Disclaimer: Ya quisiera. No, Gundam Wing no es mío. D:

Desafío: Rompiendo un compromiso

Capítulo 3: Nuestra excentricidad.

Su amigo contestó casi inmediatamente.

¿Sí, Quatre?

–Y hola a ti también, amigo – estresó la última palabra y supo que la persona del otro lado de la línea había sonreído extrañamente. Simplemente lo sabía.

¿A que debo el placer de tu llamada?

–Estoy en la Tierra.

Hubo una pausa. – Y la volviste a ver.

–Sí, la volví a ver. De hecho, acabo de despedirme. Desayunamos juntos.

Suena bien.

–Dime por qué –conducía por la carretera, planeando dar vuelta a la izquierda y tomar la salida al aeropuerto. Escuchó el rugido de un león por el teléfono.

Sabe que eres tú. Te dice hola.

–Sí, hola. Ahora dime por qué.

¿Por qué te dice hola?

–Trowa, no me gusta tu sentido del humor.

Midii dice que voy mejorando.

El rubio suspiró. –Me dijo que la viste el año pasado. ¡El año pasado! ¿Por qué no me dijiste nada?

Trowa entendió que su amigo se refería a cierta Duquesa y no a su novia, así que se saltó la broma. – Sólo nos cruzamos en la calle, nada más.

Quatre aceleraba por los carriles, evadiendo autos y ganando velocidad. Vio la salida un par de metros más adelante. –Debiste decirme de todas formas.

Sí sabes que estás siendo extraño, ¿verdad?

–No quiero que me lo diga un tipo que habla con leones.

Estamos un poco sensibles, ¿no? –se escuchó un rugido–. No entiendo tu preocupación. ¿Será que te interesa?

–Sí…No. No lo sé. Yo sólo…argh–suspiró–. Ya parezco Heero –su amigo del otro lado de la línea comenzó a reír–. Es que de verdad no sé Trowa. ¿Me volví loco?

La guerra te hace eso.

–Trowa…

No tengo tus respuestas.

–…Se ve más hermosa.

¿Oh? ¿Su puro e inocente amigo sucumbía a la belleza física? El cirquero sonrió. –Te apuñaló.

–Eso fue hace nueve años y me pidió perdón.

Trowa se volvió a reír. –Lo sé.

–¿Qué?

Estuve a punto de entrar a tu habitación pero ella ya estaba ahí. Quise confrontarla, reclamarle…pero luego dijiste que la perdonabas así que me fui. Si tú podías pasarlo por alto, ¿quién era yo para insistir? Me pareció que fue sincera.

–Le dijiste que era una mujer que no podía llorar. Todavía se acuerda de eso.

Me retracté de mis palabras un poco después.

–¿Qué, por qué? ¿La viste llo-?

Me tengo que ir. Me necesitan. Por cierto, Heero llamó. Me dijo algo de la próxima semana en casa de Relena. Probablemente ya sabes. Nos vemos entonces.

–¡Trowa, espera! – pero la llamada se cortó. El ex piloto del Heavyarms era una persona callada, pero maldita sea si podía decir las palabras precisas cuando decidía abrir la boca. Quatre prácticamente se arrancó el manos libres y lo aventó al asiento de atrás. Definitivamente tendría que apurarse con sus negocios si es que quería ver a sus amigos…y a ella.

o

oioioioioioioioioioioio

o

Desde que la había visto hacía una semana, había empezado a creer que todos y cada uno de sus amigos se había vuelto un poco masoquistas después de la guerra. Por ejemplo, estaba más que seguro que Heero y Relena anunciarían su compromiso –por fin – en esta reunión que planeaban, después de años y años de perseguirse y acosarse. ¡Por el amor de Alá, el hombre la había amenazado de muerte cuando se conocieron! Y Wu Fei había tratado groseramente a Sally en aquella época, y ahora su primera hija cumpliría dos años en unos meses. Hilde era soldado de OZ cuando conoció a Duo… Cómo fue que todos terminaron en relaciones prácticamente utópicas, era un misterio de la guerra.

Y Trowa. Ese tipo…había tenido sentimientos dudosos hacía su hermana antes de saber que en realidad era su hermana. Y ni parpadea cuando le avientas cuchillos…habla con animales… Ahora que lo pensaba, la novia de Trowa, Midii, alguna vez intentó matarlo también. Y eso que ya lo quería para ese entonces. O eso había dicho. Mmm, su mejor amigo era el más inverosímil de todos.

El maldito ni siquiera me devolvió la llamada, Quatre hizo un puchero, recordando como le había colgado hacía unos días. Una azafata le ofreció de beber, y él pidió un agua mineral con una sonrisa que no fue nada sincera. La chica le sonrió coquetamente, sin darse cuenta del mal humor de su interlocutor, y se apresuró a ir por ella. Mientras tanto, el joven resumió sus pensamientos.

¿Y qué si le atraía una mujer que antes lo había convertido en brocheta? El perfil encajaba perfecto en cuanto a relaciones personales de pilotos Gundam, ¿qué no?

…ya, lo que fuera.

La cara sorprendida de la rubia se le apareció de repente y él sonrió levemente. De verdad que quería verla de nuevo. Observando la oscuridad del espacio, en el trayecto a la colonia L2-TY678, finalmente empezó a dormitar…

"Debería haber sabido que era usted desde el primer momento que sentí al sistema Zero." Una dulce voz lo hizo regresar de a donde fuera que se había ido su mente. Reaccionó sobresaltado, "Debería haber sabido que era usted…" Compartían un lazo.

