LADRÓN
El cielo esta oscuro ya, y cada estrella tintinea con la mayor fuerza posible para atraer tu atención, a ti, que estas en la Tierra. Pero sus esfuerzos son en vano, porque tu las ignoras.
A pesar de que sea de noche, durante esta época la temperatura no baja de los 20 grados, así que tienes calor. Mucho calor. Y el viento sopla, pero te desespera porque es un viento cálido y seco.
Quieres llegar pronto a tu casa, porque has recorrido toda la ciudad a pie y estas cansada. Te quedaste sin dinero para tomar algún taxi y estas perdida, a pesar de que sea la ciudad en la que has vivido desde tu infancia. Maldices, te insultas a ti misma por ser tan idiota y despistada, estas muerta de susto, y la paranoia se apodera de ti, crees que te violarán en cualquier momento, o te asaltarán aunque es lo de menos, pues no tienes nada de valor contigo. No sabes que hacer, así que no te queda otra opción que seguir caminando. Pareciera que la suerte esta en tu contra.
Darías todo lo que tienes para llegar a tu casa, quitarte los zapatos y tirarte sobre tu cama, para desmayarte y no despertar nunca mas. Pero sabes que no puedes, no todavía.
Afortunadamente, el destino se apiada de ti, e identificas una escuela que esta cerca de tu barrio. Una alegría inmensa te invade, porque después de haber caminado tanto, finalmente te estas acercando a tu hogar.
Con un último esfuerzo, caminas y caminas, ignorando el sudor en tu cuerpo, el ardor en tu garganta y esas inmensas ganas de orinar, que por cierto, llegaron de la nada. Deseas tener una vejiga de acero, pero nuevamente, la suerte esta en tu contra.
Vislumbras tu casa a lo lejos, las luces están apagadas, y piensas en lo que dirán tus padres, pero eso lo entierras en el fondo de tus preocupaciones, pues tu prioridad ahora, es tu cama. La vez en tu mente, toda cómoda y acolchada, te imaginas sobre ella, durmiendo, soñando con animalitos y colores. Sonríes.
Finalmente, llegaste a tu casa, tocas el timbre y se tardan un momento en abrirte la puerta. Es tu madre, esta enojada, te grita, sabes que en su mente, quiere golpearte contra la pared mas cercana, pero UNICEF se lo prohíbe, asi que solo sonries y pides disculpas. La oyes hablando, y también la vez moviendo sus labios, pero no sabes que dice, porque en tu mente, solo hay lugar para tu cama.
Le das un abrazo fugaz, te diriges a la cocina, sacas una botella de agua y la bebes, disfrutando del sabor por primera vez en tu vida, pues la odias con tu vida, pero no había gaseosa así que te conformas con agua, que por cierto, esta deliciosa. Cierras los ojos y te concentras en la sensación de alivio viajando por tu garganta.
Entra tu padre a la cocina, y junto a tu madre, te gritan por ser irresponsable y todas las cosas que deben gritar los padres. Pero tu solo sonríes, porque estas muy feliz y nada negativo te puede bajar de la nube en la que estas en estos momentos.
Con la botella en la mano, te despides de tus padres, les dices que los amas y que nunca mas se repetirá el incidente. Esta vez dices la verdad, porque después de ésto, nunca mas volverás a caminar. Te diriges a tu habitación, y tu amada cama esta allí, tal como tu mente se lo imaginaba.
Te quitas los zapatos, los lanzas a cada extremo de la habitación, te acuestas sobre tu querida cama y cada célula de tu cuerpo lo agradece. Sonríes y sientes como te vas relajando poco a poco a medida que pasa el tiempo. Olvidas todo lo que paso durante el día, todo lo que tuviste que caminar y solo te concentras en descansar. Tus ojos se cierran involuntariamente, aunque hagas un esfuerzo por mantenerlos abiertos, no puedes, así que lentamente, vas cayendo a la inconsciencia, donde podrás soñar con tus animalitos y colores, como lo haría un bebe que duerme plácidamente.
Se preguntarán porque estoy contando esto, que a simple vista, no tiene nada que ver con la historia. Pero se darán cuenta que sí esta conectado, pues fue mi manera de explicar lo que sentía ahora. Porque con palabras no bastaban.
Imaginen esa situación que acabo de exponer, y multipliquenlo por diez, no, por cien.. mil! No lo se, multipliquenlo por infinito, pues no hay forma de hacerles entender la inmensa paz que me acompañaba en estos minutos. Solo poniendo ese ejemplo, creo haber dado con algo parecido.
Me sentía como en casa, sentía que en estos minutos, estaba refrescando mi garganta con agua helada, y a pesar de que mis padres me están retando, no me importa.
Se que todavía quedan muchas cosas sin resolver, como la identidad de Edward, ¿Cómo volverá a ser doctor, si medio mundo cree que murió?, ¿Qué harán con la cueva, y los hoteles?, etc.
Habían muchas preguntas mas que quedaron en el aire, pero ahora me concentraré en otra cosa, no me importa nada porque ya tengo lo que mas me importa, el resto, me las arreglare mañana u otro día.
Ahora es cuando me dirijo a mi cuarto, y me desplomo sobre mi cama para abandonarme a la inconsciencia.
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Sus dedos se aferraron suavemente sobre mi mano, que era una especie de caricia para mi, una forma de decir "Nunca mas te soltare".
Me encanta su manera sutil y clara a la vez, de dejarme en claro lo que esta pensando. O tal vez se deba a que lo conozco tanto, y con solo un gesto suyo puedo deducir lo que esta pensando.
