Disclaimer: Definitivamente no soy dueña de Gundam Wing; si lo fuera, la novela Frozen Teardrop no sería tan extraña O.O
Desafío: Rompiendo un compromiso
Capítulo 2: El bolso de la búsqueda.
Un shock positivo. Así era.
Realmente no había estado tan sorprendido de encontrarla trabajando en tan prestigiosa compañía; bueno tal vez el hecho de que trabajara y no estuviera holgazaneando en su mansión era lo que le parecía raro. Aparentemente, esta situación había probado que el concepto que tenía de ella estaba desviado y era injusto. Sintió ganas de disculparse cuando la viera… Por supuesto que no lo haría, semejantes palabras sólo la confundirían y la harían pedir una explicación, y si resultaba que no estaba tan equivocado como creía respecto a sus recuerdos, entonces ella probablemente reaccionara con furia homicida.
Pero ¿encontrar que no estaba disponible sino hasta fin de mes, incluso cuando él ya había presentado sus credenciales? Imposible. Hasta él podía hacer espacio en su agenda cuando un amigo lo visitaba. Pero pensándolo bien, ¿era él un amigo? Probablemente no. Ocho años de no hablarse distancian a cualquiera, sin mencionar la situación incómoda por la que pasaron antes de seguir con sus vidas. Aunque no podía dejar pasar la oportunidad de verla. Así que esperó. Y esperó un poco más. A lo mejor su actitud había cambiado a lo largo de los años, o tal vez el hecho de estar cerca del aura influyente de su conocida lo estaba afectando, pero en estos momentos encontraba a la nerviosa e inquieta secretaria un tanto entreten-enternecedora. Carraspeó.
–Entonces, ¿estará la señorita Dorothy disponible hoy? –sonrió con encanto.
–L-Lo siento, señor Winner. Pa-parece que no puedo localizarla. Temo que estará ause– el timbre del teléfono interrumpió a la chica, que casi saltó de su asiento antes de contestar. Quatre contuvo su risa tosiendo discretamente–. O-oficina del Director de Área, ¿cómo puedo ayudarlo?...¡¿De-de verdad, en las salas de juntas? ¡Mil gracias! –colgó –. Señor Winner, ¿sería tan amable de esperar unos minutos en lo que hablo con la señorita Catalonia…?
Bueno, ya había esperado por una hora, un par de minutos más no le harían daño. Le sonrió a la joven, quien visiblemente se calmó…y sonrojó .
–No hay problema, señorita. Yo espero.
Con una inclinación de cabeza apresurada, la chica prácticamente voló. El hombre miró el reloj colgado de la pared -10:57 am- y se acordó que no había desayunado.
'Creo haber visto una maquina expendedora por ahí en el pasillo,' pensó. Tomando resolución y echando una última mirada al reloj, salió en busca de la máquina. Lo que encontró a su regreso, con una dona envuelta en aluminio, hizo que se guardara dicha dona en el bolsillo de su traje. Dorothy Catalonia estaba parada a la mitad de su oficina, con mirada consternada. Le pareció más alta, más delgada y más hermosa de lo que recordaba. Porque claro que la había visto antes, en bailes de caridad y juntas de negocios; siempre estaba presente en los discursos de la señorita Relena, y ninguno se perdía una ceremonia de conmemoración de la Guerra. Pero cada vez que intentaba acercase, descubría que ella ya se había ido. Siempre.
–Señorita Dorothy.
Su cabello flotó en el aire cuando se dio la vuelta bruscamente para mirarlo. Estaba sorprendida…y más pálida que nunca. Quatre se aguantó de fruncir las cejas.
–Señor Winner, pero que sorpresa tan agradable –dijo ella con una sonrisa dulce, que rápidamente había remplazado su cara de desconcierto. Él levantó una ceja; esa sonrisa no lo engañaba–. Debería haber sabido que era usted desde el primer momento que sentí al sistema Zero.
Ah, eso sí que llamó su atención.
–¿Disculpe, de qué está hablando?
La joven se sentó en la esquina de su escritorio y le señaló una silla antes de cruzarse de brazos. El rubio aceptó su invitación y tomó asiento justo enfrente de ella, mientras ella continuaba–. Ayer sentí algo extraño, como escalofríos, antes de encontrarme con usted. Porque era usted, ¿verdad? El hombre con quien me topé en el restaurante.
