MUNDO PERFECTO
Hay una sensación extraña en mi pecho, esa rara sensación que te hace querer escapar de todo y encerrarte en tu propio mundo, donde es perfecto, lindo y feliz; donde te sientes seguro y confías tu propia vida en ese mundo, pues sabes que está hecho para ti.
Desgraciadamente no conozco ese mundo, ya no.
Desilusión es lo que siento, esa es la palabra adecuada.
Tal vez Decepción.
O quizá Desorientación.
No lo sé, estoy totalmente perdida.
Es raro descubrir que la base de tu vida, tu mundo perfecto, todo lo que creías saber, es mentira. Se convirtió en una película, en una novela, en un buen sueño, uno en el que nunca llegaré a tener, uno que nunca volveré a soñar. Es despertar de la realidad.
Es como descubrir que el ratón de los dientes, era en verdad tus padres. Es perder la ilusión de creer que, mientras estas durmiendo, hay una criatura mágica que se lleva tu diente, una parte de tu niñez para darte a cambio, una moneda. Cuando despiertas y la encuentras bajo tu almohada, sonríes contenta y sales corriendo en busca de tu madre para decirle que el ratón te dio dinero porque tu diente estaba perfecto. Entonces tu mama se hace la sorprendida, y juega su papel.
Mundo perfecto.
Es como descubrir que Santa Claus tampoco existe, y que en verdad era un mundo mágico que te habían creado tus padres, tíos, abuelos, o quizá los economistas con sus propósitos financieros. ¿Quién sabe cual es verdadero propósito? ¿Es justo para los niños creer en algo lindo, para luego despertar en una pesadilla? No lo sé.
Recuerdo cuando descubrí a mi madre poniendo la moneda debajo de mi almohada. Tenía siete años. Lamentablemente, siempre fui una niña inteligente y observadora, y mi madre una pésima mentirosa. Le había preguntado qué hacía con ese dinero, ella respondió que estaba reemplazando al ratón de los dientes, pues éste tuvo un contratiempo y no pudo llegar a mi casa.
Por una extraña razón, no le creí ninguna palabra, y supe en ese entonces que mi mama me mintió. No le hable por dos días, odiaba que me mintieran, lo sigo odiando. Me sentí traicionada e ingenua por creer en esos cuentos de hadas, me sentí desilusionada, porque en mi interior, quería seguir creyendo en el ratón, todavía quería permanecer en mi mundo perfecto, pero éste se fue rompiendo.
Esa tristeza no fue nada comparado cuando descubrí que Santa Claus no existía. Lo camufle muy bien con mi enojo. Siempre había imaginado a los enanitos trabajando en sus fábricas allá en el polo norte, pensaba en Santa con su lista de niños buenos y malos, siempre mi nombre figurando en la columna de niños buenos.
No sabía si estaba triste por que me mintieron, o por descubrir que todo eso tampoco existía y que era producto de mi imaginación.
Rene siempre estuvo allí para apoyarme, y darme sus consejos de buena madre, que aunque fuera muy loca, siempre supo como educarme. Me enseñó que a veces, era bueno mentir para no lastimar a las personas.
Lo único que aprendí de eso, fue que cuando había mentira de por medio, por mas buena que sea la causa, el resultado siempre era peor.
Y ahora es cuando realmente confirmo lo que aprendí. Ahora es cuando más desilusionada, decepcionada, perdida y traicionada me siento.
Descubrir que el ratón de los dientes no existe es una cosa, descubrir que Santa Claus fue siempre tu madre, es otra cosa. Pero descubrir que la persona que se hace llamar tu madre, la que jugó su rol de "Ratón de los dientes", "Santa Claus", también jugó su rol de madre.
Eso es algo totalmente diferente.
¿Cuántas mentiras mas hay detrás de este mundo? ¿Por qué siempre hay que mentir? Si tan solo me hubieran dicho la verdad, si tan solo me hubieran preparado para esto, tal vez no me sentiría así.
- Estoy seguro que podemos ordenar un te verde, como servicio a la habitación. - murmuró Edward a mi lado, tratando de romper la tensión que se había formado.
- ¿Cómo dijiste? - pregunté.
- Nada en particular. Sabes que los viejos estamos locos, estuve totalmente fuera de lugar y debí prepararte para esto.
