LLEGANDO AL CIELO

Era como si estuviera encerrada en un cilindro. En un gigantesco, inmenso y brillante cilindro. Con metros y metros de altura, y muchas ventanas que dejaba entrar la luz. Calculando, supuse que debían de haber tal vez uno veinte o treinta pisos. Se trataba de un hotel, de eso no lo dudaba.

El lugar estaba vacío, ninguna persona y casi ningún mueble que pudiera acentuar un poco la decoración. Simplemente eran paredes de un dorado brillante, y ventanas transparentes. Podría decirse que estaba dentro de un frasco, demasiado elegante y demasiado hermoso para mi gusto.

Estaba furiosa también. Sentía mis mejillas caliente de la ira, y es que enserio, si ese hombre cree que sobrevivirá a esto, entonces esta más que loco. Sentí que había jugado conmigo, no le importó que después del susto que me llevé al pensar que casi se murió, de nuevo, tuve que lidiar con su perdida de memoria. Tal vez no lo pensó. No pensó que tuve que tragarme el nudo de la garganta y pensar positivo ante el hecho de que el amor de mi vida me borró de su memoria.

¿Cómo se atreve?

No lo sé.. simplemente, quiero saber el porque y mas le vale tener una buena justificación. Por que mi perdón llega hasta cierto punto. Sabía que esas respuestas las podría obtener de una sola forma, y era encontrando su hermoso y desgraciado trasero. Inspiré profundamente, y me fijé en el papel que tenía en mis manos. Negro como el carbón, donde las letras de un dorado corona brillaban a tal punto de casi estar llamando para ser leídas.

"Así, como un bebé crece en el vientre,
y se desarrolla por nueve meses,
así este amor crece en nuestro corazón
y tengo que decirte lo que significa para mí..."

¿Qué se supone que significa esto? Alcé la vista y miré a mi alrededor, de nuevo para tratar de ver si podía verlo en alguna parte.

¿Es su forma indirecta de decirme que quiere tener un hijo conmigo?

¡Por favor!

Me conoce poco si con eso va a remediarlo todo.

Maldito idiota, patán, insensible, estúpido, imbécil, insensible, patán, idiota, baichí, tonto, estupido, maldito... ¡Agh! Estoy tan enojada que ni siquiera puedo pensar en algun insulto que no sea idiota, patán, insesible, estúpido y la lista sigue... ¿Es que como se atreve?

Suspiré, tratando de olvidarlo y dí vuelta la tarjetita donde decía algo mas:

Esto no es un poema, solo te daré algunas pistas. Si miras hacia arriba, encontrarás varios pisos, dentro de las cuales hay muchas habitaciones. Estoy dentro de una de ellas. ¿En que piso será?.. Ya te di esa información. No me odies bonita, todo tiene su motivo. Ven y averígualo.

Te amo. E.S.T

No tuve que pensar mucho para averiguar en que piso estaba, así que mirando a mi alrededor, me fijé que a mi derecha había un largo pasillo donde había una escalera curva, que se extendía a lo largo de todo el edificio. Sin perder el tiempo, caminé hacia él con pasos largos y firmes, una vez que llegué a la escalera, comencé a subir escalón por escalón trotando, y girando a la vez.

Llegando al primer piso de arriba, había un letrero apoyado en la pared frente a mí que decía "2", indicándome que era el segundo piso. Con la respiración agitada y un poco mareada, continué subiendo por aquella escalera, solo que ahora caminando, pues si continuaba corriendo, estaría sudando.. y a nadie le gusta sudar en un vestido tan bonito como este. Si hubiera estado en otra situación, habría pensado que la escalera es hermosa y muy elegante, pero para efectos como esto, es demasiado inútil. Cuando pensaba que ya no tenía que dar mas vueltas, me encontraba con otra y otra, y así. Se me hizo interminable el recorrido, hasta que finalmente llegué al piso que quería.

Apoya en la baranda del piso nueve, traté de regular un poco mi respiración. Miré hacia abajo y me dio un poco de vértigo. ¿Qué será de mí si estuviera en el último piso de arriba?, me pregunté.

Comencé a caminar a lo largo del pasillo curvo. Este piso, tenía algo diferente al restos de los piso, era la decoración. Cuando llegaba a algún piso, por ejemplo, el tres o el cuatro, el letrero era plateado, haciendo contraste con el color de la muralla. El número era negro y sería. En cambio, cuando llegué al piso nueve, supuse que era ese, pues:" y se desarrolla por nueve meses" nueve, era el único número... bueno, en fin, cuando llegué al piso nueve, el letrero era totalmente negro con letras doradas.

Supuse que éste debía ser el piso.

A pesar de todo el enojo, tengo que admitir que con estos pequeños detalles me hacían un poco menos enojada. Solo un poco menos. Porque, primero que nada, tuvo que conseguir un hotel totalmente desalojado, sin ningún tipo de mueble, para lograr su quien sabe cual objetivo, y lo hizo por mi. ¿Cómo lo logró? Nadie sabe.

Realmente quería mantener mi enojo, porque con lo que hizo, no merece nada menos. Pero.. si lo considero bien, el talvez tenía un buen motivo para fingir su perdida de memoria, y sé que no lo hizo con mala intención. Ademas, no puedo no perdonarlo, sé que tomara tiempo, pero también sé que al final del día, el conseguirá lo que quiere y lo dos seremos felices...
Si lo analizo bien, tengo que pensar que debo ser consecuente, porque el me perdonó un gran error que yo cometí, un terrible, estúpido y grave error. Él debería estar odiandome por lo que hice, por ser egoísta y cobarde, por no pensar en él y sin embargo, no me odia. Me perdonó el mismo día en que me vio, sin rencor, sin mirar al pasado.

