Bueno, empezaré este capítulo diciendo lo mucho que siento haber tardado tantísimo en subir este capítulo. En mi defensa, he de decir que estos meses han sido un poco ajetreados.
Y bueno, la buena noticia es que tras este capítulo tengo pensado hacer tres más y se acabó. ^_^ Ha sido un largo camino y quiero acabar esta historia para poder continuar mi otro fic.
El siguiente capítulo está a mitad, así que espero poder subirlo en un par de semanas.
Como siempre, gracias a todos por vuestro apoyo, en especial a los reviewers: 801chan1, Laquesis, Aswang, Kamy Black M, KaVicious, rachel-Potter, nao, Princes-slalsh, Luna, lobita22, Princesa vampirica, Guest, Ru.Q, Dafne10, Himeno sakura Hamasaki, 79, PrincessPanchali y Seleina.
Y ahora el siguiente capi… ¡disfrutadlo!
Capítulo 4: Doblegándose ante la oscuridad
Caminaba con paso largo y rápido hacia mi habitación sin siquiera fijarme en ninguno de los mortífagos que se cruzaban en mi camino. No quería perder el tiempo con ninguno de esos estúpidos y lo único que deseaba era llegar lo antes posible para relajarme.
Por mucho que quisiera negarlo, lo que había ocurrido en las mazmorras con el muchacho me había descolocado. No era el hecho de que haber violado a Potter había sido totalmente innecesario, ni siquiera como había aprovechado la oportunidad para implantar ideas y pensamientos en aquella débil mente.
En el pasado, nunca se me hubiera pasado por la cabeza utilizar tales medios para conseguir mis objetivos. Utilizar el sexo como arma no era mi estilo. No había duda que siempre había gozado haciendo sufrir a mis enemigos y nunca había sentido ni el más mínimo remordimiento torturando a muggles, traidores o sangre sucias. Pero a lo que nunca había recurrido era a violar a alguien de esa manera.
Aceleré mi paso aun más intentando llegar lo antes posible a mi cuarto. Por alguna razón me estaba costando ocultar la ansiedad que me carcomía.
No tardé ni medio minuto en llegar a la enorme puerta que daba entrada a mi cuarto. Con un ligero movimiento de mano la puerta se abrió y me introduje en el interior de la sala. Caminé unos pasos más hasta uno de los sillones y con otro movimiento conjuré un vaso con wiski escocés que rápidamente llego flotando hasta mi mano.
Me senté apoyando mis brazos con cansancio y cerré mis ojos durante unos instantes rememorando todo lo ocurrido hacía tan sólo unos instantes.
En cuanto mis párpados bajaron vi aquel rostro dulce y atrayente que había destruido completamente mi autocontrol.
En un principio había querido ir allí y demostrarle lo mucho que me necesitaba, incluso llegar a poseerle si el accedía a mis peticiones. Pero en cuanto aquellos labios me rogaron por algo que ni ellos mismos sabían que era, no pude controlarme a mi mismo. Cogí sus hombros y le giré empotrándole contra la pared y tomando lo que tanto tiempo me había sido negado.
Mi mente no había sido consciente de lo que estaba haciendo hasta que me corrí en aquella estrecha cavidad que me había proporcionado un placer como el que nunca antes había sentido.Y ese hecho es el que más me había trastocado. ¿Cómo había perdido el control de mi mismo?
Aún no sabía cómo. Yo, el mago oscuro más temido y dueño del mundo mágico, no me podía permitir el lujo de que esto ocurriera, incluso en presencia de alguien como Harry Potter.
Por si no fuera poco, no había logrado lo que quería, subyugar al joven muchacho. Sí, durante el tiempo que el chico estaba fuera de sí había accedido a cada uno de mis exigencias, pero en cuanto había vuelto en sí, aquella lengua maleducada y desobediente había vuelto a hacer acto de presencia.
