5
LO QUE EMPEZÓ HACE 26 AÑOS…

Lucius y Ron habían vuelto al hotel en el que habían "rentado" la habitación la noche anterior, no les fue difícil volver a embrujar al muggle para que los dejara entrar nuevamente. Ambos estaban agotados y además molestos porque Draco se les había escapado de las manos por poco.

—¿Será gente buena la que está con él? —preguntó Ron en voz alta, mirando por la ventana hacia la calle, cada vez más oscura. Al fondo se podía ver la feria, ahora rodeada de gente vestida, algunos de azul, otros de rojo, y rodeando todo con cintas amarillas.

—Quiero creer que sí, al menos no son mortífagos —contestó Lucius en voz alta, mirando a la televisión y las escenas de un aparatoso incidente en la feria, donde todos habían salido corriendo aún sin saber a ciencia cierta porqué, pues algunos decían haber escuchado disparos, pero no había heridos ni pruebas de balas.

—No entiendo ni la mitad de lo que dicen —suspiró Ron, mirando un momento a la televisión con cierto fastidio.

—Yo tampoco —admitió Lucius —, será mejor que vayamos a descansar, mañana podremos empezar a buscar en las calles en que vimos a Draco.

—¿Usted cree que esté cerca?

—No nos queda otra opción más que creerlo, señor Weasley.

Ron recién notó que el señor Malfoy había conseguido una botella pequeña de lo que parecía whisky y que le daba un trago largo, casi terminándola por completo.

—Seguro que mañana lo encontraremos —le animó Ron, sonriendo un poco —, no se preocupe, él está bien ahora.

Y Lucius verdaderamente le quiso creer.

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魅了
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—¡Esto duele! —se quejó Goyle con fastidio mientras Nott aplicaba un hechizo en su pierna.

En el último momento, antes de poder al fin salir de la carpa, una mujer lo había empujado con fuerza para salir y le había golpeado la pierna contra un fierro torcido y puntiagudo, haciendo que su pierna sangrara.

Habían rechazado la ayuda de los muggles, vaya a saber Merlín qué cosas le pondrían para curarlo, y ahora estaban en un callejón, donde habían levantado un par de hechizos anti muggles, los únicos que podían recordar de tiempos en que se tenían que proteger de ellos.

Nott estaba haciendo lo posible por hacer que Goyle se sienta mejor, aunque no estaba del todo atento, ya estaba oscureciendo y otro día más había pasado, otro día en que su hijo estaría en prisión, solo y sufriendo quién sabe qué cosas.

—Nott, creo que tenemos problemas —dijo de pronto Goyle y Nott se tensó cuando su marca empezó a quemar.

—El Lord —murmuró Nott, apretando su brazo izquierdo.

Ambos se miraron preocupados y se aparecieron donde la marca deseaba llevarlos. Les sorprendió que fuera en las afueras de la ciudad.

—Mi Lord —dijeron ambos a la vez, mientras se ponían de rodillas delante del mago, que estaba con una capa oscura que se agitaba con el viento.

—¿No han capturado aún a ninguno de los Malfoy? —preguntó en voz baja el Lord.

—Hemos visto al chico, pero no pudimos retenerlo.

—Pero tenemos una idea de qué dirección tomó, empezaremos a buscar cuanto antes —completó Goyle, mirando nerviosamente el borde inferior de la túnica del Lord para evitar levantar el rostro.

—Si es que no se dan prisa se me acabará la paciencia —mencionó hacia Nott —, y tal vez busque nuevas diversiones una vez me deshaga de lo que tengo en el calabozo —ahora habló hacia Goyle, que se estremeció ante la amenaza.

—Lo encontraremos, mi Lord — gritaron ambos a la vez.

Voldemort pensó que tal vez sería mejor él mismo encargarse de todo ese asunto de la profecía, en lugar de confiar en ineptos.

—En cuanto los encuentren, quiero que me llamen. No los traigan de vuelta al mundo mágico, ellos no merecen volver a pisarlos. Yo me encargaré personalmente de que eso no suceda.

—Sí, mi Lord —asintió Goyle, inclinándose un poco más.

—Mi Lord… —Nott levantó un poco más la mirada, algo temeroso —, mi hijo no tiene nada que ver en el proceder de los Malfoy y…

—Ni siquiera sabes qué han hecho los Malfoy —espetó el Lord, agitando su varita y levantando a Nott en el aire hasta la altura de sus ojos —, no hagas que mi paciencia se agote.

—No, mi Lord —negó Nott, angustiado.

