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HUIDA

—Señor —gritó Ron, aunque mediante un hechizo habían podido hacer que sin necesidad de gritarse, se pudieran escuchar entre ellos —¿Es normal ver a un gran grupo de muggles salir corriendo de una de las carpas?

—¿Qué? —exclamó Lucius, mirando alrededor.

—Y vienen hacia aquí, mejor será que se ponga a buen recaudo —Ron miró en todas direcciones, la feria ocupaba varias calles y las carpas eran altas y coloridas. Una de estas carpas estaba abierta y por allí a tropel y gritando, salían muchos muggles. Ron empezó a estar asustado. —Señor, sería mejor que suba porque…

—¿Cómo que vienen a tropel?

—Muchos de ellos. Algo está pasando allá y…

Y entonces el caos se desató en el resto del lugar, alguien empezó a gritar que estaban disparando en la carpa de magia y lo siguiente que pasó fue que todo el mundo corría como loco en busca de las salidas más cercanas.

—Ascendio —gritó Lucius rápidamente y se elevó hasta estar a la altura de Ron, que lo sujetó y ayudó a bajar y acomodar entre los pliegues de la gran carpa.

—Hacia allá, mire —señaló Ron hacia el frente.

Lucius y él observaron de pronto como la gente que corría fuera de la carpa dejó de salir, pero afuera el alboroto ya se había armado, así que nadie prestó atención a un grupo de personas a medio camino, congeladas.

—¿Alguien está haciendo magia? ¿Cómo es eso posible? —murmuró Lucius, con pánico.

—¿Será el Lord?

—Créame, señor Weasley, si el Lord estuviera aquí, ya hubiera arrasado con todo este lugar. No, no se trata del Lord, es uno de los nuestros… es decir, de los suyos… del Lord —se corrigió Lucius.

—¿Y ahora qué haremos?

—Si ellos están aquí es porque ellos saben o sospechan que Draco está por aquí cerca.

—Tal vez lo tienen adentro.

—No lo creo, han creado un campo Antidesaparición —Lucius torció los labios —, lo noté hace un minuto, cuando intenté aparecerme cerca de la carpa.

—No se ve seguro ir caminando hacia allá.

—Creo que nadie nos verá si es que nos movemos a base de hechizos —Lucius miró hacia abajo, el caos era cada vez peor.

—No le comprendo —negó Ron, mirando con curiosidad al señor Malfoy.

—Tollere supernatet —Lucius apuntó hacia un sorprendido Ron, y lo hizo elevarse por los aires hasta la siguiente carpa, a muchos metros de distancia.

—¡Diantres! —gritó Ron, agitando los brazos y las piernas, mientras era tomado sorpresivamente por el hechizo. Cuando sus manos tocaron la siguiente carpa, se aferró a ella con fuerza.

Lucius efectuó otro hechizo y se lanzó a sí mismo hacia la carpa donde Ron lo esperaba.

Dieron una mirada más a la multitud, nadie parecía prestarles atención; habían aparecido además hombres uniformados que trataban de hacer que la gente saliera en orden, aunque no muchos los escuchaban.

—Uno más —dijo Lucius, levantando su varita.

Ron asintió resignado y se dejó elevar hacia la siguiente carpa.

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魅了
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—¿Yo también puedo hacer eso? —la voz de Albus se dejó escuchar por primera vez en un largo rato. Harry lo miró como si recién reparara en él.

—No creo que… ni siquiera sabemos qué están haciendo —replicó Harry, observando a Sirius y Remus moviendo a las personas para llegar al fondo del lugar, donde debajo de unas bancas, Draco permanecía oculto.

—Se llama magia, papá, es magia —replicó Albus, por un instante intentó soltarse del agarre de Harry, pero este lo asió con más fuerza aún.

—Ni lo pienses, aquí te quedas.

—¡Qué aburrido! —Albus se intentó cruzar de brazos y fruncir el ceño —, abuelito está haciendo todo lo divertido.

Harry arrugó la nariz, mientras observaba a Sirius y Remus, a punta de varitas, mover a la gente para pasar.

—Bueno… eso es cierto —tuvo que aceptar.

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魅了
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—¿Vendrás con nosotros? —preguntó Sirius a Remus en un susurro, cuando estuvieron lo suficientemente lejos de Harry y Albus.
Remus le dio una larga mirada, antes de volver la vista hacia el trabajo que realizaban.