Lo que también me enfurecía había sido aquel arranque de compasión como el que nunca antes había tenido. ¿Por qué había abrazado al muchacho? Era cierto que me ayudaría a encandilarle, a hacerle sentirse protegido, pero ni incluso esas razones eran suficientes para justificar aquella sensiblería repugnante. Nunca en mi vida había abrazado a nadie como lo había hecho con el chico y lo peor es que lo había disfrutado. Mientras notaba como su cuerpo, pegado al mío, temblaba debido a pequeños espasmos causados por el desconsuelo, acariciaba aquel cabello sedoso y tocaba con mis labios aquella seductora piel que me había hecho perder el control. Sentí que aquel chico encajaba perfectamente entre mis brazos y no quise que el momento se rompiera, quise que Harry me fuera leal y quisiera pertenecerme. Todo este sentimentalismo era lo que ahora me ponía más furioso de lo que había estado en semanas.
Aunque debía reconocer que no todo había salido mal. La experiencia en sí había sido altamente gratificante y aunque había perdido una oportunidad excelente, por lo menos ahora el chico sabría a que atenerse y sería más fácil conseguir lo que quería.
Por un lado había entendido que yo podría hacer lo que quisiera con él y por otro sabía que si quería algo de mí tendría que repagarme con su lealtad y con su sumisión.
Elevé el vaso de wiski hasta posarlo en mis labios y sorbí un poco de aquel líquido exquisito. Beber siempre me tranquilizaba.
Entonces oí un pequeño golpeteo y me giré a observar la puerta. ¿Quién sería ahora?
"Pasa." Dije con voz grave y fría.
No tardé en reconocer a la persona que había llamado en tal mal momento.
"Ah, Lucius, ¿A qué debo el honor de tu visita?" Pregunté con un poco de sarcasmo en la voz.
"Mi señor, tengo una noticia que darle." Comentó cerrando la puerta tras de si.
"¿De que se trata?" Inquirí con un poco de impaciencia mientras le hacia un gesto para que se sentara en el asiento a mi derecha.
El patriarca de los Malfoy se acercó al lujoso sofá y se sentó. "Tenemos una información muy fiable sobre la localización de la base rebelde."
Miré a Lucius durante unos instantes y no pude impedir que en mi cara se mostrara una satisfacción poco común en mí. "¿Y cómo habéis conseguido tal información?" Pregunté con diversión.
Lucius no tardó en responder. "Capturamos a dos miembros de la orden del fénix ayer por la tarde y Bellatrix los ha estado interrogando con sus habituales métodos de persuasión."
Una mueca macabra surgió en mi rostro. "Así que nuestra querida Bellatrix les ha mostrado que es mejor colaborar. Bien. Me gustaría ver a los rebeldes por mi mismo. ¿Dónde están?"
Lucius parecía un poco nervioso ante mi pregunta pero contesto con rapidez. "Siento decirle que ya no es posible, tras el interrogatorio los traidores han muerto. Freiser y Ronald han cremado los cuerpos hace unas horas."
"Es una lástima." Dije con aire pensativo. No es que me importara lo más mínimo que hubieran muerto, era normal que tras varias horas con Bellatrix los pobres desgraciados no sobrevivieran. Aun así me hubiera gustado interrogarles ya que tenía ganas de torturar un rato.
"Muy bien Lucius, enviad a un par de mortífagos a reconocer el terreno para preparar el ataque. Quiero que en menos de un mes tengamos la localización exacta de la base. Ya es hora de que capturemos a esos molestos rebeldes de una vez por todas." Dije seriamente.
"Como ordene, mi lord." Respondió el Slytherin con severidad.
Hice una pequeña indicación como que podía irse y rápidamente hizo una reverencia y salió de la habitación.
Lucius había traído muy buenas noticias. Hacía tiempo que quería deshacerme de los estúpidos despojos de lo que fue un día la orden del fénix. Ahora eran una espina clavada entre mis uñas, que con el tiempo se había hecho más y más molesta y por fin podría arrancarla sin piedad y deshacerme de ella.
