarlos con fuerza contra él. Abrí los ojos para encontrarlo a él con los ojos cerrados, la boca apretada mientras se movía lentamente dentro de mí, tortuosamente lento. Saliendo con lentitud y luego entraba con fuerza. - Abre los ojos. - Ordené.

Él hizo lo que le pedí, me observó a los ojos mientras nuestros cuerpos estaban unidos, moviendonos al unísono. Su velocidad era placentero pero a la vez era una tortura, necesitaba más, necesitaba sentirlo mas rapido, fuerte. Quería sexo salvaje, y el no me lo iba a dar porque quería torturarme.

- Bella - gruñó mientras seguía moviéndose.

Su calidez invadió mi cuerpo y mi alma, podía ver a travez de sus ojos, que me observaba con lujuria, con pasión, con deseo y con amor, mientras me embestía.

- Necesito... Mas - murmuré mientras agitaba mis muñecas, tratando de tocarlo con mis manos, necesitaba sentirlo más. Sus labios estaban sobre los míos a la vez que su mano se deslizaba por mis costados, acariciandome. - Suelta mis muñecas - pedí.

- No Bella, es un castigo, no te soltaré las muñecas - murmuró con una sonrisa.

- Hijo de puta - gruñí, él soltó una risita. - Necesito tocarte, por favor...

Sus manos recorrieron mis costados, tocando mis senos, mis brazos hasta que llegó a mis manos y entrelazó sus dedos con los míos, mientras se erguía un poco y me miraba hacia abajo, apoyando su frente en la mía.

- ¿Mejor? - preguntó con una sonrisa.

- Ah.. Sí - gemí apretando sus manos mientras echaba mi cabeza hacia atrás por el placer de sus embestidas. - Mas fuerte...

Soltó un fuerte gruñido a medida que aumentaba su intensidad y su velocidad. Nuestros movimientos se encontraron, él entraba y salía de mí rápido y fuerte, podía escuchar la cama como crujía al compas de nuestros movimientos. Solté muchos jadeos y gemidos a medida que seguía embistiendome.

- Edward - gemí arqueando la espalda mietnras enterraba la cabeza en la almohada, sus labios se fueron a mis pechos que se expusieron ante él, succionando con fuerza mientras seguía embistiendome. Creo que mis nudillos se pusieron blancos de lo mucho que apretaba sus dedos a medida que el calor se concentraba en mi bajo vientre.

- Eres tan deliciosa Bella - murmuró contra mi pezón, donde mordisqueó y chupo con ganas.

- Demonios - gruñi sintiendo mi orgasmo cada vez mas cerca.

- Dí mi nombre - demando mientras sus embestidas eran mas fuertes y profundas, sentí que me iba a morir en este minuto de placer.

- Edward, Oh Dios... ¡Edward! - grité a la vez que la energía acumulada explotó, invadiendo todo mi cuerpo. Llegué fuerte e intensamente, mi interior se contrajo alrededor, envolviéndolo. Él gruñó mientras seguía embistiendo. Mi cabeza daba vueltas y mi ritmo cardíaco estaba demasiado rápido.

- Bella - gimió con fuerza mientras enterraba su cabeza en mi cuello y me mordía sensualmente, llegando a su orgasmo. Sentí sus dientes clavándose en mi piel con fuerza.

- Oh Dios - jadeé de dolor y de placer al mismo tiempo. Nos quedamos quietos por un momento mientras yo me recuperaba del tremendo orgasmo que acababa de tener. Él se desplomó sobre mí, soltando mis manos para dejarlos en la cama. Su cabeza estaba apoyada al lado mío, mejilla contra mejilla. - Me mordiste - susurré.

- Lo sé - respondió soltando una risita.

- Eso fue caliente - susurré.

- Lo sé... - respondió.

- Te amo - murmuré, forcejeando mis muñecas, ahora tratando mas que nada de librarme esos benditos pañuelos y tocar su rostro, para decirle lo mucho que lo amaba mientras lo miraba a los ojos. - Sueltame... - pedí.

- No todavía, no he terminado contigo - murmuró contra mi cuello.

- Mírame entonces - se alejó de mi cuello para mirarme con sus ojos verdes. Una electricidad invadió mi cuerpo mientras lo observaba. Su mano se elevó para descansar en mi mejilla, y una sonrisa apareció en su rostro. - Te amo - dije con voz firme. Sus ojos verdes brillaron de emoción mientras su sonrisa se ensanchaba.

- Lo sé - respondió mientras me besaba con cariño. - Pero no tanto como yo.

- Como quieras - gruñí devolviendole el beso. Nuestras lenguas se encontraron, acariciandose mutuamente mientras encendía el fuego que había entre nosotros.

- Entonces - murmuró separándose para mirarme mientras lo sentía endurecer dentro de mí. Oh por Dios... - ¿Cuantos condones planeas usar exactamente?

Lunes 5 de Septiembre 2011, 7:48

Hola, 7814 palabras... creo que me excedi solo un poco xD Mi inspiración se fue nuevamente, y eran 5000 cuando no paso nada de nada y dije: No le puedo hacer de nuevo esto a las chicas :/ así que.. ahi les dejo el lemon oficial. Creo que en este fic habran mucho...

Un capitulo demasiado largo, gracias por todo su apoyo y espero que les guste.

Nos vemos la otra semana en el proximo capitulo de Libre Albedrío.

Se despide Atte.

FANOFSM