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UNA FERIA CON MAGOS… ¡MAGOS DE VERDAD!

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Albus abrió los ojos muy temprano esa mañana, con una gran sonrisa y sintiéndose muy descansado.

Corrió hacia la cocina y no le sorprendió encontrar a su abuelo ya preparando todo para el desayuno.

—¡Buenos días! —exclamó el niño con alegría, mientras se abrazaba a la pierna de Sirius.

—Vaya, veo que has amanecido de buen ánimo.

—Sí —asintió el niño, mientras ocupaba su lugar en la mesa.

—Tu padre bajará en un momento.

—¿Y Draco?

—Él pues…

—Buenos días —dijo entonces Draco, entrando a la cocina, recién bañado y con la ropa limpia, disfrutando de sentirse completamente sano al fin.

—Buenos días —rumió Sirius, mientras Albus saltaba a abrazarlo, y fue así como los encontró Harry, que venía recién bañado también.

—¡Papá! —Albus soltó a Draco y abrazó a Harry también.

—Veo que todos están de buen ánimo esta mañana —renegó Sirius, que no había podido dormir nada.

—¿Mala noche?

—Nada de qué preocuparse —aseguró Sirius hacia Harry, que parecía preocupado.

Harry sabía que su padrino era propenso al insomnio, aunque nunca había querido tomar nada para dormir y descansar más.

—¿Seguro que te sientes bien? Pareces algo… pálido.

—Bien, de maravilla —asintió Sirius, moviéndose alrededor de la cocina, rechazó el intento de Draco y de Harry por ayudar y finalmente sirvió un muy copioso y consistente desayuno.

—¿Seguro no quieres venir a la feria con nosotros? —preguntó Harry, cuando ya tenían los abrigos puestos y el paraguas en la mano, listos para salir.

—Sí, tengo algunas cosas que hacer y no pueden esperar.

—De acuerdo —Harry parecía algo decepcionado, pero trató de sonreír para su hijo y junto a Draco, salieron a la calle.

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Goyle estaba incómodamente echado sobre unas piedras que había transfigurado en un tosco colchón, al otro lado Nott permanecía con los ojos abiertos, mirando hacia la nada.

Y entonces esa voz se dejó escuchar por toda la cueva.

—¿Qué hacen descansando? No recuerdo haberlos mandado a un día de campo, sino a traerme a los Malfoy.

—¡Mi Lord! —exclamaron los dos a la vez, levantándose y jadeando de la sorpresa al ver la imagen proyectada del Lord en medio de la cueva.

—¿Cuáles son los avances? —preguntó impaciente, Voldemort.

—Hemos encontrado una zona donde creemos que Malfoy puede estarse escondiendo, pero en la noche no pudimos avanzar más, esta mañana veremos si es que sale a la calle o si varía la inhibición de magia… —explicó Goyle con voz calmda.

—¿Eso es todo lo que han conseguido? ¿Qué creen, que Malfoy saldrá a pasear y se lo encontrarán en la esquina? Debieron haber tirado cada puerta de cada casa hasta dar con él. Espero un resultado para esta misma tarde, de lo contrario… —el Lord miró hacia Nott con algo de maldad y luego hacia Goyle —empezaré a creer que sus hijos están ayudando a los traidores a escapar.

—¡Eso no es cierto! —bramó Goyle, asustado y temiendo por su hijo.

—Pruébenlo entonces, entréguenme a los Malfoy. Esta noche.

Y dicho eso, el Lord desapareció. Ambos se quedaron de pie, medio inclinados y mirando el espacio vacío, empezando a temer por su vida y la de sus familias.

—Debemos movernos —gruñó Goyle luego de un largo momento.

Nott asintió en silencio.

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Ron se removió lentamente y dio una vuelta más en la cama, antes de estirarse cuan largo era.

—Ya era hora de que despierte —renegó Lucius, sentado cerca de la ventana y mirando hacia afuera.

—Lo siento… parece que estaba agotado.

—No me sorprende. Ahora, si tiene la amabilidad de vestirse, podremos ponernos a buscar a Draco nuevamente. Veo mucha gente en la calle, incluso han levantado como un campamento por allá —explicó Lucius, señalando hacia la ventana.

—¿Cree que Draco esté por allí?

—No sería lo más listo, pero quién sabe, en algún lugar tenemos que empezar.

Ron suspiró y asintió.

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Pansy avanzó con rapidez, acompañada de Blaise, por el camino de Ottery St. Catchpole, hasta que pudieron divisar la torre negra y alta que parecía desafiar los principios de edificación.

—¿Estás seguro de esto? —preguntó Pansy, mirando con desconfianza la torre.

—Sí, creo que si —asintió Blaise, y antes de darse tiempo a arrepentirse, siguió avanzando con pasos largos y firmes. Lo mejor era no detenerse a pensar.

Pansy suspiró y lo siguió.

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Draco se sentía raro, con Albus tomando de su mano y caminando por la ancha avenida. Al otro lado Harry también tenía a Albus tomado de la mano y parecía bastante contento.

Ahora que era de día y que no se sentía nada enfermo, pudo observar al chico con atención, apreciando sus ojos verdes brillantes tras las gafas redondas, su cabello negro e imposiblemente alborotado, el flequillo en la frente cubría a medias una cicatriz bastante extraña; Harry era casi del mismo tamaño que él, aunque se notaba un poco más fornido, como si practicara algún deporte.