El ex piloto sólo pudo asentir en silencio. Qué situación tan más…peculiar.
–Y bueno, ¿que lo trae por aquí? –le preguntó y él súbitamente se recuperó del asombro de tales revelaciones, recordando la razón que lo había traído hasta ella.
–Esto –dijo, mientras extraía el pequeño bolso de lentejuelas de uno de los bolsillos interiores de su saco y se lo entregaba. –Me parece que le pertenece.
'¡Mi bolso! Creí que lo había dejado en casa o dentro de la limosina de Víctor…' Parpadeando, lo tomó con agradecimiento.
–Muchas gracias, señor Winner.
–¿Le importaría si la invito a desayunar? Va por mi cuenta –le preguntó, cortés y tan cálidamente como pudo, ya que quería que ella aceptara. Quería discutir más a fondo eso del sistema Zero, así como pasar unos minutos extra en su compañía, para conocerla un poco más y corregir esas ideas erróneas de su persona. Pero en lugar de aceptar, la joven rubia consultó su reloj de pulsera y se puso de pie, dejando al hombre en suspenso.
–Lo siento, señor Winner. Tengo una junta importante en un par de minutos y…
–¿De qué se trata? –preguntó ansioso, y adivinó una mirada de fastidio detrás de la sonrisa complaciente de la chica.
–Fondos para el sistema de climatización artificial que se construye en Marte.
–¿Con qué compañía?
–Empresas Hindkler.
Quatre tomó su celular y marcó un número.
–Un momento, señorita Dorothy –se levantó y salió de la oficina mientras Dorothy se le quedaba viendo, tratando de captar pedazos de la conversación. Su tono era gentil pero apremiante, y la voz tan queda, que ella realmente no pudo escuchar nada. Aparentemente sus sentidos de espía estaban un poco oxidados. Cuando el rubio regresó a su lado, ella le sonrió a medias.
–Listo, ya tiene su apoyo –dijo él en tono alegre y eso la disgustó.
–¿Disculpe?
–La corporación recién se fusionó con Hindkler, pero los hemos dejado en sectores separados ya que sería mucho problema restructurar todo el sistema. Acabo de hablar con el Director y me dijo que ya habían aceptado la propuesta, que hoy sólo se verían para comunicárselo formalmente.
"La corporación" había dicho, pero ella inmediatamente supo que había querido decir "mi corporación". Qué engreído, pensó, mirándolo harta y logrando que esa sonrisa complacida y encantadora temblara un poco. De todos modos le devolvió el gesto–. Creo que entonces desayunaremos.
El rostro del joven se iluminó e hizo un ademán caballeroso con la mano delante de él.
–Después de usted, señorita Dorothy.
Ella entornó lo ojos. Es un presumido.
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oioioioioioioioioioioio
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–Se ve más pálida –dijo el hombre finalmente, después de largos minutos de silencio. Estaban sentados en un pequeño café justo enfrente de las oficinas; platos de fruta, un cesto con pan y una jarra de jugo de naranja ocupaban la pequeña mesa. Dorothy había estado a punto de tomar un trago de su vaso cuando él habló, y se limitó a mirarlo detrás de su bebida.
–Y usted se ve bronceado –escuchó a Quatre reír, y el sonido le pareció extrañamente placentero. Ella nunca lo había escuchado reír.
– Sí, bueno, culpo al sol del desierto –tomó un bocado de melón–. ¿Y usted?
–Mi falta de.
–Eso no es saludable, debería salir de vacaciones. Si quiere le puedo ofrecer…
–Gracias señor Winner. Tal vez este fin de semana me retire a mi cabaña en la playa.
Una sonrisa de disculpa fue su respuesta, y ella la devolvió complacida. El silencio volvió a reinar, y de nuevo fue él quien lo rompió.
–Creo que sé de lo que estaba hablando.
Ella lo miró desconcertada y a medio bocado.
–De los escalofríos de Zero, como usted dijo. También los sentí, un par de años atrás.
–¿De verdad? –ahora estaba interesada.
