JOHN Y YOKO

- Piensalo John - susurré en su oído mientras trazaba pequeños circulos en su muslo. El se removió inquieto, apartando su muslo de mi mano sin siquiera mirarme. Tenía planeado ignorarme todo el viaje. Demonios - Por favor...

- Yoko - murmuró con tono de advertencia.

- John - respondí en un susurro. Se volteó hacia mí y me lanzó esa mirada intensa que me hacía temblar, con el ceño fruncido.

- Yoko Marie de los Angels Sanpetersburgo Ono - me mordí el labio inferior para no soltar una carcajada y molestar a los demás pasajeros. Su rostro se relajó y una pequeña sonrisa traviesa apareció por la comisura de su boca.

- John Edmundo Franzua Joseph Pepito del Lennon - Sus hombros comenzaron a vibrar fuertemente producto de la risa que estaba conteniendo. Dejó de mirarme y soltó una carcajada silenciosa mientras escondía su rostro entre sus manos. Yo me uní a su momento de risa apoyando mi frente en su hombro. - ¿Eso es un sí? - pregunté después de un rato cuando ambos nos habíamos relajado.

- No - respondió con voz firme. Hice un puchero y acerqué mi rostro al suyo, mirando hacia arriba con ojos de cachorro. - Yoko. No. - dijo manteniendo la vista hacia el frente. Ignorándome.

- Dame una razón.

- Llegaremos en 50 minutos. Así que no - respondió cruzándose de brazos.

- 50 minutos. Con eso nos basta y sobra para tener mas de un...

- No - dijo interrumpiéndome.

- Pero... siempre fue mi sueño...

- No - me interrumpió de nuevo. - Eres una pervertida, en serio - finalmente bajó su vista para mirarme. Tragó saliva con dificultad y desvió la mirada. Sonreí.

- Solo di que sí. - rogué con ojos brillantes mientras agitaba su brazos. El cerró los ojos firmemente mientras apretaba la mandíbula.

- No - murmuró tomando el puente de su nariz.

- Eres un aburrido - bufé volviendo mi espalda al respaldo de la silla. Me crucé de brazos y le lanzaba miradas despectivas de vez en cuando, para tratar de intimidarlo.

- Si tu dices - dijo encogiendose de hombros, se cruzo de brazos también y me devolvió la mirada, pero con una sonrisa burlona.

Lo miré atentamente, fijandome en su hermoso rostro, que mostraba una expresión de concentrado. Me observaba con ojos atentos, grandes y azules, haciendo que mi pulso se acelerara. Sentí mi piel convertida en una puta gallina cuando una de sus manos descansó en mi muslo casualmente. El calor se acumuló en mis mejillas y de repente, me vi en la necesidad de quitarme el fino sweater que llevaba puesto, su sonrisa burlona se ensanchó al ver mi inquietud mientras me acomodaba en mi asiento, tratando de parecer relajada.

- Maldito - gruñí agitando mi pierna mientras lo cruzaba sobre la otra. - Tu fuiste el que se negó a mi oferta. Ahora no vengas a tocarme como si nada - dije por lo bajo. Me crucé de brazos y recargué mi cabeza en el respaldo. Él echó su cabeza hacia atrás y soltó una risita burlona. - Baichí - gruñí cerrando los ojos - Voy a dormir los 50 minutos que quedan, ya que no veo que otra cosa puedo hacer.

- ¿Te he dicho lo preciosa que te ves cuando estas enojada? - preguntó susurrando sobre mi oído.

Apreté los ojos e inspiré profundamente. No abras los ojos, porque será tu perdición.

Tan sexy.

¡Demonios!

- Buenas noches - murmuré finalmente, giré un poco para apoyar mi hombro en el respaldo, quedando en frente de la ventana y dándole la espalda.

- Ven aquí fea - dijo divertido. Escuché el movimiento de la ropa y luego sentí su brazo sobre mi hombro, girándome. De un suave empujón, acercó mi cuerpo hacia él, haciendo que mi cabeza descansara sobre su hombro. Como acto reflejo, levanté mi mano y la apoyé en su pecho mientras inhalaba su aroma.

