EL TERCO IDIOTA
Mi mente daba vueltas, veía colores por todas partes, la energía traspasaba todo mi cuerpo y una sonrisa idiota aparecía en mi rostro.
Orgasmo numero 8. Listo.
Deje caer pesadamente mi cabeza sobre la almohada mientras suspiraba. Edward envolvió mi cintura con sus brazos y enterró su rostro en cuello.
- ¿Ya estas cansada? Pensé que querías ocupar los 36 condones y no llegamos ni a los diez - murmuro divertido.
- Lo siento, creo que mi cuerpo no esta preparado para soportar ocho orgasmos seguidos y mucho menos tener mas energía para ir por mas. No soy tan fuerte como tu - soltó una risita divertida.
- Supongo que contigo a mi lado, desnuda, me da suficiente energía para ir por mas. - comento besando mi cuello. Rodé los ojos y me mordí el labio inferior para contener el gemido.
- Ni se te ocurra ir por otro ahora mismo, porque me quedare disfonica, invalida y con dificultad para orinar. - adverti a la ves que ponía mis manos en sus hombros y lo aparte con fuerza. Tome la sabana blanca y me cubrí con ella.
- Vale, entonces vamos a dormir ahora. ¡Uff! Que sueño - comentó bostezando y estirando su cuerpo perezosamente. Observé su perfecta anatomía por unos segundos antes de mirarle al rostro con las cejas alzadas.
- Ven acá, por favor - susurré. Él se acercó arrastrandose por la cama. Lo abracé por la cintura apoyando mi cabeza en su hombro, a la vez que el me rodeaba con sus brazos.
- Buenas noches, linda. Sueña conmigo - dijo besando mi frente. Cerré los ojos por un y luego los volví a abrir, observando al techo mientras trazaba pequeñas figuras sobre su torso desnudo con mis dedos.
- Siempre sueño contigo - murmuré. Hubo un prolongado silencio mientras yo esperaba unos segundos, haciéndole creer que ya había conseguido su objetivo, pero estaba equivocado si pensaba que lo había logrado. Sonreí con malicia. Su respiración se volvió un poco acompasada, pero sabía que no estaba durmiendo. - Edward - susurré.
- ¿Si? - pregunto acariciando mi cintura con sus dedos.
- Te extrañé - murmuré.
- Lo sé.
- Te amo.
- Lo sé.
- No soy tonta.
- Lo sé.
- No lograste tu objetivo.
- Lo sé.
- ¿De verdad lo sabías?
- No.
- Así que vamos a hablar del tema.
- Demonios.
- ¿Creiste que lo iba a olvidar?
- Por un momento sí, pero ahora se que no. - murmuró.
- Yo ya sabía lo que planeabas.
- Demonios.
- Solo quería darte un poco de esperanzas para que creyeras que habías logrado tu objetivo.
- Eres malvada.
- Lo sé - murmuré riendo.
- Me diste falsas ilusiones, yo pense que con mi poder orgasmico logré distraerte y agotar tus energías para que no pudieras pensar en otra cosa que no fuera en mi nombre. - dijo dramáticamente.
- No te halagues por favor - me burlé. - Puede que este cansada y tu nombre nunca dejará mi mente, pero por mas pontente que sea tu poder orgasmico, no podrá contra mi inteligencia.
- Mi poder orgasmico dura hasta de los ocho orgasmos, así que de todas maneras es efectivo - Se defendió.
- Si bueno, de efectivo, si es efectivo, pero no implacable. Soy como una especie de escudo, ningún orgasmo podrá con mi mente.
- ¿Y si pruebo con otro orgasmo?, quizá esta ves sea un poco mas efectivo - susurró seductoramente, acercó su cuerpo al mío y me rodeó con un brazo.
- Cullen. Distancia - puse mis manos en su pecho para tratar de alejarlo, me mordí el labio inferior para no jadear ante la sensación. Amaba tocar su cuerpo. Cerré los ojos y respiré un par de veces para no caer en la tentación de dejar de lado mi cordura y montarlo, de nuevo.
- ¿Valió la pena el intento, no? - preguntó con inocencia, antes de darme un beso en la mejilla y alejarse completamente.
