BAJO PRESIÓN
Sentí sus ojos marrones registrarme con la mirada. El ceño fruncido y sus labios rojos apretados en una lieaa, solo causaron que mi sonrisa se ensanchara.
- ¿Cómo supo mi nombre? - murmuró con su voz aterciopelada, pero mas chillona.
- ¡Amiga! - grité - Esperaba una bienvenida mas entusiasmada Lis. Después de que te fuiste y me dejaste sola en Inglaterra como la perra idiota que eres ¿Me recibes así? Eres una desconsiderada - murmuré golpeando su hombro con fuerza. Él.. Ella se quejó audiblemente, pero sabía que a mi me había dolido mas que a él.
- Ya te pedí disculpas por eso. No tenías que golpearme, amiga - murmuró frunciendo el ceño.
- ¿No me vas a hacer pasar? - pregunté cambiando el tema. Antes de que me respondiera, pasé por su lado y entré a la habitación.
Escuché como la puerta se cerró detrás de mí y me volteé para mirarlo.
- ¿Qué haces acá, Bella? - preguntó con voz demandante.
Cuando lo vi hace un rato, mi enojo hacia él había pasado y tenía pensado abrazarlo, darle un beso y perdonarle oficialmente por lo que hizo en Inglaterra. Pero su actitud hizo que mi enojo volviera y con ello, mis deseos de venganza.
Caminé dos pasos hacia adelante, acercándome a él. Puse mis manos en su abdomen y fui subiendo, pasando mis manos en sus pechos mientras los apretaba. Sentí su cuerpo tensarse y yo sonreí en respuesta, poniendo mis manos en sus hombros. Miré hacia arriba, fijando mi vista en sus ojos marrones.
- Vine porque te quiero ayudar - susurré. - Sé que puedo hacerlo. También vine porque te echaba de menos y quería estar un tiempo contigo. - murmuré con voz suave, pestañando varias veces para mostrar un gesto inocente. - Pero la principal razón por la que estoy aquí, es porque te amo y porque prometí que te iba a ¡Romper las bolas! cuando te encontrara - gruñí al mismo tiempo que levantaba mi rodilla derecha con fuerza y rapidez, golpeando sus partes noble.
- ¡Mierda! - gritó a la vez que se arrodillara y ponía sus manos entre su hermoso y maravilloso pene. - Dios santo, Bella. ¡Ouch!
- Para que veas que yo siempre cumplo mis promesas - dije con voz enojada. - Siempre. Para que veas que sé defenderme bien, para que veas que no soy una inservible y lo mas importante. - me agaché a su altura y puse mis manos en su rostro para que me mirara. Su expresión era digno de ser fotografiado, su rostro estaba rojo y tenía las cejas fruncidas, como si estuviera a punto de llorar. Me tragué a la Bella que lo abrazaría y dejé que Bella Bitch siguiera su papel por un rato mas. - Para que no tengas ni siquiera la fuerza de levantarte y volver a dejarme de nuevo. ¿Te quedó claro?
Soltó el aire en un gemido extraño y asintió con la cabeza torpemente. Me di cuenta de que Bella Bitch fue muy lejos esta vez, y ahora Bella buena quería hacerle cariño.
- Lo siento - susurré apenada. Me arrodillé enfrente de él y lo abracé, enterrando mi rostro entre sus tetas.
Perfecto. Estoy entre las tetas de mi hombre.
- Bella - gimió de dolor.
- ¿Quieres enterrar tu rostro entre mis pechos? - pregunté, tratando de darle una recompensa. El se separó de mí y sus ojos brillaron como un niño alegre. - ¡Oh, chiquito! ¿Te duele mucho? - puse mis manos en su cabeza y lo atraje a mí. Sentí su rostro entre mis pechos y comenzó a agitar la cabeza suavemente.
- Mucho - murmuró como un bebé. Sus brazos se fueron a mi espalda y me abrazaron con fuerza.
- Lo siento... Pero es solo para que aprendas tu lección. Si vuelves a hacerlo, la venganza que te espera sera muchísimo peor que esta. Ya te lo advertí y tu no escuchaste.
- Prometo que nunca te desobedeceré. Pero ahora, tienes que irte - dijo alejándose de mí.
- Ajá - murmuré asintiendo. - Sobre eso... No. - dije cruzándome de brazos. - Además, tu fuiste el que me mando la carta.
- ¿Qué carta? - preguntó confundido.
- La carta en donde me decías que estabas en Francia... ¡Duh! - dije agitando la cabeza.
- Yo no te mande ninguna carta. ¿De qué me hablas?
El silencio nos invadió. Me quedé mirando el vacío con los ojos abiertos, sorprendidos. Él no me envió la carta, pero si estaba en Francia. Eso significa que hay alguien que sabe sobre Edward.
