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PROFECÍA

15 de septiembre de 2007

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Draco miró alrededor, estaba en el callejón Diagon y había una gran cantidad de gente entrando y saliendo de las tiendas, tratando de caminar alejados de las esquinas, donde algunos magos más pobres trataban de conseguir algo de oro o alimento.

—Aleja, bruja de segunda —gruñó un chico y Draco frunció el ceño. Una anciana estiraba la mano hacia un mago de túnica púrpura, seguramente del área de arrestos del Ministerio.

Draco había desarrollado en el último año un sentimiento de asco a todos ellos, pese a que pertenecía a ese grupo social.

Caminó con pasos decididos hacia la esquina mientras agitaba la varita; en un instante la mujer tenía una bolsa llena de panes frescos flotando sobre ella.

—Tenga abuela, lo que pidió —le dijo Draco, llegando a su lado.

—¿La conoces? —increpó el mago de la túnica púrpura, con la varita en alto, seguramente dispuesto a arrestarla por andar mendigando.

—Es amiga de la familia —garantizó Draco, con una sonrisa radiante —pero ya está vieja y algunas veces se despista.

La anciana miró hacia la bolsa de pan y luego hacia Draco, sus ojos claros parecieron entender la jugada.

—Gracias, Charles…. Tú siempre tan bueno —respondió la mujer, enganchando el brazo en el de Draco.

El hombre del Ministerio abrió la boca, dispuesto a contestar, pero Draco se apresuró.

—Es Draco, no Charles, ¿recuerdas? —le dijo, arqueando una ceja.

—Ah… Draco… siempre me ha gustado tu nombre; aunque pareces más un Charles... por eso me confundo —asintió la mujer y Draco soltó una risita.
—Y ahora, si no hay otro problema… ¿ya nos podemos ir? —le preguntó al funcionario del Ministerio, que tenía los ojos entrecerrados.

—Claro, señor Malfoy —respondió el hombre, al fin reconociendo en Draco al hijo único de Lucius Malfoy, mano derecha y asesor del mismísimo Lord.

—Vamos –asintió Draco, jalando a la abuela por el callejón hasta la siguiente esquina.

—Gracias, yo... no sé cómo pagártelo, en serio —le dijo la mujer una vez se alejaron un par de calles del funcionario, que se había quedado mirando con suspicacia a la singular pareja.

—En este lugar tengo unos amigos, ellos están ayudando a los que tienen menos… a cambio de un poco de labor simple, no es una estafa, solo di que vas de mi parte y pregunta por Neville —le explicó Draco, poniendo una caja de grageas vacía en su mano —ellos te cuidaran, para que no estés mendigando en las calles, sino te arrestaran.

—Lo sé… —la mujer comenzó a sollozar entonces y Draco, rígidamente, le puso una mano en el hombro —es que ya nadie se puede hacer cargo de mí y… no soy una mendiga, pero no tengo otra opción.

—Ahora la tienes, anda ya, ellos te cuidaran.

—Gracias… —la mujer le dio una mirada brillante —eres muy guapo, ¿sabes? Y tienes buen corazón.

Draco se sonrojó. Él no tenía en realidad buen corazón. No sabía por qué hacía algunas cosas, pero estas nunca atentaban contra su estatus y su nivel de vida, sabía que si era ella o él, entonces la anciana estaría perdida.

La mujer desapareció y Draco sonrió un poco más, alisó su túnica y caminó hacia la tienda de dulces, compró una gran bolsa de todos los dulces que encontró y caminó hacia las afueras del callejón, silbando una canción mientras esperaba que fueran las seis de la tarde. Ya se le había hecho tarde para su cita, pero tenía el presentimiento de que podría alcanzarlo en algún otro lado. No se dio cuenta que en la distancia, alguien estaba pendiente de sus movimientos.

Cuando su varita vibró, avisando que ya eran las seis, tomó una bocanada de aire y se desapareció. Tampoco notó que alguien se pegó a su rastro de desaparición.

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魅了
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Avanzaba por la hierba crecida, apartándola con su varita, cuando a una distancia corta sintió la energía de una aparición y giró rápidamente, con la varita en alto y en posición de ataque. Se relajó rápidamente cuando vio que se trataba de Draco.

—Allí estás —bramó Draco, caminando a prisa entre la hierba crecida.

—¿Qué haces aquí? Te esperé en la cueva por un buen rato; pensé que ya no te vería hoy —respondió Ron.

