N/A: Les quiero sugerir una canción para que lo escuchen mientras lean este capítulo. Yo la estaba escuchando mientras lo escribía y sentí que me inspiró mucho, así que espero que les guste tanto como a mi.
Repitanla hartas veces, porque combina mas para el final que para el comienzo, opino yo.
La canción es: Inside of Love - Nada Surf
"LA BIPOLARIDAD"
Todos tenemos múltiples personalidades. Cada persona tiene una doble cara, cada persona es el ángel bueno y a la vez el ángel malo.
Es algo parecido a nuestros genes. Cuando el ovulo y el espermatozoide se unen, funden los 21 cromosomas que tiene para crear un nuevo ser de 42 cromosomas. Cada uno de ellos portan genes, pero nosotros no utilizamos todos esos genes. Por que nuestro cuerpo es selectivo y los cromosomas es como una máquina de helado, por la cual tienes que decidir que sabor escoger.
Por eso, el color de tu cabello puede ser el de tu madre, el color de tus ojos puede ser el de tu padre y la forma de tu rostro, es como la de tu abuela, etc. Todas las características que nos identifican, fueron seleccionadas a partir de una gran gama de posibilidades.
Lo mismo pasa con las personalidades, por quien eres. Dentro de ti, vive el diablo y el ángel. Dentro de ti, vive el amargado, el gruñón, el cobarde, el malvado, el depresivo, el mujeriego. Dentro de ti, vive un ser perverso. Pero también vive un santo, el amigable, el de buen corazón, el caballero, el tierno, el cariñoso, el que quiere lo mejor para todos.
Día a día, hay una constante lucha entre el bien y el mal, todos pelean por "salir" a la superficie, por así decirlo. Pero eres tu el que toma la ultima decisión. Tu eliges quien eres.
Cuando vez a un niño, lo único que puedes ver en él, es al ángel. Pero si lo piensas un momento y lo miras detenidamente, te puedes imaginar su rostro convertido en algo diabólico. ¿Y por qué puedes hacerlo? Por que existe la posibilidad de que en verdad sea diabólico.
Aquellas personas que tienen un problema de multiples personalidades, es porque no saben controlar su ángel y su diablo interno, no saben como equilibrarlo. Son facetas que todos tenemos, pero la mayoría sabe cual elegir y controlar.
Es por eso que cuando Emmet giró al hombre y finalmente vi el rostro de Carlisle, no me sorprendí en lo absoluto. Mi expresión era neutro.
Ustedes podran pensar, ese no es el, no hay manera que aquel asesino, macabro y psicopata, una vez fue un hombre bueno y de buen corazón. ¿Cómo fue capaz de matar a su propio hermano? Aunque no lo haya hecho directamente él, le deseo la muerte, fue su culpa, fue su idea.
Simplemente, porque el ángel malo gano la batalla, gracias a que Carlisle le permitió.
¿Y cómo, después de cometer semejante acto, podía actuar tan bien? Parecía que realmente amaba a Esme, que realmente quería a Alice y a Edward como sus propios hijos. Incluso a mí.
Carlisle estaba sonriendo mientras Emmet lo apresaba con los brazos. No mostró ningún tipo de resistencia, de hecho, parecía sereno y pacífico, su expresión era amigable, tal como ese señor que conocí hace mucho tiempo.
- Tranquilo Emmet, no iré a ninguna parte... - dijo lentamente. - Sin Bella. - terminó al final, componiendo una sonrisa diabólica. Reí divertida y saqué la lengua, como si fuera una niña. La verdad es que esta situación era realmente cómica, por que él creía que me asustaría con su forma de hablar y sus "juegos mentales". Para mí, es solo una niña que no mata ni a una mosca, solo aparenta ser intimidante, pero no le resulta conmigo.
- Seguro que no lo harás, la policía viene en camino. - respondió Emmet con brusquedad. - Ahora, responde algunas preguntas. ¿Por qué quieres a Bella?
- ¿Por qué quiero a Bella? - repitió y luego rió como un maniático. - Muchas razones... - Murmuró lentamente. - Ella... - Comenzó, agregando una nota de suspenso y misterio al asunto. No pude evitar rodar los ojos. - Ella es responsable de todas mis desgracias. Por su puta culpa, por culpa de ella - dijo mientras alzaba la voz, su vista fija en la mía, su mirada fría y distante. - Esme ya no me quiere, y me dejó. - murmuró lentamente, podía sentir la furia en su voz cuando hablaba, y por la manera que me miraba, un escalofrío recorrió mi columna vertebral. Era nerviosismo. Me imaginé lo que estaba en su mente, las miles de formas de torturarme por algo que supuestamente hice. - ¿Por qué ya no me quiere? - susurró mas para si mismo que para mi.