- ¿Si fuera una flor, Lis? - pregunté.
- ¿Qué? - preguntó frunciendo aun mas el ceño.
- Ohdios, ohdios, ohdiosohdiosohdios... - murmuré para mi misma mientras me ponía de pie. Algo estaba mal. - Saben quien eres, saben donde estás. Nos conocen mas de lo que podrías creer... La rama, todo. No puede ser - dije cubriendo mi boca con mi mano.
- Bella.. - escuché que me llamaba, pero mi mente estaba trabajando rápidamente.
- Pero... La clave, era rama. ¿Cómo supo? Algo esta mal. ¿Has sentido a alguien siguiendote? - pregunté volteandome para mirarlo en el suelo unos dos segundos y luego seguir caminando. No me interesaba su respuesta, algo andaba mal.
- Bella... - me llamó nuevamente.
- Dijo que yo lo conocía perfectamente y me conocía perfectamente. ¿Cómo es eso posible? O quizá estaba mintiendo. Eso es, estaba mintiendo el idiota que me mando la carta. Pero quien quiera que sea, nos conoce bien. Y ademas de eso, sabe donde esta Edward, sabe quién es Edward y...
- ¡Bella! - dijo él tomandome de los hombros y me sacudió suavemente. - ¡Cálmate! - murmuró mirandome con intensidad. Me interné en sus ojos marrones, concentrándome para encontrar el verde esmeralda que me daría tranquilidad.
- Lo siento... - susurré. El sonrió con ternura y me beso suavemente antes de alejarse y acariciar mi mejilla.
- Ahora sí. ¿Qué ocurre? ¿Cuál es esa carta del que me hablas?
- Hace dos días me llegó una carta que me decía en donde estabas. Bueno... no exactamente, era una especie de enigma que tenía que descifrar. Y según mis conclusiones, me llevaron a ti.
- ¿Tienes la carta contigo? - preguntó.
- Sí... - murmuré. Rebusqué en mi bolso hasta que encontré la billetera, de ella saqué el papel arrugado en donde contenía todo. Se lo entregué y el comenzó a leerlo detenidamente.
- ¿Cómo mierda concluiste que me llamo Lis Rousseau y que estoy en aquí? - preguntó sorprendido. - Aquí no dice nada.
Sonreí ampliamente y alcé una ceja.
- Por que soy demasiado inteligente. Así que no me subestimes - dije cruzandome de brazos.
- Demonios. Tu inteligencia me excita - gruñó negando con la cabeza, observé divertida como su cabello revoloteaba al ritmo de sus movimientos.
- Concéntrate. - murmuré chasqueando los dedos. - Hay alguien que sabe de ti y de mi. De nosotros. ¿No te preocupa eso?
- Yo creo tener una idea de quién es - dijo apretando los puños. Su rostro que anteriormente estaba sereno, se volvió rojo echa una furia. No sabía si era por el maquillaje o porque estaba enojado. Frunció el ceño adorablemente y murmuró insultos en voz baja.
- ¿Quién? - pregunté curiosa.
- Ese imbécil me las va a pagar. Sabía que no debí confiar en él. Estúpido - gruñó dando vueltas de allá para acá, tratando de calmar su enojo.
- ¿Quién? - insistí confundida.
- ¡Emmet! - estalló finalmente, deteniéndose en su lugar. - El dijo que tu podrías ayudar en este maldito plan, pero yo le dije que no. Nunca respeta mis decisiones.. - Sonreí con ternura, sabiendo que Emmet me ayudo. Le debo una a ese grandotón.
- Pero.. Él es el científico - dije suavemente, mientras me acercaba a él y ponía mis manos sobre sus hombros, acariciando con la punta de los dedos. - Si dice lo que dice, es porque tiene razón.
- Nadie sabe por qué es científico. Ni siquiera él lo sabe. Simplemente es tan idiota, que percibe el mundo de otra forma y entiende la física mas. Pero lo tarado no se le va con nada. - gruñó enojado. - Y no respetó mi decisión, te mandó esta carta sin mi autorización, exponiéndote al peligro. Es un desconsiderado. - bufó. - Yo nunca haría eso si estuviera en su situación. Nunca metería a Rose en estos asuntos.
- Edward - murmuré tratando de tranquilizarlo. - No te enojes con él. Solo estaba tratando de ayudar. Emmet no me hubiera mandado si supiera que es peligroso para mí. De seguro sabe que me puedo cuidar sola, porque confía en mí. - Observé su mandibula tensarse. Tomé sus manos y los puse sobre mi cintura, él no parecía molesto con eso, pero tampoco retiró las manos.
