Tropezando varias veces, el ladrón, con las manos vacías, casi alcanzó a salir del banco cuando ocurrió la explosión.

Catherine, que se encontraba detrás del edificio, se espantó al escuchar tremendo estruendo. Un pequeño cascote cayó encima de su hombro, aunque no lo sintió. Corrió hacia el frente para ver si su amiga se encontraba allí y sólo vio al malhechor siendo arrestado.

-¿Dónde está Sailor V? – Le consultó a uno de los oficiales.

-¿Sailor V? – Coreó. - ¿Sailor V estaba ahí dentro?

La mujer policía abrió sus ojos de par en par espantada. Había entrado en estado de shock. Comenzó a caminar sin rumbo, pensando lo peor. Sailor V, Mina, su compañera… ¡más que su compañera! ¡Era su amiga! ¿Había sido alcanzada por la explosión? No… ¡ella debía haber escapado!

Sin saberlo, rumbeó hacia donde se encontraba Armand. Él corrió hacia ella, preocupado al verla lastimada.

-¿Qué sucedió? – Le preguntó.

-Mina… estaba en el banco cuando explotó. Nadie la vio salir. – Su voz se quebró y comenzó a llorar sobre le pecho de Armand. Él la abrazó fuerte. Luego, tomó su rostro y la besó.

Sailor V observó toda la escena desde un callejón. Aun sabiendo que tenía muy poco tiempo para escapar en lo primero que pensó fue en su amiga Catherine. ¡Ella debía estar atrás aun! Corrió lo más rápido que pudo hacia la parte trasera del edificio, cuando escuchó la explosión que por poco la ensordeció. El estruendo hizo que perdiese el equilibrio, cayendo hacia donde estaba la ventana por la que había entrado. Así, se clavó uno de los vidrios rotos en el brazo.

Se paró dolorida y miró hacia afuera: Catherine estaba corriendo hacia el frente del edificio. Con mucho esfuerzo bajó hacia la calle, ocultándose de los policías y aun más de los periodistas. Sólo quería encontrarse con Catherine.

Así, vio cómo le preguntaba a los gritos a un oficial por ella. El que el policía no lo supiera la desorientó. La Sailor Scout observó todo su recorrido: no quería que ella cometiese una locura. Sabía que la policía la estaba buscando y ella iba a su encuentro. Sin embargo, no quería que nadie la viera.

Afortunadamente, Armand la había encontrado. Ya iba a llamarles la atención cuando vio que Armand la besó.

No podía creer lo que veían sus ojos. Levantó su brazo sano y se quitó el antifaz. Acto seguido, miró hacia el suelo, acercó su espalda a la pared del callejón y se sentó. Comenzó a llorar en silencio. No se permitía gemir, si bien lo deseaba con toda el alma. No quería ser descubierta. Apoyó su frente en sus rodillas y continuó con el llanto.

-Princesa Venus, no debes llorar.

La Sailor reconoció esa voz. Sólo levantó un poco la vista para observar al pequeño animal blanco que se encontraba a su lado.

-Artemis… creo que… tenías razón.- Le dijo a su fiel amigo mientras las lágrimas le brotaban de los ojos.

-Mina… yo me equivoco muchas veces. Sin embargo, debes comprender que la gente no siempre sentirá lo mismo que tú.

-Por lo visto sí me veía como su hermanita. – Sonrió mirando hacia un costado, aun lagrimeando.

-Aun así, Minako, sabes que te han protegido desde el primer momento que te conocieron. Son esas escenas llenas de felicidad las que no debes borrar de tu mente.

-Pero… me duele. – Volvió a mirarlo.

-Por supuesto. Lo entiendo muy bien. Pero saldrás adelante, amiga. – La alentó el felino. – Mira, Mina, el primer amor no siempre es el verdadero.

Minako escuchó con atención a su compañero. Habiendo registrado lo que acababa de decir le sonrió.

-Adelante, Mina. – Le dijo Artemis. – Vamos, tienes muchas cosas que hacer. Aun tienes tiempo de escribirles una carta de despedida.

La pequeña asintió, se incorporó y se fue junto al gato.

Terry había sido testigo de lo ocurrido. Había visto como Sailor V, quien había resultado ser la chiquilla del depósito, lloraba por un amor perdido. Sintió mucha lástima por ella. No obstante, se sorprendió cuando el gato que había visto en el parque le comenzó hablar. Así como sus palabras habían llegado al corazón de Mina, llegaron al corazón de Terry. Se prometió a sí mismo que saldría adelante.

-El primer amor no siempre es el verdadero. – Repitió. Dio la vuelta, y se fue.