Sonreí macabramente pensando en la diversión que me supondría torturar a todos esos estúpidos que habían osado enfrentarse a mí. Pero muy dentro de mi ser sabía que nada me daría tanto placer como torturar a mi otro prisionero.
"Oh, Harry. ¡Cuánto nos vamos a divertir tu y yo!" Me dije a mi mismo agrandando aquella sonrisa macabra que tanto me caracterizaba.
Todo estaba tan oscuro. ¿Por qué todo estaba tan oscuro?
Era horrible. Día tras día, hora tras hora, minuto tras minuto, rodeado de aquella negrura que me encogía el alma y me arrancaba sin compasión la poca cordura que me quedaba.
Y por si no fuera poco me sentía sucio y usado. Percibía dolor en ciertas zonas donde nunca creí que lo sentiría. Y no era todo, me sentía repugnado de lo que había ocurrido, totalmente disgustado por aquella situación injusta y horrible en la que me había tocado ser el protagonista principal.
¿Porqué a mi? Me pregunte de nuevo rodeado de sombras oscuras y paredes frías. ¿No era suficiente con como había sido mi vida hasta ahora?
Cerré los ojos durante unos instantes intentando calmarme. Era Harry Potter y no podía desmoronarme, no podía claudicar. Mucha gente creía en mí y aquella confianza en que los liberaría de Voldemort no me hacía sentir más fuerte, sino que me hundía más y más en la desesperación que había hecho acto de presencia desde que cumplí once años.
Miré hacia la pequeña obertura cerca del techo que dejaba entrar un poco de luz. No suficiente como para iluminar la sala, pero si para que aquella oscuridad no fuera totalmente opresora.
No sabía cuanto tiempo había pasado desde que aquel monstruo se había aprovechado de mí.
Quería llorar hasta que mi corazón se calmara, quería gritar hasta que mi garganta no diera de más, quería hacerle daño a aquel ser que tan cruelmente jugaba conmigo y quería… quería al mismo tiempo que volviera a esta habitación porque necesitaba volver a sentir su presencia, necesitaba que aquella mano volviera a tocarme, a acariciarme, a abrazarme como si le importara y eso me hizo horrorizarme aún más.
¿En que me estaba convirtiendo? ¿Qué me había hecho Voldemort para que sintiera todo esto? Me repulsaba tener estos arranques de locura donde no le odiaba sino que le necesitaba como nunca había necesitado nada.
Cerré mis ojos fuertemente, apoyando la cabeza en la pared y relajándome.
Aquel incómodo colchón acentuaba el dolor de mi trasero. Me había sorprendido, que al levantarme las sabanas estuvieran limpias y que mis heridas hubieran sido tratadas.
No sé de que me sorprendía, supongo que el hecho de que Voldemort aún tuviera un resquicio de humanidad.
Ahora ya más calmado volví a preguntarme sobre asuntos que me habían estado preocupando. ¿Qué habría sido de Ron y Hermione? ¿Y de los Weasley? ¿Y Dumbledore? ¿Me estarían buscando o simplemente estaban muertos como tantísimas otras personas que habían luchado contra Voldemort?
La verdad es que no sabía para que le daba vueltas. Ahora mismo, de quien debía preocuparme era de mí, porque como estaban las cosas no podía ni siquiera huir. Si algo había aprendido de mi experiencia con Voldemort era que necesitaba su presencia y su roce, porque si no, en menos de cinco días me volvería completamente loco. Así que lo primero que debía hacer era intentar buscar una solución. ¿Pero cómo, si estaba aquí encerrado y sin poder hacer nada?
Entonces me vino a la cabeza que la única solución era hacer lo que me pedía Voldemort. Si me rendía y me sometía a él, me daría más libertad, incluso era posible que me recompensara de algún modo que me permitiera huir de esta horrible situación.
Lo cierto es que estaba tan asustado de perder el control de mi mismo de nuevo que no me atrevía a hacer nada contra él hasta que no encontrara una solución.
