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Desterrado y perdido
—¡Contéstame! –gritó Lucius con fuerza, mientras zarandeaba a Ron —¿Cuánto tiempo han estado tú y mi hijo…?
—Nada. Nos conocimos hace casi un año, pero nosotros somos amigos, solo amigos.
—Pues no era lo que parecía –negó Lucius, empujando a Ron hacia atrás.
Ron trastabilló y logró estabilizarse y no caer al piso.
—Escuche, señor —dijo entonces Ron, sintiendo sus mejías quemar con fuerza —Draco y yo éramos amigos, y no me pregunte cómo, porque no estoy autorizado a contarlo, solo lo éramos, eso y nada más. Y más por intención de él que mía, él se interesó en la causa que mi familia defiende y nos ayudó. Sin embargo nadie en mi casa lo conoce o sabe nada de él.
—¿Por qué? ¿Por qué en su casa nadie sabía de su amistad con mi hijo? —preguntó Narcissa, mirándolo críticamente. Ron no tenía idea de que se podía sonrojar aún más.
—Porque no —Narcissa arqueó una ceja, de la misma manera en que Draco solía hacerlo y Ron se estremeció —porque me daba vergüenza; no se ofendan, pero ustedes nos quieren encerrar.
—Si tu padre no quisiera defender lo indefendible… —negó Lucius, encendiendo un cigarro y mirando por la ventana. Parecía demasiado cansado.
—¿Qué va pasar ahora? —preguntó Ron, buscando entre sus ropas su pipa; ahora que había visto al señor Malfoy fumar, estaba aliviado de que él también pudiera hacerlo.
—Lo mandé al mundo muggle —suspiró Lucius —ni siquiera tiene su varita, o sabe qué es lo que pasa, ¡Y lo mandé al mundo muggle!
—Lucius —llamó Narcissa; Ron tenía que admirar su calma en una circunstancia como esta.
—¿En el mundo muggle? —Ron negó con la cabeza, mientras el humo ascendía lentamente —nadie puede ir allí, el Lord selló la entrada hace veinticinco años.
—Veo que pese a no haber asistido a la escuela, tus padres te han enseñado historia —contestó Lucius, mirándolo sobre el hombro —el mundo muggle está sellado, es cierto, pero no debes olvidar quiénes lo sellaron; puede que el Lord haya tenido la idea, y que haya aportado mucho en ello, pero también tuvo un poco de ayuda.
—Usted sabe… ¿sabe cómo llegar al mundo muggle? Si lo sabe podría abrir un portal y podríamos ir por Draco… ¡Podríamos dejar salir a los refugiados para que busquen fortuna allí!
—¡Por favor! —rugió Lucius, lanzando el cigarro hacia el piso y arremetiendo contra Ron nuevamente; sus manos sujetaron firmemente la túnica y lo empujaron contra la pared más cercana.
—Ouch. No es necesaria tanta agresión, ¿sabe?
—Lucius, me parece que no es adecuado —advirtió Narcissa.
—Mocoso insolente, ¿en serio crees que es tan fácil? No tienes ni idea de las cosas que puedes encontrar en el mundo muggle, es muchísimo más grande y poblado que el nuestro; y la gente no es amable, y es peligroso… y no puedes hacer magia, porque eres fácilmente detectado… ¡Mierda!
—¡Lucius!
—De acuerdo —bramó Lucius, soltando a Ron y caminando hasta el otro lado del salón.
Ron arregló sus ropas con algo de fastidio y miró hacia los señores Malfoy.
—¿Cuál es el plan entonces?
—Ningún plan, tú te largas a tu casa y te sigues escondiendo, yo iré por Draco y… y ya veremos qué hacer.
—No quiero ir a casa, quiero ir por Draco.
—No creo que sea tu asunto.
—Es mi amigo y debo hacerlo.
—Lucius… tal vez el chico tenga razón, después de todo, debes recordar…
—¿Chico? Señora, tengo la edad de su hijo, no soy ningún niño –protestó Ron.
—Además debemos buscar otro lugar para escondernos, esto puede ser seguro apenas por unas horas más.
—Mis padres son buenos ocultando gente… tal vez puedan quedarse en el refugio un tiempo hasta que…
—¿En un refugio de renegados? –bufó Lucius.
—Como sea, abra el portal y yo iré por Draco y se los traeré de vuelta, luego pueden hacer lo que les plazca.
—No irás por él –negó Lucius rotundamente.
Narcissa se cruzó de brazos y frunció ligeramente el ceño.
—El retenerlo aquí no hará que no se cumpla.
Lucius y Ron voltearon a verla, cada uno con un sentimiento diferente; Lucius con temor y Ron con curiosidad.
—Debe haber un error, Cissy, no es posible que… que Draco… —Lucius miró a Ron y negó más fuerte aún —No con él.
—¿Qué es lo que pasa? –preguntó Ron, entendiendo menos.
Narcissa arqueó una ceja y Lucius suspiró vencido, antes de empezar a hablar.
—Esto te atañe a ti también. Hay una profecía… El Lord estaba buscando en los registros de los nacidos magos y estaba muy nervioso, tanto como lo había estado en la época de los Potter y Dumbledore, así que decidí averiguar qué pasaba, descubrí que había hecho una visita a las profetizas unas semanas antes y eso me preocupó aún más, por eso fui a hablar con el guardián de las profetizas, pero él no recordaba nada; eso era raro, entonces decidí hacer un Legeremens y descubrí que el Lord había aplicado un Obliviate; pude ver la profecía y rápidamente me di cuenta de que se trataba de Draco. Hay otro chico, amigo de Draco, Blaise, que había hablado conmigo y me había dicho que Nott, otro más de sus amigos, no aparecía; lo encontré en el Ministerio; había sido sometido a constantes Legeremens; el Lord había buscado rastros de ustedes dos; esto lo descubrí esta tarde… así fue como llegué hasta donde ustedes estaban, pensé que llegaría a tiempo.
—¿Profecía? ¿Qué profecía? —preguntó Ron sorprendido, no había escuchado de ninguna profecía desde que habían matado a los Potter; a partir de esa época todas las profetizas se decía que eran retenidas en un lugar especial donde sus profecías no pudieran dañar o afectar a nadie.
—Una sobre ti, mi hijo y el final del Lord —suspiró Lucius, encendiendo un cigarro más.
Ron se apoyó contra la pared y sintió sus piernas temblar.
—¿Me repite eso por favor?
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魅了
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—Y entonces la maestra dijo que un mago… ¡uno de a de veras! Estaría en el cumpleaños de Patrick y que podíamos ir… pero que debía llevar un obsequio —contó el niño, con los ojos verdes brillando de emoción.
—Mhm –asintió su padre, mientras conducía el auto, prestando atención al cambio de semáforo y negando con la cabeza —¿Patrick no es el niño que te quitó el otro día tu caja de lápices?
—Sí –Albus lucía abatido —, pero me ha dejado una invitación en el casillero.
—No estoy seguro… tendré que hablar con su madre primero –negó el padre, mientras ponía en marcha el auto.
—¡No, papá! –gritó Albus, haciendo que Harry frunciera el ceño –no seas tan… tan … tan así.
—¿Tan así? –río Harry, mientras daba vuelta en una esquina.
—Así pues… como la mamá de Verónica que no la deja ir a ningún lado ni hacer nada porque teme que se lastime.
—No me parece agradable que me compares con una madre, menos con la de Verónica, y no tiene nada de malo el cuidarte un poco. Ese niño es grande y maloso y tú solo quieres ir porque habrá un mago.
—¡Exacto! —admitió el niño.
—Pues eso no es correcto. Y la palabra que buscabas era sobreprotector —explicó Harry, mientras parqueaban delante de una casa de dos pisos color rosa pastel. En el balcón del segundo piso podía ver a Sirius mirando fijamente hacia la calle. De alguna manera recordó sus épocas de niño, cuando Sirius lo cuidaba demasiado, parecía que temiera incluso por su vida. Cuando creció empezó a entender que tal vez el haber perdido a su hermano y su cuñada, los padres de Harry, en aquel trágico accidente había hecho que Sirius actuara así.
— Sobrepotector –dijo el niño en voz baja.
—Sobre protector —repitió Harry, mientras apagaba el auto.
—¿Me dejarás ir entonces? —preguntó el niño con una sonrisa radiante. Esa sonrisa hacía que a Harry le temblaran las piernas y no pudiera decir que no.
—Lo hablaremos en casa —aseguró, mientras bajaba y abría la puerta de atrás para que su hijo bajara del auto.
—¡Abuelo! –gritó Albus, corriendo hacia los brazos de Sirius, quien, pese a ser según el niño decía, un abuelo, se veía bastante joven. A Harry ese rasgo también le había llamado bastante la atención, pues cuando sus compañeros de la universidad presentaban a sus padres, estos parecían ya un poco ancianos, en cambio Sirius no parecía de más de cuarenta años.
—¿Qué tal están mis muchachos favoritos? —preguntó Sirius, jalando a Harry dentro del abrazo.
—Bien, he sacado un diez en dictado… y lo escribí con letra bonita —explicó Albus, mientras entraban a la casa.
—Yo tengo guardia hasta mañana… ya te imaginas que no ando de buenas —rumió Harry, mientras dejaba la maleta del niño en mitad del amplio salón.
—¿Y Hermione?
—Tiene un caso muy importante mañana y no podría obligarla a cuidarlo, pero ella se ofreció.
—Bah —desestimó Albus —prefiero quedarme contigo, abuelo, ella es muy… profesora.
—¿Profesora? —preguntó Harry, mirándolo extrañado, mientras Sirius soltaba una risita.
—Ya sabes, de esas que quieren decirte siempre qué hacer, y no me deja jugar en el jardín porque dice que me puedo lastimar, y se la pasa leyendo esos enormes y feos libros sin dibujos… —Albus suspiró, no entendía cómo los adultos no podían notar esas cosas.
Harry se mordió el labio inferior e intercambió una mirada con Sirius
—Siempre pensarás que es un mal momento —suspiró Sirius, mientras se dejaba caer en un sillón.
Harry miró a Albus, que parecía sorprendido y suspiró.
—De acuerdo. Albus, tenemos que hablar.
—¿Por qué? Yo no le hice nada a la planta de Hermione, ella solita se murió –alegó el niño.
Sirius soltó una risita y Harry arqueó una ceja, lo que lo hizo silenciarse inmediatamente.
—Lo siento —murmuró Sirius, mientras se ponía en pie y salía de la sala —estaré en la cocina.
Harry asintió y sentó al niño en el sofá, él se sentó a su lado y antes de hablar se detuvo a mirar las fotografías que habían coleccionado a lo largo de todo ese tiempo; solo Sirius y él hasta que había conocido a Amanda. Luego ellos habían tenido a Albus; aunque de ellos tres solo había un par de imágenes; y una sola de los cuatro, como una perfecta y genial familia. Pero todo había terminado demasiado rápido, Amanda había muerto cuando Albus tenía solo un año. Harry recordó que, pese a todo el cariño que Sirius siempre le había dado, no había forma de reemplazar el deseo de tener una madre, como la mayoría de los niños.
—Hermione y yo, ya te lo había dicho antes, solemos salir…
—Sí —Albus hizo una mueca de descontento —son novios.