- Si, me agrada tu perseverancia, pero ahora será mejor que hables - o iremos por el noveno condón pensé.
Suspiró.
- No te puedo contar todo, y mas que no poder... no te quiero contar todo. - reconoció.
- Bueno... cuenta lo que quieras contarme entonces. Déjame ayudarte, por favor.
- No puedes ayudarme Bella. Es peligroso.
- ¿Por qué es peligroso? ¿Por qué te persiguen? ¿Quien te persigue? - solté una lista de preguntas como si fuera un interrogatorio, y me mordí la lengua para no soltar otro listado de prenguntas mas.
- Mira... - murmuró. - Me persiguen por dos razones, una porque puedo ser algo que ellos no quieren que sea, y sé algo que ellos quieren saber. ¿Quién me persigue? No tengo ni la menor idea, bueno tengo una idea de quien puede ser... ¡Señor! Empecemos todo desde el principio.. ¿Te parece?
- Si.. Mejor, porque no entiendo nada.
- Hay algo de que no sabes de mí. No sé porque no te conté, quiza no se dio, pero bueno...
- Solo dilo - murmuré impaciente.
- Si seras mandona - resopló divertido.
- Lo siento - respondí mientras dejaba un beso sobre su pecho desnudo y me separaba rápidamente. - Continúa por favor...
- Mi padre era dueño de una larga cadena de hoteles. Cuando murió e internaron a mi madre en el instituto, mi tío Carlisle quedó a cargo, a pesar de que no quería hacerlo porque según él, era mucha responsabilidad y estaba felizmente casado con Esme. Pero lo hizo de todos modos porque era algo que mi papa le había pedido. Los hoteles se llaman "Eaven" - Eaven... Mis ojos se abrieron desmesuradamente, ese nombre se me hacía conocido. - Son cinco en total, uno está en Manchester, hay otro en Paris, otro en San Francisco, USA, otro en Berlín y por último en...
- Shangai - dijimos al mismo tiempo.
- ¿Lo conoces? - preguntó sorprendido.
- Sí...
- Mi tío solo es el "dueño" por así decirlo, los hoteles estan a su nombre, pero el se niega a hacerce cargo. No le gusta la vida de empresario y prefiere estar en el campo, por eso vive en Liverpool con Esme, pero de cierta forma, controla los hoteles. Y como es de esperarse, hay personas que no estan muy felices de que "Eaven" sea tan conocido. Sé que eres lista Bella, y por eso, también sé que ya dedujiste una de las razones por la que me estan persiguiendo. ¿Tienes una idea hasta ahora? - creo.
- El accidente automovilístico no fue un accidente. Tu eres el heredero, te quieren muerto. - murmuré rápidamente.
- Así es Bells...
- Pero... hay algo que no entiendo. Tu padre era el dueño de Angel, lo mataron y ahora Carlisle quedó a cargo. ¿Por qué a él no le han hecho nada? ¿Y por qué a ti si? Se supone que el objetivo del asesinato es para que Eaven deje de funcionar...
- Porque mi padre hizo algo que el enemigo de Eaven atacara. Mi principal sospechoso es Aro, el dueño de "Tream".
- ¿Qué hizo tu padre? - pregunté.
Me alejé de él para ir a la mesita de noche y prender la lámpara. De ésta forma lo podía mirar mientras me hablaba. Me cubrí nuevamente con las sabanas y volví hacia él apoyando mi codo en la almohada mientras sostenía mi cabeza con mi mano. Él me observó con atención acariciando la mejilla.
- Esa es la parte del secreto que no te quiero decir - murmuró. - No por que no confíe en ti, sino que el hecho de que tu sepas, te hará una victima más.
- No entiendo...
- Mi papá tenía cierta información, Aro la quería y mi padre no se la quiso dar. Es solo una teoría, no estoy seguro de si sea verdad o no, pero creo que lo mataron por venganza y porque era el dueño de Eaven. Dos pajaros de un tiro. Y da la casualidad de que yo soy el heredero de los hoteles y además, también tengo la información que mi padre sabía, porque me lo dijo antes de morir. Me dijo la primera parte y la otra parte, la deduje. Entonces me están persiguiendo porque quieren sacarme información. Si yo te digo... Tu... - su rostro se contrajo en una mueca mientras trataba de formar una frase coherente. - Nunca te lo diré, ¿Entiendes? Por que si te digo, tu vida estaría en riesgo. Tienes claro que no dejaré que eso ocurra, ¿Verdad?.