—Tengo tantas preguntas… tantas cosas que decirte, y que reclamarte, que sí, que lo haré.

—Puedo explicar todo.

—Lo imagino —Remus volteó a ver a Harry y Albus y sonrió un poco —, es idéntico a James…

—Pero tiene mucho del carácter de Lily —mencionó Sirius.

Ambos avanzaron un poco más y por fin pudieron ver la cabellera platinada de Draco entre unas tablas que antes seguramente habían sido una banca, pero que ahora estaban rotas por haber sido pisadas demasiadas veces.

—Y este chico… ¿Un renegado?

—Ni idea, hace mucho que perdí contacto con el mundo mágico, no sé cuál es la política ahora; él no ha mencionado mucho de la magia tampoco, ni sobre su vida; simplemente apareció hace unos días y hasta esta mañana esperaba que pudiera largarse de casa y ya, pero creo que ya nos hemos metido en problemas.

—Y de qué modo —suspiró Remus, mirando alrededor, no pudo evitar sonreír.

Y Sirius sonrió también, con añoranza.

—Vamos, antes de que la buena suerte nos deje de ayudar.

Ambos jalaron el cuerpo de Draco, que estaba completamente inmovilizado, aunque con los ojos en movimiento, pareció algo asustado cuando se dio cuenta que Sirius era quien lo jalaba.

—¿Qué le han hecho? —preguntó Harry, que se había acercado un poco más con Albus en brazos y observaba preocupado el aspecto de Draco.

—Nada que no se remedie pronto. Debemos tener un plan —afirmó Sirius, mientras por fin se alejaban un poco de la gente que había quedado inmóvil.

—Y la desaparición no es lo más apropiado —Remus frunció el ceño —tengo otra ruta, es para los artistas, es por detrás, tendremos que ir por allá.

—De acuerdo, te seguirnos.

—¿Y Draco?

—Tendrá que correr con nosotros —Sirius lo levitó y empezaron a caminar hacia donde Remus los guiaba, el centro del escenario. Debajo de la tarima que usaba Remus había un piso falso, que llevaba por un estrecho camino hacia una de las salidas laterales.

Todo estaba oscuro y solo alumbraban Sirius y Remus con sus respectivas varitas.

—Yo también quiero hacer eso —le dijo Albus a Harry en un susurro.

Harry no quiso admitir que en el fondo a él también le hubiera gustado hacerlo.

—Ahora debemos a volver a la normalidad a Draco —susurró Remus, cuando estaban cerca de la salida hacia el parque —, luego de eso quiero que todos nos mantengamos juntos y corramos hacia el norte, donde está la salida de artistas; debe estar bloqueada, pero Sirius y yo nos encargamos de desbloquearla. ¿De acuerdo?

Sirius miró a Draco y esperó que hubiera captado el mensaje.

—Luego, Harry y yo los guiaremos hacia casa —Sirius levantó la varita —, solo no se despeguen de nosotros.

—De acuerdo —asintió Harry, apretando un poco más fuerte a Albus entre los brazos.

—Yo también puedo correr —murmuró Albus tratando de zafarse.

—Ni lo creas, Albus —negó Harry, apretándolo más.

—Tu padre tiene razón —amonestó Sirius —, no es nada prudente que salgas tu corriendo. Haz caso.

—No soy tan pequeño —siguió protestando Albus, mientras se agitaba en brazos de Harry, que parecía a punto de perder la paciencia.

—¡Albus! Ya vasta —le dijo Harry, apartándolo un poco para verlo a la cara, el niño estaba poniéndose rojo de rabia.

—Deberías fijarlo con un hechizo —propuso Remus y Albus y Harry voltearon a mirarlo, uno asustado y el otro interesado por la idea.

—Papá, no, ya no me muevo, pero no me pongan un hechizo.

—¿Qué tipo de hechizo? ¿Cómo el que le han puesto a Draco?—preguntó Harry.

—No, nada de eso, es uno para que no se caiga —Sirius miró a Harry con genuino interés —, no le provocará ningún daño; es más, ahora que lo pienso, sería lo mejor.

—De acuerdo —asintió Harry, y luego miró a los ojos a Albus —, sabes que te quiero y no deseo que te pase nada mal ¿De acuerdo?

