Capitulo 8:
No le había dicho nada a Alice de mis planes para el sábado. Charlie sabía que iría a la mansión Cullen pero dejo el tema allí, seguro pensaba que sería tarde de chicas y no quería saber los detalles. Pobre Charlie, no podía estar más equivocado. Jake también tenía planes con Leah por lo que no le dio muchas vueltas al asunto tampoco. Al parecer era fin de semana de las parejas, todos habían arreglado para salir. ¡Y yo había quedado con Edward!
Como había decidido no decirle nada a nadie del encuentro tenía una ansiedad que nunca había sentido. ¿Qué era eso? ¿Desde cuando quería pasar tiempo a solas con Edward? Tanto tiempo sola estaba haciendo que pensara cualquier cosa.
Entre clases veía como Edward me miraba y algunas pequeñas sonrisas salían de sus labios. Éramos dos personas que guardábamos un secreto que no queríamos compartir con nadie más. Y para mi sorpresa, era un sentimiento que me gustaba. Supuse que Edward no le había dicho nada a Alice porque ella todavía no había llegado corriendo a planear cada paso de la tarde conmigo. Cada pareja estaba en su propio mundo de amor y ninguno nos notaba. Nadie se daba cuenta la soledad de los que estaban sin pareja.
Eran las seis del sábado, había tardado una eternidad en llegar ese día. Estaba camino a la mansión Cullen con la radio encendida mientras escuchaba el tema Feeling a Moment de Feeder. Iba cantando como si estuviera dando un concierto. Estaba feliz. Como hacía mucho tiempo no lo estaba. El verde de la carretera parecía más vivo y era uno de los pocos días soleados del año por lo que contrastaba con el celeste del cielo. Había poco transito, los pocos que llegue a cruzar iban para el lado de La Push a disfrutar de la playa.
No quería llegar demasiado puntual, tenía miedo de que pensara que estaba demasiado ansiosa, y aunque era de esa manera, no pretendía que lo notara. A las 6:07 apagué el motor de la camioneta en el frente del gran hogar Cullen. Tranquilamente baje y cerré el coche. Caminé hasta la entrada y toqué el timbre. No tuve que esperar demasiado, Edward abrió la puerta enseguida.
Intente mantener mi boca cerrada cuando lo que vi, lo juro, pero era difícil. Me di cuenta cuando mi corazón comenzó a latir más rápido de lo normal. Allí parado Edward parecía sacado de una revista de modelos. Era el David de Miguel Ángel, majestuoso. Vestía unos jeans, una camiseta blanca, con una camisa a cuadros rojos y negros encima y zapatillas casuales. Nunca había pensando en él como alguien atractivo. Pero lo que vi me gustó, y mucho.
-Pensé que no llegabas –dijo con esa voz tan aterciopelada suya.
-¿Cuánto tarde? –dije mirando el reloj -¿Diez minutos? Tuve que cargar gasolina, había olvidado hacerlo antes –mentira, quería parecer menos ansiosa.
-Pasa –se hizo a un lado de la puerta dejando lugar para que entrara. Cuando pase por su lado sentí un fuerte perfume masculino. Uno que no sentía hacía mucho tiempo pero que recordaba. -¿Quieres tomar algo?
-Bueno, ¿qué tal tu vida?
-Hablas como si no nos hubiéramos visto en meses –dijo con una sonrisa. –Bien, con trabajos del instituto, me imagino que estarás igual –respondió mientras nos dirigíamos a la cocina.
-Si, matemática me esta matando. Definitivamente no pienso estudiar algo en la universidad que tenga relación alguna con las matemáticas. No se como lo lograré este año.
-¿Necesitas ayuda para el próximo exámen?
¿Era Edward Masen quien me estaba ofreciendo ayuda para aprobar? ¿El mismo que se pasaba molestándome en clase? Que alguien me pellizque porque no me lo creo. Sabía que le iba bien en esa materia pero nunca espere que me ofreciera ayuda. No pretendía eso cuando mencione mi problema.
-¿Estas seguro? ¿No es una broma esto? ¿Dónde están las cámaras? ¿Vendrá Ashton Kutcher?
Una sonora carcajada salió de su garganta mientras sacaba unas naranjas de la heladera y las dejaba sobre la mesada.
-No, no es broma, no estas en Punk'd y definitivamente no aparecerá Ashton Kutcher por la puerta. En serio te lo digo. La oferta esta sobre la mesa. Tómalo o déjalo –susurró lo último cerca de mi oído mientras sacaba una exprimidora del mueble que estaba al lado de mi cabeza. Su aliento cálido rozó mi cuello y un escalofrío recorrió mi cuerpo. Necesitaba aclarar mi mente. Ya empezaba a tener imágenes mentales donde me encontraba besando desesperadamente a Edward encima de la mesa de la cocina y eso no era sano. Trague fuerte, respire profundo e intente sonreír con normalidad.