—¿Cómo fue que te hiciste esa cicatriz? —preguntó Draco cuando Albus se soltó para ganar sitio en la fila de gente que quería entrar a la feria.

—Ah… —Harry automáticamente se llevó una mano a la frente —, cuando era niño, mucho más pequeño que Albus… yo tenía un año y un poco más, mis padres y yo íbamos en un auto a visitar a Sirius, y entonces hubo un accidente… ellos murieron inmediatamente y yo, milagrosamente, resulté solo con esta cicatriz.

—Lo lamento —se apresuró a hablar Draco —, no quise ser indiscreto.

—No lo fuiste, mi cicatriz siempre ha llamado la atención. Y sobre mis padres, siempre los recuerdo con cariño, Sirius me enseñó eso… a no extrañarlos con rabia porque me los habían quitado antes de tiempo —Harry sonrió un poco.

—Es un buen consejo… ¿y vives con Sirius desde entonces?

—Sí, así es, él es mi padrino, y el hermano de mi padre, aunque para mí es como un padre… siempre se ha preocupado mucho por mí.

—Se nota que es un gran hombre.

—Lo es, aunque algunas veces se ponga gruñón —sonrió Harry, haciendo que Draco también sonriera.

—Papá. Draco, estoy aquí —levantó la mano Albus, que ya estaba formando fila para comprar las entradas para la feria.

Harry y Draco se sonrieron por el entusiasmo del niño, antes de alcanzarlo.

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—Verdaderamente debo darle la razón, este mundo es muy loco —afirmó Ron, mientras se hacía a un lado para dejar pasar a un grupo de chicas demasiado ruidoso, que además lo señalaron y rieron más fuerte.

—Solo es cuestión de costumbre… aunque ciertamente no recuerdo que estuviera así de poblado antes —reconoció Lucius, tratando de encontrar entre la gran cantidad de gente una cabellera platinada como la de su hijo.

—Debemos ir a un lugar alto, de lo contrario no lo podremos ver —sugirió Ron y Lucius asintió.

—Al fin una buena idea, Weasley, ¿alguna opción?

Ron entrecerró los ojos, fastidiado porque cada cierto tiempo el señor Malfoy soltaba uno de esos comentarios, pero luego señaló hacia lo alto de una colina que parecía de metal.

—Eso parece… bastante alto —reconoció Lucius, mirando con curiosidad el aparato.

—¿Qué cree que será? —preguntó Ron.

—No tengo ni idea, pero vamos a averiguarlo.

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—Debimos haber previsto esto —negó Goyle, mientras miraba entre la marea de gente que tenía delante.

—No creo que Malfoy… ninguno de los dos, esté aquí, sería absurdo.

—Pero no imposible; supuestamente Lucius ha venido a buscar a Draco, él puede estar por aquí, buscándolo también —razónó Goyle mientras se empinaba, tratando de ver mejor —, en cuanto a Draco, no sabemos si sabe que lo están buscando, igual y puede estar por aquí deambulando sin sentido ni propósito.

—¿Y qué haremos cuando los encontremos? —preguntó Nott, con cierto pánico en la voz.

—Entregarlos —susurró Goyle, aunque no parecía convencido.

Nott no respondió y ambos avanzaron unos cuantos metros más, dejándose arrastrar por la marea de gente que los empujaba hacia la entrada de aquellas carpas y cosas extrañas que habían visto desde el cielo, cuando habían volado con sus escobas, aunque por la claridad del día y la cantidad de gente, les era imposible acercarse sin ser vistos.

—¿Y qué es esto, después de todo? —preguntó Nott, mirando alrededor y no comprendiendo porque todos lo empujaban.

—Mira, mira, allí lo dice —le dijo Goyle, jalándolo de la manga para llamar su atención.

FERIA REGIONAL
ELY
Juegos mecánicos
Payasos
Magos
Adivinos
… y mucho más.

—¿Allí dice magos? —preguntó Nott con algo de asombro.

—Ajá. Y adivinos.

—¿Serán… magos y adivinos de verdad?

Unos chicos se rieron cerca de ellos, después de escuchar su pregunta y Nott se sonrojó.

—No pueden serlo, es decir… ¿magos?

—Vamos a averiguar —sugirió Nott, empujando más al grupo de gente que tenía delante, para poder entrar a la feria.

Estaban ya en la puerta cuando un hombre alto y que tenía aspecto de rudo, los obstaculizó.

—Entradas —exigió, con cara de pocos amigos.

Goyle y Nott se miraron confusos.

—Entrada —repitió el hombre, mientras la gente los iba empujando.

—No tenemos… ¿entrada?

—Fuera —rugió el hombre, tomándolos de los brazos y empujándolos a un lado.

—Mierda, nos ha empujado —renegó Goyle, mientras observaba cómo los muggles entregaban unos papeles cuadrados y de colores al tipo que los había sacado.

—Esas deben ser las entradas —reconoció Nott, y con un pase de varita hizo dos réplicas de las que veían en las manos de la gente que iba ingresando.

—Ahora sí —asintió Goyle, tomando una de las entradas y dirigiéndose hacia la entrada nuevamente.

Nott suspiró con impaciencia, esperaba que realmente pudieran encontrar alguna pista en el interior de ese sitio tan raro.

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Sirius frunció el ceño al ver a Harry y Draco conversando tan animadamente, mientras Albus, en el centro, sujetaba sus manos y se balanceaba contento.

