"VETE AL DIABLO"

Inspiré profundamente y di un largo suspiro, mientras volvía mi cabeza para mirar a la ventana, que sería lo mismo que mirar al vacío. Era la quinta vez que hacía eso.

Cuando Edward despertó, todos pensamos que había sido una broma lo de su perdida de memoria, pero después de hacerle un par de preguntas, nos dimos cuenta que era verdad.

- Eh... sí, tu eres mi madre y esta belleza de aquí - murmuró mirandome con una sonrisa pícara. - Es mi futura novia - me guiñó el ojo. Me sonrojé furiosamente y suspire alivida. - No, solo bromeaba enfermera. ¿Me darías tu numero de telefono en todo caso? Quizá podríamos salir a tomar algo.

- Edward, deja ya de bromear, por favor. - Dijo Elizabeth con un tono autoritario, y un poco nerviosa.

- ¿Por qué? Lo de la invitación no es una broma - se quejó Edward mirando a su madre, luego poso su mirada sobre mí, el cual me causo un escalofrío tipo Edward. Su mirada, profunda y seria me ponía nerviosa, por que tenía esa expresión de seguridad y "tu seras mía" que no se lo quitaba nadie. - Señorita, enserio. Cuando salga de esta camilla, le prometo que la invitaré a tomar un cafe o cualquier cosa. Solo tiene que decir que sí.

Me quedé en silencio mientras lo miraba sin expresión alguna, esperando y esperando que en algún momento se decidiera por cortar la broma y ser serio de una vez por todas. Pero ese momento nunca llego, el tiempo pasaba y pasaba y el actuaba como si nada. Como si yo fuera una completa extraña a la cual quería llevar a la cama por que le parecía bonita. Como si el fuera un adolescente, el mismo adolescente hormonoso que yo conocía.

Decidí seguir con su juego, ponerme la mascara de enfermera y ver que pasaba. Por que si él realmente había perdido la memoria, o parte de ella, entonces yo no podía decirle así como así la verdad.

- Lo siento joven. - Murmuré con voz torpe. - Pero la política entre paciente y enfermero prohibe ese tipo de relación.

- Esta bien - dijo con voz indiferente. - Como sea, tu te lo pierdes de todas formas. - se encogió de hombros y miró a su madre, ignorandome por completo.

Abrí los ojos, sorprendida y en shock, por que todavía no podía procesar lo que pasaba.

- ¿Qué estoy haciendo aquí de todas formas, Mama? - preguntó Edward

Si el no hubiera perdido la memoria, no trataría así a su madre... Su comportamiento normal, habría sido el de salir de la camilla y abrazarla con locura, con un sentimiento de alivio de por fin verla sana, salva y lo mas importante, cuerda.

El no sería capaz de jugar con el sentimiento de las personas, al menos no por tanto tiempo.

Elizabeth me miró por un segundo, preguntándome si debe seguirle la corriente. Yo le guiñe rápidamente el ojo.

- Eh... tuviste un accidente hijo. Automovilistico. - murmuró ella, acariciando la mejilla de su hijo con todo el amor maternal que tenía acumulado.

- ¿Enserio? ¿Cómo quedo el auto? Papá me va a matar - dijo con esa típica voz de niño cuando esta en problemas.

Elizabeth me miró nuevamente, ahora con los ojos abiertos de pura sorpresa. Pude leer un poco de miedo en esos ojos.

- Hijo... ¿Qué año es? - preguntó rápidamente.

- Mama, creo que dormir tanto te hace mal - bromeó. - Estamos en 2008, claro. Y por cierto... ¿Donde esta la ingrata de mi hermana que no me viene a ver?

Después de eso, corrí a buscar al doctor y contarle lo sucedido. Explicó que era algo natural pues había recibido un fuerte golpe en la cabeza y al estar sumergido en el agua, empeoró su situación. El hecho de que haya olvidado diez año, solo muestra la gravedad del golpe, pero aseguro que era algo momentáneo.

El cuándo recuperaría la memoria, era otro asunto.