—Sí, es que tuve un percance y recordé que estarías a esta hora aquí.

—¿Quieres ayudarme a recolectar frutos?

—¿Tengo otra opción? –preguntó Draco, entonces recordó la bolsa de dulces y se la pasó a Ron. —Es para los niños, solo para ellos.

—Gracias —Ron miró la bolsa y sonrió, antes de guardarla en el morral mágico que usaba.

—Le he mandado a Neville una anciana, la querían arrestar —continuó explicando Draco, mientras, al igual que Ron, y a punta de varita, iban recolectando todos los frutos y hierbas comestibles.

—Bien, seguro la veré hoy.

—¿Hay alguna otra novedad?

—Charly ha escrito, dice que está mandando oro —le contó Ron, con alegría.

—Genial, dime cuándo y a qué nombre para ver de que el idiota de McNair no lo intercepte, cree que control de ingresos implica quitarle el oro a todo el que se le acerca.

Ron soltó una carcajada, pero asintió.

—¿Y tú qué has estado haciendo? —le preguntó Ron —¿sigues acostándote con el tonto de Blaise?

—No, y dicho sea de paso, no quiero hablar de ello, fue realmente patético.

—¿Qué fue patético?

—Que rogara porque no lo botara…—Draco negó con la cabeza, había estado tonteando con Blaise demasiado tiempo como para que se convirtiera en algo serio, y él no quería nada serio.

—Mi madre me dijo que el diario dijo que tenías que encontrar esposo o esposa pronto, estás en el límite de lo —Ron hizo comillas con sus manos —"socialmente aceptable".

—Claro, 27 años… —Draco negó con la cabeza —tenemos una larga vida por delante, no sé porqué quieren que me case.

—Por el tema de la herencia y todo eso, ya sabes.

—¿Por qué no te casas tú conmigo? —le preguntó Draco de pronto, y Ron enrojeció hasta las orejas.

—Sabes que no me gusta que me digas esas cosas —renegó, mientras se apartaba de él.

Draco, que efectivamente sabía que no le gustaba que lo molestaran así, hizo lo que hacía siempre, lo molestó más, saltando sobre él y tirándolo hacia la hierba.

—Vamos, Roni , yo sé que lo quieres, que me amas… que me deseas.

—¡Draco! –protestó Ron.

—Cásate conmigo y comparte mi fortuna… seguro que la heredo rápido porque mi padre morirá de la impresión.

Ron, a su pesar, soltó una risa y lo abrazó con fuerza.

—Claro, amado mío, claro.

—Puaj, Ron, por eso no tienes novia —protestó Draco —¿Amado mío?¿ en serio? Eso es de la época de tu abuela.

Ron río y aprovechó para quitar a Malfoy de encima.
—¡Pues mi abuela, por lo que sé, era muy popular en su tiempo!
Draco soltó otra carcajada más fuerte y lo empujó con el hombro; rápidamente Ron le respondió y pronto estaban nuevamente entrelazados sobre la hierba, peleando en broma y riendo.

Ninguno vio a la sombra, con ojos heridos, que los observó unos instantes, antes de desaparecer.

魅了
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El Lord caminó con pasos firmes por el largo pasillo del piso siete del Ministerio; a su alrededor, los pocos que se cruzaban con él inclinaban la cabeza y susurraban un saludo teñido de miedo.

El Lord se regocijó, era precisamente así como debería ser el mundo.

Un hombre de mediana estatura lo esperaba en la puerta del pasillo, estaba encorvado y parecía bastante temeroso.

—¿Qué tenemos Amycus? —preguntó el Lord con voz siseante, el hombre pareció encogerse un poco más en su sitio.

—Una de las brujas, mi Lord... ella ha dicho cosas feas, muy feas y...

—Eso ya lo sé, lo dijiste en tu mensaje —interrumpió Voldemort, con impaciencia —, déjame verla.

—Por supuesto, mi Lord —murmuró el hombre, haciendo una reverencia mucho más inclinada, mientras empujaba la puerta para que el Lord pudiera entrar.

No era la primera vez que el Lord entraba a la sala de las profetizas, se regocijó al verlas a todas pegadas a la pared, con cara de miedo y la mirada baja, mientras en el centro una mujer de no más de veintiocho años estaba sentada, su piel oscura estaba con algunas marcas de lágrimas y se agitaba nerviosa, balanceándose de adelante para atrás con un sollozo que sonaba como una mantra.

