Era sábado por la tarde. Minako, Armand y Catherine habían salido a tomar un helado y dar un paseo. Un percance interrumpió su salida: el grito de una mujer les indicó que había un problema. Un hombre le había arrebatado la cartera a una señora. Sailor V apareció en escena y utilizando su Cadena de Amor supo detener al maleante.

Muchas veces habían tenido que interrumpir sus paseos por cosas como éstas. Sin embargo, no dejaban que eso les arruine el día. Aquella tarde en particular se habían decidido a ir al parque de diversiones. Durante el camino hacia allí el parque Catherine les llamó la atención:

-¡Vean! Es un afiche de la obra que vimos el otro día.

En efecto, el cartel decía "Romeo y Julieta. Interpretado por Terruce Granchester y Karen Klein."

-Así que el nombre del muchacho es Terruce Granchester. – Murmuró la rubia sonriendo. ¡Había sido tan grosera con él! Aunque no se merecía que le pidiera disculpas, pues él también lo había sido con ella. Aquel encuentro sería una buena anécdota. Lo recordaba como un episodio insólito y, en el fondo, hilarante.

Estuvieron en los autitos chocadores, comieron algodones de azúcar, fueron a la casa de los espejos… ¡sólo faltaba la montaña rusa! Como suele ocurrir, había una larga fila para la atracción en cuestión. Los tres amigos se colocaron en la fila y aguardaron su turno. Minako hablaba muy animada con Catherine y Armand. No obstante, no podía sacarle los ojos de encima al muchacho. Sólo desvió su atención con un comentario.

-Vaya, vaya. ¿A quién tenemos aquí?

Mina no podía creer en lo que veía. ¡Era el actor que había estado con ella en el depósito! Rogaba al cielo que no dijese nada frente a Armand y Catherine. Sus amigos también voltearon a verlo.

-Disculpa, ¿necesitabas algo? – Le consultó Armand.

Terry no le prestó atención. Por el contrario, su vista estaba puesta en un gato blanco de ojos azules con una marca en forma de media luna en la frente.

-¡Artemis! – Mina lo reconoció de inmediato. - ¿Qué haces aquí? – Dicho esto lo levantó del piso.

-Por lo visto alguien te extrañaba demasiado, Mina. – Le sonrió Armand.

La niña lo miró y le devolvió la sonrisa. A continuación, se excusó y se llevó al gato hacia un lugar alejado.

-Artemis, ¿por qué estás aquí?

-Mina, estamos próximos al momento de encontrarnos con nuestra princesa. Las cuatro Sailor Scouts están reunidas. La quinta, Sailor Venus, deberá unírseles pronto.

-Pero Artemis… no puedo irme de Inglaterra aun…

-Lo sé, Mina. Algo debemos hacer para que regreses allí.

-No me refería a eso, si no que… - Minako no sabía cómo explicarle a Artemis que no quería separarse de Armand. Intentaba de buscar las palabras adecuadas. Aun así, su compañero priorizaría su misión.

Una melodía interrumpió la conversación entre Mina y Artemis. Alguien debía estar cerca. No podrían seguir hablando, ¡sería una locura si encontraban un gato parlanchín!

-Cuando regreses a casa seguiremos hablando de esto. – Concluyó el guardián del Reino de la Luna y se fue.

La rubia se volteó y comenzó a caminar hacia donde habían quedado sus amigos. Las palabras de Artemis bailaban en su cabeza. ¡Ella no se le había declarado a Armand! ¿Y si él le correspondía? No podía irse de Inglaterra, de ningún modo. Se prometió que al final de ese día hablaría con él y le confesaría sus sentimientos.

Sin percatarse de ello, la Sailor del amor se fue acercando hacia donde provenía la melodía. En un momento, ésta se detuvo y alguien le llamó la atención.

-¿Otra vez usted, Señorita Grosera?

Minako salió de sus pensamientos y comenzó a buscar desde dónde salía esa voz. Finalmente encontró su respuesta arriba de un árbol. Era el actor.

-Disculpe, Señor Actor Engreído, no quería arruinarle su recital. – Le contestó con aire altanero.

