Capítulo 10.

Acuerdo.

Bolt P. O. V.

Luego de decirle que la seguiría me aseguré de darme ánimos. ~ Vamos Bolty, si es tu alma gemela no tienes ninguna razón para temer, todo saldrá bien ~. Después recordé lo que había dicho Rhino sobre asegurarme por mí mismo de saber si la amo o no a la hora de estar junto a ella. Todo eso se resolvería en el momento en que subiéramos por esas escaleras y entráramos a la habitación. Ahora me parecían diferentes, pues esos eran los escalones a las respuestas que probablemente cambiarían el rumbo de mi vida, ahora parecían dirigirme hacia un nuevo lugar; no a esa habitación tan cotidiana que ya conocía de memoria, en la que despertaba todas las mañanas desde que llegamos aquí y que a veces deseaba ya no despertar.

De golpe ésa confianza se evaporó de mi rostro, veía a Mittens caminar con una postura distinta a la que yo conocía, era casi como si me hubiera capturado y ahora me dirigía a mi futura celda, a la sala de tortura o al campo de fusilamiento. Pensar en todo eso y los sentimientos en mi interior provocaron que un escalofrío electrizante corriera por toda mi espalda casi destruyéndome el alma y las esperanzas de un mejor mañana. Justo cuando me empezaba a dar cuenta que lo más seguro es que yo la amo. ~ ¿Lo más seguro? eso refleja absoluta duda~. Pero ojalá lo hubiera pensado más rápido, tan pronto como apenas hubiese puesto una pata sobre esta casa debí habérmelo asegurado. No ahora que ya es tarde.

Por un segundo pensé hablarle a Mittens para confirmarme su molestia o alegría. Decirle algo, cualquier cosa que dependiendo de su respuesta me preparara para lo que se avecinaba una vez llegando allá dentro. Ella seguía caminando, como si estuviera haciendo algo que una y otra vez había planeado en su mente y que ahora era controlada por su plan, desee que la escalera fuera más larga cuando levanté mi pata del último escalón; justo después de eso pensé en dar media vuelta y salir huyendo, o disculparme e ir al baño; hacer o decir cualquier cosa que me salvara de no encerrarme a enfrentar mi destino.

Estaba en completo pánico, incluso pensé que sería mejor que me diera un derrame cerebral o un paro cardiaco y quedar muerto sin saber nada más. Hasta tal grado era mi ataque de pánico que la segunda idea; el paro cardiaco amenazaba con hacerse realidad mientras cruzaba la entrada después de ella.

Entonces dijo: -Bueno Bolt ya estamos aquí-. Su voz no demostraba emoción o gesto existente.

Me brincaban los párpados o eso imaginaba, luego se me antojaba llorar o gritar y brincar hacia la ventana, luego caer al suelo.

Sorprendentemente con tanto tráfico de ideas suicidas y posibles berrinches que me evitaran la situación contesté con un tono seguro y potente: -Mejor ahora y no después de acobardarse-.

Mi mente decía lo contrario: ~Hey genio, debes afrontarlo con inteligencia. No le des una razón más para que te mande al diablo y sufras el resto de tu vida~.

- Bien dicho Bolt, ahora dejémonos de juegos y contemplaciones. Haz estado intentando algo conmigo y no me gusta que jueguen conmigo para luego aburrirse, o abandonar indiferentemente, o acobardarse -. Hizo un enérgico énfasis en la última posibilidad mencionada con acento intimidante.

~ ¡Mierda! Huele tu miedo, adivina tu cobardía...~ Luego me sentí aún peor, por imposible que pareciera aún se podía más; y todo eso yo lo sentía en ese instante que duró mil años. No noté que estaba en un estado de negación o algo parecido y para minimizar la situación en la que me encontraba mi mente decía cosas como "huele tu miedo"; pero no había a nadie más quién culpar, era culpa mía que aquella gata a quién besaba sin sentimiento alguno, sin planearlo, sin saber siquiera el significado de lo que era; me mirara con aquellos ojos profundos e infinitos, aquellos ojos que lo ven todo, que ven lo incapaz que soy, lo miedoso y cobarde que tristemente hace que me refugie en las apariencias.

A mí me decían que tenía que rendir cuentas, que era ir por todo o nada.

Me decían que tomara una decisión, apuntando con su profundo verde, inspeccionando a aquel perro atrevido que tonto y crédulo creyó que este día jamás llegaría.