¡Compartían un lazo!

Una sonrisa boba se le acomodó en los labios, y la azafata casi tira su charola con semejante visión. ¡Es que el hombre era demasiado guapo y más sonriendo así, con esa mirada perdida tan…tan…arrebatadora! Lo había visto antes, en una portada de revista…no recordaba bien. Quatre le agradeció el agua, y no le prestó atención a la intensidad con la que lo estaban viendo. Estaba acostumbrado a eso.

Su junta de negocios fue perfecta, y sonrió orgulloso al pensar en la nueva colonia que construiría. Sería más grande que la mayoría, pues serviría como última conexión a Marte, y seguro que brindaría miles de oportunidades de trabajo. Su nave rápidamente resumió el viaje de regreso a L4 y él cayó en un tranquilo estupor. El rico heredero Winner soñó con la Duquesa Catalonia. Vio la palidez de su rostro sentado detrás de su escritorio, sus manos delicadas hojeando montañas de papeles y contratos…y de repente ya no estaba ahí. Lo siguiente que vio fue a la joven tirada en el piso, justo al lado de su silla…

Se despertó de un brincó y sin querer se golpeó en el panel superior del asiento.

Eso no había sido un sueño. Había sido una visión de Zero.

o

oioioioioioioioioioioio

o

–Es usted una mujer muy necia, Duquesa –le decía el doctor Mongroove al tiempo que le insertaba la aguja del suero de vitaminas. Ella se estremeció con el piquete, pero no dejó de mirar al anciano mientras este le revisaba la presión arterial. Estaba acomodada sobre almohadas, más bien, atrapada entre varias de ellas. Con un soplido de fastidio, se liberó de algunas.

–No sentía ganas de descansar.

–Si se lo hubiera llevado con calma la semana pasada, no estaría así –le chasqueó la lengua–. Su pobre novio va a pegar el grito en el cielo cuando se entere.

–Él no sabe nada, y no sabrá nada, doctor –la mirada intensa que dirigió al señor fue más que suficiente como orden, y el viejo levantó las manos, derrotado.

–Yo sólo decía. Pero por favor, quédese quieta un día. No le hará mal.

–Sí, sí. Ya sé.

–Juro que es tan obstinada como sus padres.

–Pues soy su hija –sonrió orgullosa.

El doctor le sonrió complacido. –Niña imprudente. Ahora quédese quieta y no le diré a nadie. Regresaré mañana a revisarla.

–Aquí lo espero.

Observó que el hombre sonreía y movía la cabeza en gesto negativo al salir de la habitación. Tomó un libro de su buró pero pronto se aburrió. Estaba restringida a su estúpida cama así que no podía practicar esgrima ni montar a caballo, ni siquiera ir a nadar. Quería adelantar el tiempo para que la fiesta en casa de Relena fuera mañana, pero sabía que era imposible y que tendría que esperarse hasta el fin de semana. Sólo dos días más, pensó. Dorothy aventó el libro al piso alfombrado y se despatarró en su cama. Estaba tan aburrida…

o

oioioioioioioioioioioio

o

A la siguiente mañana, su color había vuelto a la normalidad. O sea, seguía estando pálida, pero las mejillas se le veían más sonrosadas. El doctor Mongroove dio su consentimiento y le quitó el suero. Además le dijo que no se saltara ninguna comida y le recetó unas vitaminas, antes de irse. "Lléveselo con calma", le había dicho el anciano. Ella resopló. Siempre se lo 'llevaba con calma'. Las cosas eran más divertidas así.

Tocaron la puerta y la rubia se apresuró a ponerse los zapatos. Víctor estaba justo afuera de su habitación, con una solitaria orquídea blanca en las manos y el ceño fruncido.

–Oh…hola Víctor, hace una semana que no te veo. ¿Sigues enojado?

–Dorothy –le dijo fríamente y nada más. Bueno, no era su culpa. Él era el que tenía problemas de actitud.

–Pues…no me esperaba esto pero gracias. Es muy hermosa. ¿Debo entender que nuestra discusión ha terminado? – no, algo estaba mal. Vio como el ceño de su novio se profundizaba. Sin que se lo esperara, le puso la flor en las manos y bruscamente se dio la vuelta. Eso sí, escuchó que decía:

– Eso no es mío, que tengas un buen día – antes de desaparecer por el corredor y bajar las escaleras.

Con la boca un poco abierta en gesto de incredulidad, ni siquiera intentó seguirlo. Sabía que era mejor dejarlo solo cuando hacía sus berrinches, y se limitó a encogerse de hombros. Inspeccionando la prístina florecita, se dio cuenta que había una nota amarrada al tallo.

'Sabía que estabas demasiado pálida.
Cuídate.
-QW.
'

Sus ojos azules se abrieron como platos y casi soltó la planta. ¿Qué estaba pensando ese hombre? No, espera, ¡cómo es que siquiera sabía!

"Se ve más pálida." Pues sí, eso le había dicho él la semana pasada, pero ¿no había sido sólo una manera tonta de empezar la conversación? Miró la extravagante planta entre sus manos con recelo…

Bueno, la flor era muy bonita.