Le voy a pedir una cita, ahí le declararé mi amor y veré si me tiene una respuesta de una buena vez. Yo sé que le dije que se tomara su tiempo para responder, pero la intriga me está matando, y aunque la amo no sé si la dejaría ir así sin más…
Marceline me ayudará con algo de ambientación, solo espero que no se le pase la mano, y Jake accedió a tocar el violín un rato. Maldición ¿Por qué estoy tan nervioso? ¡Si yo soy el rey del inframundo!
Marshall dejó a Fionna en la casa del árbol de Finn mientras que el dueño se quedó con la dulce princesa, quien lo había invitado a desayunar. –Fi, lamento mucho lo de esta noche. Se suponía que pasáramos una velada agradable y en lugar de eso la reina helada lo arruinó todo.
–No te preocupes viejo. Dijiste que cazaríamos alguna aventura de ser posible y eso hicimos.
–Sí, supongo que es cierto. –Dijo con algo de tristeza. –Bueno.
–Espera… ah, la dulce princesa…
–Es cierto, ¿Quisieras ir al baile conmigo? Será genial.
–También a ti te dijo ¿Eh?
–Nah, a mí me dijo Marceline. No sé si ella valla, pero quiero que vallas conmigo.
–De acuerdo viejo.
–Genial, pasaré cuando se ponga el sol.
–Estaré esperando.
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– ¡Cake! Necesito un vestido de urgencia. –Gritó Fionna cuando lady Arcoíris abrió la puerta. –Hay un baile esta noche y yo…
– ¡No me digas, el príncipe Gumball te invitó!
–No exactamente. Pero igual voy a ir.
–Genial, te tendré lista en un santiamén.
Cake se puso a trabajar sobre el vestido de Fionna, que a diferencia de la última vez ahora no era ni largo ni ampón. Era un bonito vestido strapless azul celeste que le llegaba por debajo de las rodillas, la hizo ponerse unos zapatos a juego y por primera vez en mucho tiempo le dijo que se quitara el gorro.
– ¿¡Qué!
–Lo que escuchaste muchacha. Quítatelo.
–Pero…
–Si no te lo quitas cómo te vas a poder poner esto. –Dijo presumiendo una diadema con unas lindas orejas blancas. –Y queremos peinarte. Arcoíris y yo estamos de acuerdo en eso. Todo tu cabello serán hermosos caireles.
–Hay, de acuerdo. Solo espero que estés en lo cierto.
Fionna se sacó el gorro dejando caer una hermosa y larga cabellera dorada que le caía hasta poco debajo de las rodillas, misma que en una hora más o menos terminó siendo una increíble cascada de rizos.
–Le va a encantar. –Murmuró una vez que se quedó sola en la habitación. Sin dudarlo más, regresó a la casa del árbol tratando de no verse demasiada princesa al correr con aquel precioso vestido y al llegar y ver a Finn con un traje azul de un tono parecido a su vestido sonrió. – ¿Vas a impresionar a la dulce princesa hoy?
–Eh, eso espero. –Aceptó sonrojándose.
–Suerte.
–Sí, y suerte tú con el dulce príncipe.
–Pero… –Marshall tocó la puerta y ya que Finn lo dejó entrar, él observó a Fionna.
–Woh… Fi… estás… preciosa.
–Je-je-je, no puede hablar. –Dijo Jake riéndose. –Esa chica sí sabe cómo impresionar a su hombre.
–Gracias. –Dijo con voz a penas audible ya que se encontraba admirando el traje de gala negro que el joven usaba. Claro, con un toque muy personal suyo, sin corbata ni moño y con el chaleco abierto
– ¿Qué? –Exclamó Finn al ver que la cita de Fionna era en realidad con Marshall Lee.
– ¿Nos vamos lindura?
–Claro, vamos.
La fiesta ya había comenzado cuando ellos dos llegaron así que se limitaron a disfrutar de la fiesta, Marceline llegó un poco después usando un vestido parecido al de Fionna, salvo que el suyo era rojo sangre. Marshall, con Fionna tomada de su brazo se acercó riendo ligeramente. – ¿Por si te da hambre?
–No seas ridículo Mar. El blanco no me queda con mi tono de piel. Y lo sabes. Hola Fi.
–Hola Marceline.
–Lindo vestido. ¿Planeas conquistar a alguien con él? –Dijo mirando a Marshall Lee mientras que él se sonrojaba por completo. Fionna sonrió y se abrazó del brazo de Marshall.
–No tengo que conquistar a nadie, por hoy me dejaré conquistar.
Marshall la miró sorprendido pero sonrió.
–Hey Mar, toquemos algo. –Dijo Marceline mirando el bajo-hacha y la guitarra que descansaban junto a las bebidas. –La empalagosa princesa nos dejó eso para animar la fiesta un rato.