- Si bueno - gruñí - A veces, no puedes cambiar lo que haces. Ya lo dijiste, así que ahora explícate, porque juro que no entiendo nada de lo que esta pasando y me mata no saberlo. ¿Cómo que Rene y Charlie no son mis verdaderos padres?
- No son tus padres biologicos, pero tienes que tener en cuenta que madre es la que te cría, así que Rene sigue siendo tu madre. No solo porque no haya sangre que las una, quiere decir que de un día para otro dejaste de quererla.
- Eso ya lo sé, no he dicho lo contrario. Solo...
- ¿Qué es lo que sabes de tu madre? - preguntó mi tío, interrumpiéndome.
- Bueno... Estaba casada con Phil, él la engañó con su mejor amiga y como es de esperarse, Rene terminó con todo y se fue a un bar para ahogar las penas. Conoció a Charlie. Es facil el problema, corazón roto, mujer despechada, alcohol de por medio, hombre desconocido dando como resultado, Isabella. No supo de mi existencia hasta cuando se fue a China, y al enterarse, quiso darme en adopción, pero se arrepintió cuando me vio, porque según ella fui la bebé mas linda del mundo y simplemente no me podía dejar ir. O esa es la versión que sé...
- Mira, todo es verdad hasta el resultado final, porque Rene nunca te tuvo en su vientre. Phil estuvo con la mejor amiga de tu madre, ¿Tu sabes quien es ella? - negué con la cabeza. Mi tío asintió y suspiró pesadamente. - Bueno Bella. Ella es tu verdadera madre y Phil es tu padre.
Asentí con la cabeza, tratando de procesar toda la nueva información.
Rene: No es mi madre, pero ella me crió.
La perra que se acostó con el marido de mi Rene: Es mi verdadera madre.
El imbécil que se acostó con la mejor amiga de Rene: Es mi verdadero padre.
Charlie: El supuesto verdadero padre, que nunca tuve tiempo de conocer, no es mi padre.
Parece facil, pero no los es. ¿Por qué todo tiene que ser tan complicado?
- Tu madre biológica era demasiado joven y no tenía los medios para cuidarte, así que decidió darte en adopción. Phil no quiso ni reconocerte como su hija.
- ¿Cómo se llama ella? - pregunté interrumpiendo. Tratando de no sentir mas odio de lo que ya sentía por Phil. Además de engañar a Rene, es mi verdadero puto padre y ni siquiera me quiso reconocer. Desgraciado.- No, mejor... no respondas. Ya no quiero saber. - murmuré disgustada.
Si la perra no tuvo las pelotas para criarme como su hija, entonces no merece mi interés. Edward apretó mi mano con un poco mas fuerza de lo normal, y lo miré extrañada. Su mandíbula estaba tensa y con el ceño fruncido.
Estaba enojado. Era de esperarse, seguro que quiere golpear a Phil y si fuera mujer, no dudaría en hacerlo con mi madre.
- ¿Estas segura de que no quieres saber?
- Totalmente - Respondí. - Continúa por favor. Quiero saber cómo terminé con Rene...
- Bueno, ella estaba paseando por la ciudad un día cualquiera, y se topa con tu madre embarazada. Rene no había vuelto a hablar con ella desde aquel día, pues como es de esperarse, se sentía traicionada. Pero al verla embarazada y vulnerable, recordó a su vieja amiga y decidió ayudarla. "Él bebé no tiene la culpa" Decía siempre.
- Si... todo bien hasta ahora. Pero, ¿Por qué? ¿Por que no me dijo antes? Soy lo bastante grande para manejar estas situaciones, ya tengo 26 años.
- No la juzgues, trata de entenderla. Ella te conoce, y sabe como reaccionas ante estas cosas. Te pones cabezota, te enojas y realmente no lo merece...
- Mira, si ella me hubiera dicho antes, si, obvio que estaría enojada, pero trataría de entenderla. Sabe perfectamente que odio las mentiras, así que con mayor razón debió habérmelo dicho.
- Bueno.. da igual. Solo, no seas duro con ella, que lo único que ha hecho es amarte, protegerte y mentirte por temor a que tu no le dejes hacerlo. Es tu madre, siempre quiere lo mejor para ti.
Suspiré pesadamente y asentí con la cabeza.
- Tienes razón...
- ¿Y has hablado con ella?
- Huh... Sí. La ultima vez que hablé con ella, fue para decirle que me desconectare del mundo y tomare un par de vacaciones.