- Bella, yo confío en ti. - murmuró mirandome. Yo observé embobada sus labios rojos carmín, y traté con todas mis fuerzas de no reir cuando él hablaba. Por que sabía que estaba hablando en serio, pero no por eso su rostro me causaba menos gracia. Me mordí el labio inferior mientras continuaba escuchandolo. - Pero si algo te pasa estando aquí, yo nunca me lo voy a perdonar. ¿Entiendes? Porque eres muy importante para mí y no estoy dispuesto a arriesgarte. - Bajó su frente hasta apoyarla en la mía.
Mordí con mas fuerza mi labio, asintiendo con la cabeza porque temía que si soltaba mi labio, me largaría a reir y no era el momento para risas.
- Pero... - susurré después de un rato. - No me pasará nada, Edward. Además, ponte en mi lugar. Si yo estuviera en peligro, ¿No harías todo lo posible para ayudarme a salir del problema? Yo te amo, y porque te amo estaré contigo en las buenas y en las malas. Y si no pensara que puedo ayudarte, no estaría aquí. Sé que puedo ayudarte, solo tienes que dejarme.
El cerró los ojos y apretó la mandíbula. Pasó sus brazos por mi cintura y me atrajo hacia él, envolviéndome en un abrazo.
- Por favor - susurré en su oído, mientras rodeaba su cuello. Sentí sus pechos de algodones contra mi clavícula y era algo demasiado extraño. Tomé un bocado de aire y percibi el olor a perfume barato. Puaj! Edward mujer, era horrible. Quiero a mi hombre, Pensé frunciendo el ceño. No me respondió, si no que solo se dedicó a abrazarme. - Bueno... entonces, ¿Cuál es el plan, camarada? - pregunté rompiendo el hielo.
- Tu te quedarás en la habitación y yo bajaré. - respondió.
- De ninguna manera. Iré contigo. - dije firmemente.
- Si tengo que amarrarte a la cama para que no salgas, lo haré - advirtió con tono amenazante. En menos de un segundo, un pequeño flash paso por mi mente, en donde él me amarraba contra la cama, pero no precisamente para motivos de retención.
Nop. Definitivamente no es el momento para pensar en esas cosas.
- Y si yo tengo que dañar tus bolas de nuevo para impedir que salgas de esta habitación sin mí, también lo haré. - dije guardando la compostura. - ¿Crees que lo harás mejor solo que conmigo? ¡Mírate por favor!
- ¡Hey! Soy una mujer hermosa. No lastimes mis sentimientos - murmuró ofendido.
- ¡Yo soy una mujer hermosa! Tu solo eres un travesti asqueroso. Aunque de cierta manera me gusta, pero eso ya tiene que ver un problema conmigo o quizá contigo. Agh! Da igual. Eres la mujer mas fea que he visto en toda mi vida.
- Tambien eres malvada. - dijo frunciendo el ceño.
- Vamos Edward - susurré suavemente haciendo un puchero. Puse mis manos sobre su brazo y comencé a pasar los dedos lentamente. - Sabes que yo sería de gran ayuda - murmuré mirándolo con ojos de cachorros. Sentí sus dedos tensándose alrededor de mi cintura, apretó su mandibula con fuerza y cerró los ojos.
- No estas siendo justa - murmuró.
- ¿De qué hablas? - pregunté con inocencia mientras subía mis dedos hasta su cuello. Me puse de puntillas y acerqué mi rostro a su cuerpo. - Yo estoy siendo muy justa - murmuré respirando sobre su cuello. - Ésto es ser injusta. - Mis labios hicieron contacto con su piel, y comencé a dejar pequeños besos mariposas. Escuché como su respiración se volvió mas pesado y soltó un gruñido cuando lamí esa pequeña porción.
- Bella - murmuró con voz ronca. - Quédate aquí, por favor. - susurró. Tomó mi rostro entre sus manos y me alejó de él para mirarme. Fruncí el ceño porque estaba usando esa mirada que no me gustaba para nada. Esa mirada que debilitaba mis poderes de autodefensa.
- Pero... - traté de protestar.
- Pero nada - me cortó. - Quédate acá. Por el momento no necesito ayuda en nada, de verdad lo tengo todo controlado. ¿Puedes quedarte aquí, por favor? - su voz era suave mientras me miraba con ojos brillantes, tratando de ser persuasivo.
- Bueno - dije finalmente haciendo un puchero.
- Hey, no te pongas triste - susurró tiernamente mientras me daba un corto beso en los labios. - Volveré. Lo prometo.
- ¿Cuándo? - pregunté.
- En una hora aproximadamente. Por mientras puedes hacer lo que quieras, ver tele, ordenar comida, cualquier cosa que te haga feliz. ¿Y Sabes? De cierta forma me alegra que estés aquí acompañándome, pero ese es mi lado egoísta, que te quiere sin importar las consecuencias - sonreí.
- A mi me gusta ese lado egoísta - murmuré. - Vale. Entonces me quedo aquí.