—Lo lamento, lo lamento... no vuelvo a hacerlo, por favor... —seguía murmurando, mientras el Lord le hacía un gesto a Carrow.

—Padma Patil, profetiza descubierta hace quince años, vive aquí desde entonces —explicó el hombre inútilmente, el Lord había dispuesto que todos y todas las profetizas que aparecieran fueran confinadas a esa sala, ninguno debería salir y pregonar profecías, la última vez fue peligroso, si no hubiera sido por el traidor de Colagusano, no hubiera podido dar con ese mocoso y tal vez el cantar hubiera sido otro; lástima que los amigos del traidor lo habían encontrado y matado poco después; hubiera sido de mucha ayuda una persona tan arrastrada como esa—, esta mañana, a las siete aproximadamente, la mujer ha dicho... una profecía que atañe a nuestro magnífico Lord y a una persona desconocida...

—Muéstramela—pidió el Lord.

La chica se encogió en su sitio un poco más, sus hipidos eran lo único que sonaba en la habitación, mientras el hombre Carrow sacaba con su varita un hilo plateado y lo soltaba en medio de la sala, especial para mostrar recuerdos.

La sala cambió un poco de iluminación, se podía ver a todas las mujeres, haciendo un gran círculo y agitando la varita para tejer grandes mantos, la ocupación a la que dedicaban el día, cuando Patil se empezó a agitar y su varita cayó, todas dejaron de trabajar y la miraron fijamente, mientras su cuerpo comenzaba a convulsionar y entonces su cabeza se echó hacia atrás y sus ojos se abrieron de par en par, una voz ronca salió de su garganta

El príncipe de las serpientes enamorado caerá,
su vida y su alma, al hijo de los leones, entregará
y entonces el mundo se detendrá...
el declive tan esperado del Lord empezará.

El hijo de los leones enamorado caerá,
Su alma y su vida al príncipe de las serpientes entregará.

El príncipe de las serpientes enamorado caerá,
Su vida al nacido en el mes de cinco letras y en el día con uno entregará,
y el mundo mágico, como lo conocemos, sucumbirá
el oscuro reinado acabará.

Voldemort observó la profecía en completo silencio, sin mover un músculo, la tensión alrededor se podía cortar con un cuchillo. Cuando todo hubo terminado, miró a las mujeres, si alguna de ellas lograba escapar y hablar... si incluso Carrow decía algo de más en alguna conversación ocasional...

—Gracias por sus fieles servicios —dijo, antes de agitar su varita. Una luz celeste salió de su varita y la magia rodeó la habitación.

—¿Mi Lord? —preguntó Carrow, inclinándose hacia delante y mirándolo con devoción y algo de miedo —¿Qué podemos hacer por usted?

—Solo visitaba —dijo, mirando hacia Padma, que miró extrañada alrededor, seguramente no comprendiendo qué hacía en el centro del salón y luego reculó hasta pegarse a una de las paredes.

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魅了
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Voldemort pasó el resto de la noche en su despacho, meditando seriamente. La profecía se repetía una y otra vez en su cabeza, necesitaba encontrar al príncipe de las serpientes. Él no sabía quién era ese príncipe, podría decirse, incluso, que él lo era, al ser el descendiente directo de Salazar Slytherin, pero sabía lo suficiente de profecías como para saber que eran engañosas y que tenía que estar atento.

Necesitaba revisar los registros de nacidos y preocuparse por los que habían ido a Slytherin, seguro que la profecía se orientaba a ellos.

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—Un whisky más —pidió Blaise, con los codos en la mesa y la cabeza entre las manos, sus ojos picaban y sabía que pronto se pondría a llorar.

—¿Blaise? —preguntó entonces una voz, Blaise volteó rápidamente y casi pierde el equilibrio por eso, mientras unas manos lo sostenían cordialmente.

—Theo —Blaise se levantó para abrazar a su amigo, pero este lo sujetó por debajo de las axilas y evitó que diera de bruces en el suelo.

—Cariño —susurró Nott, que llevaba tiempo detrás de Blaise —seguramente que el imbécil de Draco te ha hecho algo —dijo, mientras se sentaba a su lado.

—Me ha dejado —Blaise empezó a llorar y Theo puso los ojos en blanco.

—Él dejó en claro que no quería nada serio contigo... además, no sé qué le ves, no es la gran cosa, ¿sabes?