- Será mejor que la llames en unos de estos días, o si no se volverá loca. Ya conoces como es, y tienen mucho de que hablar.
- Lo haré. Gracias tío - murmuré sonriendo.
- No hay de que chiquita. Ahora, este viejo ha hecho un viaje largo tratando de perseguirlos y hacer una entrada digna...
- A todo esto, ¿Cómo lograste encontrarnos? - preguntó Edward.
- Eso es algo que nunca revelaré. O quizás mas tarde. Tengo un par de cosas que contarles, pero eso será después de que baje a comer algo. Fui al buffet antes de subir, y se me hizo agua en la boca cuando vi todo lo que había, pero me dije: Piensa en los chicos, piensa en los chicos... Y me ven aquí, gastando mi saliva cuando podría ser perfectamente bien utilizada, degradando algún que otro aminoácido y...
- Comprendimos. Quieres bajar a comer, tienes hambre. ¿Quieres que te acompañemos? - pregunté.
Él se puso de pie y me lanzó una mirada a mi y a Edward, sonriendo en el paso.
- No se preocupen, ustedes aprovechen su tiempo mientras estoy fuera. Espero que cuando vuelva, ese chiquillo no este babeando como el mono primitivo que es.
Alcé mi vista y miré a Edward con cara sorprendida. Se paso la mano por la boca, descubriendo que no tenía nada. Su expresión se volvió un poco avergonzada, y sonrió tímidamente. Yo no comprendía de que hablaban.
- Me temo que es inevitable profesor. Su sobrina me deja sin aliento, tengo que admitirlo. - dijo eso mirandome a los ojos mientras su mano se movió hacia mi espalda.
Sentí un escalofrío recorriendo mi columna vertebral, mientras su intensa mirada me aceleraba el pulso, haciendo que mis mejillas se enrojecieran.
Ocho años, y todavía puede hacerlo.
Maldito.
Tragué saliva con dificultad y pestañeé un par de veces.
- ¿Te dejo sin aliento? - pregunté sorprendida.
- ¿No lo sabías?
- Nunca lo habías dicho - respondí.
- No pensé que era necesario...
Pam. Ambos miramos en dirección a la puerta, y mi tío ya no estaba en la habitación. Edward sonrió tiernamente y soltó una risa divertida.
- Tu tío - suspiró. - Me cae bien.
- A el parece que no tanto - bromeé.
- Es mentira, en el fondo sé que me ama. - respondió guiñándome. Me mordí el labio inferior y mi sonrojo aumentó. Amaba cuando hacía eso. - ¿Y cómo estas? - preguntó poniendo un mechón de mi cabello detrás de mi oreja.
- Hum... no lo sé. ¿Bien? Supongo - murmuré acostándome en la cama mientras soltaba un suspiro. Él siguió mis movimientos y se acostó de lado, quedando frente a frente.
- ¿Sí? - preguntó, sosteniendo su cabeza con su mano.
- Ajá...
- No mientas... - murmuró mirándome fijamente.
- No estoy mintiendo - respondí frunciendo el ceño.
- De hecho, al decir que no estas mintiendo, estas en efecto, mintiendo. - contradijo con una sonrisa superior.
- Tu siempre tienes que tener la razón, ¿No? - dije fingiendo que estaba molesta. Él se encogió de hombros.
- Supongo... Entonces, ¿Qué sientes, Bella? Háblame. - Observé su rostro con atención, y pude ver la verdadera preocupación que reflejaban sus ojos. Sentí una oleada de ternura recorriendo mi cuerpo, al darme cuenta de lo maravilloso que era este hombre.
Después de todo lo que le hice, el es capaz de volver conmigo, perdonando, sin rencor ni enojo, simplemente amando, siendo mi amigo y mi amante. Realmente no lo merezco.
- Siento que... que eres demasiado bueno para mi. - murmuré delineando su mentón con mi dedo indice. - Eres demasiado bueno y maravilloso.
- Bueno. - murmuró sonriendo. - Me refería a lo de Rene, pero si quieres decirme cuan maravilloso soy, pues eres bienvenida.
- Lo digo enserio - dije acercándome mas a él para acortar la distancia entre nosotros. - Deberías odiarme, deberías tener serios problemas confiando en mi, pero aquí estas, cuidándome, preocupándote por mi. Confiando - Susurré. - Siento que no lo merezco.