- Asi es - asintió sonriendo.
- Pero solo una hora, te doy una hora. Si no vuelves, iré por ti. ¿Entendido? - advertí señalándolo con mi dedo índice.
- Pero...
- Nada de peros. - dije poniendo las manos sobre mi cadera. - Si tu quieres que me quede aquí sin hacer nada por una hora, lo haré. Pero si pasan mas de una hora y tu no vuelves, no creas que me quedaré tranquila esperándote.
- Bien - dijo cruzandose de brazos. - Ahora me tengo que ir. - murmuró volteándose.
- Espera - dije tomando su brazo para detenerlo. Puse mis manos en su rostro y lo bajé para darle un beso. Mis labios se abrieron instantáneamente y me vi envuelta en un gran abrazo mientras él correspondía al beso. Su lengua entró en contacto con la mía, masajeandonos mutuamente. Era la primera vez que nos besábamos hoy día y no me había dado cuenta de la falta que me hizo hasta que volví a sentir sus labios. Delineé su labio superior con mi lengua, sintiendo el sabor familiar a rush. - ¿Edward? - murmuré sobre sus labios.
- ¿Sí? - respondió mientras seguía besandome.
- ¿Ese es mi rush? - pregunté frunciendo el ceño.
- No se de que hablas - murmuró mientras introducía su lengua nuevamente en mi boca, para impedirme hablar. Puse mis manos en su hombro y me alejé de él para mirarlo con seriedad.
- ¿Te pusiste mi rush? - pregunté de nuevo. Se quedó en silencio por un segundo y pude notar el rubor en sus mejillas, estaba avergonzado. Nunca se avergonzaba y el hecho que lo hiciera, era demasiado tierno. Sonreí. - ¡Te robaste mi rush! - grité alejandome de él mientras le apuntaba acusadoramente.
- Lo siento, es que necesitaba uno urgente y no sabía donde encontrar uno y justo estaba ese en tu cartera y como estaba preparando mi fuga... No podía simplemente despertarte para decir "Hey, me estoy fugando, pero tu no lo sabes y bueno, tomare prestado tu rush y sería. Nos vemos "... - balbuceó rápidamente. - Te compraré otro - dijo dedicándome una sonrisa. Solté una carcajada divertida, me acerqué a él y lo abracé por el cuello.
- Eres un tierno - reí mientras besaba su mejilla suavemente. - Te extrañé - susurré en su oído.
- Yo también - susurró besando mi mejilla. - Ahora sí, me tengo que ir. Nos vemos en una hora - sonrió. - Tu boca se ve graciosa, esta todo rojo. - se burló.
- La tuya también - reproché - Creo que deberías ir a retocar tu maquillaje antes de bajar. Eres un espanto. - Nunca pensé que llegaría el día en donde tendría que decirle a mi novio/hombre/loquesea que se fuera a retocar su maquillaje. Esas cosas simplemente no pasan, pero para variar, a mi me tocan las cosas mas raras.
- Igual te gusto - dijo guiñándome. Y me di cuenta horrorizada que en efecto, Edward vestida de mujer, se veía igual de sexy. No puede ser.
- Callate - murmuré. - Ahora ve a arreglar tu maquillaje y te vas. Será mejor que vuelvas en exactamente una hora, porque si no, iré por ti. Ya sabes.
- Volveré en una hora, no te preocupes - dijo tomando su bolso antes de dirigirse a la puerta.
- Te amo - murmuré mientras lo observaba salir por ella. Él se volteó y me dedico una sonrisa torcida.
- Wo ai ni - respondió y cerró la puerta.
No supe por cuanto tiempo me quedé observando la puerta, en un estado de shock. Había dicho "Wo ai ni". Me lancé sobre la cama con una sonrisa idiota en mi rostro mientras pensaba en lo que había pasado. ¡Me había dicho Wo ai ni! ¿No es un tierno? Comencé a reír sola mientras soltaba un grito de jubilo. ¿Cómo es posible que se acuerde después de tanto tiempo? Es que no podía ser mas perfecto.
.
.
.
Todo esta bien. No hay nada de que preocuparse. Solo han pasado dos minutos, dos minutos. Probablemente esté subiendo por el ascensor, o quizá había mucha gente que quería subir y por eso como el caballero que es, cedió el puesto a otras personas. O tal vez tiene unos asuntos pendientes que arreglar con el administrador, nadie sabe.
Confía en él Bella. Edward sabe lo que hace, no esta metido en problemas. Solo se ha atrasado... ahora cinco minutos. Perfecto, van cinco minutos. No es nada cinco minutos, nada. Quizá cuando iba subiendo, una niñita se tropezó y él la ayudo por el instinto doctorino que tiene. Sí, probablemente haya ocurrido eso.