—Pues… hemos pensado, ella y yo, que después de tanto tiempo de conocernos y… hemos creído oportuno… Ella se mudará con nosotros.
Albus abrió los ojos, sorprendido, y luego negó con la cabeza.
—No, de ninguna manera.
—¿De ninguna manera?
—No le daré mi habitación.
—Ella no dormirá en tu habitación –explicó Harry —, lo hará en la mía…
—¿Entonces tú compartirás habitación conmigo? Eso podría ser… pero la cama no te va quedar, yo aún soy muy pequeño y…
—No, Al, no. Hermione y yo compartiríamos mi habitación y tú dormirías en la tuya.
—Oh.
—Será genial, ella estará todas las noches contigo y ya no tendremos que venir hasta aquí cada vez que tengo guardia…
—¡A mí me gusta estar aquí!
—… y además ella te podrá llevar a la escuela en las mañanas, sobre todo cuando yo no esté…
—Pero, me gusta cuando me lleva la mama de Aarón.
—Y seremos una familia…
—¡Ya somos una familia!
—Albus… por favor, quiero que entiendas que…
—No —el niño se puso de pie y se tapó con las manos las orejas —no quiero saberlo, no quiero que duerma en tu cuarto como la mamá y el papá de otros niños… ¡Yo no tengo mamá! ¡No quiero una mamá!— y gritando, salió corriendo del salón.
Harry negó con la cabeza y se dejó caer en el respaldo del sofá.
Quería hacer las cosas correctas, por Albus, pero parecía que no lo conseguía.
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魅了
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Draco sintió el golpe contra el cemento y soltó un grito, mientras se hacía un ovillo, incapaz de asimilar o entender lo que pasaba.
Su padre… ¿su padre estaría muerto? ¿Qué sería de su madre y de Ron?, ¿estarían ellos a salvo?
Un ruido ensordecedor lo hizo levantar la vista en el momento preciso en que un enorme artefacto metálico y con dos luces como ojos, pasaba apenas a unos centímetros de su cuerpo. Entonces se sentó de golpe, entendiendo que tendría que moverse de allí si quería sobrevivir.
Reculó hasta que chocó con una pared y se puso en pie. Delante de él muchos artefactos similares iban desfilando a gran velocidad, en el interior podía ver personas, casi todas sentadas y mirándolo con algo de curiosidad.
Miró a izquierda y derecha y solo vio cosas desconocidas: una gran fila de edificios altos que parecían llegar hasta el cielo y con espejos en lugar de paredes y muchas luces por todos lados.
Parpadeó mirando hacia los letreros luminosos, una gran "M" amarilla y otro rojo que decía "Coca Cola" llamaron su atención y se descubrió a sí mismo mirándolo por un largo tiempo, antes de que nuevamente el sonido espantoso lo hiciera sobresaltar, se dio cuenta de que, de alguna manera, se había movido hasta lo que al parecer era la vía de tránsito de esas cosas extrañas.
—¿Es algún tipo de magia? –preguntó a la nada, mientras se pegaba nuevamente a la pared, mirando todo entre asombrado y asustado.
—La magia no existe –dijo entonces una voz infantil, que lo hizo sobresaltar.
Albus apuntó al rostro del chico con la linterna que le había regalado su padre y sonrió, le gustaron sus ojos del color del metal.
—¿Qué haces? –preguntó Draco, mirando con fascinación hacia la luz que emitía el niño.
—La magia no existe –repitió el niño –todo es ciencia, o eso dice mi papá.
—¿Y cómo haces para… para que eso ilumine? ¿No eres muy pequeño para tener una varita?
—¿Una qué? –preguntó Albus parpadeando –Esto es una linterna, no una varita.
—¿Puedo? –preguntó dudoso Draco, extendiendo la mano.
Albus entrecerró los ojos.
—Pero, ¿prometes devolvérmela? Porque a veces los niños de mi escuela dicen que les preste algo y luego no me lo quieren devolver.
—¿En serio? Pues que tira de cretinos –bufó Draco.
—Ah… mi papá no me deja decir eso.
—¿Y dónde está tu papá? —preguntó Draco a la vez que le quitaba la linterna de las manos.
—Ese es el botón de encendido —le explicó el niño, presionando un botón y apagándola.
—Wow —susurró Draco, mientras la encendía y apagaba una y otra vez.
—La vas a malograr y luego no tendremos luz —se quejó Albus, quitándole la linterna.
—¡Me estaba divirtiendo! —se quejó Draco.
—Pues yo no.
—¿Y qué haces aquí entonces?
—Te lo digo si no se lo dices a nadie —aseguró Albus.
Draco apretó los labios.
—No sé siquiera donde estoy, ¿cómo se lo podría decir a nadie?
—¿No sabes dónde estamos? ¿En serio?
—En serio —aseguró Draco, dejándose caer en la vereda y abrazando sus piernas.
—Bueno… ahora que lo pienso, luces raro, seguro que no eres de aquí.
—No, no lo soy —negó Draco, y se sintió nuevamente triste –y creo que he sido expulsado de donde era.
—¿Tus papás te regañaron?
—No, no es eso… es más complicado.
—Estamos en la ciudad de Ely, pero no sé dónde exactamente.
—¿Y por qué estás tú aquí?
—Porque mi papá se ha vuelto loco.
Draco arqueó una ceja.
—¿Qué?
—Mi papá se ha vuelto loco; quiere que Hermione venga a vivir con nosotros, y además va compartir su cuarto con ella.
—¿Ah, sí?
—Sí, y es tan injusto porque ella me cae tan mal y… es muy mandona y sabionda.
—¿Y tú papá sabe que estás aquí?
—No me interesa, ya no quiero vivir con él si es que ella va vivir con nosotros.
Draco frunció el ceño, la cabeza empezaba a darle vueltas, necesitaba un minuto para entender todo lo que estaba pasando.
—Espera —susurró, mientras cerraba los ojos.
El Lord lo había descubierto con Ron, había insinuado que eran novios, y los había querido matar; Draco había enviado a Ron al refugio de los Malfoy, pero ni él ni su padre habían podido trasladarse, entonces su padre le había lanzado un hechizo… ¿qué hechizo era? Tenía que recordarlo. Y luego había aparecido en ese sitio extraño, donde había monstruos de metal que les gustaba hacer ruido y transportar a humanos en su interior. Además había aparecido ese niño, que decía que estaba escapando de su padre porque, seguramente, se iba a casar con otra mujer.
—¡Qué genial, Draco! —se dijo en voz alta —, si sobrevivo a esta, y la vuelvo a ver, Pansy tendrá al fin una historia que escribir.
—¿Qué? —murmuró el niño a su lado y Draco por un instante casi lo había olvidado.
—Nada. Tengo frío. ¿Tú no tienes una varita no?
—Que eso no existe.
—Claro que existe, solo que tú no lo tienes.
El niño frunció el ceño.
—¿Y cómo fue que llegaste aquí de todas formas? —continuó preguntando Draco.
—Me subí en un autobús, nadie me vio, y parecía que aquí era un buen sitio para bajar —el niño miró alrededor, al igual que Draco, era un lugar no tan iluminado, parecía el final de algo.
—No sé si es buena idea que andes solo sin tus papás de noche…
—No tengo mamá, ella se fue al cielo cuando yo era pequeño, mi papá dice que es un ángel que nos cuida a los dos.
—¿Ángel?
—Sí, vestida de blanco y con alas.
—¿Cómo un hada?
—No, no como un hada, sino como un ángel.
Draco puso los ojos en blanco.
—Entonces a tu padre no le gustará que te hayas escapado.
—No le interesa, seguramente está ocupado con Hermione, enseñándole la casa y todo eso.
Draco torció los labios.
No hacía nada con ese niño allí, pero tampoco lo podía dejar abandonado en mitad de un lugar desconocido.
—¿Y sabes dónde vives?
—Es por allá —señaló el niño con la linterna.
—Ya veo… y supongo que para ir hay que… ¿caminar?
—O tomar un bus, pero yo ya no tengo dinero. ¿Tú tienes dinero? Seguro que mi papá te lo devuelve en cuanto lleguemos.
—¿Qué es dinero?
—¿No lo sabes? Son monedas y billetes que tienes que tener para conseguir cosas.
—Ah… ¿Cómo los galeones?
—¿Los qué?
—Galeones… ¿Knuts? —Draco se sintió desconcertado por la cara del niño y negó con la cabeza.
—Eres muy raro —concluyó el niño.
—No lo creo —dijo Draco, poniéndose en pie y enderezando la espalda.
—¿Eres un mago? —preguntó el niño finalmente, viendo ahora la ropa completa de Draco.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó Draco esperanzado.
—Por tu ropa… es una capa, como la de los magos y… ¿No traes varita?
—No, no la traigo, se quedó en donde estaba antes de que mi padre me mandara aquí —explicó Draco con emoción.
—¿Y sin ella no puedes hacer magia?
—No creo… algunos pueden, bajo situaciones especiales, yo nunca he estado en ese tipo de situaciones hasta… hasta esta noche.
—¿Y tu papá también es un mago?
—Sí —Draco bajó la mirada hacia la vereda —, lo era.
—¿Ya no lo es?
—No lo creo.
—¿Qué le pasó?
—Él… él… —Draco apretó los labios y se decidió a no llorar, no delante de un niño, en medio de un mundo extraño e inentendible para él. Y entonces sintió la mano del niño sobre su codo, presionando suavemente.
—Mi papá dice que no es bueno guardarse las lágrimas porque pesan mucho en el pecho después.
—Qué genio tu padre —murmuró Draco, mientras se calmaba.
—A veces lo es —asintió Albus. Draco sonrió un poco.
—Entonces vives hacia allá… —le dijo Draco, recordando que inicialmente irían a la casa del niño.
—Sí, pero no sé a cuánto tiempo… —Albus miró alrededor —está empezando a hacer frío y…
—Cierto —Draco miró al niño y se quitó la capa, poniéndosela sobre los hombros, aunque por supuesto le quedó enorme y Albus tuvo que envolverse con ella y cargar una parte entre los brazos, mientras Draco jugaba con la linterna y avanzaban por la avenida.
Draco sintió un escalofrío y miró hacia el cielo. Era extraño, en casa no podían predecir el tiempo, siempre hacía lo que el Lord deseara, aquí, sin embargo, bien que podía presagiar que pronto llovería.
—¿Falta mucho más para llegar? —le preguntó a Albus, que se encogió de hombros.
—No lo sé. Tengo hambre —se quejó el niño.
—También yo —asintió Draco y un instante después recordó algo —No me has dicho cómo te llamas.
—Albus Smith —–le dijo el niño con una media sonrisa —¿cuál es tu nombre?
—Draco Malfoy —repondió Draco, inclinando un poco el rostro —¿porqué te llamas Albus?
—Mi abuelo así lo quiso —explicó Albus, sacando un poco más una de sus manos y tomando la de Draco —Hay que cruzar y no puedo hacerlo solo.
—Oh, de acuerdo —Draco miró hacia el camino por donde iban los artefactos de metal y luego hacia las luces y negó con la cabeza —¿tú sabes cómo, verdad?
Albus puso los ojos en blanco y asintió.
—Y se supone que tú eres el adulto.
Draco y Albus siguieron caminando por mucho rato más, hasta que Albus casi cae porque se le cerraban los ojos.
