Capítulo 5:
Habían pasado exactamente dos horas desde que habíamos llegado. Alice no paró un solo minuto. Mis pies estaban que reventaban en mis zapatillas. Edward cargaba en promedio unas dos bolsas cada diez minutos. Ya podría afirmar que conocía al Shopping por completo, lo habíamos recorrido unas veinte veces. Amaba a Alice, pero cuando me torturaba de esta manera lo único que quería hacer era encerrarla en un calabozo.
-Al, ¿que tal si nos dejas a Bella y a mi en una cafetería por… diez minutos? ¿Te haz detenido a pensar en nosotros también? –cuando me molestaba en clase lo odiaba, pero cuando se ponía en el rol de ser humano (como en este caso) su molestia pasaba a segundo plano.
-Bella, dime que estas bien –Alice también tenia sus momentos de humana.
-La verdad… mis pies no dan más. Y si lo deseas te puedo hacer el plano del edificio, ¡con detalles! Pero déjame descansar.
-Edward, creo que eres capaz de cuidar de Bella mientras yo compro otras cosas necesarias –la humanidad de Alice había desaparecido.
-Sin problemas Al, solo relájate, ¿Es mucho pedir? Dejaré las cosas en el auto e iremos a una cafetería. Vuelve en media hora. ¿Sobrevivirás?
-Si primito, muchas gracias –y dicho esto se alejó dando saltitos hacia la tienda más cercana.
-¿Quieres acompañarme a dejar las bolsas o prefieres guardar una mesa en la cafetería? –Edward me miraba tan profundamente que por un momento olvidé respirar. Por suerte mi conciencia tomo cartas en el asunto y apareció justo a tiempo.
-Ehh… mejor guardo una mesa.
Vi como Edward se alejaba hacia la salida. En ese momento me detuve a pensar. Edward. Yo. Una mesa. Solos. Cafetería. Estaría sola con Edward. Dios, ¿Qué haría?
Mi cerebro trabajando a mil por hora. Solo respira y relájate, no te hará nada. No muerde ¿no? Camine directo a una mesa que se encontraba en el fondo del local. No tenia intención alguna de ver a Alice correr con bolsas por el lugar y me este torturando con la mirada. Estaba tan metida en mis pensamientos que no había notado la presencia de alguien sentado a mi lado.
-¿Qué quieres tomar?
-Lo siento, me quedé tildada.
-Lo noté, no te preocupes, a mi también me pasa -¿Por qué su voz era tan hipnotizante en ese momento?
-Tomaré un cortado con un tostado.
-Ok, enseguida vuelvo.
¿Qué se suponía que era esto? Para mi sería un descanso de la tortura de Alice. Cita. Cita. Cita. No. Mi mente no me dominaría. Edward volvió pronto con mi pedido y el suyo.
-¿Realmente no te cansas de Alice? Por suerte a mi no me arrastra siempre –dijo él con un tono gracioso.
-Quiero muchísimo a Alice, pero odio cuando me hace este tipo de cosas.
-¿A ti no te gusta comprar? –su mirada denotaba curiosidad
-Si compro es solo cuando paso por una vidriera, veo lo que me gusta y cuando decido comprarlo voy directo al punto. Me molesta estar dando vueltas sin sentido. Y para que me quiera comprar algo me tiene que gustar.
-Mira vos, a mi me pasa lo mismo. Solo que con Alice en la familia es complicado no tener algo nuevo todos los días. Todavía no comprendo como mis tíos le permiten tener tantos gastos…
-Esme es demasiado buena para su bien –no pude evitar el comentario, pero es lo que sinceramente pensaba.
-Yo creo lo mismo. No se como Jasper aguanta a Alice los días de compras –su mirada se había vuelto más profunda si se pudiera.
-No se… Creo que realmente la quiere para estar siempre a su lado –respondí despreocupadamente tomando mi café.