El doctor le dijo a Edward que había perdido la memoria y que actualemte era 2018, porque claramente no podía ir por ahi en el mundo creyendo que tenía 16 años. De todas formas, recibió la noticia con mucha madurez. Le hizo un par de preguntas al doctor sobre temas personales, pero él le dijo que tenía que recordarlo por si mismo.

Siguió creyendo que yo era la enfermera, pero desde que se enteró que tenía amnesia, comenzó a mirarme de una manera muy extraña.

Tuve que salir de la habitación cuando el doctor lo hizo, por que era sospechoso si me quedaba todo el tiempo allí. Estuve sentada toda la noche, esperando a que se quedara dormido para así entrar a su habitación. Mientras tanto, Alice y Jasper habían llegado a ver como estaba Edward. Nos saludamos como los viejos amigos que eramos y quedamos en que saldríamos a cenar uno de esos días.

Cerré los ojos y sentí las lagrimas rodando por mi mejilla.

"No vas a llorar" me dije a mi misma.

Apreté fuertemente los labios y me sequé el rostro con la manga de mi sweater. Inspiré nuevamente y volví mi cabeza hacia el hombre que estaba tendido sobre la camilla del hospital.

Eran alrededor de las cuatro y media de la mañana, todo estaba oscuro. Su rostro estaba iluminada por la tenue luz de la luna, que se colaba por las cortinas de la ventana, creando pequeñas rayas horizontales. Con la cabeza cubierta de vendas blancas, y pequeños rasguños que tenia en alguna parte de su cuerpo, lo unico que me tranquilizaba era el constante sonido que emitia el holter. Era la primera vez que lo veía tan vulnerable y pequeño.

Pero aun así, con la piel palida y un par de moretones, se veía extremadamente atractivo y no se como lo lograba. Sus ojos estaban cerrados de forma relajada, su respiracion era acompasada y su expresion serena, reflejando la viva imagen de la paz.

Sin poder evitarlo, eleve lentamente mi mano hasta posarlo suavemente sobre su rostro. Era la única manera que me permitía sentir que era real, y que aun estaba conmigo, a salvo. Pensar que si hubiera llegado tan solo unos minutos tardes, tal vez no habría alcanzado a sacarlo del agua a tiempo.

- Te amo - susurré con un nudo en mi garganta. - Yo sé que tu también me amas. - continué, mi visión se borro producto de las nuevas lagrimas que se formaron en mis ojos. Maldije por lo bajo. - Se que no me has olvidado, y si lo hiciste, me encargaré de que no te olvides de mí...

Iba a seguir hablando, pero fui interrumpida por el constante pitido del holter que comenzó a aumentar de velocidad. Miré con los ojos abiertos la maquina que mostraba los signos vitales.

¿Me estará escuchando?

Imposible, me dije. Me quedé en silencio por unos instantes hasta que el pitido volvió a la normalidad.

- Edward - llamé en un susurro, hablando en su oído. - ¿Me escuchas? - pregunté, sintiéndome la persona mas tonta del mundo, pero casi me caigo del asiento cuando el pitido acelero nuevamente.

¡Me escucha! Canté victoriosamente para mi misma, y una sonrisa se formo en mi rostro.

Solo tengo que ayudarle a recordar, recordar quien soy yo y recordar quien es él. Para eso, tengo que planear un par de cosas y necesitare la ayuda de todos.

Esta es la última barrera, la última barrera y al fin podre tener mi final feliz, ese final que soñe hace ocho años atras. Solo espero que se haga realidad.

- Recuerda la promesa Edward, recuerdalo. - Susurré.

.

.

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- ¡Estoy tan emocionada! - gritó Alice con alegría mientras me abrazaba con fuerza. - Ahora, dejando de lado del sentimentalismo. - dijo carraspeando. - Vamos a repasar nuevamente los últimos detalles. - murmuró mirando la lista que tenía entre sus manos.

Asentí con la cabeza al estilo militar.

- Entras a la cafetería, él estará sentado en una mesa. Te sientas a la mesa continua y no lo mires por nada del mundo. ¿Lo vas a mirar Bella? - preguntó rápidamente.

- Eh...