El viento fue lo único que se dejaba oír por el momento, mientras compartíamos miradas significativas, de esas que dejaban a las palabras mirando hacia otro lado por sentirse fuera de lugar.
- Si - dije rompiendo el silencio. Di un paso mas hacia adelante, acortando la distancia entre nosotros, porque parecía que Edward estaba en una especie de shock y no reaccionaba.
Solo se dedico a recorrer mi rostro con su verde esmeralda, que envió una escalofrío directo a mi columna vertebral.
- Yes - murmure después de un momento, cuando el seguía sin reaccionar. Sonreí con ternura y me acerque mas, hasta que la distancia que había entre nosotros era nula. Solo el tacto de su mano apretando la mía con un poco mas de fuerza me permitió saber que todavía seguía allí.
Pose la mano libre que tenia en su pecho, sobre su corazón.
Boomboom, boomboomboomboomboom, boomboomboombomboom...
Su corazón latía furiosamente, haciéndole competencia al mío. Y nada, ni con la cercanía logre sacarle una palabra.
- Edward Anthony Cullen - susurre sobre su oído. Finalmente, su mano dejo de apretar la mía para poder envolverme en un fuerte abrazo.
- Isabella Marie Swan - susurro de vuelta con su voz aterciopelada, su alma volviendo a su cuerpo, su seguridad haciéndose notar mediante sus palabras y su tono de voz. Mi perdición.
- Acepto - comencé - Acepto, en todos los idiomas que existan e infinitamente, casarme contigo. No importa las veces que me pidas, la respuesta sera la misma, y no importa el idioma en el que me lo pidas, porque el mensaje también será el mismo. Acepto pasar el resto de mis días contigo, de estar en las buenas y en las malas, de enojarme contigo apropósito, solo para que vengan las reconciliaciones. Prometo tratar... tratar de hacerte feliz todos los días, y hacerte sentir lo mismo que yo siento junto a ti, aunque dudo que pueda hacerlo...
Enterró su rostro en mi cuello y me apretó mas contra él mientras yo continuaba hablando.
- Deja de leerme la mente y robarme las frases que yo debo decir. - se quejó bromeado contra mi hombro. - No puedo esperar para que seas mi esposa, Bella - me interrumpió. - Para que seas solo mía, para salir contigo y que todos los hombres me envidien por ser la persona mas afortunada del mundo.
Subí mis manos hacia su cuello, y acaricie su cuero cabelludo con ternura. Se aparto lentamente para luego apoyar su frente contra la mía. Le envíe una sonrisa, a lo que el respondio con una sonrisa torcida.
Hermoso.
- Hagamos una locura entonces - propuse.
- El que quieras - murmuro rozando su nariz con la mía.
- Tomemos el primer vuelo que hay para ir a las Vegas, y nos casamos. Imaginate, Isabella Cullen en menos de 24 horas... - susurre para hacerlo un poco mas tentador. - Piensalo...
El me miro atentamente, dedicando una sonrisa burlona antes de negar con su cabeza.
- Estas loca - río divertido.
- ¿Por que no? - pregunte haciendo un puchero. - ¿No te quieres casar conmigo? - hice mi mejor intento de ojos de cachorro tierno.
Me miro con las cejas alzadas, diciendo "¿Enserio Bella, enserio?
- No seas ridícula, por favor - respondio sonriendo.- Claro que me quiero casar contigo, pero definitivamente no nos casaremos en Las Vegas.
- ¿Por que no? - pregunto nuevamente, con el tono de un niño al que le negaron un juguete.
- Primero que todo, por que la gente que se casa en Las Vegas, o están borrachas y solo querían hacer una locura, o la chica estaba embarazada y debían casarse. No creo que sea tu caso.. ¿Verdad? - pregunto un alarmado a falta de seguridad.
Reí divertida y asentí con la cabeza.
- No estoy borracha, si eso es a lo que te refieres y tampoco estoy embarazada. Así que tranquilizate. Aunque no veo el punto de no casarnos en Las Vegas, nosotros seremos la excepción - murmure guiñando el ojo.
El había abierto la boca para formular una frase, pero cuando vio mi guiño, se le olvido todo lo que iba a decir, y solo se dedico a mirarme con esos ojos verdes.
- Serás mi perdición - gruñó con el ceño fruncido.
- No copies mi frase - murmure fingiendo irritación. - Que tu eres mi maldita perdición.
- Como sea Bella...- Comenzo a pasar sus manos por mis costados, desde mi cintura hasta mi cadera. La sangre se amontonó rápidamente en mi mejilla, provocando el fastidioso rubor. Las palabras coherentes que antes estaban en mi mente, fueron reemplazadas por otras palabras un poco... traviesas e imágenes que prefiero no describirles. Ese Baichi, siempre tan maldito... - No prepare todo esto para que luego, nos casemos en las Vegas. Si vamos a hacer esto, lo haremos bien, ademas, tu mereces algo mucho mejor y...
Me mordí el labio inferior y negué con la cabeza.
- Ya tengo todo lo que me merezco, y mucho mas. - murmure con el ceño fruncido. - Ese eres tu. Si me das algo mas, quedare endeudada porque... Olvidado. Es una tontería...
- Concuerdo contigo esta vez, es una tontería. No seas testaruda y dejate querer. - una de sus manos soltó mi cintura y se poso sobre mi mejilla, estaba helada por lo que me hizo temblar un poquito.
Cerré los ojos e inspire profundamente, su aroma invadiendo todo mi cuerpo y cerebro nublando mis pensamientos coherentes, o los que quedaban de ellos.
