Hola a todos, y perdón por la tardanza; en fin, este capítulo tiene una pista musical en youtube para amenizar la lectura xD… en fin el link sale en la parte en donde creí bien poner la música. El video lo subí yo mismo y está hecho para que no lo tengan que esperar a que se cargue, también tarda la música 15 segundos, lo que da suficiente tiempo de ir al link y volver a la lectura. Bueno es todo, espero que les guste y saludos a todos.

Capítulo 16.

Consecuencias.

La casi nula luz matutina, despertaba a Mittens de un profundo sueño, aunque en realidad no tuvo ninguno. Fue una noche extraña en las que simplemente no se puede soñar en lo absoluto, se sentía devastada, con el alma partida y desquebrajada; no recordaba mucho, pocas ideas le llegaban a la mente y los primeros segundos en que despertó se sentía extraña, perdida y no reconocía nada a su alrededor, ni siquiera reconocía que era ella misma. ~ Una fea forma de despertar ~. Pensó con gracia; no recuerda si estuvo llorando o muy triste antes de la noche de ayer, pues por alguna razón se sentía como si lo hubiese hecho; en todo caso, si lo hizo le resultaba más fácil superarlo ignorando si lo hizo o no. ~ La vida es para llorar, más que para sonreír ~.

- Que gracioso... -.

Habló a la nada sin cuidar el volumen de su voz, después notó que exageró para decir algo que solo se decía a sí misma.

~ Mejor me olvido de hablar, ahora me tendré a mí misma... Sola, al fin... Como siempre ~.

Su vista aún no se acostumbraba a la excesiva luz que radiaba de abajo hacia arriba; haciendo que se vieran partículas de polvo danzar con las pequeñísimas corrientes de viento que pasaban por sobre la casa, filtrándose una fresca brisa, que le susurraba a sus atentas orejas, pidiéndole; suplicando, que se le una a su interminable viaje.

Entonces se acurrucó dándose abrigo a si misma; siendo la frazada de quien vaga por simple naturaleza. El frío que sentía en la espalda le hacía mantenerse despierta, moviendo la punta de la cola solamente, de aquí a allá juguetonamente, empezó a imaginar una serie de cosas que tenía que seguir al pié de la letra. Una voz monstruosa que no le pertenecía, le empezó a pasar revista de cada cosa que planeaba.

~ Hoy me largo de aquí, por y para siempre. Hoy y sólo hoy es la oportunidad, es jueves; el día favorito de la libertad y de las frías despedidas. ¡Bendito jueves maldito!, cuánto tiempo esperando por ti, eres la única cosa que espero de la vida. Esperé muchas que no llegaron.

Cosas vacías, tontas y simples, un sucio collar, ése por desgracia quema mi cuello y asfixia mi alma que lucha por ser libre... ¡Maldita sea!, - Con odio, manipulada por la ira, desesperada se quitó el collar; lanzándolo lejos de su vista. El sonido del cascabel rebotando un par de veces le hizo voltear hacia su dirección; sólo distinguía un finito punto de luz, brillo que rebotaba de la poca luz filtrada en el ático. - Paz, amor... Jaja, basura. Amigos, caras felices forzadas; a un cerdo que si no la haces te niega alimento... ¡Hay que ser demasiado imbécil para humillarse así, ante un puerco! Al final se aburren y mandan todo al diablo. Prefiero hacerlo yo misma ~.

Una fría corriente de viento por la espalda casi le hace lanzarse de un salto hacia delante. Se dio abrigo a sí misma, se acurrucó siendo ella misma la frazada que le hacía consuelo. No podía sentirse más vacía y sola, tanto como el viento que vaga sin rumbo, al que todo mundo huye o se protege de él. La horrible y monstruosa voz le empezó a hablar en la mente; haciendo revista de todo lo que planeaba nuevamente con gran detalle; para evitarse errores, pues huir sin ser notada era la meta. Hoy es la oportunidad de irse para siempre.

Durante varias semanas Mittens había puesto un enfermizo interés en el horario de Bolt, lunes martes y miércoles, Penny y Bolt salían a partir de las cuatro de la tarde; sólo una ocasión en la que los deberes de la chica la mantuvieron más ocupada que de costumbre, se negó a salir; apenas se libró de sus actividades el reloj le indicaba que eran las cinco veintitrés, entonces con aire de disculpa y apenada le explicó al can que no podrían hacer mucho en el parque; así que decidió jugar con él en el jardín. Pero cuando lo hacían, llegaban del parque a partir de las seis treinta, casi nunca a las siete o más tarde; demasiado temprano como para que alguien notase su ausencia y emprendiera una desesperada búsqueda, haciendo posible que la encuentren. Y ella no podía tomarse el riesgo. ~ Él es tan imbécil que no descansará en días hasta encontrarme ~.

Era muy poca la ventaja que tendría así que no podía; los viernes la chica parecía ser muy sociable, pues si no se pasaba la tarde pegada al teléfono, estaba en la sala viendo películas con compañeros de su clase o se encontraba fuera, en casa de alguna amiga. El viernes de cualquier adolescente, así que era descartado al igual que el sábado y domingo; días en que si pasaba tiempo con Bolt lo hacía jugando en el jardín.

Pero los jueves era diferente. ~ Bendito jueves maldito, me gusta llamarlo así; bendito porque es mi boleto a la libertad, a cumplir el sueño; pero maldito porque me manda a tragarme mis palabras y mi orgullo, a huir como temerosa o inadaptada... Por si fuera poco lo espero cada segundo, desesperada ~. Lo ridiculizaba imaginando que Bolt, Penny, su madre y Rhino se cubrían los ojos y comenzaban a contar hasta llegar al diez mil, entonces se descubrían y empezaban a buscarla frenéticamente decepcionados al perderle el rastro.