—Sí, sí lo es, es guapo, es rico, divertido… ¡era mío! y ese estúpido pelirrojo...

—¿Cuál pelirrojo? —preguntó preocupado, pues no recordaba ningún pelirrojo entre el grupo de amigos que frecuentaban.

—Weasley —Blaise se sorbió la nariz ruidosamente —yo los escuché... lo seguí y Draco está enamorado de él, por eso lo ayuda...

—¿Lo ayuda? ¿A Weasley? —murmuró Theo, de manera incrédula —Estás loco.

—Lo sé... yo no me lo creí cuando los vi juntos, por eso me acerqué a escuchar y Draco... Él le dijo a Weasley si no quería casarse con él... ¡por eso me ha dejado! ¡Para irse con un traidor a la sangre! ¡Un terrorista!

—Debes estar bromeando —murmuró Nott, mientras le daba golpecitos en la espalda, aún sin creer del todo que Draco pudiera hacer algo así.

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Draco caminó por el amplio salón de su mansión, mientras muchas miradas se posaban en él, sabía que era uno de los solteros más cotizados, por chicos y chicas, por padres y madres deseosos de agarrar algo de la fortuna y el poder de su familia y tal vez precisamente eso, el saber que en realidad todo era un absurdo acuerdo, hacía que fuera tan esquivo con todas las posibles parejas que les presentaban.
Pasó de largo de donde estaba Blaise, ahora del brazo de Theo, quien parecía no caber en sí de satisfacción, y se dirigió hasta el final del salón, donde Goyle y Crabbe, junto con Pansy, habían hecho un pequeño círculo.

—Y entonces... ¿El Lord no piensa aparecer hoy? —preguntó Pansy con un poco de arrogancia.

—Ya debería estar aquí —murmuró Draco, pero en ese momento el cielo se puso oscuro y todos se estremecieron. Ya estaban acostumbrados a que el clima se moviera en base al carácter del Lord.

—Parece que alguien anda de mal humor —gruñó Goyle, encogiéndose un poco más en su sitio.

—Rayos —Draco miró hacia la ventana, pequeños copos de nieve empezaron a caer y entonces se sorprendió a sí mismo pensando en Ron y en la cosecha que tenían, en que tal vez se arruinaría si no llegaban a tiempo para protegerla con hechizos. Pero no había forma de que Ron se diera cuenta, ya que sus refugios quedaban bajo la tierra, era la mejor forma de esconderse.

La nieve empezó a caer con más fuerza y Draco se sintió incapaz de dejar que se echaran a perder los frutos con los que alimentarían a los que no tenían casa y a la familia de Ron, y sin pensarlo mucho, se escurrió por una de las puertas del salón, para aparecerse en los campos de los Weasley.
Tal cómo pensaba, estaba todo llenándose de nieve y la familia no se había dado cuenta de ello. Debía insistir con Ron en que pongan un hechizo de aviso pese al rumor de que el Lord los podía detectar.

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El Lord había buscado por todos lados al famoso príncipe de las serpientes, pero no había encontrado absolutamente nada; ni un solo dato que le sirviera para entender de quiénes trataba la profecía.

Sabía que esa noche tenían planeada una cena, en honor a él, por supuesto, en la mansión de los Malfoy y no queriendo dilatar más aquel compromiso que, más que nada, servía para recordarles a todos los de la alta sociedad mágica, que era él quien mandaba, se apareció en la entrada de la Mansión.

—Mi Lord —dijo entonces Lucius, inclinándose un poco en señal de saludo, y a su lado Narcissa, algo incómoda aparentemente, también hizo una pequeña reverencia, mientras el resto de la sala guardaba silencio.

El Lord miró alrededor y detectó que faltaba alguien.

—¿El joven Malfoy no nos acompaña hoy? —preguntó hacia los Malfoy.

—Estaba por aquí... ya sabe, mi Lord, como son los jóvenes, seguro aparece pronto —se justificó Lucius.

Seguro ha ido a ver a Weasley, ese plebeyo que le gusta fomentar el desorden , pensó Nott, negando con la cabeza, se petrificó cuando el Lord giró a mirarlo como si lo hubiera escuchado. Incapaz de nada más, hizo una reverencia respetuosa; y aunque el Lord pareció preocuparse de otras cosas, prestando atención a otros invitados, a Nott no se le quitó de la cabeza que el Lord lo estaba observando.