No había esperado que hubiera tanta empatía entre ellos y eso le preocupó más aún… ¿Qué acaso Harry no había dicho que deseaba pasar su vida con Hermione y tener una gran familia? ¿Acaso la aparición de este chico, además de todos los sobresaltos que le causaba, provocaría que Harry tambaleé en sus propósitos?

Dio un trago más a su poción multijugos y miró con atención, ya no solo a Harry y Draco, que se habían detenido delante de un puesto de tiro al blanco para ganar muñecos, sino también alrededor, vigilando a cualquiera con aspecto de mago fuera de lugar.

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Lucius guió a Ron a través de la gran cantidad de gente, hasta que estuvo al pie de lo que los muggles denominaban "Rueda de Chicago", el nombre le hizo gracia.

—¿Tendremos que hacer toda esa fila para poder subir? —preguntó Ron con cierto fastidio.

—Me temo que sí y que no tendremos mucho tiempo para mirar, a menos que la congelemos.

—¿Eso asustará a la gente? —preguntó Ron, observando a la gente subida en el aparato muggle.

—Probablemente —asintió Lucius, y una sonrisa retorcida se formó en sus labios.

Ron se encogió de hombros, después de todo no sería nada peligroso ¿verdad?

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—Nunca me llevaron a un sitio como este cuando era niño —razonó Draco, mientras recibía un muy extraño dulce que parecía de algodón, espero a que Albus lo empezara a comer para imitarlo —Uh… esto está rico, muy dulce —sonrió hacia Harry, que lo miraba de una manera rara —¿qué?

—Nada —se apresuró a contestar Harry, desviando la vista hacia otro lado, sintió sus mejillas calentarse un poco y le pareció raro eso de sonrojarse. Había encontrado fascinante la manera de actuar de Draco y se había detenido viendo el algodón de azúcar apresado por sus labios.

—Papá, vamos hacia los carruseles —pidió Albus, jalándolo de la manga.

—Claro —Harry tomó de la mano a Albus y Draco se apresuró a hacer lo mismo, le parecía que había demasiada gente alrededor y temía perderse o que el niño se perdiera.

—¿Dices que tu padre no te traía a estas cosas? —preguntó Harry, mientras se ponían en la cola para el carrusel.

—No, no había visto nunca algo así … solo el mundial de quidditch, creo que es lo más parecido a eso, pero claro, nosotros no teníamos que hacer fila para nada… Todos nos dejaban pasar.

—¿Eran importantes entonces? —preguntó Harry, algo confuso.

—¿Qué cosa es quidditch?

—Ah… es un juego —Draco se sintió un poco tonto, a veces se le olvidaba que esa gente no eran magos y que no lo entendían.

—Papá dice que uno debe hacer siempre la fila y no tratar de adelantar a nadie nunca porque no es correcto —continuó el niño.
Draco y Harry se miraron.

—Bueno, pero seguramente ellos si tenían permiso para ir delante —le explicó Harry a Draco.

—Sí, eso era, teníamos permiso para ir adelante —se justificó Draco rápidamente.

—¿Y exactamente de donde eres? —preguntó Harry, mientras Albus se soltaba un poco para ver los carruseles dando vueltas.

—De Surrey… de una parte lejana de Surrey.

—Ah —Harry frunció el ceño ligeramente —, mira sé que este no es el lugar ni el momento, pero realmente me preocupas. ¿No tienes a quién llamar para que vengan por ti? Si es que es en Surrey, te podría prestar para el tren… para que llegues a dónde sea que tengas a alguien que te ayude.

Draco suspiró y se entretuvo viendo sus botas, eran de piel de Dragón y eran muy resistentes, así como caras… se preguntó cuántos platos más de comida hubiera podido comprar para la gente que la familia de Ron cuidaba con el oro que gastó en ellas.

—Yo me las puedo arreglar solo —respondió.

—No te ofendas, pero no parece como si pudieras arreglártelas solo.

Draco se encogió de hombros, en realidad era muy cierto, el primer día que llegó había pernotado bajo la lluvia con un niño desconocido. De no haber sido por Harry, tal vez ya ni estaría vivo.

—Sí, doy esa impresión tal vez —recordó a Ron nuevamente, él también le había dicho eso una vez.

—Disculpa que parezca tan pesado, pero debe haber alguien, un amigo, una novia… —Draco lo miró fijamente un instante y luego desvió la mirada hacia el carrusel, mientras negaba.

—Este no es mi mundo, no es donde debería estar —contestó finalmente.

—Muchas veces pensamos eso, pero no es así… solo tienes que tratar de encontrar un lugar aquí, un lugar que te haga sentir seguro y confortable.

Draco apretó los labios, sin saber qué decir, por suerte en ese momento Albus volvió hacia ellos saltando contento, comentando que había un caballo negro al que se quería subir.

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Goyle y Nott entraron a la feria y se quedaron perplejos por la cantidad de gente y de cosas que habían allí, muchas luces y colores, todo era demasiado brillante.

—No tengo ni idea de por dónde empezar —susurró Goyle, algo asustado.

—No recuerdo nunca haber visto tantos muggles juntos —le comentó Nott, mirando alrededor, a los niños gritando y saltando por todos lados.

—Tal vez debamos empezar por encontrar al mago y al adivino, seguramente Draco irá allá si es que está aquí.

