Continuamos con mi universo alterno. Continuación de "Cristal" si no lo has leido detente porque no vas a entender nada.
- Odio los barcos –afirmó con fastidio un rubio de ojos azules mientras se sentaba en una roca al borde de un acantilado intentando recuperar el aliento al subir la escarpada colina. La negrura de la noche le impedía ver el mar pero su oído daba cuenta de la furia del agua golpeando las rocas.
- El avión es buena opción. Además gente como tú debe tener algunos priviegios –mencionó fríamente Ikki desde algún lugar cercano.
- ¡Idiota! El pasaporte es más controlado en los aviones, en cambio rastrearlo en los barcos es mas complicado. Las aduanas prestan poca atención a las personas a menos que sea un crucero, lo importante es la carga –. Hyoga sonrió en la espesura de la noche –Te estas volviendo estúpido Ikki. La INTERPOL tiene jurisdicción sobre las Islas Canarias.
- Tengo conocidos ahí –aseveró el peliazul –. Existe un agente no muy inteligente que tiene trato con criminales, puedo presentártelo seguro te simpatizará.
- Sigue así y tendré que arrestarte por tus malos chistes –mencionó el ruso mientras encontraba los brazos de su hermano. Hace seis años que en una habitación oscura dentro de un siquiátrico, Ikki había confesado que compartían el mismo progenitor. Destruyendo la mentira relatada por la familia de ambos que los convertía en primos.
- Ya puedes soltarme –dijo parcamente.
- No lo haré, te has vuelto tan frío –reprobó el rubio sin soltarle. Ikki sonrió de lado y apenas pasó una mano por el enredado cabello del rubio –. No dejes que la venganza te seduzca.
- Tus palabras llegan tarde. Conoces la fecha exacta en que mi corazón se enfrió –mencionó cerrando su puño con fuerza
- ¿Qué dices de ir a Islandia? –dijo Hyoga. Su boca dibujó una ligera sonrisa oculta en la oscuridad –. Existen curiosas aguas termales, la nieve rodea las aguas. Es algo que debemos experimentar.
- Cada vez que nos encontramos nombras un país más lejano que el anterior, mi respuesta no ha cambiado. Primero atraparé a ese bastardo después limpiaré mi nombre, el resto poco me importa –contestó decidido Ikki, pensando si alguna vez su hermano se daría por vencido al sugerir lugares para establecerse.
- Debo al menos intentar que desistas –insinuó con timidez mientras se cruzaba de brazos, los fríos ojos de Ikki se posaron sobre él. Hyoga suspiró y continuó –. Han sido seis años en los que has merodeado de frontera en frontera. Aguantando los peores transportes, alberges, comidas y condiciones. Asechando, analizando, esperando de una forma enfermiza que alguna muerte aislada esté conectada a él. Día tras día reviso nuestras bases de datos en busca de algo que pueda ayudarte y mis contactos fuera de la INTERPOL no han logrado seguir su rastro, el dinero compra mucho silencio y Ryuzaki tiene demasiado. Durante todo este tiempo me he esforzado en enterrar mi pasado, impedido que algún compatriota japonés lleno de iniciativa llevé ciertos expedientes a manos de mis superiores. En estos dos años he estado cruzando la línea entre el deber y lo que considero justo, sin embargo me preguntó si seguiremos teniendo suerte. La verdad es lo más difícil de esconder. Temo que todo lo relacionado conmigo pueda conducir a tu paradero, no me perdonaría que un descuido de mi parte haga que te vuelva a perder.
Los esporádicos encuentros de Hyoga e Ikki estaban llenos de intrigas y especulaciones elaboradas por el pelizaul, él cargaba con recortes de periódico de asesinatos que insistía que eran obra del peliverde. Hyoga tras inspeccionarlos desechaba la relación de esos casos con Shun. Asesinatos de mujeres por más crueles que fueran, no eran prioridad para la policía si no existían sospechosos solía decir. Solo la confianza absoluta que mantenía en Ikki le alentaba a seguir con esta cacería, para Hyoga el adolescente ingenuo, Shun había sido un chico normal que incluso llegó a considerar como amigo sin embargo para un agente entrenado de la INTERPOL asumir eso era una posición inaceptable.