- Yo... - dije sintiendo un poco de lástima por él. Su mirada hacia mi profesaba tanto odio, resentimiento. ¿Qué hice yo? - Te juro que no sé...
- Qué vas a saber tu, solo eres una niña - gruñó. - Eras una niña, que vas a saber tu. - repitió. - ¡Claro que no sabes! ¡Claro que no lo sabes! - grito furioso. Apretó sus puños con tanta fuerza que los nudillos se pusieron blanco. Emmet apretó su agarre contra él.
- Tranquilizate hombre. - gruñó enojado. Al parecer, Emmet ya no le tenia compasión. Toda simpatía que alguna vez tuvo hacia el se esfumo.
- Mira chiquilla inmunda - me dijo, ignorando las advertencias de Emmet. - Si quieres respuestas, tendrás que venir conmigo.
- Mira viejo imbécil - Respondí con los dientes apretados. Sin preocuparme de cuidar mi vocabulario. - No me interesa por qué me quieres, probablemente sea por el hecho de que estas chalado y perdiste la cordura. Por que yo no he hecho nada para separarte de Esme. - Me apunté a mi misma con el dedo, haciendo ademanes que demostraban lo enojaba que estaba. - Nadie a hecho absolutamente nada para dañarte, en cambio, tu estas tan deteriorado que mataste a tu propio hermano. Y encima, tienes la cara de quedarte con su linea de hoteles y tratar a sus hijos como si fueran los tuyos. Así que estas loco si crees que iré contigo por voluntad propia. - gruñí, y tome un bocado de aire para tranquilizarme.
Estábamos mas o menos a un metro y medio de distancia. Mientras Emmet se manejaba para sujetar correctamente a Carlisle. Aro se había encargado de llevar a Elizabeth con Rosalie y en cuando a Edward y mi tío, se encargaron de traer a la policía.
Carlisle me miró, sus ojos brillaron con un aire de diversión antes de componer una sonrisa engreída.
- La cosa es, que vendrás conmigo de todos modos, y lo gracioso es, que no tendré que forzarte. ¿Sabes por qué? Porque lo haras por voluntad propia. Que curioso, ¿No?
- Estas loco - dije medio sonriendo mientras negaba con la cabeza. Era mejor seguirle la corriente y tratarlo amablemente, porque estaba loco y no voy a perder mi tiempo para discutir con su locura.
- Puede que esté loco. - dijo riendo también. Parecía como si estuvieramos conversando de cosas cotidianas, como si fuéramos viejos amigos cuando no era cierto. - Pero no soy asesino. Yo nunca quito vidas. - murmuró horrorizado, como si realmente le importara. - Lo que yo hago, es simplemente ordenarlo. Eso no me hace ser un asesino.
- Claro que sí. - contradije. Me fijé por su postura, que se tensó un poco, pero tomo un bocado de aire y se tranquilizó, mostrando una cara sonriente y lleno de vida.
- ¿Acaso, al ordenar un pedazo de carne en un restaurante te hace un asesino? Tu no matas al animal directamente, pero al pedirlo en un restaurante, hace que este los ordene en una carnicería. Si tu no pidieras ese pedazo de carne o cualquier tipo de animal, no habrían demandas en la carnicería y por lo tanto, no matarían a los animales. Yo no maté a mi hermano. - concluyó finalmente con una sonrisa suficiente.
- Mira, no puedes comparar un pedazo de carne con tu hermano. No es como si el nombre de "Chandler Cullen" estuviera en una carta y tu dijeras, bueno camarero, esta noche quiero un pedazo de este. ¡No es asi! Nosotros comemos carne por que es una necesidad. Tu ordenaste a que mataran a tu hermano. ¡A tu propio hermano! ¿Qué clase de necesidad es esa?
- ¡Yo no mate a mi hermano! - me gruñó ofendido. Su aparente tranquilidad había llegado a tal punto que ya no lo podía fingir mas. Su rostro estaba rojo de furia y sus ojos brillaban como llamas. - Él no pertenecía a este mundo y era su destino morir. Yo solo ayude al destino.
Fruncí el ceño y abrí la boca en una mueca horrorizada. Simplemente WTF!