- Tonterías Bella - respondió. - Todos cometemos errores en nuestra vida. Tal vez fue un poco estúpido de tu parte haber hecho lo que hiciste, pero ya paso. Solo fue una mala decisión, no cambiará lo que siento por ti. No es como si me hubieras engañado con alguien, porque ¿No lo hiciste, verdad? - preguntó de repente alarmado.
Reí divertida.
- Que cosas mas absurdas dices. Claro que no. ¿Que tan tonta crees que soy? No hay posibilidad alguna de que exista alguna persona mejor que tu. - respondí aclarando sus dudas.
- Entonces, si ese no es el caso, no veo cual es el problema. Y en parte, igual entendía un poco tus dudas. Lo que sí me molesto, es que no hayas confiado en nosotros, no habías confiado en mi...
- Yo... No... Tienes razón - reconocí. - Estaba asustada. No es una excusa, pero... pensé que estaba siendo inteligente y realista. Claramente, no estaba en mis mejores momentos en cuanto a pensar. - El sonrió, con sus ojos esmeraldas brillando intensamente. - Te has quitado los lentes - murmuré. Envolvió mi espalda con su mano y me empujó hacia él. Puse mis manos en su pecho y miré hacia arriba, mi respiración cada vez mas agitada.
- ¿No lo habías notado antes? - murmuró en un susurro.
- Huh... - cerré los ojos e inhalé profundamente. - Dios... Hueles muy bien.
- Gracias - dijo él riendo. - Supongo. En todo caso... no has respondido a mi primera pregunta. Si esta es tu manera de desviarlo, no lo estas logrando.
- No lo estaba evitando, solo, lo olvide - dije abriendo los ojos.
- Bueno, entonces... ¿Quieres hablar? - preguntó.
- Si... - dije encogiéndome de hombros. - No sé que sentir en verdad. Estoy confundida... Es, chocante saber que la persona que creías madre toda tu vida, no es en verdad tu madre. Pero bueno, no es la gran cosa. Muchas personas han experimentado eso, no es como si mi mundo se fuera a acabar solo por que Rene no sea mi madre biológica. - El me escuchó atentamente y asintió con la cabeza. - Entonces... cambiando de tema. Hay algo que quiero saber...
- Pregúntame - murmuró paseando su mano a lo largo de mi espalda. Me mordí el labio inferior al sentir su erección creciendo.
- ¿Qué fue de Edward Cullen después de mi desaparición? Después de que Bella Bitch te dejó - pregunté.
- Creo que eso ya lo sabes... - murmuró. - Seguí adelante, tenía que hacerlo. Pero nunca mas fui el mismo de antes. Te maldije un par de veces, por no decir todos los días. Me arruinaste a todas las mujeres, ¿Sabes eso? Me arruinaste. Todas eran insignificantes al lado tuyo, no había comparación alguna. Traté de olvidarte, muchas veces, muchas. Pero al parecer, mi corazón se resiste a dejarte ir.
Podía sentir su pulso acelerado bajo mi mano mientras hablaba. Sabía que le dolía volver al pasado y confesarme esas cosas, pero tenemos que hacerlo. No podemos simplemente dejarlo pasar y ya. Si no resolvemos esto ahora, lo mas probable es que en el futuro hayan problemas.
Quería preguntarle cómo trato de olvidarme, y si estuvo con alguien. Pero me mordí el labio y me tragué esas preguntas, porque no sabía si estaba preparada para saberlo todavía. Así que pregunté otra cosa.
- ¿Eso es algo bueno o malo?
- En ese entonces, era terrible, espantoso, horrible. ¿Sabes la agonía que sentí al pensar que mientras tu estabas al otro lado del mundo, tal vez conociendo a alguien, yo todavía seguía en Inglaterra, amándote? Pensar que quizá, jamás te olvidaría.
- ¿Y ahora...?
- Ahora veo que ese dolor valió la pena. Ahora puedo ver que a pesar de todo, jamás dejaré de amarte y puedo ver que eres esa persona. Eres la indicada - susurró.
Mi respiración se quedó estancada, no podía concentrarme en otra cosa que no fuera en su rostro, con su expresión seria. El lo decía enserio, de verdad.
Tragué saliva pesadamente, y pestañeé un par de veces para asegurarme de que no era un maldito sueño.
Esa persona. La indicada.
Soy la indicada.