- ¡No! La respuesta es No, Bella. No tienes que pensarlo. - dijo Rose con voz exasperada.

- Lo sé, Rose.. Tranquilizate. - murmuré con los manos arriba. - No hay que mirarlo por nada del mundo. Listo.

- Muy bien, linda. Ahora, como iba diciendo... su personalidad esta confundida, atrapada en la de un adolescente de 16 años y en el de un adulto de 26. Reaccionará con sus hormonas y te invitará a sentarte con él. ¿Qué harás tu?

- Ehh... - me detuve a pensarlo y me imaginé la situación, él sentado en una mesa, con los codos apoyados sobre ella, vuelto hacia mi, su mirada fija en mis ojos, penetrante y sexy, con una sonrisa torcida y con voz aterciopelada diciendo "¿Te sentarías conmigo?" La respuesta, claramente será un sí. - ¿Me siento con él? - respondí en tono de pregunta.

Me golpeó con su cuaderno en la cabeza y negó con la cabeza.

- "No, gracias" dirás. ¡No, gracias! - me reprendió Alice.

- Se lo que estas pensando Bella - dijo Rose. - Mis instintos maternales me ayudan a percibir ciertos pensamientos. Y lo que percibo, es que estas caliente imaginado a Edward.

- ¡Mentira! - dije sintiendo de repente, mis mejillas completamente rojas.

- Mira Bella, si quieres hacerlo bien, entonces tendrás que aprender a no caer bajo los encantos de Edward. Por que el te quiere, todos sabemos la obvia razón, pero no sabe realmente por qué te quiere. El, volviendo al Edward de 16 años, solo quiere una cosa. Tu sobre su cama, desnuda. Y hará todo lo posible para lograrlo.

¡Por mi, feliz!

- No Bella - dijo Alice, golpeándome la cabeza nuevamente. - No es bueno que él quiera eso. En el fondo, sabemos que te ama. Pero si le das el camino fácil ahora, tal vez, pierda el interés en ti. Asi que es por eso que tendrás que tener la fuerza de voluntad de los dioses, por que usara todo lo que esta en él para seducirte. Pero tu eres mas fuerte que eso y no caeras, ¿Verdad?.

Tuve que meditarlo un momento, pero las chicas respondieron por mí.

- ¡Si! - cantaron al unisono.

- ¿Quieres reconquistarlo, verdad? - preguntó Rose. - Te pregunto, ¿Cómo fue que lograste conquistar a Edward?

- No lo sé.. esa respuesta ni yo lo sé realmente. - Murmuré encogiendome de hombros. - Yo creo que fue por obra de un milagro, del espíritu santo y de todos los dioses juntos. Esa es la única explicación...

Golpe en la cabeza.

- Mira, mujer de poca fe. - gruñó Alice, sabía que le encantaba hacer ese papel de gruñona, pero su sonrisa le delataba. - Edward, mi hermano, te ama. ¿Por qué? Por que eres linda, porque eres inteligente y por que eres diferente a las demas. ¿Cómo eres diferente a las demas? Por que solo tu, pudiste cambiar su prototipo de mujer. ¿Él te había contado alguna vez que le gustaba las rubias tipo Barbie? Claro que te conto, es obvio. Y que tú, por ser un pedazo de morenasa, le diste mil patadas a todas esas Barbies. Pero lo mas importante, lo que mas le gusto de ti, era tu personalidad. Ese caracter fuerte, pesado y sincero a la vez, que ocultaba a una persona dulce y tierna.

- Aja.. ¿Adonde quieres llegar con eso?

- El se interesó por ti, porque fuiste la única que no le hizo caso a sus insinuaciones. ¿Por qué no hiciste caso a sus insinuaciones, Bella?

- Por que en ese entonces, pensaba que él era de esos típicos hombres que te querían para eso y luego te botaban. - respondí sin pensarlo.

- ¿Y por que ahora es diferente? ¿Por qué te cuesta tanto hacer lo mismo que antes?

- Por que ahora lo conozco. - murmuré lentamente, pensando en el Edward dulce y tierno. - Y sé que no es uno de esos típicos hombres, y que ya no hay manera de resistirme a sus encantos, porque perdí esa facultad hace muchos años.