- ¿Quién te crees? ¿Dios? ¿Qué sabes tu del destino? ¡El destino no existe! - grité, ahora yo perdiendo mi tranquilidad. - Esto es el siglo veintiuno y no el cinco, Edipo - Emmet solto una risa disimulada cuando me escuchó. - Si el destino te dijera, tu hermano debe morir, es tu deber como hermano luchar contra eso y no a favor. - dije siguiendo con su locura, por que obviamente sabía que estaba loco, pero debía razonar a su manera para que entendiera mi punto. - Si realmente te importara tu hermano, hubieras dicho, no, él no morirá. Y por si no sabías, somos libres de escoger nuestro destino. Ademas, ¿Qué te hace pensar que era su destino morir?
- Solo lo sé - dijo muy convencido. No sabía como reaccionar ante lo que decía, no sabía si sentir lastima por aquel caballero tan enfermo o llorar por él, o reírme de él. - Todas las señales me han indicado lo mismo.
- ¿Y cuales serían esas señales? - pregunté alzando las cejas mientras me cruzaba de brazos. Veamos que otra estupidez me dice ahora.
- Mi padre, siempre fue un hombre de negocios y nos enseñó bien, a ambos. Pero fui yo el que sobresalía en ese aspecto y la de Chandler el de crear. Él creó el hotel, porque su destino era eso. Crear cosas, pero lo mío es manejar lo que él crea, controlar todo. Pero al parecer él no entendió eso, así que era mejor quitarlo de mi camino, porque el ya había cumplido su destino y yo no...
Pestañeé varias veces para asegurarme de que todo esto era real. ¿Cómo es posible que una persona hable tantas estupideces al mismo tiempo? ¿Cuales habrán sido los primeros indicios de su locura? ¿Cómo no me di cuenta antes? Me pregunté.
Y este hombre, Carlisle, era uno de esos hombres locos bipolares.
- Claro... - dije lentamente, aún sin poder creer todo lo que decía. - ¿Sabes algo? No tengo tiempo para entender tu obviamente perdida mente, así que deja ya de hablar, por favor.
- ¿Y crees que tienes tiempo para saber de tu pasado, Isabella? - preguntó sonriente, cambiando de tema. Fruncí el ceño y lo miré con los ojos entrecerrados.- Yo sé cual es tu destino. - Me quedé callada por un momento, ¿Qué sabe él de mi pasado? Claramente que nada, porque está loco y por que ni siquiera me conoce.
- Déjame adivinar, tampoco pertenezco a este mundo porque mi destino es morir. Por que ya cumplí con mi misión que era cazar gallinas en un zoológico de monos.
- Bella, Bella, Bella... Tu crees que estoy loco, ¿Verdad? - su pregunta sonó mas como una afirmación.
- No. Sé que estás loco, sé que estas demente, que perdiste tu cabeza, que leiste muchos libros y ahora crees que todos estamos destinados para hacer algo. Pero déjame decirte algo, somos libres de tomar nuestras propias decisiones. Y si el destino existiera, no es tu deber controlarlo, mucho menos el de otra persona.
- No lo entiendes Bella. Ustedes no lo entienden - dijo irritado.
- ¡Claro que no te entendemos! ¿Quién puede entender a un loco desquiciado? Ni siquiera entiendo como es posible que se te ocurran tantas estupideces y no te de vergüenza decirlas. ¿Te has oído a ti mismo? ¿Te has oído?
- Mira Bella, no perderé mi valioso tiempo tratando de explicarte mis ideas. Claramente, ustedes creen que estoy loco, pero simplemente son unos ignorantes. Y dejame decirte una cosa, el tiempo es oro. Para todos nosotros, para ti, para mi, para Edward, para Emmet y especialmente para Elizabeth.
Negué con la cabeza y dejé que siguiera hablando con su locura.
- Emmet, ¿Por que no mejor lo llevamos al auto, así no tienes que soportar lo que sale de la boca de ese hombre?
- Si, tienes razón. Camina conmigo, idiota. - gruñó Emmet.
Carlisle siendo extrañamente obediente, camino tranquilamente al lado de Emmet con una sonrisa amistosa.
- Ustedes pretendan todo lo que quieran, pero se arrepentiran si no me escuchan. - reí con amargura.
- ¿Qué tienes para decir ahora, señor yosetodosobreeldestino? - pregunté burlonamente. No me vendría mal un poco de diversión, despues de todo.
- ¿No lo sabes? - preguntó con seriedad, sorprendido. Pero luego sonrió con malicia. - Claro que no lo sabes, eres una niña tan tonta. Elizabeth... el tiempo de Elizabeth se esta acabando.
- Como quieras - dije ignorándolo. - El tiempo se acaba, por si no sabías.