- Si pero... -
- Se supone que seré dueño de los hoteles cuando me case. - me interrumpió.
- Pero ahora estas muerto, eso quiere decir que Alice es la siguiente heredera. ¿Ella no correrá peligro?
- No, porque ella esta siendo protegida por el FBI. Además, todavía no es la dueña porque no se ha casado. Y dado a esta situación, no lo hará.
- Si a ella también corre riesgo, ¿Por qué fingiste tu muerte? ¿Por qué no entraste a uno de esos programas como ella?
- Por que yo quiero pasar desapercibido... Necesito saber quien mató a mi padre, y quiero investigar quien fue. Estoy seguro de que soy la unica persona que puede averiguarlo.
- Asi que... te escondes porque quieres investigar sin ser investigado, y quieres protegerte de las personas que vienen por ti - concluí. Él me sonrió orgulloso y yo le devolví la sonrisa.
- Mi "suicidio" solo funcionara por un tiempo, muy pronto descubrirán que no estoy muerto y comenzarán a buscarme, pero para entonces, tendré un poco mas de información o eso espero.- dijo.
- ¿La FBI sabe sobre tus planes? - pregunté.
- Algo así... - murmuró.
- ¿Cómo que algo así?
- Bueno... Emmet sabe sobre mis planes - dijo con voz suave. Sus dedos bajaron a mi cuello y acercó su rostro mas al mío. Mi pulso comenzó a acelerar por la cercanía.
- Lo llame el otro día - comenté cerrando los ojos para tratar de concentrarme. - Cuando supo quien era me cortó.
- Lo sé... Yo estaba allí.- murmuró
- ¿Sí? - pregunté sorprendida.
- Estabamos hablando sobre los últimos detalles. Luego sonó el telefono y hablaste. No supe como reaccionar, pensé por un momento que finalmente te había olvidado, pero en verdad no pensaba en ti por todas esas cosas que han ocurrido ultimamente. Entonces apareces de la nada, diciendo "Soy Bella" como si no fuera la gran cosa.
- ¿Tu cortaste el telefono?
- Si... - confesó un poco avergonzado. - Fue mi impulso idiota. Pensar que llamabas para confirmar mi muerte, me hizo creer que todavía te importaba, que tal vez todavía sentías cosas por mí, tal como yo lo hago por ti. No supe como reaccionar ante eso, y fue entonces cuando tomé bruscamente el teléfono y colgué. Emmet me dijo un par de insultos y que cambiara mi residencia a un lugar con excremento. - Mis pies, involuntariamente se fue acercando más y más a su pierna, hasta que finalmente los entrelacé. - Dios Bella...
- Continúa por favor - murmuré.
- Casi lo maté cuando te invitó a mi funeral, porque yo estaba en Liverpool y bueno, el hecho de saber que ibas a estar aquí conmigo me mataba, porque no me reconocerías, porque ya no podía decirte lo idiota que fuiste, porque no iba a tener la oportunidad de perdonarte, porque no iba a poder hacer esto nunca más - susurró mientras acariciaba mi mejilla y besaba mis labios con suavidad. - Porque nunca más te haría el amor - dijo lo último lentamente.
- Pero creíste mal - contradije, él asintió.
- Cuando dijiste que no podrías venir, no sabía si estar decepcionado o feliz. Por un lado quería verte, pero por el otro, no quería hacerlo porque si te veía, no podría hacer las cosas que te quiero hacer... Iba a ser una especie de tortura y no lo sé... Entonces te vi hoy día, te vi en mi cafetería preferida. Me senté en la mesa que estaba cerca tuyo, y pensé en lo estúpido que fui al creer que te había olvidado.
- Y cuando nos miramos... - murmuré.