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Draco agitaba la varita, corriendo entre los copos de nieve que caían sin parar, tiñendo todo de blanco.

—¿Draco? —gritó una voz sobre el viento.

Draco giró a ver a Ron, con un viejo y parchado abrigo azul, lo miraba sorprendido.

—Él anda de mal humor y está nevando... ayúdame, o se arruinará la cosecha.

Ron pareció salir del asombro por fin y corrió junto a Draco, llenando todo de hechizos impermeables, aunque aquella no era su propiedad sino un campo de libre uso, ellos habían aprovechado para sembrar y poder sacar frutos que los alimentara durante el invierno. Aunque, con el humor del Lord, habían épocas en las que las cosechas se habían terminado perdiendo y ellos habían pasado inviernos duros.

Pasaron los siguientes minutos moviéndose de un lado al otro, sin intercambiar palabras, protegiendo todo el sembradío. Cuando terminaron, los campos que los rodeaban estaban completamente blancos, llenos de nieve.

—Parece que su ira no mejora —negó Ron, mientras sacaba del bolsillo del abrigo una pipa y la encendía.

—¿Qué habrá pasado...? seguro que alguien le llevó el té frío o algo así —bufó Draco, aceptando la pipa de las manos de Ron y dándole una calada.

—Oye... ¿Y tú? ¿Tan presumido hoy? —preguntó Ron, reparando en la túnica de gala de Draco, tocó la fina tela y silbó. —Wow, o sea que es así como los ricos se visten.

—Mierda —farfulló Draco, recordando —, en mi casa hay una cena para el Lord, se supone que yo debería estar allí, pero entonces vi la nieve... Me tengo que ir.

—Claro, claro —asintió Ron, desviando la mirada.

—Te llevaría, cariño , si es que a tu familia no la buscaran por terrorista —le animó Draco, dándole un golpecito en el brazo.

—Oh, qué ternura la tuya —bufó Ron —, anda de una vez, no quiero que luego tu padre se enoje.

Draco asintió y se alisó la túnica, antes de desaparecerse.

Ron suspiró aliviado, mientras veía el campo protegido de la nevada. El problema de ser parte de una familia de terroristas, como lo llamaba Draco, era que no podía vivir a la luz pública, por lo que su casa era subterránea, aunque tenían hechizos que permitían fingir que tenían ventanas y entrar el aire puro, era imposible hacer hechizos para detectar el ambiente o trasladar las imágenes reales del exterior a la casa; decían que el Lord había hecho un rastreo a ese tipo de hechizos, pues estaba asociados a los renegados. Nadie nunca lo había comprobado en realidad, pero tampoco querían averiguar si era cierto o no.

Esa tarde había estado sentado con la cara apoyada en una de las ventanas de aire cuando le había parecido oír ruidos arriba; en un primer momento pensó que se tratarían de roedores en busca de frutos no muy maduros y por eso había subido. Era una suerte que Draco se hubiera aparecido y protegido gran parte del campo.

El hoyo del piso se removió y Ron agitó la varita, desbloqueando la entrada, del hoyo emergieron su madre, su padre y su hermana Ginny.

—¿Qué ha pasado? —preguntó inmediatamente su madre, mirando los campos con el hechizo de impermeabilidad.

—El Lord parece estar de mal humor... nevando en septiembre —negó el señor Weasley, mirando también al campo.

—¿Cómo lo has hecho tú solito en tan poco tiempo? —preguntó Ginny, más curiosa.

—Un amigo me ayudó —admitió Ron, sin muchos reparos.

—¿Qué amigo? ¿Ese amigo que nos ayuda y del cual no quieres decirnos nada? —increpó su madre, desde que había conocido a Draco, Ron no le había dicho a su familia nada de él, hasta que tuvo que aceptar sus favores, pero entonces se negó en redondo a decirles de quién se trataba en realidad.

—Es su novioooo —canturreó Ginny, ganándose una mirada desaprobatoria de Ron.

—No, no lo es.

—Si fuera así, hijo, sabes muy bien que nosotros no nos oponemos a...

—¡Por favor! —gruñó Ron —, la próxima vez no los dejo salir, y no, no es mi novio.

Y dicho esto se metió por el hoyo hacia la casa.

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—El engreído de los Malfoy —siseó una voz en cuanto Draco entró al salón, comprobó con fastidio que la cena ya estaba servida y que debía ir hasta el fondo para poder ocupar su sitio.