¡Siete minutos! Tranquila, quizá cuando terminó de curar a la niña, ella quedó tan enganchada que comenzó a cuestionar su sexualidad y probablemente le haya preguntado a Edward si es lesbiana. Claramente, porque eso ocurre todos los días. Obvio, nada de que preocuparse.
Ocho minutos. Solo son ocho minutos, cualquiera se puede atrasar ocho minutos. Quizá en este momento, Edward esté incomodo porque la niña le pregunto si era lesbiana y él como todo un caballero, le respondió que sí. Entonces la chica se puso mas feliz todavía y como consecuencia le daría un beso.
Nueve minutos. El beso es apasionado, la niña le gusta y al parecer, a Edward también, porque todavía no aparece por esa puta puerta. Ese pervertido vestido de mujer ha corrompido a una pequeña niña y la volvió lesbiana.
¡Bastardo! Típico de los hombres. Siempre lo mismo.
Tranquilízate Bella. Solo han sido nueve minutos, no seas exagerada. Nada de lo que pensaste ha ocurrido.
¿Y que pasa si ha ocurrido? No solo me habrá engañado, si no que lo habrá hecho con una niña y encima lesbiana. ¿Cómo quieres que me tranquilice?
¡Demonios! Estoy divagando. Tengo un gran torbellino en mi cabeza que me hace pensar cosas estúpidas e imposibles. Edward nunca me engañaría y mucho menos con una niña, no seas tonta.
¿Y que pasa si ya lo hizo? ¿Y que pasa si en este minuto estén los dos traspasando saliva y todo el mundo les aplaude porque han rompido todas las barreras del amor, el de no hay edad y el de no importa el sexo? Pero.. en verdad el sexo no es uno, porque Edward aunque este vestido de mujer, tiene una evidencia, una gran evidencia que demuestra su masculinidad. Y entonces...
¡Deja de pensar estupideces!
Doce minutos.
Eso es lo que pasa cuando tu hombre está en una misión suicida y se atrasa doce minutos. No, eso es lo que le pasa a un hombre que esta saliendo con una persona mentalmente enferma y se atrasa unos malditos putos ¡Doce minutos!
Solo... respira profundo y relájate. Nada malo ha sucedido. Hay muchas cosas cotidianas en el mundo que le pudo haber pasado, nada de lo que pensaste claro esta, porque eso no ocurre nunca. Ni siquiera en las peores situaciones podría ocurrir. Simplemente no es cotidiano.
¿Ni siquiera que tropiece con una chica, y luego se vuelva lesbiana y...?
NO
Esta bien. Todo tranquilo. Yo estoy tranquila, probablemente Edward está tranquilo y bien. Así que mantente calmada, no seas una paranoica tonta.
- ¡Fuck! - gruñí hundiendo mi rostro sobre la blanda almohada.
Solo son quince minutos. No hay de que preocuparse. Nada.
¿Y si acaban de descubrir que no es Lis, y que en verdad es Edward Cullen y que viene a buscar el asesino de su padre y que tiene la información y lo secuestraron y lo matan?
Nada de que preocuparse.
Al diablo con mi intento de calma. Le dije una hora, no ha llegado. Incluso le di quince minutos adicionales y todavía no aparece por esa bendita puerta. Eso quiere decir que algo anda mal.
Ya no estoy calmada. Para nada.
Me puse de pie en menos de dos segundos, arreglando mi ropa rápidamente mientras tomaba mi bolso y caminaba hacia la puerta. Estaba rezando al cielo que cuando la abriera, su pecho masculino estuviera en mi campo visual, no importa si incluye dos senos postizos, el hecho de que estuviera allí me tranquilizaría.
Cerré los ojos cuando tomé el pomo de la puerta, y conté hasta tres antes de abrirlo. No, nada. Ningún rastro de senos botados en el piso. Suspiré y traté de tranquilizarme. Tal vez cuando vayas caminando por el pasillo, te encuentres con su espeluznante y maravilloso rostro.
O tal vez no, pensé cuando doblé hacia el ascensor y vi lo desolado que estaba la habitación.
Al menos ahora puedes desechar esa idea de que había mucha gente y por eso él se demoró.
¿Enserio? ¿Ahora es cuando puedo desechar la idea, por que el hecho de que Edward bese a una niña lesbiana que salvó de un trágico tropiezo, no es imposible?
Bufé. A veces mi mente era tan pero tan raro.
Las puertas se abrieron y el ascensor estaba vacío. No entres en pánico estúpida, solo entra a esa cabina y baja al primer piso. Mi pierna estaba tiritando cuando el ascensor comenzó a bajar, estaba realmente nerviosa y ansiosa. Tenía un mal presentimiento y no es que fuera vidente, pero nada bueno pasaba cuando sentía esas cosas.