- Cuando nos miramos - continuó interrumpiéndome - Dios Bella - Pegó su frente a la mía y me observó con esa intensidad que me traspasaba el alma. - Mis recuerdos no le hacían justicia a lo que veía en ese entonces, mis sueños no tienen comparación a lo que eres realmente Bella. Me dí cuenta lo mucho que te había extrañado, lo mucho que te necesitada, lo mucho que me hiciste sufrir y aun así lo mucho que te amaba. Luego te fuiste al baño...
- Fui al baño porque crei que me estaba volviendo loca. Cuando pasaste a mi lado sentí tu aroma y por un momento pensé que volviste de la muerte, aunque en el fondo siempre supe que no estabas muerto, lo sentía. Después pediste la tasa de cafe bien cargada, tu voz hizo que me atragantara. Pensé que eras un maldito fantasma... - Sonrió con ternura. - Luego te vi y me di cuenta de que eran iguales, pero no eras tu. No era Edward Cullen, no era mi Edward y eso fue lo peor de todo. Después fui al baño, y cuando salí tu ya no estabas, o según yo, el desconocido lindo no estaba.
- Entonces saliste de la cafetería ¿No? Y resbalaste en con los escalones. - asentí un poco avergonzada. Él acarició mi mejilla mientras besaba mi frente. - Yo estaba cerca, oí como alguien se caía y luego oí tu voz. Fue entonces cuando me di cuenta de que tu te habías caído, no sabía si seguir adelante e ignorarte o volver para ayudarte. Me dije a mi mismo que me aseguraría de ver si estabas bien antes de irme. Me volteé y vi que estabas llorando...
- No estaba llorando - aclaré. Yo soy ruda, no lloro.
- Bueno... vi que no estabas llorando - dijo remarcando el no, rodeé los ojos - Pero de todas formas, estabas en perfectas condiciones, no estabas muriendo o algo así. Entonces pensé que tenía que irme, pero la otra parte de mí decía que tenía que ayudarte, que no me reconocerías y como un idiota, me acerqué. La verdad es que el hecho de ayudarte era solo una excusa, yo sabía que en el fondo moría por verte, aunque estuviera mal, incorrecto, pero necesitaba hacerlo.
- Si bueno... si tu intención era ayudarme y tratar de no ser descubierto, entonces fallaste, porque en el segundo que vi tus ojos de cerca y me di cuenta que usabas lentillas, tu plan de suicida se fue por el retrete.
- Debí haberlo pensado mejor, pero en ese momento no estaba pensando racionalmente, solo quería verte y tenerte cerca, y abrazarte y... te quería a ti.
- Y ahora me tienes - murmuré.
- Por ahora - dijo con tristeza.
- No tiene por que ser así... - respondí. Tomó mi rostro entre sus manos y me besó con fiereza, atrapando mis labios entre los suyos mientras nos movíamos rápidamente. Su tibia y suave lengua entro en mi boca, acariciandome con fervor, como si fuera el último beso.
Uno de sus manos bajo por mis costados y los dejó en mi muslo, tomándolo para colocarlo en su cadera. Solté un gemido cuando sentí su erección en mi entrada. Se alejó de mis labios y gruñó salvajemente a la vez que se dirigia a mi cuello.
- Edward - medio gemi, medio llamé. - No... - murmuré.
- Te necesito - me interrumpió. Su mano abandonó mi muslo y se dirigió a mi seno, que comenzó a estrujar, gemimos al mismo tiempo. - Tu también...
- Ahora no, estas tratando de distraerme y no voy a permitir que... - Sus labios volvieron a atacar mi boca para silenciarme. Gruñí en frustración, él quería evitar esta conversación pero estaba equivocado si pensaba que iba a lograrlo, o quiza yo estaba equivocada si pensaba que lo iba a resistir. Puse mis manos en sus hombros y traté de alejarlo, pero el insistía e insistía. Quería responderle, de hecho, le estaba respondiendo, mi cuerpo le estaba respondiendo, pero él no va a ganar esta vez.
No.
El es terco.
Yo también.
Mordí sus labios fuertemente. Se alejó de mí rompiendo el beso.
- Demonios Bella. - gruñó medio enojado, medio excitado. - ¿Cuál es tu problema?