—Mi Lord —asintió Draco, inclinándose todo lo posible y mostrándose honrado de ser saludado.

—Nos preguntábamos dónde habías ido —continuó el Lord, mirándolo tan intensamente que empezó a temer.

—Tuve un contratiempo, nada de importancia —respondió serenamente, mientras ocupaba su sitio en la mesa, junto a su madre y a la izquierda del Lord.

—Ya veo —murmuró el Lord y no parecía muy convencido, su mirada recorrió el salón entero; todos lo esperaban expectante, y sus ojos se detuvieron en Nott un instante, antes de asentir
—Entonces... buen provecho a todos.

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Al día siguiente, Theodore Nott se preparaba para ir a trabajar al Ministerio; estaba en el área de investigación, su misión era ayudar en la coordinación para la captura de todos aquellos entes peligrosos que habían en el mundo mágico: hombres lobo, centauros y gigantes. Estaba bajando por las escaleras de la pequeña mansión que su padre le había dado para que viviera a sus anchas cuando sintió las alarmas de aparición quebrarse.

Con la varita en alto llegó hasta el primer piso.

—¿Quién anda allí? —preguntó en voz alta al grupo de hombres que estaba parado en su recibidor.

—¿Theodore Nott? —preguntó uno de los hombres de túnicas azules, con la varita en alto.

—Yo no he hecho nada —explicó Theo, soltando la varita y levantando las manos en señal de rendición; era muy conocida la política de los aurores: primero un hechizo, y luego, si es que el detenido queda en condiciones de responder, preguntar.

—Eso no nos interesa —dijo otro de los hombres mientras se acercaba a recoger la varita que había dejado caer al piso, en tanto otro hombre le bajaba las manos y se las amarraba con un lazo mágico a la espalda —madera de castaño nervio de dragón, rígida, 28 centímetros —anunció con desgana, la varita emitió una luz azul y luego desapareció.

—Hey, mi varita —protestó Nott, pese a las ataduras mágicas.

—Adónde vas no necesitas varita —anunció otro de ellos.

—¿Mi padre sabe algo de esto? Él es muy cercano al Lord y... —y entonces un hechizo le dio de lleno en el pecho y no supo más.

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El Lord paseaba con tranquilidad, mirando detenidamente a su prisionero, completamente inconsciente y dejado sobre el piso de piedra.

—Déjennos a solas —pidió con voz silbante a sus aurores.

—Sí, mi Lord —contestaron al unísono, y sin darle una mirada más al hombre desmayado, salieron de allí.

Voldemort se inclinó un poco para mirar al hombre tendido en el piso y con la varita susurró un hechizo, pronto miles de imágenes emergieron de la cabeza del hombre y el Lord las recibió con calma e interés.

Conversaciones superfluas, noches de pasión con algunos chicos y chicas; hasta que se detuvo en una donde observaba con cariño a otro chico, en un ambiente oscuro, seguro una fiesta, y este chico bailaba con el pequeño de los Malfoy. Lo próximo que encontró de él fue a ese chico lindo, bebiendo en un bar,

En el fondo de la barra encontró al chico lindo, estaba completamente inclinado hacia delante, mientras pedía un vaso más de whisky. Theo negó con la cabeza y se aceró a él.

—¿Blaise? —llamó con cuidado, pero el chico giró tan rápido que casi se cae, lo sujetó con las justas y sintió el fuerte hedor a alcohol.

—Theo —lloriqueó Blaise, y Theo se preocupó un poco más.

—Cariño —susurró Nott —, seguramente que el imbécil de Draco te ha hecho algo —dijo, mientras se sentaba a su lado.

—Me ha dejado —Blaise empezó a llorar y Theo puso los ojos en blanco.

—Él dejó en claro que no quería nada serio contigo... además, no sé qué le ves, no es la gran cosa, ¿sabes?

—Sí, sí lo es, es guapo, es rico, divertido… ¡era mío! y ese estúpido pelirrojo...

—¿Cuál pelirrojo? —preguntó preocupado, pues no recordaba ningún pelirrojo entre el grupo de amigos que frecuentaban.

—Weasley —Blaise se sorbió la nariz ruidosamente —yo los escuché... lo seguí y Draco está enamorado de él, por eso lo ayuda...

—¿Lo ayuda? ¿A Weasley? —murmuró Theo, de manera incrédula —Estás loco.