–Solo una canción.
–Dos.
–Dos es mi límite, guárdatelo por si nos piden otra.
–De acuerdo.
– ¿Te importa si te dejo un momento? –Dijo Marshall tomando una mano de Fionna y llevándosela a la boca para besarla.
–Adelante, nada me gustaría más que escucharte tocar.
–Genial. Mira, ahí vienen Cake y Jake.
–Así no estaré sola.
Fionna se fue con su amiga y Finn se les unió. Como Marshall dijo, tras terminar su primera canción todos los invitados a la fiesta pidieron más, así que Marshall y Marceline tocaron y cantaron una nueva canción, pero tras terminarla, en lugar de ir a buscar a Fionna, Marshall Lee tomó un micrófono y miró al público. –Mar-Mar, ayúdame con esto, hola a todo el mundo, mi nombre es Marshall Lee y yo vengo del país de Aaa. –Todos aplaudieron en la pequeña pausa que hizo. –Es un verdadero honor tocar aquí esta noche, pero no estoy solo en esto, quiero pedirles un fuerte aplauso para Marceline. –De nuevo, todos aplaudieron. –Gracias… ésta será la última canción que cante por hoy y es una canción que le quiero dedicar a una chica muy especial… de no ser por ti, estaría perdido y posiblemente, varias veces muerto… más muerto, quiero decir. Fi, primor, ven acá.
Fionna se sonrojó hasta lo imposible y se acercó a Marshall. – ¿Qué haces?
–Te dedico una canción… y te pregunto… ¿Querrías ser mi novia?
–P-pero… tendrías que morderme para… poder…
–No. Eso no lo haré hasta que tú me lo pidas primor. No te obligaría a algo así. Ésta es la canción que quiero dedicarte. –Marshall tocó por primera vez una canción lenta saboreando cada palabra que decía y consiguiendo de vez en cuando ligeros sonrojos de Fionna, quien miró a Marshall a los ojos todo el tiempo.
(Insert "You fill my heart – Jason Walker")
Marceline ayudó con los coros en lo que fue de la canción pero terminó quitándole la guitarra a Marshall para que él pudiera bailar con Fionna en lo que cantaba la canción y darle un poco más de sentimentalismo.
En cuanto la canción terminó los dulces príncipes llegaron a tiempo para ver cómo Marshall besaba a Fionna tiernamente y el príncipe Gumball esperó a que la atención de todos se desviara hacia Marceline para poder acercarse a la pareja.
– ¿Entonces qué dices Fi? ¿Aceptas ser mi novia?
–No puedes aceptar tal cosa Fionna.
–Dulce príncipe.
–Entrometido príncipe, más bien.
– ¿Por qué no?
–Porque acabo de darme cuenta de que te amo.
–Príncipe Gumball… yo mucho tiempo estuve enamorada de ti y tú nunca te diste cuenta de ello… ahora ya no sé si siento lo mismo. Y Marshall Lee…
– ¿No pudiera ser que estás confundida?
– ¿Qué? –Dijeron Marshall y Fionna al mismo tiempo.
–Cielos viejo, qué dilema…
–Fionna, acepta por favor salir conmigo, en una cita. –Dijo el dulce príncipe arrodillándose. Fionna lo miró sonrojándose y al verla, Marshall salió de la sala de palacio.
Fionna, culpable por lo que acababa de pasar miró a Marshall y lo llamó por su nombre, consiguiendo ofender los sentimientos del príncipe Gumball, que salió en la dirección contraria a Marshall.
Por un momento se sintió perdida, confundida, como si las palabras del dulce príncipe sobre Marshall fueran ciertas, y fue entonces cuando se dio cuenta de quién tenía la razón. Todo el tiempo lo había amado, siempre, y sin querer se lo había demostrado una y otra vez.
Con ésta nueva certeza, se lanzó corriendo en su dirección y esperó alcanzarlo a tiempo. No estaba muy lejos del dulce reino, caminaba tristemente así que Fionna pudo lanzarse sobre él tirándolo al suelo y esperando no lastimarlo con eso.
– ¡Sí! Acepto ser tu novia, no me importa. Acepto ser tu novia.
–Pero… ¿Estás segura?
–Completamente. Y si antes estaba confundida por lo del hechizo de la reina helada y la manera en la que fui rescatada, eso hoy es historia. ¡Te amo!
–Pero… ¿Qué hay de…?
–Olvídalo, me doy cuenta de que todo era un malentendido, en realidad no lo amo, te amo a ti.
–Fionna, solo quiero que estés feliz. Que sepas lo que quieres, quiero que estés segura de mí y de todo esto.
– ¿Qué no oyes? Te amo.