- ¿Cual es tú problema? No trates de evitar esta conversación. - sus ojos desprendían furia, necesidad y deseo. Me lanzó una mirada intensa, él estaba muy dispuesto a evitar el tema a toda costa, podía leer la determinación en sus ojos. Tragué saliva con dificultad mientras lo observé remojando sus labios.
Cerré los ojos y respiré un par de veces. Me senté en la cama y tomé la sabana para cubrirme antes de poner mis pies en el suelo.
- Déjame ayudarte. - pedí dándole la espalda.
- No. - escuché su voz firme. Demonios.
- Puedo ayudarte, dejame hacerlo.
- No - gruñó.
- ¿Quién mas sabe del asunto? - pregunté para cambiar el tema. No quería discutir, todavía no. Giré sobre mi misma y me golpeé mentalmente porque había olvidado que estaba desnudo.
Tragué saliva con dificultad mientras sentía mis mejillas llenándose de sangre. Una sonrisa engreída se extendió por su rostro a la vez que se apoyaba con el codo. Sabía lo que provocaba en mí y le gustaba. Baichi.
Me acerqué a la cama tomando una almohada antes de ponerlo sobre su masculinidad y alejarme rápidamente, arreglando la sabana para cubrirme más. Él soltó una risita divertida y rodó los ojos.
- Si tu intención es tratar de no excitarme cubriendo tu cuerpo con esa fea sabana blanca, no lo estas logrando. Puedo ver perfectamente tu maravillosa silueta a travez de ella, por la luz de la luna cariño. - sonrió guiñándome un ojo.
Tan sexy.
Maldito.
Mira como te lanza esa mirada de "Te voy a follar duro".
Gil.
Pero esta bueno.
Gilipollas.
Oh si. Tiene una buena polla.
¡Maldición!
Me mordí la lengua preveniendo los insultos hacia su persona por hacerme pensar esas cosas, mientras apretaba la sabana alrededor de mi cuerpo para que no me viera nada. Su risa burlona me indicó que no estaba funcionando.
Imbécil.
- Puedo ver tus pezones erectos contra la tela, Bella. - murmuró con voz profunda.
Jodete.
Jodeme.
Oh si... Jodeme.
- Solo... Callate ¿Sí? - Me crucé de brazos, cubriendo mis pezones, pero sus ojos no abandonaban mi cuerpo, y observé con furia cuando sonrió maliciosamente.
- Tus pechos se...
- ¡Callate y respondeme la puta pregunta! - antes de que digas algo mas y te salte encima y te viole desvergonzadamente.
El muy imbécil soltó una maldita carcajada.
- ¿Cómo quieres que responda la pregunta si me estas callando? - preguntó con sus cejas alzadas. Se burlaba, le gustaba ver mi torpeza cuando el me ponía nerviosa. Le gustaba saber que tenía control sobre mi maldita y puta cordura.
Demonios.
- Responde a la pregunta, por favor. ¿Quién mas sabe del asunto? - supe entonces que también estaba evadiendo esta pregunta. Su sonrisa egocentrica abandonó su rostro, dando a lugar una mueca. Estaba ocultando algo.
- Alice - respondió.
- ¿Solo Alice? - pregunté desconfiada. Frunció el ceño ligeramente, y me di cuenta enseguida que estaba pensando en una excusa o una forma para mentirme.
- Alice y Emmet - respondió. Rodeé los ojos.
- Eso ya lo sabía - murmuré. - ¿Me estas ocultando algo?
- Demonios - gruñó. - Sí.. Hay alguien más que sabe, pero me hizo jurarle que no te podía decir a ti.
- ¿Lo o la conozco?
- Más o menos - respondió
- Si no quiere que sepa quien es, por mi bien. - dije encogiéndome de hombros - ¿Qué harás cuando descubras quien asesino a tu padre?
- Lo entregaré a la policía, o si no tendré que entregar su cuerpo inerte y yo iría a la cárcel. Pero no podré ser el padre de tus hijos si voy a la cárcel, así que la segunda opción esta descartada. - murmuró.
¿Porqué hace esas cosas?
¿Cómo es posible que puede decir palabras tan lindas?
Maldito.
Te maldigo por lo tierno que puedes llegar a ser.
