Marshall se alejó un poco para conseguir algunas fresas y otras cosas que crecieran en los arbustos, se había olvidado de que Fionna era humana pero ahora solucionaría el problema. Sin embargo algo lo tomó desprevenido…

Fionna se apartó el cabello de la cara y buscó a Marshall con la mirada, esperando que no pretendiera asustarla. Sin embargo, él salió de detrás de unos arbustos y se sentó a su lado.

– ¿Qué has pensado de lo que te dije de ser mi novia?

–No lo sé viejo, no lo he pensado mucho.

–Acepta por favor.

– ¿Y qué si aceptara?

–Tendrías que dejarte morder para poder estar juntos para siempre.

– ¡¿Qué?

– ¿No lo había mencionado?

–No. Nunca lo dijiste.

– ¿Fionna? –La aludida levantó la vista encontrándose con el príncipe Gumball. –Oh, aquí estás. Y veo que estás acompañada… creo que puedo volver en otro momento.

–No, quédate. No hay problema.

– ¿Qué? –Inquirió Marshall con un tono de voz ajeno a él. Entonces todo cobró sentido.

– ¿Marshall, qué me decías antes de irte?

–Lo olvidé primor.

–Pero tú siempre presumes de tu buena memoria.

–Bueno, no siempre es tan buena.

–Era algo de suma importancia, incluso me pediste que te lo recordara cuando volvieras.

Marshall se puso nervioso en ese momento y Fionna tomó la mano del dulce príncipe gritando. – ¡Corre!

– ¿Fionna, qué pasa?

–No sé qué está pasando, pero él no es Marshall.

– ¿Qué?

–Ven conmigo, Marceline puede decirnos que pasa.

– ¿Marceline, quién es Marceline?

–Tú ven.

Corrieron hasta la casa donde se encontraba Marceline y antes de tocar Fionna le gritó por su nombre. La reina de los vampiros salió al instante molesta y claramente irritada, pero al ver la cara de pánico de la joven aventurera les permitió entrar.

– ¿Qué pasa?

–Es Marshall Lee. No sé qué le pasa pero se puso violento conmigo.

– ¿violento? Podrá jugarte una bromita, pero violento.

–Es en serio. Me amenazó con morderme.

–A menos que esté bromeando como lo hacíamos nosotros dos no creo que sea…

– ¡Abran la puerta, quien quiera que sea! –gritó Marshall desde afuera.

– ¿Quién quiera que sea? –Inquirió Marceline.

– ¡Abre de inmediato! ¿Qué no sabes quien soy?

– ¿Y tú sabes quién soy yo? –Gritó Marceline poniendo su peor cara y abriendo la puerta, al verla, Marshall puso una cara de susto y trató de huir pero Marceline lo atrapó en el acto dándose cuenta de que no estaba flotando, sino caminando. – ¡Hey, vuelve acá, no hemos terminado!

De las manos del joven salió una ventisca de nieve que hizo a Fionna y a Marceline gritar. –Reina helada/Rey helado.

– ¿Qué? –Exclamó Gumball.

La reina helada se quitó el disfraz que usaba y se alejó flotando de ellos. Fionna a su vez tomó una espada de su mochila y saltó sobre ella pero la reina fue más rápida y logró escapar de la chica, dirigiéndose hacia el dulce reino.

–Marceline, príncipe Gumball, vallan al dulce reino, lleguen primero que nosotros; yo me encargo de la reina helada. Dos veces la misma jugada… ¡Esto no se queda así!

Marceline se encogió de hombros y tomando al príncipe por los brazos salió volando hacia el dulce reino. Fionna por otro lado se lanzó sobre la reina helada, a quien atrapó unos metros cerca de donde Marshall y ella se habían detenido a descansar y a buscar algo. Fionna escuchó quejidos y se dirigió hasta unos arbustos, donde la reina helada trataba de llevarse a Marshall, completamente amordazado y con la boca tapada de modo que no podía ni hablar.

Se hizo de sus poderes para quitarse la venda de la boca y gritó. – ¡Fionna vete, yo puedo con esto!

–No seas ridículo, no has podido desatarte.

–Ah, eso. ¿Sabes lo difícil que es descongelar hielo aún con mis súper-poderes? Yo me encargo de ella, no quiero que te haga nada.

–Marshall…

–Largo…

– ¡No, no te voy a dejar aquí! Ya tomé mi decisión, me quedo.

Marshall se sonrojó ante aquella afirmación, sus emociones lo traicionaron y aprovechó ese ataque de alegría para reventar todas las cuerdas que lo mantenían atado, luego se levantó y abrazó a Fionna. – ¿Qué quisiste decir con eso?

–Y-yo… –Dijo sonrojada.

–Tontos. –Gritó la reina helada alejándose de ellos y dejándolos en la oscuridad.

–Va hacia el dulce reino. –Exclamó Fionna asustada.

–Llegaremos. –Marshall hizo que la chica humana se subiera a su espalda y voló a toda velocidad hasta el dulce reino, donde encontró a un tipo vestido de azul muy similar a la reina helada tratando de llevarse a la dulce princesa. Finn llegó corriendo en ese momento y alcanzó a detener al rey helado de una manera muy similar a la que Fionna solía hacer con la reina. Todos los que eran de Aaa miraron estupefactos la escena pero Fionna se recuperó y le quitó la tiara mágica a la reina helada, que cayó al suelo al instante.

–Te vencí reina helada, ahora aléjate de nosotros.

– ¿Qué está pasando aquí Finn? –Dijo la dulce y antipática princesa. – ¿Y quién es esa?

–Creo que alguien está celosa de ti. –Dijo Marshall en el oído de Fionna.

– ¿De mí? No tendría por qué.

–Por supuesto que sí. La vences en hermosura, y eso le molesta.

–Marceline, nos presentas a tu… eh…

–Es un viejo amigo mío.

–Muy viejo. –Coincidió Marshall alegre.

–Me vencieron esta vez, pero volveré. –Gritó el rey helado percatándose en ese momento de la presencia de la reina. Ambos intercambiaron una mirada por un momento y luego el rey gritó. – ¿Quién es ella?

–Yo soy la reina…

– ¡Con eso me basta! La secuestraré a ella.

– ¿Qué? –Gritaron todos, Fionna le puso la corona a la reina y se hizo a un lado permitiendo que el rey helado se la llevara.