-¿Necesitas ayuda con eso? –dije señalando las naranjas mientras el enchufaba la exprimidora.
-Saca un cuchillo del armario y corta algunas si quieres.
Estábamos uno al lado del otro, yo cortaba las naranjas en una tabla que había en la mesada y las dejaba a mi derecha y él las tomaba y exprimía. Luego pasaba el jugo a una jarra.
-Me gusta el jugo recién hecho, no es lo mismo cuando pasa un tiempo en la heladera. De este modo tiene un sabor más fresco. Espero que no te moleste el olor que quedará en tus manos después.
-A mi también me gusta aunque no tomo seguido. Cuando paso las vacaciones con Renee siempre me levanta con jugo recién hecho. Esto me trae buenos recuerdos. El olor es otro tema, te saldrá caro –con una mirada molesta me dirigí hacia él. Primero me miro asustado y abrió la boca para decir algo pero se detuvo cuando vio la sonrisa aparecer en mi rostro -¿Cómo pudiste pensar que el olor es un problema? Pienso lavarme las manos cuando termine con esta naranja.
Tire al cesto las naranjas usadas mientras él limpiaba la exprimidora. Parecíamos un equipo. Nos movíamos cómodamente por la cocina sin molestar al otro. Esta era como la segunda casa de cada uno, sabíamos donde estaba todo con exactitud. Y se sentía bien de esa manera.
Edward tomó dos vasos de la encimera con su mano derecha mientras con la izquierda sostenía la jarra de jugo y se dirigió hasta mí.
-¿Quieres ir a mi habitación? –no sabia si preocuparme o no por ese tono demasiado relajado que uso pero deje que mis sentimientos se liberaran, desconectaría a mi cerebro por un rato. Hice un asentimiento con la cabeza. Él dio media vuelta y me guio por las escaleras hasta llegar a la última puerta del pasillo.
-¿Puedes abrir la puerta? Me es un poco complicado con las cosas ocupando mis manos.
-¡Lo siento! Olvide ofrecerte ayuda, me distraje con los cuadros de las paredes –Mentirosa. Mentirosa. Mentirosa, repetía mi mente una y otra vez. Y eso era cierto. Los cuadros ya los conocía. Llevaban años en aquellas paredes. Pero no podía decirle que me distrajo su espalda y los movimientos de sus piernas al caminar. Si una chica alguna vez dice que nunca le mira el trasero a un hombre es mentira, no le crean. Basta Bella. No puedes seguir así, no es sano. Y menos si todavía tienes una tarde completa con Edward.
-Simplemente abre la puerta. Eso me ayudaría –dijo con una sonrisa torcida. Hice lo que me pedía. Y me hizo una seña para que pasara primero.
Hacia mucho tiempo que no visitaba ese cuarto. Si, había estado cuando éramos apenas unos niños pero había cambiado con el paso de los años. Tanto como había cambiado el dueño.
-Wow… -No sabía qué decir. Era una habitación luminosa y amplia. De los dos grandes ventanales solo habían cambiado las cortinas, donde antes eran celestes y con motivos de autos animados ahora eran azul oscuro y lisas. Detrás había una vista hacia el bosque que rodeaba la casa. La pared de la izquierda estaba cubierta con una enorme biblioteca. Mitad llena de libros y por el otro lado una enorme colección de música y películas. En la pared derecha se encontraba un televisor plasma con un equipo de música último modelo. Una gran cama ocupaba un gran espacio, demasiado grande para solo un chico, en mi opinión. Cubierta con una colcha gris oscuro. Los colores de la habitación combinaban perfectamente. Grises, negros y azules me rodeaban.
Intenté no parecer demasiado sorprendida pero no lo estaba haciendo bien porque Edward comenzó a reírse mientras me miraba.
-¿Te sorprende lo que ves?
-Eso es quedarse corto. ¿Desde cuando tienes tantos libros en tu habitación? ¿No tenían una biblioteca en esta casa?
-Todavía esta, pero hace un tiempo decidí comenzar mi propia biblioteca, con mis libros preferidos y los que voy comprando de a poco.
¿Qué chico de diecisiete años pensaba así? Creo que ninguno. Olvide contarme a mi, bueno, soy mujer, puede que la cosa sea diferente.
-¿Lees mucho? –pregunté mientras me sentaba en la enorme cama. –No te tenia de esa manera.