- Te odio - solté en un tono infantil.

- Si tu lo dices - repitió él encogiéndose de hombros, provocando el movimiento de mi cuerpo junto el suyo. - ¿Sigues enojada?

- Nunca estuve enojada - murmuré.

- Para mi si lo estabas - replicó.

- No estaba enojada, estaba irritada. - corregí.

- No le veo la diferencia...

- ¿Cómo lo haces?

- ¿Qué cosa?

- No lo sé... siempre consigues lo que quieres. No es justo, cada vez que trato de enojarme contigo, al segundo después ya no lo estoy. - dije haciendo puchero.

- No siempre consigo lo que quiero. Además yo debería decirte eso, porque estas acá en este momento. Eres demasiado terca...

- A mi me gusta llamarle perseverancia. - dije sonriendo. Solté un bostezo y me acomodé en su hombro.

- Bueno, chica perseverancia. Sera mejor que duermas un rato, que todavía nos queda tres cuarto de hora de viaje- murmuró besando mi cabeza. Alcé mi rostro y le dediqué una sonrisa antes de besar su mejilla. Gesticulé un "Te amo" sin provocar sonido y él sonrió también. - Descansa linda...

Eso fue lo último que escuche antes de caer a la inconsciencia.

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- Te queda bien el rubio - murmuró en un susurro mientras me tendía la mano para ayudarme a bajar del auto.

- ¿Gracias? - pregunté confundida, tomando su mano con el ceño fruncido.

- Aunque me gustan mas las morenas. - dijo entrelazando nuestros dedos mientras me tiraba suavemente hacia adelante.

- Gracias - dije con ironía. Él sonrió negando con la cabeza. Siempre hacía ese gesto, simplemente algunas cosas nunca cambian.

Nos fuimos acercando a la entrada, en donde había una amplia escalera de forma circular, adornado a los lados con unas lindos arbustos verdosos que tenian unas cuantas flores. Habían dos puertas giratorias, de esas que te hacían perder el sentido de orientacion mientras vas avanzando y sobre las puertas, justo en el centro, había un gran letrero que decía "Eaven". Los colores eran de un tono pastel y azul, todo muy elegante y hermoso.

No me sorprendía para nada.

Cuando llegamos a la recepción, nos atendió un señor de edad avanzada, se manejaba en el aleman y en el ingles, así que fue facil registrarnos. Nos miró perplejos cuando se dio cuenta de los nombres que teníamos.

- Somos unos verdaderos fanáticos - dije agitando la mano distraidamente mientras sonreía.

- John y Yoko - murmuró Edward rodeando mis hombros con su brazo. - Una pareja excepcional. Decidimos cambiar nuestros nombres en honor a ellos. Fue un acto tan heroico ese que hizo John. No hay alguien mejor que él, es lo mínimo que podría hacer - dijo con un tono apasionado, solo le faltaba poner la mano en forma de puño sobre su pecho, y gritar "Por John". Sonreí divertida mientras lo observaba.

- Fue asesinado por un fan. No veo... - comenzó el hombre, pero la mirada asesina que le dedicó Edward, le indicó que era mejor callar.

- Es un héroe. No hay ninguno como él - replicó Edward con los dientes apretados. Realmente parecía uno de esos fans asesinos, como si el hecho de insultar a su ídolo fuera el mayor de los pecados. Aunque ni siquiera lo ha insultado, pero bueno, era gracioso ver la expresión del caballero todo nervioso. Tuve que morder mi labio inferior para aguantar la risa.

- Ninguno como él - repitió el señor mientras asentía.

Después de registrarnos sin ningún inconveniente, nos dirigimos hacia nuestra habitación para instalarnos. El trayecto fue silencioso, con las manos tomadas y cada un inmerso en sus propios pensamientos, cruzamos la recepción, que era muy parecida a la de Paris, subimos el asensor, robándonos miradas discretamente y sonriendo como idiotas, caminamos a lo largo del pasillo hasta que llegamos a nuestro suit.