- Mira Bella. Él tiene que conocerte, tiene que recordarte o recordar algo de ti. Y no lo va a lograr si el primer dia que lo conoces, osea, el primer supuesto día que te conoce, le das el pase libre. Por que tendrá una mala perspectiva sobre ti, no importa si tu lo conoces hace muchos años, él solo te conoce por el día y se llevara cualquier impresión de ti. - dijo Alice.

- Tienes que ser tu misma con él, pero no realmente la misma. - murmuró Rose. - Tienes que ser igual de graciosa, simpática e interesante, pero no puedes ser la novia, no puedes tomarle la mano, o acariciarle la mejilla, por que a él, como hombre se le subirán los humos a la cabeza. Puede ser difícil, pero es por una buena causa.

- Ok, entendido y grabado. Ser yo, pero no ser yo. Claro como el agua - murmuré con un poco de nerviosismo.

- Ahora, mujer. Vete de esta habitación, que tienes a un hombre que reconquistar.

.

.

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Me miré por el espejo retrovisor, era la décima y última vez que lo haría. Mis manos sudaban, mi rostro estaba rojo como si hubiera corrido una maratón, y mi corazón estaba latiendo rápidamente.

Esta de mas decir que estoy nerviosa.

Me eché hacia atrás, recargando mi cabeza en el asiento. Traté de respirar varias veces para tranquilizarme y encontrar mi paz interior.

Es solo Edward, solo Edward. Ya lo conoces, tienes que actuar normal, sé natural. Sonríe mucho, por que a él le encanta tu sonrisa, habla de cosas interesantes, tienes que actuar como si es un desconocido, trata de mentir bien, por favor.

Por otro lado, algo que definitivamente no puedes hacer es, decirle "Te amos", no es recomendado que te abalances sobre él como una maniatica, tampoco es conveniente que lo toques, ni en los brazos, ni el rostro, ni el cuello, ni otras partes que no mencionare. Y por último, se fuerte mujer y no caigas bajo sus encantos.

Por que es tu misión hacer que él caiga bajo tus encantos. Asi que mujer, tienes que tratar de ser la mas sexy y caliente del mundo, que Edward Cullen será tuyo. Eso sonó totalmente a algo que diría Rose y no yo...

Tomé un largo respiro y abrí la puerta para salir del auto de una vez por todas.

Gracias a la obra y arte de Alice, me puso una minifalda, que según ella, luciría mis despampanantes piernas que dejaría a Edward con la boca abierta. Siempre supe que me mentía para hacerme sentir bien. Llevaba una playera celeste, unas sandalias cafe que hacía juego con mi cartera y etc, etc, etc. Mucha ropa.

Caminé a lo largo del estacionamiento hasta llegar a la entrada de la cafetería. Me recordé a mi misma que no podía mirarlo, así que paseé mi mirada disimuladamente por el local, que estaba casi vacío, teniendo solamente una pareja y un anciano como clientes. Dí una última mirada para verificar si estaba, pero me llevé una decepción cuando me di cuenta de que Edward no había llegado al cafe.

Entré de todas formas y me senté en una mesa al lado de la pared de vidrio, que daba la vista hacia el autopista. Ya llegará, me dije.

Saqué mi celular del bolso y le envié un mensaje a Alice. "TU HERMANO NO ESTA! TE ODIO" Cuando oprimí el botón enviar, el camarero se había puesto a mi lado para ofrecerme la carta.

- Quiero un chocolate caliente, por favor. - dije rápidamente sin mirarlo, pues estaba guardando mi celular.

- Le recomiendo que pida un cafe de vainillas. - dijo el joven con voz aterciopelada. Con el ceño fruncido, levanté la vista para mirarlo y casi me caigo de la silla cuando vi quien era.

Era nada mas ni nada menos que Edward, en todo su resplandor. Todavía llevaba un par de vendas en la cabeza, pero ya había pasado dos días desde que le dieron de alta, así que estaba mejor. Hace mas de una semana que no lo podía ver, por que claramente yo solo era la enfermera. Me conformaba por escabullirme en la noche a su habitación mientras estaba durmiendo y ahi le decía todas las cosas que no le podía decir de día.