El Lord lo lanzó a unos cuantos metros de distancia.

—Espero que se den prisa —murmuró antes de desaparecer.

Goyle corrió hacia donde Nott estaba tratando de ponerse en pie.

—¿Estás bien?

—Sí, sí…. Solo que creo que ya estamos demasiado viejos para andar tras magos rebeldes.

Goyle pensó que tenía razón, pero se abstuvo de contestar, en lugar de eso lo ayudó a ponerse en pie.

—Vamos, hay que darnos prisa.

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—No sé cómo tomarás esto —dijo la voz del director —, pero me han dicho que Voldemort ha encontrado un traidor en nuestras filas… un traidor que sabe dónde están Lily y James.

Ambos estaban de pie en medio de un bosque perdido de Escocia, lejos de las miradas de cualquiera. Sirius dejó de mirar hacia el cielo que empezaba a oscurecer y sus ojos se posaron en el anciano.

—¡Eso es imposible!, solo nosotros sabemos dónde… —Sirius frunció el ceño ante el asentimiento de Dumbledore —¿uno de nosotros…?

—Sirius —suspiró el director con cansancio —, quiero… esto es muy delicado, que ellos sean expuestos y más aún por uno de sus mejores amigos…

—¡Yo no he sido! —protestó Sirius inmediatamente —¡Ni se le ocurra pensar eso!

—¿Remus entonces? —el director negó con la cabeza y se apartó unos cuantos pasos de Sirius —Lily siempre ha sido muy comprensiva con él… ella siempre ha sido muy buena con todos y ahora…

—¡No! —Sirius gritó y se apartó unos pasos también, su corazón martillaba con fuerza y sus manos temblaban. No podía aceptarlo, era imposible.

—¿Crees que he sido yo? —le preguntó finalmente Sirius a Dumbledore.

—No siempre podemos solo hacer caso a nuestros sentimientos, debemos usar la razón más a menudo.

—Si de verdad creyeras que yo los entregué, ¿qué haces aquí? —reclamó Sirius.

—No lo sé —el director miró hacia el cielo también —, si no has sido tú debemos ir por Remus y Peter, interrogarlos antes de que algo malo pase.

—¿Cómo estás ahora seguro de que no he sido yo?—le increpó Sirius.

—Porque lo he visto tus ojos.

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Aparecieron en las afueras de una casa abandonada cerca de la ladera de un río, en un bosque oculto y perdido. Sirius tenía el don de "oler" a sus amigos a gran distancia; más que nada porque sabía sus costumbres y podía adivinar sus reacciones; además del espíritu perruno que lo acompañaba cuando no estaba convertido en perro.

No bien aterrizaron, supieron que algo andaba mal.

—Qué extraño —murmuró Dumbledore, mirando alrededor.

—¡Colagusano! —llamó Sirius, mientras avanzaba hacia la puerta de la vieja choza.

—Está escondiéndose —susurró Dumbledore.

Antes de que le dieran alguna instrucción, Sirius creó un campo antidesaparición; y se dispuso a oír, ninguno podía escaparse de él durante mucho tiempo.

Pero antes de que pudiera encontrarlo; Colagusano decidió salir de su escondite, varita en mano.

—¡Avada Kedabra! —gritó y Sirius casi sintió la maldición asesina dándole en el pecho, de no haber sido por una mano que lo apartó de un empujón. Antes de darse la vuelta ya sabía lo que había pasado. Dumbledore se había interpuesto entre él y la maldición asesina.

—¡Director! —exclamó Sirius, mirando hacia el cuerpo sin vida de Dumbledore, tirado a unos metros de él. Ya no había nada que hacer por el anciano, pero si por Lily y James.

—¡Colagusano! —rugió Sirius, mucho más molesto.

—Sirius, no lo entiendes… él nos va matar, nos va matar a todos —dijo entonces la voz de colagusano. Parecía costarle mucho trabajo hablar.

—Y entonces decidiste entregarle a tus amigos —reprochó Sirius, lanzando un hechizo y quemando la cabaña, sabía que tras ella estaba Colagusano.

—¡No! A ellos no… solo, el Lord dijo que no los lastimaría… con eso nos dejará en paz.

La cabaña comenzó a arder y Colagusano salió a la vista, estaba en posición de ataque. Sirius dio una mirada al cuerpo del director, y se estremeció.

—¡Idiota! —acusó Sirius, exasperado —¿Realmente crees que nos dejará en paz luego de matar a Harry?

—El Lord tiene formas de convencerte —le respondió Colagusano —, formas que no imaginas… formas tan crueles….