—Lo sé... yo no me lo creí cuando los vi juntos, por eso me acerqué a escuchar y Draco... él le dijo a Weasley si no quería casarse con él...¡por eso me ha dejado! ¡para irse con un traidor a la sangre! ¡Un terrorista!

—Debes estar bromeando —murmuró Nott, mientras le daba golpecitos en la espalda, aún sin creer del todo que Draco pudiera hacer algo así.

—¿Weasly? –se preguntó en voz alta, de algún lugar le sonaba el nombre.

Dejó inconsciente a Nott y se fue a buscar en los registros de nacimiento a los Weasley.

Y efectivamente, eran renegados. Decían que eran muy escurridizos, pues en todos esos años no los habían podido capturar; aunque tampoco probar mucho. Tenían, pese a eso de andarse escondiendo, siete hijos. Dos no estaban más en el país. Una familia interesante, de padres Griffyndors; los hijos no habían asistido a la escuela… Hijo de leones.

Buscó con atención y encontró el dato que buscaba, había un chico: Ronald, pelirrojo, nacido el primero de marzo… El día con uno en el mes de cinco letras.

Y Draco Malfoy al parecer se había enamorado de él.

Necesitaba saber si ese chico había averiguado algo más, así que volvió a la celda donde lo tenían y volvió a hurgar en sus recuerdos:

Habían noches tranquilas de cenas y vino con ese chico Blaise, Theo parecía tener gran afecto por él, incluso habían noches de pasión entre ellos; esas las pasó rápidamente, y se detuvo en el medio de un bosque, donde había una cueva a un extremo, desde allí podía ver a Draco y el muchacho Weasley, los dos reían muy contentos.

No necesitaba más pruebas ni datos, todo era claro. Terminaría con esa profecía antes de que siquiera hubiera una probabilidad de que se hiciera realidad.

Abandonó el salón dejando aún inconsciente a Nott y maldiciendo a las profecías.

—No lo despierten hasta que yo lo ordene —ordenó a uno de los guardias de la puerta.

—Sí, mi Lord —asintió rápidamente el hombre.

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—¡Bromeas! —río Ron mientras se metía un gran bollo a la boca.

—En serio, Weasley, renegado no quiere decir falta de modales —negó Draco, mientras comía los bollos que había traído de manera más ceremoniosa.

—No sabes disfrutar de lo bueno —criticó Ron, metiéndose otro bollo más a la boca, solo para molestar a Draco.

—Qué trol que eres a veces.

Ron río mucho más fuerte. Ambos estaban sentados al pie de una colina, no muy lejos de la casa de Ron y de los refugiados; Draco había podido conseguir una gran cantidad de comida esa tarde para los que no tenían hogar y se sentía muy complacido consigo mismo así que había decidido celebrar con una pequeña comilona con Ron.

—Mi padre va recibir un cargamento de pociones en una semana —contó Draco, mientras untaba con mantequilla otro bollo.

—¿Así?

—Y hay una gran cantidad de pociones para el resfrío y otras enfermedades comunes que yo sé que no se va utilizar... y que pasaría de ser percibida si es que se extraviaran...

—¿Estás pensando en... tomarlas así como así?

—No sería tan simple —reconoció Draco —, podría conseguirlas, pero necesito ayuda... —arqueó las cejas y Ron se sonrojó.

—No lo sé... tenemos que estar seguros de que nadie me verá.

—Sí, pero, en realidad necesitamos más gente y estaba pensando... ¿tal vez tus hermanos estén interesados?

—No, de ninguna manera —dijo Ron de manera automática, dejando el bollo que estaba comiendo a mitad y poniéndose de pie.

—¿Por qué no?

—Porque no —estalló Ron, retrocediendo.

—¿Tanto te avergüenza? —murmuró Draco, sintiéndose dolido.

—Eres uno de ellos... ¡de los que nos quiere encerrar! —increpó Ron, cada vez más rojo.

—Pero... yo no soy...

—¡Lo eres! ¿Qué crees? Que puedo ir y decirles, ¡ah, por cierto!, se acuerdan de Malfoy, la mano derecha del Lord que nos caza como animales, pues, me hice amigo de su hijo ¿Cómo crees que lo verían?

—Definitivamente, muy mal —dijo una voz detrás de ellos, una voz oscura y rasposa, un siseo que conseguía hacer que tu piel se pusiera de gallina.

Pese a que era la primera vez que Ron la escuchaba, la reconoció inmediatamente.