Creo que por eso, él merece lo mismo. Así que.. traté de mirarle el lado positivo.

Leí la tarjeta nuevamente mientras iba caminando lentamente y no pude evitar sonreír esa vez. Era demasiado tierno cada palabra que decía, me hace ver el maravilloso hombre que es, un hombre que es capaz de conseguir un hotel vacío solo para darme una sorpresa, que es capaz de armar todo un puzzle solo para mí. Y... eso no lo hace cualquier hombre.

Todas las puertas por las que iba pasando, eran de un color café rojizo, dándole un toque rústico al lugar. Me detuve frente a la primera puerta y traté de abrirla. Estaba cerrada. Supuse que no está ahí porque, bueno.. Estaba cerrada. Por lo que continué caminando a lo largo del pasillo. Me acerqué a la segunda puerta y al cuando giré la manilla, ésta tampoco abrió. Seguí tratando de abrir todas las puertas por las que pasaba al frente, pero ninguna de ellas cedían. Ya me estaba aburriendo de abrir las puertas, hasta que finalmente, una de ellas cedió.

Mi corazón comenzó a acelerar, porque me preguntaba si él estaría adentro, qué pasaría si realmente estaba, qué le diré, y como me comportaré. De verdad no estaba preparada.. Por lo que cerré la puerta. Demasiado cobarde como para abrirla y enfrentarme a lo que sea que haya adentro. Me sentí muy estúpida al actuar de esa manera, no sé porqué lo hice.

"Se una mujer y entra de una vez por todas. Es solo Edward, cuando lo veas, sabrás que hacer. No pienses tanto, porque eso te llevo a cometer la estupidez mas grande de tu vida, así que tu solo actua. Que para eso estan los filosofos que piensan por nosotros." Gritó una voz interna.

Y generalmente esa perra tenía razón.

"Ya lo sé"

Abrí la puerta de un tirón y estuve a punto de gritar "¡Te encontre!" Pero fue para mejor no hacerlo, pues habría hecho el rídiculo. La habitación estaba vacía, completamente vacía. Sin cama, ni escritorio, o sillones, Nada. Tenía una bonita forma curvada, con grandes ventanales donde te daban una vista espectacular hacia afuera. Entré un poco mas y me encontré con otra puerta a mi derecha. Supuse que era el baño de la habitación. Abrí esa puerta y también estaba vacía, para mi desgracia.

Arrugué la nariz y estuve a punto de hacer un berrinche. Pero me lo aguante. Edward debe estar burlándose de mí en estos minutos. Ya verá el desgraciado. Salí de la habitación irritada, cerrando la puerta de un portazo. Para que ese idiota vea y escuche lo enojada que estoy. Seguí caminando por todo el pasillo, con mis tacones haciendo eco por todo el hotel, el único sonido que rompe el silencio sepulcral que hay. Con eso, no tendría duda de que llegué al piso que él quería. Estuve a punto de dar la vuelta completa cuando un borrón negro a mi derecha me detuvo Di un giro de 90º grados, a una velocidad de 90º grados por segundos y...

Solo bromeo.

Simplemente, giré de tal manera que quedé frente a la puerta totalmente negra, que tenía un lienzo dorado sobre la manecilla. La única puerta diferente a las otras. Ésta definitivamente era la puerta de la habitación en el piso nueve. Me fije en los colores que componían la puerta, negro y dorado, tal como los colores de la tarjeta. Ésta es la gran pista y no pude evitar sonreír y sentirme feliz por ello, por que enserio que nunca pensé que haría algo así.. Por lo menos a mi no se me habría ocurrido.

Demasiada nerviosa, giré la manecilla de la puerta y la abrí lentamente. La habitación estaba completamente oscura, a pesar de estar con todo la luz crepuscular alumbrando el edificio, ningún fotón se colo dentro de la habitación, y era raro pues la puerta estaba abierta. Eso le daba un toque espeluznante, pero también de misterio. Supuse que había una especie de cortina que no dejaba entrar la luz.

Mis pasos de seguridad me abandonaron con mis pasos de enojo, haciendo que la timidez se apoderara de mi. Entre con ella de todos modos. Toqué la cortina frente a mí y la moví a un lado para poder entrar. Una vez que estuve adentro, sin poder ver nada, la puerta se cerró detrás de mí en un fuerte portazo. En ese minuto ya no sabía que hacer, el miedo me invadió de repente, aterrada de no poder ver y no saber en donde estaba la salida. Comencé a girar y a mirar por todas partes pero realmente no veía nada. Estaba cegada.

Pegué un grito de susto cuando una oleada de aire llegó a mi derecha, haciendo volar mi vestido.

- Shhhhhh... - escuché que me silenció una voz a mi espalda, a solo unos cuantos pasos.

- ¿Edward? - pregunté con voz temblorosa.

- ¿Por qué tan asustada? - preguntó él, sin responder a mi preguntar. Y en efecto, si era la voz de Edward, aterciopelada, pero sonaba un poco mas peligrosa. Tenía una corazonada de que estaba sonriendo y que se lo estaba pasando en grande.