—Creo que es más lejos —murmuró Draco, sentándose nuevamente en la vereda, con la espalda apoyada en la pared y jalando a Albus con él.
—Mmm… quiero mi cama —dijo Albus, apretando los ojos, un instante después, se prendía de los brazos de Draco como si su vida dependiera de ello, mientras empezaba a llorar mucho más fuerte.
—Hey… no, no llores, yo no sé cómo llegar a tu casa y… por favor, no llores que yo empezaré a llorar también y… —Draco se detuvo cuando las primeras gotas de lluvia cayeron sobre su cabeza. –Mierda —susurró, dándose cuenta que no tenía refugio, lugar al que ir, qué comer ni cómo protegerlos.
—No debes decir eso… mi papá se enojará.
Draco apretó los labios y asintió, deseaba que el padre de ese niño apareciera, al menos así no tendría que preocuparse de él; aunque tampoco sabía bien qué podría hacer luego de que lo encontrara.
—Albus, ven cúbrete más —le dijo Draco acomodando la capa sobre Albus y tratando de cubrirlo con su cuerpo, mientras la lluvia seguía cayendo con fuerza.
Draco miró a la calle, ahora con menos de esas cosas a las que Albus llamaba buses, menos gente también, seguramente que todos estaban tratando de llegar a casa para no mojarse.
Recordó aquella tarde en que Ron y él habían estado volando en unas escobas que Draco había traído. Era sorprendente que Ron pudiera volar tan fácilmente pese a nunca haberlo hecho antes; habían jugado con una snitch hasta que empezó a llover, pero entonces, en lugar de bajar, con ayuda de la varita, empezaron a lanzarse barro hasta que Ron cayó por no poder ver el camino. Había sido muy divertido, aunque luego habían tenido que refugiarse en una cueva y ejecutar hechizos de limpieza antes de llegar a casa.
Se preguntó si Ron estaría bien, si verdaderamente nada le habría pasado.
Estaba tan agotado, pero aún así no podía dormirse, porque tenía miedo al estar en un lugar extraño y porque de alguna manera ese niño se había pegado a él. Se preguntó si en el fondo, como Ron solía decir, sí tenía corazón, aunque el siempre quería demostrar lo contrario.
Sus párpados parecían cada vez más pesados. La imagen de su padre, el momento antes de desaparecer, apareció ante sus ojos, se veía decidido, con los ojos brillantes y la espalda recta; orgulloso y valiente.
Cuánto extrañaba su casa en este momento, a su padre y su madre, a sus amigos, a Ron…
Se abrazó un poco más a Albus y sin darse cuenta, se quedó dormido.
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魅了
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Mucho rato después, Harry seguía en la sala de la casa de su padrino, con la mano en los ojos y pensando seriamente las cosas; la idea que él tenía de Hermione es que pudiera ser como una madre para su hijo; además de que le tenía un gran cariño.
Aunque, según le había explicado la consejera del hospital donde trabajaba, tampoco era correcto que dejaran que Albus decidiera por su cuenta si quería que Harry viva con Hermione o no.
Tendría que ponerse fuerte e informarle a Albus que Hermione viviría con ellos quisiera o no. Al final todo sería para su bien; Harry estaba seguro de ello.
Suspiró profundamente y se encaminó a la cocina. Encontró a Sirius moviendo algunas cosas en las despensas.
—Oh, Harry, espero que aún quede tiempo para que cenes con nosotros, sí que han tardado.
—¿Dónde está Albus? —preguntó Harry, mirando con pánico en cada rincón de la cocina.
—¿No está contigo? —cuestionó Sirius, girando finalmente.
—¡No! —gritó Harry, saliendo de la cocina y subiendo la escalera de dos o dos escalones —¡Albus! —llamó desesperadamente, pero no hubo respuesta.
Harry abrió de golpe la puerta de la habitación que usaba el niño cuando se quedaba a dormir allí y no había nada.
—Pensé que estaba en la sala contigo —explicó Sirius, mientras llegaba detrás de él, bastante agitado.
—Y yo que estaba en la cocina contigo. Discutimos y… ¡Mierda!
—Harry, cálmate —le dijo Sirius, dándole una palmada en el hombro —Ve y llama al hospital, diles que no irás, yo te ayudaré a buscarlo.
—De acuerdo, de acuerdo, voy a llamar a Hermione también.
—Yo te alcanzaré en un momento —replicó Sirius.
Harry asintió y salió corriendo. Sirius miró seriamente hasta que su ahijado se perdió de vista y entonces cerró la puerta con seguro y sacó, oculto de un bolsillo invisible de su pantalón, la varita, y de los cajones una de las camisetas de Albus, luego susurró:
—Adepto sita —y una luz celeste emergió de la varita, mostrando una ruta que podría parecer inentendible, pero que él supo interpretar a la perfección.
Asintió y sintió algo de pánico, su nieto estaba fuera en la calle, cuando estaba a punto de llover, sin ninguna protección ni nadie que lo cuidara.
¡Debía darse prisa!
Bajó corriendo las escaleras después de guardar la varita y tomó las llaves del auto de Harry, que en ese momento colgaba el teléfono.
—Debemos apurarnos, pronto lloverá —le dijo Sirius, lanzándole las llaves.
—¿Por dónde empezamos? —preguntó Harry, creyendo ciegamente en el instinto de su padrino para encontrar personas.
—Por la avenida, debe haber tomado un bus y por aquí cerca solo hay una parada, que va por ese rumbo. Ese niño… —negó Sirius, mientras tomaba un abrigo para Albus y el paraguas.
Harry y él avanzaron en el auto por la avenida, Harry mirando atentamente a todos lados, hasta que empezó a llover.
—¡Y no tiene nada con qué abrigarse! —rumió Harry, dando vuelta donde Sirius le indicaba y siguió de largo hasta que, en medio de una calle, vio algo a lo que podría denominar montículo.
—¡Allí está! —aseguró Sirius, señalando, aunque luego frunció el ceño —¿Con quién está?
—¡Albus! —bramó Harry, bajando del auto y corriendo hacia el montículo.
Draco medio abrió los ojos y apretó más fuerte al niño en sus brazos, estaba con la cabeza y la espalda mojada y sentía demasiado sueño y frío.
—¿Quién mierda eres tú? ¿Qué haces con ese niño? —le interrogó Sirius, llegando hasta él y zarandeándolo.
—Hey, no, señor, suelte, no se puede llevar al niño —defendió Draco, apretando más fuerte a Albus, que empezaba a removerse —, ¡va hacer que se moje! —protestó, aunque le pareció que su voz sonaba extraña y sin fuerza.
—¡Albus! —llamó más fuerte Harry y pareció que eso fue suficiente para despertar al niño, que abrió los ojos y miró todo con asombro.
—¡Papá! —gritó, soltándose de Draco y corriendo a abrazar a su padre, en tanto Sirius renunciaba a golpear a Draco y abría el paraguas para proteger al niño de la lluvia.
—Hijo, cómo se te ocurre… —Harry se abalanzó sobre su hijo y lo abrazó.
—Draco, mira es mi papá, ahora estaremos a salvo.
Draco miró al niño y luego a los dos hombres con algo de confusión. ¿Querrían ellos ayudarlo?
—Yo solo quería ayudar al niño —dijo Draco, poniéndose en pie con algo de esfuerzo; sus piernas le temblaban y tiritaba de frío.
—¿Te sientes bien? —preguntó entonces Harry, más tranquilo de tener a su hijo entre sus brazos y observando seriamente al peculiar hombre que, aparentemente, había protegido a su hijo.
Draco negó con la cabeza y se apoyó en la pared. Estaba sintiéndose a cada instante peor.
Sirius sintió una oleada de pánico, ese chico… se le hacía conocido de algún sitio, aunque claro, no podía saber exactamente de donde, pero entonces reparó en sus ropas, no acordes con las ropas que normalmente usan los muggles.
—¿Tienes familia? ¿Hay alguien a quién podamos llamar? —preguntó Harry.
Draco sólo negó con la cabeza y comenzó a resbalar hacia la vereda.
—¡Sirius! —gritó Harry, a la vez que Albus se escurría de sus brazos para ver a su amigo.
—Hay que llevarlo a casa —decidió entonces Harry, mientras quitaba los seguros del auto con la alarma.
—¿Draco? —preguntó Albus, inclinándose hacia delante para ver al chico rubio, con el cabello mojado sobre los ojos.
—No creo que sea buena idea —negó Sirius mientras jalaba a Albus lejos de aquel hombre.
—¿Qué no qué? —preguntó Harry algo consternado.
—Es que míralo, evidentemente es un tipo que no tiene hogar, tal vez sea un drogadicto… ladrón, alcohólico, o pedófilo. No sabemos qué hacía con Albus aquí en primer lugar.
—Él me quería llevar a casa —protestó Albus, empezando a gritar, como cuando no le hacían caso —, me iba acompañar a casa, pero no tenía dinero para el autobús, por eso caminamos.
—Bueno… —dudó Harry, ese hombre definitivamente estaba enfermo, y había estado bajo la lluvia, sin quitar el hecho de que había protegido con su cuerpo el de su hijo para que no se mojara tanto.
—¡Es mi amigo! —Albus se cruzó de brazos y se pegó más a Draco —tú me has enseñado que no se debe abandonar a los amigos, y él es mi amigo.
Harry suspiró exasperado.
—De acuerdo, vamos a llevarlo a casa —asintió, mientras le hacía un gesto a Sirius, que parecía más reacio que él, para que lo ayude con el desconocido y lo suba al auto.
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魅了
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—Estás bromeando —increpó su padre, mirando de reojo al otro lado del salón, donde Narcissa y Lucius Malfoy permanecían de pie y hablando en susurros.
—Lamentablemente, no —negó Ron.
—¿Y durante todo este tiempo era ese chico el que nos ayudaba? —preguntó la señora Weasley, sin mirar a los Malfoy.
—No es un chico, ya es un hombre —protestó Ron, se preguntó si es que en privado todos los padres llamaban niños a sus hijos.
—Eso es monumental —protestó George, sentado junto a Fred.
—¿Y entonces te vas a casar con el niño Malfoy? —preguntó Fred, sonriendo burlonamente.
—No lo sé, y no lo quiero, pero… —Ron se sonrojó y negó con la cabeza.
Después de haber escuchado la profecía empezó a cuestionarse si es que Draco no estaba enamorado de él en realidad y no eran simples bromas las que le hacía. Y si era así, y debían estar juntos, ¿podría él enamorarse de Draco de la manera en que Draco estaba enamorado de él?
—¿Entonces qué han decidido? —dijo entonces el señor Malfoy, interrumpiendo la conversación —, no te ofendas, pero mientras más tiempo pasemos aquí, más tiempo mi hijo está sin protección en el mundo muggle.
—¿Qué teníamos que decidir? —preguntó el señor Weasley con los ojos entrecerrados.
—En realidad nada. Mamá, la señora Malfoy se quedará aquí mientras el señor Malfoy y yo vamos al mundo muggle por Draco y lo traemos aquí.
—¿Qué? –exclamó la señora Weasley, poniéndose en pie.
—No queremos abusar de su hospitalidad —dijo rápidamente Lucius, haciendo una reverencia —en cuanto volvamos con Draco buscaremos un refugio y dejaremos de causarles problemas.