-¿Y a ti como te va con Jacob? –casi escupo el café solo por la sorpresa. Luego una carcajada bastante sonora salio de mi boca.
-¿Jake y yo? ¡No bromees! ¿Quién fue el idiota que te dijo eso?
-… Pues… Mike… -su cara era de una confusión absoluta. Había olvidado completamente la broma que le habíamos hecho con Jake al bobo de Mike.
-Y veo que te lo creíste… La verdad es que fue una broma. ¿Qué fue lo que exactamente te dijo Newton?
-Que… había ido a tu casa a entregar un pedido de pizza y que los encontró a ambos muy abrazados en la entrada a punto de besarse.
-Wow. Cuanta imaginación tiene Newton… Lo que pasó fue que solo quería escapar de Mike porque no paraba de darme indirectas para salir conmigo y Jake solo me abrazó para alejarlo. Nunca mencionamos algo sobre que salimos. Te dijo cualquier cosa.
La charla con Edward se tornó de lo más amena. Tenia que admitir que me agradaba hablar con él. Era una persona de lo más sociable, ¡y teníamos gustos parecidos! La media hora se había pasado bastante rápido. Para cuando ya habíamos tomado los cafés llegó Alice corriendo.
-¡Bells! He encontrado el vestido perfecto para la fiesta del sábado –cuando la iba a interrumpir… -y sin excusas, es un regalo. Edward, espéranos aquí por favor.
Y con esa simple frase sentí que algo me faltaba. ¿Por qué me dejaba sola con Alice? No era justo que él estuviera libre de tortura mientras a mi me compraban un vestido que valdría más que mi mp3. Corrimos por medio centro comercial hasta llegar a un local de exclusivos vestidos de fiesta.
-Al… sabes que no me gustan los vestidos cargados. ¿Esta vez puede ser simple? De verdad que necesito algo cómodo.
-No te preocupes, es perfecto para ti –me alcanzo un vestido negro, angosto para mi gusto. Consistía en un tul con pequeños brillantes, nada llamativo pero no aburrido. Iba hasta la rodilla y terminaba en varias puntas. Simplemente, me encantó.
-¡Hasta que encontraste algo digno de mi! Al… me encanta.
-Sabia que te gustaría, pero para la próxima fiesta no te salvas. Ahora vámonos. Esme quiere que estemos temprano para la reunión.
-¿Qué reunión? No habías mencionado nada de reuniones Al.
-Lo siento, lo olvidé por completo. Esme quería preparar una cena para todos en la semana y me pidió que te invitara. Se me paso.
-Esta bien, iré porque lo pidió Esme. Espera que le avise a Charlie que hay pescado en el congelador.
Saqué mi celular del bolso y marqué el número de mi padre. Dudaba que se enojara, adoraba a Esme y a Alice por descontado. No habría problemas.
Cuando salimos del local Edward nos esperaba sentado en un banco cercano. Nunca me había detenido a observarlo. Su pelo era un desastre, pero con estilo, y tenia que admitir que daban ganas de tocarlo, parecía ser bastante sedoso al tacto. Para cuando había comenzado a pensar en esas características tan particulares de él, nos estábamos alejando hacia su flamante Volvo.
Cuando llegamos Esme nos esperaba bastante emocionada. No era muy habitual que toda la familia se reuniera. Por lo general siempre estábamos todos por separado. Cuando estaba Edward faltaba yo, y eso a Esme le molestaba bastante. O sea, yo no era familia de sangre pero siempre pasábamos las fiestas juntos y me consideraban parte de ellos.
Al entrar en el salón vi que estaban todos. Si, realmente todos. Jasper sentado en el sofá con Carlisle mirando la televisión. Y Rosalie con Emmett muy abrazados en otro sofá cercano. Solo faltábamos nosotros. Se sentía un rico aroma a comida desde la cocina. Seguramente Esme preparó comida italiana, mi favorita.