- No estoy asustada. - murmuré patéticamente.

- ¿Ah no? - susurró sobre mi oído. Dí un salto hacia adelante y comencé a caminar alrededor de la habitación con las manos hacia adelante, tratando de alejarme.

- No - respondí esta vez con voz firme.

Sentí unas manos frías tomando mis muñecas, acercándome a él, acercando mis manos hacia su duro pecho.

- ¿Por qué tardaste tanto en llegar? - preguntó murmurando con su suave mejilla pegada a mi mejilla, su boca sobre mi oído, su aliento sobre mi cuello. Demasiadas cosas en un solo minuto, no podía respirar, estaba mareada, ciega y nerviosa. Siempre pasaba cuando él estaba cerca. - Respira bonita - susurró.

Hice lo que me pidió y respiré, descansando mi mejilla sobre la suya. Estaba recién duchado y afeitado, olía a loción y a perfume y a él... Realmente sería mi perdición.

- Por que eres un idiota - respondí después de un rato. Sentí su sonrisa en mi mejilla y no pude evitar sonreír por ello.

- ¿No te di bien las indicaciones? - preguntó divertido.

- No fue por eso, fue porque me olvidaste. - murmuré, sabiendo que no es verdad.

- Lo fingí, que es distinto. Nunca te olvidaría - murmuró.

- ¿Y porqué fingiste eso? - pregunté sin ocultar el dolor y la irritación en mi voz. Quería apartar mis manos de él, pero realmente no quería y como mi cuerpo es un maldito traidor, hizo todo lo contrario a lo que debería querer, subiendo mis manos por sus hombros y me colgué de su cuello como solo yo sabía hacerlo. Él envolvió mi cintura con sus brazos y escondió su rostro en mi cuello, inhalando profundamente.

Definitivamente, algunas cosas no cambian o no se olvidan, pensé.

- Por que es una venganza - respondió.

- ¿Una venganza? - pregunté sorprendida.

- Te dije que me vengaría de ti por haberme abandonado en ese aeropuerto. Nunca me creíste - murmuró, su voz seguía siendo divertida y no parecía arrepentido del todo. Ahora si que tenía razón para alejarme, así que lo hice, poniendo mis manos sobre su pecho y empujándolo hacia atrás.

- ¿Es tu única razón? ¿Por venganza? - pregunté indignada.

- Tal vez sí, tal vez no. - respondió él.

- Eres un idiota - gruñí irritada.

- Lo sé - murmuró, escuché su voz mas cerca y me crucé de brazos para que no pudiera abrazarme de ninguna manera. ¿Cómo lo hacía él para verme?

Lo mas probable es que mi tío conspiró contra mí y le dio unos lentes especiales para ver la luz ultravioleta o algo así. Ese traidor.

- ¿Realmente sabes que eres idiota? - pregunté sorprendida. -Sé que por lo que hice merezco una venganza, pero... Simplemente eres un idiota. Y dices que lo sabes, pero en realidad no sabes que eres un idiota. - gruñí.

- Me lo recuerdas diariamente Bella, así que lo sé. Además, no trates de ser mala conmigo, por que no te resultará. Sé que estas un poco enojada, pero aún así no puedes herirme, aunque uses todo tus esfuerzos. Tu rostro es demasiado adorable y sexy como para asustarme. - se burló.

- ¿Sabes qué? - murmuré irritada. - Te odio - gruñí. Aunque sabía que era mentira, quería que supiera que todavía estoy enojada. Comencé a dar vueltas con mis manos hacia adelante y cuando mis manos tocaron su brazo, le golpeé fuerte.

Pero me dolió mas a mi que a él.

Y para el colmo, el idiota se hecha a reír. ¡A reír!

- Ay Bella... Y te preguntas a veces por qué te amo. - estaba a mis espaldas ahora. Sus manos rodearon mi estomago, apoyando su mentón en mi hombro.

Se fuerte Bella. Resiste. No te dejes caer bajo sus encantos. Todavía tienen una conversación pendiente.

Lo único que quería hacer en verdad, era darme vuelta y abrazarle con todas mis fuerzas, o no lo sé.. dejarme llevar por él. Pero no lo hice. Aunque mi yo interno estaba gritando:

"TE AMO EDWARD, TE AMO, ERES EL MEJOR HOMBRE, HERMOSO, ESTAS QUE ARDES, ENSERIO, TE DARÍA CON TODO, SI FUERA HOMBRE, SERÍA TOTALMENTE HOMOSEXUAL POR TI, SIN DUDARLO, SIN PENSARLO DOS VECES. PERO COMO TENGO SUERTE, SOY UNA MUJER Y PUEDES DARME TODO LO QUE QUIERAS. PORQUE ERES PERFECTO, TE AMO EDWARD, TE AMO" Veía a la loca de mi saltando y agitando los brazos, casi como si estuviera en un concierto.

- Sé que no me odias Bella. No trates de evitarlo - murmuró.

- No es cierto. No estoy evitando nada, te odio porque eres un idiota - gruñí, pero mis actos engañaron mis pensamientos, y mientras iba gruñendo, mis manos se posaron sobre las suyas que me abrazaba por el estomago.

- Tu me amas - susurró. - Tal como yo te amo a ti - susurró de nuevo. - Pero eres muy orgullosa y tienes mucho rencor en tu corazón para admitirlo. O tal vez porque crees que eres ruda, pero eres simplemente una bola de ternura...