Sentí una emoción inexplicable en el pecho, y de repente, el espacio que había entre nosotros era enorme. Apoyé mi frente en su hombro y lo abracé fuertemente, como si temiera que al segundo en que lo soltara, él desaparecería.
- Te amo - murmuré con los ojos cerrados. Él me devolvió el abrazo y beso mi mejilla. - Dilo de nuevo... por favor.
- ¿Qué cosa? - preguntó en mi oído.
- Lo último que dijiste. Repítelo.
- Eres la indicada - susurró. Apreté los ojos fuertemente, concentrándome en sus palabras. - Eres perfecta, eres la mujer que alguien hizo para mi, la que te hizo mi otra mitad. No puedo imaginarme el resto de mis días sin ti, Bella. Te amo.
No supe en qué momento había comenzado a llorar, pero simplemente lo estaba haciendo.
Que. Vergüenza.
Él se alejó de mí para mirarme mejor. Cubrí mi rostro con mis manos y lo enterré en su pecho. Puso sus manos en mis hombros para alejarme, entonces apoyé mi estomago sobre la cama, y enterré mi rostro en el colchón, evitando su mirada.
- Bella - susurró divertido. - ¿Estas llorando? - preguntó.
- No - contesté, mi voz absorbida por las frazadas.
- Estas llorando - afirmó, puso su mano en mi cintura acercándome hacia él. - Estas llorando - repitió en un susurro sobre mi oreja.
- Na-ha - negué.
- Mírame entonces. - demandó.
- Na-ha - negué nuevamente. No había manera de que el me vería llorando.
- Eres adorable, ¿Lo sabías? - susurró riendo, colando sus manos por debajo de mi polera. Ese simple tacto envió una corriente eléctrica al resto de mi cuerpo. - Vamos Bella, mírame. - dijo en un tono tan convincente que no puedo no mirarle. Demonios.
Lentamente, giré mi cara hacia la izquierda, para encontrarme con su rostro mas cerca de lo que esperaba.
- Es la alergia, ya sabes. - mentí torpemente. Él sonrió con ternura y beso la punta de mi nariz.
- Si tu lo dices - dijo el encogiéndose de hombro. - ¿Por qué lloras?
- No estoy llorando, solo... sudo por los ojos. Nada de otro mundo. ¿Tu no sudas por los ojos? - él soltó una carcajada y negó con la cabeza.
- No, no sudo por los ojos. Entonces, ¿Por qué sudas por los ojos?
- Tonterías... Lindas palabras - dije con indiferencia.
- Se mi novia - pidió tomando mi mano entre la suya. Su mirada fija en mi rostro.
- Ya lo soy - murmuré.
- Se mi esposa - pidió ahora pegando su frente a la mía. Me mordí el labio inferior.
- Lo que quieras - respondí con una sonrisa.
- En cuanto terminemos con esta locura, te llevaré conmigo hasta el fin del mundo, te convertiré en mi esposa para que el mundo vea que eres mía, solo mía. Haré el amor contigo incontable veces y tendré quince hijos contigo. - dijo como promesa.
- No tienes que hacerme tu esposa para que el mundo vea que soy tuya. Ni tampoco para hacerme el amor incontable veces y tampoco para tener quince hijos... pero, ¿No crees que es muy poco? Digo, quince es un numero realmente pequeño, en comparación al infinito...
- ¿Estas diciendo eso como una especie de excusa para no casarte conmigo? - preguntó con el ceño fruncido, fingiendo estar ofendido.
- Puede ser. - dije conteniendo una sonrisa.
- ¿Hay algo que pueda hacer yo para cambiar tu opinion? - preguntó posando su mano sobre mi muslo, mientras lo estrujaba lentamente. Tragué saliva con dificultad.
- Puedes tratar, pero no se si llegarás a algo. Si quieres que sea tu esposa, tienes que pasar por muchas cosas. - murmuré carraspeando, mientras ponía mis manos sobre sus hombros.
- ¿Por qué cosas tengo que pasar? - preguntó mientras levantaba mi pierna a la altura de su cintura, acomodando su erección. Mordí mi labio inferior para aguantar un gemido.
- Era broma - murmuré cuando lo sentí moviéndose contra mí. - Si quiero ser tu esposa. Sería el mayor honor que podría tener. Isabella Cullen - murmuré imaginando mi nombre con el apellido de Edward.