Así que esta era mi decisión. Por el momento me sometería a aquel tirano, pero en cuanto encontrara una salida no dudaría en tomarla. Y si tuviera oportunidad de matar a aquel bastardo la utilizaría.
Habían pasado dos días desde que vi a Harry por última vez. Ahora mismo, Farrel me estaba informando de que Harry había estado mucho más inquieto y nervioso que en previas ocasiones. Me complació mucho este hecho porque eso significaba que era hora de hacerle una nueva visita a mi Horcrux.
"Puedes irte Farrel. " Le ordené al mortífago mientras me levantaba de mi asiento para dirigirme a las mazmorras.
El camino fue largo y excitante, ya que durante todo el recorrido me imaginé las miles de actividades interesantes que podría hacer con el muchacho.
Estos últimos días había estado demasiado ocupado con la información obtenida gracias a Bellatrix como para dedicar tiempo a domesticar a mi nueva mascota. Pero era hora de un pequeño descanso de mis tareas como gobernante y de adentrarme en aquella nueva afición que era torturar a Harry.
No pude evitar la sonrisa traviesa que surgió en mi rostro. Probablemente aquella mueca hubiera hecho que mis mortífagos salieran huyendo, pero sabía que Harry me miraría con la misma intensidad con la que siempre lo había hecho, con aquellos ojos vivos e temerarios que siempre lo había llevado de problema a problema.
En cuanto vi la entrada de la celda de Harry una sensación de júbilo me invadió por completo. Era hora de jugar.
Con un movimiento de mi mano deshice los hechizos que impedían que el joven huyera y me adentré en la habitación.
Al entrar, los ojos verdes de Harry se posaron en mí con aquella intensidad que me dejaba encandilado. Sí, eso era lo que quería, verle esperándome de ese modo.
Noté como reaccionaba a mi simple presencia y como intentaba impedir que su cuerpo actuara de algún modo que fuera en contra de sus principios.
Me adentré un poco más mientras la puerta se cerraba. "Levántate." Le ordene sin mostrar emoción alguna.
Para mi completa sorpresa el joven se levantó. Era extraño que por primera vez no hubiera hecho acto de presencia aquella rebeldía que le caracterizaba.
Un extraño silencio se sobrepuso en aquella pequeña celda. Mis ojos no se apartaban de él observando aquella pose sumisa que no había tenido el placer de observar con anterioridad. Su vista, clavada en el suelo, no se había cruzado con la mía desde que me vio entrar.
Me acerqué unos pasos más hasta quedar frente él, fascinado de nuevo con aquel extraño cambio de comportamiento. "Espero que estos días te hayan servido para recapacitar sobre tu posición en mi mundo, Harry." Comenté con frialdad sin apartar mis ojos de él. El chico se tensó visiblemente pero no dijo nada y yo me quedé allí mirándole durante lo que me parecieron minutos hasta que al final decidí hacerle reaccionar. "¿Se te ha comido la lengua el gato? No pensé que tuviera el placer de observar a Harry Potter sin su exasperante rebeldía y su completa falta de respeto hacia sus mejores." El chico se tensó aún más pero siguió sin decir nada. Sabía que mis palabras le estaban afectando, así que… ¿Por qué no se enfrentaba a mí como tantas veces antes?
Me incline unos centímetros más hasta quedar cerca de su oreja y susurré: "A no ser de que nuestro último encuentro te haya dejado tan satisfecho que aún no puedas mediar palabra." Una risita cruel salió de mi garganta y pude observar como Harry cerraba los puños con fuerza, supongo que evitando comportarse como el griffindor impulsivo que era.
Me aparte un poco de él mirándole de nuevo. "Veo que hoy estás mucho más calmado que de costumbre y no se si eso me agrada o no. He de reconocer que tu rebeldía y tu ímpetu me divierten más de lo que deberían." Ante mis palabras movió su cabeza mirando ahora hacia su izquierda sin cruzar los ojos conmigo.