—Tú no vas a ir al mundo muggle —decidió el señor Weasley, mientras también se ponía en pie.
—No estoy pidiendo permiso, debo ir por Draco, él ha hecho mucho por nosotros y ahora no lo dejaré solo.
—Pero…
—Mamá, por favor, lo voy a hacer y punto.
Los señores Weasley se dieron una mirada y suspiraron vencidos.
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魅了
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—Necesito que rastrees cualquier tipo de magia inusual —ordenó Voldemort a Goyle —; busca a Nott y dile que te ayude, que te ayude todo el que pueda, los Malfoy están haciendo cosas que no deben y no se los voy a permitir.
—¿El objetivo son los Malfoy, mi Lord? –preguntó extrañado Goyle.
—Te lo dije hace un momento, no me hagas repetir las cosas —protestó el Lord, haciéndole una señal a Goyle para que se vaya de allí.
Goyle salió rápidamente, antes de que el Lord cambiara de opinión y decidiera descargar toda su furia en él.
—¿Qué dice el Lord? —preguntó Nott en cuanto Goyle salió, junto a Nott estaba Avery y Crabbe también esperando.
—Vamos por los Malfoy y tenemos que identificar si es que hay algún tipo de magia inusual en el reino. Nott y yo trabajaremos juntos; y ustedes dos —señaló a Avery y Crabbe —vayan por su lado.
Todos se miraron con desconcierto, el Lord ahora perseguía a quien fuera su segundo al mando… ¿Qué tan a salvo podrían estar ellos en el futuro?
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—Debemos buscar un bosque, los bosques son ideales para estos encantamientos –explicó Lucius mientras, junto a Ron, salían del refugio.
Habían decidido que debían hacer el encantamiento alejados del lugar donde se escondían los demás, en caso de que el Lord los estuviera rastreando, pese a que eso implicara que aparecerían en un lugar lejano a donde Draco había sido transportado.
—¿Entonces es cierto que el Lord puede rastrear la magia de los renegados? —le preguntó Ron mientras caminaba junto a Lucius Malfoy en busca de un bosque alejado del refugio.
—Más o menos —confesó Lucius —lo que hace es ver magia poco común en lugares poco usuales; este bosque, por ejemplo, sabemos que alguien puede estar haciendo un campamento y empleando determinado tipo de hechizos. O una pareja de enamorados, y sus respectivos hechizos; pero uno para alertarse del ambiente, por ejemplo, sería fácilmente reconocido e implicaría que alguien está escondiéndose bajo tierra, como hacen los refugiados, y los aurores estarían aquí para investigar… ya debes saber cómo son ellos.
Ron se mordió el labio un momento, antes de hablar.
—Señor, en serio que Draco y yo nunca hicimos nada, solo éramos amigos.
—Prefiero no pensar en eso, señor Weasley, ya luego se verá, supongo que si Draco mantiene sentimientos hacia usted… algo bueno debe tener.
Ron se sonrojó y no supo cómo contestar a aquel insulto.
魅了
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Draco sintió las compresas de agua fresca en su frente y suspiró.
—Gracias –murmuró, tratando de que lo oyeran.
—De nada –respondió Harry, mirando con detenimiento el rostro del hombre —estás con fiebre y debo bajártela ¿eres alérgico a alguna cosa?
—No, no sé —dijo con esfuerzo Draco, intentó abrir los ojos y vio unos ojos verdes tras unas gafas, posados sobre él.
—Lo ideal es saber si tienes alguna alergia. En todo caso trataremos de bajarte la fiebre con métodos naturales, y si no funciona, recurriremos a medicinas.
—Medicinas… —susurró Draco, no entendiendo la palabra muy bien, pero el cansancio era demasiado como para decir más y rápidamente se hundió en un sopor de fiebre.
Harry observó con detenimiento al hombre que tenía en el cuarto de invitados de Sirius: su cabello rubio casi platino caía sobre la frente y a los lados de la almohada, era bastante largo y además se notaba cuidado y suave. Sus pestañas, rubias, eran largas y espesas: su piel era pálida, aunque sus mejillas estaban encendidas por la fiebre; sus labios eran delgados y estaban de un rojo fuerte, seguramente también por la fiebre. En conjunto, su rostro era agradable, de esos que te hacían voltear a mirar por segunda vez si te lo cruzabas por la calle. En conclusión, era un chico bastante atractivo, con ropas extrañas y un serio resfriado.
—¿Hasta cuándo lo tendrás aquí? —preguntó entonces Sirius, en un susurro, entrando a la habitación.
—Hasta que se sane, Sirius, no lo podemos lanzar a la calle.
—Pero sí a un hospital, si es que está enfermo, eso es trabajo del hospital.
—Bien sabes que en el hospital le pedirán un número de ID y no lo tiene… no tiene nada como eso en los bolsillos, solo cosas extrañas —explicó Harry, señalando con la cabeza hacia un grupo de cosas dejadas en la mesa de noche.
Sirius miró con igual cantidad de temor y de respeto las cosas que estaban sobre la mesa:
Un par de galeones; no podía creer que aún los usaran, tomó uno con reverencia antes de dejarlo nuevamente en su sitio, junto a una caja vacía de grageas de todos los sabores; un encendedor plateado y un pergamino pequeño y arrugado con aparentemente una dirección de venta de túnicas en el callejón Diagon.
—¿Solo esto tenía en el bolsillo? –preguntó extrañado Sirius.
—Sí, ni un celular, billetera o identificación; nada de nada.
—Mmm…
—Sirius, yo sé que esto te enoja, en cuanto él esté mejor, lo llevaré a casa, espero poder hacerlo mañana, o pasado mañana en el peor de los casos…
—¡No! –bramó Sirius, entrando en pánico.
—¿No? Pero se nota que no te gusta su presencia.
—Ya, pero… no es que no me guste, pero no quiero que te hagas más problemas; que se quede aquí hasta que esté recuperado… yo podré ayudar a cuidarlo; además no me gusta la idea de que metas a un extraño en tu casa.
Harry lo dudó un momento pero finalmente asintió.
魅了
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Lucius y Ron avanzaron un par de horas más por el bosque, manteniéndose lo más alejados del camino que pudieron y casi sin intercambiar palabras, hasta que llegaron a una parte tupida de árboles.
—Aquí será entonces –dijo finalmente Lucius.
Ron asintió seriamente.
—Y, Weasley… pese a todo, si es que mi hijo y tú quieren… —Lucius suspiró, parecía que eso le estaba costando demasiado —lo aceptaré.
—Draco y yo… —pero Ron no pudo continuar la frase porque en realidad ahora se sentía confundido. Draco siempre lo molestaba con eso, pero nunca había considerado en serio sus propuestas, ni las de ningún otro chico, pero ahora… no estaba seguro.
—Bien, bien, entonces… sujétese de mi mano, así caeremos juntos –explicó Lucius.
—De acuerdo.
—¿Tienes todo lo necesario, verdad?
—Sí —asintió Ron, un poco impaciente.
Lucius tomó una bocanada de aire y agitó la varita.
—Mittens trans
Y entonces Ron sintió la mano del señor Malfoy presionando contra su brazo y el mundo comenzar a desvanecerse hasta convertirse en algo plateado. Poco a poco todo se fue haciendo más y más pequeño, hasta que no supo más.
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魅了
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Draco abrió los ojos por segunda vez cuando casi estaba amaneciendo; a su lado estaba nuevamente el hombre de ojos verdes y mirada preocupada.
Quiso decir algo, cualquier cosa, pero nada salió de sus labios; aún se sentía demasiado agotado.
—Trata de dormir —le dijo Harry, sin poder resistir la tentación de acariciarle la mejilla —aún estás con algo de fiebre y tardará un poco más en irse.
Draco no respondió, se durmió inmediatamente.
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魅了
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Ron emitió un chillido de dolor cuando su culo golpeó contra el duro piso, un instante después sintió una mano tomarlo de la espalda de la túnica y levantarlo en vuelo, dio contra una pared y solo por instinto pudo poner las manos para no golpearse la cara.
—Aquí hay que andar con cuidado –explicó Lucius, mientras agitaba la varita sobre Ron y luego sobre él.
Ron parpadeó confundido, mientras observaba sus ropas, su túnica se había reducido hasta convertirse en una camiseta y los pantalones que usaba debajo de la túnica estaban expuestos.
Lucius había hecho algo similar con sus propias ropas, su túnica se había reducido y se dejaban ver unos pantalones oscuros y largos.
—¿Ha cambiado nuestra ropa? –preguntó Ron, aunque luego fue hipnotizado por un sonido agudo, un instante después, delante de él pasó algo a gran velocidad y Ron, instintivamente, retrocedió.
—Sí, caímos en algo llamado . explicó Lucius, Ron lo miró con el ceño fruncido.
—No es la primera vez que estoy en este mundo… Incluso antes de que el Lord sellara el mundo mágico, venía de vez en cuando; no es falta de creencia, pero siempre temí que el Lord no se hiciera del poder y quedáramos en una no muy buena posición.
—¿Quiere decir que usted tiene conocimiento de este mundo? –preguntó Ron con gran sorpresa.
—Solo un poco, luego de que el Lord consiguiera hacerse del poder mis visitas fueron mucho más espaciadas; hasta que el Lord finalmente selló el mundo mágico. Luego de eso ya no pude venir más; aunque dejé algunas cosas guardadas, no sé cuál es el estado de ellas.
Ron lo miró confundido durante un instante; luego hacia el largo camino y finalmente hacia Lucius.
—¿Y dónde está Draco entonces?
—No lo sé a ciencia cierta —Lucius miró de izquierda a derecha y luego suspiró —sigamos por allá —decidió, señalando hacia el bosque —trataré de hacer un hechizo de ubicación primero.
—De acuerdo.
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El señor Goyle y el señor Nott, llegaron corriendo hasta la porción de bosque donde Lucius y el chico pelirrojo habían desaparecido.
—¿Escuchaste lo que decía? —preguntó Nott con voz agitada.
Goyle asintió.
—Se ha ido al mundo muggle.
—Debemos seguirlo –apresuró Nott.
Goyle lo miró fijamente.
—Deberíamos informar primero… El Lord querrá saber de esto.
Nott se mordió el labio y luego asintió.
—Vamos.
Ambos aparecieron en la entrada del Ministerio, eran unos de los pocos que tenían ese beneficio.
Anduvieron por los pasillos casi desiertos, saludando eventualmente a algunos de sus compañeros, hasta que llegaron frente a la puerta del Lord.
—¿Asunto? —–preguntó la voz neurótica de Bellatrix, quien era la que cuidaba a Lord; haciendo de su asistente, su organizadora, su asesina, y todo lo que el Lord le pidiera.
—Sobre los Malfoy —dijo Goyle con voz firme.
La puerta se abrió y les dejó ver a Bellatrix, recostada en un sofá largo, acariciaba con cierta maldad a un gato negro como la noche y con ojos verdes.
—¿Mi hermana y su familia les sigue dando problemas? –preguntó Bella con voz maniática.
Goyle y Nott se miraron, ninguno sabía cómo hablar con la mujer, que parecía cada vez más loca.
—Bueno, espero que los encuentren pronto… sobre todo por tu hijo, Nott; imagino que debes estar algo preocupado.
—¿Mi hijo? –preguntó Nott, confuso.