- ¿Cuándo va a terminar toda esta locura? - pregunté tragando saliva, y las ganas de ir a la cama y abrazarlo con fuerza. Me estaba diciendo que quería tener hijos conmigo, me estaba afirmando que vamos a tener hijos. ¿Qué puedo hacer ante eso? Apreté los ojos para pensar con claridad - ¿Cuándo podremos estar juntos de nuevo? ¿Cuando resusitará Edward Cullen? - pregunté en un susurro.
- Todo terminará cuando descubra quien mató a mi padre, podremos estar juntos cuando descubra quien mató a mi padre, y Edward Cullen resucitara cuando descubra quien mató a mi padre.
- Entonces todo se resume en eso. Si descubres quien mató a tu padre, las cosas volverán a la normalidad. - él asintió. - ¿Cuánto tiempo crees que tardes en averiguarlo?
- No lo sé. Días, semanas, meses... Años - dijo en un susurro - Todo es relativo.
- ¿Cómo planeas hacer la investigación?
- Empezaré primero pasando por todos los hoteles, buscando pistas, conferencias, reuniones, posibles enemigos. Todo. Trataré de acercarme a los administradores, mi padre nunca sospechó de ninguno de ellos porque él mismo los escogió, pero yo no soy tan confiado.
- ¿Y qué pasa si te reconocen?
- Iré cambiando de identidad. Tengo 50 diferentes documentos, y mucha ropa. Así que no sé si me puedan reconocer. Además, solo he estado en los hoteles de Manchester, Francia e Italia. Me falta el de Estados Unidos y el de China. Los administradores apenas me vieron y tenía como ocho año. Es imposible que me reconozcan.
- Pero deben tener fotos de ti, ¿Cómo puedes estar tan seguro de que no te reconocerán? Yo te reconocí... - él me miró con una ceja alzada.
- No tienen tan buena memoria, quizá piensen que soy parecido, pero nunca sabrán que soy yo realmente. Además, no te puedes comparar con ellos, ellos que vieron a un crío con el cabello revuelto y sin dientes. - Traté de imaginarlo cuando era pequeño, y una sonrisa se extendió por mi rostro, debió haber sido una ternurita.
- Bueno... ¿Y cuánto tiempo estuviste planeando todo esto? Desde tu muerte hasta la investigación...
- Hace seis meses que lo vengo planeando. Con la ayuda de.. hum.. alguien.
- Ese que me conoce, el que dice que yo lo conozco y no quiere que me enteré quién es. - Él asintió.
- Ese alguien me advirtió de todo lo que estaba pasando, de no ser así probablemente ahora estaría muerto. - Un escalofrío recorrió mi espalda de tan solo pensarlo.
- Interesante - murmuré. - Dale las gracias a ese alguien de mi parte, por favor... Ahora, sobre este asunto. Dejame ayudarte, por favor. - pedí de nuevo.
- Bella - dijo serio. Se sentó en la cama y tomó la frazada para cubrir su cuerpo. Se puso de pie y comenzó a acercarse. Podía notar la maldita erección apuntándome por sobre la tela. Cerré los ojos y tragué saliva fuermente, mientras mi corazón hacía su carrera a medida que el se acercaba. - Mírame - ordenó con voz dura. Abrí los ojos y lo encontré observándome con intensidad. - En este asunto no me puedes ayudar. Tengo que descubrirlo solo. Además, si descubren quien soy y me ven contigo, sabrán que tienes información sobre mí e irán por ti. - murmuró. Le devolví la mirada con la misma intensidad, la mirada de "No voy a dejarte ganar"
El pensaba que era la mujer indefensa, la que no podía ayudar en nada, a la que tenian que proteger, la que arruinaba los planes por su torpeza. Odiaba que pensara eso, porque no soy una mujer indefensa, porque sé que puedo ayudar, y por más torpe que sea, no era tonta. Me estaba subestimando.
- Y tu tienes que entender que se cuidarme sola, de verdad. Cuando digo que no estoy desprotegida, es porque no lo estoy - murmuré con voz firme, elevé una mano y acaricié su mandíbula, él cerró los ojos por un momento. - ¿Recuerdas cuando dije que venía de china, era cinturón negro y que me entrenó Jackie Chan? - pregunté. El lo meditó por un segundo y luego hizo una mueca de dolor.