Edward deslizo la tarjeta y se prendió una luz verde acompañado de un pitido, indicando que ya podíamos pasar. Avancé lentamente con nuestras maletas, dejandolo de lado mientras contemplaba con asombro la habitación. Casi con la boca abierta, gire sobre mi misma, examinando las elegantes paredes blancas y el gran ventanal que nos entregaba una vista expectacular. Había una cama tamaño matrimonial en el centro de la habitación con un lindo cubierto de color azul marino, y encima habían unas almohadas, casi al lado de la entrada, había otra puerta, lo cual supuse que era la del baño. Todo parecía tan perfecto, todo era tan perfecto.

Sentí unos fuertes brazos rodeando mi cintura mientras me apretaba contra él, apoyó su mentón en mi hombro despues de dejar un sonoro beso en mi mejilla.

- Lindo ¿No? - susurro mientras se balanceaba suavemente con mi cuerpo. Recargué mi cabeza en su hombro a la vez que cubria sus manos con las mías.

- Muy - murmuré con una sonrisa. - ¿Tienes algo planeado?

- Mas o menos - Soltó el agarre de mi cintura, alejando la mano mientras la subía lentamente para quitarme la peluca y nuevamente volvió a rodearme. Poso sus labios sobre la piel de mi cuello, besando suavemente. Ronroneé en respuesta y cerré los ojos.

- ¿Que vas a hacer? - pregunté curiosa.

- Besarte - respondió abriendo un poco sus labios mientras dejaba salir su lengua, que me lamió deliciosamente.

- Mmm... - fue lo mas inteligente que se me ocurrió decir. - Estaba hablando de ahora...

- Besarte - repitió, pegó su pelvis a mi trasero, restregando su erección con sensualidad.

- Digo... - murmuré tratando de concentrarme. - Sobre las carpetas y eso...

- Podemos verlo mas tarde. Ahora tengo otra cosa en mente - puso sus manos sobre mis caderas y me giro.

Alcé la vista para encontrarme con sus ojos azules. Le sonreí con ternura mientras rodeaba su cuello con mis brazos. Le quité la peluca que llevaba y lo lancé a algún lado de la habitación antes de besarle. Su lengua delineó urgentemente mi labio superior antes de que yo le diera el pase libre. Nos masajeamos mutuamente, mientras sus manos se fueron a mi espalda, deslizando hacia abajo el cierre de mi vestido. Solté un pequeño gemido antes de alejarme de él por falta de aire.

- Dios Bella... Eres hermosa - murmuró mirándome con intensidad. Lo único que hice fue sonrojarme como idiota y sonreir.

Me detuve un momento para examinar su cuerpo, llevaba unos zapatos negros, demasiados relucientes, tan relucientes que podría ver mi propio reflejo. Los pantalones negros de ejecutivo, descansaban libremente a lo largo de sus fuertes piernas, portaba una linda erección que se marcaba a la altura de su cadera. Hermoso.
Pase la lengua por mis labios, humedeciéndolos y luego continué subiendo. Camisa celeste y lisa, marcando perfectamente los músculos de su abdomen, se había arremangado las mangas, dejando sus firmes antebrazos descubiertos. De repente me sentí un poco mareada y el pulso comenzó a acelerar más de lo normal.

- Respira linda - susurró con una sonrisa.

- Tu culpa - comenté mirando su rostro perfecto.

Él llevo sus manos hasta mis hombros, removiendo el pedazo de tela hacia los lados, a la vez que se inclinaba para besar la piel desnuda. Cerré los ojos ante la sensación de sus labios en mi cuerpo, dejando escapar un suspiro. Levanté los brazos para ayudarle a quitarme el vestido, los bajo lentamente mientras pasaba sus manos por mis costados. Me mordí el labio inferior para evitar solar un jadeo. Nunca me acostumbrare a su ardiente tacto.

Cuando escuché la prenda chocando contra el piso, alcé un pie y lo pateé a un lado, quedando solo en ropa interior. Me lanzo una mirada de abajo hacia arriba, alzando las cejas mientras contemplaba mi cuerpo. Sus ojos se encontraron con los míos, y pude ver el deseo que habían en ellos. Temblé ligeramente de anticipación.

