Cerró la puerta tras de sí. Había algo que le molestaba…
Terry estaba a por comenzar la función. Como usualmente hacía, buscó un lugar tranquilo para poder despejar su mente. Llevaba, por supuesto, su armónica para poder tocarla. El tocar la armónica lo relajaba: se había convertido en un ritual antes de salir al escenario. Aquella armónica, la que le había regalado… Candy.
Candy seguía en sus pensamientos. Soñaba con un día despertar y tenerla a su lado. Sin embargo, sabía que no iba a ser posible. Ellos habían escogido diferentes caminos. Cada uno seguía firme con su sueño. Aun así, Candy seguía siendo única para él. No iba a poder olvidarla. Nunca.
Dentro del depósito le había sucedido algo muy extraño. Una niña había entrado. Tenía una mirada extraña, como si estuviese siendo perseguida por alguien. Por supuesto, ella no debería haber entrado allí: aquella debía ser la razón por la cual tenía esa actitud. El haberle llamado la atención la había tomado por sorpresa, aunque, al verlo, no se alarmó demasiado.
-Esa muchacha… - susurró Terry para sí – dijo que me arrancaría los cabellos si hablaba. – Recordó molesto. Al instante rió. Rió muy fuerte.
-¿Qué es lo gracioso, Terry? – Consultó Karen Kreis, la actriz que compartiría el rol protagónico con él.
Terry no le llevó el apunte. Fue directo hacia su camarín para prepararse para el espectáculo que estaba por comenzar.
La pequeña que se había encontrado en el depósito lo había tomado del cuello. No parecía estar consciente de lo que hacía: luego lo había llevado a su pecho. Durante ese instante Terry se sintió algo incómodo. El volver a pensar en ello lo sonrojó.
-Sólo era una niña. – Pensó. No había pensado en otra mujer como tal desde Candy. Esta no iba a ser una excepción. Además, era una niña. Era mucho menor que él. Había algo más que lo incomodaba. Su actitud le había hecho recordar a Candy. Esa pequeña había sido muy impulsiva. ¿Qué estaba haciendo allí?
Un golpe en su puerta hizo que se interrumpan sus pensamientos. Era Karen.
-Terry, ¿estás bien? Ya es hora de salir al escenario…
-Sí, gracias Karen.
La actriz estaba a punto de salir del camarín cuando Terry le llamó la atención.
-Karen. – A lo que ella se volteó. – Demos lo mejor que tengamos esta noche. – Le sonrió. Karen lo observó extrañada y le devolvió la sonrisa.
-Como usted diga, Romeo.
De hecho, el espectáculo fue un éxito. El teatro entero los ovacionó de pie. Minako, Armand y Catherine habían disfrutado mucho de la obra también. A Mina, en particular, le sorprendió que el muchacho con el que había estado en el depósito fuera ni más ni menos que Romeo.
Al salir, Armand le preguntó a Minako:
-¿Por qué llegaste a la sala luego que yo?
-¡Es cierto! – Recordó Catherine. – Dijiste que ibas a buscar algo para comer pero…
-¡Eso iba a hacer! – Respondió Mina con una sonrisa. – Estuve buscando algún puesto para comprar algo pero me dijeron que no estaba permitido entrar con comidas y bebidas a la sala.
Mentir no era su fuerte. No obstante, lo hacía por una buena causa, ¿verdad?