- ¿Me acabas de llamar gorda? - pregunté ofendida, interrumpiendo su discurso por que estaba un poco nerviosa con lo que dijo.

- No - rió. - Pero tal vez, algun día realmente seas una bola de ternura y aun así te seguiría amando. Crees que al no admitir que me amas, te hace tener menos sentimientos, y crees que al decir que me odias, me estas ofendiendo o algo así, pero descubrí que es tu manera de demostrar tu sentimiento. El "Te odio" es tu manera de decir, te amo. Y eso es lo que me basta...

Todo mi enojo se esfumó como si fuera un fantasma. ¿Cómo puede decir esas cosas? ¿Cómo se atreve a ser tan tierno? Es ilegal, debería ser definitivamente ilegal, porque no es legal ser tan tierno. Es un arma muy grande para desarmar a la gente y yo no puedo estar desarmada.

- ¿Como puedes sacar un "Te odio" a partir de un "Te amo"? - pregunté tratando de arruinar su teoría.

- Por que lo sé Bella. Déjame ganar - murmuró divertido, mientras besaba la piel que une mi cuello y mi hombro. Un escalofrío corrió por mi columna vertebral y casi me caigo de rodillas si no fuera porque me estaba sosteniendo.

- Bueno... - murmuré con voz idiota. Comenzó a reír alegremente y su risa me contagió.

- Mira, si no me amaras, si realmente me odiaras, te habrías ido de este hotel al leer mi tarjeta. Por que te sentirías tan traicionada que pensarías: Este idiota no vale la pena, que se quede jugando al solitario porque no me daré la molestia de buscarlo. Por un momento me asuste y pensé que te había pasado eso, y que no me vendrías a buscar. Estuve a punto de salir a buscarte hasta que escuché tus tacones haciendo eco por los pasillos. Ese sonido, fue el mas mágico de todo. Después de que oí eso, me dije: No importa cuán enojada esté Bella, no importa si me va a romper en mil pedazos, lo que importa es que ella me ama y... estoy dispuesto a aceptar su furia con tal de que... - se quedó en silencio por harto tiempo después de que dijo eso, dejando la frase inconclusa.

- ¿Con tal de qué...? - pregunté

Se quedó allí, abrazandome en silencio, sin responder a mi maldita pregunta y realmente me exasperaba. ¡Quería saber lo que iba a decir!

- ¿Con tal de qué...? - insistí.

- Con tal de que estés conmigo... - murmuró no muy convencido. Y por esta vez, lo dejé pasar.

- Bueno... Ahora que te encontré, ¿Me dirás por qué fingiste tu pérdida de memoria? - pregunté, la furia había vuelto al recordar ese estúpido acto de idiotez.

"- Ayúdame a recordar - susurró en mi oído. - O por lo menos déjame conocerte nuevamente. Ayúdame a recordarte, Bella."

Gran actor... gran gran actor. Debería estar en una película, enserio... Me hizo caer como una tonta, o tal vez soy una tonta y simplemente me hizo caer.

- Bella.. tus uñas... - murmuró en un quejido.

- ¿Mis uñas qué? - pregunté naturalmente.

- Me.. me los estas enterrando en el brazo... y duelen - continuó con voz temblorosa.

- Estoy consciente de ella y me alegro que te duela - dije con los dientes apretados.

- Lo siento - murmuró apenado. Dejé de enterrar mis uñas en sus, pero también dejé de tocarlo con mis manos. Escondió sus rostro en mi hombro y me apretó hacia él con mas firmeza, tratando de ganarse de alguna manera mi perdón. Pero las palabras vienen a mi mente, y me pongo cada vez mas furiosa.

- Deberías estarlo. - gruñí.

- Pero era necesario... - dijo.

- Necesario, claro. Era necesario darte cuenta que soy una tonta y que caí ante tu showcito de "No te recuerdo Bella" "Ayudame a recordar"...

- No eres tonta Bella - me interrumpió rápidamente, con mucha seriedad en su voz.

- Sí, soy una tonta muy tonta. Y tu eres un idiota por hacerme una tonta...

- No eres tonta - insistió. - Solo... eres.. confías en mi ciegamente y yo soy el idiota por no cuidarlo. Por usarlo para hacerte sentir mal, pero te juro que esa no era mi intención. Era...

- ¿Era qué...?

- Quería.. quería darte una linda linda sorpresa. Los miedos de la mayoría de las personas antes de casarse.. es, bueno, el no poder sentir lo que es conocer a alguien de nuevo, sentir ese nerviosismo, el primer beso, el.. nose.. el primer todo. No quería que tuvieras es..

- ¿Y crees que yo voy a tener esos miedos también, solo porque otras personas lo tienen? - le interrumpí irritada.

- No... pero...

- ¿No te das cuenta que contigo es suficiente para casarme? ¿Crees que tengo algún miedo? ¿Acaso no sabes que eres perfecto para mi y no necesito nada especial? Y... - mi voz era cada vez mas alta y sentía mis mejillas cada vez mas calientes. Me molestaba no poder mirarlo a la cara cuando estaba hablando, me molestaba no poder hacerle ver que no quería nada ostentoso para este casamiento. Quería que fuera algo simple, algo especial, algo nuestro. Y para eso... solo lo necesito a él, sano y salvo, con memoria y todo.