—No creo que sea un mago de verdad.

—Ya, y tal vez si lo es… no podemos asegurar de que nadie haya escapado en el momento del hechizo —reflexionó Goyle.

—Es cierto… si yo fuera Draco iría hacia allá.

—No hay que olvidar a Lucius. Él también podría estar aquí, y él sí es de temer, recuerda que fue campeón de duelo.

—Cómo olvidarlo… arrastró con todos durante la guerra.

Ambos empezaron a caminar.

—No hay que separarnos, hay demasiada gente por aquí —comentó Nott, pegándose más a Goyle, mirando alrededor los carteles y buscando el que indicara la presencia del mago.

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—Oiga, señor Malfoy —dijo Ron, mientras la fila avanzaba para que pudieran subir a la rueda de Chicago—¿usted sabe si esto es seguro? Esa chica acaba de vomitar —dijo, señalando a una chica doblada sobre un cubo de basura mientras un chico le palmeaba la espalda.

—Bueno… nosotros volamos en escobas, no le tenemos miedo a las altura —meditó en voz alta Lucius —¿usted le tiene miedo a las alturas?

—No… aunque solo he volado una vez en escoba —Ron sonrió —Draco me enseñó a hacerlo, hace tiempo…

—¿En serio? ¿Le enseñó? —Ron asintió —Vaya… Draco no suele tener ese tipo de carácter.

—Es un poco complicado a veces —admitió Ron.

—¿Un poco? A veces pienso que su madre y yo lo hemos engreído mucho.

—¿Mucho? —Ron soltó una risita —, demasiado sería el término adecuado.

—Pues… es nuestro hijo único, heredero de una gran fortuna, es normal que sea engreído —se justificó Lucius.

—Y tiene buen corazón —continuó Ron — cuando se enteró de que no solo éramos nosotros sino también la gente que hemos estado ayudando, dijo que me apoyaría… yo pensé que de vez en cuando haría algo para tener la conciencia tranquila, sin embargo se comprometió con la causa de una manera increíble… siempre tenía algo que dar, y no solo cosas, a veces venía con unas ideas…

—Aún no me ha dicho cómo es que usted y mi hijo…

—No le puedo decir cómo nos hicimos amigos, le prometí a Draco no decírselo a nadie.

—Y veo que cumple muy bien la promesa, ni sus padres o hermanos sabían nada.

Ron se sonrojó un poco y fingió mirar hacia la Rueda de Chicago con fascinación, aún le avergonzaba haber ocultado a Draco, y más aún que lo último que lo último que hicieron fue discutir sobre eso.

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—Harry, Harry —jaló de la manga Draco a Harry, mientras caminaban en busca de otro juego más para Albus.

Harry soltó una risita mientras miraba a Draco.

—¿Ocurre algo?

—Allí dice magos… —señaló temblorosamente hacia una carpa alta y de color verde. —Y es verde.

—Ah… los magos —suspiró Harry, mientras Albus comenzaba a saltar emocionado.

—¡Magos! ¡Magos! —Albus comenzó a agitarse un poco más —A Draco también le gustan los magos, vamos papá.

—¿No te gustan los magos? —preguntó Draco hacia Harry, con una extraña mirada.

—El papá de Draco también era mago, ¿verdad Draco? —continuó Albus, mientras jalaba a su papá y a Draco hacia la carpa del mago.

—¿En serio lo era? —preguntó Harry, Draco asintió lentamente —No es que tenga nada contra ellos… es solo que Albus debe entender que la magia no existe.

—¡Claro que existe! —dijeron a la vez Draco y Albus, Harry parpadeó confundido.

—Lo siento —susurró Draco —, no quise levantar la voz.

Harry sonrió un poco.

—No hay problema. Si Albus y tú quieren ir… —Harry suspiró vencido —, de acuerdo, vamos.

—Pero, papá, el mago se va dar cuenta que no crees en él —meditó Albus mientras caminaban. Draco soltó una risita.

—No lo creo —comentó Draco —, además no es un legerimens, es solo mago.

Albus y Harry lo miraron con el ceño fruncido.

—Olvídenlo —suspiró Draco, pensando en que debía hacer una lista de todas las palabras que debería evitar pronunciar.

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Sirius caminó detrás de ellos y frunció el ceño, normalmente Harry no llevaba a Albus a ver magos; cuando Harry era niño él le había repetido, tal vez demasiadas veces, que los magos y brujas no existían, como si de esa manera pudiera borrar su parte mágica.

La carpa era una de las más altas y grandes de la feria, en el frente tenía un letrero de madera que parecía muy antiguo y que tenía escrito "Vollmond#", alrededor había gente arremolinándose para entrar por la pequeña entrada hecha con solo partes de la carpa abierta.

—Vollmond —susurró Sirius, extrañado.

El interior era algo oscuro, al centro había un escenario y alrededor había gradas de metal que servían de asiento.

Ubicó a Harry,Albus y Draco al otro lado de la carpa y él se sentó para verlos directamente.

Poco a poco las gradas se fueron llenando de gente hasta que parecía que no cabría nadie más.

Sirius permitió pasar a muchas personas, aunque no se movió de su lugar hasta que una voz sin rostro les anunció que el espectáculo iniciaría y que todos permanecieran en sus sitios. Las luces se apagaron de golpe y una exclamación de asombro llenó la carpa. Sirius aprovechó el momento para dar un sorbo más a su poción y esperó.