- Pero el de ella durará menos, querida. Probablemente sea porque accidentalmente le di algo de comer, que podría afectar su cuerpo negativamente. ¿Alguna vez te dijo Edward que Elizabeth es una persona muy alérgica?
Me paré en seco y sentí el pulso de mi corazón perdiendo el control. Giré lentamente para mirarlo con furia.
- ¿Qué hiciste? - pregunté con los dientes apretados. - ¿Qué le hiciste a Elizabeth?
- Probablemente le haya forzado a comer aguacate, también un poco de maní y nueces. - dijo tranquilamente. - O probablemente le haya inyectado un tipo de veneno que en menos de veinticuatro horas, acabe con su pobre riñón. ¿Sabías que también sufrió problemas a los riñones?
- Es mentira Bella - dijo Emmet. - No puedes creer todo lo que dice.
- Tienes razón, ¿Crees que somos idiotas?
- Piensa todo lo que quieras, pero solo te advierto, Elizabeth tiene contado los segundos. - murmuró alzando las cejas. - Cambiando de tema, ¿Donde se llevaron a esa mujer, eh?
- No es de tu incumbencia, ahora sigue caminando y entra al auto. - dijo Emmet.
Recorrimos la playa caminando en silencio. Mi mente se llenó de dudas y no sabía que pensar. ¿Y qué pasa si lo que dice es cierto? ¿Qué pasa si Elizabeth muere? No podría vivir tranquila con eso, sería mi culpa, solo mía.
Apreté los labios en una sola línea, sin saber que hacer.
- ¿Donde está Aro? - preguntó Carlisle, rompiendo el silencio que teníamos.
- ¿Qué te importa? - pregunté en un gruñido.
- Bueno, a mí no me importa mucho, pero a ti si te deberia importar. - dijo encogiendose de hombros.
- ¿Que se supone que significa eso?
- Que tal vez, Elizabeth no este del todo a salvo, que tal vez no esta en la casa de la amiga de Rosalie, como tenían planeado... - Antes de que tuviera tiempo para preguntarme cómo lo supo, él continuó hablando. - Tal vez significa que Aro la tiene.
- Sabemos que Aro la tiene, gran idiota. Ese era el plan, él la llevará a un lugar seguro. Ahora entra al estúpido auto y cierra tu boca. - dijo Emmet, abriendo la puerta.
Carlisle entró al auto como un buen chico y se sentó, con las piernas afuera del auto. Mantuvimos la puerta abierta para que no hiciera nada raro adentro, y lo rodeamos por si trataba de escapar.
- ¿Y que te hace creer que está en un lugar seguro? - preguntó Carlisle.
- ¿Y tu que sabes si esta en un lugar seguro o no? - pregunté.
- Simplemente lo se, Isabella. ¿Por qué tardan tanto los chicos? Se supone que deberían estar aquí con la policía para atraparme. De Edward y Míngzhì estoy hablando, claro.
¿Cómo lo supo?
- Yo lo sé todo Bella, todo. Te estarás preguntando el cómo, y veras. No debes confiar de todas las personas querida, y menos del viejo codicioso de Aro, que por cierto, es mi mejor amigo. - murmuró riendo. - ¿Por qué no revisan sus celulares? Probablemente ahora deben tener un mensaje de Edward. - sugirió.
Y como si hubiera visto el futuro, como si realmente controlara el destino, mi celular comenzó a sonar.
- ¿Edward? - pregunté nerviosa.
- Bella, linda. Hay un problema - dijo la aterciopelada voz de Edward. Sonaba angustiado y mi corazón comenzó a latir rápidamente. Fruncí el ceño, asustada de ya saber lo que Edward tenía para decirme.
- Dime - murmuré suavemente mientras me alejaba lo suficiente para que no me escucharan.
- Es Aro. Rosalie nos llamó, todavía no ha llegado con mi mamá. Se la llevó Bella... Se, se la llevó... - mi pecho se apretó cuando escuché su voz, sonaba asustado, desesperado, casi al punto del llanto.
- Cariño... La vamos a recuperar, tranquilo.
- Eso estoy haciendo yo, tu asegurate de que ese hijo de puta entre a la cárcel. - dijo, su tono de voz cambió abruptamente, se volvió dura e incluso peligrosa. - Asegurate de que no volverá a ver la luz de sol nunca mas en su vida.
- Lo haré cariño, lo haré. Tu cuídate. Te amo - dije suavemente.