- Sé que no necesitas nada de eso - me interrumpió. - Lo tengo más que claro. Pero yo quiero que esto sea algo especial para ti, quiero que éste día, sea el día mas feliz de tu vida, claro que después del día de nuestro casamiento, que vendrá después del día en que nazca nuestro primer hijo dentro de la lista... pero son cosas que conversaremos después. El punto es... Ésto es una sorpresa, y los dos sabemos que te pediré matrimonio, pero eso no será el elemento sorpresa. Solo... sígueme el juego.

Nos quedamos en silencio sin saber que decir. Me acaba de confesar que me pediría matrimonio como si estuviera hablando de la hora. Yo sabía que ese día iba a llegar, pero... no me preparé mentalmente. Pensé que iba a estar preparada, pero ahora que lo pienso, es una gran decisión.

¿Quiero pasar el resto de mi vida con Edward Cullen?

Sí, claro que sí, obvio, yes, ¡SI!

Bueno... de eso no tenía duda. Y entonces, ¿Por qué estaba tan nerviosa?

- Bella... - murmuró después de un momento. - ¿Éstas... te estás arrepintiendo? - preguntó serio, tratando de ocultar el temblor de su voz.

Giré sobre mi misma para quedar frente a él, puse mis manos sobre sus brazos y me guié con él hasta llegar a su rostro. Lo acaricié con cariño.

- No - susurré con una sonrisa. - Claro que no. Nunca... escúchame bien, nunca me arrepentiría de pasar el resto de mis días contigo. Es.. es lo único que espero. Si alguien me pregunta, cómo te vez en diez años más, mi primera respuesta, clara y segura sería: casada con Edward Cullen.

Él bajo su frente hasta apoyarla sobre la mía, y pude notar por mis manos, que estaba sonriendo como nunca.

- Entonces no hay mas que decir linda.

- Solo una cosa más - murmuré.

- ¿Qué cosa? - preguntó curioso. Me puse de puntillas, pegando su oído a mi boca.

- Te amo - susurré suavemente.

- Ya lo sé - murmuró, robándome un beso de la nada. Maldita ceguera.

- ¿Se puede saber porque tenía que estar todo esto tan oscuro? - pregunté.

- Ya verás Bella. Como ya sé tu respuesta, puedes continuar con el juego, que la sorpresa todavía sigue.

- ¿Hay más? - pregunté sorprendida.

- Claro - dijo como si no fuera obvio. - Cuando yo digo que mi propuesta te dejará con la boca abierta, es porque lo hará. Y si te digo que no fingí olvidarte porque sí, es porque hay una razón. Ya lo verás.

- Bueno... ¿Y qué pasará ahora?

- Pasará que te voy a besar, porque eres la mujer mas linda y tierna y...

- Muchas palabras, poca acción - me burlé, un poco impaciente.

Tomé un puñado de su pelo, y lo atraje hacia mí para fundirnos en un apasionado beso, que se transformó en algo más acalorado. No sabía que tan cerca estaba de una muralla, pero la cosa es que ahora, mi espalda estaba apoyada sobre una muralla y mis piernas envuelta sobre su cintura.

Sus labios succionaron mi labio inferior con ganas, mientras un gemido involuntario salía de mi ser. Sus manos recorrieron mi cuerpo con nostalgia, como si hace tiempo que no lo había sentido. Lo mismo pasó conmigo, que se enredaron en su pelo con ganas, mientras que nuestras bocas nunca se dejaron de tocar.

- Te amo - susurró.

- Yo más... - murmuré de vuelta, entre beso y beso.

- Cásate conmigo.

- Siempre. - respondí. - Todas las veces que lo pidas, siempre sera un sí.

Me besó una última vez antes de dejarme en el piso y separarse. Su respiración era agitada, al igual que la mía.

- Tu culpa. Tu culpa por ser tan deseable. - murmuró rápidamente, como si estuviera enojado por eso, pero sus manos seguían en mi cadera, haciendo que sus acciones contradijeran sus palabras. Note un toque de diversión en su voz, y supuse que estaba feliz por la respuesta que le dí, pero quería tener voz neutral. - Ahora tendré que salir de esta habitación con... Nunca debí haberlo provocado. Sabía que no debía, pero aún así lo hice. Tonto Edward, tonto. - se dijo a si mismo.

- ¿Qué pasa? ¿Te tienes que ir? - pregunté alarmada. - ¿Me vas a dejar sola en esta oscura habitación?

- Así es. Te amo. - me robó un beso de los labios antes de de salir corriendo como niña. Sus paso se perdieron en algún lugar, y ni siquiera tuve tiempo para reaccionar para cuando las luces se prendieron. Edward ya no estaba en la habitación y raramente, ya no tenía tanta urgencia para buscarlo.

Una amplia sonrisa se extendió por mi rostro mientras fui girando lentamente, mirando todas las paredes de aquella linda habitación. Había dicho que quedaría con la boca abierta, y no se equivocaba. Todas las paredes, pintadas de blanco como fondo, estaba rellena con letras, pero no eran simples letras, si no que formaban palabras y con ellas, frases. Pero tampoco eran palabras simples, ni frases simples. Eran... realmente importante para mi.

¿Cómo describirlo? No era como una simple mancha estilo dalmata, con algunas frases y después espacio blanco. Esto era todo una pared blanca repleta de hormigas. Eso era lo que parecía, letras pequeñas, de diferentes dimensiones y orientaciones, recubriendo toda la pared blanca. También habían letras grandes que ocupaban la mitad de la habitación. Reconocí la elegante escritura de Edward en más de alguna frase.