Las luces de pronto se encendieron, dejando ver en el centro del escenario y a vista de todos, un hombre que parecía tener cerca de cuarenta años, vestido de frack blanco y con un sombrero de copa, además tenía una copa y lo que parecía una varita de utilería.

—Gracias a todos por asistir esta mañana —dijo la voz del hombre y un estremecimiento recorrió la espalda de Sirius, se inclinó más hacia adelante, como si así pudiera ver mucho mejor el escenario y al hombre que allí estaba parado.

—Hoy tenemos la ayuda de dos asistentes muy guapas, les damos todos un aplauso —siguió animando el mago, mientras dos mujeres aparecían, cada una por un lado del escenario, vistiendo trajes dorados y muy cargados.

Una de ellas se inclinó hacia el mago y éste le entregó la capa y luego el sombrero, dejando ver su cabellera castaña y su sonrisa amable.

Sirius soltó un jadeo y se echo hacia atrás sin creer lo que estaba viendo.

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Harry, Draco y Albus habían escogido un lugar muy cerca del escenario, y contemplaron el show con sentimientos diferentes, Harry con indiferencia, Albus con entusiasmo y Draco con un sentimiento que le apretaba el corazón.

No era muy bueno en las ramas de la magia que implicaban tener una gran sensibilidad o percepción, sin embargo si era capaz de reconocer cuando alguien estaba haciendo magia. Ese tipo de magia tan simple y hasta infantil que ni siquiera pretendía esconderse.

—Wow… va sacar algo de la caja —dijo Albus, poniéndose de pie para ver mejor, pese a que estaban bastante cerca.

—No son reales —susurró Draco, refiriéndose a las palomas que comenzaron a salir de la caja, una por una, volando alrededor para luego salir por el hueco del techo.

—¡Bravo! —aplaudió Albus, al igual que el resto del público, mientras una de las asistentes jalaba desde el fondo una caja más, esta vez para que alguien se metiera en ella, y el mago sacaba un grupo de espadas filosas y brillantes.

—Atravesaré la caja, con mi asistente dentro —anunció el mago con voz sedosa. Sacó de uno de sus bolsillos un pañuelo de tela y lo lanzó al aire, a continuación blandió la espada de tal manera que el pañuelo cayó sobre ella, partiéndose en dos partes. Todo el público soltó una exclamación de sorpresa —, con estas filosas espadas. Les pido su silencio para obtener la concentración necesaria.

—Eso no es real, Albus, no vayas a intentar atravesar a nadie con espadas —explicó Harry en un susurro, inclinándose hacia su hijo.

Draco, por su lado, estaba sentado al borde del asiento, mirando con atención lo que se disponía a hacer el mago.

En ese momento, y luego de hechizar a la persona de la puerta, Goyle y Nott entraron, y les sorprendió el silencio y la expectación.

—Allí hay un lugar —susurró Goyle, señalando un lugar cerca a Sirius.

—Vamos —asintió Nott.

Ambos se movieron con lentitud por entre la gente, hasta sentarse.

—Y ahora… —el mago invitó a una de sus asistentes a meterse dentro de la caja, pero no la cerró, la mantuvo abierta y la paseó alrededor del escenario, mostrándoles a todos que no había nada en el interior —, como ustedes pueden ver, es el interior de una caja común y… —sus ojos se detuvieron en Harry, y por un largo instante no supo qué decir o pensar.

—Merlín —jadeó el mago, parpadeando confundido, antes de negar con la cabeza y continuar. No era la primera vez que su mente le jugaba una broma.

Draco miró con el ceño fruncido hacia el hombre y luego a Harry, que parecía tan confundido como él.

—¿Lo conoces? —preguntó en un susurro Draco.

—No, para nada —negó Harry —, tal vez se ha confundido.

—… y que no hay ninguna cosa rara allí —continuó el mago, terminando de dar la vuelta al escenario.

Sirius, que se había inclinado más hacia delante para ver al hombre, se llevó una mano al pecho, incrédulo aún.

—Mira, ¿ese no es Draco? —dijo una voz delante suyo y Sirius dejó de mirar hacia el mago y bajó la vista, un par de gradas debajo de él estaban dos tipo señalando hacia Draco, y por consiguiente a Harry y Albus también.

—Mierda —gruñó Sirius —, ¿por qué justo ahora?

El mago empezó a cerrar la caja, explicando a todos que la atravesaría con las espadas y que no dañaría a la asistente. El público se mantuvo en silencio observando todo el procedimiento. Luego el mago les recordó a los niños que eso no era fácil de hacer y que no cualquiera podía hacerlo, y sobre todo, que no lo intentaran en casa.

Sirius ya no prestaba atención al espectáculo ni al mago, sino a los hombres que parecían cuchichear entre ellos.

—Oh… —exclamó la gente, mientras las primeras espadas atravesaban la caja. La asistente permanecía con una sonrisa radiante, como si nada la afectara, mientras el mago parecía bastante concentrado.

—Debemos movernos hacia allá —murmuró Goyle —, ahora que todos están viendo al tipo ese.

—¿Tú también lo sientes, no? —preguntó Nott y Goyle le dio una mirada extrañada.

—¿La magia? Sí —admitió Goyle, mirando al escenario —este debe ser alguno de los que escapó en el primer momento del hechizo… no tenemos tiempo para capturarlo.