—¿No lo sabes? —Bella soltó al gato y se puso en pie, esa mirada maniática brillando —Qué mala comunicación… —dijo haciendo un puchero.
—¿Qué pasa con mi hijo? —increpó Nott, avanzando hacia ella, sintió la mano de Goyle sobre su brazo, reteniéndolo para que no avanzara más, para que no cayera en la provocación.
—Está detenido –explicó Bella, chasqueando la lengua, seguro porque Nott se había contenido —, no sé donde exactamente, pero no está en buena posición.
—¿Por qué está detenido? ¡Nadie me dijo nada! –bramó Nott, mientras se soltaba del agarre de Goyle y avanzaba nuevamente hacia Bella.
—Al parecer tiene que ver con los Malfoy también… creo que fue… ¿Qué fue? —Bella hizo un gesto de confusión y caminó hasta la ventana, abriendo las cortinas de par en par; fuera pudo ver una réplica del jardín de la Mansión Malfoy.
—No juegues con mi paciencia –le advirtió Nott, apretando los puños.
—Tu hijo fue quien le dio la alerta al Lord sobre los Malfoy y sus malos actos; ahora estará encerrado hasta que esto se resuelva o… bueno, supongo que aún estás a tiempo de tener otro hijo –Bella rió de manera infantil.
—No es posible… y sí así fuera, ¿por qué está encerrado?
La puerta pesada del fondo se abrió en ese momento y la voz del Lord se escuchó.
—Pasen.
Goyle y Nott intercambiaron una mirada de pánico, mientras Bella reía y volvía a sentarse en el sofá, jalando al gato con ella.
—Mi Lord –saludaron los dos a la vez cuando entraron a la oficina del Lord.
—¿Qué noticias tienen? –preguntó impaciente.
—Malfoy se ha ido al mundo muggle con uno de los chicos Weasley, uno de los hijos de los renegados.
—¿Y qué hacen aquí entonces?, ¿Porqué no lo han seguido?
—Esperábamos su autorización, mi Lord –explicó rápidamente Goyle, haciendo una referencia.
El Lord frunció el ceño y asintió.
—Entonces vayan, de una vez –ordenó con impaciencia.
—Mi Lord –dijo Nott, cuando Goyle ya estaba por retirarse a cumplir las órdenes del Lord.
—¿No te quedaron claras las órdenes, Nott? –preguntó con algo impaciencia.
—Sí, mi Lord, pero… Mi Lord, ¿mi hijo?
—¿Tu hijo? –el Lord lo miró divertido —¿qué ocurre con tu hijo?
—Es lo que quiero saber, es decir –trató de calmarse Nott —me dicen que está en una celda y él no ha cometido ningún delito.
—Bueno, por el momento me es útil, así que está… resguardado —explicó el Lord con aburrimiento.
—¡Mi Lord! —imploró Nott, dejándose caer de rodillas delante del Lord —Suelte a mi hijo, por favor, por lo que más quiera…
—Tu hijo, mi estimado Nott, es importante para mí en este momento, y de acuerdo al desenlace de las cosas, podría dejarlo ir, de todas maneras; tú aún estás en condiciones de tener más niños, podrías escoger una bruja, de ser el caso. Recuerda que un reino se construye en base a sacrificios.
Nott sintió sus piernas temblar y luego la mano de su amigo, Goyle, en el hombro.
—Vamos, es hora de ir por Malfoy —le dijo Goyle, tratando de calmarlo.
Nott miró una vez más al Lord, que parecía impaciente y luego a Goyle y asintió.
—Primero Malfoy y ahora mi hijo… ¿qué más seguirá? –preguntó Nott hacia Goyle cuando ambos estaban fuera del Ministerio.
—No lo sé… el Lord… —Goyle negó con la cabeza, no quería pensar en qué otra cosa más el Lord podría hacer, pues empezaba a temer por su familia y la familia de sus amigos.
魅了
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Cuando Draco abrió los ojos nuevamente ya no estaba el hombre de ojos verdes, sino el niño, sentado en el piso, pintando algo con mucho entusiasmo.
Se sentó con cuidado, la cabeza le dolía como si la hubiera pateado todo el equipo de los Halcones de Falmouth.
—Te has despertado –exclamó el niño, con una sonrisa radiante; Draco no pudo dejar de notar lo mucho que se parecía al hombre que le parecía lo había estado cuidando.
—¿Cómo llegué aquí?
—Mi papá y mi abuelito nos trajeron –explicó el niño, sentándose en la cama de Draco, entre las manos sostenía el dibujo que había estado haciendo.
—¿Dormí mucho?
—Como un día –cuando fui al colegio y volví aún seguías durmiendo.
—Ah… vas al colegio –Draco miró alrededor —¿esta es tu casa?
—No, es la del abuelo, papá dijo que nos quedaríamos aquí por un tiempo, para que no te quedaras solo con el abuelo.
—Ah.
—Te hice un dibujo –dijo el niño, sus mejillas tiñéndose de rosa.
—¿Un dibujo? ¿Para mí?
—Sí –el niño asintió y tras dudarlo un instante, le dio el papel a Draco.
El dibujo infantil era de él, durmiendo en esa cama, con el cabello amarillo y un hombre, aparentemente, de cabello negro y gafas, sentado a su lado.
—Está muy bonito.
—Gracias.
En eso la puerta se abrió casi de golpe, haciendo que Draco se asustara.
Maldijo no tener su varita.
—Así que ya despertaste –dijo un hombre alto y de cabello oscuro, que no se parecía en nada al hombre que lo había estado cuidando; sus ojos eran grises como los de Draco, no tenía gafas, y tenía que reconocer que de algún sitio le sonaba su rostro.
—Sí, señor, he despertado.
—¿Y ya te sientes curado? –increpó Sirius, con tosquedad.
—Yo pues…
—Papá dijo que te quedarías hasta que estés sano –explicó Albus, mirando con el ceño fruncido a Sirius.
—Cierto —admitió Sirius, mirando mal a Draco —¿tienes hambre?
—Sí, por favor —pidió Draco, reparando en que realmente sí moría de hambre.
—De acuerdo –asintió Sirius –Albus, vamos a la cocina.
—¡Pero yo me quiero quedar a acompañar a Draco! –protestó el niño
Sirius apretó los labios y luego apuntó a Draco.
—Estaré abajo, ten cuidado con lo que haces.
Draco abrió la boca para protestar, pero Sirius ya había salido.
—No le hagas caso, papá dice que está para…. Para… inoco –el niño frunció el ceño, sintiéndose incapaz de pronunciarlo correctamente.
—Paranoico –le corrigió Draco automáticamente.
—Sí, eso dijo.
—¿Y por qué?
—Porque dice que no sabe quién eres o qué haces o si puedes ser malo.
—Ah, pues tiene razón, tal vez debería irme para no causarte problemas –aceptó Draco, comenzando a sacarse las mantas de encima con la intención de levantarse.
—¡No! –el niño puso cara de empezar a llorar –no te vayas, mi papá dijo que te quedarías hasta que estuvieras curado.
—No llores –le pidió Draco, acariciándole la cabeza –los niños no deben ponerse tristes.
—¿Te quedarás un rato más?
—Sí –aceptó Draco.
—Y entonces te llamas Draco, ¿Y qué haces?, ¿estás estudiando?
—No –Draco negó con la cabeza y sonrió un poco –acabé Hogwarts hace como diez años; luego solo he llevado clases con tutores.
—¿Qué es Hogwarts?
—Es la escuela de magia a la que asistimos –dijo Draco sin pensarlo mucho.
—¿Les enseñan a hacer magia? La magia no existe.
—Claro que… —Draco frunció el ceño, se había olvidado de que los muggles no sabían de ellos. –Hogwarts es un castillo muy bonito que está en Escocia. Es un internado.
—¿Y tienes que vivir allí?
—Sí, claro que sí –Draco se acomodó mejor en la cama —, pero vas cuando tienes once años.
—¿Y no extrañabas a tu mamá y tu papá?
—Sí, al principio sobre todo –Draco suspiró y recordó esa época que parecía muy lejana –, pero ellos me escribían todo el tiempo y mi madre me mandaba dulces todas las semanas…
—Yo extrañaría mucho a mi papá, y a mi abuelo.
—Pero estás tan ocupado en las clases que luego no te das cuenta y el tiempo te pasa volando –comentó Draco –y siempre tenía algo que hacer.
—¿Y era muy grande?
—El Castillo de Hogwarts es enorme; se dice que nadie nunca lo conoció por completo… que ni siquiera Dumbledore pudo saber todos sus secretos.
—¿Tan grande es? –preguntó maravillado el niño.
—Sí –Draco asintió –es gigante…
—Deberías dejar de contarle ese tipo de historias al niño –resondró Sirius, entrando en ese momento, con una bandeja en la que había un tazón de sopa caliente.
—Me está contando de su escuela, Draco fue a un internado.
—Sí, solo le contaba un poco de la escuela, de donde estudié.
—Pues no deberías hacerlo, no existe ningún castillo en Escocia –sonrió Sirius, agitando la cabellera de Albus, luego de dejarle la bandeja en las piernas a
Draco.
—Draco dice que es muy bonito –continuó Albus.
—Como sea, en un rato más deberás bajar a cenar.
—¿No puedo comer aquí con Draco?
—No, porque Draco está enfermo y debe descansar.
—Pero, abuelo…
—No, Albus, en cuanto te llame bajarás a cenar, como la gente. ¿De acuerdo?
—De acuerdo –rumió Albus.
—Tu abuelo es muy joven –le dijo Draco, mientras comenzaba a comer.
—Sí, es el abuelo más joven que hay, en mi escuela, cuando me recogía primero pensaban que era mi padre. Aunque luego fue confuso porque también conocían a mi papá.
—Mmm… ¿Y cómo te va en la escuela a ti? –preguntó Draco, por el momento solo quería disfrutar de la sopa, que estaba mucho más que rica, y de la compañía del niño; cuando se sintiera mejor entonces ya se preocuparía de lo que tendría que hacer a continuación.
—No me gusta mucho ir –Albus levantó un cuaderno enorme de hojas blancas y los colores y se puso a pintar.
—¿Y eso por qué?, ¿ por qué extrañas a tu papá?
—No mucho… sé que lo veré en la noche; es que hay un niño que siempre me quita mis cosas, y una niña que dice que mi comida se ve rica y que me pide que le invite, y a veces no le quiero invitar y entonces se pone a llorar y la maestra me regaña por eso…
—Vaya, pues no debes dejar que te regañen, y menos que te fastidien.
—Pero ya les he pedido, como me dijo mi papá, y se rieron de mí.
—No, es que no puedes decirles "no me molesten" y esperar que eso funcione –le explicó Draco, negando con la cabeza.
—¿Entonces?
—Primero le dices a la niña que quiere que le invites la comida que por supuesto que se la invitas, pero que justo ayer te dijeron que tenías una enfermedad muy contagiosa y que esperas no pegársela.
Albus lo miró con los grandes ojos verdes abiertos de par en par.
—Y ayuda más si le pones una mano en el hombro así, mira —explicó, mientras ponía una mano en el hombro del niño.
—Wow.
Draco soltó una carcajada.
—Y espera que te diga qué le vas a decir al chico que te molesta...