En la pared que tenía enfrente, estaba escrito en letras grandes, bien marcadas y recontra remarcadas, con un rojo sangre que resaltaba en toda la pared, había una frase gigantesca que decía:

"MARRY ME, BELLA!", con un corazoncito al lado. Algo que me derritió el corazón. Pero eso no era todo, había otra pared que decía "Cásate conmigo" y me di cuenta entonces que estaban casi todas las formas de pedir matrimonio en diferentes idiomas que se repetían y se repetían interminable veces.

Hubo una frase loca que me llamó un poco la atención y que decía: "El azúcar hace bien para el dolor muscular" extraño, pero bueno.. mas tarde le preguntaría de que se trata. Y hubieron otras frases que me llevaron de vuelta hacia unos ocho años atrás, donde todo esto comenzó. Como "Lily", "Seré Baichi, pero soy tu Baichi", "Obesa", "¿Cuantos hijaos quieres tener conmigo?", "¿Serías mi obesa eternamente?" y la lista seguía y seguía.

No supe cuanto tiempo me quede mirando las frases de la pared, con una sonrisa de idiota eterna. Estaba tan concentrada en eso que no me di cuenta del vacío de la habitación. Enserio, era igual que todas las otras habitaciones, vacía, la diferencia es que ésta tenía las paredes pintadas. ¡Hasta el techo estaba decorado con palabras! Pero había algo en el centro de la habitación, era otra caja, ahora era de color naranjo. Me acerqué a él con curiosidad, ansiosa por lo que había dentro. Cuando abrí aquella misteriosa caja naranja, las luces se apagaron automáticamente, y para mi sorpresa, no me asusté ni nada. Debe ser que, internamente, estaba preparada para todo. Esperé a que apareciera Edward por algun lado, como pasó la última vez, pero para mi decepción, no ocurrió.

Después de unos dos minutos, cuando mis ojos se acostumbraron a la oscuridad, unas manchas fluorescentes comenzaron a aparecer en la pared. ¿Qué será ahora? Me pregunté. Brillaban de un color verde que le hacía resaltar en medio de la oscuridad. Me di cuenta que se trataban de letras que se estaban formando lentamente.

Se me ocurrió tapar la caja, y repentinamente, todo se volvió oscuro, pero cuando la destape, las letras comenzaron a aparecer nuevamente. Fue así como descubrí que en la caja había un aparato donde emanaba algún tipo de luz que se reflejaba en las letras en la pared, de este modo las hacía visibles. Había una palabra en una pared que decía, "Sigue", había otra palabra que decía "pistas" y así, pero si juntaba las frases para armar algo coherente, quedaba algo mas o menos como: "Sigue las pistas del lienzo" Pero había una frase completa en el techo que decía: "Si continuas subiendo, llegaras al cielo"

Con el ceño fruncido me puse a analizar las pistas que tenía y comencé a mirar alrededor de la habitación para tratar de encontrar mas cosas. Había algo emocionante en este juego que mantenía mi corazón palpitante todo el tiempo. Me hacía sentir como si estuviera en una pelicula, donde yo era la protagonista y debía buscar a mi amado. Y no solo era por el juego, sino que por el hecho de estar con Edward me hacía sentir así, como la protagonista de mi propio cuento, donde todos saben que conseguiría mi final feliz.

Me fijé de repente, que comenzaron a aparecer la mancha de unas suelas de zapatos en el piso, eran como pisadas, como si alguien hubiera tomado un zapato y hubiera comenzado a marcar un caminito con él. En efecto, eso era, un camino desde la caja hasta lo que supuse la puerta de salida, por donde salió Edward.

Ansiosa, salí de la habitación para encontrarme una luz cegadora. Me costó un largo rato acostumbrarme a la luz después de estar tanto tiempo en la oscuridad, y cuando al fin pude hacerlo, me dirigí hacia la escalera, pues era la única manera que me permitía continuar subiendo. Fui subiendo escalón por escalón, pasando del piso 9 al 10, del 10 al 11, y así, pero me detuve en el piso 12 cuando me fije que un lienzo de color naranjo, al igual que la caja en la habitación anterior, estaba colgado de la placa que indicaba el piso en el que estabas.

Supuse que en este piso, iba a encontrar otra pista, así que más emocionada de lo que estaba, comencé a recorrer el lugar hasta que me detuve frente a la puerta cuya manilla, tenía un lienzo.

¿Cuanto habrá invertido en todo esto? ¿Cuánto tardo en planificar todo esto? ¿Cómo se le ocurrió todo esto? Esas y miles de preguntas mas se me vinieron a la mente, pero no tuve tiempo de respondermelas, ademas de que tampoco sabía la respuesta. Solo me dediqué a abrir la puerta.

No supe como contener el nudo en la garganta que se formó en menos de un minuto, fue algo catastrófico, porque simplemente eran muchas cosas en muy poco tiempo. Demasiado abrumador. Entre lentamente a la habitación, vacía, para variar, mientras me recibía una canción de los Beatles. Las lágrimas lucharon todos por salir, y me fue inevitable derramar un chorro de agua cuando finalmente llegué al centro de la habitación.