Sirius lo miró con desprecio y saltó hacia un lado cuando el primer Avada Kedabra salió de su varita. Colagusano lo atacó con todo lo que pudo, y cuando la magia no fue suficiente, se lanzó sobre él como un salvaje, forcejearon durante largo rato, hasta que Sirius pudo noquearlo.

Teniendo ya un plan en la cabeza, aprovechó la inconsciencia de Colagusano para robar unos cuantos cabellos. Era una suerte que, como miembros activos de la Orden del Fenix tuviera acceso a una gran cantidad de pociones, incluso las ilegales.

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—¿Entonces dejaste a Colagusano en el bosque? —preguntó Remus, interrumpiendo por primera vez el relato que Sirius había iniciado.

—Sí, lo dejé allí, pensé que luego podría volver por Dumbledore… siempre me sentí mal por eso, por no haber vuelto por su cuerpo. ¿Tuvo él una sepultura?

—Sí —Remus asintió tristemente. Era su segundo vaso de whisky y sus mejillas pálidas se habían encendido un poco. —Luego de que James y Lily… —Remus negó con la cabeza —, lo encontramos, encontramos a Dumbledore en el bosque, sabía que allí era donde Colagusano se refugiaba algunas veces; encontramos también la varita de Colagusano; cuando descubrimos que había lanzado la maldición asesina primero pensamos que había sido hacia sus atacantes, ya sabes que él no era muy bueno en eso de defenderse, pero luego… luego pasó algo inesperado.

—¿Inesperado? —preguntó Sirius con impaciencia.

Harry y Draco estaban sentados uno junto al otro y escuchaban el relato un tanto confundidos.

—Colagusano fue asesinado, apareció dos días después.

—¿Quién lo mató? ¿Un miembro de la orden?

—Ciertamente —asintió Remus —, eso fue lo inesperado, fue Snape.

—¿Snivellus? ¿Por qué lo mataría? Al contrario, seguramente él estaría celebrando todo lo que el Lord había logrado.

—Snape resultó ser algo más… él fue quien le dijo a Dumbledore que James y Lily estaban en peligro… Dumbledore nos lo dijo aquella vez, ¿recuerdas?

—Sí —asintió Sirius —, que alguien estaba dándole información, pero no pensé que… ¿por qué?

—No lo sé, pero Snape tomó en sus manos la venganza por la muerte de James, Lily y Dumbledore.

—¿Y qué pasó con él?

—Se hizo miembro activo de la Orden luego de que supimos toda la verdad.

Sirius negó con la cabeza, incrédulo.

—Verdaderamente es algo inesperado.

—Lo fue; durante el siguiente año y medio el peleó junto a nosotros, salvando todas nuestras diferencias, para eliminar al Lord, ahora que la profecía… —Remus miró a Harry un momento y su voz tembló —, ya que la profecía había desaparecido, el Lord se creía el seguro ganador, la gente empezó a perder la esperanza de que alguna vez ganaríamos… No lo hicimos, ciertamente.

—Lo sé —Sirus se puso en pie con la botella de whisky y empezó a servir un poco más en cada vaso, pese a que Harry y Draco no habían casi tocado los suyos.

—Escuché que iban a cerrar el mundo mágico, me pareció completamente descabellado, pero luego no pude… nunca más pude entrar.

—No se puede entrar, supuestamente —asintió Remus, mirando a Draco.

Draco se aclaró la garganta, sintiéndose observado.

—Hay un hechizo —explicó Draco —, mi padre lo sabe yo… yo fui lanzado aquí para salvarme del Lord.

Sirius negó con la cabeza.

—Continua, Remus, no quiero que nos enredemos más.

—Aún teníamos, gracias a Snape, algunas formas de averiguar información… Supimos que se iba a cerrar el mundo mágico un mes antes por lo menos, el Lord estaba preparando el hechizo. Intentamos detenerlo, esa fue la última batalla de la Orden; Snape murió allí, muchos murieron, algunos otros fueron capturados.

—¿Y tú, amigo mío? ¿Qué pasó contigo? —Sirius estaba mirando fijamente a Remus, ansioso por saber cómo había escapado de esa.

—Yo fui ayudado… Snape y yo nos hicimos amigos, ambos teníamos muchas razones para querer vengarnos del Lord por todo lo que nos había quitado, pero Snape, mucho más precavido, hizo un traslador especial, que se activaría cuando la maldición del Lord iniciara…La hizo para muchos de nosotros, los miembros de la Orden del Fenix. La consigna era muy simple, si es que ese era el mundo en el que nos tocaría vivir, encerrados por un Lord oscuro y tenebroso, entonces no queríamos vivir allí.