- Bueno... - murmure lentamente. - Entonces... ¿No nos casaremos mañana? - pregunte.
- No - respondio riendo. Recargue mi rostro sobre su mano que estaba en mi mejilla, y lo mire embobada, porque realmente era bonito cuando reía. - Ven, acompáñame.
Me beso en la mejilla por un largo rato, que pareció interminable por un momento y luego se aparto, tomando mi mano para guiarme a donde sea que tenia que ir.
- ¿A las Vegas? - bromee para molestarlo. Dio vuelta su cabeza para mirarme con las cejas alzadas. Sonreí tímidamente.
- Muy graciosa. Solo.. Acompañame que tengo otra sorpresa para ti.
- ¿Se puede saber por que llevas una mochila? - pregunte con curiosidad.
- No se puede saber - respondio el con naturalidad. - Es parte de la sorpresa.
- Ya.. ¿De que se trata la sorpresa? - pregunte sin poder ocultar la intriga en mi voz. - Muero de curiosidad.. Ademas, odio las sorpresas. - mentí patéticamente.
- Bueno.. Amaras esta sorpresa - me aseguro el con una sonrisa.
- Si tu lo dices - murmuré derrotada.
Continuamos caminando por la terraza, hasta que nos acercamos a unas de las barandas. Sonreí idiotizada, porque delante de mí, había una mesa cubierta con un mantel azul marino, sobre ella, descansaban unos platos blancos que resaltaban gracias al mantel, y por último, un pequeño florero al centro de la mesa, dándole un toque mas romántico.
- ¿Vamos a cenar? - pregunté curiosa, una vez que estuvimos frente a la mesa.
- Nahh... Por ahora no. Yo tengo planeado comer otra cosa - dijo él con voz peligrosa, mirándome con ojos hambrientos. - Solo quería hacerte creer que cenaremos, pero haremos esto...
Soltó mi mano, y se inclinó sobre la mesa, barriendo el mantel con un solo brazo, haciendo que los platos y el florero cayeran al piso.
Lo miré sorprendida, sin saber cómo reaccionar frente a lo ocurrido. En cambio, el sabía perfectamente que hacer, y en menos de un segundo, me había levantado en vilo, sentándome en la mesa que anteriormente estaba adornada.
- ¿Adornaste la mesa solo para hacer eso? - pregunté.
- Algo así - murmuró riendo.
- ¿Porqué? - pregunte nuevamente.
- Siempre quise hacerlo, y cuando se te presenta una oportunidad, no lo puedes desaprovechar. Ademas.. Me pareció sexy. ¿A ti no? - preguntó alzando las cejas.
No dije nada, sin poder hacerlo, así solo asentí mordiéndome el labio inferior. Estaba hipnotizada por aquellos ojos verdes esmeraldas. Se acercó a mí, y me acarició suavemente la mejilla con sus manos masculinas.
- ¿Qué haces Edward? - pregunté en un susurro, cerrando los ojos. Temía que si hablaba un poco mas fuerte, esta mágica burbuja se rompería.
- Acaricio tu mejilla - respondió en un tono de "Como si no fuera obvio".
- Ya lo sé - respondí tomando su mano que estaba sobre mi mejilla. - ¿Qué hago yo sobre la mesa? ¿Qué haces con la mochila? ¿Qué... - iba a continuar, pero me vi interrumpida por esa voz suya tan aterciopelada.
- Shhh - susurró colocando su dedo indice sobre mis dedos. - Cierra los ojos y tendrás todas las respuestas. Solo, necesito que estés lo más quieta posible. ¿Sí?
- Esta bien - murmuré asintiendo. Hice lo que me pidió, y esperé ansiosa a lo que estaba por venir.
Sus dedos rozaron mi rodilla izquierda ligeramente, antes de posar su palma abierta sobre esta. El aire abandonó mis pulmones y me puse tensa enseguida.
Me quiere matar, eso quiere hacer, lo tiene todo calculado.
Su mano comenzó a subir lentamente a lo largo de mi muslo, internándose dentro de mi vestido. Su tacto era como fuego para mi cuerpo, sentía mis piernas temblorosas y me di cuenta de que hace tiempo que Edward no me tocaba de esta manera.
Con todo lo que paso, desde el viaje hasta la pérdida de memoria, me olvidé totalmente de como era esa sensación. Ese cosquilleo en el vientre, el escalofrío en la columna vertebral, el pulso acelerado, el corazón palpitante, la boca seca, el aroma embriagante de aquel hombre. Y pensar que estuve ocho años sin eso, pero por algún motivo, no se hizo tan largo como ahora.
- Respira - murmuró sobre mi oído.
Dedos helados sobre mis muslos, subiendo y bajando a lo largo de mi piel. Me mordí fuertemente el labio inferior cuando sus dedos se movieron hacia el interior de mi muslo, provocandome, incitándome a hacer algo que probablemente este incorrecto, por que el lugar no es apropiado y haciéndome desear algo que el no estará dispuesto a darme.
- No comiences algo que no podrás terminar - advertí con los dientes apretados, conteniendo la respiración.
Sentí su sonrisa a mi lado, y a pesar de que me escuchó, escogió ignorarme, pues continuó con lo que estaba haciendo.
- Me estas tentando - me quejé.
- Bienvenida a mi mundo - murmuró el maliciosamente. - Es lo que tengo que soportar todos los días, Bella.