Nott asintió y se puso en pie, seguido de Goyle; ambos empezaron a caminar lentamente, entre las bancas, hacia la columna en al que Harry, Draco y Albus estaban.

—Por poco —masculló Sirius, que había intentado hechizarlo y se habían movido un instante antes y ahora trataba de medir las probabilidades; no podía acercarse a Harry y Draco y decirles que alguien los estaba buscando y que deberían irse a casa, menos empezar a lanzar hechizos para defenderlos delante de los muggles, porque tendría que explicarle todo a Harry y eso era algo que no quería hacer. Maldita la hora en que Draco había aparecido.

Draco seguía mirando fijamente el escenario y entonces el ruido de alguien empujando a alguien y un quejido llamó su atención, miró hacia uno de los lados y soltó una expresión de pánico cuando vio que se trataba de Goyle y Nott, vestidos de muggles, y seguramente buscándolo, estaban empujando a la gente de la fila en la que estaba sentado y pronto llegarían hasta él.

—Harry… debo irme —explicó rápidamente Draco, poniéndose de pie.

—¿Irte? —susurró Harry, observando a Draco ponerse de pie y apartando por fin la mirada del mago.

—Lo siento —replicó Draco mientras se movía de su sitio, algunos lo mandaron sentar y callar; al extremo de la fila vio a Nott y Goyle cada vez más cerca, aunque eran constantemente interrumpidos por los reclamos de los muggles.

—No, espera, ¿qué pasa? —preguntó Harry, tomando del brazo a Draco para evitar que se fuera, Albus giró hacia ellos y les hizo un mutis, que ambos ignoraron.

—Es complicado… por favor —insistió Draco, mientras miraba nuevamente hacia el lado, Goyle y Nott estaban más cerca y ahora eran conscientes de que Draco sabía que estaban allí.

—¿Cuál es el problema? —preguntó Harry, poniéndose en pie también.

—¿No pueden callarse? ¿O ir a pelear sus tonterías de pareja afuera? —les dijo una señora detrás de ellos.

—Usted no se meta —chilló Harry, molesto por el comentario.

Goyle y Nott trataron de esquivar más gente y llegar hasta donde estaba Draco, aunque en ese momento ya había varias personas debatiendo la mirada entre el mago y ese sitio de las gradas.

—¿Qué haré ahora?—pensó Sirius, mientras se ponía de pie también, escuchó a alguien atrás bufar, pero lo ignoró y caminó también hacia las bancas donde Draco y Harry estaban.

—¡Quédate quieto, Draco! —gritó entonces Goyle, levantando la mano, la gente que estaba alrededor de ellos los mandó callar, pero para ese momento ellos ya estaban desesperados, no podían perder a Draco de vista.

—¿Ellos te están persiguiendo? —preguntó Harry, alarmado, mientras soltaba a Draco y agarraba a Albus de una mano.

—Lo siento… lo siento en serio, no sabía que…

—¡Quieto he dicho! —volvió a gritar Goyle y Draco hizo una mueca.

—Lo siento —repitió Draco, antes de empujar un poco a Harry y avanzar entre las gradas, tratando de llegar a la salida.

—Señores, por favor —pidió el mago, que también había detenido su espectáculo para ver lo que pasaba en las gradas.
Sirius iba corriendo para tratar de detener también a los que querían agarrar a Draco, y en su camino iba sembrando más desorden y caos.

—Se les pide permanecer en sus asientos —dijo una voz potente en off a la que nadie, por supuesto, escuchó.

Todo el mundo se puso en pie y empezó a mirar con atención como el chico rubio trataba de alcanzar la entrada, seguido de dos hombres más y de un tercero que iba rezagado.

—Señores, calma por favor —insistió el mago, pero entonces la desesperación de Nott lo echó todo a perder.

—¡Inmobilus! —gritó, apuntando a Draco, no le dio por poco. Sin embargo el hechizo ocasionó un fogonazo, lo que hizo que la gente empezara a gritar alarmada que uno de ellos tenía una pistola. El caos se desató inmediatamente.

—¡Papá! —chilló Albus asustado, mientras Harry lo levantaba en brazos y trataba de llegar a la salida sin ser aplastado por la gran cantidad de gente que se movía en ese momento.

Draco trató de avanzar más a prisa, pero en cuanto toda la gente se puso en pie e intentó llegar a la salida a la vez, fue empujado y obligado a retroceder, hasta que alguien lo empujó más fuerte aún y lo hizo caer entre las gradas, en donde, decenas de pies, en su afán por salir a prisa, lo fueron golpeando, sin dejarle oportunidad a que se levante; tan solo rodar hasta quedar debajo de una de las bancas, cubriéndose la cabeza y rogando porque no lo encontraran y no lo golpearan más.

—Imbécil —bramó Goyle, mientras trataba de empujar a la gente para salir también y tratar de ubicar a Draco en medio de toda esa multitud que corría desesperada.

—Lo lamento, lo lamento —chilló Nott, empujando a todo el que podía con tal de avanzar.

Sirius iba detrás, con la varita discretamente oculta en la manga y listo para atacar, levantó a un par de niños a los brazos de sus padres y trató de avanzar sin perder de vista a los mortífagos, había visto a Harry avanzar con Albus en brazos y confió en que llegarían con bien a la salida, después de todo ya se habían separado de Draco y no era a ellos a los que buscaban.