Ahora, ellos se estaban quedado en la cabaña de Rose con la excusa de que estaban de vacaciones, y que cuando Edward se recuperara, volverían a la normalidad. Mientras tanto, yo me quedaba en la cueva con mi tío. Después les contaré con mas detalle como es, pero ahora, volvamos a la situacion de Edward.

- ¿Perdón? - carraspeé, mientras recuperaba mi compostura. Eres una extrañana, no lo conoces, recuerdalo. Sé natural.

- Lo digo por experiencia, el chocolate caliente es malo. - se inclinó para susurrarme al oído. Me estremecí cuando sentí su gélido aliento acariciando mi nuca, haciendo que todos los bellitos se levantaran.

- No importa, quiero un chocolate caliente. - respondí. ¿Qué hace él trabajando aquí? Alice no me dijo nada sobre eso.

Nos miramos sin decir nada, sus ojos verdes me examinaron por largo tiempo, tratando de descifrar de donde me conoce. Por que claramente le parezco familiar. De la nada, me dedicó una sonrisa, de esas matadoras y se cruzó de brazos, haciendo que sus músculos se contrajeran.

Concentrate Bella.

- Lamento informarle que no trabajo aquí. Solo quería saludarla por que me pareció familiar, y ahora se exactamente quien es... - murmuró, su sonrisa nunca abandonó su rostro.

- ¿Sí? ¿De donde crees que me conoces? - pregunté con las cejas alzadas, desafiante.

- Del instituto. - abrí mis ojos como plato.

- ¿Edward? - pregunté, tratando de ver si me recordaba.

- Estaba bromeando solamente. - dijo sonriendo, mientras tomaba el asiento en frente de mi. Fruncí el ceño. - ¿Pero me creerías si te digo que tengo ese sentimiento de que te conozco de toda la vida, enfermera? Tal vez te conozco de algun lado, perdí la memoria, ya sabes.

- No... lo siento. Si sé que perdiste la memoria, pero la primera vez que me viste fue en el hospital. Y esa corazonada que tienes, creo que se lo dices a todas las chicas que conoces. - Murmuré con una sonrisa. - ¿De qué pelicula sacaste esa frase tan cliché? - pregunte apoyando mis brazos sobre la mesa. Él imitó mi gesto y se inclinó hacia adelante. Su rostro frente al mio, cerca de mí, muy cerca de mi pero no lo suficiente.

- ¿Y me creerías si te digo que puedo leer la mente? - preguntó ignorando mi pregunta. Sonreí cínicamente, y negué con la cabeza.

- ¿Qué estoy pensando en este momento? - pregunté con voz desafiante. Él sonrió pícaramente.

- Bueno... Hace un momento, recordaste que soy el paciente mas lindo que has visto en toda tu vida y por eso no puedes olvidar mi nombre, y que no me puedes sacar de tu cabeza. Es la única razón que me ayuda a entender cómo has recordado mi nombre, siendo que tienes miles y miles de pacientes y no creo que recuerdes cada uno de sus nombres como lo has hecho con el mío.

- Tengo buena memoria - respondí con voz cortante. Recuerda, es un idiota, arrogante con una mentalidad de 16 años. No caigas en su juego.

- Entonces... Como tienes buena memoria, supongo que recuerdas que te debo una taza de café, ¿Verdad?

- ¿Me estas invitando a tomar algo? - pregunté, recargando mi espalda contra el respaldo de la silla mientras me cruzaba de brazos. Él imitó mi gesto nuevamente, alzando las cejas de paso.

- Te estoy invitando a tomar una taza de cafe.

- Pero yo quiero un chocolate caliente. - reproché haciendo un puchero. Se quedó en silencio unos segundos, mientras me miraba de esa forma que decía "Eres adorable". Me sonrojé rápidamente y desvié la vista, avergonzada.