Sin dejar de cerrar los ojos, tome su respuesta como algún tipo de desafió, así que sin previo, me moví hacia adelante acercando así nuestros cuerpos. Envolví su cintura con mis piernas, impidiendo su movilidad. Con una mano, tome su nuca para acercar su rostro al mío.
Le di un beso superficial, pero prolongado, disfrutando de la sensación de tener nuevamente, sus labios sobre los míos. Hubo un momento en el que ambos tomamos un largo respiro, y después de eso, atrapé su labio inferior entre mis labios, y lo delineé con mi lengua antes de succionar con fuerza. Creo que eso fue lo que le debilitó, pues su respiración se volvió agitada y en menos de un segundo, sus manos estaban en todas partes. Espalda, cintura, cadera, muslos.
Correspondió al beso con esa pasión que tanto recordaba. Pero de pronto, se alejó de mí rápidamente, rompiendo el beso. Apoyó su frente sobre la mía y negó la cabeza varias veces.
- Bella - murmuró en una exhalación, como si hubiera corrido una maratón. - No puedes andar por la vida besándome cada vez que se te ocurra - se quejó sin parecer muy enojado del todo.
- ¿Por qué no? Tu lo haces constantemente, va siendo hora de que me cobre - respondí con una sonrisa suficiente.
- Es distinto, porque yo soy hombre y tu mujer. Si te beso, en menos de un minuto podrás tranquilizarte. Si tu me besas, me dejarás con un síndrome de las bolas azules. Es la tercera vez en el día que tengo una erección sin una maldita puta liberación, hermosa. A este paso, voy a explotar y tu solo tendrás mi cabeza con que divertirte.
- Cualquiera de las dos cabezas me sirven - me burlé, riendo maliciosamente. - Si tanto te quejas de no tener una liberación, lo podemos hacer en este instante, aquí y ahora. - puse mi mejor voz seductora que pude, y le lance miradas sugestivas para que cayera en la tentación.
Sus pupilas se dilataron, dándole un toque de oscuridad a sus ojos. Como se demoró en responderme, supuse que su ángel bueno y ángel malo, estaban teniendo una discusión. Por la determinación en sus ojos, supe que el ángel bueno había ganado.
Maldito idiota.
- Estamos muy expuestos - justifico patéticamente - Aparte, está corriendo mucho viento.
- Ambos sabemos que no pasaremos frío - dije alzando las cejas.
- Te diré la verdad. Por mí, tu estarías sobre esta mesa, definitivamente sin ese vestido que llevas puesto. Y yo estaría sobre ti, haciendo cosas que probablemente, romperían esta débil mesa. Pero, todavía tengo que darte la sorpresa, linda. Y hasta que eso no este listo, no pasará nada.
- Te amo - murmuré aferrándome a su cuello. Besé su mejilla por largo tiempo, saboreando el momento con mi corazón.
- No te servirá - respondió el con los ojos cerrados. Lo mas probable, tratando de imaginar cosas para no tener la cuarta erección en el día.
- No lo estaba usando para convencerte. Pero es bueno saber que tiene efecto sobre ti - dije riendo. - Te amo Edward. Lo digo de verdad. Ahora, dame esa maldita sorpresa y acabemos con esto de una vez por todas. - dije volviendo a mi voz ruda, haciendo como que ese ataque de ternura no pasó.
- Bien, cierra los ojos, y esta vez nada de embaucadas. - dijo manteniendo su pelvis lo más lejos posible de la mesa.
- Y tu nada de andar metiendo la mano donde no debes. Yo te advertí, pero no escuchaste - dije negando con la cabeza.
- Hecho. Cierra los ojos linda, y no los abras por nada del mundo - murmuró. Cerré los ojos nuevamente y espere paciente.
Escuche el subir y bajar de un cierre, el movimiento de su ropa, suspiros, exhalaciones, mas suspiros y mas exhalaciones y luego, sentí su mano en mi rodilla.
Abrí los ojos automáticamente, y le lance una mirada de odio por hacer lo que no debía hacer.
- ¿Sabes? Ya no funciono. Con Emmet había resultado todo perfecto, hasta salió hermoso y romántico, pero como soy idiota, no conté con que ibas a usar ese vestido. -comenzó a balbucear rápidamente, no entendí a lo que quería llegar con lo que dijo, por lo que sonreí asentí felizmente.
- No se de que hablas- murmure.
- Lo que pasa, es que tu vestido es un maldito estorbo, lo digo en todos los sentido.- concluyo. Poso su frente sobre la mía y sus manos en mi cintura, lanzando una mirada significativa.
- ¿Porque es un estorbo en todos los sentidos? - pregunte ruborizada.
- Tomare ese sonrojo como que algo sucio pasa por tu mente, y si, ademas de que sea un estorbo porque cubre tu increíblemente hermoso desnudo cuerpo, también me impide hacer otra cosa. Así que.. Haremos esto.
Con sus manos todavía en mi cintura, me bajo de la mesa rápidamente, tan rápido como me había subido.
Sin decir nada mas, se quito la mochila y la dejo en el piso antes de comenzar a desabrocharse los botones de su chaqueta. Luego, se despojo de ella lentamente, pasando los brazos de un lado hacia otro.
Lo observe como una serpiente observa hipnotizada a quien le esta tocando una canción en la flauta. Estaba hipnotizada o embobada, como quieran llamarle, por las razones obvias.
Cuando sus ojos se conectaron con los míos, volví nuevamente a la tierra de la cordura.
- Si sigues con esa mirada, no me haré cargo de mis acciones - dijo con voz ronca. Paso sus brazos por sobre mi cabeza y me cubrió los hombros con su chaqueta. Por instinto, metí las manos por las mangas, sin entender todavía el propósito de eso. Pero lo hice si preguntar, pues sabia que era parte de la sorpresa.