—¿Se rindieron? —exclamó Sirius.

—No nos rendimos, no del todo, no le daríamos el gusto de atraparnos a todos.

—¡Qué astuto! —alabó Draco.

Sirius lo fulminó con la mirada.

—¿Entonces hay más miembros de la orden cerca? —preguntó Sirius, tentado a sacar la cabeza por la ventana y ver si encontraba a alguien conocido.

—Me temo que no, que no muchos… era muy difícil para ellos adaptarse, al inicio pensamos en mantenernos juntos, pero era muy difícil, vivíamos escondiéndonos y tratando de no hacer magia. Algunos murieron, otros nos perdimos de vista. No creo que haya resultado como alguna vez lo planeamos.

—Todavía hay gente que pelea —dijo entonces Draco, al ver la cara de pena de Sirius y Remus.

—¿Qué? —preguntó Remus.

—Que todavía hay gente que pelea, gente que está dispuesta a hacer lo posible por ayudar, mi amigo Ron… Weasley, no sé si les suena el nombre, ellos…

—¡Ellos también eran de la orden! —exclamó Remus con alegría —el buen Arthur y sus seis muchachos…

—Siete en realidad, aunque el último es una muchacha —aclaró Draco con una sonrisa.

—Ellos no quisieron irse, Arthur dijo que sentía fascinación por el mundo muggle y que le gustaría verlo, pero como un mago libre, no obligado a hacerlo… tenía esperanza.

—¿Tu familia y tú están con ellos ahora? —preguntó Sirius —, ¿por eso te sacaron de allí?

—No. Mi familia y yo no teníamos ningún riesgo en el mundo mágico hasta hace poco —Draco negó con la cabeza —. Desde que ustedes dejaron el mundo mágico las cosas han cambiado, según dicen en los libros de magia, el Lord cerró el mundo mágico para poder preservar nuestra sociedad, para evitar que ningún sangre muggle o mestiza ensucie o contamine la sociedad; sin embargo los que ya estaban antes y son hijos de muggles y sus familias han sido marginadas, no consiguen empleo ni propiedades, andan sin rumbo; hay lugares y familias, los Longhbotton, los Weasley, por ejemplo, que son sangres puras y que aún así están del lado opuesto al Lord, ellos viven cada vez en mayor riesgo, acogiendo a todos los que pueden proteger… Yo me hice amigo de uno de ellos, de Ron y descubrí todo eso, o tal vez recién tomé conciencia de esa situación… Desde entonces traté de ayudar, no con mucho, más que nada dándoles alimento para el invierno, y ropa abrigadora para la gran cantidad de gente que tienen albergada, pero un día el Lord nos descubrió y quiso matarme. Por eso mi padre me mandó aquí.

—Un momento, un momento —dijo Harry entonces, poniéndose de pie —no entiendo nada, estaban hablando de mis padres y luego de un Lord…

—¿Tu eres el hijo de James y Lily? ¿Tú eres un Potter? —preguntó Draco espantado.

—No, yo soy un Smith… ¿Verdad? ¿Verdad, Sirius?

Sirius negó con la cabeza y Draco se apartó unos pasos, como si estuviera asustado.

—¡Eres un Potter! ¡El Potter!

—¿Qué?

—Harry, siéntate, es lo mejor —le dijo Sirius, mientras empujaba a Harry un poco para hacerlo sentar en el sofá.

—Pero… mis padres.

—¡Es el niño de la profecía! —exclamó Draco —, y lo has mantenido oculto aquí durante todo este tiempo.

—¡Basta, Draco!

—¿Qué profecía? —preguntó Harry mirando anonadado a Sirius.

—Tus padres, como habrás podido intuir, no murieron en un accidente de auto…

—Los mató… ¿ese Lord suyo?

—Me temo que sí, que los mató él… traté de llegar a tiempo, Harry, pero cuando llegué, el Lord ya los había matado a ellos, sin embargo, por alguna razón tú no habías muerto.

—No lo comprendo —negó Harry.

Draco se apartó un poco más, imaginaba que lo que seguía a continuación sería muy doloroso y sintiéndose un invasor en aquella situación. Su mente además estaba trabajando a mil por hora, si Harry era el niño de los Potter y existía una profecía, quería decir que aún había una posibilidad de derrotar al Lord.

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Ron se despertó de pronto y se sentó en la cama. Le llamó la atención la figura de Lucius Malfoy, mirando hacia la ventana.