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魅了
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Goyle y Nott llegaron hasta el punto donde habían visto a Malfoy y al chico Weasley desaparecer y ejecutaron el hechizo para trasladarse al mundo muggle. Nunca nadie había usado ese hechizo desde que el mundo mágico fue sellado, evitando que pasen los sangresucia.
Cayeron en la misma carretera en que cayeron unas horas antes Malfoy y Ron y miraron alrededor con preocupación.
—No me gusta aquí —murmuró Nott.
—A mí tampoco —admitió Goyle —, pero más vale darnos prisa.
—¿Tú crees que de verdad lo libere? —preguntó Nott, tomando del brazo a Goyle para detenerlo antes de que empezaran a andar —, a mi hijo, ¿crees que si conseguimos llevarle a Draco y a Lucius lo suelte?
—Espero que sí —suspiró Goyle, no creyéndolo realmente.
Avanzaron por la carretera, ejecutando un hechizo de ubicación de magia, sabían que Lucius no podría estar sin hacer magia durante mucho tiempo, mucho más en un mundo tan hostil.
—Creo que tengo el rastro, pero que ha ido muy lejos… tal vez deberíamos traer las escobas —comentó Goyle, mientras se pegaba más al bosque para evitar que esas cosas grandes y metálicas le dieran; habían caminado por horas y no podía alcanzar el rastro de Lucius, pese a saber dónde estaba.
—Iré yo, tú quédate aquí, por si el rastro de Lucius desaparece o pasa algo, o si la magia de Draco se manifiesta —propuso Nott.
Goyle frunció el ceño, meditando.
—Pero solo debes ir por las escobas y volver, no quiero que tardes más ni que me abandones aquí.
—No lo haré —prometió Nott.
Goyle asintió y observó cómo Nott abría el portal y desaparecía.
—Realmente espero que no me abandones aquí —susurró, mirando alrededor, el mundo muggle le parecía atemorizante, con todas esas bestias metálicas que pasaban a gran velocidad; y eso que sabía que aún no había llegado a la ciudad, donde se suponía que los muggles vivían.
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Nott apareció en el bosque y luego se Apareció en la casa de su hijo, efectivamente, estaba vacía y alrededor había un aura de magia que correspondía a los aurores; efectivamente se lo habían llevado. Iba a desaparecer hacia su casa para conseguir las escobas cuando escuchó unos ruidos en el jardín trasero. Con la varita en alto caminó lentamente en esa dirección hasta que pudo ver a quién hacía esos sonidos, se trataba de uno de los amigos de su hijo.
—Mi hijo no está disponible en este momento —dijo hacia el chico.
Blaise se sobresaltó y luego asintió.
—Lo sé, no está aquí desde hace días, se lo dije al señor Malfoy, pero no ha podido hacer nada… es más, creo que lo he empeorado todo…
—¿Qué quieres decir?
—Le dije al señor Malfoy que Theo no aparecía y lo siguiente que supe fue que tanto él como su hijo son buscados por el Lord… me lo contó mi madre, ella lo escuchó en algún sitio. Ahora ambos están en problemas, y Theo también… Parece que no puedo hacer nada bien.
—¿Cuándo le dijiste a Lucius lo de Theo?
—Ayer en la mañana… me fue difícil, no quería asustarlo a usted, por eso se lo dije a él, además él tiene muchas influencias.
—Tenía, ahora está siendo buscado por el Lord… lo van a matar, igual que a su hijo.
Los hombros de Blaise cayeron y agachó la cabeza.
—¡Morgana! Siento que todo es mi culpa… —Blaise se dejó caer en el suelo y el señor Nott se sentó junto a él.
—¿Por qué crees que es tu culpa?
—Yo le dije a Theo que vi a Draco con Weasley… —empezó a contar Blaise.
Nott se estremeció.
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魅了
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Cuando Ron por fin pudo bajar de esa bestia metálica a la que el señor Malfoy había llamado autobús, estaba mareado y se sentía completamente fuera de lugar.
—Weasley, no es momento de perderse —le regañó Lucius, jalando a Ron hacia la vereda, mientras el chico veía alrededor con la boca abierta.
—¿Qué son esas? —preguntó Ron, señalando hacia unas cabinas telefónicas —yo creo que las he visto antes…
—En fotografías, seguramente —asintió Lucius —eran la entrada al Ministerio antes de que cerráramos el mundo mágico; seguramente la cabina sigue allí, pero no es más mágica.
—Oh… ¡wow! —Ron saltó a un lado cuando un auto pequeño pasó cerca de ellos, salpicando agua —¿Autobuses pequeños?
—Así parece —Lucius miró alrededor, eran observados por unas cuantas personas, seguramente por quedarse parados hablando y señalando todo —, lo mejor será que avancemos… antes de que se haga más tarde.
Ron asintió y caminaron por más de media hora, hasta Lucius bufó de incomprensión.
—¿Qué es lo que ocurre? —preguntó Ron, mirando hacia una gran ventana, en el interior se veía a mucha gente comiendo y eso le recordó que no habían comido nada desde la mañana.
—El rastro de Draco… se pierde.
—¿Cómo que se pierde?
—Él está cerca… por algún lugar aquí, pero… no puedo seguir, no sé dónde exactamente.
—Eso no tiene sentido —negó Ron, cruzándose de brazos y cada vez más preocupado por Draco.
—Alguien está haciendo magia… bloqueando magia tal vez —Lucius negó con la cabeza —suena ilógico, pero tal vez si hay algún mago más aquí y quizá tenga a Draco.
—¿No cree que el Lord… que él lo encontró?
—No, Weasley, si el Lord lo hubiera encontrado, también nos hubiera encontrado a nosotros.
—¿Y ahora qué haremos?
—Tendremos que hacerlo de otra manera, me temo.
—¿Qué manera?
—Podríamos denominarlo a lo muggle…
—O sea… ¿Sin magia?
—Así es.
—¡Rayos! —Ron miró alrededor, y se sintió completamente extraviado.
—Tenemos unas cuantas horas antes de que sea demasiado tarde para seguir buscando, sugiero lo siguiente: usted vaya de frente hacia allá y yo iré hacia el otro lado; en dos horas debe volver a este punto. ¿Cree usted ser capaz de orientarse?
—¡Por supuesto! —replicó Ron, con las mejillas rojas de indignación de que el señor Malfoy lo creyera tan tonto.
—Bien, entonces vaya, en dos horas, nos vemos aquí; si es que encuentra a Draco, lo trae con usted.
Ron entrecerró los ojos.
—Obviamente.
—Solo se lo decía por si acaso.
Ron apretó los labios y negó con la cabeza.
—Nos vemos en dos horas entonces.
—En dos horas — asintió Lucius.
Ron caminó para el lado que el señor Malfoy le había indicado, mirando a izquierda y derecha. Había escaparates donde ofrecían comida, muchas de ellas eran cosas que nunca había visto, pero tenía tanta hambre, que era capaz de probarlas sin mucho miramiento. El primer problema se le presentó cuando quiso cruzar el camino de esas cosas metálicas, debía llegar más allá, pero no había forma de hacerlo si es que esas cosas no se detenían. Le alentó al menos no ser el único con ese problema, pues pronto se formó un grupo en la esquina donde él estaba, todos parecían querer pasar.
—Tal vez si nos paramos delante de ellos se detengan —razonó Ron en voz alta; todos alrededor lo miraron extraño y se alejaron un poco.
Ron se sonrojó por ello y agachó la cabeza, en ese momento todos empezaron a caminar para cruzar el camino; rápidamente se animó a cruzar también, aunque quedando atrás, mirando extrañando a los aparatos metálicos y a sus conductores, que parecían algo impacientes. Inclinó un poco el rostro, pensando en cómo se tendría que hacer para conseguir uno de esos, pues ahora que los veía con atención, se veían interesantes. Entonces todos empezaron a emitir un ruido, horrible y chillón, que lo hizo sobre saltar, vio un par de esas cosas pasar a su lado y se apresuró a correr hasta donde la gente estaba de pie, observándolo.
—¡Qué groseros! —rezongó, mientras se alisaba la camiseta y seguía caminando, aún mirando hacia la fila de autos que avanzaba a gran velocidad, y entonces, tropezó con alguien.
—¿Puedes tener más cuidado? —protestó la chica, que había caído al piso.
—Lo siento, yo lo lamento… no me di cuenta —se apresuró a explicar rápidamente Ron, mientras le tendía la mano. La chica pareció dudar un segundo, pero finalmente tomó su mano y se puso en pie, sacudiéndose el polvo y acomodándose la pequeña falda.
Ron miró, como hipnotizado todos sus movimientos.
—¿Qué, eres algún tipo de mirón? —protestó ella, acomodándose el cabello.
—¿Qué? ¡No! Yo… perdón, eres muy bonita.
La chica bufó y negó con la cabeza.
—Lo que hay que escuchar… —rumió, mientras se alejaba.
Ron la siguió con la mirada, viéndola alejarse, caminando sobre unos zapatos altos y con una falda hasta la rodilla, la cabellera castaña, algo alborotada, caía sobre la espalda como una cascada…
La chica volteó justo cuando había cruzado la avenida y Ron se sonrojó y giró rápidamente, caminando en sentido contrario, avergonzado de haber sido descubierto mirando. Tal vez la chica pensaba que efectivamente era un mirón o un acosador.
Siguió avanzando por la gran avenida, tratando de ubicar a Draco entre la gran cantidad de gente; aunque normalmente se distraía por las luces y los escaparates, que mostraban, además de comidas, libros en un formato diferente al que él solía leer en casa, y otros artefactos extraños. Conforme avanzaba y veía estos objetos iba repitiendo su nombre en voz alta, esperanzado en memorizarlos para contarle a su padre al respecto.
En la siguiente esquina también esperó a que el montón de gente que quería cruzar el camino de las bestias metálicas lo hiciera para hacerlo también. Allí había un local extraño con imágenes de mujeres en la puerta; en la entrada un hombre sonreía y miraba a los transeúntes, en cuanto lo vio se acercó con un papel en la mano.
—Hey, amigo, ¿Quieres ver chicas? Chicas candentes —gritó el hombre entregándole el papel, que Ron tomó por inercia.
—No, yo estoy buscando a un amigo —rumió Ron, tratando de alejarse del hombre.
—Ah, pero si buscas un amigo deberás ir a otra calle, aquí no hay de esos… Eso es en Downham Rd. —explicó el hombre, señalando hacia el lado izquierdo.
—No le comprendo —replicó Ron, mirando en dirección a donde el hombre apuntaba —¿ha visto a mi amigo, a Draco, es rubio y pálido… como de este alto —describió Ron.
—Ah —el hombre suspiró —, si encuentras a tu amigo y quieren venir a pasar un buen rato, dense una vuelta —dijo entregándole un volante más y luego alejándose.
Ron observó los volantes y le llamó la atención primero las mujeres semidesnudas que allí aparecían y luego que esas imágenes no se movieran, a diferencia de las fotografías y anuncios del mundo mágico.
No comprendía cómo se suponía que Draco y él tenían que estar juntos si es que le parecían excitantes las mujeres.
Siguió avanzando, mirando a ambos lados y en algunos casos animándose a preguntar, pero de los pocos que le contestaron, ninguno dijo haber visto a Draco.