- Lo sé Bella, lo sé. - murmuró, hubo un silencio en la otra línea y podía imaginarlo con los ojos cerrados, inspirando y expirando suavemente. - Yo también te amo, siempre.
- Adios. - murmuré antes de lanzarle un beso.
- Nos vemos mas tarde, mi madre volverá conmigo sana y salva. - dijo con voz segura. Cerré los ojos y recordé lo que Carlisle me dijo. Tienes que decirle, tienes que decirle.
- Edward... - llamé antes de que cortara.
- ¿Sí linda? - preguntó. Dile, dile que esta la posibilidad de que su madre se muera dentro de veinticuatro horas.
- Eh... - ¡Dile! Escuché mi voz interna gritando. Pero es que... ¿Cómo le puedo decir algo así? Eso le destrozaría. - Yo... Tu... - murmuré lentamente. - Te amo. - dije finalmente.
- ¿Ocurre algo Bella? - preguntó, notando algo raro en mi voz.
- No, nada. - ¡Dile! - Simplemente... - ¡Dile, por el amor de Dios! ¡Tiene el derecho de saber! Es cierto, tiene el derecho de saber, pero eso no solucionará nada, solo lo angustiará mas. De eso me encargo yo. - Simplemente te amo. Quiero verte pronto.
- Yo también - dijo finalmente. - No sabes cuanto. Adios.
Y la línea se cortó. Miré el celular un largo rato, pensando si hice bien en no decirle. Después de un momento, dejé de pensar y volví a donde estaban ellos. Tenía un plan o eso creo.
- ¿Qué dijo Edward? - preguntó Emmet cuando llegué.
- Necesita refuerzos. Resulto que Aro es un traidor de mierda y no sabe donde tiene a Elizabeth. - dije, mintiendo con cierta parte de verdad.
- ¿Donde están ahora?
- No lo sé. Pero llevate el auto ahora, después le llamas por telefono y le preguntas. Yo me encargo de Carlisle. - dije.
- ¿Estas segura? - preguntó Emmet, dudando.
- Completamente, tu ve a salvar el mundo, yo me quedo de guardián aquí. - sonreí con un nudo en la garganta. Él asintió, se acercó y me dejó un beso en la frente antes de subirse al auto.
- Cuidate Bells. Nos estamos viendo - murmuró mirándome con ternura. Se me apretó el pecho y asentí porque no podía hablar. - Y tu, Si te pasas de listo y me entero de que le hiciste algo a Bella, te juro que te mato. Nadie se mete con mi hermanita - le dijo a Carlisle.
- Tranquilo, Bellita esta en buenas manos - respondió Carlisle con una sonrisa.
- Bien - comencé una vez que Emmet ya había partido. - Aquí me tienes, sola, tal como querías. ¿Donde esta Elizabeth? - pregunté.
- Te dije que vendrías conmigo por voluntad propia. - Sonrió orgulloso.
- Como sea, te sigo a donde quieras, pero tienes que llevarme donde Elizabeth. Si veo algo extraño, no dudaré en noquearte y entregar tus bolas a los leones. - gruñí.
- Ay, Bellita Bells. Yo siempre cumplo mis promesas. Ahora... ¿Por qué no me sigues, querida? No sera mucho trayecto. - murmuró sonriendo.
Tragué saliva con dificultad. Necesito saber si realmente le dio algo a Elizabeth, de él me espero cualquier cosa y tal vez puede estar mintiendo, pero en el caso que no estuviera mintiendo necesito saber que le dio. Si me decía, mi tío la podía ayudar y conseguir el antídoto. Asentí a regañadientes y le seguí hacia donde mierda tenía que ir.
- Lo mas probable es que ya conozcas el lugar. - dijo amablemente, esbozando una sonrisa amigable.
Comenzamos a caminar en silencio, alejandonos de la playa.
- ¿Te puedo hacer una pregunta? - murmuré.
- La que quieras Bella. - su tono de voz era alegre y estaba confundida, por que no entendía cómo un hombre así podía cambiar tanto.
- ¿Por qué yo? ¿Por qué me pediste a mi a cambio de Elizabeth? Tu dijiste que sabes algo de mi pasado, dijiste que fue mi culpa la que te separo de Esme. Déjame entenderte, por favor.
- ¿Alguna vez tu Rene te dijo que ella no podía tener hijos? - preguntó. Mis ojos se abrieron desmesuradamente, sorprendida porque en realidad, él sabía de mi pasado.
- ¿Cómo... -
- Yo se mucho sobre ti, mas de lo que podrías creer - respondió interrumpiendo mi pregunta. - Es verdad que te conocí hace ocho años, pero ya te conocía de hace mucho tiempo. Simplemente, cuando Edward te presentó, no sabía que eras tu.