- Pero yo te estoy invitando a una taza de cafe de vainillas. Te aseguro, pero te prometo que sera mil veces mejor que tu chocolate caliente. Lo prometo - dijo rápidamente. - ¿Qué puedo hacer para que me aceptes un cafe de vainillas? - preguntó mientras se desabrochaba lentamente los botones de las mangas, se las arremangó y luego apoyó sus codos sobre la mesa, juntando las manos de paso.

Ser tu. Simplemente ser tu.

- Mira - murmuré lentamente, mientras sonreía. - Pediré un vaso de chocolate caliente, y me lo llevaré porque tengo prisa. - mentí.

- ¿Te puedo preguntar adonde tienes que ir?.

- Claro que puedes preguntarme. - dije. - Que te responda es otra cosa. - murmuré. En su rostro, apareció una sonrisa muy adorable y negó lentamente con la cabeza.

- ¿Cómo te llamas, enfermera?

- ¿Cómo crees que me llamo? - respondí con la pregunta.

- Yo me llamo Edward Cullen, y aparentemente tengo 26 años. Lo cual es sueño de cualquier chico, dormir teniendo 16 y luego despertar siendo un adulto.

- ¿Y cómo es eso? ¿Extraño, sentir que te perdiste 10 años de tu vida? ¿No sientes un vacío, como si te faltara una persona? - pregunté.

No seas tan obvia Bella, por favor.

- La verdad es que es extraño... Pero, creo que para que te responda la pregunta, primero deberías recibirme el café de vainillas y decirme como te llamas. Por que sería injusto que yo te responda todas esas preguntas y ni siquiera sepa tu nombre. ¿No crees? - murmuró mirandome detenidamente a los ojos. Tragué saliva lentamente y asentí con la cabeza.

- Bien... Pide ese bendito café de vainillas. - dije finalmente y en su rostro, apareció una sonrisa ganadora que no se lo quitaba nadie. Mi corazón saltó involuntariamente, y traté de reprimir una sonrisa al ver ese gesto tan infantil en él.

Se enderezó y levando la mano, girando su cabeza en dirección al camarero para indicarle que se acercara.

- Un café de vainillas para esta señorita que esta sentada acá y un chocolate caliente para mi, por favor. - dijo una vez que el camarero estaba a nuestro lado.

Le miré con cara de incrédula y él solo sonrió, encogiendose de hombros.

- Me convenciste. Creo que debería probar el chocolate caliente que me recomendaste.

- Pero... dijiste que ya has probado el chocolate caliente - reproché. Él río divertido.

- Si, claro. Pero no he probado el chocolate caliente de este local. - se defendió. - ¿Y como te llamas, de todas formas?

- Isabella - respondí.

- ¿Isabella? - repitió arrugando la nariz.

- Así es, ¿Por qué arrugas la nariz?

- Por que no tienes cara de Isabella. - dijo extrañado.

- ¿Y de qué si tengo cara? - pregunté curiosa.

- No lo sé... Bella tal vez. Si, te queda bien Bella - dijo asintiendo, como si estuviera hablando para si mismo.

- ¿Enserio? - pregunté fingiendo sorpresa, aunque la verdad es que si estaba sorprendida, pero en el fondo ese nombre siempre lo supo. Así que simplemente esta empezando a recordar.

- ¿Te puedo decir Bella, verdad? Espero que no creas que soy así de confiado con todas las chicas, pero realmente creo que te conozco de algún lado. ¿Estas segura que no nos conocemos?

- Completamente segura, tengo muy buena memoria y si realmente te conociera, lo recordaría. - mentí.

Él me miró por un momento, con expresión seria, como si me estuviera examinando. Espero que no descubra mi mentira, porque soy pésima para disimular. Antes de que pudiera ver algo mas, el camarero llegó con nuestras bebidas, el cual rompió nuestro contacto visual.

- Muchas gracias - murmuré, éste me miró y me sonrió.

- De nada señorita, le dejé un chocolate que va por cuenta de la casa. - murmuró el chico.

- Huh... gracias - dije sonrojada. Cuando se volvió a Edward y le dejó su taza de café, éste primero le fulminó con la mirada y contuve la sonrisa, porque sabía que estaba celoso.

- ¿Y para mí no hay chocolate? - gruñó Edward.