Tras unos segundos más me cansé de aquella situación y con más fuerza de la que pretendía usar, le cogí del brazo y lo jalé hacia mí. "Mírame a la cara cuando te hablo, muchacho." Le ordené con más irritación que la que realmente quería mostrar.
No se si fueron mis palabras o simplemente el hecho de que mi mano descansara sobre su piel pero su cabeza se giró hasta que sus ojos se posaron sobre los míos. En segundos caí en la cuenta de que la expresión que había en su rostro no era otra que de satisfacción y gozo. Sonreí complacido ante aquella reacción, debía reconocer que la poción me había puesto las cosas mucho más fáciles.
Noté como el chico me miraba con la vista vidriosa y como sus ojos a veces se aclaraban dejando entrever la lucha interna que muy probablemente estaba cociéndose en su interior.
Mis dedos dejaron de cogerle con tanta fuerza y se pasearon suavemente por el brazo del chico, acariciándolo. Mi sonrisa satisfecha se ensanchó cuando vi la reacción que aquel roce provocaba en el muchacho. Sus labios se entreabrieron dejando escapar un gemido de gozo que provocó que me excitara más rápidamente de lo que nada me había excitado antes.
Mis dedos se pasearon aún más subiendo hasta su hombro y dirigiéndose hasta aquel cuello esbelto y pálido que pedía a gritos que lo lamiera hasta marcarlo como mío. Mis ojos, pegados sobre aquella jugosa piel, no dejaban de admirar su encanto y sensualidad, inflamándome aún más cuando su cabeza se movió dándome más espacio para acariciar.
"Más." Le oí susurrar con la voz rota por el intenso momento.
Sus párpados, ahora cerrados por aquella sensación embriagadora, temblaban de vez en cuando como si queriendo abrirse pero sin poder llegar a hacerlo.
Con el ardor que ahora recorría coda poro de mi cuerpo, subí mi mano hasta agarrar aquel pelo con fuerza y jalándolo hacia detrás admiré aquel ser que no dejaba de seducirme. Pasados unos segundos no pude aguantarlo más y lo atraje hacia mí posando mis labios sobre los suyos en un beso ardiente y apasionado que me dejó sin habla.
Mi lengua jugaba con la suya explorando hasta quedar satisfecha. El beso siguió durante minutos, arrancando gimoteos del pequeño Griffindor en mis brazos. Cuando un sonido excitado salió de la garganta de muchacho, mi autocontrol quedo hecho trizas. Le cogí aún más fuerte del pelo estirándolo hacia detrás y dejando a mi entera disposición aquella piel que me hechizaba.
Mi boca recorrió aquella zona imprimiendo sin control hasta dejar la huella visible de quien era el propietario de aquella carne. Lamí y mordisqueé hasta que me quedé satisfecho, jactándome de las reacciones que provocaba en el cuerpo contra el mío.
No tardé en empujar al muchacho hacia la cama, sin dejar de tocar ni un segundo. Si algo no quería es que saliera de su estado de éxtasis y que volviera a su comportamiento terco y desobediente.
Lo coloqué cara abajo, arrodillado, con las manos sobre el colchón besando aquella perfecta nuca que quedaba a mi merced. Con un movimiento de mi mano quedo completamente desnudo, dejando ver algunas de las marcas que le provoqué en nuestro último encuentro.
Coloqué mi mano derecha en su cuello haciendo que apoyara su rostro en la cama e impidiendo que se moviera. El muchacho se quedó allí, sumiso y perfecto. Mi otra mano se dirigió hacia sus nalgas acariciándolas y sobándolas hasta que quedaron perfectamente manejables.
Con otro movimiento de mano me deshice de mi ropa conjurando de paso un lubricante que se esparció por mis dedos. Le abrí las nalgas con cuidado hasta llegar a aquel hueco que me pedía a gritos que lo poseyera. Si más dilación, introduje un dedo, dos dedos y luego tres, sin tener en cuenta los gemidos incómodos del muchacho.
En ese momento fue cuando noté que su cuerpo forcejeaba un poco, intentando apartarse de la intrusión.