De repente, sentí su boca sobre la mía, besándome en un apasionado beso. Él se puso sobre mí, enrollando mis piernas en su cintura.
- Solo para aclarar - murmuró contra mis labios. - Esta no es la real propuesta. Seras la futura Isabella Cullen cuando lleves un anillo en esos maravillosos dedos que tienes. - Mis manos se fueron a su cabello y atraje su rostro hacia mi para profundizar el beso.
Cerré los ojos para dejarme llevar por las sensaciones, su aroma, su tacto en todas partes, su pecho firme sobre el mío y su erección presionado en mi entrada.
- Futura Isabella Cullen - susurró nuevamente. - Me gusta ese nombre.
- ¿Por que lleva tu apellido? - pregunté.
- No. Por que lleva tu nombre y mi apellido. Y quiero que te prepares mentalmente para el día de la propuesta, porque te dejaré boquiabierta. Será inesperado y te encantará.
- De eso no hay duda - dije.
Sus labios volvieron a atacar los mios en un dulce beso, que luego se volvio un poco mas demandante y urgente. Sus manos acariciando mis costados una y otra vez antes de colarse entre mi ropa. Se alejó de mí un momento para retirar mi polera y yo levanté los brazos para ayudarle.
Seguimos con nuestro beso apasionado, hasta que escuchamos a alguien tocando la puerta.
- Mierda - gemí entre frustrada y de placer. Él dejó un casto beso sobre mis labios antes de alejarse completamente. Se puso de pie en el piso y trató de arreglar su ropa.
- AliceJasper, AliceJasper, AliceJasper, AliceJasper... - comenzó a murmurar rápidamente con los ojos cerrados. Metió sus manos en los bolsillos del pantalón para ajustarse.
- Mi polera - murmuré alarmada. Miré hacia todos lados, buscando mi prenda perdida, que naturalmente estaba en el piso.
Otra vez tocaron la puerta.
- Ya va - grité exasperada.
- Esperare el tiempo que quieran, solo quiero que esten vestidos. - dijo mi tío.
- Entonces tendrá que esperar mucho tiempo, porque no planeo tener a Bella vestida en los próximos siete días.
Golpeé a Edward en el hombro, y él solo me miró con una sonrisa traviesa.
- ¡Es broma tío! Edward es un imbécil, no le hagas caso. ¡Devuélveme la polera! - gruñí en un susurro, estirando la mano. Su sonrisa se ensanchó y simplemente negó con la cabeza. Increible. - No seas pendejo, dame mi ropa. - dije tratando de quitárselo de la mano, pero él salio corriendo como una niña.
- Te ves linda así - murmuró haciendo un puchero.
Matame. ¿No es un tierno haciendo eso? Solo quiere verme en ropa interior.
No seas tonta, piensa con tu cabeza y no con tus trompas del falopio.
- Edward. Hablo enserio, mi tío esta afuera.
- Y tu podrías estar desnuda - concluyó, cruzándose de brazos con mi polera en la mano.
- ¡Edward! - gruñí. Él río divertido, pero finalmente me lanzó la polera. Yo lo atajé en el aire y me lo puse rápidamente.
- ¡Buuuh! Aguafiesta - me abucheó. Sonreí negando con la cabeza.
- Baichi - suspiré, me encaminé hacia la puerta y abrí para que mi tío entrara.
Cuando abrí totalmente la puerta, vi el cuerpo inerte de mi tío tirado en el piso. Lo único que hice fue pegar un grito de horror y en un santiamén, Edward ya estaba a mi lado.
- ¿Qué ocurre? - preguntó sin darse cuenta de lo que estaba pasando. Miró hacia abajo y su expresión cambió completamente.
- Mi... mi tío - murmuré sin poder reaccionar. Edward en cambio, hizo todo lo contrario y reaccionó, se inclinó para sentar a mi tío en el piso y levantarlo, enseguida me incliné también para ayudarle. Lo cargamos entre los dos y lo llevamos a la cama para recostarlo.
Edward comenzó a revisar su signos vitales mientras yo observaba atentamente cada uno de sus movimientos. Primero tomo cuidadosamente su mano, y con dos de sus dedos, tomó el pulso de la muñeca.
- Tiene pulso. - dijo rápidamente, y solté aliviada el aire que estuve conteniendo. Puso sus dedos debajo de sus fosas nasales para chequear si respiraba. - También está respirando. Quizá le subió la presión o...