Ese pánico me engulló por cinco, diez; trece minutos que ella esperaba, esperó; pero que nunca tuvo respuesta que valiera.

- Mittens... yo, no sé si...

- ¿Qué Bolt? ¡¿Tú qué? Siempre eres tú. ¿Te has dado cuenta?, desde que hemos estado en Nueva York haz sido tú quien ha decidido por los demás.

Haces las cosas sin pensar en lo que puede afectar a los demás-.

~ No me mires así, tu no ~.

- Perdón Mittens, no puedo tener el control en todo para que sea perfecto -. Apenas pude hablar, lleno de vergüenza por la realidad que Mittens me revelaba.

- ¡No!, ¡No Bolt, nadie puede! Y sin embargo; haz decidido como si lo pudieras tener, ¿Ahora te das cuenta?-.

- Si, me doy cuenta-.

- Bien, entonces dime que has estado haciendo mal ¿De qué tanto te has dado cuenta hoy Bolty?-.

Noté cierto tono de burla al decir mi nombre, pero no tomé importancia; además en ése instante sólo podía pensar en enmendar mi egoísmo.

- No lo sé, yo he... he decidido arriesgarte a ti y Rhino a venir, les quité su vida-.

- Bueno Bolt, eso no tiene mucha importancia; con esa pregunta me refiero a algo más, pero eso fue cierto orejón, me hubiera gustado una invitación-.

Ya estaba fuera de mis cabales, lleno de vergüenza e indignado por todo como se dieron las cosas, dije galopeadamente a Mittens:

- ¡Si, no lo pediste, pero que prefieres, ¿Comer de la basura o en un plato? además si te gustó el parque de casas rodantes ¿Por qué no te quedaste?-.

Mittens dudó en responder y aproveché para agregar.

-Vivir aquí ya fue decisión tuya, si no querías estar aquí debiste haberte quedado en ése lugar lleno de comida y edificios luminosos; se parecía mucho al lugar al que vivías así que ni te hubieras preocupado mucho... ¡Tú pediste que me fuera, no tenías que seguirme!-.

- ¡Cáyate!... ¡Cáyate imbécil, y no lo vuelvas a mencionar! Eso fue un error... ahora me doy cuenta; de... que te estorbo-. Dijo casi susurrando, decepcionada, como si esa furia que la poseía se hubiese convertido en pena y tristeza.

- ¿Qué? tú me pediste irme, yo sufrí mucho por eso y sin embargo no cumples tus palabras-.

- Las cumpliré en cuanto pueda, si es que aún recuerdas algo...- Traté de recordar pero mi mente enloquecida me lo impidió.

-Mira Bolt te digo esto porque estás loco. ¡Cómo te atreves a besarme y luego hacer como si nada! ¿Qué, no te importan mis sentimientos? ¿Eh? Nunca te has puesto a pensarlo, y eso te costará caro. Quiero que me dejes en paz.

- ¡Mittens basta! ¿Es que no te das cuenta de lo difícil que es para mí enten...- Fui interrumpido por ella casi al borde del llanto. -No Bolt, esta vez así será nuestro acuerdo, ¡Esta vez, yo decido todo, tal y como has venido haciendo todo el tiempo! sin importarte lo que pase con los que te rodean, si aún te importo acéptalo y déjame vivir en paz, déjame tranquila, yo me las arreglaré en lo que venga. Solo te pido eso.

- ¡Basta Mittens, yo no puedo con esto, es demasiado para mí!...- empecé a perder fuerza en la voz y susurré: -basta por favor-.

- Si es demasiado para ti entonces no te obligo, ahora sólo te queda hacer lo que es mejor para ti, además ya lo dijiste tú mismo, es demasiado para tí así que dejémonos de todo esto-.

Bajó su tono y agregó casi sintiendo lástima por mí; yo me sentía humillado.

- Si soy tan difícil para ti no intentes más. Ya no, es mejor así-.

Limpió una lágrima de mi mejilla, bajé mi rostro lleno de vergüenza y pena. No pude evitar llorar, el grito de Penny avisando su retorno a casa indicó el fin de todo.

Caminó Mittens y dijo: - ¿Tienes algo que agregar Bolt?...-.

No podía contestar del dolor en mi corazón, escuché como salía de la habitación y luego marcharse a paso lento y luego bajar las escaleras, yo seguí unos minutos más llorando, humillado y triste.

- Si Mittens, yo... Tengo que decirte que yo... te amo-.