Había una foto gigante donde salía Edward y yo en la pared, estabamos en nuestra primera cita de amigos, esa misma que tenía en mi billetera. Tuve un mini-flashback, donde la imagen de un Edward mucho mas joven que ahora - pero no por eso menos atractivo - estaba masticando adorable y sexymente un pedazo de pizza mientras decía " ¿Sabías que tecnicamente, nos dimos un beso indirecto?" Fue una frase una de las primeras frases que me provocó taquicardias.

Había otra foto de mí riendo como loca mientras Edward me abrazaba por la cintura y me miraba con ternura. No supe como, cuando ni donde tomó esa foto, pero de que era antigua, era antigua. Seguramente, fue Alice, Rose, o Emmet, que estaban siempre con la camara. Nunca me mostraron esas fotos, los muy desgraciados.

Le tendí la mano para que me ayudara a ponerme de pie. Una vez que estuve sobre mis dos patas, echó a correr fuera del gimnasio como un demente, arrastrándome con él.

- ¡Edward! - exclame, tropezando un poco antes de poder recuperar el paso y correr a su mismo ritmo.

- ¿Eres feliz? - había preguntado, mientras seguíamos corriendo.

Sonreí con una felicidad y una ternura en mi corazón que nunca había sentido. ¡Claro que era feliz! ¡Contigo siempre soy feliz! Le quería responder, pero en ves de eso, negué la cabeza y dije:

- ¡No! Soy miserable. -

- Entonces seguiremos corriendo hasta que seas feliz - dijo componiendo esas sonrisas matadoras.

Un sollozo acompañado de una risa de histeria salió de mi pecho involuntariamente. Esto era demasiado para mí, muchas fotos, muchos momentos que recordar y muchos momentos mas por vivir. Ya no quería seguir con el juego, quería ver a Edward ahora, y decirle que fuéramos a las Vegas para casarnos de una vez por todas. Pero lamentablemente, tampoco estaba en esta habitación y no había ningún rastro de su maldito y lindo trasero.

Sorbiéndome la nariz, llamé su nombre patéticamente, mientras continuaba mirando las fotos que me partían el corazón cada vez mas.

- ¿Donde estás? - pregunté, sin recibir ninguna respuesta a cambio.

En el centro de la habitación había una caja de color amarilla, y sin perder tiempo, fui hacia él, ahogando mis risas de felicidad. Simplemente no me podía contener, era mucho para mí. Ésta caja, me llevó directamente al piso 18, y nuevamente se repetía la frase que decía: "Si continuas subiendo, llegaras al cielo"

Cuando entre a la habitación, no sabía lo que me esperaba y me decepcionó un poco al encontrarla vacía, sin mas que otra caja en la habitación. Pensé que habría mas cosas en las paredes, pero al parecer, Edward es mucho mas listo que yo y sabía que me daría cuenta de las decoraciones en las paredes como patron, pero como quería sorprenderme, hizo algo totalmente inesperado. Como todo este puzlze.

Me acerqué de todos modos y tomé la caja, donde había una tarjetita roja que decía:

"Has llegado muy lejos bonita, ya pasaste esta etapa, pero todavía quedan. ¿Cansada de subir tantas escaleras? ¿Cansada de esperar tanto? ¿Cansada de no encontrarme? Ya llegaré y ya me verás. Espero que estés disfrutando de todo esto, porque lo hice con mucho amor.
Bien, como ya no quiero que sigas pensando, te estaré esperando en el piso 21, donde habrá otra sorpresa.

Paciencia.

Te ama, E.S.T

pd. Como dije que no quería mas acertijos, E.S.T significa Edward siempre tuyo, por si no lo habías adivinado. "

Prácticamente tiré la caja al piso y salí corriendo como una demente hacia el piso 21. No tuve que pensar mucho para buscar cual era la puerta, pues había una habitación donde ésta estaba abierta completamente, invitándome. Detuve el paso repentinamente, mientras me acercaba, ahora, con pasos lentos para tratar de recomponer mi respiración.

Cuando llegué, esperé ver a Edward en la habitación, pero al parecer, me mintió porque no estaba en ninguna parte. Solo había una silla en medio de la habitación y sobre ella, había una caja negra. Tomé la caja y la puse sobre mi regazo mientras me sentaba en la silla. La abrí con las manos temblorosas y encontré un control remoto dentro de ella, ademas de una tarjeta blanca con letras doradas.

"Aprieta el botón. Paciencia. Te amo"

Ésta tarjeta era mucho más corta, pero era precisa y decía lo justo y necesario. Fue suficiente como para sacarme una sonrisa, claro que cualquier cosa es suficiente con el humor que tengo ahora. Siguiendo sus instrucciones, apreté el botón del control remoto y poco a poco, un telón blanco comenzó a bajar desde la pared que tenía frente a mi. Esperé pacientemente sentada a lo que quedaba por venir, no sabía que sería, pero sabía que sería genial y me pondría a llorar, para variar. Ya no tenía ni las ganas ni las fuerzas de seguir con mi rudeza, así que no me importaba.

¡Bum! Hubo una explosión en la habitación y luego, apareció la bomba proyectada en el telón. Pegué un salto sobre mi asiento y dejé caer la caja negra torpemente. Sin tener tiempo para recobrarme del susto, el rostro de Edward apareció en toda la pantalla con una sonrisa radiante. Se trataba de un video.