Mittens descubrió que Bolt y Penny se marchaban a la hora de costumbre, pero si su madre de ella notaba que necesitaban ir de compras tras revisar alacenas y un sin fin de cosas, tomaba su auto y pasaba por Penny y Bolt al parque, luego se dirigía al centro comercial, retrasándolos valiosas horas. Tenía sentido que a casi finales de semana, empezaran a hacer falta cosas en la despensa. Pero eso dependía de lo que encontrara la mamá de Penny, pues no siempre pasaba así, era un juego de azar.

Pero no para la desesperación de Mittens, quien le obligaría a hacerlo; durante los días anteriores al jueves vació la despensa de cosas de uso básico gradualmente. Escondió en el ático jabones, latas de comida, paquetes de papel higiénico y algunas cajas de aspirinas, pasta e hilo dental y objetos del botiquín. ~ Sin cosas de uso diario no tendrá más remedio que darse prisa y surtirse, sólo eso les preocupa y suelen reemplazar rápido; esto va a ser como quitarle el gorro a un recién nacido... Jaja y dormido además ~. Entonces llegarían ya tarde, no a las siete u ocho, casi al filo de las nueve de la noche... Poco más de tres horas para alejarse y no mirar atrás.

Apenas pensó eso y se relajó al saber que tenía gran ventaja - Ni siquiera se lo esperan, jajaja... Me gustaría estar allí para ver sus caras ante tal situación - Se susurró llena de odio a la familia que convivía bajo ella que ahora deberían ya estar almorzando, luego de eso, estaría la madre de Penny fuera de la cuidad quizá pero qué importaba. Rhino aplastado alucinando frente a la caja estúpida y Bolt tirado como idiota tratándose de rascar el trasero, viendo el desfile de nubes, luego ya más tarde llegaría la mocosa y se largarían a hacer juegos tontos, la mujer de la casa se sorprendería de que su familia de cerdos consume todo como cucarachas y tendría que correr a atiborrarse de cajas de mil cosas que quién sabe si las comerían o en su defecto usarían.

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Pero la mente de Mittens era gobernada por una sola palabra: soledad.

~ Ni si quiera las promesas, mucho menos el amor... Pero así son las cosas; Bolt tiene que aprender mucho; es una lástima. Sólo por el es que he tenido el valor de hacer todo esto, pero es tan inmaduro que no reconoce el amor aunque se lo pongan enfrente ~.

Bolt le debía una promesa que olvidó por completo; Mittens prefería pensar que la desechó como cualquier envoltorio de un caramelo; ciertamente, Mittens solía azucararse la vida con caramelos que tomaba de una de las alacenas, sus favoritos hasta ahora eran los caramelos de café, podía comer unos treinta por la tarde, relajada viendo el paso de las horas, estudiando la vida diaria bajo ella para realizar sus futuros planes.

Aún hecha una bolita, protegiéndose del frío, miró hacia la izquierda, por allí había una caja de cartón antes vacía con las tapas todas hacia afuera; allí guardaba muchas cosas, entre ellas sus caramelos favoritos; se levantó y tomó uno.

Notó que la caja le protegía de la fría corriente, ingeniosa tomó todo cuanto podía para cubrir la parte trasera del ático con cajas y algunos objetos viejos, bloqueando la mayoría del frío que se filtraba, suspirando se dijo con suma tristeza - Mucho mejor -.

Se sentó en el centro del ático triste y pensativa, su mente sólo podía pensar en Bolt, en el momento en que le decía que se marcharían para siempre, para no vivir bajo una mentira, pero era obvio que esas palabras las decía por el enojo que tenía en aquel momento; y que era algo que simplemente no pasaría, por la comodidad del can.

Se sintió completamente avergonzada de haberse creído cada palabra de Bolt que dejaba que su rabieta hablara por él, ~ Engañada por el perro que aprende de mí ~. Apenada por la ironía del momento se acurrucó nuevamente, aunque no sentía ya tanto frío como antes de acomodar su barrera, sólo se cubría de la vergüenza que le caía sobre su consciencia. Tomó otro caramelo y lo empezó a degustar.

Deseo estar libre y dejar todo atrás más que nunca, decir adiós para siempre y tener el valor suficiente para tirar hacia enfrente y no mirar atrás, sabía que estaba sola de principio a fin.

Dejó de pensar en su posible amor, en quién amo tanto que fue la razón de su vida desde quién sabe cuándo ~ ¿Desde cuándo Bolt era la primera cosa para mí? ~. Seguramente desde que lo conoció. Pero presentía que desde el inicio de su vida ya lo amaba; era como si vagara hasta que diera él con ella y entonces al fin estar juntos, pero todo falló; no hay amor ni felicidad. Sólo está allí sola, con el ya casi nulo viento golpeándole la espalda; animándole a alejarse sin preocuparse por los lazos que deja atrás, los sueños que abandona y asumir la soledad. Sin preocuparse siquiera por las consecuencias que tendría que soportar, no sabía si al poner la primera pata en la calle se giraría a ver la casa y rompería en llanto o si sería arrollada a unas cuadrillas de allí, no le importó.

Sólo se preocupó por llorar, gritarse lo torpe que era, lo soñadora que le resultaba su idea de vivir enamorada. Sufrir por darse una oportunidad para vivir una nueva vida que, decidida ahora estaba por abandonar. Pronto descubriría el alcance de las decisiones y de los lazos que creó; sólo será necesario dejarse llevar por el soplido del viento.