- Encaje negro - dijo con voz ronca. - Me gusta.

- Tienes mucha ropa - me quejé, cambiando de tema.

- Eso tiene solución - sonrió mientras llevaba sus manos hacia su camisa. Negué con la cabeza.

- Yo me encargo de ese asunto - murmuré desabrochando los botones. Él, sin perder su tiempo se inclinó hacia mi y comenzó a besar mi mejilla, mi nariz, mi frente, mis ojos, todo mi rostro. Solté una risa divertida mientras trataba de concentrarme en mi trabajo, cuando finalmente terminé con el último, toqué su firme abdomen y él siseo por lo bajo. Subí a lo largo de su torso arrastrando mis uñas hasta que llegué a sus hombros y le quité la camisa. Después, me dirigí a su cinturón y comencé a desabrocharlo. Para entonces, sus labios habían bajado a mi cuello, que comenzaron a succionar deliciosamente, mientras echaba mi cabeza hacia atrás y cerraba los ojos, logré desabrochar el botón del pantalón y bajar con dificultad el cierre de éste.

Un gruñido salio de su pecho cuando puse mi mano sobre su gran erección por sobre la tela, pero antes de que pudiera continuar con la acción, él se alejó y me tomo en brazo al estilo novia, avanzando conmigo por la habitación y lanzándome como un salvaje a la cama.

- Usted señorita, no tiene idea de como se ve con ese atuendo - me miró con los ojos oscurecidos mientras se acercaba con pasos peligrosos hacia la cama. Cuando llegó al borde, se quitó los zapatos y el pantalón antes de poner sus rodillas sobre la cama. Sonrió maliciosamente y sentí mi pulso acelerado nuevamente, era hermoso cuando me miraba de esa manera, como si el fuera un animal salvaje y yo su presa.

- ¿Cómo me veo? - pregunté curiosa mientras me iba alejando de él, arrastrándome hacia la cabecera. Avanzó lentamente hacia mi con las rodillas por la cama.

- Preciosa, Hermosa, Sexy, Salvaje, Comestible - gruñó lamiendo sus labios mientras miraba mi cuerpo con hambre. Envolvió mi tobillo izquierdo con su mano y me tiró con facilidad hacia él, yo solté un chillido sorprendida porque fue tan rápido que ni siquiera pude reaccionar. Se inclinó hacia mí, apoyando sus brazos a cada lado de mi cabeza, creando un tipo de prisión. - ¿Tienes mas de esos encajes bonitos? - preguntó descansando su peso sobre mi cuerpo, mientras presionaba su pelvis contra mi entrada.

Cerré los ojos y solté un fuerte jadeo. Tan delicioso.

- Si... tengo algunos mas, ¿Por qué?

- Por que te compraré un millón mas, iguales a los que llevas puesto ahora.

- Pero... - y antes de que pudiera decir algo, él había llevado una de sus manos hacia mi entrada y rompió mis bragas de un solo tirón. - ¡Hey! Eres un... - la protesta murió cuando sentí sus mágicos dedos acariciando mi interior. Eché mi cabeza hacia atrás y arqueé la espalda, gimiendo.

- ¿Decías? - preguntó divertido mientras continuaba acariciándome.

- Baichi - solté en un gemido. Cerré los ojos y apreté los puños, concentrándome en sus largos dedos, que se curvaron hacia arriba, presionando mis paredes en otro ángulo. - Fuck - jadeé.

- Si tu dices - murmuró retirando lentamente sus manos de mi centro. - ¿Condones? - preguntó.

- Eh... en mi cartera - respondí. Me senté en la cama y lo miré mientras se alejaba. Que trasero mas hermoso, por Dios, podría verlo todo el día y no me cansaría. Me fijé que durante su trayecto, se había llevado los dedos a la boca, lamiendo sensualmente. Gemí involuntariamente ante la vista y escuché una risita divertida de su parte. Cuando llegó al sillón donde había dejado la cartera, la abrió y de ella sacó las cajas de condones que nos faltaba por usar todavía.