- Hola querida - dijo con una voz aterciopelada que me derretía los huesos. Menos mal que puso un asiento, lo tenía todo perfectamente calculado ese idiota. - ¡Has llegado al piso 21 Bella! - exclamó con felicidad. - Eso quiere decir que subiste todo esto por mí y ni siquiera tenías idea a lo que ibas, pero aun así confiaste. Por eso eres la mujer perfecta.

¿Acaba de decir que soy perfecta por haber... haber querido ser la protagonista de su puzzle? ¿Por que él preparo todo un acertijo solo para pedirme matrimonio, y simplemente participé?

- Como bien leíste en una de mis tarjetas, recuerdas que dije algo así como: · ¿Cansada de subir tantas escaleras? ¿Cansada de esperar tanto? ¿Cansada de no encontrarme?·, ¿Verdad?- preguntó curiosamente. - Bueno... solo quiero que te des cuenta que has pasado por toda esta etapa. Has subido escalón por escalón y has entrado a cada habitación que te ha llevado a otra mediante una pista. Eso es, en general, el sentido de la vida y así fue como se dio nuestra relación. Escalón por escalón, hubo tropiezos, hubo retrocesos, pero al final, seguiste subiendo, lo que simboliza que a pesar de todo, nuestro amor siguió creciendo, y todavía le queda mucho más por crecer, pues nuestro límite es el cielo, pero el cielo es infinito. Seguiría hablando, pero estamos a contratiempo y necesito verte ahora ya. Así que continúa subiendo hasta nuestro donde llega nuestro amor. -

Se quedó en silencio por un largo rato, mirando fijamente a la cámara y por un momento, pensé que me estaba mirando con esos ojos verdes suyos, tan penetrantes y hermosos. Sentía el efecto eléctrico que me producía cada vez que me miraba, pero me di cuenta que simplemente era una grabación pues después de mucho tiempo, me guiñó con el ojo y alguien en el fondo decía "Corte".

No pude echarme a reír.

"Nuestro límite es el cielo, pero el cielo es infinito" "Continúa hasta donde llega nuestro amor"

Como si esos no fueran acertijos, pensé negando con la cabeza. A pesar de todo, sabía perfectamente a donde tenía que ir, así que cansada, comencé a caminar lentamente en dirección a la escalera. De alguna manera, me estaba diciendo que nuestro amor llegaba hasta al cielo,y el cielo representa lo mas alto de este edificio, por lo que debe de estar en la terraza esperándome.

Llegando al último piso, que era el piso 27, había un caminito de pétalos de rosas que me llevaban a lo que supuse, era la entrada de la terraza. Además de eso, habían un par de bombones tirados en el piso, así que fui recogiéndolos de a poco mientras continuaba caminando. Al recoger el último bombón, que era una especie de carnada, me encontré frente a una gran puerta metálica. Sin saber qué hacer, me metí un bombón en la boca y deje los otros en el piso, pues no podía tenerlos en la mano. Abrí la puerta empujándolo con fuerza y finalmente, había llegado a mi meta.

Sabía que ésta era la última etapa, pues de otra manera no podría hacer y no me equivocaba. Una oleada de viento comenzó a revolver mi cabello, al igual que mi vestido. Una sonrisa se extendió por mis labios mientras caminaba para acercarme a él. Me estaba dando la espalda y por eso no se percató de mi llegada. Vestía de un esmoquin azul, que se abrazaba a su cuerpo y le remarcaba los músculos, demasiado sexy. Pero lo mas curioso fue que llevaba una mochila. Raro.

Edward se volteó lentamente, mientras me miraba con una sonrisa deslumbrante. Sus ojos brillaron con los mismos brillos de siempre, pero esta vez había algo diferente, tal vez la intensión de aquella mirada era diferente. Estiró un brazo con la mano extendida, haciendo una invitación para que me acercara a él y eso fue lo que hice.

- Llegaste - dijo una vez que mis manos hicieron contacto con las suyas.

- Como si esperaras otra cosa - respondí sonriendo.

Viernes 4 de mayo, 2012 - 11:44

LO SIENTO LO SIENTO LO SIENTO LO SIENTO LO SIENTO LO SIENTO LO SIENTO LO SIENTO LO SIENTO LO SIENTO LO SIENTO LO SIENTO LO SIENTO LO SIENTO LO SIENTO LO SIENTO!

¿Quieren explicaciones? Yo les daré explicaciones, aunque no lo justifican para nada, yo lo sé. No espero que me entiendan ni nada por el estilo, solo creo que se merecen una explicación.

No estoy en coma. Desgraciadamente.
No he muerte.
No tengo ninguna enfermedad.

Lo único que tengo, es falta de tiempo. Sé que dentro de un mes, puedo darme un espacio para escribir (Y eso hice) Hace mas de dos semanas llevaba aproximadamente cinco mil palabras escritas, se suponía que faltaban algunos toques y después lo subiría. Pero surgieron los inconvenientes, sumados de las pruebas, que me han impedido escribir. Y como siento que se los debo, aquí les dejo una historia mucho mas larga de lo usual, por eso lo subo ahora.

Espero que me perdonen y les doy las gracias por tener paciencia.

Se que muy pocas me han presionado para escribir (y en parte, esta bien que lo hagan, lo comprendo perfectamente), pero siento que cuando me presionan, esto de escribir en fanfiction se convierte en una tarea mas del colegio y solo pido que tengan un poco de paciencia porque no quiero terminar odiandolo.

Trataré de actualizar lo mas pronto posible, disfruten del capitulo.

Atte.

FANOFSM