- ¿Y que pasa si no quiero que te hagas cargo de tus acciones? - pregunte curiosamente, jugando con su corbata mientras el arreglaba la chaqueta.
- No me tientes - murmuro con los dientes apretados. Amaba molestarlo, tal como el amaba hacerlo conmigo. Contuve una sonrisa y solo por piedad, hice lo que me pidió. - Gracias. Ahora. No te asustes por lo que voy a hacer, es sumamente necesario y...
Se inclino levemente, sin siquiera terminar con su frase, y sin previo aviso, metio sus manos bajo la chaqueta, tomando el vestido a la altura de mis muslos, y tiro de el con ambas manos, dejando mis piernas descubiertas.
Se oyó el típico sonido de la tela al rasgarse, y Dios.. Nunca me había sentido tan... Tan acalorada en mi vida.
- Eso fue... Sexy - dije después de un minuto. El me miro y sonrió, luego, miro mis piernas por largo tiempo antes de decir:
- Que bueno que se me ocurrió ponerte la chaqueta antes de hacer lo que hice, por que de lo contrario, realmente hubiera sido mi perdición.
Después de hacer unos cuantos arreglos, y de obligarme a ponerme una especie de calzón, me subió nuevamente a la mesa y me cubrió los ojos con una venda, porque según el, hacia trampa y no mantenía mis ojos cerrados.
Cegada, decidí mantener silencio mientras apoyaba mi frente en su hombro para dejarlo hacer su trabajo. Con sus manos, me acerco a el lo mas posible, cortando todo tipo de distancia entre nosotros.
Me dedique a respirar e inspirar, embriagándome de nuevo con su perfume tan masculino que me hacia perder la cordura. Subí un poco mi cabeza, de tal manera que mis labios hacían contacto con su cuello. Con mis manos en su nuca, lo acerque aun mas a mi, dejando besos mariposas sobre la piel expuesta.
Su respiración se hizo mas pesada, pero nunca dejo de hacer lo que tenia hacer.
Envolví su cintura con mis piernas nuevamente, impidiendo su movimiento. Decidí torturarlo un poco mas, y abrí mis labios, lamiendo su cuello lentamente, imaginando que yo era una vampiro y el mi presa.
- Bella - susurro derrotado. Sus manos dejaron de tocar mi cuerpo y las apoyo en la mesa, dejando su cuerpo a mi merced. - Eres un peligro para la comunidad.
- Solo para ti - murmure contra su cuello. - No hago esto con nadie mas que no seas tu. - comencé a succionar fuertemente, consciente de que iba a dejarle una marca, pero sin darle mayor importancia.
- Dejaras una marca - gruño con voz ronca, aunque no hacia nada por detenerme, por lo que tome eso como un "continua".
Comencé a dejar un camino de besos a lo largo de su cuello, llegue a su mandíbula y luego a su mejilla, demasiado suave bajo el tacto de mis labios. Cuando estos hicieron contacto con la comisura de sus labios, Edward reacciono.
- Terminemos con esto de una vez por todas. - dijo apartando su rostro. - Tu deja de acosarme con esos labios mágicos tuyos. Te daré la ultima sorpresa y después de eso, no te libraras de mi. - por el tono de su voz, supe que hablaba en serio.
Puso sus manos en mi trasero y me alejó de la mesa, cargandome como si fuera un bebe. Yo me colgué de sus hombros y apreté mis piernas alrededor de su cintura mientras el seguía caminando.
- ¿Adonde vamos ahora? - pregunte en un susurro sobre su oído.
- A donde el viento nos lleve - respondió el en un susurro.
Sentí que se detuvo y luego, con mucho cuidado, se subió a lo que supuse que era una plataforma. Escuche ruido en todas partes, y sentí mucho movimiento.
- Voy a saltar ahora - dijo en un susurro.
No supe que significaba eso, hasta que salto y todo el peso de la gravedad desapareció de mis hombros. Sus manos abandonaron mi trasero y viajaron una a mi cintura y la otra a mi rostro.
- Bella - dijo quitando la venda de mis ojos. - Mira - murmuro. Parpadee un par de veces para acostumbrarme a la luz.
El viento soplaba mas fuerte de lo normal, desordenando mi cabello. Mis piernas también se helaron, pero la verdad es que no lo note.
Los ojos verde de Edward me miraban intensamente, y aquel brillo me tenia tan hipnotizada que por poco no me había dado cuenta de que estabamos volando.
Wait.. Estamos volando!
- ¡Estamos volando! - exclame después de un minuto. Edward soltó una carcajada que me estrujo el corazón.
- No me digas - se burlo.
Mire hacia arriba, y un gran globo arcoiris me tapaba la vista del cielo, torcí el cuello para mirar hacia abajo, y me dio vértigo. Veía las cosas diminutas bajo nuestro, pero había algo que llamo mi atención.
Habia una gran colchoneta negra, pegada hacia el edificio del hotel. Supuse que estaba en caso de si las cosas no resultaban y el paracaídas se nos rompía o algo así. También había un jardín, con pastos, arboles y flores que cubrían una gran cantidad de terreno.
Pero no era eso lo que llamo mi atención, si no que era algo de color rojo que estaba sobre el pasto. Era un mensaje y decía...
- Isabella Marie Swan, ¿Te casarías conmigo? - pregunto Edward en mi oído, como si estuviera leyendo lo que estaba escrito en el pasto.