Finalmente llegué al piso uno, y Edward no aparecía por ninguna parte. Creo que me voy a volver loca, más de lo que ya estoy.
Caminé hacia el mostrador y el chico que me había atendido en un principio ya no estaba, si no que fue reemplazado por una chica.
- Bonjour Mademoiselle, comment je peux vous aider? (*)
- ¿Hablas ingles? - pregunté rápidamente. Ella frunció el ceño y cambió su expresión al de uno confundido. Perfecto, la chica no habla ingles.
- No entiendo - murmuró con el acento francés marcado en su pronunciación.
- ¿Hay alguien que sí entienda ingles? - pregunté desesperada. Frunció más el ceño y negó con la cabeza. No supe si fue porque no entendió lo que le dije, o era "no" a lo que le pregunté.
- Espéreme - dijo antes de dar media vuelta y desaparecer por la puerta, dejándome sola en el mostrador.
- Maldita sea - gruñí por lo bajo mientras esperaba a la chica. Giré sobre mi misma y apoyé mis codos sobre la mesa, recorriendo el lugar con la mirada.
La recepción era bastante amplia, con algunos sillones donde descansaban las personas. No vi ningún rostro familiar en el lugar y comencé a preocuparme. Lo mas probable es que si la chica entró por esa puerta, quiere decir que adentro hay mas salones privados. Y si esos salones son privados entonces, allí es donde debería encontrarse la oficina del administrador, que según mis investigaciones, se llama "Michael Newton".
Una brillante pero peligrosa idea se me cruzó por la mente. Podría arruinar todos los planes de Edward, o podría salvarle el día. Era arriesgado y probablemente estúpido, pero si conseguía lo que buscaba, tendríamos muchos puntos a nuestro favor.
Suspiré y tomé la decisión de hacer lo arriesgado. Miré hacia todos lados, verificando que nadie me estuviera mirando mientras me colaba al otro lado del mostrador. Todos estaban absortos en su propio mundo que no se dieron cuenta de lo que pasaba a su alrededor. Así que primer paso, listo.
Me acerqué a la puerta por donde entró la chica y la abrí con seguridad y confianza, o eso trataba de aparentar, mientras rogaba internamente para que no apareciera alguien. Suspiré aliviada cuando vi un largo pasillo vació, alumbrado tenuemente con una luz amarilla.
Solo tienes que buscar la oficina de Michael Newton, Michael Newton. Comencé a caminar tranquilamente por el pasillo, mirando las plaquitas para encontrar el nombre que estaba buscando desesperadamente. No puse mucha atención a las letras que veía, pues ninguna empezaba con "M" así que solo los dejé pasar. Sentía mi corazón palpitando furiosamente mientras la adrenalina corría por mis venas. El miedo de ser atrapada en cualquier momento me carcomía por dentro, pero tenía que arriesgarme y si preguntaban por mí, algo se me ocurrirá. Generalmente mi mente funciona mas rápido cuando estoy bajo presión. Así que solo necesito mantener la calma.
Tuve que contener un grito de jubilo cuando finalmente encontré la bendita oficina. Cuidadosamente puse mi oído en la puerta para tratar de ver si había movimientos. Noté las vibraciones de la madera llegando a mi tímpano, se oía un eco en el fondo y solo eso. No había señal alguna que me indicara la presencia de alguien en su interior. Así que lentamente dirigí mi mano hacia el pomo y lo giré.
Con el corazón en la boca, el rostro lo suficientemente rojo como para ser capaz de detener un camión a miles de metros de aquí y con un mar de sudor bajando por mi cuello, abrí la puerta para encontrar la habitación completamente vacía. Pude respirar aliviada de nuevo. Y cuando estuve por entrar, escuché una voz chillona riendo exageradamente, que resonaba por los pasillos. Era Edward. Supuse que estaba en algunas de estos salones.
Decidí apresurarme así que cerré la puerta detrás de mí y me dirigí el escritorio. Sobre él encontré una caja de guantes de latex, agradecí internamente por la ayuda que probablemente Buda me mandó. Es que cuando entras a buscar cosas como una delincuente, tienes que procurar utilizar guantes para no dejar huellas digitales. Que tonta fui al no preocuparme de eso en un principio. Me puse los guantes rápidamente y comencé a buscar entre los cajones, traté de encontrar algún tipo de archivo que tuviera que ver con reuniones. Carpetas, cualquier cosa y no encontré nada.
Una carpeta roja llamó mi atención, pues todas las demás eran azules así que lo tomé y comencé a ojearlo. Escuché unos pasos acercándose por el pasillo y mi pulso aceleró nuevamente. Casi pegué un grito de histeria cuando un pitido sonó detrás de mí, era una agenda electrónica que estaba en el escritorio. Sin pensarlo dos veces, tomé la carpeta junto con la agenda y lo guardé en mi bolso.