—¿Está bien, señor? —preguntó Ron con algo de cautela.

—El Lord ha estado llamándonos, a todos los mortífagos —le explicó Lucius en un susurro —, por supuesto que no iré, pero la marca fastidia cuando no obedeces.

—Lo lamento.

—Pasará pronto —suspiró Lucius.

—Me refiero a no encontrar aún a Draco, lamento no ser de gran ayuda —explicó Ron.

—No diga eso, señor Weasley, es de gran ayuda.

—¿Le puedo decir algo? —preguntó Ron y Lucius asintió —, esto del Lord está mal, siempre le he dicho a mi papá que si juntamos a todos los que no están de acuerdo y le plantamos cara, seremos un gran número, podremos derrotarlo.

Lucius suspiró.

—El único nacido para eliminarlo murió, murió cuando tenía un año y nunca se enteró del futuro que podría haber cambiado. Ustedes pueden ser muchos, pero aún así el Lord se impuso a todos… a una gran comunidad mágica. Usted es joven y no conoce toda su dimensión y su poder, usted no sabe de lo que el Lord es capaz cuando está en guerra.

—¿Aún lo admira? —preguntó Ron, decepcionado.

—No… creo que dejé de admirarlo hace mucho, pero soy realista, señor Weasley, y sé que aunque todos los refugiados y aliados que tiene se pongan en pie, no podrán vencerlo. Se necesita un poder especial, algo que no tenemos y no conocemos.

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—A ver —Harry se puso en pie y miró hacia Sirius y Remus enfadado —, ¿mis padres no murieron en un accidente de auto, sino que los mató un loco que además me quiso matar a mí y no pudo; tú —dijo señalando hacia Sirius —, lograste engañarlo y sacarme de allí, nos refugiaste en este mundo sin magia para evitar que nos encontraran y no eres mi tío sanguíneo, sino mi padrino?

—Definitivamente tiene la inteligencia de Lily —aceptó Remus hacia Sirius, aunque este no le prestó mucha atención.

—¿Y ahora qué pasará?

—La culpa definitivamente la tiene Draco —acusó Sirius. Draco, que había permanecido en un lado de la habitación, en silencio mientras escuchaba todo, se sintió algo avergonzado.

—Yo no tengo la culpa de que nunca le hayas dicho nada a Harry —protestó.

—La idea era protegerlo, y tú has venido a ponernos en medio del punto de vista de los mortífagos —le reprochó Sirius.

—Eso no es justo, Sirius, él fue quien ayudó a Albus —Harry miró hacia Draco y se sintió mal porque lo acusaran de una casualidad.

—Además, Sirius, ¿por qué lo escondiste de nosotros? Nosotros teníamos derecho a saber que el chico estaba vivo —culpó Remus.

—Evidentemente lo hizo para protegerlo. No era seguro allí, no más desde que Colagusano nos traicionó.

—Eres demasiado injusto —negó Remus —, creer que yo los traicionaría… creer que alguno más podría comportarse de esa manera tan baja. Nos abandonaste e hiciste creer que estabas muerto; que Harry también lo estaba. En este momento tengo unas ganas de golpearte…

—¿Y qué querías que hiciera? —El Lord estaba avanzando, Lily y James habían muerto, Colagusano nos había traicionado, no me iba a tomar más riesgos.

Remus entrecerró los ojos y Sirius se sonrojó un poco.

—Entiendo.

—No, Remus, no es lo que yo…

—Déjalo, de repente el ambiente está muy cargado, estaré afuera.

—Remus…

—No te preocupes, Sirius, no me iré, no ahora que he encontrado a Harry.

Y dicho eso, Remus caminó hacia la puerta y salió al jardín.

—Creo que lo mejor será conjurar un hechizo de protección —comentó Draco, mientras Sirius veía con una mirada extraña hacia la puerta cerrada.

—¿No te parece, Sirius? —llamó Draco.

—Sí, lo siento, tienes razón —y dicho eso, Sirius levantó su varita y Harry sintió la onda de magia.

—¿Qué es lo que has hecho? —le preguntó Harry.

—Un hechizo de advertencia, nos dirá si algún mago se acerca, para estar prevenidos.

—De acuerdo, creo que es lo mejor —asintió Harry, aunque no entendía en realidad qué era lo que pasaba.

—Debo ir… voy a ver si Albus necesita algo —dijo Sirius de manera ausente, mientras caminaba hacia las escaleras.

—¡Dios! —suspiró Harry, dejándose caer en el sofá.