Terry la miró fijo. Sin decir nada bajó del árbol, se acercó a ella y le sonrió. Mina le respondió dando un paso hacia atrás.

-¿Cuál es tu problema? – Le preguntó.

-Sólo que me recuerdas a alguien. – Decretó apartándole la mirada.

-A… ¿a alguien? – Consultó extrañada.

-Veo que tienes un gato muy extraño.

-No es de tu incumbencia…

-¡Ja ja! Bien… creo que deberías regresar con tus hermanos. Las niñas pequeñas se pierden fácilmente, ¿sabes?

-No son mis hermanos, ¡son mis amigos! – La blonda comenzaba a perder la paciencia.

-¿Amigos? ¡Oh, ya veo! – La miró pícaramente y le increpó: - ¿Te gusta el muchacho, verdad?

-No… ¡no es asunto tuyo! – Mina sentía como sus mejillas ardían. ¿Era por rabia hacia Terry o vergüenza por Armand? ¿Era tan obvio su enamoramiento?

-Yo creo que él te ve sólo como una hermana menor. No creo que su afecto hacia ti corresponda a tus sentimientos…

Minako se enfureció ante el comentario del joven. ¿Quién era él para meterse en sus asuntos? ¡¿Por qué hablaba con él, por el amor de Dios?

-¡Escúchame bien, idiota! ¡Por más actor y famoso que seas eso no te da derecho a opinar acerca de la vida de los demás! – Quería decir más cosas. No obstante, era tan grande su rabia que enmudeció de repente. ¿Tendría él razón? La diferencia de edad era importante. ¿La vería Armand como una hermana?

La muchacha se volteó y comenzó a correr. Se quería alejar de ese joven que la había increpado tan rudamente. ¡¿Cómo se atrevía? Hablar así de Armand… ¡Qué maleducado! Ella no perdería las esperanzas. Ese mismo día le confesaría su amor. No le importaba la misión de Artemis ni el comentario del actor. Seguiría a lo que le dictaba su corazón.

Mina se reunió una vez más con Catherine y Armand. Ya casi era su turno en la montaña rusa. Estaba decidida de lo que iba a hacer. No le importaba lo demás.

Llegó su turno. ¡Nunca se había subido a una montaña tan larga y alta! La emoción que sintió fue única. El viento golpeaba su cara con mucha fuerza; los gritos y las risas de todos se mezclaban en él. No recordaba si se había divertido tanto alguna vez en la vida.

Cuando se bajaron de la atracción Catherine comenzó a notarse mareada: no podía caminar en línea recta y tenía que agarrarse de las paredes. No tardó en desmayarse. Armand y Mina la socorrieron de inmediato y la llevaron hasta la sala de emergencias del parque. Lentamente se compuso. Los emergentólogos allí presentes adjudicaron la perdida de consciencia a la última atracción en la que habían estado.

Tan pronto como salieron de ahí, Armand llevó a Minako a su casa y le dijo que acompañaría a Catherine a su departamento. Mina entendió que ese día no iba a poder hablar de sus sentimientos con Armand. Sólo esperaba que su amiga Catherine se recuperara pronto.

Entró a su casa y allí la recibieron sus padres…

-¡Mina! ¡Tenemos una noticia para darte! – La alentó su madre, llevándola hacia un sillón para que tomara asiento.

-¿Una noticia? – Les preguntó. - ¿No tendré un hermanito, verdad? – Bromeó.

-¡Qué ocurrente eres, mi pequeña! – Festejó su padre. – Lo que queremos decirte es otra cosa.

-¿Y qué es, papá?

-Regresaremos al Japón. – Respondió, con mucha emoción, su madre.

-¿A… Japón? – Consultó sorprendida.

-¡Sí! Tu padre ya terminó lo que debía hacer aquí. ¡Volveremos a nuestro hogar! Podrás volver a jugar al vóley en el colegio, también.

-Y… ¿cuándo regresaremos, exactamente? – Inquirió, nerviosa, esperando la peor respuesta.

-Mañana por la noche. – Le afirmó, sonriente, su padre.