La cena fue grandiosa. Hacia mucho tiempo que no la pasaba tan bien. Hubiera querido que Charlie nos acompañara, pero a esa hora todavía estaba en el trabajo por si ocurría alguna emergencia, cosa bastante extraña en un pueblo tan pequeño como lo es Forks.
Emmett y sus bromas siempre estaban presentes, y los comentarios de los preparativos de la próxima fiesta estaban en boca de todos. Alice se notaba que estaba es su salsa con el tema. Esa pequeña seguramente seguiría la carrera de diseño. O compras compulsivas, ¿existe ya? Y si no, Alice la inventó. Carlisle comentó algo sobre el instituto, algunos problemas con la comida de la cafetería y el presupuesto del año.
Luego de terminar de cenar, Carlisle y Esme nos dejaron para dar un paseo afuera, según ellos estaba agradable el clima para salir pero para mi solo querían un momento a solas fuera de nuestra vista. Alice y Jasper se encargaron de lavar los platos, mientras que los que estábamos de sobra en la cocina nos fuimos a la sala de estar. Rosalie tomó una de las revistas de moda de Alice y comenzó a pasar las hojas sin sentido aparente. Mientras que Edward se sentó cómodamente en el sillón, realmente no le preste demasiada atención a lo que hacía. Con Emmett tomamos mi mp3 porque quería mostrarle unos temas nuevos que había agregado. Estábamos escuchando el tema Assassin de Muse cuando mi celular comenzó a sonar. Alguien estaba llamándome.
-¡Hola! Soy Jacob, ¿cómo estás?
-¡Jake! Bien, ¿y tu?
-Muy bien, ¿estas en tu casa?
-No, en la casa de los Cullen. Esme me invitó a cenar
-Ah, ¿y Charlie? Billy estaba pensando en ir a visitarlo y me apunté al paseo.
-Quedó en casa. ¿Irán?
-Supongo que sí, pero dentro de hora y media a ver el partido.
-Ok, intentaré llegar a esa hora. Adiós, besos.
Todavía me quedaba un rato en casa de los Cullen hasta que los Black llegaran de visita, por lo que no me apure en absoluto a irme.
Me encontraba sentada en el piso con Emmett al lado cuando Edward comenzó a darme leves pisadas en las zapatillas, a lo que le respondía pegándole en las piernas lo más fuerte que podía. Él me pisaba y yo lo golpeaba. Pero la verdad era que me estaba molestando, había vuelto a su papel de idiota y no estaba dispuesta a tolerarlo.
-Edward, ¿es que no puedes parar? ¡Déjame en paz de una vez! No te estaba haciendo nada, por favor –le rogaba y él reía.
En el momento en que volví a hablar con Emmett, sentí como alguien me tomaba de la cintura y me alzaba en el aire al estilo recién casados mientras daba vueltas en círculo. El aire se había ido y vuelto de golpe en mis pulmones.
-IDIOTA, BAJAME, ¿¡¿¡QUÉ HACES? –a esa altura de la broma Edward paraba de reírse y Emmett estaba filmándolo todo con su celular con una sonrisa en su rostro-. EMMETT, ¡HAZ ALGO POR FAVOR! MASEN BAJAME O TE MATO AQUÍ MISMO – Mi estomago se cerró y tuve que agarrarme fuerte del cuello de Edward para no caer. Cuando tomé conciencia de lo que estaba haciendo comencé a pegarle en su fuerte espalda. ¿Dije fuerte? Dios, tengo serios problemas… ¡pero era verdad! Su espalda era una dura roca que tenia que romper de cualquier modo posible. Esperaba que le quedara alguna marca luego para recordarle lo que me estaba haciendo pasar.