-Que sea un secreto entonces –y me guiño antes de darse vuelta y dejar los vasos sobre el escritorio de cristal. –Últimamente leo mucho. Las tardes son tranquilas y eso ayuda a concentrarse.
Sirvió dos vasos de jugo y me alcanzó uno. Se sentó en forma de indio frente a mí en la alfombra.
-Entonces…
-¿Quieres hacer algo? –preguntó.
-Tu dirás –estaba estática. ¿Qué decir? ¿Qué hacer? ¿Cómo actuar? Estaba congelada. Tome un largo trago de jugo y lo mire directo a los ojos.
-¿Juegas a las cartas? –Se levantó de un salto y se dirigió a uno de los cajones del escritorio para sacar una caja un poco grande para tener solo un mazo de cartas.
-Porque no. ¿A qué? –dije mirando con intriga esa caja.
Volvió a sentarse y yo también me senté frente a él en la alfombra imitando su postura. Abrió la caja frente a los dos y dentro había diferentes tipos de mazos de cartas. Las de poker llenaban la caja. Apartado pude vislumbrar un mazo de Uno y lo tomé.
-¿Uno? ¿Estas segura? –preguntó mientras sonreía.
-¿Tienes miedo de que te gane? –respondí intentando sonar interesante.
-No creo que eso suceda hoy. –me desafió.
Las bromas iban y venían. Maldiciones, risas, desafíos, enojos llenaron la tarde. Sentía que estaba volviendo a conocer a Edward. Un chico como cualquier otro, pero mucho más interesante. Entre juegos hablamos de nuestros gustos, las aspiraciones que teníamos y cosas de la vida. Era todo un descubrimiento el que estaba haciendo. Encontraba en Edward una persona con la cual debatir si el autor de moda se merecía esos premios o era pura basura. Discutimos sobre bandas y música en general. No compartíamos las preferencias en todos los campos pero llegábamos a un equilibrio.
El tiempo se paso. El cielo se volvió negro y decidí que sería momento de volver a casa. No quería que Alice me encontrara y supiera todo.
-Creo que quedamos seis a cinco a mi favor y va siendo hora de retirarme del juego. –Tente mi suerte con eso. En realidad el resultado era el inverso.
-No te hagas la lista conmigo. Yo voy ganando. Eres una mala perdedora. –comento.
-Entonces te juego una revancha, pero será la próxima. Va siendo hora de mi retirada. –Intenté que la tristeza no inundara mi voz. No quería irme. Podría pasarme más horas jugando con él. Simplemente jugando y hablando, no pedía nada más.
-Esme y Carlisle están por llegar –dijo mirando el reloj. -¿No quieres quedarte a cenar? –Creo que vi un pequeño brillo en sus ojos.
-Lo siento, debo hacerle la cena a Charlie hoy. No quiero un padre en el hospital por intoxicación. –Me pare y sentí las piernas adoloridas, las estire un poco para que el dolor pasara. Él se paro y recogió las cosas mientras.
Bajamos las escaleras hasta la cocina donde dejo todo y me acompaño a la puerta.
-Es hora de marchar –dije mirándolo.
Sentía que sus ojos me perforaban el cerebro. Tenía una mirada muy intensa.
-Supongo que podemos quedar para otro fin de semana.
-Dalo por hecho. No pienso dejar ese juego inconcluso la próxima. -Me acerque para darle un beso en la mejilla pero él giró la cara en el último momento y nuestro labios chocaron. No tuve tiempo para pensarlo y me quede dura. Edward tomó mi cara entre sus manos y me presiono levemente contra su cuerpo.
Un segundo después todo había terminado. Se separo tan rápido como me había besado, dijo adiós y volvió a entrar en la casa.
Y yo camine despacio hasta la camioneta, arranque y fui todo el camino hasta mi casa en estado de shock. La voz no me salía. Ni siquiera llegue a prender la radio para tener una compañía.
¿En que había quedado todo? ¿Habría una próxima vez? ¿Cómo se comportaría después de eso? ¿Cómo me comportaría yo? Las preguntas no paraban de salir de mi cabeza.
Hasta que podemos ver un acercamiento entre los chicos. Espero que les haya gustado.
Hice una incursión en el mundo de FictionPress y publique algo. Hasta ahora solo subi dos textos. Se encuentran en una "historia" llamada Situaciones. Pienso subir cosas que se me ocurran. Son historias individuales que no están todas conectadas entre sí. Puede que en un futuro haya una conexión entre algunas. Espero que se den una vuelta y dejen sus comentarios.
www . fictionpress (punto) com / s/3047147/1/Situaciones (no olviden sacar los espacios y agregar el punto)
Nos leemos la próxima! (:
