Disclaimer: No soy dueña de Gundam Wing, simplemente me gusta engañarme y creer que 4xD es canon, gracias.

Desafío: Rompiendo un compromiso

Capítulo 1: Oportunidad.

Esa mañana, ella había sentido algo venir. Algo que le recordaba a una experiencia pasada… Seguramente era una vieja memoria, de la Guerra. Se había sentado en su cama, observando el exterior desde su ventana, preguntándose que quería decir su sueño. Había sido algo importante, estaba segura. Pero no lo recordaba.

Has…onto, Se…ta Dor… Borrosa, su memoria estaba tan borrosa…y esto la afectaba de manera ridícula. En el trabajo había estado distraída, se le había olvidado la junta que tenía con el director en jefe, casi se había caído de las escaleras principales y había derramado café sobre su escritorio. Ahora, tomando el té de las cinco, se sentía más calmada. La semana había sido caótica, con eso del proyecto casi a punto de ser un hecho y su fiesta de compromiso acercándose. No pudo evitar responder cansamente cuando su celular sonó.

– Sí…

¿Dorothy? – la voz familiar la sobresaltó, y casi derramó su bebida…de nuevo.

–¡Señorita Relena, qué sorpresa!

Oh, creo que yo soy la sorprendida. Acabo de recibir tu invitación…¡te vas a casar!

–Sí, bueno, me pasó incluso a mí,- la mujer miró su anillo resplandecer en el sol.

No empieces.

–Está bien. ¿Como está tu piloto?

Le va bien…espero. Se fue a una misión hace unos días, pero deberá regresar para cuando la semana termine.

–Eso debe de ser muy duro – mordió su galleta de canela. Dorothy escuchó a la Ministro Foránea suspirar y sonrió amargamente. Por supuesto que era duro, que tontería. –Lo siento.

No, no lo estés. Es la verdad. Ahora, cuéntame un poco más sobre este Víctor Roche-Lloyd. Creo que he oído hablar de él…

–Deberías, porque trabaja contigo de vez en cuando.

¡Ah, es cierto! ¡El señor Lloyd! Pero que imprudente soy. Verás, hay tantos delegados y representativos y…umm…

Dorothy Catalonia se rió, –Que cosa tan maravillosa que te sucediera en privado y no en una de tus juntas.

Afortunadamente. Ahora…el motivo de mi llamada, aparte de felicitarte, es para invitarte a una pequeña reunión que tendré la próxima semana. Espero que puedas venir.

–Reunión.

Sí, es una especie de festejo…– Dorothy escuchó a su amiga sonreír.

–¿Y qué celebramos?

Um…creo que deberías venir y descubrirlo por ti misma.

Tanto misterio, ¡por supuesto que iría! –¡Ahí estaré, Señorita Relena!

No empieces o te llamaré por tu título.

–Parece que has aprendido a responder.

Jaja, sí, es parte de mi trabajo. Te enviaré los detalles por correo electrónico, ¡así que no te desaparezcas!

–Gracias, Señorita Relena.

Nos vemos, Duquesa.

Una sonrisa se mostraba en su rostro y tomó el último sorbo de su té. El sol se ocultaba tras los altos edificios de la ciudad y ella recordó que tenía una cita a las 7 de la noche. Debería darse prisa.

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Dorothy Catalonia acababa de terminar de ponerse los aretes cuando el timbre sonó. Escuchó a su mayordomo saludar al visitante, y se apresuró por el corredor para encontrarse con él. Ahí, al fondo de las escaleras, estaba su prometido: el delegado Víctor Roche-Lloyd, Conde de Devnent. Un hombre alto de cabello castaño y ojos color miel. Vestía un traje gris oscuro y una corbata azul pálido que realmente le quedaban muy bien a su figura atractiva. Tan pronto como él la vio, toda su cara se iluminó, haciéndola sonreír brevemente.

–Víctor. – Su vestido negro a media pierna se meció con sus elegantes pasos al bajar las escaleras.

–Duquesa, se ve tan hermosa como siempre.

–Por favor, deshazte de las formalidades, nos casaremos en un año.

Él le ofreció el brazo para que ella la tomara, –Desearía que fuera antes.

–Tristemente no es el caso.

–Eres tan fría, querida.

–Todavía puedes cambiar de opinión.

Víctor se rió y le besó la mejila. –Ni aunque quisieras.

La llevó hasta la limosina que los esperaba, donde el chofer sostenía la puerta abierta. Pasaron el viaje entero platicando de pequeñeces, y cuando por fin llegaron a su destino Dorothy estaba encantada al descubrir que estaban fuera del restaurante más nuevo de la ciudad. Miró a su prometido y le sonrió satisfecha. Él asintió, aceptando su gesto.

La cena fue espléndida y solo esperaban el postre cuando ella sintió una punzada familiar en la nuca. Era como migraña…pero ella sabía que era algo más, algo que ella alguna vez había-

Zero.

¡El sistema Zero!

– ¿Estás bien, Dorothy? – ella miró al frente y se sintió culpable por la expresión preocupada en la cara de Víctor.

–Creo que deberíamos irnos. No me siento bien, perdón. – parpadeando unas pocas veces, Dorothy sintió que el dolor pasaba y desaparecía completamente. ¿Qué había sido eso?

–Está bien. ¿Quieres que te lleve al doctor? ¿Al hospital?

–No, sólo a casa, por favor.

Él la ayudó a ponerse de pie y pidió al mesero la cuenta. Mientras tanto, la rubia se había disculpado y estaba en camino a la limo. Un grupo de hombres entraban al restaurante, y en el instante que pasó rozando a uno de ellos, sintió el dolor de nuevo. Sus rodillas se doblaron pero el hombre reaccionó rápidamente y la tomó de los brazos. Con un contacto tan directo, Dorothy Catalonia sintió el cuerpo paralizársele.

–¡Señorita! ¿Está usted bien?

Esa voz masculina, tan gentil y cálida…de un pasado distante. Levantar la vista, ¡ella quería levantar la vista! Víctor apareció justo en ese momento.

–¡Dorothy! Oh, lo siento caballero, muchas gracias. – Ella sintió las frías manos de su acompañante remplazar las del desconocido, –¿estás bien, querida? Ya nos vamos. Gracias, señores.

–No, no hay problema. Espero que esté bien, –respondió la voz gentil, pero la cabeza le daba vueltas, ella se sentía desmayar…otras voces se colaron a sus oídos.

–¿Está enferma? "No lo estés, yo estoy feliz de que vinieras…"

–Pobrecilla. "…mantengámonos en contacto…"

–Recupérese pronto, jovencita. "Hasta pronto, Señorita Dorothy."

Súbitamente ella miró hacia atrás, pero desde el auto sólo podía distinguir a un grupo de hombres mayores y a un joven alto agachándose a recoger algo. ¿Quién…?

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Una mano delgada y ligeramente bronceada recogió un bolso de lentejuelas. La señorita debió haberlo tirado accidentalmente.

–Disculpe, – llamó al host, que aún parecía perplejo ante la escena que acababa de desarrollarse, – creo que la dama olvidó esto.

–Oh, muchas gracias caballero. Nos la quedaremos. Ya deberían haberse dado cuenta, muchas gracias. – El hombre hizo un gesto para agarrar el bolso.

–Es repentino pero…tal vez usted podría decirme…¿quienes eran esas personas? –había sentido una corriente de energía recorrerlo cuando había sujetado los brazos desnudos de la joven, y sentía curiosidad…mucha curiosidad… Ese nombre…

–¿Y para qué quiere saberlo, señor…– el hombre miró la lista para saber el nombre. – ¡Ah, señor Winner! – el host rió nerviosamente, – No hay problema. Eran el conde Roche-Lloyd y su prometida, la duquesa Catalonia.

Ojos aguamarina miraron sorprendidos al hombre detrás del atril, y rápidamente retiró la mano, con bolso y todo.

–Me parece que entregaré esto personalmente, si no le molesta.

–P-por supuesto que no, señor Winner.

Quatre notó que sus colegas lo observaban fijamente y se dirigió a ellos con una de sus brillantes sonrisas, distrayéndolos de manera efectiva. –¿Continuamos caballeros?

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Se levantó sintiéndose aturdida y cansada, parpadeaando para ajustar los ojos a la luz brillante que entraba por las ventanas, altas y con cortinas de encaje. Estaba en casa. Se sentó y trató de recordar la noche anterior. 'La cena y…voces.' – ¿Voces? – murmuró. Gradualmente, notó que había alguien hablando fuera de su habitación.

–…estrés y desnutrición. Solo necesita descansar. – Su médico de cabecera, el doctor Mongroove, hablaba con un muy preocupado Víctor justo al marco de la puerta.

–Doctor, no puedo hacer eso. – Ambos voltearon a verla, y Víctor la tomó ágilmente de la mano.

–¿Pero que tontería dices? ¿Quieres dejarme viudo antes de siquiera casarnos?

–No seas menso, Víctor. Nadie se muere por exceso de trabajo.

–De hecho sí se puede, Duquesa– añadió el doctor.

–Gracias doctor, siempre es usted tan tranquilizador.

–Es un placer, Duquesa, – le sonrió el viejo y Dorothy no pudo evitar devolverle una sonrisa satisfecha.

–Basta de esto. Descansa, lo necesitas, – declaró su prometido, mientras la arrastraba de vuelta al cuarto. El doctor se despidió con una breve inclinación de cabeza y una sirvienta lo acompañó escaleras abajo.

Una vez que la depositó dentro de las cobijas, Víctor se sentó al borde de la cama y tomó a la joven de la mejilla. –Anoche me asustaste.

–Lo siento, no volverá a pasar.

–Estoy seguro que sí. Por eso insisto que te cases conmigo antes de que te pase algo.

–¿Qué quieres decir, Víctor? –sus ojos buscaban los de él, lentamente siguiendo el camino de sus pensamientos…y él sucumbió.

–Cásate conmigo ya, y olvídate de ésta tontería.

Ella cerró los ojos y se apartó de él. –Víctor, ya hemos hablado de eso millones de veces…

–¡Es que ni siquiera sé para qué trabajas, ni lo necesitas! Eres una de las mujeres más ricas de la Tierra.

–No tocaré un centavo de mi herencia.

–Pero, ¡¿por qué? Deja de torturarte-

–¡Disfruto mi trabajo! – lo interrumpió, con voz autoritaria y una mirada tan feroz que su prometido sólo se le quedó viendo.

–Creo que tengo que irme. Llámame cuando estés dispuesta a verme. – Le dijo. Ella miró a otro lado.

Justo cuando escuchó el click de la puerta, dejó escapar un suspiro frustrado. Y otro. Y otro… Se recostó en la cama destendida, mirando fijamente al techo color crema, sus almohadas y sábanas tiradas por toda la habitación. La última vez que había tenido esa misma discusión había querido llorar. Hoy sólo quería trabajar hasta caer muerta. Con semejantes pensamientos en la mente, se metió a bañar y se arregló para el trabajo.

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– ¡Señorita Catalonia, me da tanto gusto que llegara! No podía localizarla en ningún lugar y no sabía que hacer... – Una joven también en sus veintes llegó corriendo a ella, el sonido de sus tacones repiqueteando por el corredor de mármol. Dorothy se viró y sonrió educadamente al rostro encendido de la chica.

–¿Qué pasa, Sophie? Tengo una junta en unos minutos…

–Es que…un hombre vino a buscarla hace rato…

– ¿Y que fecha le diste? Sabes que tengo la agenda muy ocupada, lo sabes bien.

–Sí, eso le dije. Que no podría atenderlo sino hasta el próximo mes, pero él insiste en verla. Es…es muy persistente.

Dorothy se encogió incómoda de sólo pensar que pudiera ser Víctor queriendo que ella descansara, pero se deshizo de tal idea. Él no sabía ni siquiera que había venido a trabajar. Al menos no por el momento.

– ¿Quién era?

– E-el presidente de la Corporación Winner, el señor Qua-

– Quatre Raberba Winner, – interrumpió la rubia, con una expresión de desconcierto.

– Ese mismo, señorita. ¿Qué le digo? La ha estado esperando afuera de su oficina y- ¿Señorita Catalonia? ¡Señorita Catalonia!

Pero Dorothy había girado sobre sus talones velozmente, memorias escondidas pasando como ráfagas por su mente y provocando caos. Llegó a su oficina en cuestión de segundos y justo cuando iba a abrir la puerta sintió un mariposas en el estómago. '¿Qué?' ¿Por qué se ponía nerviosa? Nada más no lo había visto desde hacía un par de años -ocho para ser precisa… ¡¿y como demonios se supone que iba a saludar a ese hombre?

Hola Quatre, ¿qué tal tu herida?...O… ¿Qué lo trae por aquí, señor imperio perfecto? ¡Qué!

No lo sabía. Ni le importaba. Enderezándose y sacudiendo su falda negra, abrió las puertas con un movimiento preciso sólo para encontrarse con la oficina vacía.

Sintió una punzada en el pecho.

Espera, ¿acaso era eso decepción?