Cerré los ojos porque se habían llenado de lagrimas. Apoye mi frente en su pecho, y lo apreté contra mi.
No es momento de llorar, pensé. Pero no lo podía controlar.
Había leído esa frase, lo había escuchado a el diciendo que estaríamos casado o algo por el estilo, pero no me lo había pedido oficialmente, por lo menos no en persona.
Al fin llego el momento, el momento que tanto había esperado, pero que fue totalmente inesperado. Me advirtió de antemano, me dio todos los signos que me indicaban que me iba a proponer, y aun así no me prepare mentalmente.
Pensé que cuando me dijera esa frase, yo saltaría de felicidad y le gritaría un si en la cara. Aunque ya se lo dije, pero esta vez fue diferente y no pude, no pude formular frase alguna porque la emoción me había robado la voz.
- Te dije que te dejaría boquiabierta - murmuro con voz temblorosa.
- Bueno, te equivocas porque no estoy boquiabierta. Estoy desarmada, que es otra cosa, maldito bastardo. - me queje con la vos quebrada. - Ya te había dicho que si. ¿Porque tienes que preguntar de nuevo y hacerme llorar como idiota?
- Por que yo no te he preguntado oficialmente, así que tus respuestas no tienen valides. Ademas, no es mi culpa de que tu seas una llorona. - bromeó. Por eso me vi obligada a golpearle en el hombro. - En fin. ¿Te casarías conmigo? - preguntó nuevamente.
- ¿Por que estamos volando? - pregunte cambiando el tema, solo para fastidiaron. La expresión en su rostro se descompuso, y paso de ser una sonrisa de hombre feliz a la de uno triste. No pude evitar echar una carcajada y luego asentir con la cabeza. - Claro que me caso contigo, ya te lo dije cientos de veces. Tu solo me ignoras.
- No te ignoro, solo decido no escucharte.
- ¿Estas preparándote para que cuando estemos casados y yo te este gritando, usaras tu habilidad para ignorarme? - pregunte.
- Tal vez, o simplemente te calle con un beso y así todos estamos felices. - sonrió ladinamente.
- Yo te callare con un beso.
Mis manos se fueron a su cabello automáticamente. Lo besé con ferocidad, mientras me invadía una combinacion de emociones. Las manos de Edward en todas partes, los labios de Edward acariciando los míos, el viento en mi rostro me recordaba que estábamos volando, y que todas las preocupaciones estaban abajo.
Realmente me sentía en el paraíso.
Un gemido involuntario se escapó de mis labios cuando su lengua delineó la mía en una suave caricia. Me pregunto cuando me acostumbrare a esa sensación de placer y emoción cada vez que Edward me besa, pero supuse que esa llamita de atracción y pasión siempre estarían encendida.
- ¿Recuerdas que hace poco, me dijiste que sería imposible hacerte volar con un beso? - pregunto rompiendo el beso rápidamente, para luego mover sus labios hacia mi cuello.
Cerré los ojos y me dejé llevar por las sensaciones que provocaban sus labios.
- Aja - musite con los labios entreabiertos.
- Bueno, tome eso como un desafío y lo hice realidad. - dijo él orgulloso de si mismo.
- Si serás idiota - reí negando la cabeza. - No necesitas armar un globo terráqueo solo para hacerme volar con un beso. Creo que... te basta con tirarme un beso al aire y ya estoy volando.
- Bueno, pero a mi me gusta exagerar - dijo frunciendo el ceño.
- Y te lo agradezco, por eso te amo tanto - dije como una manera de agradecer todo lo que había hecho por mí. - ¿Ves que eres el hombre perfecto? Nadie jamas en la vida haría lo que tu has hecho por mí. Solo tu.
- Claro que solo lo haría yo - respondió como si no fuera obvio. - Porque nadie te ama como yo. Nadie. Jamas. En. La. Vida - susurró la última parte lentamente.
Enterró su rostro en mi hombro e inhaló profundamente. Acaricié su cabello con ambas manos, mientras cerraba los ojos y sentía algo en mi interior creciendo.
No era pasión, era algo diferente que no sabía como describirlo. Si utilizaba la palabra amor, sería muy poco. Las palabras te limitan a expresar realmente el sentimiento. A menos que no lo estés sintiendo, no lo entenderás.
Permanecimos un largo tiempo así, abrazados. Sentía que se cerraba un capitulo de nuestra vida. Siempre pense que a pesar de que me había perdonado por lo que paso en el aeropuerto, aun no estaba satisfecha, que aún estaba de cierta forma endeudada con Edward. Pero ahora, todo eso queda olvidado en el pasado, pues ahora realmente se y siento que a él no le importa.
Tal vez el lo piense así, porque estuvo muy cerca de la muerte y estuvimos mucho tiempo sin estar juntos. Por eso no vale la pena pelear por algo del pasado, ahora que nos tenemos entre nosotros, y que tenemos la posibilidad de estar juntos, no podemos permitirnos el desperdiciar tiempo en tonterías.
Sentí sus suaves labios entre la union de mi cuello y hombro, luego, lentamente, comenzó a subir y subir con sus labios por mi cuello, tal como lo había hecho yo con él.
Cuando llevó a mi barbilla, se entretuvo por ahí mordiéndola varias veces antes de besar con ternura mi mejilla.
Ronroneé con una sonrisa idiota en mi rostro.