A causa de mis gritos, Alice y Jasper aparecieron por la puerta de la cocina. Al ver la escena que nos habíamos montado no pudieron evitar reírse hasta tener lágrimas en los ojos. Mis insultos no cesaban, y cada vez gritaba más alto si me era posible. No se si fue por los golpes o porque le gritaba en el oído me bajo hasta dejarme de pie. Cuando toqué tierra firme estaba con el corazón a mil por hora
-¡Eso no fue nada gracioso Masen! ¿Es que no podías molestar a Emmett y te descargas conmigo? –estaba furiosa. Pero no pude reprimir el sentimiento de estar entre sus brazos, se sintió increíble. Sentía que en cualquier momento caería y me rompería la columna o incluso la nuca- EMMETT, ¿POR QUÉ RAYOS NO ME AYUDASTE?
-Lo siento, fue tan gracioso que lo filme y próximamente podrás verlo en YouTube –la sonrisa de Emmett era impagable, se notaba a leguas que lo había disfrutado.
-Bells te veías tan patética –la risa de Alice volvió a explotar. Me iría sola a casa con tal de no aguantar su risa.
-Ok, Alice, debo irme. Nos vemos mañana. –y encaré hacia la puerta de salida. Quería salir lo más pronto posible
-¿Ya? ¿Por qué? Estas enojada ¿cierto? –su cara se puso triste de pronto
-No Al, Jake vendrá a casa un rato –no pude reprimir mi sonrisa.-Sabes que somos buenos amigos y hace tiempo que no nos vemos.
-Nosotras también somos buenas amigas y hoy lo estamos pasando juntas –no me rendiría ante la cara de perrito mojado de Alice
-Lo se Al, pero hoy, justamente como haz dicho, la pase contigo y tengo temas pendientes con Jake, prometo hablarte antes de dormir, ¿bueno?
-Bueno… ¿quieres que te lleve Jazz a tu casa?
-Si no es ningún problema…
-No ninguno, yo te llevo –era bueno tener a alguien tranquilizador para un momento después de lo ocurrido. Él no sería capaz de reírse en mi cara.
Dicho esto me despedí de todos, incluido Edward a pesar de todo lo que me había hecho esa noche.
Esa noche no pude dormir prácticamente nada. Miles de pensamientos revoloteaban en mi mente. ¿Por qué Edward tenia tantos cambios de humor en un día? Esos cambios me daban dolores de cabeza. ¿Era necesario hacer una broma de tan mal gusto para llamar la atención? ¿Qué lo había llevado a hacerla? De un momento a otro, simplemente lo hizo.
Para mi buena suerte, Jake ayudó en una sesión como mi "psicólogo personal" al llegar a mi casa. Mencionó algo como "ese chico solo te quiere a ti", "que idiota!" o "claro… y a ti no te gusta todavía? Todas están muertas por Masen". Sinceramente, su último comentario no me gustó en lo más mínimo. No podía andar diciendo que me gustaba Masen, no era feo, pero… no era mi tipo. O eso creo.
Arreglamos la próxima sesión para el domingo por la tarde. Con suerte Alice me dejaría libre ese día. Me lo debía por ir a su tan esperada fiesta. Realmente necesitaba un día sin ella. La quiero, si, pero a veces sus actitudes me sobrepasaban, igual que su querido primo. Y yo necesitaba a mi amigo para hablar de la vida y sus inconvenientes. Cerca de la tres de la madrugada pude conciliar el sueño y dormir en paz.
El viernes pasó más rápido que los días anteriores. Los nervios de Alice por el tema de su fiesta aumentaban tan apresuradamente como cuando hierve la leche. Era el tema de todo el instituto Forks. Nadie faltaría, y eso, me ponía de los nervios. Las chicas en el baño comentaban sus vestuarios para la noche y los chicos a que chicas querían conquistar. Solo faltaba que fueran los profesores y padres y la casa Cullen estaría repleta a más no poder.
Bella, recuerda que tienes que ir antes a mi casa para poder prepararte. No dejaré por nada del mundo que tu sola te arregles. Eres un desastre con la moda. Frase típica de Alice en las últimas horas.