—Supongo que quieres estar solo —le dijo Draco, mientras caminaba hacia la salida, pensando en dónde perderse. De pronto esa casa se le hacía demasiado pequeña.

—No, no te vayas —pidió Harry, aunque se sonrojó inmediatamente por lo raro que sonaba —quiero decir, me gustaría que no me dejaras solo en este momento.

Draco lo miró confundio, pero asintió y se sentó junto a Harry.

—No te dejaré solo —aceptó Draco.

—Además —continuó Harry, un poco confuso por tener a Draco tan cerca —, tú tal vez me puedas contar más... siento que estoy todo enredado y no quiero molestar a Sirius, y Remus parece demasiado enfadado como para hablar.

Draco sonrió un poco más.

—Por supuesto, información, ¿qué tipo de información necesitas?

—De todo, todo lo que tenga que ver con el Lord ese del que tanto hablan y la guerra... además, si eres un mago, ¿cómo es que no puedes hacer magia, como ellos? ¿por qué estás aquí? ¿es una casualidad? ¿y que hay de tus padres? ¿y de ese otro chico...? —Draco, a punto de perder la paciencia, le puso una mano en la boca a Harry para que se cayara.

—Me volverás loco, ¿siempre eres así de curioso y atolondrado?

Harry parpadeó, confundido, con la mano de Draco aún sobre sus labios y se le ocurrió lo fantástico que sería mordisquearla un poco, solo como jugando, pero antes de hacer cualquier cosa, Draco retiró su mano.

—Lo siento.

—No hay problema, yo te cuento, pero no me interrumpas, ¿de acuerdo?

—De acuerdo —asintió Harry.

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Nott observó el cuerpo de Goyle, dormido sobre el piso de madera del sitio abandonado que habían encontrado y caminó hacia la salida tratando de no hacer demasiado ruido.

Goyle se dio una vuelta, abrigándose más con la capa que había transfigurado en cobertor; desde la puerta, Nott lo observó con detenimiento, esperando que el hombre no despertara. Luego salió de aquella buhardilla abandonada que habían encontrado en un edificio cerca de la feria donde habían estado investigando esa mañana.

Bajó los escalones y una vez estuvo en la calle, se Desapareció y Apareció en las afueras de la ciudad, donde el hechizo los había dejado un día antes.

Por precaución observó alrededor una vez más, antes de hacer el hechizo de traslado hacia el mundo mágico.

Tal como esperaba, allí el clima estaba espantoso, nevaba copiosamente y un viento helado lo hacía estremecerse a cada paso que daba. Se apartó con mucho esfuerzo de la zona donde había aparecido y luego usó otro hechizo de desaparición, está vez hasta Ottery St. Catchpole.

Llevaba mucho tiempo sin ir a esa zona y realmente estaba peor de lo que había esperado; ya no habían campos verdes ni muchas plantas, la torre de los Lovegood se erigía sobre un montón de tierra seca.

Se puso la capucha y avanzó con pasos rápidos, esperando no morir congelado. El Lord verdaderamente estaba furioso, como nunca antes.

Antes de llegar a la puerta, ya esta se abría, dejando ver a un anciano de cabello rubio y piel pálida; sus ojos celestes lo miraron con detenimiento y sin decir una sola palabra, lo dejó pasar al interior de la casa.

—¿Han venido? —preguntó Nott quitándose la capa y acercándose al calor de la chimenea.

—Hace un día —asintió el hombre.

—¿Y cuál ha sido tu decisión?

—Quiero escuchar realmente qué es lo que pasa antes de dar una respuesta —respondió el hombre, sentándose en uno de los sillones y, con un pase de varita, apareciendo una bandeja de whisky y pasteles.

—Mi hijo ha sido secuestrado; el hijo de Lucius está siendo rastreado, al igual que Lucius. Creo que el día en que el Lord ha perdió la cabeza ha llegado —explicó Nott rápidamente, después de todo, no tenía demasiado tiempo.

—Muchos hijos han sido secuestrados… muchos padres lloran por eso; y muchos de ustedes han sido destituidos también.

—Pero esta vez nadie sabe por qué.

—Tal vez los Malfoy lo sepan.

—Pero… si no los entregamos pronto, él… él acabará con mi hijo, y el de Goyle, y el de muchos otros…

—Como te dije, muchos padres lloramos por nuestros hijos.

—Lo sé. Pero te podemos ayudar. ¿No te lo mencionaron ellos?

—Sí, pero no sabían mucho en realidad, y no tenían nada confiable. Dijeron que tú lo tenías.

Nott asintió y sacó su varita con lentitud, mientras el señor Lovegood lo observaba con ansiedad.