Estaba tan concentrada escuchando a lo que decía, que pegué un grito de susto cuando sentí una mano en mi espalda. Traté de girarme para ver quien era, pero antes de que pudiera reaccionar, una de sus manos estaban cubriendo mi boca y el otro sostenía un cuchillo contra mi cuello. Era un hombre.
Edward volvió su atención hacia mí, al principio con su cara de preocupado, pero luego, cuando vio al hombre detrás de mí, su expresión se ensombreció, casi asesina. Nunca antes lo había visto de esa manera.
- Por tu bien, será mejor que sueltes ese cuchillo y dejes de tocar a mi mujer. - gruñó con la voz ronca, desafiante.
- No creo que estés en condiciones de dar ordenes. - contestó una voz rasposa sobre mi oreja. - Yo soy el que tengo el cuchillo sobre la yugular de tu mujer. Me imagino que te importa lo suficiente como para mantener tu boca cerrada. ¿No crees?
- ¿Qué quieres? - dijo sin seguir su juego.
- Tu sabes lo que quiero.
- No tengo idea de qué hablas y por lo menos ten la decencia de decir quien eres.
- Creo que yo te lo puedo explicar mejor.
- ¡Tío! - dije cuando vi a mi tío sentándose rápidamente en la cama, como si hubiera estado despierto todo este tiempo. - ¿Qué ocurre?
- Hola Bella. Te presento a Aro. - dijo con una sonrisa malévola, una sonrisa poco frecuente en ese rostro tan familiar.
Y caí en la cuenta de que todo esto era una trampa, una mentira. Era una emboscada hecha por mi propio tío, ese personaje que había conocido, o creía conocer por tantos años.
- Fue mas fácil de lo que pensé. ¿No crees? - preguntó Aro. Edward había dado un paso hacia mi con las manos empuñadas, pero Aro dió un paso hacia atrás conmigo. - Tranquilo chiquito, no querras que manche este lindo cuello con sangre por tu torpeza, ¿Verdad?
Edward gruñó en frustración y trató de mantenerse paciente. Sabía que estaba teniendo una lucha mental en su cabeza, tratando de pensar en qué podría hacer. En un momento, su vista se clavó sobre la mía y pude ver la culpa reflejada en su rostro.
Me mataba verle así.
Traté de calcular las miles de formas para librarme de Aro. Pude deducir que no era mas alto que yo, sus manos todavía sobre mi boca eran ásperas y blandas, con lo cual concluí que estaba en una edad avanzada. Quizá con la edad de mi tío. Podría noquearlo fácilmente.
Tengo un cuchillo sobre mi cuello, si espero un poco más, su concentración va a fallar y por ende, la presión de su mano sobre el cuchillo. Solo hay que distraerlo lo suficiente.
Miré a Edward una última vez, tratando de transmitirle un poco de tranquilidad.
Que comience la guerra, porque estos viejos no saben con quien se meten. Si de algo estoy orgullosa, es de mi habilidad para noquear a la gente. No me importa la edad que tengan estos tipos. Mi tío me enseño bien. Me enseñó que no hay que subestimar a la gente y no lo voy a hacer.
Descubrir que el ratón de los dientes no existe, una grieta sobre mi mundo perfecto.
Descubrir que Santa Claus no existe, es un hoyo sobre mi mundo perfecto.
Descubrir que mi madre, no es mi madre biológica, es otra grieta sobre mi mundo perfecto, pero esta vez, se hizo presente en toda la esfera.
Y por último. Descubrir a este nuevo tío, totalmente diferente al amistoso, cercano y confiable que conocía. Ya no se como definir eso.
Este nuevo tío, es malo, traicionero y para nada confiable.
¿Qué mas me queda por descubrir ahora?
Martes 5 de Diciembre, 2011.
Perdónenme la vida! Se que he tardado una eternidad en actualizar los ultimos capitulos. Pero no pasara de nuevo, por que para la suerte de todas (Y mía tambien) Saldré de vacaciones estos días, por lo que estaré libre todo el verano. Estoy dando los últimos exámenes que decidirán mi futuro (Por si acaso, no estoy en la universidad xd)
Así que termino los examenes y todo mi tiempo, o la mayoría de él seran solo y exclusivamente dedicados a Fanfiction.
Gracias por su paciencia y Adios :)
Atte.
FANOFSM