- Nos quedan 26 ¿No? - preguntó con una sonrisa mientras se iba acercando.

- 25 - corregí.

Me senté en la cama con los pies colgados, mientras esperaba a que llegara. Una vez que estuvo frente a mí, lleve mis manos a su cadera y tomé los elásticos de su boxer. Su erección se erguido frente a mí, me hacía querer probarlo. Lentamente comencé a bajarlos, acariciando sus musculosas piernas mientras lo hacía. Dejé caer la prenda al piso, y volví a sentarme derecha, contemplando la hermosa imagen delante de mí.

Sin titubear, lo envolví con mi mano derecha, ganandome un gruñido de su parte y sonreí satisfecha, me gustaba ser yo la causante de esos sonidos.

- Estas duro - murmuré acariciando la cabeza con mi pulgar.

- Bella - gimió. Yo alcé la vista, encontrandome con sus ojos que me miraban cargados de deseo. Dejó la caja de condones a un lado de la cama y tomó mi rostro entre sus manos, a la ves que se inclinaba y me besaba urgentemente. Fui apoyando mi espalda lentamente en la cama mientras envolví su cintura con mis piernas, las suyas continuaban fuera de la cama.

Fui tanteando la cama con las manos, hasta que encontré la caja de condones y con mis instintos, saqué un pequeño sobre. Él rompió el beso y se separó de mí, rápidamente rompí el sobre para sacar el condón. Lo deslicé suavemente por su erección mientras contenía la respiración.

- Ven - murmuré cuando terminé. - Subamos a la cama...

- No. - respondió tomando mi tobillo y lo llevó a su cadera. Puse mis manos en la cama a modo de apoyo y le miré con expresión confundida. - ¿Eres flexible? - preguntó curiosamente.

- Huh... un poco ¿Por qué? - respondí.

- Bueno, veamos qué tan flexible eres ¿Sí? - me mordí el labio inferior asintiendo con la cabeza. Lentamente, comenzó a subir mi pierna hasta que lo dejó a la altura de su hombro.

Oh. Dios.

Besó tiernamente mi tobillo antes de dejarlo en su hombro y volver su mirada hacia mi.

- Flexible - comentó con una sonrisa torcida. Se fue inclinando hacia adelante, acercando su erección a mi entrada. Contuve la respiración cuando lo sentí entrando en mi lentamente. - Muy flexible - murmuró con voz ronca. Eché mi cabeza hacia atrás mientras lo sentía moviéndose suavemente dentro de mí.

- Ajá - comenté.

Me embistió a un ritmo lento y sensual, tomandose el tiempo de prolongar el placer. En esta posición, tocaba puntos que no pensé que tenía y no pude contener mas gemidos cuando el comenzó a acelerar su velocidad.

- ¿Te gusta? - preguntó saliendo de mi lentamente y luego entrando con fuerza. Me mordí el labio inferior y asentí con la cabeza. Se inclino sobre mí y levantó mis sostenes sin darse la molestia de quitarmelos. Mientras se llevaba un pezón a su boca, comenzó a aumentar la fuerza de sus embestidas. Me penetró una y otra vez constantemente, mis gemidos cada vez mas audibles.

- Oh Dios - jadeé, presionando su cabeza hacia mi pecho con las manos.

Se alejó para tomar mi otra pierna, también subiéndolo a su hombro. Su nombre salió de mis labios muchas veces, acompañado de otros gemidos ante la sensación de placer que se acumulaba en mi bajo vientre.

- Eres demasiado flexible - murmuró sorprendido mientras continuaba con sus embestidas.

Nuestras respiraciones se volvieron erráticas mientras sentía mi cuerpo sudoroso junto al suyo. En la habitación solo se escuchaba el familiar sonido de nuestros cuerpos encontrándose y la cabecera de la cama chocando contra la pared. Mis piernas se comenzaron a acalambrar y se caían a los lados, trate por todos los medios de mantenerlos en su hombro pero no pude.

Él se resigno a dejarlos caer y puso sus manos en mi trasero mientras se inclinaba para besar mis labios. Succione su labio inferior, mis gemidos perdiéndose en su boca, sus movimientos cada vez mas rápidos y mas fuertes.