Albus apretó los labios.

—Solo será como cuando eras más pequeño y te llevábamos en la silla del coche ¿te acuerdas? —le animó Sirius —, solo era para que no te caigas.

—Ajá…— Albus miró a su abuelo con una mueca —, ¿luego me dejas jugar a hacer luces con tu varita?

—Claro que sí, enano —sonrió Sirius, y antes de que alguien se pudiera arrepentir, le lanzó un hechizo canguro, como el que solía usar con Harry cuando era pequeño.

—Bien, ahora tú —dijo Remus hacia Draco, y agitó la varita para poder descongelarlo.

Draco recibió el hechizo como a quien le dan una bocanada de aire luego de haber estado bajo el agua demasiado tiempo, e inmediatamente se puso en guardia.

—¿Quiénes son ustedes? —preguntó, pegándose hacia la pared —¿Por qué pueden hacer magia? Se supone que todos los magos están encerrados.

—Cálmate, no tenemos tiempo para esto —levantó la voz Sirius.

—Creo que lo mejor será movernos… —propuso Harry, sintiéndose aliviado de que Draco estuviera bien.

—Pero como… ¡Eres un mago! —acusó Draco a Sirius, quien puso los ojos en blanco.

—Vaya genio.

—No te burles. No deberías poder hacer magia. Nadie aquí debe poder hacerla.

—Pues entonces imagina que no es magia —sonrió Sirius de manera burlona.

—Sirius… —advirtió Harry, que pensaba que Sirius se estaba pasando un poco con Draco.

—Mira, Malfoy, eso te lo explicamos luego, si quieres, puedes seguirnos, sino, te puedes quedar aquí y lidiar con tus problemas…. Deberíamos dejarte, sobre todo porque tú eres el que ha traído todos los problemas a nuestra casa.

—Yo no… —Draco miró a Harry y Albus, y luego hacia el otro lado, hacia donde sabía Nott y Goyle estaban inmovilizados, esperando para capturarlo.

—Vamos, Draco, vamos a casa y nos pondremos a salvo —le pidió Harry y Draco sintió que no podía decir que no.

—De acuerdo.

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魅了
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—Mire hacia allá, señor Weasley —señaló Lucius, mientras observaba hacia el lado opuesto de donde la gente corría, un pequeño grupo de tres hombres corriendo a toda velocidad.

—¡Es Draco! —gritó Ron —¡Draco!

—No creo que lo pueda escuchar… ¡Merlín! Se nos tenía que perder ahora… ¿Y con quiénes está?

Ron frunció el ceño.

—Tal vez ha hecho nuevos amigos… a él no le es difícil hacer nuevos amigos normalmente —meditó Ron.

—Debemos salir de aquí… ¡Maldita sea quien haya puesto el hechizo antidesaparición!

—Vamos a intentar seguirlo, tendremos que usar su hechizo hasta que ya no hayan más carpas —sugirió Ron.

Lucius asintió y elevó a Ron una y otra vez, mientras veían a Draco y un grupo de personas correr hacia el lado opuesto de la gente. Cuando Lucius y Ron llegaron por fin a la altura de la entrada, Draco y sus acompañantes habían corrido ya varias calles abajo.

—Los vamos a perder —exclamó Lucius, con furia y sin pensarlo mucho, lanzó a Ron hacia el techo de una casa cercana.

—¡No debe hacer esto sin avisar! —gritó Ron, aún en el aire y preparándose para caer.

Cuando sus pies tocaron el techo polvoriento, por un momento estuvo desorientado, y tuvo que dar una vuelta completa para ubicar a Draco entre las diversas calles. Ahora lo veía mejor incluso, corría junto a tres hombres más y uno de ellos cargaba un niño. Los vio avanzar varias calles y luego dar la vuelta a la izquierda.

Para cuando Lucius apareció, ya los había perdido de vista.

—¡Oigan ustedes! ¡Ladrones! —gritó la voz de una anciana desde la acera —¿Qué hacen en mi casa? ¡Bajen, bajen! Voy a llamar a la policía.

—¿Qué es la policía? —preguntó Ron, sonrojándose violentamente por los gritos de la vecina.

—Aurores muggles —explicó secamente Lucius —¿Qué tal se le dan los hechizos obliviadores?

—Pues… no estoy seguro —respondió Ron, con una mueca por los gritos de la señora.