- ¿Y cómo lo sabes ahora?
- Por que me enteré que tu madre es Rene, Bella. Y eso explica muchas cosas. Supongo que al menos sabes por qué tu madre se mudo a China. - Asentí con la cabeza. - ¿Nunca te dijo ella que René y Esme eran muy buenas amigas? - preguntó.
Seguí caminando, mientras pensaba en lo que decía y hacía las conexiones en mi cabeza.
- Esme... - murmuré lentamente. - ¿Eran mejores amigas? - pregunté, sin querer saber la respuesta realmente.
- Entonces, comprendes. Esme es tu madre biológica. - dijo Carlisle.
- Ella... tu... Ren... ¿Ella estuvo con Phil? - pregunté horrorizada. - ¿Ella... ella fue la misma que me abandono? ¿La que pensó que yo era una carga? - Carlisle soltó una risa divertida.
- Verás, aquí es cuando entro yo en esta escena querida, y tu también. ¿Sabes por qué es tu culpa? Por que era cierto, Esme tuvo una aventura con Phil. Se lo perdoné porque la amo demasiado, simplemente se equivocó y era mi deber darle otra oportunidad. Pero no podía hacerlo cuando ella llevaba en su vientre al hijo de otro hombre. - apretó su mandibula con fuerza y se estaba apoderando de su cuerpo.
- ¿Y qué hiciste? - pregunté.
- Hice lo que tuve que hacer para estar feliz con Esme. Si quería que la perdonara, teníamos que comenzar una nueva relación, empezar desde cero. Y contigo en el medio, no lo ibamos a lograr. Así que el 13 de Septiembre de 1992, Esme dio a luz una hermosa niña que no lloraba. Nació sin dar su primer bocado de aire, nació ahogada...
- Nació muerta - concluí. - O eso creyó Esme.
- Exacto Bella, también inteligente. Eso se lo atribuyo a Esme, ella es tan inteligente. - dijo soltando un suspiro, su mirada perdida por un momento.
Tenía tantas cosas que decirle. ¿Cómo pudo hacerle eso a la mujer que ama? Esme se debió sentir devastada cuando pensó que perdió a su hija y mientras se sumía en un estado de probable depresión, Carlisle, el buen hombre estuvo a su lado y la acompañó. Fue el villano para convertirse en héroe, provocó un incendio para apagarlo. Hizo todo eso, para ser "feliz" con Esme. Me pregunto como se puede ser feliz, teniendo tanto remordimiento, si es que tiene. Probablemente no.
No le dije ninguna de esas cosas, porque todavía no estaba con Elizabeth. Así que me mordí la lengua e hice como si no me importara, cuando en verdad me importaban mucho.
- Y me diste en adopción, así fue como René termino conmigo. - él asintió ante mis afirmaciones.
Nos habíamos adentrado un poco al bosque, y seguimos caminando, con la montaña a nuestra derecha y el mar a nuestra izquierda. Supe donde estaba en el segundo que vi la muralla musgosa.
Era la cueva. Tantos pensamientos llegaron a mi mente y me invadió la nostalgia. Era la cueva donde tuve mi primera vez con Edward.
No pude evitar sonrojarme.
- Adelante señorita. - dijo Carlisle, corriendo la espesa cortina de hierba que caía para proteger la entrada. El trayecto hasta la cueva fue silencioso, ninguno de los dos habló, pero cuando él me hablaba, lo hacía amigablemente. Su locura había desaparecido y parecía un hombre normal, agradable.
Apoyé mis manos sobre la superficie de la cueva y me impulsé para subir. Carlisle hizo lo mismo, y así entramos los dos. Nos quedamos en nuestro lugar por unos segundos, y me miró detenidamente.
- ¿No vas a reaccionar? ¿No me dirás nada? Insultos.. - sugirió con el ceño fruncido, sorprendido. Negué con la cabeza, no le daría el gusto.
- Eso fue hace mucho tiempo. Todos cometemos errores - me las arreglé para decir. - Deduzco que Esme te dejó porque se enteró de lo que hiciste. ¿Me equivocó? - pregunté.
- Exactamente, es por eso que tu arruinaste todo. Si nunca hubieras llegado a este mundo, yo estaría feliz con Esme.
Inhalé profundamente y exhalé, aguantandome las ganas de decir "Y si tu hubieras cumplido tus deberes en la cama, probablemente Esme no estaría buscando satisfacción con otro hombre. " En cambio, dije.