- Si... también recuerdo que después de eso me tacleaste, te sentaste sobre mi trasero y torturaste mis bolas. ¿Cómo olvidarlo? - sonreí con ternura.
- Era para enseñarte una lección, la lección de no meterte conmigo, me estabas tocando mas de lo que yo te había permitido. - me defendí.
- Si Bella, sabes defenderte, pero eso no será suficiente...
- No mentí cuando dije que era cinturón negro - interrumpí. - Quizá haya ocultado un poco la verdad en cuando a lo de Jackie Chan, pero era muy parecido o tal vez yo no los supe diferenciar, pero como sea... Mi entrenador me ha enseñado muchas cosas de la vida, una de ellas es a defenderme y no lo hago nada mal. Gracias a esas pequeñas cosas que he sobrevivido.
Silencio. Él estaba meditando el asunto...
- Podemos buscar juntos Edward. Dos mentes son mejores que una, si me dices en como te puedo ayudar acabaremos con esta locura pronto. Y no seré una clase de carga para ti, no tendrás que estar pendiente de mí porque sé cuidarme sola.
- De eso no lo dudo, pero eso no quitará el hecho de que siempre querré cuidar de ti. - murmuró con el ceño fruncido.
Me mordí el labio inferior mientras fruncía el ceño también.
- Déjame ayudarte - insistí.
- ¿Cómo planeas ayudarme? - gruñó enojado. - ¿Vas a dejar toda tu vida atrás solo para ayudarme? ¿Estas dispuesta a sacrificar tu trabajo, tus sueños, tu futuro solo para ayudarme?
- De hecho, sí - gruñí de vuelta. - Por que tu eres mi sueño, tu eres mi futuro. Por que ya tomé la decisión "correcta" una vez y no pienso volver a hacerlo. Por que tal vez, cuando descubran quien eres y te maten, yo nunca me enteraré. Por que no quiero vivir con la incertidumbre de saber si estas vivo o no. Por que no estoy dispuesta a perderte otra vez. ¿Entiendes eso? Si estoy contigo por lo menos podre asegurarme de eso.
- No me van a matar - murmuró. Solté una carcajada sarcástica.
- Entonces si no te van a matar, no tendrías por qué estar escondiéndote y en este minuto podríamos estar los dos felices de la vida follando como ninfomanos en vez de discutir sobre este maldito asunto.
- Bella. ¡No irás conmigo! Métete eso en la cabeza, por favor - dijo enojado.
No. No me voy a meter nada en la cabeza. Apreté los dientes con fuerza y lo observé con furia.
- Sabes que si yo voy contigo podríamos descubrir al asesino de tu padre mucho mas rápido. - Puso los dedos en el puente de su nariz mientras respiraba profundamente. Dejó caer la frazada y comenzó a caminar por el salón con los ojos cerrados. Cerré los ojos también para ignorar su cuerpo.
- Bella... No me importa si es mas rápido o no. Tu no estas incluida en este viaje, porque no pienso arriesgar tu vida bajo ningún concepto. ¿Entiendes eso? - dijo con voz suave.
- Yo tampoco estoy dispuesta a arriesgar la tuya - murmuré todavía con los ojos cerrados.
- ¡Maldición Marie! - gruñó. ¿Marie? ¿De verdad? Nunca en su vida me había dicho Marie. ¿Por qué ahora me dice Marie? ¿Tan enojado esta que ahora me viene a decir Marie?.
Cuando abrí los ojos, él estaba sentado en la cama poniéndose sus pantalones.
- ¿Qué haces? - pregunté.
- Me visto - dijo con voz dura.
- ¿Te vas a ir?
- No tengo otra opción, si sigo acá tu seguirás con la estúpida idea de querer viajar conmigo, cosa que no harás. Sabía que no debía contarte, sabía, pero no. Quise contarte porque confié en que no ibas a meter tus narices en este asunto que no te incumbe en lo absoluto.
Había sacado a su lado idiota. Ese que soltaba palabras feas sin consecuencia, ese que cuando estaba enojado, decía las cosas más hirientes que se le venían a la mente.
No voy a permitir que me gane.