Hyoga, a espaldas de su padre, financió la huida de Ikki por el mundo para que las autoridades niponas no aprendieran y sentenciara a muerte por su escape del hospital, para Sanjiro Kido su hijo mayor había dejado de existir desde el día que fue recluido en el siquiátrico y formalmente culpado del asesinato de Esmeralda Ryuzaki, ese mismo día todas sus posesiones habían sido destruidas. Hyoga fue capaz de salvar algunas fotografías y algunos artículos personales de Ikki, mismos que atesoraba guardados dentro de una caja fuerte esperando por un futuro que se divisaba cada vez más lejano. Subsecuentemente el ruso se convenció que lo mejor era vivir en un país lejano en el cual nadie fuera capaz de relacionar su pasado sin embargo cuando el mayor obtuvo datos de inmigración en varios países buscando el paradero de Shun Ryuzaki, el hermano mayor de su amada Esmeralda. La única dirección conocida del joven era un lugar en París, a Hyoga con frecuencia le preocupaba que su hermano estuviera obsesionando con esa persona pero ignoraba que Ikki tras salir de Japón visitó ese lugar. La vieja casa abandonada tenia muebles antiguos con cubiertas plásticas que los aislaban de la gruesa capa de polvo levantada por el caminar del peliazul, abrió la puerta de un suntuoso estudio con una silla acolchada color verde, que parecía haber sido puesta ahí recientemente, frente a la chimenea construida de granito blanco. Sobre la repisa de la misma, misteriosamente pulcra, se encontraba un pañuelo blanco delicadamente doblado que aún guardaba el aroma de Shun. Ikki lo reconoció de inmediato, el mayor de los gemelos lo uso para retirar la sangre de la afilada daga forjada de plata con la que le había dado muerte a su hermana gemela. Ikki no sabía con certeza si lograría encontrar a Shun antes que Hyoga pero algo era seguro, no cesaría su búsqueda.
- El dinero compra mucho silencio –repitió Ikki luego de un largo silencio –. Algo bueno ha resultado de la fortuna de tu padre –afirmó Ikki. Un malestar se apoderó del estómago de Hyoga.
- Taro Kido, es el único padre que conozco –zanjeó.
- Infelizmente Sanjiro Kido es el único que recuerdas –dijo con amargura Ikki –Hyoga Kido, heredero universal. La buena fortuna te ha bendecido pues no has tenido que compartir con algún bastardo o una altiva amante. Me pregunto si les habrá dejado algunos yenes fuera del testamento ¿Compró su silencio con bellas posesiones? ¿O pudo complacerlas bastante bien antes de morir?
- Me simpatizabas más cuando no eras cruel –murmuró el rubio. El cabello se revolvió salvajemente frente a sus ojos y lo peinó con los dedos.
- Mi compasión murió hace años –afirmó –. Podrás negar que tenemos el mismo padre, borrar el apellido Kido de tus registros y convencer a todo el que esté interesado, que solo eres un talentoso y ambicioso ruso que creció en Japón. Que tras graduarse con el mayor puntaje de una buena universidad se unió a la Comisión Nacional de Seguridad en Japón y después fue reclutado por la INTERPOL por sus notables habilidades. Sin embargo para mí sigues siendo un niño rubio de diez años vestido con pantalones cortos, las rodillas raspadas y camiseta sucia que desliza una ganzúa por debajo de la puerta para que el joven amo Ikki pueda salir a jugar al corredor. Agente Lavrov le advierto, no es bueno para su carrera tener nexos con un asesino fugitivo.
- Como si fuera a escuchar una palabra de lo que dices –bufó monótono –. Estoy ayudando a liberar a mi hermano mayor del injusto castigo. Siento mucho que esta ocasión no se trate de una escultura ostentosa rota –suspiró recodando el pasado –. Alguien dijo que un chico bien parecido proveniente de Japón se ha mudado a Inglaterra, no hay nada que lo vincule con Esmeralda o con las copias de los archivos que me has pedido o los recortes de periódico que has dejado de mostrarme pero sé que aún cargas en tus pertinencias. Si alguien llega a verlos podría ser contraproducente. Hazme un favor ¿Evita ese enfrentamiento quieres?
- ¿Cómo lo descubriste? –evadió el peliazul que había dejado de observar el faro situado frente a ellos.