Abatido, vio que estaba más oscuro y las calles se iban vaciando, por lo que decidió dar la vuelta y volver a donde había quedado con el señor Malfoy.
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魅了
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—Hola, Albus, ¿cómo estás esta noche? —preguntó Hermione luego de saludar a Harry y a Sirius; se inclinó para darle un beso en la frente al niño, pero este giró lo suficientemente rápido para evitarlo.
—¡Albus! —regañó Harry.
—No me gusta que me besen —mintió el niño.
—Déjalo, Harry, no pasa nada… es solo una etapa.
—No, no lo es —se entercó Albus, cruzándose de brazos.
Harry entrecerró los ojos y Sirius carraspeó.
—¿Qué tal una copa de vino, Hermione? —ofreció Sirius —, sé que has tenido un día bastante pesado.
—Sería perfecto —aceptó la chica, sentándose junto a Harry y apresando su mano —, un largo juicio… al final ganamos, pero nos ha costado mucho.
—Te felicito —sonrió Harry, besándole la mano con cariño.
Albus puso cara de asco.
—¿Ya puedo subir? —preguntó el niño.
—Draco seguramente está durmiendo —negó Sirius.
—O tal vez no —protestó Albus —, a él le gusta estar despierto.
Harry y Sirius intercambiaron una mirada.
—De acuerdo, sube, pero si está dormido no lo despiertes, que necesita descansar para curarse.
Albus sonrió y subió corriendo las escaleras.
Los tres miraron como el niño se perdía de vista y luego se miraron entre ellos.
—Hice las averiguaciones que me pediste —explicó Hermione hacia Sirius —su rostro no pertenece a ningún nombre de buscados o prófugos.
—Eso es genial —sonrió Harry.
—Pero tampoco pertenece a nadie en realidad.
—No entiendo.
—Quiere decir que no tiene un ID o una identidad legal, es un… nadie —se encogió de hombros la chica mientras le daba un sorbo a su copa de vino.
—Eso no es posible…
—Tal vez no es de Inglaterra —explicó Hermione.
—He allí una razón más para dudar de él —protestó Sirius, Harry puso los ojos en blanco —, no tiene identidad, capaz es buscado en otro país… pienso que deberíamos sacarlo a la calle inmediatamente.
—Ya te he dicho que me lo puedo llevar a casa, si es que tanto te molesta —protestó Harry.
—¿Y dónde dormiría, Harry? —preguntó la chica de manera un poco tosca.
—En el cuarto de invitados, por supuesto —respondió rápidamente Harry.
Sirius arqueó una ceja y se levantó rápidamente, aduciendo que revisaría cómo iba la cena.
—No empieces a insinuar cosas, Hermione —se adelantó Harry, antes de que su novia pudiera decir algo.
—No te he acusado de nada, Harry.
—¿Y para qué preguntaste dónde dormiría? —Harry se puso de pie y se sirvió una copa de vino también —, sabes muy bien que no… que te he prometido que respetaría lo que tenemos.
—Lo sé, y lo valoro, pero me extraña tanta preocupación hacia un completo extraño.
—Un completo extraño que cuidó de mi hijo cuando este escapó de casa, y que además no es gay.
—Y ese es otro tema… ¿estás completamente seguro que no lo es?
—Pues… no he hablado con él, en realidad; y esa es otra prueba, ni siquiera busco estar cerca de él.
Hermione suspiró.
—Tal vez estoy… un poco paranoica con este tema, lo siento.
—Está bien, tienes derecho a dudar, pero debes creerme cuando te digo que me comportaré de la manera adecuada —Harry se sentó junto a ella y tomó sus manos —, te quiero mucho, y a Albus, y quiero que seamos una familia… tal vez tener una niña o un niño más —Hermione sonrió y Harry también lo hizo —o uno de cada uno…
—Eso sería genial.
—Lo será —prometió Harry, dándole un beso en la frente a Hermione.
—Y entonces… ¿Quieres conocer al desconocido sin ID que ayudó a Albus?
Hermione suspiró pero asintió.
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魅了
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Goyle y Nott sobrevolaron el cielo nublado de Ely, tiritando ligeramente de frío y avanzando hacia lo que aparentemente era una fuente de magia.
Aunque ninguno de ellos entendía cómo es que Lucius pretendía esconderse con esos hechizos.
—¡Parece un inhibidor de magia! —gritó Goyle, quien era un experto en el tema, para que Nott lo pudiera escuchar.
—¿Estamos en la dirección correcta entonces? —gritó Nott; a cada minuto que pasaba se sentía más lejos de su hijo y eso lo llenaba de cierto temor y desconcierto.
—Aparentemente… el mundo mágico se cerró hace muchos años, no quedó ningún mago fuera… solo los niños que nacen de muggles, y ellos ni tienen varitas para hacer ningún hechizo en realidad.
—Lucius ha perdido totalmente la cabeza —negó Nott, más para él que para Goyle, aunque en el fondo lo comprendía… su hijo también estaba en apuros y a él no le importaría hacer lo que fuera, con tal de salvarlo.
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魅了
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—Este lugar es muy raro —murmuró Ron, mirando alrededor, la ventana alta con cortinas rojas y la caja cuadrada junto a ella.
—Es lo único que he conseguido… no conozco mucho de hoteles… y los que conocía en el mundo muggle están muy lejos de aquí —se justificó Lucius, mientras veía con curiosidad la pantalla plana y negra de la cajita junto a la ventana.
—¿Y para qué cree que sea esto? —continuó Ron con su investigación, mientras tomaba el control remoto y examinaba todos los botones que tenía —dice volumen… canal… ¿será un canal de agua? ¿Hay un canal de agua por allí, señor Malfoy? —preguntó curioso, mientras caminaba hacia la ventana para abrir las cortinas y observar.
—¡Por supuesto que no hay un canal de agua! —renegó Lucius, que prácticamente había sido empujado por Ron hacia un lado, en su afán por ver a través de la ventana.
—Oh… Es que no entiendo… Hey, aquí dice On —dijo a la vez que presionaba el botón rojo que estaba un poco apartado de los demás, la televisión que estaba junto a la ventana se encendió y proyecto varias imágenes, en colores brillantes, mientras una música estridente sonaba a todo volumen.
Lucius y Ron entonces fueron directos a la televisión y trataron de hacer que se calle, poniéndole las manos en la pantalla y buscando alrededor algo que hiciera que todo se detuviera, hasta que alguien aporreó la puerta.
Se trataba del mismo señor que se encontraba en la recepción del hotel y que había sido hechizado por Lucius, aunque ahora parecía mucho más despierto.
—¡Qué demonios! —bramó. Recogió el control remoto del suelo y le bajo el volumen hasta el mínimo.
—Esta es lo máximo de volumen permitido —dicho eso les dio una mirada más y arqueó una ceja —¿cómo es que los dejé entrar aquí?
—Pues usted…
—Nos alquiló una habitación —completó Lucius.
—¿En serio? No había notado que… ¿ustedes no serán…?
Pero entonces el tipo dejó de hablar, pues Lucius sacó su varita y la agitó suavemente, los ojos del muggle se desenfocaron por un momento y luego, sonriendo bobamente dijo:
—Bueno, bueno, les mandaré algo de cenar. Espero que tengan buenas noches —y luego salió caminando lentamente de la habitación.
—Wow —susurró Ron —usted sí que domina ese hechizo —reconoció admirado.
—Es un simple confundus, ¿no te han enseñado a hacerlo?
—No, mi papá dice que esos hechizos no son buenos y pues… a la escuela no fui, así que tampoco allí me lo enseñaron.
Lucius lo miró un momento y suspiró. Después de todo el chico estaba allí, ayudándolo (a su manera, claro) a buscar a Draco, cuando podría estar bien escondido y fuera de peligro, o todo lo fuera de peligro que normalmente estaba.
—De acuerdo, te lo enseñaré, pero… no le digas a tu padre que lo hice, no quiero que me acuse de corromper a su pequeño hijo.
—La menor de todos es Ginny, yo soy el sexto —aclaró Ron.
—¿En serio? —Lucius hizo una mueca —habría jurado que eras menor que ella. En fin, entonces, ¿nos ponemos a practicar?
Ron asintió complacido y sacó su varita también, de pronto y el señor Malfoy no era tan, tan malo como decían.
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魅了
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Goyle y Nott sobrevolaron un grupo de calles durante un largo rato, sintiéndose de pronto extraviados.
—No lo entiendo. Aquí es a donde lleva el flujo de magia, pero es como si desapareciera, ya no siento nada.
—¿Ni siquiera un indicio, Goyle? —preguntó Nott, confundido, él también sabía rastrear un poco de magia, aunque Goyle era el mejor en eso, y también sentía como si de pronto toda la magia se hubiera terminado.
—¿Qué haremos ahora?
—Esperar, supongo… tendremos que buscar un sitio donde pasar la noche y esperar a que durante el día alguno de los Malfoy aparezca. Supongo que tienen que salir.
Goyle lo meditó un momento, pero finalmente asintió.
—Buscaremos un lugar dónde dormir.
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—Debes estar bromeando —gimió Pansy, con las manos tapándose el rostro para esconder el inicio de las lágrimas de rabia que estaban a punto de caer por sus mejillas.
—No, Pans, en serio que no… esto es horrible, ¿qué tal si luego seguimos alguno de nosotros; o Crabble, o Goyle o… cualquiera.
—El Lord se ha vuelto… —Pansy ni siquiera era capaz de decirlo.
—Lo sé, no lo entiendo tampoco, pero por lo pronto Draco y Theo están en apuros, más Draco que Theo, y también Lucius…
—¡Mi padre! —exclamó Pansy, mirando hacia arriba, como si pudiera traspasar el piso y ver a su padre durmiendo en su habitación.
—O mi madre… nadie estará a salvo.
—¿Qué haremos? Pobre Draco… ¡Morgana! Está perdido en el mundo muggle…
—El señor Nott me dio una idea, no es algo que haremos inmediatamente, pero es una prevención, y necesito de tu ayuda para ello.
Pansy se mordió el labio por un momento, meditando, antes de asentir.
—Cuenta conmigo.
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—Y entonces ella se puso del color del papel —rió Albus, mientras le contaba a Draco cómo le había ido en la escuela —y retrocedió y casi se cae… ¡dos veces! —Albus soltó una carcajada mucho más fuerte, que fue secundada por la de Draco.
—Estoy seguro que nunca más te quitará nada de tu lonchera.
—Eso espero —Albus estaba comiendo un chocolate gigante que su abuelo Sirius le había dado sin que su padre se diera cuenta y ofreció otro pedazo más a Draco.
—Gracias.
—De nada —sonrió Albus de manera algo burlona.
—¿Qué?
—Es que eres muy chistoso… siempre dices gracias.
—Es que es lo correcto —replicó Draco, con algo de extrañeza —¿tu papá no te enseña a decir gracias?
—Sí —intervino Harry, llegando en ese momento junto a Hermione —, aunque algunas veces a Al se le olvida.
—No se me olvida —negó Albus, sonrojándose un poco y mirando hacia su papá con algo de fastidio. ¿Para qué habían venido?
—Hola —saludó Draco, dejando el pedazo de chocolate sobre la mesa y limpiándose las manos con uno de los pañuelos.
—Hola —correspondió Harry —, no te preocupes, me alegra que ya estés mucho mejor.