Hizo un pequeño movimiento y un pensadero apareció, un recuerdo ya flotaba en el interior.

El señor Lovgood se puso en pie y con temor se acercó al pensadero, tras darle una mirada más a Nott, se inclinó para observar el recuerdo.

Era solo una escena, simple y corta, pero que bastaba para entibiarle el alma y renovar su espíritu.

—Está en la sala de Misterios del Ministerio, trabajando como muchos otros chicos listos… sabes que no había opción, teníamos que llevárnosla, es muy lista.

—Pero era mi pequeña… ¡No tenían derecho!

Nott retrocedió unos pasos.

—No, no lo teníamos… nadie tiene derecho a quitarle sus hijos a nadie, y no lo he comprendido hasta ahora.

—Quiero quedarme con el recuerdo.

—Por supuesto, es tuyo, podrás ver que es real también.

—Gracias.

—¿Entonces…? ¿Podemos hacer un trato?

—¿Qué garantizará que en verdad me devuelvas a mi pequeña?

—No te puedo hacer un contrato, pero ya te lo han explicado ellos, el Lord perdió el norte, se ha metido con nuestros hijos y eso no le gustará a la mayoría de nosotros, será cuestión de tiempo para que esto estalle, y queremos estar listos.

El señor Lovegood miró una vez al recuerdo que tenía en el pensadero y luego asintió.

—Me pondré en contacto con los demás, estaremos listos para cuando sea el momento… y si no cumples tu palabra, juro que yo mismo acabaré contigo.

Nott apretó los labios y asintió.

—Ahora debo irme, te contactaré.

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Remus permaneció en el jardín por un par de horas, hasta que Sirius por fin abandonó su lugar en la ventana del cuarto de Albus, desde donde lo observaba, y decidió salir a buscarlo.

—Empezar con un lo lamento suena demasiado tonto —le dijo Sirius en cuanto se puso a su lado.

—La verdad que sí. Suena demasiado tonto.

—¿Podrás perdonarme alguna vez?

—Yo nunca he sido una persona rencorosa, bien lo sabes. Pero en este momento no puedo decir que estoy seguro de alguna vez perdonarte.

Sirius suspiró profundamente.

—Lo entiendo, y lo acepto.

—De acuerdo.

—Pero debo decirte que siempre he pensado en ti, preguntándome qué habría sido de ti y cómo estarías…

—¿También si es que me había unido al bando de Voldemort?

—No… Yo solo pensé que no era seguro, tú y yo, el Lord podría usarte para que le entregue a Harry, o a mí para que tú lo hicieras…

—Al menos sé que lo que pasó aquella noche no tuvo nada que ver en tu reacción, ¿verdad? —preguntó Remus, mirando por primera vez a los ojos de Sirius, que se sonrojó un poco y no pudo mantener la mentira delante de él.

—Yo… tenía miedo.

—Entiendo —asintió Remus, apretando los labios.

—No, no lo…

—Olvídalo, ¿quieres? Ahora tenemos cosas más importantes en las cuales fijarnos, como los magos que tarde o temprano van a encontrarnos si es que seguimos cargando con el chico Malfoy y en si es que el que Harry siga vivo quiere decir que pronto se acabará el reinado oscuro.

—No, de ninguna manera —negó Sirius —, salvé a Harry para apartarlo de esa horrible profecía, lo salvé para que nadie lo dañara y ahora…

—Y ahora un mago por casualidad cae en tu puerta y se hace amigo de Harry y de su hijo… ¿en serio seguirás sin creer en las profecías?

—Es una casualidad, eso es todo.

—¿Y ahora qué haremos entonces? —preguntó Remus —Harry necesitará más explicaciones… su hijo probablemente sea un mago también, sin considerar que puede que pronto tengamos un grupo de mortífagos rodeando la casa. Tanta magia no puede pasar de ser percibida.

—Sí puede pasar de ser percibida; el Lord amenazaba con descubrir magia, pero yo no le creí y he vivido siempre haciendo magia, no grandes hechizos, pero sí magia normal y corriente, lo necesario para vivir.

—¿Y qué haremos entonces? ¿Quedarnos escondidos? ¿Vivir huyendo como tú todos estos años?

—Yo solo traté de sobrevivir, y lo hice por Harry, por Harry y James y Lily.

—Pero ahora las cosas han cambiado, ahora la magia, de la que tanto rehuiste, ha tocado tu puerta, literalmente.

Sirius frunció el ceño y miró hacia la casa, como si pudiera ver así el interior, donde Draco y Harry conversaban.