—Lord... —jadeó Draco, retrocediendo unos pasos, por el rabillo del ojo vio a Ron quedarse completamente pálido.

—¿Qué es lo que tenemos aquí? ¿Un idilio amoroso, joven Malfoy?

—No, nosotros no...

—Y tú, Weasley —escupió el apellido —sé quiénes son tus padres... un par de tontos que creen que pueden hacer algo dando asilo a todos los indeseados del reino...

—¡No te atrevas a hablar de mis padres! —rugió Ron, avanzando unos pasos, pero Draco lo agarró de la manga para evitar que siguiera avanzando.

—Eso, eso, protege a tu puta, Malfoy, aunque eso no lo salvará a ninguno de ustedes —continuó Voldemort, levantando la varita.

—¡No! —gritó Draco, poniéndose delante.

—Uno primero y el otro después, qué importa el orden —se rió Voldemort, pero entonces algo lo empujó, haciéndole perder el hilo del hechizo. Cuando giró, delante de él tenía a Lucius Malfoy, con la varita en alto.

—Estoy seguro de que aquí hay un error, mi Lord —dijo con tranquilidad, pese a tener la varita en alto, apuntando a Lord Voldemort.

—El error lo ha cometido tu hijo, Lucius, enamorándose del hijo de un par de rebeldes que no quieren ayudar a que el mundo mágico esté en orden. Y no permitiré que este chico tuyo, con sus tontos sentimientos, arruine todo.

Draco y Ron intercambiaron una mirada de pánico.

—No entiendo —dijo Lucius, mirando hacia Draco y Ron un instante.

—Tu hijo deberá morir, al igual que ese novio suyo, por el bien del mundo mágico —Voldemort negó con la cabeza —, y tú, al haber sido siempre un sirviente tan fiel, serás perdonado por las fallas de él.

Y entonces todo pasó demasiado rápido.

Draco jaló a Ron y murmuró un hechizo para transportarlos a un lugar seguro, una medida que su padre le había enseñado cuando él aún era niño, en caso de que alguna vez el Lord cayera y ellos corrieran peligro. Cuando la transportación se inició, sintió un tirón en el brazo, sus ojos se abrieron con pánico cuando vio los largos y retorcidos dedos del Lord sujetándolo, Ron, a su otro lado, lo jalaba con fuerza.
Le tomó un segundo tomar la decisión.

Ron sintió como finalmente era lanzado hacia un extremo, estaba en un salón de ventanas amplias y con olor a flores; se levantó de un salto, con la varita alto, listo para atacar, pero se encontró apuntando a una mujer rubia y delgada, que estaba de pie junto a la ventana y lo miraba como si fuera el bicho más raro y apestoso que había visto en su vida.

—Usted es la madre de Draco —notó Ron, sorprendido de no haber llegado junto a su amigo.

—Y usted, supongo, el hijo de los leones que ha enamorado a mi hijo —contestó la mujer con tono frío.

—¿Qué?

魅了
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—¡Draco! —gritó su padre, mientras Draco era consciente de la varita del Lord clavándose en sus costillas; y más que dolor, empezaba a sentir pánico.

—Muchacho traidor —gruñó Lord, clavándole más fuerte las uñas en el brazo.

—¡No! —gritó Lucius —¡Avada … —Voldemort giró y levantó una mano, haciendo que Lucius cayera al piso.

Voldemort rió.

—Ya iré contigo, Lucius, primero lo primero... —miró a Draco con asco —, lo tenías todo, chico, todo... y mira con lo que sales. Que sirvas de escarmiento para el resto. —Avada...

—¡Mittens trans! —escuchó Draco la voz de su padre y entonces un gran frío lo invadió, levantó la vista solo para ver como todo el mundo empezaba a transfigurarse alrededor, vio el rostro de incredulidad y de rabia del Lord, pero entonces era como si todo fuera irreal. Extendió una mano y solo vio un haz de luz.

El Lord gritó con fuerza, mientras apuntaba hacia él, pero Draco no podía protegerse, no tenía la varita, y parecía que tampoco cuerpo. El Lord se hizo más pequeño y entonces lo vio girar y lanzar un rayo verde. La maldición asesina.

Draco gritó tan fuerte, que su garganta parecía desgarrarse, sin embargo no escuchó ni un sonido. La mirada del Lord, seguramente buscándolo, fue lo último que vio, antes de que todo se volviera oscuridad.

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魅了
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