- Bien... Aquí estamos. ¿Me vas a matar o algo así? ¿Donde esta el hombre con la pistola cargada para matarme? - pregunté mirando a todas partes. ¿Donde está el hombre que me matará porque tu no tienes las pelotas para hacer? pensé.
- Tenemos que esperarlo - respondió Carlisle.
Escuché unos sonidos a mi derecha, y giré mi cabeza para mirar en esa dirección enseguida. Era alguien chapoteando en el agua, era una mujer gritando de desesperación, era un viejo diciendo "Guarda silencio, perra" era la voz de Aro diciendo eso.
- Parece que llegaron antes de lo esperado. Acompañame Bella. - murmuró Carlisle.
Caminamos rápidamente hacia lo que supuse, era el jardín. Y lo primero que vi cuando llegué, fue a Elizabeth tratando desesperadamente de librarse del agarre de Aro. Éste la sugetaba de la cintura, impidiendole avanzar pero ella movía sus piernas con toda la fuerza de madre que tenía. Su rostro bañado de lágrimas.
- ¡Mi hijo! ¡Mi hijo! - esa frase salía de su pecho con un grito desgarrador. Y enseguida miré hacia la mini-laguna al fondo del jardín.
Mi corazón se paró enseguida y comenzó a latir furiosamente. El agua que anteriormente era cristalina, casi transparente, ahora estaba teñida de un rojo claro, y sobre él, estaba flotando boca abajo el cuerpo inerte de Edward.
Reaccionando rápidamente, miré a Carlisle con toda la furia que tenía acumulada en mi interior, por todo lo que había hecho ese hijo de puta.
Éste me miro de vuelta y sonrió con malicia.
- Tienes que escoger a quien salvar, si a Edward o a Elizabeth. - dijo riendo.
- Salvaré a los dos, hijo de puta. - Y con eso, mi puño impactó con su nariz con fuerza. Se tambaleó hacia atrás y comenzó a sangrar, o probablemente estaba loca y veía todo rojo.
Reaccioné rápidamente ante esta situación, porque estaba trabajando bajo presión y yo soy excelente con eso.
- ¡Le hace algo a Elizabeth y te parto, no lo dudes! - le grité a Aro antes de volverme a Carlisle. Éste avanzó hacia mí, su rostro furioso, pero a mi lado, es solo un gatito comparado con el rugido de un león. Se abalanzó hacia mí con los brazos adelante, típico ataque de un novato que no sabe lo que hace.
Me hice a un lado, tomando su brazo izquierdo que estaba extendido, con fuerza y rapidez, pasé por debajo de su brazo, somo si estuvieramos bailando y con eso, escuché un crack, su brazo estaba roto.
- ¡Esto es por ser un loco hijo de puta! - le grité. Él soltó un gritó ahogado y calló de rodillas al suelo, tomando su brazo roto. - Esto, es matar a mi suegro - gruñí mientras golpeaba su cuello, sus ojos se desorientaron un poco antes de perder el conocimiento y caer derrumbado en el piso.
Aro ya se había escapado cuando alcé mi vista. Elizabeth estaba en la laguna, sosteniendo a Edwar para que no se ahogara. Corrí rápidamente hacia ellos para ayudarla. Sentí mi pulso corriendo rápidamente por mis venas, me invadió la angustia nuevamente.
- No no no no no no no no... - murmuré rápidamente mientras tratabamos de sacar a Edward del agua. Su cuerpo inerte cayó sobre mi pecho, lo recosté cuidadosamente sobre el pasto. - Elizabeth, llama a mi tío por favor, a alguien - sollocé mientras me arrodillaba junto a él. Ella asintió.
No supe en que momento había comenzado a llorar. Comencé a chequear sus signos vitales, todavía tenía pulso pero no respiraba. Desesperada, puse ambas manos sobre su pecho y lo apreté con fuerza, haciendo las maniobras de primeros auxilios. Tomé su nariz entre mis dedos y abrí su boca para darle aire.
Repetí esos movimientos hartas veces, pero no reaccionaba.
- Por favor - rogué con la voz ahogada. - Reacciona Edward... - Mi vista se nublaba constantemente, porque la angustia nunca abandonó mi pecho. - Vamos cariño - dije meintras presionaba una y otra vez su pecho. - ¡Repira Baichi! - grité, sintiendo como mi cuerpo vibraba por los sollozos y las lagrimas caían por mi mejillas. - Respira, respira, respira... - susurré en voz baja, rogando con todas mis fuerzas de que este hombre no me abandonara.