–Sí. ¿Recuerda el baile de caridad Bellaricci?
La chica estaba a punto de asentir cuando lo pensó mejor. ¿Cómo era que él sabía de ese baile?
–¿Estuvo ahí? –preguntó confusa.
–Así es. Creo que fue la primera vez en cuatro años que coincidimos en el mismo lugar.
No podía ser cierto, ¿acaso él…? ¡Pero ella no lo había visto!
–¿Tomó nota del tiempo que ha pasado? – cuestionó coqueta, queriendo ver su reacción tímida. Y obtuvo una, pero no la que esperaba.
–Tal vez –rió el árabe y un sonrojo apenas perceptible se apoderó de sus bronceadas mejillas. Pero el gesto no había sido ni tímido ni avergonzado, sino…carismático. Casi seductor. Ugh, disculpa Víctor, pensó ella, y Quatre prosiguió –. Antes de ese día, creí que usted se había ocultado.
– Claro que no. Simplemente estaba terminando mis estudios.
– En negocios, ¿o me equivoco?
– No se equivoca.
–¿Se ha mantenido en contacto con los demás?
–La señorita Relena y yo platicamos seguido. Me llama para quejarse de Yuy –soltó una risita. –Aparte de ella, no sé a quién más se refiera.
Pero claro, pensó Quatre avergonzado, ¿por qué querría ella hablar con los demás? No es como si hubiéramos sido camaradas del mismo equipo…
–¡Ah! – exclamó Dorothy. –A quién sí vi el año pasado fue al señor Barton.
–¿A Trowa? –esa declaración lo había tomado por sorpresa.
–Nos encontramos por la calle un día. Él se limitó a…¿saludarme con la cabeza? Bueno, al menos eso fue lo que me pareció.
¿El año pasado? El año pasado… ¡Claro! El año pasado vinieron con el circo. Ese pequeño trampos-decidió no quedarse callado. – Debió haber sido…raro –¿qué otra cosa podía hacer que sonreír a la chica plácidamente?
–¿Raro? ¡Más bien inaudito! La última vez que nos vimos, ese tipo tuvo el descaro de decir que yo no podía llorar. Semejante estupidez, por supuesto que puedo llor…—La joven se contuvo al ver que la sonrisa de Quatre se ensanchaba–. Y bueno, eso fue todo.
– Ya veo. ¿Irá a la reunión de la señorita Relena?
– Por supuesto. Y es obvio que usted también.
– Me temo que no será así.
–¿Cómo? – ¿Por qué?, se preguntó ella, ¿Qué no se supone que es un hecho universal el que vaya?
– En estos días estaré en proceso de cerrar tratos. Cosas del trabajo. Es lo que me trajo aquí, en primer lugar. Pero no pierdo la esperanza de quedar libre para entonces.
Dorothy asintió distraída. Si estaba tan ocupado, ¿qué demonios hacía tomando el desayuno con ella? Miró enfurruñada al último pedazo de fruta que quedaba en su plato. Es un fanfarrón. Ambos habían terminado su comida y esperaban silenciosamente a que llegara el mesero con la cuenta. Pero vaya si esto es extraño. No me siento tan incómoda como creí que estaría, un leve pitido la distrajo de sus pensamientos, ¿qué es eso?
Quatre sacó una agenda electrónica de uno de sus bolsillos.
– Oh, se me ha acabado el tiempo – el mesero eligió ese preciso momento para aparecer, y el rubio tomó el recibo y lo firmó, sin prestar atención a la protesta de Dorothy de compartir la cuenta. Cruzaron la calle hacia las oficinas, donde ya los esperaba el valet con un auto deportivo color blanco.
–Pasaré a visitarla la próxima vez que baje –con "bajar" ella entendió que se refería a "venir a la Tierra". Asintió cortésmente, aunque nada convencida–. Por cierto, señorita Dorothy, escuché que se ha comprometido. Felicidades –la sonrisa que él le dio le pareció muy apurada, pero bien pudo habérselo imaginado. Quatre ni siquiera le dio tiempo de responder pues inmediatamente había acelerado por el camino; el suave rugido del motor todavía reverberaba en sus oídos.
–…Gracias, señor Winner – su tenue respuesta ni siquiera se escuchó.