Los pasos se detuvieron frente a la puerta y luego el pomo comenzó a girar.
- Señor Mike - dijo la voz de un joven. Abrí los ojos desmesuradamente y fue allí cuando mi mente pensó en algo inteligente.
Puse mis manos sobre el escritorio y comencé a balancearlo constantemente, produciendo sonido con todas las cosas que estaba encima de ésta.
- ¡Oh! - gemí. - ¡Oh sí! ¡No pares! - gemí nuevamente mientras continuaba con el terremoto que estaba causando en el escritorio. - ¡Oh! - gemí mas fuerte. - ¡Mas, mas, mas! Así es querido, sí, mas fuerte, tu sabes! ¡Sí!
Rápidamente la puerta se cerró frente a mí y escuché los pasos del chico corriendo mientras se alejaba. Misión cumplida. Me hubiera quedado para robar mas cosas y a celebrar mi pequeña victoria, pero lo que paso fue realmente arriesgado y tenía que salir de allí ahora mismo.
Abrí la puerta de la oficina y asomé la cabeza para asegurarme que no hubiera nadie. "No hay moros en la costa" Me susurré a mi misma, y mientras lo hacía, salí de la oficina. Comencé a correr por el pasillo rápidamente, sujetando mi bolso contra mi pecho para que no causara tanto ruido. Estaba a punto de llegar a la entrada cuando la puerta se abrió ante mí y apareció un hombre rubio por ella. Me detuve en seco, mi corazón había quedado en el suelo a unos metros atrás. Se salió de mi pecho cuando estaba corriendo. No resistió la presión.
Tragué saliva y me arreglé la ropa, tratando de parecer normal. Improvisa Bella, tal como lo hiciste hace un rato. El hombre me examinó, mirándome de arriba hacia abajo. Cuando poso su mirada sobre la mía, me sentí pequeña.
- Bonjour - saludó no muy alegre. - Qu'est-ce que tu fais ici? (**) -
- No hablo francés - dije encogiendome de hombros, mientras daba gracias a Buda por no saber hablar en Francés.
- Habla ingles, comprendo - comentó. Mis ojos se abrieron desmesuradamente al comprobar que el hombre hablaba ingles y bastante fluido. ¿Cómo no lo pensé antes? Todo el mundo sabe ingles, debí hablar en Chino, pero como la idiota que soy no lo hice. - ¿Qué hace aquí, señorita?
Mi mente trabaja mejor bajo presión. Bajo presión mi abuela.
- Estaba buscando a alguien. - dije con mi mejor voz de actriz.
- Pero solo está apto para el personal. ¿No leyó el cartel? - preguntó desconfiado.
- No sé leer en francés - me excusé.
- Estaba en los dos idiomas - replicó enarcando una ceja.
- No lo vi realmente. Solo quería entrar para buscar a alguien - dije incomoda, queriendo salir de esta situación.
- ¿A quién?
- Uh... a.. no recuerdo su nombre - mentí con torpeza. Él enarcó aun mas la ceja y se cruzó de brazos.
- No le creo - murmuró. Presión, presión. Ahí viene la presión y recién mi mente esta procesando algo para darme una rápida escapatoria.
- ¿Sabes una cosa, muchacho insolente? - dije de repente enojada, cuando en verdad él debería estar enojado, pero solo estaba cumpliendo con mi papel. - No tengo que darte ninguna explicación, ¿Tienes idea de quién soy?
- No tengo ni la menor idea - respondió con tono desafiante.
- Soy Alice Cullen, la heredera de este hotel. Así que no vengas con el interrogatorio aquí ni me trates de mentirosa. Por que en menos de cinco segundos puedo sacar tu lamentable trasero de aquí - dije lazandole una mirada de odio. Esa que intimidaba.
El chico se encogió en su lugar y pidió disculpas silenciosamente.
- Ahora vete de aquí, no quiero ver tu rostro alrededor - gruñí. El chico asintió y pasó a mi lado con la cabeza agachada mientras se dirigía hacia una de esas puertas.
Salí por la puerta rápidamente y encontré con la chica que me atendió hace un rato. Le dije un par de cosas mostrando un rostro de arrepentimiento y me alejé del mostrador lo más rápido que pude sin darle tiempo para que dijera nada más. Caminé con pasos distraídos para que las personas a mi alrededor no sospecharan.
Cuando llegué a la habitación, no tuve ni tiempo de tocar la puerta cuando ésta se abrió y un Edward hombre me jaló hacia adentró.
- Te voy a matar - gruñó mientras me envolvía en un abrazo y enterraba su rostro en mi cuello.
- ¿Por qué? - pregunté devolviendole el abrazo.
- ¿Y te atreves a preguntar por qué? - dijo alejandose de mí mientras me miraba con enojo.