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—Eso es asombroso… y tenebroso, ¿de verdad creen en las profecías? Eso es un poco antiguo en nuestra época…

—Hasta antes de que el Lord cerrara el mundo mágico, se creía bastante; las profetizas no se equivocan, y por más que intentes hacer que una profecía no se cumpla, esta se cumple siempre…

—Quiere decir que, según tu teoría ¿yo deberé acabar con ese mago tenebroso?

—En realidad es un poco más escabroso, te ponen como su igual, en teoría deberías poder matarlo o él te mataría a ti. Por eso él está convencido de que no morirá, porque ya mató al que lo podía matar. Al único que lo podía matar.

Harry negó con la cabeza.

—¿Qué se supone que haga? —preguntó Harry, mirando hacia el techo, hacia donde Albus seguramente dormía.

—No lo sé… la verdad que no quisiera estar en tus zapatos.

—¿Y dices que hay más magos puestos en contra del Lord?

—Muchísimos —asintió Draco —, hay muchos que están escondidos y he estado pensando que en el momento en que se levanten, tal vez el Lord no las tenga todas consigo.

—¿Y ahora tú estás en su contra?

—No he estado realmente a favor de él desde hace mucho tiempo, desde que conocí a Ron, pero ahora las cosas son peores, él me quiere matar.

—¿Solo por ser…? ¿Amigo de Ron?

—Somos amigos, en serio —asintió Draco —aunque el Lord pensó que éramos amantes.

—¿Amantes? —Harry no quiso detenerse a pensar en esa sensación que tenía en el pecho, algo como un león rugiendo.

—Sí… No sé, el Lord está loco; en fin que por eso me quiere matar —Draco se puso más serio, pensando en algo que no había querido pensar en todo ese tiempo —creo que mató a mi padre.

—¿Qué?

—Eso, mató a mi padre… cuando mi padre me lanzó a este mundo, lo último que vi fue al Lord apuntando hacia mi padre con una maldición asesina.

—Lo siento mucho —susurró Harry, poniendo una mano en el hombro de Draco, que levantó la mirada hacia él.

Draco notó una vez más que esos ojos eran del color verde de Slytherin y que algo en ellos lo llamaba, lo hacía desear quedarse allí por horas y horas mirándolos solamente.

Harry se mordió los labios, los ojos de Draco le gustaban mucho, y ahora se veían a punto de empezar a llorar.

—Fue mi culpa —dijo al fin Draco, sintió una corriente recorrerle el cuerpo cuando la mano de Harry se levantó hasta su mejilla y la acarició con el pulgar.

—No creo que sea así, si tu padre murió lo hizo porque te quería mucho y no quería que nada malo te pasara —de pronto se preguntó qué perfume usaba Draco porque olía fantásticamente bien, como ningún otro.

—No sé qué haré ahora en realidad —Draco se sentía pender al borde de un abismo, si se acercaba un poco más podría sentir el aliento de Harry sobre sus labios, podría besarlo. ¿Querría ser Harry besado? Pese a todo, parecía que hubiera sido Harry el que había empezado todo.

—Te puedes quedar aquí o en mi casa hasta que… —Harry se inclinó un poco más hacia delante, la tentación era tanta…

Y en ese momento, la puerta se abrió y ambos saltaron hacia atrás, sonrojándose.

—¡Hermione! —exclamó Harry en cuanto la castaña entró, tenía una de esas miradas que no presagiaban nada bueno.

—Draco, veo que todavía sigues aquí —dijo ella directamente hacia Draco, que se puso en pie.

—Sí, pero ya me voy… A la cocina —aclaró al ver la mirada de alerta de Harry —voy a ver si alguien necesita ayuda por allá.

Y dicho eso se escurrió lo más rápido posible hacia la cocina, con el corazón acelerado, en su pecho una mezcla de emociones por casi haber besado a Harry.

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魅了
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—Harry ¿qué es lo que está pasando? —preguntó Hermione, mientras fruncía el ceño.

—Nada, no está pasando nada —aclaró Harry rápidamente —solo estábamos hablando —dijo en una escala más alta de lo que su voz usualmente era.

—Me refiero a Sirius, está afuera con un hombre y parecen algo tensos —explicó ella.

—Ah… muchas cosas han pasado, la verdad... ¿qué haces aquí? Pensé que trabajarías.

—Hemos avanzado mucho, pero hemos hecho una parada para cenar y descansar, solo unas horas y pensé en venir a ver qué tal les va a ustedes.

—Si supieras… —suspiró Harry.

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魅了
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