"Estate quieto." Le ordené sacando mis dedos de aquella cavidad cálida y apretando con fuerza una de sus nalgas.
"No, por favor." Le oí susurrar con desesperación. El chico volvió a forcejear débilmente y le apreté con más fuerza hacia el colchón.
"Para." Dije con un poco de irritación. El muchacho paró de moverse y se quedó manso, supongo que resignándose a lo que iba a ocurrir.
Sin esperar ni un segundo más cogí mi miembro y lo dirigí hacia su entrada, deleitándome durante unos minutos con aquella visión. Pero mi autocontrol no pudo durar mucho y empecé a introducirme en él, sin prestar atención a como Harry se tensaba ante la intrusión.
"Si." Rugí con satisfacción ante el placer que embriagaba todo mi ser.
El chico respiraba rápidamente jadeando como si hubiera estado corriendo durante horas. Su frente estaba completamente apoyada contra el colchón y su cuerpo temblaba ligeramente ante mi abuso.
Cuando noté que estaba ya completamente dentro del muchacho mi acerque un poco más a su cuerpo hasta que mi boca quedó cerca de su oreja.
"Harry." Dije con ardor. "Notas lo duro que estoy dentro de ti, pequeño. Cómo tu cuerpo me da la bienvenida y me acoge con este calor arrebatador." Mientras decía eso ambas manos se habían colocado sobre sus nalgas y las estrujaban aprisionando aún más a mi miembro. "Oh pequeño, voy a poseerte de tal manera que nunca nadie más será capaz de complacerte." Y dicho esto salí del muchacho y me hundí en él de nuevo con todas mis fuerzas. "Voy a follarte de tal manera que me suplicaras que no pare nunca." Volví a moverme embistiéndole sin piedad. "Te voy a hacer tan mío, que cuando acabe contigo no soportaras el separarte de mí."
Mis palabras posesivas y ardientes se entrelazaban con aquellas embestidas rápidas y fogosas que provocaban que el muchacho no pudiera ni respirar. Lo único que salía de sus labios eran quejidos ahogados por el colchón que hacían que me encendiera aún más.
"Si pequeño, recíbeme así, caliente y estrecho." Dije de nuevo con la voz tan grave y llena de lujuria que hasta yo me sorprendí.
En un arrebato de pasión le cogí de la cintura levantándolo con fuerza y haciendo que se sentara sobre mí. Su espalda quedó recostada contra mi pecho, que se movía de manera frenética ante los movimientos bruscos de mis caderas.
El chico estaba completamente ido. Su piel estaba sudorosa y caliente, su manos y su cuerpo totalmente mansos y laxos ante mis acometidas. Su cabeza se movía con soltura hacia detrás como si los músculos de su cuello no tuvieran suficiente fuerza para funcionar, y sus labios, entreabiertos y de un color rojizo, vibraban con cada gimoteo que salía de ellos.
Aquella visión era tan embriagadora que no pude evitar cogerle del pelo mientras aún me hundía en él y tirándole de nuevo para dejar sus labios a mi alcance, le besé con pasión.
La postura no era exactamente cómoda, pero la sensación de introducirme en aquel cuerpo mientras me adueñaba de sus labios era arrebatadora. Con aquella nueva adición no pude evitar que mi pene se endureciera aún más y que segundos después se corriera en aquella estrecha cavidad.
El chico gimió de nuevo, pero aquel sonido dulce y perfecto quedo ahogado por mi boca. Con un par de embestidas más noté que me había ablandado completamente, así que salí del muchacho dejándolo caer sobre el colchón.
Noté como él también se había corrido, no sabía exactamente cuando pero lo había hecho sin tocarlo siquiera.
Me levanté de la cama sin apartar mi vista de aquella figura inerte que aún respiraba con rapidez. Mi ojos viajaron hacia aquella suculenta cavidad que me había recibido con tanto ahínco y noté como mi esencia salía de él con lentitud.
Aquella imagen me excito de nuevo haciendo que mi miembro diera un pequeño gesto de ánimo.