- Le traigo uno enseguida señor. - dijo el chico, y volvió con el chocolate después de unos segundos.

- Ese descarado. No tendrá propina - murmuró enojado.

- ¿Se puede saber por qué no le darás propina? - pregunté con una sonrisa, sabiendo perfectamente la respuesta.

- Por que no me agrada. Es un desgraciado.

- ¿Te molestaría si yo le doy propina? Lo mas probable es que se hizo el lindo por eso, el pobre tiene que vivir de algo. - sonreí mientras me llevaba la taza a la boca. Soplé lentamente antes de beber un sorbo.

- ¿Lo encontraste lindo? ¿Qué tiene de lindo ese gilipollas? - preguntó a la defensiva.

- Me regalo un chocolate, creo que se ganó un par de puntos. - dije encogiéndome de hombros mientras bebía otro sorbo. La verdad es que realmete estaba bueno el café, pero no se lo iba a confesar.

- Y yo te regalé un café de vainillas. Eso suma algunos puntos, supongo. - murmuró bebiendo de su chocolate.

- No lo sé. ¿Estas tratando de conquistarme? - bromé.

- ¿No es obvio? - respondió el con una pregunta, sin ningún rastro de diversión en su tono de voz. - Claro que estoy tratando de conquistarte. - Se llevó la taza a los labios y tomó un sorbo, todo eso sin romper el contacto visual conmigo.

Nos quedamos en silencio por unos minutos, yo tratando de tranquilizarme porque uno, estaba totalmente roja y dos, quería arrancarle la ropa de encima y besarlo de una vez por todas. Pero en vez de hacer todo eso, seguí bebiendo de mi café.

- ¿Alguna vez te han dicho lo linda que te vez con ese rubor? - preguntó con esa voz aterciopelada.

- Si, a decir verdad si me lo han dicho. Y se ganó muchos, pero demasiados puntos con eso. - respondí. - Así que tendrás que hacer mas esfuerzos si quieres conquistarme, porque vengo saliendo de una larga relación, y él si que es un buen hombre. En todos, todos los sentidos. - murmuré alzando las cejas para que entendiera el significado de "todos".

- Pero claramente, fue un idiota al dejarte ir. Si ese hombre fuera yo, haría todo lo posible para que te quedaras conmigo. Así que creo que en ese sentido, le he ganado en unos 100 puntos, ¿Verdad?.

Sonreí. Si tan solo supiera que esta compitiendo consigo mismo, no se llamaría idiota.

- Como quieras. - murmuré divertida.

- Eres linda Bella. - dijo sin rodeos. - Y me gustas.

- Nop - dije negando con la cabeza. - Muy directo. Se mas sutil por favor - bromé, aunque internamente, me encaba que fuera así.

- Bella, he visto rosas muy hermosas, pero ninguna como tú...

- ¿Enserio? - dije alzando las cejas.

- Lo siento - murmuró riendo. - Soy pésimo como poeta. Pero no encuentro manera sutil de decir, me gustas y haré todo lo que este en mis manos para que estés conmigo.

Oh, por Dios. ¡Matenme! Esto es un sueño del que no quiero despertar. ¿Cuántas mujeres sueñan con que alguien como Edward le digan eso? Por mí feliz de que me conquiste, de cualquier forma, porque él siempre ganará.

- Me halaga, enserio que estoy halagada. Pero ahora no estoy buscando ninguna relación. Acabo de salir de una y la verdad es que...

- No te estoy pidiendo que sea ahora, solo te pido una oportunidad. - dijo inclinándose sobre la mesa mientras tomaba una de mis manos entre la suya.

Internamente me estaba muriendo por decirle que sí, pero recordé lo que dijo Alice, y quizás esta no era mas que una de sus jugadas. Realmente no sé que hacer. Si le doy la oportunidad, en menos de dos segundos, cuando no haya una mesa que nos separe, me veré a mi misma sobre él, besandolo como loca. Y después de eso, no hay moral alguna que me detenga. Así que tomé la decisión correcta, o la mas segura.

- Lo siento Edward, pero...