Por otro lado, el mago, desde el centro del escenario, trataba de pedirle a la gente que saliera en calma y en orden, aunque por supuesto era completamente ignorado.

Hizo desaparecer a sus asistentes y, cerciorándose de que nadie le preste atención, de la varita de utilería que usaba para el show, sacó otra varita, de forma un poco más tosca, la agitó con maestría y la entrada de la carpa se hizo mucho más amplia, permitiendo la salida de más gente a la vez.

Tanto Goyle, Nott y Sirius voltearon a la vez hacia el hombre en cuanto sintieron el hechizo; el mago los miró de manera amenazadora, sin bajar la varita.

Sirius negó con la cabeza, primero tendría que asegurarse de que Harry estuviera bien, luego ya vería qué más hacer.
Goyle y Nott ni siquiera intercambiaron una mirada de entendimiento; ambos sabían cuál era la prioridad y debían seguir buscando a Draco.

—¡Draco! —gritó Albus, jalando de la manga a su papá para señalarle un espacio pequeño entre dos gradas donde se veía una cabellera rubia.

—¡Dios mío! —exclamó Harry, observando que se trataba de Draco, pero no sabiendo cómo hacer para sacarlo de allí, estaban rodeados de gente, tratando de llegar a la salida, al igual que todos.

—Sácalo de allí, papá, sácalo —gritaba Albus, empezando a llorar.

Harry se quedó quieto un momento, y entonces alguien lo empujó, haciéndolo perder equilibrio, y otra persona más lo empujó también y para el tercer empujón se encontró cayendo con su hijo en brazos. La caída era inminente y lo único que se le ocurrió fue maniobrar para no caer encima del niño, sin embargo había tan poco espacio, que eso era imposible, pero entonces pasó una cosa extraordinario, "algo" los hizo flotar a solo centímetros del piso, y luego los levantó por sobre toda la gente. Albus se aferró mucho más fuerte a su cuello y soltó un quejido mientras él simplemente se quedó quieto, sin poder articular ningún sonido, observando a la gente debajo de él corriendo y mirándolos con asombro.

En ese momento la gente se volvió más histérica, al ver a Harry y Albus levitando hacia el centro del escenario, y empujó mucho más fuerte para salir.

Sirius tuvo el corazón en la mano todo el tiempo que duró la levitación de Harry y de Albus y supo que, a menos que les borrara la memoria, no tendría otra opción más que explicar las cosas. Consultó su reloj, en diez minutos acabaría el efecto de la poción multijugo.

—¡El mago está haciendo magia! —gritó Nott, enfadado hacia Goyle, ambos se valían de brazos, codos y empujones, para tratar de llegar a la salida y ver hacia dónde había corrido Draco.

—¡Olvídalo, necesitamos a Malfoy! —respondió Goyle sobre los gritos de los demás.

—¿¡Qué demonios acabas de hacer! —exclamó Harry, apretando a Albus contra su pecho y mirando hacia el hombre con algo de miedo, pero sin estar dispuesto a demostrarlo.

—¿Cómo te llamas? ¿Eres Potter? —preguntó entonces el mago, su mirada paseó por todo el rostro de Harry y luego por el resto de su cuerpo.

—Eso a usted no le importa —replicó Harry con los ojos entrecerrados.

—Sus ojos… —el mago se llevó una mano a la boca y luego retrocedió unos pasos —, eso no es… no es posible —murmuró.

—Papá, Draco… por favor, Draco —lloriqueó Albus, jalando el cabello de Harry para que le prestar atención.

Harry miró hacia el punto donde la gente corría, era imposible ver a Draco desde allí.

Y entonces lo notó. Nadie, ninguna persona, pasaba por el centro del escenario, todos parecían bordear el lugar.

—¿Qué es lo que está pasando? —preguntó Harry, retrocediendo nuevamente.

—¡Papá! —chilló Albus, importándole más Draco que lo que acababa de suceder.

—Espera —trató de tranquilizar Harry a su hijo, sin dejar de mirar al mago, que lucía cada vez más pálido.

—Pero, Draco…

—Lo ayudaremos, pero en este momento no hay nada que podamos hacer por él, Albus.

—¿Albus? —exclamó el mago.

Albus dejó de llorar y patear a su padre y miró hacia el mago, confundido.

—¿Te llamas Albus? —le preguntó el mago.

—Sí, seño, Albus Smith —afirmó el niño —, y queremos que ayude a nuestro amigo… está allá —señaló Albus con la mano hacia uno de los lados de las gradas.

—Albus, no le pidas cosas —negó Harry, alejándose un poco más.

—No te alejes más —advirtió el mago hacia Harry, extendiendo la mano.

—¿Por qué no? Aún no me ha contestado nada, ¿cómo hizo todo eso? ¿Qué es lo que está pasando?

—Te lo puedo contestar… creo —el mago entrecerró los ojos —, ¿nunca habías visto algo así?

—El no sabe nada —dijo entonces la voz de Sirius, que se había acercado por uno de los lados, ya con su aspecto normal.

Tanto el mago, como Harry y Albus voltearon a verlo, experimentando diferentes emociones.

—Sirius —exclamó Harry.

—Él no sabe nada, Remus —repitió Sirius, colocándose junto a Harry y poniendo una mano en su hombro.