Sentí mis músculos tensándose a medida que pasaba el tiempo y sabía que iba a llegar en cualquier momento. Contemplé su hermoso rostro con los ojos cerrados, mientras se concentraba, soltando jadeos de vez en cuando con sus labios entreabiertos.

- Mirame - murmuré, abrió los ojos y me dedico una sonrisa. Tomé una de sus manos y entrelacé los dedos mientras continuamos con el vaivén.

Después de unas cuantas estocatas, finalmente sentí ese familiar hormigueo en mi vientre. Arqué mi espalda mientras soltaba un gemido ante la energía que se estaba liberando en todo mi cuerpo. Sentí mi cuerpo temblando de placer y aluciné con colores inexistentes. Él alcanzó su orgasmos unos segundos después de mí, gimiendo mi nombre un par de veces antes de derrumbarse sobre mi cuerpo.

Respiró profundamente sobre mi cuello para recobrar su ritmo normal, rodeé su cuerpo con mis brazos mientras lo apretaba hacia mí en un fuerte abrazo.

- Alucinante - murmuré sin respiración.

- Lo sé - dijo él, asintiendo con la cabeza.

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- Concentrémonos en los datos reunidos. En esta carpeta está la información de cada uno de las reuniones que hubo en los últimos quince años. Mi padre murió el 2007 en agosto. Eso quiere decir que quizá tengamos una pista. Si hubo una disputa entre Eaven y Tream, lo mas probable es que estaría escrito en estos documentos, aunque no estoy muy seguro.

- Bien, hay que buscar esos datos, pero ¿Cuál es el plan que tenemos para conseguir carpetas? Si logramos obtener mas de estas, seran mas pistas para nuestro favor. Entonces veremos si en las reuniones de Paris y Alemania, se discuten sobre los mismos temas, ya sabes, las disputas entre Eaven y Tream - murmuré mientras tomaba un bocado de pollo. Él bebió un sorbo de su coca cola antes de contestar.

- Lo importante en este asunto, es encontrar alguna pista, cualquier cosa que nos lleve a Aro, porque estoy seguro que él fue quien mando a que mataran mis padres; pero necesito comprobarlo. He pensado que sería mejor hablarlo con él, con una grabadora, pero es demasiado arriesgado. - dijo.

- Totalmente arriesgado y estúpido. Tu mismo dijiste que eran personas peligrosas, si te descubren y encima con una grabadora, eres mas que hombre muerto. Eres hombre recontramuerto. - murmuré y él asintió con una sonrisa. - Así que ni se te ocurra hacerlo, porque te golpeo. Ahora, volviendo al plan de hoy día, podrías hablar con el administrador como hiciste mientras yo hago de las mías y robo mas carpetas - propuse.

- ¿Desde cuando eres criminal? - preguntó burlonamente.

- Desde hoy - repondí encogiéndome de hombro.- ¿Qué te parece mi plan?

- Prefiero que esta vez, tu vayas a hablar con el administrador y yo voy a robar las cosas. Lo que hiciste fue muy arriesgado y...

- Me las arreglé para liberarme de muchas personas, no me subestimes ¿Sí? - murmuré en un tono ofendido.

- Lo siento. Solo... no puedo acostumbrarme al hecho de que en efecto, puedas cuidarte sola. Me gusta ser yo quien te cuida. - Sus ojos brillaron con ternura, le dediqué una sonrisa y acaricié su mejilla.

- Eso se llama machismo y no lo voy a tolerar. Soy tan capaz como tu para hacer las cosas, así que tendrás que acostumbrarte. Ahora, ésta vez tienes razón, no por que no me sepa cuidar sola, pero creo que podré distraer mas al administrador que tú. Solo me basta un buen escote y un lindo acento alemán, con eso lo podré hacer suficiente tiempo para que tu robes alguna pista - bromé mientras tomaba otro bocado de pollo. El arrugó el ceño y negó con la cabeza. Edward celoso era lindo.

- Me parece que el lindo acento alemán basta y sobra. Pero... escotes ¿Realmente es necesario? - murmuró apretando la boca en una sola línea.

