Capítulo 11.
Un sueño dentro de un sueño.
Bolt P. O. V.
Me sentí desolado, indefenso y torpe como un recién nacido que simplemente no puede coexistir solo. Estaba hecho un manojo de sentimientos, pero me dominaba el pensamiento que jamás podría amar a Mittens y ella misma me dijo en mi cara; frente a frente que no lo intentara. Una de mis mayores razones de ser me estaba dando la espalda con desprecio y burlándose de mí. Como si fuera sólo una molestia. ~Me merezco lo peor, esto es sólo el inicio del infierno al que yo mismo me he entregado~.
Cansado y con tremendo ardor en los ojos por tanto llorar fui a algún lugar alejado en el cual me podría dormir sin ser acosado. Me sentía como un animal arrollado cerca de la acera, hecho una alfombra, a la que se le acercan niños curiosos a picar con un palito. Sentí profundo asco a los niños.
Pronto aquella idea se sumó a mis sueños, empecé a imaginar que no podía más con mi vida y me decidía a viajar por allí afuera para ver que más me ofrecía la vida; posiblemente, lo único seguro en la vida: la muerte. Entonces caminaba contento y feliz moviendo la colita de aquí para allá pues me había encontrado algo de comida en lo que hasta ese momento parecía una aventura culinaria, luego cruzaba una calle y con mi torpeza e inexperiencia moría tras ser arrollado por unos tres autos hasta terminar en una masa de huesos sangre y tejidos. Pero hasta eso era un buen final para mi poca estima que tenía.
Luego como suelen ser de ilógicos los sueños me levantaba hecho una jalea de can y me refugiaba cerca de contenedores de basura, pero luego el olor a mi sangre le abría el apetito a una pandilla de gatos, todos se lanzaban hacia mí y me derribaban mientras algunos ya probaban mi carme, levantaba la vista para ver a un gato que llamaba mi atención al mantenerse al margen de la escena sin lanzarse a saciar su hambre, enfocaba bien la vista y veía a Mittens, primero triste, luego hacía hacia un lado la mirada y luego la volvía hacia mí en esa mirada que nunca me ha inspirado demasiado confianza, penetrante y adivinadora. Indicaba a la banda de gatos que le dejaran mis ojos a ella, ordenando al ser la líder del montón de gatos, luego rompía el silencio agonizante con una horrible carcajada.
Fue horrible, no podía creer que alguien como yo pasaría por todo esto sintiéndose tan débil y frágil, como una copa de cristal; al menos estaba seguro que mi corazón se había deshecho junto con las declaraciones de Mittens, se quebró y sus restos de cristal destruían mi alma, la desgarraban mientras se desangraba en mi interior sin que yo pudiese hacer algo para salvarme de tal sufrimiento, ni gritar ni llorar, estaba sólo y no había nadie más para mí.
~ Al menos Rhino me entiende. Siempre ha estado a mi lado en las buenas y en las malas. Pero no sé hasta cuando cambiará esa admiración por vergüenza de conocer a alguien como yo, que niega sus sentimientos~.
Ni siquiera noté que estaba ya despierto en medio de un pasillo que no conocía, pero algo me decía que seguía en la misma casa. Tal vez en ese instante todo se me antojaba ajeno, extraño y desconocido; todo era un peligro para mí.
A excepción de esa arrullante luna llena que se veía en la ventana por alguna razón abierta, que estaba al final del pasillo.
Me aterré al escuchar el sonido del metal que escuchaba bajo de mí, entonces me di cuenta que estaba en una planta superior y que abajo habían más habitaciones.
Ya lo sabía pero, todo me era extraño en ese momento. Corrí asustado todo el pasillo buscando algún sitio dónde esconderme pero sólo encontré las escaleras antes de un refugio, escuché esta vez gestos como de alguien que busca desesperado algo y no lo encuentra, entonces maldice con un sonido gutural, me quedé helado.
Seguía allí aventando cosas, tirando objetos que no le servían y cuando encontraba algo de su interés supongo yo escuchaba algo así como un "ajá" pero no podía deducir la voz de quien sea a quien pertenecía. Por alguna razón no podía mi memoria estaba vacía.
