Terry había tenido otra exitosa función la noche anterior. Ese mismo día debería actuar otra vez. No obstante, la tarde estaba libre para él, por lo que se decidió dar un paseo.

No podía quitarse de la cabeza a Candy. Inglaterra le hacía acordar a ella… el colegio San Pablo, el verano en Escocia… ¡quería regresar a Estados Unidos! Aunque, allí, también la recordaría. Un tren, un avión… cualquier medio de transporte lo llevaría desde Nueva York hasta Chicago. Había intentado olvidarla. Entendía que ella estaba forjando su futuro, que había encontrado un nuevo camino. ¿Se estaría equivocando? La actuación lo ayudaría a salir adelante. Sin embargo…

Caminando por un parque meditaba acerca de lo que debía hacer hasta que una explosión hizo que se detuviera. ¿De dónde había salido? Comenzó a oír gritos. La gente corría espantada hacia el lado contrario. Supo detener a un hombre que se acercaba a él.

-¡Dígame!, ¿qué sucedió? – Inquirió tomándolo del cuello de la camisa bruscamente.

-E… el banco. Una explosión… Sailor V… - Tartamudeó el hombre.

-¿El banco? – Se preguntó Terry mirando hacia donde se veía un humo negro y soltando al asustadizo hombre. – Sailor V… - Había escuchado de ella, pues ya era famosa en todo el mundo. ¿Estaba involucrada en esa explosión?

Decidió ir a investigar por su cuenta. Sin dudar, corrió en dirección al banco.

Mina no había podido dormir en casi toda la noche. Aunque cansada, se levantó temprano y se dio una ducha. Mientras lo hacía, pensaba. No había dejado de hacerlo desde que su padre le informó acerca de su partida.

Tenía tiempo hasta la noche. Estaba decidida de lo que iba a hacer. Hizo sus maletas en paz.

Luego del desayuno, llamó a Armand. Le pidió que se encontrasen, a solas, pues debía comunicarle algo importante.

-¡Por supuesto, Mina! – Le había respondido.

Dicho esto, colgó el teléfono. No quiso impacientarse. Tenía la esperanza que él le diga que viajaría con ella al Japón.

Estaban caminando por el parque. Minako temía romper el silencio. No quería olvidar ese sentimiento que le provocaba el estar junto a Armand. Quería que el tiempo se detuviese allí: los dos sonriendo, bromeando. Quería recordar esa escena por siempre.

-Bien, Mina. Dime, ¿qué querías decirme?- Le consultó el muchacho.

-Bueno, yo… - Le costó encontrar fuerzas para comenzar a decirle lo que quería. Era ese momento o nunca.

Ni bien abrió la boca se escuchó el grito de una mujer:

-¡Auxilio! ¡Están robando el banco! ¡Están armados! ¡Policía!

Tanto Armand como Minako corrieron hacia donde estaba el banco. Ya había llegado el primer patrullero, con Catherine a bordo. Se había recuperado muy rápido luego del episodio de ayer. La pequeña Sailor se apartó para transformarse. Luego acercándose a Catherine.

-Sailor V. – La descubrió la policía. – No hay ningún rehén en el banco. El ladrón dice tener explosivos. Si no le damos la oportunidad de escaparse dice que hará explotar todo.

-Ya veo… - la miró la Scout. Ambas pensaban lo mismo. Catherine le sonrió.

Juntas corrieron hacia la parte trasera del banco. Entrarían sin dudarlo. No lo dejarían escapar.

El malhechor estaba alerta de lo que ocurría afuera. No obstante, no se había percatado de los movimientos de las heroínas de la ciudad. Sailor V había ingresado por una ventana de una de las oficinas que había en el banco. Rompió el vidrio con una patada. Sigilosamente, buscó un lugar por donde hacer entrar a Catherine.

Tuvo mala suerte: un movimiento en falso hizo que el maleante se percatara de su presencia. Salió a buscarla, gritando:

-¡Les dije que si no me dejaban en paz haría explotar todo! ¡Estoy listo para hacerlo!

La Sailor del amor tragó saliva a salió a su encuentro.

-¡Sailor V! – Dijo, sorprendido, el ladrón.

-No te dejaré escapar… - le advirtió la justiciera.

Desde afuera comenzaron a oír las repercusiones del recién comenzado combate. Los policías de afuera se preguntaban qué era lo que podía estar pasando allí adentro.

Sailor V sabía que debía luchar con cuidado. No sabía dónde se encontraba el interruptor para activar la bomba. ¡Quizás ya estaba activada! Debía actuar rápido y con cautela.

-¿Dónde está la bomba? – Inquiró.

-No lo sabrás. Vete y déjame en paz. De esa forma nada ocurrirá.

-Me harás enojar, ¿sabes?

-Y luego volarás por el aire, ¿sabes?

El hombre la estaba sacando de quicio. Quizás tanta formalidad no funcionaba con él.

-¡Patada de Sailor V!

El ladrón no pudo esquivar el golpe. Cayó al piso y la Sailor subió encima de él para que no se moviese.

-Ahora sí me dirás dónde está esa maldita bomba. – Le obligó la muchacha.

Lo que ella no sabía era que el maleante, en un acto de excesiva necedad, se había colocado el interruptor en el bolsillo trasero de su pantalón. El hombre, al percatarse de lo que había ocurrido, comenzó a jadear.

-¿Q… qué sucede? – Se alarmó la joven. - No me va a decir que estoy pesada, ¿verdad? – Insinuó mostrando una muestra de su enojo.

-El… detonador… está en mi bolsillo trasero. – Dijo ya sin aire.

-¿¡Qué! – Gritó espantada la pequeña, apartándose del hombre. - ¡¿Qué clase de estúpido es usted? ¿A quién se le ocurriría ponerse un artefacto tan importante atrás? ¿No pensó que podía tropezar o sentarse por accidente?

-Di… diez segundos… ¡yo me voy de aquí! – Dicho esto, se incorporó y corrió hacia la salida principal. Ya no le importaba ser atrapado por la policía. Sólo quería salvar su vida.

-Diez segundos. – Repitió Sailor V.