- Bueno... Ayudaría. Y ese es mi parte del trabajo, así que me encargo yo. Tu ve pensando en lo que podrías hacer para robar lo que sea que tengas que robar - contesté, me fulminó con la mirada y yo se la devolví. Se equivocaba si piensa que me va a intimar.

- Bien, ve con tu escote y tu lindo acento alemán, espero que si te toca el muslo o algo mas, hagas uso de tu cinturón negro y abortes el plan.

- Bueno - murmuré conteniendo una sonrisa. - No te pongas celoso.

- No estoy celoso - mintió patéticamente. Enarqué las cejas. - Vale, lo estoy. - gruñó finalmente. - Estoy muy celoso, recontraceloso, ultramegahipersuperceloso, demasiadomucho...-

- Ya entendí tu punto - le corté.

- Pero no quiero estarlo... Es solo, se me hierve la sangre de solo pensar que tu estaras sola con un hombre que de seguro, mirara tus hermosas piernas y tu lindo escote - se lamentó como un niño.

- Y será lo único que podrá hacer Edward. Mirar, no tocar.- Me levanté de mi asiento y me acerqué a su lado, sentandome en su regazo - En cambio, tu puedes hacer de todo, porque solo tengo ojos para ti. Así que confía en mí, todo saldrá bien. ¿Sí?

- Si - murmuró con voz patosa. - Pero recuerda, si te toca algo...

- Lo noqueo, ya está. ¿Feliz? - pregunte rodeando su cuello con mis brazos. Puso sus manos sobre mi cintura y asintió.

- Un poco - murmuró con un puchero. Me iba a inclinar para darle un beso, pero algo debajo de mí pierna comenzó a vibrar. - Mi celular - se excusó él con una sonrisa divertida. Me puse de pie y volví a mi asiento mientras él sacaba su celular.

- ¿Quién es? - pregunté curiosa.

- Emmet - contestó el telefono, al mismo tiempo que respondí a a mi pregunta.

- Hola. ¿Donde estas? - preguntó Emmet.

- Estamos en Alemania ahora, en Berlín. Bella consiguió una carpeta y una agenda electrónica. Ahora estamos buscando una forma de conseguir mas carpetas y después vamos a estudiar los datos reunidos, quizá así obtengamos pruebas en contra de Aro, además...

- Wowowow.. detente un momento. ¿Estamos, Bella, obtengamos? Creo que estas teniendo un problema amigo. ¿Por qué hablas en plural?

- Por que estoy con Bella - contestó Edward. - ¡Ah! y contigo quería hablar de eso también. - gruñó enojado.

- Yo también te extrañe Eddie, sé que mueres por escuchar mi voz, pero hombre... La vida sigue, yo amo a Rose con toda mi alma y..

- No te hagas el simpático ahora, ya me enteré de lo que hiciste - le cortó Edward.

- No se de qué hablas Edward.

- Bella, ¿Por qué no le cuestas tu misma? -

- ¿Bella?... Huh, hermano. Se que fuiste un idiota al dejarla ir y que probablemente estes en el baño cortandote las venas mientras te ahogas con leche como el raro que eres, recordando el nombre de Bella pero... Mi nombre es Emmet. E-mmet, no Bella. E..-

- No empieces - gruñó Edward.

- Hola Em - dije sonriendo.

- Hola Bella, ¿Cómo estas? Yo bien, gracias. Y como iba diciendo Edward, en todo caso es tu culpa que extrañes a Bella, porque... ¿Estás con Bella? - preguntó sorprendido.

Científico. Realmente no lo entiendo.

- Mas o menos - contesté.

- Y de eso quería hablarte Emmet. ¿Quién te dio el derecho de decirle a Bella mi paradero? Te dije que ella no estaba dentro del plan y aun así, le mandaste practicamente un GPS y una foto para decirle donde estoy. - GPS y una foto, pensé. Como si hubiera sido tan fácil, pero era mejor no interrumpir ya que su monólogo iba en serio - Yo nunca hubiera hecho eso si tu no estabas de acuerdo, nunca expondría a Rose en eso y aparentemente...