- Si por preocuparme de tu vida, por querer ayudarte para que salgas de este lío lo antes posible, entonces sí, estoy metiendo mis narices y no me importa.
- Me voy a ir de todas formas...
- ¿Vas a huir? ¿Te vas a ir porque en el fondo, sabes que mi propuesta es la mejor solución de todas, porque sabes que yo tengo razón, pero aun así vas a seguir con lo tuyo?
- Lo dices porque tienes experiencia en eso de huir cuando se presenta el primer problema ¿No? - soltó con acidez.
Apreté los puños y los dientes guardando silencio. Sabía que sus palabras los decía para herirme y había logrado su objetivo.
Idiota.
Se formó un nudo en mi garganta mientras mi vista se nubló un poco. Cerré los ojos inspirando profundamente para tranquilizar ese dolor. No me va a ganar. No me va a ganar.
Observé como se ponía los zapatos con movimientos bruscos, ignorándome. Se puso de pie, mirando a todas partes mientras buscaba su camisa, cuando la encontró, pasó sus brazos por las mangas con brusquedad, vistiéndose rápidamente. El silencio incómodo inundó la habitación y el muro de tensión que nos separaba se hizo mayor.
Se dignó a mirarme cuando finalmente se puso su sweater. Yo había permanecido quieta en todo ese minuto, observando sus movimientos, callada, sin decir ninguna palabra.
- ¿Ya te vas? - pregunté con voz neutral, agradeciendo internamente porque no se me quebró.
- Si - murmuró con voz neutral también.
- Espero que te vaya bien entonces - susurré. Él asintió con la cabeza.
Dio media vuelta y comenzó a caminar hacia la puerta. Mi corazón empezó a latir fuertemente mientras el se alejaba, a la vez que mi vista se nublaba. No quería que se fuera, no quería separarnos de esta manera.
- ¿Qué pasa si en este minuto salgo por esa puerta? - preguntó dándome la espalda.
- Tu te irías y yo te buscaría. Tu te esconderías y yo te perseguiría. Así que si sales por esa puerta, no solo te estarías escondiendo de los que quieran matarte, si no que también te estarías escondiendo de mí. Y creeme que seré mucho peor que esos asesinos cuando te encuentre. No lo dudes.
- No me encontrarás nunca.
- No lo sabes - respondí desafiante.
Él se volteó y me miró de arriba para abajo.
- Adiós - susurró antes de voltear nuevamente y abrir la puerta.
- Edward... - llamé con voz de súplica.
En menos de dos segundos, escuché un portazo, él camino con pasos fieros acercándose a mí. Su mano apartó bruscamente la sabana de mi cuerpo mientras me tomaba en brazos, envolví su cintura con mis piernas y lo besé apasionadamente.
Él soltó un gruñido antes de responderme el beso, acariciando mi lengua con la suya.
- Lo siento - susurró contra mi boca mientras caminaba conmigo.
- Lo sé - jadeé cuando mi espalda chocó contra algo duro, era la pared. Mis manos se fueron a su cabeza mientras masajeaba su cuero cabelludo.
- Sé que te importo y que por eso te preocupas. Yo estaría igual si estoy en tu lugar y lamento haberte llamado una metiche. De verdad no creo que eres una. - murmuró mirandome a los ojos.
Acaricié su mejilla mientras le regalaba una sonrisa.
- Lo sé. ¿Eso quiere decir que me dejarás ayudarte? - pregunté. Él asintió con una sonrisa. - ¿Viajaré contigo? - Él asintió. - ¿Estaremos juntos?
- Absolutamente.
- Gracias - lo abracé apretandolo contra mí. - Gracias por dejarme ayudarte.
- Gracias por querer ayudarme. Te amo - susurró en mi oreja.
- Yo también - respondí mientras le daba un beso en los labios.
Esto era solo el comienzo de nuestro viaje.
Orgasmo numero 9. A por ti.
Martes 20 de Septiembre, 2011 3:02 a.m
Sin comentarios acerca de mi tardanza. No tengo excusa alguna mas que el de una estudiante con pruebas. Lo único que puedo decir es lo siento y espero que les guste este capitulo.
Nos vemos en el proximo entonces.
Atte.
FANOFSM