- Yo... - murmuré sintiendo mis mejillas rosadas.
- Ya me vas a explicar que hacías, ahora tenemos que largarnos de aquí porque el asunto se puso complicado. - murmuró soltándome. Se dirigió hacia su maleta y sacó unos lentes de contacto dentro del envase plástico.
- ¿Vamos juntos? - pregunté emocionada, pero no quería ilusionarme mucho porque ya sabía cómo podría terminar.
- No me queda otra - murmuró malhumorado. Estuve a punto de sentirme lastimada por sus palabras, pero cuando volteó su cabeza y me dedicó una sonrisa torcida, me indicó que era una broma. - Me alegro que estés aquí, aunque sea peligroso... Creo que lo haremos bien. ¿Me ayudas? - preguntó.
- Claro - respondí acercándome.
Salimos de la habitación en media hora, él vestido como un empresario ejecutivo, bastante sexy debo agregar, con su cabello negro y ojos azules escondidos bajo unas gafas de sol. Yo estaba con un simple vestido azul, cabello rubio y ojos naturales, también escondidos bajos las gafas de sol. Él fue a la entrada primero que yo y me esperó afuera, yo llegué unos minutos mas tarde. No podíamos salir juntos pues sería mas sospechoso de lo normal.
Tomamos un taxi y nos dirigimos al aeropuerto. Después de comprar unos pasajes improvisados para ir a Alemania, nos subimos al avión con un suspiro de alivio. Elegimos el asiento para dos personas, yo me senté por el lado de la ventana y él se sentó en el pasillo.
Tomó mi mano delicadamente y beso mis nudillos. No pude evitar que una sonrisa se escapara de mis labios. Acerqué mi rostro a su cuello y bese tiernamente antes de alejarme.
- No pude conseguir nada - suspiró derrotado. - El imbécil de Mike se paso la tarde mirando mis pechos falsos y tratando de hacer una movida - susurró en mi oído. - Incluso me tocó el muslo. ¡El muslo! - solté una risita divertida y puse mi mano en su muslo para tranquilizarlo.
- ¿Y no le hiciste nada? - pregunté en un susurro. Me alejé de él y miré alrededor para asegurarme de que nadie nos estuviera escuchando. Haciendo precaución, busqué una hoja en mi bolso y se lo entregué junto con un lapiz. Él comprendió enseguida y me sonrió.
- Eres la mejor - murmuró mientras tomaba el papel con el lápiz. Bajó la mesa que se encuentra en el asiento de adelante y se apoyó en él para escribir. Cuando terminó, deslizó el papel disimuladamente por debajo de su brazo y me lo entregó.
¿Qué le podía hacer? No podía pararme y noquearlo de un solo golpe, porque no obtendría la información que necesito. Pero cuando él me invitó a salir y le rechacé, se enojó demasiado. Estoy seguro que ahora va a tratar de investigar a Lis y cuando descubran que no existe, removerá cielo mar y tierra para encontrarme. Por eso teníamos que irnos. Pero ahora no creo que sepan que soy ya tu sabes quien. ¿Y donde estuviste tu?
Me entregó el lapiz y me puse a escribir. Con ésto recordé la vez que estuvimos en el internado, en clase de biología y usabamos las notitas para comunicarnos. Que bellos tiempos, pensé.
Haciendome pasar por Alice. Puede que tu no conseguiste nada, pero con lo astuta que soy, pude robar una carpeta y una agenda electrónica. Imagina todas las cosas que podemos hacer con ellas.
Le devolví el papel y él comenzó a leerlo detenidamente. Cuando terminó, giró su rostro para mirarme con sus ojos azules, estaba sorprendido y feliz a la vez.
- ¿Ya he dicho lo perfecta que eres? - susurró en mi oído a la vez que bajaba su mano para descansarla sobre mi muslo. Tragué saliva con dificultad.
- Una que otra vez - murmuré, él rió divertido. - Nunca mas vuelvas a dudar de mi capacidad como delincuente. Puedo llegar a ser la peor de todas - dije en tono de advertencia.
- Nunca más - respondió besando mi mejilla.
Jueves 6 de Octubre 2011, 12:55 AM
(*) Hola señorita, ¿En que le puedo ayudar?
(**) ¿Que hace usted aquí?
De nada sirve que justifique el atraso. Ninguna excusa es valida, asi que solo me queda pedirles disculpas y que disfruten este capitulo.
Estoy participando del concurso Hateful Lemmonade Contest 2 con "León de montaña". Hay muchas historias buenas en el concurso, así que leanlas y voten por el mejor. Si el mío merece de un voto, entonces bien por mi. Pero sinceramente creo que tiene que ganar el mejor.
Y bueno, eso sería todo.
Espero que les haya gustado.
Atte.
FANOFSM