- Una cena - me interrumpió antes de que le dijera algo. - Dame una cena y si después de eso, nada DE nada, te dejo en paz. - pidió con sus ojos de cachorros.

- Eres lindo. - reconocí sin poder evitarlo, su mano apretó la mía ligeramente, con cariño, mientras me dedicaba una sonrisa. - Pero soy una de esas personas que cree en el destino. Así que, si el destino quiere, nos juntará algún día. Si eso pasa, te debo una cena.

- Dame tu número mejor, así nos aseguramos de que el destino nos junte. - murmuró guiñándome el ojo.

- No gracias, prefiero hacerlo al azar. Me tengo que ir ahora. - Murmuré alejando lentamente mi mano de la suya. Mi yo interno me golpeó la cabeza, pero era algo que tenia que hacer. - Así que muchas gracias por tu café, tenías razón, estaba muy rico.

- De nada. - dijo sonriendo. - Ahora ten. - me tendió un lapiz que sacó de su bolsillo. - Anota tu numero en un papel, si no es mucha molestia.

Sonreí recordando la nota que puse en su mano la primera vez que lo conocí, así que saqué una servilleta y escribi:

"666-666 Vete al Diablo. Llamame lindo. Con amor, Bella."

Lo doble rápidamente para que él no viera lo que escribí. Me levante de mi silla y le entregué la servilleta.

- Muchas gracias de nuevo, Adios. Nos vemos si el destino quiere. - dije lanzando un guiño.

Salí rápidamente del café antes de que el me detuviera, y me subí al auto. Pero para mi sorpresa, justo cuando estaba encendiendo el auto, él estaba en mi ventana, tocando constantemente para que lo bajara. Me estaba sonriendo así que supuse que no estaba enojado.

- Ten - dijo devolviendome la servilleta una vez que bajé la ventana. - Llámame cuando quieras, bonita. Me encargaré que el destino nos vuelva a unir, no te preocupes. Este mundo es muy pequeño y yo tengo muchos contactos, así que me debes una cena.

- Bueno, como quieras. Me tengo que ir ahora, así que si no quieres salir volando, será mejor que saques tu cabeza de mi ventanilla. - murmuré con una sonrisa.

- Esta bien. Solo una cosa...

- ¿Sí? - pregunte. Tan rápido como llegó su beso en mi mejilla, su cabeza abandonó mi auto y se escapó como todo un cobarde. - Te amo, Edward. - suspiré al aire. Finalmente dije la frase que estaba conteniendo.

Recordé la servilleta que tenía en mi mano, y lo abrí rapidamente para ver que decía.

"Espero que te haya gustado el beso que dejé en tu mejilla. También espero que ya te hayas olvidado de ese imbécil, porque pretendo quitarle el puesto. Te aseguro que soy mejor que él en todos, TODOS los sentidos. Así que, si el destino quiere, (Aunque estoy seguro de que el destino) nos vemos en unos de estos días para que me cuentes si me extrañaste y para yo darte otro de mis besos, en la mejilla o en otras partes si me lo permites. En todo caso, si me extrañas puedes llamarme al 75398451. Eres linda Bella, me gustas y no hay ningún poema que describa mejor lo que siento por ti. Sé que tu también sientes algo por mí. Eres un asco de mentirosa.

Se despide atentamente.

Ed. Cullen"

Martes 21 de Febrero, 2012 - 11:39 PM

LO SIENTO, LO JURO QUE REALMENTE SIENTO LA TARDANZA. ME HE DEMORADO UN MES Y ESO QUE ESTOY DE VACACIONES.

Y esa seria mi única explicación, me fui de la civilizacion por un par de semanas y recién vengo llegando. No espero que me entiendan, solo quiero su perdon jaja xD

Por cierto, por si tratan de llamar a Edward, ese es un numero ficticio, desgraciadamente y no contestará él. Lo siento :( ajaj xD

Espero que les guste haya gustado este capitulo.

Y gracias por ser tan pacientes :)

Estos chicos no se quedaran sin su final feliz.

Adios, hasta un proximo capitulo de Libre Albedrío.

Atte.

FANOFSM