No tuve otro remedio que intentar acercarme y espiar. Las voces que siempre arremeten contra mí sugerían: ~Esto es peligroso, ¡abandona!~, ~No es tu problema, no lo agregues a tu lista~.
Recordé a Mittens adivinando que me acobardaba, y algo en mí decidió demostrar lo anterior.
Sentí su fría mirada, siempre me impresionó como podía ser tan destructiva y atemorizante para mí, pues inspeccionaba en mi interior lo engañado que estoy. En fin, todas esas ideas se esfumaron temerosas al ritmo que una sartén volaba hacia mi dirección, luego giraba un poco y poco a poco se detenía, me sentí descubierto y por un segundo creí que mi vida constaba de sólo unos pocos segundos más.
Para mi suerte, sólo era un objeto más de desprecio para quien sea que estaba allí adentro haciendo aquellos sonidos que estrujaban mi alma.
Escuché el levantar de una de las ventanas y después un silencio desolador. Me sentí confundido de como todo ese escándalo se murió en la profunda y espesa noche.
Incluso creí que el que había hecho tremendo desorden fui yo en un ataque de locura, lo cual era muy posible en mi estado actual.
Entré y me confirme que yo no había podido haber hecho eso. Las alacenas estaban muy altas para mí, yo no puedo trepar y por muy ágil que fuere mi complexión no ayudaba.
Muerto de curiosidad corrí al jardín de afuera, como pude puse todos mis sentidos al límite, me corría la sangre por las venas rápida y ferozmente, manipulado por el extremo terror. No podía detenerme.
Me sentí protegido por la noche abrazadora, era una sensación excitante, era como ir a retar mi propia muerte, mi destino o a mi razón de vivir. Cuando divisé al posible ser que estaba dentro de la casa hace unos momentos me di cuenta que estaba por retar a la última de las razones que en ese momento se me habían ocurrido. El miedo se fue y lo reemplazó una sensación que jamás conocí hasta esta noche, era algo tan poderoso que decidía por mí, me acerqué corriendo, su silueta poco a poco se acercaba más y más, era ella; la única razón que me aferra a la vida, que me hace amarla y aún apreciarla tan sólo porque me ha permitido conocerla. Era Mittens, con un montón de cosas para su supervivencia. Ella huía de casa, entonces me llené de furia.
- ¡Como te atreves!, Mittens olvídate de todo, vamos de vuelta-. Ordené, entonces se giró. No mostraba la mirada de aquellas ocasiones, era una triste mirada, era peor que las otras, me daban ganas de llorar por verla con tan suma tristeza.
- Lo siento Bolt, tengo que cumplir aquel sueño, que tanto deseabas que cumpliera cuando te conocí. ¿Lo recuerdas?-. Se veía muy débil pero decidida a marcharse.
- No, no lo recuerdo-. Dije apenado.
- No te preocupes, éramos sólo unos chiquillos, tenías días de vida, juntaban sólo meses. Yo también pero, ése sueño lo he perseguido antes de que me lo compartieran mis padres-.
Todo fue vívido por aquel instante. Casi grito de sorpresa al verlo todo, entonces de golpe me sentí como un fantasma, no sentía mi peso ni mi mente allí mismo, los sentía muy, muy lejos, me sentía muy radiante de energía, como un joven que tiene todo por vivir.
Entonces me sentí como una roca, no podía ya ni respirar.
- Bueno veo que ya lo recordaste, ahora entenderás que debo irme, cuídate pequeño-.
Se dio la vuelta y se perdió de mi vista.
Sentía una brisa en mi costado. Abrí los ojos y me cegó la luz del ambiente, enseguida noté mucho pasto y árboles, me sentí suspendido en el aire, luego me di cuenta que no flotaba, estaba en una silla del parque, dormido. ~¿A dónde fue Mittens?~.
Hasta ahora me doy cuenta que era sólo un sueño de lo que mi subconsciente temía. Recordaba vívidamente la petición de ella, sólo fue ayer, sólo ha pasado un día. Comprendí que Penny, quien leía un libro recostada en el pasto cerca de la banca me había llevado hasta aquí.