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No supe cuando fue que llegamos abajo. Sus pies casi tocaron el suelo, pero alcanzo a flectar las piernas para quedar arrodillado en el pasto. El paracaidas comenzó a desinflarse sobre nosotros, asi que Edward rápidamente empezó a quitar las bandas que me envolvían, desabrochando cosas por aqui y por allá. Una vez que terminó, se quitó la mochila y para cuando eso ocurrio, el paracaídas nos cubria por completo, formando como una especie de carpa o burbuja que nos protegía del exterior.
El silencio se apoderó de la atmósfera, por eso, nuestras miradas se vieron obligadas a hablar por nosotros. Me acosté lentamente sobre el pasto, y llevé mis manos hacia mi cadera para quitarme ese calzon que me había puesto Edward. Lo deslicé hasta mis rodillas y él los quitó por mí, sin dejar de hacer contacto visual.
Al parecer, ambos sabíamos lo que estaba por venir, pero nadie decía nada porque las palabras sobraran.
Se inclinó hacía mi con suma lentitud, atrasando este momento, como si lo estuviera grabando en su memoria, específicamente en su disco duro.
Sus ojos verdes se dilataron, haciendolos lucir mas oscuros. La lujuria es lo que llena su mente en estos momentos, el amor y la pasión ocupan un lugar en su corazon, al igual que en el mío.
Una extraña energía nos conecta, nada puede romperlo pues nadie puede entender lo fuerte que es.
Sus dedos acarician mi mejilla con cuidado y con mucha ternura, su rostro sigue bajando hasta apoyar su frente contra la mía. Nuestras miradas se trancan, se siente raro, pero a la vez familiar. Como si fuera un reencuentro, como si estuviéramos hechos para estar juntos, solo que nos separaron y ahora volvimos a encontrarnos.
Con la mirada nos decimos todas las cosas que con palabras no alcanzan, y con el tacto lo estamos reafirmamos.
Me besa suavemente, es lento, pasivo pero aún así me quita la respiración, como si hubiera estado corriendo. Sus labios apenas tocan los míos, es una especie de tortura, así que yo decido terminar con ella.
Mis labios acarician los suyos en un dulce beso, es lento, no hay prisa. Se saborea mas, se disfruta mas. Es como un chocolate. Estamos prolongando el momento.
Las respiraciones se vuelven agitadas, porque el beso ya no es tan lento, ya no es tan dulce, ya no es tan suave. Es mas fuerte, demandante, apasionado, hay mas necesidad. Profundizamos el beso, abrimos nuestros labios para conectarnos de una manera física, que a la vez, nos ayuda a conectarnos de manera espiritual.
Me desconecto del mundo, me olvido de donde estoy, hasta de quien soy pero no me olvido de con quien estoy. Que es lo mas importante.
Los pulmones, ignorando la insistencia de mi cuerpo entero, demanda oxígeno. Así que rompo el beso y echo mi cuello hacia atrás, respirando agitadamente con la boca abierta para tratar de recuperar el aliento que me había robado ese espécimen de hombre.
El sabe lo que hace, es un experto y le encanta. Sus labios se dirigen hacia mi cuello, deslizando su cálida y suave lengua sobre mi piel, haciéndome temblar de placer.
Sus manos me desnudan con una urgencia que no había notado y yo solo me dedico a gemir, a retorcerme en el pasto y a disfrutar. Me quita la chaqueta que él me puso cuando estábamos arriba, y lo tira hacia algún lado que no me importa.
Se arrodilla apartándose de mí, solo para apreciar lo que hay delante de sus ojos, los cuales se se oscurecen y aparece un brillo peligroso, como si me fuera a comer. Se relame los labios sensualmente, fue un acto inconsciente de el o tal vez no. Luego me sonríe y mi corazón se detiene, me quita el aliento nuevamente sin siquiera haberme tocado.
Recorre mi cuerpo con su mirada y no puedo evitar ruborizarme. Sus manos se dirigen hacia mis muslos descubiertos y los acaricia suavemente. Cansada de no hacer nada, me incorporo hasta quedar sentada y luego me arrodillo, quedando así frente a frente.
Su cabello luce desordenado, sus labios hinchados, camisa arrugada y hay un bulto en sus pantalones. Ahora es mi turno de relamer mis labios y mirarlo con cara de hambre.
Mis manos se dirigen automáticamente hacia su camisa, desabrochando los botones a una velocidad que ni yo misma me sabía capaz. Una vez que no hubo ninguna barrera, toco su pecho con ambas manos. Sintiendo su suavidad, su dureza y su calidez.
- Casi olvido como se siente esto - murmuré subiendo las manos hasta los hombros, sin dejar de tocar su piel y las deslizo por sus brazos para quitar la camisa, que fue a parar junto a su chaqueta.
Lo miro de arriba a abajo desvergonzadamente, notando su cuello, su marcada clavícula, su duro pecho, sus pezones morados, su abdomen plano y fuerte, los músculos de sus brazos tensos. Todo.
Me muerdo el labio inferior y siento la sangre llenando mis mejillas rápidamente. Por fin me digno a despegar mi mirada de su asombros cuerpo para dirigirme a su rostro, quien también me está mirando desvergonzadamente.
- Deja de desnudarme con la mirada - susurro en su oído. - Para eso tienes manos, hermoso.
- Tienes razón, mujer. Lo hice tantas veces en mi mente que no me di cuenta de que ahora lo puedo hacer de verdad. - murmura de vuelta.
Toma mi vestido con ambas manos a la altura de mis pechos, y luego con fuerza tira de él, tal como lo hizo con la falda, partiendo el vestido por la mitad.
- ¿Qué te parece? - pregunta con su voz ronca, pero no me da ni tiempo para pensar en la respuesta cuando sus labios me atacan, silenciando mis pensamientos.