Recorrí mi vista por todo aquel cuerpo, fijándome en las moraduras que habían surgido en sus nalgas y en su cintura. El cuello lo tenía repleto de pequeños mordiscos y zonas rojizas que no se irían en días. Sonreí ante un trabajo bien hecho. Solo viendo al chico quedaba en claro quien era su dueño.
Me senté al lado de su cuerpo acercando mi mano a su cabeza y acariciando su pelo con una dulzura no característica en mí.
"Estás bien." Le dije queriendo ver su reacción ante esta nueva intrusión.
El chico se tensó un poco pero giró su cabeza mirándome con aquellos intensos orbes verdes.
"No." Susurró débilmente apoyando su mejilla sobre la cama y cerrando de nuevo los ojos.
Le miré detenidamente esperando ver una nueva reacción pero lo que vi me dejó sin habla.
Pequeñas lágrimas caían de su rostro deslizándose por sus mejillas hasta depositarse sobre las sábanas.
"Pequeño." Dije con calidez sin parar de acariciarle el cabello.
"¿Porqué me haces esto?" Susurró débilmente. "No quiero sentirme así." Dijo de nuevo provocando que más lágrimas surgieran sin control. "No tenías suficiente con poseer mi vida y mi futuro, sino que tienes que ser dueño de todo lo que soy."
Le miré allí tendido auto compadeciéndose de si mismo. "Ya te lo dije Harry, ahora eres mío y no voy a dejarte huir." Le dije acercándome a él y posando mis labios sobre su pelo. Era increíble el aroma dulce que exudaba el muchacho.
Harry se giró levantándose un poco de la cama y quedando frente a mí. "¿No voy a poder huir de ti, verdad? " Preguntó derrotado.
Le observé durante unos instantes analizando su expresión y al fin lo dije. "No, Harry. No podrás huir, ni ahora ni nunca." Ante mis palabras más lágrimas cayeron de sus ojos mojando todo su rostro.
"Entonces seré tuyo." Declaró finalmente sorprendiéndome.
"¿Qué?" Exclamé con una confusión que no pude repremir.
"Sé que no voy a poder huir de ti. Sé que lo único que haré si me enfrento a ti será o sufrir más o perder la cordura. Soy consciente de que mi única opción es esta." Su declaración me dejó estupefacto pero no tardé en reaccionar y una sonrisa complacida surgió en mi rostro.
"Me alegro de que lo hayas entendido." Dije con satisfacción. "Te gustará saber que no todo será sufrimiento y muerte bajo mi mandato, Harry. Si te portas bien y me obedeces obtendrás tu recompensa." Le explicaba aun acariciando aquel cabello suave pero rebelde. "No soy un dueño injusto y si no me desobedeces y me eres leal, te trataré bien." Mi mano viajó hacia su barbilla haciendo que subiera el rostro y me mirara a mí. "Sé que piensas que te estas rindiendo, pero te aseguro que no hay nada que puedas hacer más que esto."
"Lo se." Dijo mirándome impasible.
"Bien, vístete." Le ordené levantándome de la cama y haciendo un gesto con mi mano para que mi ropa volviera a cubrirme
El chico me miró con sorpresa. "¿Por qué? ¿Dónde vamos?"
Me giré, ahora ya vestido, observando al muchacho. "Te voy a llevar a tu nueva habitación."
Harry me siguió mirando expectante así que le aclaré la situación. "Ahora que por fin me perteneces completamente, no puedo dejar que te pudras aquí. ¿Verdad?" Y dicho esto me dirigí hacia la puerta. "Vamos, date prisa." Le dije antes de cruzar el umbral esperando que me siguiera.
Bueno, pues esto es el final de este capítulo. Espero que os haya gustado. ^_^ Espero tener el siguiente pronto y así poder acabar el fic antes de que alguien me maté por tirarme tanto tiempo entre actualizaciones.
De nuevo, gracias a todos por leer y por opinar.
Un besazo enorme,
Debauchi