- Espera - interrumpió Emmet. - ¿GPS? No se de qué estas hablando. Yo nunca le mandé ningun GPS o alguna foto a Bella.

- Era una carta - murmuró Edward rodando los ojos. - En la carta decía donde estaba, digo, no exactamente, era mas bien como un acertijo y Bella lo descubrió...

- Yo no le he mandado ninguna carta a Bella.

- No mientas Emmet - dijo Edward.

- Yo no fui, lo juro.

El silencio invadió el ambiente y abrí los ojos desmesuradamente cuando me di cuenta de lo que pasaba.

- Pero... Si no fuiste tu, ¿Quién fue? - pregunté. Quien quiera que haya sido, me conocía demasiado bien, conocía bien a Edward y sabía donde estabamos.

Hubo tres golpes en la puerta que llamo nuestra atención, miré a Edward con el ceño fruncido y el me devolvió la mirada, después fijamos nuestra vista a la puerta, donde se deslizó un sobre negro debajo de ella. Enseguida nos pusimos de pie.

- Emmet... te llamo en un rato - dijo antes de cortar.

Edward se acercó hacia la entrada y se inclinó para tomar el sobre negro. Yo me acerqué también para verlo. Él abrió el sobre, y sacó un papel de color paste. Pude reconocer la letra impresa de un color azul. Como los colores del hotel.

De: Mi

Para: Ti

Me conocen, pero no tienen idea de quien soy.
¿Emmet? No me ofendan con ese idiota por favor. Lo quiero y todo eso, pero ya saben. Es un idiota.

John, estoy seguro que tu padre es sumamente feliz y orgulloso por el hombre en que te has convertido. Confía en ti plenamente y sabe que podrás guardar ese secreto. En cuanto a Yoko, ella tambien conoce sobre el secreto, solo que no sabe que es el secreto. Aun así, no le digas cual es el secreto que ella sabe, pero no sabe que es secreto, porque es secreto. ¿Dejé claro mi punto?

He descubierto la verdad de las cosas. Pero decirtelo en esta carta sería muy imprudente de mi parte, es por eso que he decidido venir en persona para aclararte un par de cosas y hacer justicia. Tu padre fue asesinado y sería una ofensa para su alma que esta tratando de descansar en paz si se cree que abandonó este mundo en un tragico accidente.

Ahora, me gusta hacer mis introducciones un poco mas interesantes y misteriosas, y es por eso que te mando esta carta para ponerle un poco de suspenso al asunto.

Pero como ya has leído esto, y sabes que estoy al otro lado de la puerta, solo tienes que abrirla y contestaré todas sus preguntas. Este juego ha terminado, y todo esta aclarado.

Saludo atentamente

Hijao

Rápidamente puse mi mano en el pomo de la puerta y la abrí de un solo tirón. Delante de mí, apareció la persona que menos esperaba ver y la verdad es que no sabía como reaccionar ante eso.

- Hola chicos - saludó sonriendo.

- Hola - respondió Edward.

En mi cabeza habían tantas, pero tantas preguntas. ¿Cómo, donde, cuando, porque, cómo mierda, qué mierda? Y podría continuar con un listado mas, pero la única que salio de mi boca fue:

- ¿Tu? - pregunté estupefacta.

Lunes 24 de Octubre 2011, 11:28

Lo siento, perdón, i'm sorry, please forgive me, Yuánliàng wo. Lo diría en todos los idiomas posibles que el Google traductor me puede proporcionar. Me he tomado una eternidad en publicar este capitulo, y realmente lo siento. Pero aquí lo tienen y espero que lo disfruten.

Gracias por su paciencia, y tratare todo lo posible de subir el próximo capitulo pronto. Lo prometo.

Sin otro motivo, saludo atentamente.

FANOFSM (Una adolescente que trata de estudiar para ser alguien en la vida, porque no confia que sus pocos dotes de escritora le de un techo y algo que comer en el día de mañana. Se que no es excusa, pero.. solo quiero justificar el por qué de mis atrasos)

Lo siento nuevamente.