La actitud de Edward se tranquilizó. Paró con sus bromas y tomó el buen camino del Señor, o eso aparentaba. Sigo sin comprender al chico. Igualmente si se ponía insoportable juré pararlo para que mi día no empeorara. La tarde con el makeover de Alice me tenía preocupada. Ella se pondría como loca con eso de tener todo listo para recibir a los invitados y yo no estaba dispuesta ni en condiciones para bajarle los nervios. Podía llegar a ponerle los pelos de punta a cualquiera que se le cruzara en el momento de arreglar todo. Y por lo que había escuchado, estaría sola, ya que Rosalie supuestamente estaría ocupada. A mi modo de ver, solo quería evitar a Alice nerviosa.
Luego del instituto, salí rápidamente hasta llegar a casa a tomar una larga ducha, no tenía tiempo que perder, debía estar en lo de Alice lo antes posible. Necesitaba tranquilizarme un poco, el agua caliente me relajó lo suficiente como para pasar toda una tarde estresante. Prácticamente corriendo salí a la casa de los Cullen. Esme tuvo la gentileza de prestar la casa para la fiesta. Esa casa era su tesoro, esperaba que no hubiera incidentes y que quedara tan perfecta como es.
Esme estaba en la puerta cuando estacioné la camioneta frente a su mansión. No me sentía orgullosa de mi trasto, desencajaba notablemente con la fachada y los autos que "adornaban" el frente.
-Querida, que bueno que haz llegado. Alice esta de los nervios por arreglarte.-Esme parecía bastante preocupada por su hija. Al parecer sus ataques ya habían comenzado.
-Lo siento, necesitaba dejar los libros en mi casa y darme una ducha. Tú sabes como puede ser Alice cuando se pone de los nervios. Necesitaba relajación.
-Claro, lo entiendo. La conozco desde que la tenía en el vientre –con una dulce sonrisa me acompañó hasta la habitación de Alice. Su gran cama estaba ocupada con vestidos de todos los colores.
-¡Alice! –un pequeño tornado salió desde el enorme vestidor.- ¿Puedes parar un minuto? Todo saldrá excelente y lo sabes, tranquila.
-Claro, la señorita llega tarde y ahora se queja. Ya, toma tu vestido del vestidor y póntelo. Te estaré esperando aquí para peinado y maquillaje.-Me cambié y salí lo antes que pude al encuentro de Alice, no quería que se pusiera peor.
Exactamente luego de hora y media Alice me liberó. Lamentablemente no me hizo caso con el peinado, pero si con el maquillaje. Algo suave, no quería que mi cara parezca la de un payaso. Para salir de ese cuarto estresante fui al porche delantero de la casa. Así, Alice tenia el camino libre para terminar sus asuntos y arreglarse.
Me senté en el escalón de la entrada a descansar mi mente. Desde dentro de la casa comenzó a sonar una hermosa canción de piano. Seguramente Esme puso esa música para relajar el ambiente. Como no quería estar sola y pensé que sería bueno hablar un rato con Esme por lo que decidí entrar. Cuando la busqué con la mirada en el gran salón todo decorado para la fiesta, nunca me imaginé encontrar a esa persona.
Edward estaba sentado en un hermoso piano negro tocando una preciosa canción que no conocía pero que era buena. Ahí mismo, parecía un chico común, salvo por el hecho de tocar un piano y hacerlo tan bien. En su cara había una expresión relajada, tenía los ojos cerrados, lo cual me sorprendió, estaba tocando de memoria. Al parecer no había notado mi presencia en el lugar y como mi intención no era molestarlo (para que después no se vengara) quise salir del lugar, pero cuando lo intenté tropecé con mis propios pies. La culpa la tenían los enormes tacos que Alice me había obligado a usar. Con el golpe cause un gran estruendo y Edward paró repentinamente de tocar.
-¿Bella? ¿Qué hacías allí?