—Entonces es hora de practicarlos.

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魅了
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Goyle y Nott cayeron hacia delante en cuanto el hechizo de inmovilización se terminó; y junto a ellos cayeron muchas personas más, creando un laberinto terrible entre brazos, piernas y diversos intentos de ponerse de pie.

—¡Maldita sea! —bramó Goyle, saliendo de la carpa y sujetando a Nott de un brazo para no perderlo en la marea de gente que era guiada hacia las salidas más cercanas.

—Malfoy es un gran irresponsable, ha hecho una gran cantidad de magia delante de todos esos muggles —protestó Nott, agitado.

—¿En verdad crees que fue él?

—Bueno, evidentemente tuvo ayuda, eso sí —aceptó Nott —, pero ahora, ¿cómo vamos a dar con él?

—Supongo que tratando de rastrear magia. No debe andar lejos además.

—Eso espero —suspiró Nott.

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Draco sintió que le faltaba el aire y una punzada en el costado, pero aún siguió corriendo, siguiendo a Harry y Sirius por un serpentín de calles que no habían recorrido para ir a la feria en la mañana. Aún así Draco no se quejó, de reojo miraba al otro hombre, al mago, y pese a tener las mejillas rojas y el cabello alborotado, se veía sumamente animado.

Por fin llegaron a la calle donde la casa de Sirius estaba y Draco se dio cuenta que todo había sido para dejar pistas equivocadas a los que los estaban siguiendo. Pese a todo, Sirius no le caía tan mal, al menos era listo.

—Entren —ordenó Sirius, abriendo la puerta de un empujón y manteniéndola abierta para ellos; cuando Draco pasó a su lado, ambos intercambiaron una mirada de cautela.

Harry dejó que Sirius, luego de cerrar la puerta, le quitara el hechizo, Albus había permanecido todo ese tiempo en un extraño mutismo y Harry comenzaba a preocuparse.

Albus saltó al piso en cuanto sintió la magia tocándolo, y movió sus brazos y piernas contento.

—¿Ahora me dejarás hacer luces de colores? —pidió Albus a Sirius, pero este no le hizo mucho caso, de pronto el ambiente en la sala de estar parecía más tenso que nunca.

En una esquina estaba Remus, mirando las fotografías familiares; junto a la ventana Draco espiaba por un filo de cortina mientras Harry observaba a Sirius con reproche.

—Ahora no, Albus —le contestó Harry, tomándolo nuevamente de la mano.

—Pero, papá, nunca me dejas hacer nada divertido.

—Claro que te dejo hacer cosas divertidas —protestó Harry. Albus se cruzó de brazos y Harry arqueó una ceja, lo que hizo que el niño desistiera de su probable pataleta.

—Bien, ya que estamos, necesito que vayas a tu cuarto, te avisaré cuando la cena esté lista.

Albus pareció intentar un nuevo berrinche, pero Harry lo detuvo.

—Te pondré el video juego para que te entretengas.

El rostro de Albus resplandeció.

—¿En serio?

—Sí, vamos —animó Harry.

—Yo lo enciendo, desde aquí —atajó Sirius, cuando Harry se disponía a subir. Harry le dio una mirada confundida, aunque luego entendió y asintió.

Todos observaron a Albus subir las escaleras a gran velocidad y no fue hasta que se perdió de vista, que todos se miraron las caras.

—¿Ahora sí me puedes dar una explicación? —exigió Harry hacia Sirius.

—Yo también quiero una explicación —dijo Remus, dejando de observar las fotografías y mirando a Sirius.

—Y yo quiero saber por qué los mortífagos te están persiguiendo —preguntó Sirius hacia Draco.

—Pues yo quisiera saber por qué puedes hacer magia… ¿Qué es lo que ha estado pasando aquí? —cuestionó Draco, mirando hacia Sirius y Remus —¿tú por qué no puedes hacer magia? —preguntó hacia Harry.

—No lo sé —dijo hacia Draco. —Sirius, estoy esperando una explicación —replicó Harry.

—Creo que todos necesitamos un trago —suspiró Sirius finalmente.

—¡Pero si apenas son las tres de la tarde! —protestó Harry.

—No importa, él tiene razón —asintió Draco.

—Sí —secundó Remus —, será una larga charla, de eso no hay duda.

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