Correspondo el beso, cierro los ojos e inhalo por la nariz para tratar de captar el mayor aire posible. Lo empujo hacia atrás y él lentamente, se va inclinando hasta quedar acostado por completo sobre la hierba.
Me siento a horcajadas sobre él, y me quito el vestido que cuelga de mis hombros, o lo que queda de él. Ahora estoy en ropa interior, a diferencia de él que esta todavía con su pantalón. Me levanto un poco para poder desabrocharle el cinturon, pero parece inútil, no funciona. Mis manos son muy torpes, o estoy muy idiotizada.
Él toma mis manos y me ayuda a desnudarlo, con lentitud y con paciencia. Me dedica una sonrisa ladina cuando lo miro con ternura.
Me tira hacia él y nos voltea, ahora él tomando el control sobre el asunto. Los sostenes, las bragas y sus calzonsillos desaparecieron en cuestion de tiempo, no se como ni cuando, simplemente pareciera que hace un momento estaba completamente vestido y cuando pestañeo, me lo encuentro desnudo. No es que me queje.
Juega con mis senos, me besa y me vuelve loca. Mis musculos se tensan, no puedo parar de sentir espasmos y luego se detiene.
Ahora de la nada, estoy a horcajadas sobre él nuevamente, es mi turno de hacerle gritar mi nombre, aunque no se lo exija, sale involuntariamente de sus labios y me encanta. Sonrío y dejo un camino de besos humedos desde su cuello hasta su pecho.
Llega el momendo en que nadie puede esperar mas, ya no quiere juego previo y es allí cuando finalmente, nos conectamos de verdad.
Cierro los ojos y echo la cabeza hacia atrás mientras me deslizo sobre su erección que me va llenando lentamente. Muerdo mi labio inferior y me concentro en todas las sensaciones.
- Por Dios, Bella... - gruñe Edward con los dientes apretados.
Apoyo la palma de mis manos sobre su abdomen y comienzo a moverme de arriba hacia abajo. Abro los ojos para encontrarme con los suyos mirándome con un amor y una adoración que jamás había visto en alguien.
El toma mis caderas y me ayuda a llevar el ritmo que cada vez se hace más y más rápido, cada vez que yo bajo, él sube la cadera para encontrarse con mis movimientos, y lo siento en lo más profundo de mi ser.
Los jadeos se hacen presentes y no puedo dejar de gemir, su nombre sobre todo. Mis músculos se tensan y me siento cerca, el también lo siente y lo sabe.
Sin dejar de estar unidos, nos gira, tomando el control nuevamente. Apoya un brazo en el pasto, con la palma abierta a la altura de mi cintura, y con la otra mano, toma uno de mis muslos pegandolo a su cadera y comienza a embestir con fuerza y a una velocidad animal.
Cierro los ojos automaticamente y trato de aferrarme a algo para poder soportar el placer que esta creciendo en mi interior. Ya no puedo contener los gemidos y son cada vez mas audibles, mientras me retuerzo en el suelo, arqueo mi espalda.
También escucho esos gruñidos y jadeos que salen desde de su pecho.
- Mirate Bella - me dice él maravillado, como si en estos momentos fuera la mujer mas bella de toda la existencia. Solo él me puede hacer sentir de esa manera, solo él.
Aprovechando la cercanía, se inclina y toma uno de mis pezones entre su boca, succionando y mordisqueando como si su vida dependiera de ello. Mis labios están abiertos en una perfecta "O", y mis mejillas estan rosadas. Él continúa con las embestidas, que van y vienen una y otra vez.
Mis músculos se contraen alrededor de él, al mismo tiempo que él continua con tres estocatas más antes de liberarse dentro de mí. Todavía siento los espasmos del maravilloso orgasmo que me acaba de dar, se derrumba sobre mí y automáticamente lo recibo entre mis brazos.
Mis piernas envuelven su cintura para prolongar la unión. Suelto un jadeo cuando su duro pecho choca contra mis senos.
Tomo su cabello entre mis manos y comienzo a masajear lentamente, manteniendo los ojos cerrados.
- Gracias - susurro sobre su oído, sonriendo con una felicidad que no me alcanzan las expresiones faciales en el rostro para demostrarlo.
- Gracias a ti hermosa - responde él besando mi mejilla.
En este momento, en este mismo instante es cuando finalmente llegas a tu casa y te desplomaste en tu cama para poder soñar con animalitos y colores.
No, de hecho, ya estás soñando con animalitos y colores, y es por eso que estas tan feliz. Estas en un sueño tan profundo que nada ni nadie te podrá despertar.
A menos de que justo en ese minuto, llegue un tsunami, un terremoto, un ladrón, un incendio en tu casa... cualquier cosa que te impide permanecer en tu cama.
- ¿Crees que Bella haya descubierto ya el enigma, o seguirá dando vueltas en el hotel buscando a Edward? - preguntó una voz familiar un poco alejada de nosotros.
Edward se apartó rápidamente de mi hombro, y me miró con una expresión de pánico que probablemente estaba reflejada en la mía.
- ¡Hey mira, el paracaídas de Edward! - grito el maldito de Emmet.
Ese maldito ladrón que entra a mi casa. ¿Cómo se le ocurre?
Viernes 8 de Junio, 12:59 AM
Lo se... no tengo perdón de Dios. Gracias por haber sido pacientes y nada pues, solo disfruten del capitulo y traten de no desear mi muerte xD
No tengo excusas.
Gracias de nuevo, son las mejores :D
Se despide
Atte
FANOFSM
