"Mañana por la noche." La frase de su padre bailaba en su cabeza. ¿Por qué debía ser en ese momento? ¿No podría esperar un poco más? ¡Ella quería estar con Armand! Su sueño… su primer amor.

Había querido declarársele y no tuvo oportunidad. Si Armand también la amaba… ¿qué sucedería? ¿Viajaría por ella a Japón?

Minako se había encerrado en su habitación. Echada sobre su cama sollozó en silencio. Pensaba, meditaba… aunque no podía contener el dolor de la reciente noticia. Tenía una nueva vida en ese país y un hombre con el que compartiría el resto de su vida.

Sigilosamente Artemis se acercó Mina. Él había escuchado todo: estaba al tanto de la inminente partida. Sabía que esto era muy doloroso para su compañera. Sin embargo, sería favorable para su misión.

-Mina… - le llamó la atención. Intentó de buscar palabras para reconfortarla.

-¿Qué quieres? – Le consultó sin siquiera mirarlo.

-Sólo quería decirte que lo siento mucho.

-Seguro que lo sientes. Ahora ya tienes una excusa para ir a Japón.

-Pero Mina, la misión es…

-La misión, la misión… ¡la misión! – Fue levantando la voz gradualmente. – Eso es lo único que te importa, ¿verdad? ¡Esa estúpida misión!

-Minako Aino, te lo he explicado muchas veces. Esto no se trata de restaurar una vieja edificación o proteger una valiosa reliquia. Esto se trata de…

-¡Basta Artemis! Déjame sola, por esta noche… por favor. – Rogó l amuchacha y comenzó a lloriquear más fuerte.

El gato comprendía que trataba con una niña. Sus sentimientos eran muy fuertes. Si tan solo comprendiera de lo que estaba por suceder…

Dejó a la joven sola en su habitación. Mañana sería un día en el que las cosas se iban a poder discutir de una forma más calma.

Mina no durmió esa noche: Armand, Artemis… todo revoloteaba en su cabeza. No obstante, sabía que haría al día siguiente. Iba a hablar con Armand cueste lo que cueste. ¿Qué pensaría él de ella? ¿También la amaría o la vería como una niña?

-Ese actor idiota hace que me atosigue con cosas que podrían no ser verdaderas… - farfulló.