Su rostro estaba sereno y todavía tenía color, pero sus labios estaban morados. Tomé su rostro entre mis manos mojadas y lo acaricié suavemente, me incliné sobre hacia él y besé sus labios fríos.
- Recuerda que tienes que proponerme matrimonio, recuerdalo. - susurré sollozando. - Recuerda que me dejarás con la boca abierta, recuerda que nos casaremos. Para eso tienes que respirar. Tienes que volver a mí... No quiero ser una casi viuda. - bromeé, soltando un sollozo. Suspiré aliviada cuando su cuerpo comenzó a convulsionar producto de la tos, y una sonrisa apareció en mi rostro.
Gracias Buda, pensé.
Mi tío llegó junto a Emmet y entre los dos, se llevaron a Edward.
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- Ten, linda. - murmuró la suave voz de Elizabeth. Con su mano, estaba sosteniendo un vaso de té caliente. Me dedicó una cálida sonrisa y yo se la devolví.
- Gracias - dije sinceramente.
Llevabamos casi veinticuatro horas en el hospital, la operación de Edward salió exitosa. Aro le había golpeado en la cabeza con un palo, y cuando lo empejó a la laguna, se golpeó en la misma parte con la roca. Por eso estaba sangrando cuando llegue.
Finalmente, el doctor apareció después de unas cuantas horas y nos dijo que podíamos verlo.
Emmet y mi tío habían insistido en que volvieramos a la cabaña de Rose, pero ni yo ni Elizabeth queríamos dejar a Edward, porque él era nuestro hombre favorito, para mi, el amor de mi vida y para Elizabeth, su hijo.
Nos entregaron una ropa especial para entrar. Mi corazón se contrajo cuando lo vi postrado en la cama. Lo único que me tranquilizaba era que su holter sonaba constantemente.
Nos acercamos lentamente hacia él, cada una poniendonos a su lado.
Estaba durmiendo tranquilamente en la cama, conectado a miles de maquinas y con una venda en su cabeza. Me mordí el labio inferior para no romper a llorar. Esta vivo, eso es lo importante.
El pitido del holter comenzó a sonar rápidamente, miré a Elizabeth alarmada, pero nos tranquilizamos cuando Edward tomo un gran bocado de aire y abrió lentamente los ojos.
Mi pulso se aceleró enseguida y por instinto, tomé su mano.
Éste me miró confundido, primero a mí y luego sus ojos se desviaron para mirar a Elizabeth.
- Hola Edward - murmuró su madre suavemente. Éste frunció el ceño y se miró, luego miró su mano, subiendo su vista por mi brazo hasta que sus ojos verdes se toparon con los míos.
Me sonrojé furiosamente, porque vi ese brillo familiar en ese verde esmeralda y no pude evitar sonreír.
- Eh... Hola - respondió. Rompimos el contacto visual cuando el pitido del holter se disparo a tal manera que parecía un solo pitido en vez de varios. Le lancé una mirada rápida a Elizabeth, noté por la comisura de sus labios que estaba tratando de contener una sonrisa.
Sus dedos apretaron los míos suavemente antes de soltarlos, me miró asustado.
- ¿Por qué estoy aquí? - preguntó confundido.
- Por culpa de Aro - respondí.
- ¿Ah? ¿Quién?
Me invadió el pánico y la angustia a la vez, lo miré con los ojos muy abiertos.
- Edward... - murmuré lentamente. - ¿Tu... tu sabes quien eres?
- Si, claro. - respondió con seriedad. - Soy Edward Cullen.
- ¿Y sabes quienes somos nosotras? - pregunto Elizabeth.
- Eh... sí, tu eres mi madre y esta belleza de aquí - murmuró mirandome con una sonrisa pícara. - Es mi futura novia - me guiñó el ojo. Me sonrojé furiosamente y suspire alivida. - No, solo bromeaba enfermera. ¿Me darías tu numero de telefono en todo caso? Quizá podríamos salir a tomar algo.
SABADO 21 DE ENERO, 2012 - 12:27 A.M
Aqui les dejo otro capítulo, todavía falta un poco para el final, pero bueno... ya no hay ningun otro secreto, así que no creo que las pueda sorprender mas, o quiza tenga un AS bajo la manga. Quizas xD
Y se que a algunas no les ha sorprendido en lo absoluto que fuera Carlisle, ¿Verdad? En parte era muy obvio, pero bueno xD
Espero que les haya gustado y lamento la demora.
Saludo Atte.
FANOFSM.
pd. ¿Qué les pareció la canción?