- Casualidad. Hay grupos que han amenazado a los extranjeros que osen internarse en su territorio, últimamente les culpan de todo, de la perdida de trabajo, la baja tasa de natalidad hasta del clima. El extranjero es un lugar peligroso para nosotros la INTERPOL está haciendo un censo secreto, solo por si acaso. No hagas algo estúpido Ikki.
- Como si fuera a escuchar una palabra de lo que dices –murmuró el pelizaul tras despedirse del ruso.
Ikki bajó con cautela del barco cubierto por la oscuridad. Era grato pisar tierra firme, el constante vaivén de la nave llegó a exasperarle, el desagradable olor mezcla de aceite de motor con el rocío salobre y las entrañas expuestas todo el día de pescado sobre una caja sobrepasó el control que ejercía sobre las náuseas que le habían acompañado durante las tres semanas que duró el trayecto desde las Islas Canarias hasta Inglaterra. Tras limpiar bruscamente la boca con el dorso se la mano derecha, echó su vieja maleta al hombro, el crujir de algunas maderas podridas acompañaba el andar de sus pies invisibles por la niebla que se arremolinaba ante ellos. Estaba arriesgando demasiado al entrar ilegalmente, pero que podía hacer él si en esa pequeña ciudad nadie se había preocupado en revisar a conciencia el viejo barco y verificar que un extranjero no se ocultara en un camarote con fondo falso. Quien era él para juzgar a los pobres propietarios al verse seducidos por un fajo de billetes. Era necesario encontrar una confirmación que la persona que le había hablado Hyoga era Shun, un forastero en la provincia de Lincolnshire sería fácilmente notado por lo que decidió ir hacia el oeste rumbo a Londres, las grandes ciudades y su vida ajetreada impiden centrar la atención en todos los individuos.
Evitar trenes y optar por las veredas debería ser trabajo sencillo no sin antes desayunar en un sitio abierto las veinticuatro horas. Una mesera sirvió café negro y unas rebanas de pan tostado acompañadas del periódico del día anterior. Ikki recorrió rápidamente el lugar con la mirada, las sillas color anaranjado estaban casi vacías a excepción de dos sitios donde un par de solitarios pescadores tomaban un café negro acompañado de un waffle. El silencio era ocasionalmente interrumpido por el burbujeante sonido de las teteras y cafeteras que estaban siendo alistadas para recibir a la clientela que usualmente llenaba la cafetería a las siete de la mañana.
Ikki extendió el periódico y comenzó a hojearlo en busca de un indicio que confirmara la presencia de Shun en Inglaterra, casi al terminar las paginas una pequeña noticia atrajo su atención.
Entre cerezos y estanques
Nuestra comunidad de Dinnington, Tyne y Wear ostenta una peculiar construcción que sobresale de entre nuestras edificaciones de estilo clásico; una autentica casa obtenida de oriente transportada teja por teja. Desde el común césped hasta los emblemáticos cerezos hacen remontar al país del sol naciente, conversando con el propietario de este regalo para la vista nos explicó que tras vivir pasar su adolescencia en Londres quedo cautivado por nuestro país y decidido a proporcionar a si mismo un espacio de calma y quietud dentro de nuestro territorio mudó por completo la casa paterna. ¿Y quién es el enigmático dueño de esta propiedad? Bajo sus mismas palabras les respondo:
"No podrá escribir correctamente mi nombre sin cambiar su alfabeto –menciono con adorable soberbia –pero puede abreviarlo como S. R. para sus lectores" –Finalizó mientras una carpa color anaranjado con manchas irregulares negras por su cuerpo se sumerge estrepitosamente por el estanque presente en el jardín.
Hasta la próxima.
Ikki arrugó con la mano el periódico y sonrisa torcida se reflejó en la taza de café y dio un sorbo la búsqueda llegaba a su fin.
Lejos de ahí en una fría provincia, Shun ataviado con una elegante yukata a rayas, caminaba descalzo sobre los finos pisos de madera de su casa natal, sonrió con satisfacción al comprobar que la suavidad de estos no se había estropeado por la mudanza, las campanas de viento comenzaron a sonar estrepitosamente haciendo que regresará sobre sus pasos hacia ellas, extendió su mano en busca del aire que estremecía las campanas sin encontrar la sensación en su piel ladeó la cabeza hacia la fuente y los cerezos inmóviles sonrió divertido ante el peculiar augurio de peligro.