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魅了
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Lucius y Ron pasaron la primera vuelta en medio de un gran shock, Rongritó muy fuerte, tanto que pensó que su garganta quedaría seriamentedañada para siempre; Lucius, por su lado, acostumbrado a guardar la compostura, sesujetó lo mejor que pudo a la baranda y apretó los labios firmemente,de él no saldría un solo grito. ¡Ni uno solo!

Para la segunda, tercera y... En fin, ninguno de los dos pudo contarcuantas vueltas más, la sensación fue peor, y antes de darse cuenta,el turno había terminado y eran obligados a bajar.

—Esa fue una mala, mala idea —murmuró Lucius, de reojo vio a Ron y se preguntó si es que vomitaría. Si tan solo no se sintiera igual, se burlaría de él.

—Yo... —Ron tragó y se sintió peor aún —un minuto —masculló finalmente, poniéndose una mano en la boca y corriendo hacia el primer bote debasura.

—Merlín, Weasley ¡Contrólese! —exclamó Lucius frunciendo el ceño.

—Desagradable —comentó un hombre que iba pasando por allí junto a su familia.

—Estoy de acuerdo con usted —afirmó Lucius, en tanto Ron se enderezabapor fin. Se veía terrible.

—No le encuentro la diversión —negó Ron con la cabeza, mirando haciala rueda y sintiendo un escalofrío.

—Supongo que... —Lucius miró hacia la rueda y torció el labio alescuchar a los muggles que estaban allí gritar como si realmentefueran a caer —los muggles le encontraran sus encantos.

—Debemos buscar otra forma —suspiró Ron, pero antes de poder decir ohacer algo más, Lucius sacó su varita —¿que...?

—Está apestoso —Lucius frunció el ceño y Ron notó cuán parecido eraDraco a su padre —y no puedo andar con alguien así.

Ron sintió el efecto de la magia sobre su cuerpo y suspiró.

—Gracias —susurro Ron, sintiéndose más fresco.

—De nada —asintió Lucius y Ron soltó una risita.

—Es usted demasiado ceremonioso, señor.

—¿No te han dicho nunca que son solo modales? —reclamó Lucius, con un tono de impaciencia.

—Sí —sonrió Ron tontamente —, alguien me lo dijo — y no pudo dejar de pensar en Draco, de recordar los buenos momentos que habían pasado antes, las largas conversaciones acerca de la vida que cada uno llevaba, de la forma en que Draco parecía tan animado a ayudarlo pese a que no tenía la necesidad de hacerlo… Las veces que Draco lo molestaba…

—Creo que debemos ponernos en movimiento de una vez, no hacemos nada aquí parados.

—Tendremos que buscar otro sitio… un lugar alto y… —Ron miró hacia la parte más alta de las carpas —¿y si subimos allí? —señaló hacia una de las carpas de colores llamativos.

—¿Cómo pretende que subamos?

—¿Magia?

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魅了
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Draco sentía la cabeza darle vueltas, le parecía imposiblemente largo el tiempo que llevaba escondido allí, siendo golpeado por las tablas en su espalda conforme la gente corría desesperada hacia la salida y casi ya no le importaba si es que eran Nott y Goyle padre quien lo encontraban, con tal de que lo sacaran de ese sitio tan asfixiante.

¿Tan tonto había sido de creer que el Lord no mandaría a buscarlo? Aunque le parecía ridículo que mandara a dos de sus mejores hombres por él, cuando no representaba una amenaza en absoluto para él, pues no era más que alguien que había roto las reglas establecidas.

Y entonces sintió un golpe de magia que lo hizo jadear, su cuerpo entero se endureció y quedó completamente inmóvil.

—Ya me han atrapado —pensó —, su padre le decía que algún día, cuando herede el negocio familiar, tendría que tener la cabeza muy fría para actuar. No creía que Nott y Goyle lo mataran, seguro lo llevarían donde el Lord primero, y debía mantenerse impasible y con la cabeza fría, después de todo él no sabía nada, ni el paradero de Ron, ni el de su madre. Ellos al menos estarían a salvo.

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魅了
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—Creo que me volví loco —murmuró Harry, mientras, aún teniendo en brazos a Albus, que estaba extrañamente silencioso, observaba con los ojos abiertos como todo el mundo alrededor quedó inmóvil. Y para más sorpresa, por manos de su propio padrino.

—Ellos han puesto un hechizo antidesaparición, no podremos salir más que caminando —le explicó Sirius a Remus, obviando las preguntas de Harry por ahora.

—Vamos por ese chico… Malfoy, ¿es el hijo de Lucius y Narcissa? —preguntó Remus, frunciendo un poco el ceño.

—Me temo que sí.

—¿Conoces a Draco entonces? ¿Por qué no lo dijiste? —increpó Harry, plantándose delante de su padrino —¡Y deja de ignorarme!

—Igual a su padre —suspiró Remus.

—¿Lo conocías?

—Harry, debemos enfocarnos, ¿de acuerdo? —le dijo Sirius a Harry —, debemos salir de aquí, y creo que… bueno, tal vez deberíamos llevar a Draco con nosotros también.

—¿Qué te hizo cambiar de opinión? —le preguntó Harry, mirando nuevamente a la gente detenida y luego a su padrino.

—Si ellos lo persiguen —Sirius inclinó la cabeza hacia donde probablemente Nott y Goyle estaban —, entonces él no puede ser uno de ellos.

—¿De ellos?

—Solíamos llamarles mortífagos en esa época… —suspiró Remus, su voz sonaba apagada.

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魅了
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