—Sí, así es, supongo que gracias a tus cuidados.
—Es lo que hago para ganarme la vida.
—¿En serio? —Draco inclinó el rostro un poco —¿Y qué es lo que haces?
—Pues soy doctor; pediatra específicamente.
—Ah… —Draco no se animó a decirle que no entendía qué era eso.
—Y ella es mi prometida, Hermione —dijo, recordando a la chica. Se había quedado maravillado de la forma en que su hijo y Draco hablaban, y luego de lo guapo que era el chico ahora que estaba despierto y sin fiebre.
—Mucho gusto… ¿Draco? ¿Ese es tu nombre de verdad?
—Sí, el de verdad —asintió Draco, algo confuso por la pregunta.ñ
—Y ahora que estás ya curado y despierto, tal vez quieras decirnos… ¿cómo llegaste aquí?
—Es una historia… algo confusa, estoy perdido.
—¿Y no hay nadie a quien puedas llamar para…—Hermione se detuvo de pronto y metió la mano al bolsillo de su saco, de donde saco un móvil, el cual vibraba audiblemente —, lo siento, es de mi trabajo, debo contestar —dijo hacia Harry, mientras presionaba una tecla y se lo ponía al oído. —Habla Granger…. ¡No, eso no puede ser! —bramó mientras salía de la habitación.
—Lo siento… ella es abogada, y penalista, tiende a interrogar a todo el mundo —se justificó Harr, mientras se sentaba en la cama junto a Draco.
—No hay problema —Draco se dijo que luego tendría que preguntarle a Albus exactamente qué era eso y lo que hacía Harry y la cosa que había hecho que aquella mujer por fin se callara.
—¿Has estado sintiéndote bien entonces?
—Sí, de fábula —asintió Draco.
—¿Fiebres, dolor de cabeza? —Harry extendió la mano hacia la frente de Draco y lo sintió tensarse —, lo siento, solo estoy verificando —susurró, sus ojos se conectaron con los de Draco.
Draco asintió lentamente, sintiéndose extrañado por aquella invasión a su espacio personal.
—¿Algún dolor en el estómago… en la garganta? —siguió Harry, hablando con voz suave, su mano permaneció un instante más en la frente del chico, antes de recordar que ya había comprobado que no tenía fiebre.
—No.
—Genial, creo que se puede decir que estás curado.
Ambos se miraron un instante y Draco asintió.
—¡Sí! —dijo con voz un poco más alta de lo normal —, ya me siento bien, así que supongo que…
—¡No! —protestó entonces Albus, ambos se sobresaltaron, ninguno había recordado que el niño seguía allí, sentado al otro lado de la cama.
—Albus…
—Papá, no le digas que se vaya… él me cae bien y me gusta conversar con él y…
—Albus, pero no puedo seguir abusando de su hospitalidad —interrumpió Draco, mirando al niño —, es más, ni siquiera tengo oro para pagar todo esto que han hecho por mí…
—No tienes que sacar oro, no es nada —replicó Harry, algo extrañado del término —, solo fue una atención hacia un amigo de mi hijo.
—Gracias —susurró Draco hacia Harry.
—Papá, por favor, no le digas que se vaya —insistió Albus.
—Hijo… —empezó Harry, pero en ese momento un ruido se escuchó en el exterior y luego el sonido de la lluvia cayendo con fuerza. Harry miró hacia Draco, que parecía abatido ante la lluvia y negó con la cabeza —, por supuesto que no le diré que se vaya en este instante… al menos no con esta lluvia.
Draco se relajó un poco, aunque sabía que eso solo duraría hasta el día siguiente.
—Te lo agradezco —asintió Draco.
—Y eso me recuerda… estábamos preguntándote si es que no tenías a nadie a quién llamar… Tal vez quieres que te lleve a algún sitio.
—No lo creo, gracias, yo me las arreglaré —Draco se encogió de hombros y sintiéndose un poco desalentado, tomó el pedazo de chocolate que había dejado sobre la mesa de noche y le dio una mordida.
Harry lo miró fijamente y se preguntó si realmente ese chico no era gay, y cómo hacía para verse tan jodidamente sexy solo comiendo un pedazo de chocolate y con el cabello desarreglado.
—¿Y si se queda a dormir en mi habitación? —dijo entonces Albus —así como dices que Hermione hará contigo… Draco puede dormir conmigo.
—No creo que sea buena idea —negó Draco, mirando con pena al niño. Realmente era muy adorable, pese a que a él los niños no le gustaban mucho.
—Albus —regañó Harry, dejando de mirar a Draco y mirando a su hijo —, ya hemos hablado de esto… Draco no puede vivir con nosotros…
—Lo siento —entró en ese momento Hermione, que arqueó una ceja al ver a Harry sentado en la cama de Draco —, eran del buffete, tenemos un problema de apelación y debemos prepararnos para el lunes… Tendré que trabajar todo el fin de semana.
—Oh, lo lamento —Harry, percibiendo la mirada de su prometida, se puso en pie rápidamente —, ¿te tomará todo el fin de semana?
—Aparentemente —suspiró Hermione con fastidio —, y empezaremos esta noche, han imputado unas pruebas y debemos manejar todo desde cero…
—No entiendo nada —murmuró Draco hacia Albus, que sonrió con simpatía.
—Papá, mañana habíamos quedado en ir al parque…¡habrá una feria! ¿Te acuerdas? ¿Te acuerdas? —empezó a hablar Albus en voz alta —Mi papá me prometió llevarme con Hermione a cambio de no dejarme ir a la fiesta de mi amigo…. Dijo que tal vez allí veríamos un mago —Albus inclinó la cabeza hacia Draco —¿No quieres venir?
—¡Albus! —llamaron a la vez Hermione y Harry. Draco se sonrojó un poco.
—Albus… no creo que sea buena idea —rechazó Draco.
—Pero… ¿por qué no?
Harry miró impotente hacia su hijo y suspiró con algo de resignación.
—Supongo que un día más no matará a Sirius —Harry sonrió viendo la ilusión en la cara de su hijo y reconoció que normalmente no había esa luz en él —Draco, ¿te gustaría acompañarnos a la feria?
—No quiero molestar, en serio… —Draco se sentía cada vez más incómodo, por la mirada de Hermione y por la hostilidad de Sirius, si es que no estuviera lloviendo, tal vez ya se habría marchado; aunque sí le hacía bastante ilusión seguir conversando con Albus… y con Harry.
—No es molestia
—Claro, será divertido —asintió finalmente Draco.
—¡Yeahhhh! —gritó Albus tan fuerte que Sirius subió corriendo las escaleras.
—¿Qué es lo que pasa?
—Draco irá con nosotros a la feria mañana —explicó Albus con una sonrisa.
—¿En serio? Pensé que irías con Hermione —dijo Sirius hacia Harry.
—Sí, pero ella tiene que trabajar.
—Lo que me recuerda que debo irme —comentó Hermione.
—¿Pero ni siquiera te quedarás a cenar?
—No puedo, comeré algo en la oficina, todos ya están allí.
—Es una pena —negó Sirius.
—Un gusto conocerte, Draco… ¿Cuál era tu apellido? —preguntó Hermione, en el momento que se despedía del chico.
—Malfoy. Draco Malfoy —respondió Draco y no se le pasó por alto el cambio en la expresión del rostro de Sirius.
—Curioso nombre y curioso apellido —suspiró ella.
—Tu nombre también me parece algo curioso —aseguró Draco.
Ella sonrió y luego le dio un beso en la mejilla a Harry y otro en la cabeza a Albus.
—Te acompaño —dijo Sirius, saliendo delante de ella.
Draco miró extrañado la forma en que Harry y ella se trataban, había dicho que era su prometida, aunque no lucían realmente como una pareja de enamorados, sino de amigos.
—Y ahora tú, si es que quieres que vayamos a la feria, será mejor que vayas a dormir de una vez.
—Pero, papá, Draco y yo estábamos hablando…
—Deberías hacerle caso a tu padre —le dijo Draco —, él sabe lo que dice, si no duermes lo suficiente, mañana estarás agotado, y no disfrutarás el paseo.
Albus hizo un mohín de descontento, pero luego asintió, vencido y abrazó a Draco, lo cual sorprendió a Harry de sobre manera.
—Buenas noches, Draco —soltó a Draco y fue donde su padre, a quien también abrazó —, buenas noches padre, espero que descansen para mañana tener mucha y poder ver toda, toda la feria.
Harry y Draco se dieron una mirada y sonrieron, mientras el niño corría a despedirse de su abuelo, anunciando que luego iría directo a la cama.
—Normalmente me cuesta hacer que se duerma.
—Supongo que todos los niños son iguales. Siempre recuerdo que mi padre decía que si no dormía bien me quedaría dormido en la parte más interesante del día.
—¿Y dónde está tu padre ahora? —preguntó Harry, sentándose nuevamente en la cama, junto a Draco.
—Él… murió, creo —Draco frunció el ceño y recordó la última escena que había visto, al Lord lanzando un Avada Kedabra, probablemente matando a su padre.
—¿Crees?
—Es una historia complicada —se encogió de hombros Draco.
—Y supongo que privada.
—Un poco… no lo comprenderías.
—Comprendo mucho… soy listo —sonrió Harry de oreja a oreja, lo que hizo que Draco sonriera también por el comentario.
—Y modesto también, por lo que veo.
Harry soltó una carcajada y negó con la cabeza.
—Gracias por haber ayudado a Albus —dijo Harry luego de un instante, poniendo una mano sobre el hombro de Draco —, en verdad lo aprecio mucho.
—No tienes de qué, no podría haberlo dejado solo en mitad de la calle.
Harry y Draco se miraron una vez más y entonces un rayo los hizo sobresaltar.
—Tengo que ir a ver a Albus, le dan miedo los rayos.
—Claro —asintió Draco.
—Hasta mañana, entonces, saldremos a las diez de la mañana, luego del desayuno… tu ropa ya está limpia, la pusimos en ese cajón —señaló Harry.
—Hasta mañana. Gracias.
Y entonces Harry salió de la habitación, dejando la puerta cerrada. Draco se recostó nuevamente y miró hacia la ventana, pese a las cortinas pesadas podía ver los reflejos de los rayos.
¿Qué haría mañana? ¿Ahora a dónde iría? ¿Qué sería de su madre y de Ron…?
Y además… Ese chico, Harry, ¿Por qué lo turbaba tanto su presencia?
Mirando hacia la ventana y los reflejos de la tormenta, poco a poco, se quedó dormido.
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魅了
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Sirius apretó la varita con fuerza, mientras creaba imágenes en el techo de su cuarto, una foto donde aparecía él de joven junto a James, Lily y Remus se amplió un poco más y suspiró con nostalgia.
Había logrado ocultarse y ocultar a Harry del mundo mágico durante veintisiete años; y ahora de la nada venía un Malfoy, seguramente hijo de Lucius, a desarreglar todo.
Giró la varita una vez más y la foto desapareció. Se preguntó si es que verdaderamente, luego de la feria, Draco se iría. Si es que su llegada no era más que una casualidad absurda y que al final no desestabilizaría su mundo.
Esa noche se la pasó en vela, mirando el techo, haciendo aparecer y desaparecer la fotografía una y otra vez y pensando en cuál sería su siguiente paso.
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魅了
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